El estrecho de las sospechas: ¿Infiltración o emboscada?

El estrecho de las sospechas: ¿Infiltración o emboscada?

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

El enfrentamiento ocurrido el 25 de febrero en aguas cubanas, con un saldo de cuatro muertos y seis heridos tras el intercambio de disparos entre una lancha de Florida (EEUU) y fuerzas guardafronteras, ha sido presentado por La Habana como una “infiltración terrorista”. Washington, por su parte, ha tomado distancia confirmando la presencia de ciudadanos estadounidenses sin admitir implicación oficial. Hasta aquí, los hechos básicos coinciden: hubo ingreso, disparos y víctimas. Lo que resta pertenece al terreno de la interpretación estratégica y la sospecha operativa.

Para cualquier conocedor de la náutica de las costas cubanas, el incidente presenta una anomalía estadística difícil de ignorar. Cuba posee miles de kilómetros de costa irregular y laberintos de cayos que ofrecen infinitos puntos de entrada discreta. Ernest Heminway en su yate Pilar hizo incursiones en esos mares en busca de los submarinos alemanes en la II Guerra Mundial y narra lo complejo de esa geografía (ver su novela póstuma Islas a la deriva“). A ello se le suma que Cuba es un país con una crisis energética sin precedentes, donde la marina de guerra opera con reservas de combustible al límite, un “encuentro” frente a frente parece menos un azar y más una cita previa.

La logística de la escasez en la isla dicta que no se mueve un motor si no hay una certeza. Navegar en busca de una lancha consume recursos que hoy son un lujo. Si la interceptación fue quirúrgica, como lo fue, es porque las patrulleras no estaban patrullando; estaban posicionadas. En inteligencia, cuando los recursos son mínimos y el resultado es óptimo, el factor sorpresa solo existe para el capturado.

Bajo estas premisas surge la pregunta inevitable: ¿Sabía La Habana que esa lancha venía? En la doctrina de contrainteligencia, el concepto de “dejar hacer” es una herramienta sofisticada. Si los servicios de seguridad conocían la trayectoria, ya sea por infiltración en ese grupo irresponsable y aislado que actuó desde la Florida o por monitoreo de comunicaciones, permitieron el ingreso a aguas jurisdiccionales antes de actuar,  sin establecer contacto con la Coast Guard de EEUU como se ha hecho muchas veces para casos de salidas ilegales, accidentes, rescates, la naturaleza del hecho cambia radicalmente.

Dejar que el “delito” se consuma antes de intervenir permite legitimar el uso de fuerza letal y controlar el escenario para maximizar el costo político. El incidente real se convierte así en una prueba irrefutable de “amenaza externa”, una narrativa vital para un sistema que necesita desplazar de la agenda pública temas críticos como la crisis económica, los apagones, el descontento social y los presos políticos como los “Muchachos del 4TICO”.

No se trata de especulación pura o tesis conspirativas, sino de que hay precedentes verificables. La historia del conflicto Cuba-EEUU, está marcada por la capacidad de la inteligencia cubana para penetrar diferentes grupos opositores. Organizaciones como Alpha 66 (caso Cayo Piedras,1980).

 y Omega 7 fueron infiltradas en su momento, y el trágico derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996 ilustró cómo la información previa de agentes cubanos condujo a un desenlace letal diseñado para producir un alto impacto político.

Para mí, el episodio constituye una “bandera falsa” en el sentido de una fabricación del incidente. No tengo pruebas, pero si el conocimiento de la historia. La eficiencia de la emboscada a un grupo de irresponsables sin trayectoria militar en un contexto geopolítico que vive Cuba como estado fallido, inclina la balanza hacia la instrumentalización política que justamente necesita la dictadura para victimizarse.

El Estrecho de Florida, pasa a ser el estrecho de la sospecha y donde la visibilidad náutica suele ser clara, este incidente permanece envuelto en una bruma estratégica. La sospecha de que el guion ya estaba escrito antes de que el motor de la lancha tipo Pro-Line diseñada para la pesca deportiva, se encendiera, es una línea de análisis obligatoria a la que no me niego.

A lo largo de más de sesenta años de conflicto, el control de los hechos sobre el estrecho de la sospecha ha sido tan ferozmente disputado como la interpretación política que de ellos se hace.

Para mí, el episodio constituye una “bandera falsa” en el sentido de una fabricación del incidente. No tengo pruebas, pero si el conocimiento de la historia.

Escucha La Radio USC

Otras opiniones

Ecos y sombras del Palacio de Justicia

Ecos y sombras del Palacio de Justicia

Ecos y sombras del Palacio de Justicia Autor:  Pedro Pablo AguileraEn noviembre de 1985 yo tenía veintiocho años y vivía en La Habana. La noticia del asalto al Palacio de Justicia de Colombia nos golpeó a todos por la pantalla del Noticiero Nacional de Televisión a la...

read more
El nuevo rockstar de la comunicación

El nuevo rockstar de la comunicación

El nuevo rockstar de la comunicación Autor:  Pedro Pablo AguileraHasta hace poco, las marcas parecían vivir obsesionadas con una sola pregunta: ¿cuántos seguidores tienes? Hoy, esa obsesión empieza a parecer un poco… añeja. Desde el Observatorio de Medios de la...

read more
El impacto del VAR en el fútbol moderno

El impacto del VAR en el fútbol moderno

El impacto del VAR en el fútbol moderno Por:  Esteban Caicedo PetrelEl fútbol, ​​como deporte universal, ha atravesado múltiples transformaciones a lo largo de su historia. Una de las más recientes y controvertidas es la implementación del VAR (Video Assistant...

read more

Venezuela: ¿Intervención extranjera como amenaza o como ‘salvación’?

Venezuela: ¿Intervención extranjera como amenaza o como ‘salvación’?

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

Venezuela llega a diciembre de 2025 inmersa en una profunda crisis de legitimidad y un escenario geopolítico de alta tensión. Tras una controvertida toma de posesión en enero, el país se encuentra en una situación de doble poder de facto, con el gobierno insistiendo en su continuidad y la oposición, liderada por Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, sosteniendo haber ganado en las urnas. Esta disputa interna se ha exacerbado por una escalada de confrontación con Estados Unidos que ha incluido el cierre del espacio aéreo venezolano y el despliegue de radares estadounidenses en la región, elevando el riesgo de una confrontación militar.

El actual debate sobre una potencial intervención extranjera no es nuevo en el contexto venezolano. La historia del país, rica en conflictos, ha visto la presencia foránea ser interpretada con una peligrosa dualidad: no siempre ha sido vista unívocamente como una “invasión” o una agresión a la soberanía, sino que, en momentos clave, ha sido considerada un factor catalizador o, incluso, una fuente de apoyo para facciones internas en pugna.

Desde las guerras de independencia, donde la figura de extranjeros como el general Rafael Urdaneta (nacido en lo que hoy es Colombia, pero que se unió a la causa venezolana) o las legiones británicas jugaron un papel crucial, hasta las injerencias económicas y políticas del siglo XX, la relación de Venezuela con el exterior ha sido compleja. En los albores de la república, la intervención de potencias europeas para cobrar deudas (como el bloqueo naval de 1902-1903) cimentó un profundo nacionalismo anti-intervencionista. No obstante, ese mismo nacionalismo a menudo ha sido cooptado por regímenes de turno para deslegitimar a sus opositores, tildándolos de “traidores” o “lacayos” del imperio.

En el contexto actual, donde el gobierno combina castigo y propaganda para tratar a la disidencia como una “amenaza estructural” , la oposición se ve obligada a ajustar su narrativa para evitar cualquier asociación con una posible intervención extranjera. Su estrategia ha evolucionado hacia la defensa de la soberanía popular como la respuesta legítima tanto a la pérdida de libertades internas como al deterioro de la estabilidad regional. La oposición, con figuras como González y Machado, insiste en que la crisis de legitimidad del gobierno es el verdadero origen de las tensiones internacionales, y que el cierre del espacio aéreo refleja la erosión de la soberanía popular, no su defensa.

El reto histórico que enfrenta la oposición en este diciembre de 2025 es inmenso: ¿Cómo actuará ante una intervención extranjera en un país profundamente nacionalista? ¿Justificará la oposición un acto que la historia podría condenar como traición, o se mantendrá distante de las tropas si llegaran a intervenir? La historia no ofrece una respuesta clara, sino una advertencia: la narrativa de la “salvación” extranjera tiene la capacidad de polarizar y, finalmente, deslegitimar a quienes la invocan.

El gobierno de Nicolás Maduro no solo enfrenta una crisis política y diplomática simultánea, sino que su círculo de seguridad más estrecho está supeditado a una influencia extranjera particular de la poco se habla: Cuba. Los asesores y tropas especiales cubanas, las llamadas “avispas negras” son el “cinturón de seguridad” más cercano al líder chavista son, paradójicamente, tanto su sostén como su potencial debilidad.

Esta presencia cubana, ha convertido a Maduro en una especie de “rehén” de la isla. Y es que las decisiones estratégicas, especialmente aquellas relacionadas con la confrontación con Estados Unidos, pasan por el prisma del análisis de La Habana pues su supervivencia le va en ello.

En el contexto de la escalada con la administración de Donald Trump —cuyo impulso de una “política de línea dura” desencadenó el incidente del espacio aéreo —, se cree que los asesores cubanos están aconsejando a Miraflores que la movilización militar de Washington es un “gigantesco bluf” y no un preludio a una intervención real. Esta evaluación se basa en:

  1. La Habana depende de Venezuela y sabe que un cambio de sistema en Caracas es la caída suya. Su análisis tiende a minimizar la voluntad de Washington de comprometer tropas en una guerra terrestre en un país con una geografía compleja y una población supuestamente preparada para la resistencia, incluso si es solo propaganda.
  2. La Interpretación de la Política de Trump: La línea dura de Trump es vista por los cubanos como una táctica de presión máxima, diseñada para forzar una implosión interna o una negociación de última hora, no una invasión.
  3. El Costo Político y Militar: Los asesores cubanos son conscientes del enorme costo político y humano que implicaría una intervención militar en Venezuela para EE. UU., un factor que, según su lectura, disuade incluso a los elementos más belicistas de Washington.

Este consejo, sin embargo, es un arma de doble filo. Al alentar a Maduro a tratar las amenazas como un “bluf”, Cuba podría estar llevando al gobierno a un error de cálculo fatal. Si la escalada militar no es una simulación, la ceguera inducida por el asesoramiento cubano podría dejar a Venezuela expuesta a consecuencias devastadoras. El incidente aéreo ya es visto por algunos analistas como algo más que un “simple choque diplomático”, y el equilibrio de la balanza sigue siendo incierto.

Mientras la tensión internacional aumenta y la represión interna se intensifica con órdenes de captura y detenciones masivas de activistas, la oposición ha configurado un frente dual que busca la máxima efectividad.

  1. Liderazgo Interno: María Corina Machado mantiene el liderazgo interno, a pesar de su cambiante situación legal. Su figura está fortalecida por el Premio Nobel de la Paz que recibió en 2025, un capital simbólico que utiliza para presionar por una salida institucional.
  • Su plan para las “primeras 100 horas” de una transición hipotética sirve como un punto de referencia y esperanza para sus seguidores.
  • Sobre la crisis aérea, Machado ha sido clara: la postura confrontativa del gobierno lo debilita internacionalmente, e insiste en que la única solución viable pasa por un retorno al orden democrático. Su enfoque en la crisis doméstica y la presión institucional es clave para evitar la trampa de la asociación con la intervención extranjera.
  1. Ofensiva Exterior: González, López y Guaidó

Desde el exterior, figuras clave han consolidado una estrategia coordinada:

  • Edmundo González Urrutia: Desde España, mantiene una ofensiva diplomática respaldada por el reconocimiento de un grupo de países como “presidente electo”. Su rol es mantener la presión externa, subrayando que la crisis de legitimidad interna es el origen de las tensiones internacionales y que el cierre del espacio aéreo es prueba de la erosión de la soberanía popular.
  • Leopoldo López: También en España, opera como un articulador político internacional. La amenaza gubernamental de retirarle la nacionalidad venezolana le sirve para denunciar prácticas que califica como totalitarias. López enfoca su discurso en la represión doméstica y evita que la confrontación con Estados Unidos eclipse las denuncias sobre derechos humanos, manteniendo el foco en la ruptura del pacto democrático interno.
  • Juan Guaidó: Desde el exilio, su rol es de continuidad histórica, manteniendo viva la narrativa de resistencia democrática surgida en 2019. Respalda la estrategia de Machado y González, buscando mostrar que la oposición opera como una estructura estable y coherente, incluso desde la diáspora.

Este esquema dual configura un frente opositor más ordenado que en ciclos anteriores, aunque sujeto a presiones internas y externas, y con el imperativo de desvincular su agenda democrática de cualquier lectura intervencionista.

Diciembre de 2025 halla a Venezuela atrapada entre dos legitimidades en disputa y un gobierno que enfrenta una crisis multifacética: política, diplomática y de autoridad. El enfrentamiento con EE. UU. y el cierre del espacio aéreo representan un posible punto de inflexión, cuyo desenlace —negociación, escalada o estancamiento prolongado— aún pende de un hilo.

La presencia de asesores cubanos, la polarización histórica sobre la intervención extranjera, y la necesidad de la oposición de afirmar su soberanía popular, configuran un panorama volátil. El tiempo dirá si la apuesta del régimen por ver la amenaza norteamericana como un “bluf” es acertada, o si la historia de Venezuela se escribirá una vez más bajo la sombra de la injerencia foránea, con la interrogante de si el extranjero será percibido como invasor o, trágicamente, como un improbable “salvador”. Pero no cierto es que Maduro es un dictador y eso esta fuera de toda argumentación.

Yo doy por descontado que habrá acciones militares norteamericanas, pero no necesariamente una invasión. Ataques aéreos puntuales y golpes de mano de equipos de Seals para acciones de sabotaje y capturas puntuales. ¿Habrá resistencia cubano-maduristas o será como en Granada 1993 cuando la 82 división en 72 horas controló el país con rendición incondicional del contingente militar cubano, y se marchó dejando un gobierno de transición? Pienso que será así, al estilo Panamá 1989, quirúrgico y sin mayor costo de vidas.

El desenlace de esta encrucijada determinará no solo el futuro político de Venezuela, sino también su mapa regional e internacional, especialmente en zonas sensibles como la frontera con Colombia.

Este esquema dual configura un frente opositor más ordenado que en ciclos anteriores, aunque sujeto a presiones internas y externas, y con el imperativo de desvincular su agenda democrática de cualquier lectura intervencionista”.

Escucha La Radio USC

Otras opiniones

Ecos y sombras del Palacio de Justicia

Ecos y sombras del Palacio de Justicia

Ecos y sombras del Palacio de Justicia Autor:  Pedro Pablo AguileraEn noviembre de 1985 yo tenía veintiocho años y vivía en La Habana. La noticia del asalto al Palacio de Justicia de Colombia nos golpeó a todos por la pantalla del Noticiero Nacional de Televisión a la...

read more
El nuevo rockstar de la comunicación

El nuevo rockstar de la comunicación

El nuevo rockstar de la comunicación Autor:  Pedro Pablo AguileraHasta hace poco, las marcas parecían vivir obsesionadas con una sola pregunta: ¿cuántos seguidores tienes? Hoy, esa obsesión empieza a parecer un poco… añeja. Desde el Observatorio de Medios de la...

read more
El impacto del VAR en el fútbol moderno

El impacto del VAR en el fútbol moderno

El impacto del VAR en el fútbol moderno Por:  Esteban Caicedo PetrelEl fútbol, ​​como deporte universal, ha atravesado múltiples transformaciones a lo largo de su historia. Una de las más recientes y controvertidas es la implementación del VAR (Video Assistant...

read more

“El Hilo Invisible”: Así fue la Investigación del libro Los Invisibles del M-19

“El Hilo Invisible”: Así fue la investigación del libro Los Invisibles del M-19

El libro Los Invisibles del M-19‘ -que ya completó su segunda edición – revela las historias olvidadas de los guerrilleros de la Operación Aeropesca, a través de la investigación de la periodista Olga Behar y Carolina Ardila, docente USC. Un testimonio que da voz a los “invisibles” del conflicto.

Por: Marycarmen Oliveros Villalobos

Facultad de Humanidades y Artes

La operación Karina fue una de esas historias que acapararon titulares en todo el país. Su hundimiento se convirtió en noticia, en leyenda. Pero pocos saben que la operación, “el Karina” fue apenas una parte de un plan mucho más amplio y que su continuación “la Operación Aeropesca” no solo existió, sino que fue un éxito rotundo del que casi nadie habla.

El eje del libro es la Operación Aeropesca, sucedido en 1981 cuando un grupo del M-19 desvió un avión cargado con más de quinientos rifles y decenas de miles de cartuchos hacia la selva del Caquetá. El relato parece sacado de una película de acción, pero aquí no hay actores ni extras: eran jóvenes de carne y hueso, con miedo, adrenalina y fe en una causa.

Era el 2021 y Olga Behar, escritora y periodista colombiana y junto a la politóloga y también escritora, Carolina Ardila, su hija, se encontraban juntas en la ciudad de Cali; ciudad en la que se hizo un evento organizado por los mismos desmovilizados del M-19 donde reeditaron el libro del Karina y fue en ese mismo evento, donde gracias a una charla una idea surgió.

Uno de los miembros de la Operación Karina, a quien Olga y Carolina conocían hacía varios años, les dijo, “Vengan, les voy a presentar a alguien.” Y a quien les presentó fue a Limberg, a Rafael Borda, quien fue el piloto de la Operación Aeropesca.

A la conversación se sumó su esposa Maya, quien fue también participe de esta increíble operación. A medida que la conversación avanzaba, más personajes iban surgiendo, muchos de ellos las escritoras los conocían por la vida misma, pero de igual manera a otros porque este no sería el primer libro de las escritoras en donde se indague sobre diferentes sucesos en el país.

Normalmente se cuentan las historias de la gente que tiene un reconocimiento, que tiene una fama, que tiene un poder, pero detrás de ello hay millones de historias que tal vez nunca escuchamos

Luego de tan enriquecedora charla, madre e hija decidieron indagar más, buscar más información y contar aquella otra cara de una operación que sí salió como se tenía planeado.

“A medida que ellos iban contando de ciertos personajes, nosotros íbamos pues llamándolos y diciéndoles ‘Venga, estamos escribiendo esto, por favor, ayúdenos'”, comenta Carolina, quien vio como reto personal, contar la historia de aquellos invisibles que querían volverse visibles.

Para Ardila, quien actualmente es docente de la Facultad de Humanidades y Artes de la USC, no es sorprendente que “cada hombre o mujer aquí en Colombia tenga una historia que contar y que normalmente se cuentan las historias de la gente que tiene un reconocimiento, que tiene una fama, que tiene un poder, pero detrás de ello hay millones de historias que tal vez nunca escuchamos”.

Al iniciar la búsqueda de los personajes, Carolina y Olga tenían claro que no querían entrevistar a ninguno de los excombatientes guerrilleros que han tenido posiciones de poder, a quienes han sido ministros, gobernadores, congresistas, sino a aquellas personas que estaban haciendo las operaciones, a los que se jugaron el pellejo haciendo las operaciones.

No fue una investigación de escritorio. Olga y Carolina recorrieron caminos, viajaron a Bogotá, Cali y el Eje Cafetero, se sentaron frente a antiguos guerrilleros que habían cambiado las armas por la incertidumbre de la vida civil. Entre notas, grabadoras y libretas, fueron armando un rompecabezas de memorias dispersas.

El proceso de escritura del libro no estuvo exento de retos, aunque nunca dudaron de querer hacerlo. Olga, con la disciplina de una veterana de redacción, trabajaba cuatro o cinco horas al día, prefiriendo las mañanas.

“No necesito prender una vela o un sahumerio”, asegura, acostumbrada a escribir en cualquier lugar, incluso con ruido, un hábito forjado desde sus 18 años. Sus libretas y lapiceros son testigos de las ideas que, a veces en diez papeles al día, iban nutriendo la obra.

Carolina, por su parte, se encontraba refugio en cafeterías, “apago todo y escribo”, buscando evadir las distracciones de la oficina y el hogar para concentrarse en las fases del libro.

Su título también fue proceso aparte, “en un principio íbamos a escribir un libro que en nuestra mente se llamaba Aeropesca, la operación invisible. Y el libro era Aeropesca”, comentó Carolina, sin embargo, los testimonios tenían otros planos.

Durante 4 años el libro se llamó “Aeropesca la Operación Invisible”. Cuando se envió el libro a la editorial Gustavo Mauricio este dijo, “Pero cómo le vamos a poner así, si ese es un solo capítulo”. Y ahí empezó esta conversación entre madre e hija de bueno, ¿cómo se va a llamar?

“Al principio creímos que estábamos escribiendo un libro sobre la Operación Aeropesca”, cuenta Carolina. “Pero a medida que empezamos a hablar con ellos, entendimos que el libro era mucho más: eran sus historias, su manera de recordar, de encontrarse y separarse hasta llegar a la desmovilización. Descubrimos que Aeropesca era solo el hilo conductor; detrás estaban las vidas invisibles que nadie había contado”.

Y fueron aquellas historias quienes dieron el nombre del libro, porque más que la historia de una Operación invisible es la historia de los invisibles, de esas personas que hicieron posibles las operaciones.

No obstante, mientras Behar y Ardila tejían y unían la historia siempre tenían presente, “nuestro deber no era juzgar, sino dejar testimonio, porque Colombia necesita memoria para no repetir la guerra”, comenta Behar.

Esa apuesta ética es quizás la mayor fuerza del libro: no se trata de justificar al M-19, sino de comprender por qué tantos jóvenes creyeron que la revolución era posible y cómo ese sueño terminó cruzado por violencia, torturas y, en algunos casos, muerte.

Al final, “el libro cuenta una verdad y esa verdad va a ser incómoda para algunos, va a ser liberadara para otros, va a generar como un sentimiento de reconocimiento para otros y seguramente también va a ser criticada”, concluye Carolina. Lo que importa, para ambas, es que la verdad sea contada.

Irónicamente, tanto Olga como Carolina se sienten cómodas en la invisibilidad personal; Olga la busca, Carolina prefiere que “el trabajo brille” a que ella misma como individuo lo haga. Una coherencia sutil con el propósito de su obra: dar luz a lo que por tanto tiempo, permaneció en las sombras.

Bajo el sol abrasador de Cali, en un encuentro cargado de memorias, Olga Behar y Carolina Ardila desentrañaron “Los Invisibles del M-19”. No es solo el eco de Aeropesca, es la carne y el hueso de quienes, en la clandestinidad, desafiaron al destino. Sus voces, garabateadas en libretas, susurran desde la selva hasta las calles. Este libro es un puñetazo al olvido, un grito que arrastra a sus páginas para escuchar, para sentir, para que no dejar que las historias mueran.

Nuestro deber no era juzgar, sino dejar testimonio, porque Colombia necesita memoria para no repetir la guerra .

Escucha La Radio USC

Otros recomendados…

Yo recomiendo: El racismo y yo 

Yo recomiendo: El racismo y yo 

Yo recomiendo: El racismo y yo La literatura tiene el poder de visibilizar realidades que muchas veces permanecen en silencio. El racismo y yo es una obra que invita a reflexionar sobre las huellas que deja la discriminación  Este texto, escrito por Edna Liliana...

read more
Yo Recomiendo: BAJO LA MISMA ESTRELLA  

Yo Recomiendo: BAJO LA MISMA ESTRELLA  

Yo Recomiendo: BAJO LA MISMA ESTRELLA  Algunas historias tienen el poder de hacernos reír, llorar y reflexionar al mismo tiempo.Bajo la misma estrella es una novela escrita por John Green que cuenta la historia de Hazel Grace y Augustus, dos adolescentes que se...

read more
Yo recomiendo: El Principito  

Yo recomiendo: El Principito  

Yo recomiendo: El Principito  ¿Qué pasaría si un niño pudiera enseñarnos más sobre la vida que muchos adultos? Esa es la magia de El PrincipitoRecomiendo El Principito porque es un libro que te hace ver la vida de otra manera. A través de una historia simple, nos...

read more
Yo recomiendo: Una Vida Con Propósito 

Yo recomiendo: Una Vida Con Propósito 

Yo recomiendo: Una Vida Con Propósito ¿Alguna vez te has preguntado si tu vida tiene un propósito más allá de la rutina diaria? Esa es la pregunta que plantea Una Vida con PropósitoEste libro, no es de esos que uno termina y deja guardados en una repisa. Es una...

read more

Cuando el cuerpo tiembla, pero el alma no se rinde.

Cuando el cuerpo tiembla, pero el alma no se rinde

En medio del duelo y del Párkinson, Aura Cecilia Londoño encontró en una caminata terapéutica la manera de reconciliarse con su cuerpo y su dolor.

Por: Adriana Lucia Cabezas

Facultad de Humanidades y Artes

El temblor de sus manos parecía llevar la carga de toda una vida. Su cabeza no dejaba de moverse, como si cada sacudida fuera un intento de escapar del dolor que habita en su alma. Aura Cecilia Londoño, a pesar de cargar una tristeza infinita, la herida reciente de haber perdido a su único hijo y de estar luchando contra una enfermedad que ha padecido desde niña, esa mañana, cada paso se convirtió en un acto de resistencia, su manera de decirle al Párkinson que no sería más fuerte que ella.

La mañana empezaba con calma, el sol iluminaba con suavidad el punto de encuentro, el clima era perfecto, a las nueve en punto, las primeras personas empezaban a reunirse en el parque al frente de la Clínica Fundación Valle del Lili en la sede del Limonar. De repente apareció Cecilia, caminaba muy despacio, se apoyaba de un bastón, vestida con una sudadera gris oscura, una camiseta gris, unas lentes de sol y aunque no se podía percibir una simple vista, también estaba vestida de fuerza.

Andaba acompañada por Amparo su amiga de la infancia, su perrito Lucas y sus sobrinos Miguel y Beatriz, todos unidos por un mismo propósito, que Cecilia se sintiera más tranquila y acompañada.

Unos minutos después de que Cecilia llegara, le entregaron una camiseta, representante del evento, que decía “tercera caminata, muévete por el Párkinson”, con ayuda de su sobrina Beatriz se puso la camiseta.

A las nueve y veinte de la mañana, antes de iniciar la caminata, los participantes se organizaron para hacer el calentamiento.

La fisioterapeuta Lady Joana Lucio, especialista en neurorrehabilitación, dirigía los ejercicios de calentamiento “Vamos a mover las articulaciones con suavidad. Recuerden que el hígado maneja las emociones fuertes. Hoy liberamos tensión, soltamos el cuerpo, dejamos que el alma se mueva”, decía, mientras todos seguían sus instrucciones.

Cecilia se integró al grupo e intentaba seguir cada movimiento, a pesar de los temblores intensos en sus manos, movimientos incontrolables de su cabeza, que parecían intensificarse, no se rindió, hizo cada estiramiento con paciencia y esfuerzo.

Acompañarla requiere paciencia y amor. Verla hoy en este evento, me llena de orgullo…

Cuando comenzó la caminata, Cecilia decidió no usar su bastón, dijo, “quiero sentir que todavía puedo hacerlo”. Los primeros pasos fueron inseguros, a un lado la sostenía su sobrino, al otro un estudiante de fisioterapia, la ayudaban a mantener el equilibrio.

Su sobrina Beatriz la observaba con ternura. “Acompañarla requiere paciencia y amor. Verla hoy en este evento, me llena de orgullo”. 

Miguel, con la voz baja, agregó: “Ella está pasando por un momento muy difícil y en estos momentos está en una crisis, pero no se rinde”.

Poco a poco, el vaivén incontrolable de su cabeza empezó a suavizarse y el temblor de sus manos se volvió menos cruel.

La caminata no solo le daba equilibrio físico, también le regalaba calma. Cada paso era una pequeña victoria, Cecilia se liberaba por un momento de la tormenta que la consume desde que perdió lo más amado, a su hijo, a quien ni siquiera pudo despedir.

Su amiga Amparo, comentó “esa pérdida la dejó muy mal, la tiene alterada, cuando su hijo murió, él se encontraba fuera del país, por su condición no pudo viajar y desde que llegaron las cenizas del hijo a la iglesia de San Antonio, ella no volvió a ser la misma”.

El dolor de esa pérdida había empeorado sus síntomas. La enfermedad, que la acompañaba desde niña, parecía ensañarse con ella tras el duelo. Pero en ese recorrido, Cecilia recuperó la tranquilidad. Cada paso era un triunfo íntimo, invisible para muchos, pero gigantesco para ella.

“Las emociones influyen directamente en el Párkinson. Las emociones fuertes intensifican los temblores. Pero la compañía, el amor y la tranquilidad ayudan a estabilizar. Es como si el cuerpo responde a la esperanza”, afirmó Lady Lucio.

A mitad del trayecto, Cecilia comentó que se sentía adolorida, le dolían mucho las piernas y brazos; pero no se iba a dar por vencida.

Miguel recordó que esto se debía a que Cecilia había tenido dos operaciones por algunas caídas que había sufrido.

Al notar su cansancio, Miguel le susurró: “Vamos, tía, ya casi llega”.

 Ella apretó su mano, respiró profundo y dijo: “No voy a darme por vencida, a pesar del dolor”.

Cecilia seguía caminando. Aunque los movimientos involuntarios no desaparecieron, ya no la dominaban. Su cuerpo parecía agradecer cada paso, cada aplauso, cada palabra de aliento.

Estando a punto de llegar a la meta Cecilia mencionó que se sentía muy tranquila, que la paz y serenidad que la invasión en ese momento era indescriptible.

Faltando unos cuantos metros para llegar a la meta, Miguel agarró su celular para tomarle algunas fotos y grabar el proceso de Cecilia, se sintió muy orgulloso de su tía; la llenaba de elogios y la animaba para que diera sus últimos pasos.

Al sentir como sus sobrinos estaban tan orgullosos y emocionados por ella, esto le dio un mayor impulso para llegar a la meta.

Los aplausos llenaron el parque cuando Cecilia cruzó la meta. Sus ojos se inundaron de lágrimas, en su rostro se podía percibir la felicidad que invadía su cuerpo, a cualquiera que veía le transmitía una ternura indescriptible.

Le colgaron una medalla verde sobre el pecho. “Sentí una paz… como si todo se calmara dentro de mí”, dijo, con la voz temblorosa pero firme. 

Sus sobrinos, Lucas y Cecilia se tomaron más y más fotos.

Al final, mientras un grupo de adultos mayores bailaba tango, Cecilia observaba en silencio. Ya no temblaba tanto. Sus movimientos eran más suaves, casi imperceptibles.

Después de la presentación de tango, a Cecilia la invadió un silencio profundo y pareció que por un momento se perdía en sus propios pensamientos.

Sus sobrinos y su mejor amiga comentaban que están en busca de alguien que le brinde acompañamiento a Cecilia, Amparo mencionó que “El único compañero de ella es Lucas, aunque el trato de estar con ella 24/7 a veces es complicado, ella necesita mucho acompañamiento” .

Esa tarde, Cecilia regresó a su casa en el barrio San Antonio, acompañada por Amparo, sus sobrinos y su perrito Lucas. Llevaba puesta la camiseta blanca del evento y la medalla sobre su pecho. Aunque el párkinson le robe el control, y el duelo la sacuda, Cecilia sigue caminando, paso a paso, temblor a temblor. 

Y con cada paso, demuestra que el alma puede ser más fuerte que el cuerpo. 

Sus ojos se inundaron de lágrimas, en su rostro se podía percibir la felicidad que invadía su cuerpo, a cualquiera que veía le transmitía una ternura indescriptible .

Escucha La Radio USC

Otros recomendados…

Yo recomiendo: El racismo y yo 

Yo recomiendo: El racismo y yo 

Yo recomiendo: El racismo y yo La literatura tiene el poder de visibilizar realidades que muchas veces permanecen en silencio. El racismo y yo es una obra que invita a reflexionar sobre las huellas que deja la discriminación  Este texto, escrito por Edna Liliana...

read more
Yo Recomiendo: BAJO LA MISMA ESTRELLA  

Yo Recomiendo: BAJO LA MISMA ESTRELLA  

Yo Recomiendo: BAJO LA MISMA ESTRELLA  Algunas historias tienen el poder de hacernos reír, llorar y reflexionar al mismo tiempo.Bajo la misma estrella es una novela escrita por John Green que cuenta la historia de Hazel Grace y Augustus, dos adolescentes que se...

read more
Yo recomiendo: El Principito  

Yo recomiendo: El Principito  

Yo recomiendo: El Principito  ¿Qué pasaría si un niño pudiera enseñarnos más sobre la vida que muchos adultos? Esa es la magia de El PrincipitoRecomiendo El Principito porque es un libro que te hace ver la vida de otra manera. A través de una historia simple, nos...

read more
Yo recomiendo: Una Vida Con Propósito 

Yo recomiendo: Una Vida Con Propósito 

Yo recomiendo: Una Vida Con Propósito ¿Alguna vez te has preguntado si tu vida tiene un propósito más allá de la rutina diaria? Esa es la pregunta que plantea Una Vida con PropósitoEste libro, no es de esos que uno termina y deja guardados en una repisa. Es una...

read more

La soledad del turno que nadie ve.

La soledad del turno que nadie ve

La crónica narra la rutina silenciosa de Víctor, un vigilante que enfrenta la noche desde la portería de una unidad residencial en Cali. Entre rondas, café y el eco del silencio, su historia refleja la soledad, el cansancio y la disciplina de quienes cuidan mientras los demás duermen, recordando el valor invisible del trabajo nocturno.

Por: Tatiana Ramírez Laines

Facultad de Humanidades y Artes

El reloj marca las 5:45 de la tarde cuando Víctor llega a la portería de una unidad residencial en el barrio Limonar, al sur de Cali. Todavía queda luz, pero la jornada ya empieza. Ajusta el cinturón, acomoda el radio y recibe el arma de dotación. “Siempre llego un poco antes, para no correr. Hay que revisar todo lo que uno recibe”, dice mientras firma la minuta y anota que todo está en buenas condiciones. Mientras firma la minuta, una residente pasa con su perro y lo saluda. “Don Víctor nunca falta, siempre está ahí”, dice doña Patricia, vecina de la casa 13. Él sonríe, acostumbrado a esas voces que lo acompañan al comienzo de cada turno.

Lleva ocho años en este trabajo. “Me acostumbré a la noche porque no había otra opción. En el día no hay casi puestos.” Sus jornadas son de doce horas seguidas, con un solo día de descanso a la semana. “A veces el cuerpo no distingue si es martes o domingo. Uno duerme cuando puede, no cuando quiere.” En esta portería pasará doce horas de turno, por un salario mensual cercano al mínimo, sin derecho a dormirse ni un minuto.

En Cali, miles de vigilantes cumplen turnos similares en conjuntos residenciales, empresas y colegios. Son quienes velan por la seguridad cuando la ciudad duerme. Su oficio mezcla disciplina, resistencia y observación, deben permanecer alerta ante cualquier ruido o movimiento, aunque la noche parezca tranquila.

“Lo más duro es cuando la familia está despierta y uno no”, cuenta. Vive con su esposa y su hija menor de 13 años que estudia en primaria. “Ella me dice que soy como un búho, porque cuando ella se levanta yo me acuesto y cuando se acuesta yo me levanto.”

En la caseta, el silencio empieza a instalarse y el cambio de luz anuncia el inicio de otra larga noche…

El compañero que entrega el turno le pasa también el bastón eléctrico y las llaves. Aunque tiene un arma asignada, solo puede usarla en casos extremos, cuando su vida o la de un residente esté en peligro. La empresa los capacita, pero les recuerda siempre que la prioridad es prevenir, no disparar. En la caseta, el silencio empieza a instalarse y el cambio de luz anuncia el inicio de otra larga noche. Afuera, en el parque, los niños juegan por última vez antes de que los llamen a cenar y adentro, el vigilante se prepara para cuidar la calma de los demás.

“Mi esposa me empacó la comida antes de venir- cuenta-. Hoy me mandó carne con arroz y ensalada. A veces le pone algo dulce porque dice que las noches son largas”. En el microondas calienta su plato y deja el termo con café al lado. Pues sabe que esa bebida será su mejor aliada.

“Una noche un gato se metió por debajo de la puerta y tumbó el termo. Yo pensé que era un ladrón, agarré el radio y la lintern y era el gato lamiendo el piso. Me reí solo, pero el susto fue terrible”

Cuando el reloj marca las seis en punto, la portería se convierte en su mundo. Empieza el movimiento: entran carros, se registran visitantes, saludan residentes. Cada ingreso queda anotado en el libro de control, como si las páginas fueran testigos de todo lo que pasa.

Con el paso de las horas, la unidad se apaga. Las luces de los apartamentos parpadean una a una, los televisores bajan el volumen y la calle queda vacía. Desde su silla, el vigilante observa cómo poco a poco la unidad va quedando en silencio.

De vez en cuando revisa las cámaras del circuito cerrado. “Uno aprende a conocer el lugar solo por los sonidos. Si algo suena distinto, algo pasa”, comenta sin apartar la vista del monitor. En las pantallas, los pasillos lucen tranquilos; solo se mueven los gatos que ya son parte de la rutina nocturna.

En la caseta, el silencio es tan grande que el ruido del radio suena como un recordatorio de que no está solo. “Para quemar tiempo, a veces miro una serie, pero con los audífonos bajito” aclara “Uno no puede distraerse mucho, pero también toca quemar tiempo, las noches son eternas”.

Cerca de las once, un residente recibe un domicilio y al pasar por la portería le dice: “Buenas noches, don Víctor”, Víctor le devuelve el saludo con una sonrisa, sabiendo que para él la noche apenas va por la mitad. “Ellos duermen, pero uno sigue despierto”, dice mientras anota la llegada del domiciliario en el libro de control.

Recuerda también una Navidad en la que le tocó el turno. “A las doce se escuchaban la pólvora, la gente abrazándose, música por todo lado. Yo estaba solo con mi termo de café. Esa noche sí sentí la soledad más fuerte y estuve muy nostálgico.”

A las once de la noche, la unidad queda completamente dormida. Es la hora en que el cuerpo empieza a pedir cama, pero el deber lo obliga a mantenerse despierto. Cada hora, la empresa exige un reporte por radio. “Todo bien, sin novedad”, responde siempre con voz firme.

Entre ronda y ronda, revisa los puntos de marcación. Son quince en total, distribuidos por toda la unidad. “Toca marcarlos cada cuarenta minutos. Es la forma de demostrar que uno sí está trabajando”, explica mientras enciende la linterna. El sonido de este interrumpe el silencio.

Camina por el parque, por los pasillos, por las casas, revisa los carros, los seguros, las rejas. El viento sopla fuerte y mueve las hojas de los arbustos. A veces, los gatos lo acompañan, corriendo de un lado a otro. Cuando regresa a la caseta, calienta otro café. “El tinto no puede faltar, dice sonriendo. Es el único que no lo abandona a uno.”

En las cámaras, todo parece tranquilo. Pero su mente no descansa “Hay noches en que no pasa nada y uno igual termina cansado.”

A eso de la una de la mañana, el sueño golpea más fuerte. Es la hora en que la ciudad parece suspendida De pronto, un ruido lo sobresalta. Se levanta de inmediato, toma la linterna y apunta hacia el sonido. Entre las sombras, algo se mueve rápido, cuando alumbra, descubre a un gato saltando sobre una caneca de basura. Suspira, medio riéndose, “Siempre hay sustos. A veces no es nada, pero uno no puede confiarse”.

Ya más tranquilo, entre las dos y tres de la mañana, se dispone a colocar los avisos de pico y placa en las puertas vehiculares, es parte de la rutina asegurarse de que todo quede listo antes del amanecer. Mientras los pega, vuelve a mirar alrededor, por si acaso.

Poco después llega el supervisor, el vehículo se detiene frente a la portería y pregunta por las novedades. “Todo en orden”, responde él, con la tranquilidad de quien sabe que todo salió bien.

A las cinco de la mañana, el cielo empieza a aclarar. “Cuando veo el amanecer, siento que al fin podré descansar”.

Prepara la minuta final, anota lo que pasó, lo que no pasó, deja todo listo para su compañero. Revisa por última vez las cámaras, guarda la linterna y acomoda el radio sobre la mesa.

Afuera, los primeros residentes salen apresurados, camino al trabajo. Algunos lo saludan con un gesto, otros pasan sin mirar. Finalmente, entrega la dotación, firma la salida y recoge su mochila.

Al salir de la caseta, el aire fresco de la mañana lo golpea suave. Camina hacia su moto, se coloca el casco y enciende el motor. “Yo cuido el sueño de los demás, pero el mío empieza cuando sale el sol”

Uno aprende a conocer el lugar solo por los sonidos. Si algo suena distinto, algo pasa”.

Escucha La Radio USC

Otros recomendados…

Yo recomiendo: El racismo y yo 

Yo recomiendo: El racismo y yo 

Yo recomiendo: El racismo y yo La literatura tiene el poder de visibilizar realidades que muchas veces permanecen en silencio. El racismo y yo es una obra que invita a reflexionar sobre las huellas que deja la discriminación  Este texto, escrito por Edna Liliana...

read more
Yo Recomiendo: BAJO LA MISMA ESTRELLA  

Yo Recomiendo: BAJO LA MISMA ESTRELLA  

Yo Recomiendo: BAJO LA MISMA ESTRELLA  Algunas historias tienen el poder de hacernos reír, llorar y reflexionar al mismo tiempo.Bajo la misma estrella es una novela escrita por John Green que cuenta la historia de Hazel Grace y Augustus, dos adolescentes que se...

read more
Yo recomiendo: El Principito  

Yo recomiendo: El Principito  

Yo recomiendo: El Principito  ¿Qué pasaría si un niño pudiera enseñarnos más sobre la vida que muchos adultos? Esa es la magia de El PrincipitoRecomiendo El Principito porque es un libro que te hace ver la vida de otra manera. A través de una historia simple, nos...

read more
Yo recomiendo: Una Vida Con Propósito 

Yo recomiendo: Una Vida Con Propósito 

Yo recomiendo: Una Vida Con Propósito ¿Alguna vez te has preguntado si tu vida tiene un propósito más allá de la rutina diaria? Esa es la pregunta que plantea Una Vida con PropósitoEste libro, no es de esos que uno termina y deja guardados en una repisa. Es una...

read more