Chambo: Del periodismo a un recreo que no se acaba.

Chambo: Del periodismo a un recreo que no se acaba

Juan Carlos Chambo, comunicador social y exdirector y presentador de Cuentos Verdes, volvió a la loma donde nació para permanecer con los niños

Autora:Ana Isabel García Zúñiga

Facultad de Humanidades y Artes

 

El juego aparece como un elemento clave, no solo como entretenimiento, sino como una herramienta pedagógica poderosa que permite enseñar, prevenir violencia y fortalecer vínculos entre los niños…

Subió a la loma un 1 de enero, madrugado y como coloquialmente se dice “a regañadientes” solo para revisar una fuga de agua. Una vecina le había dicho a su madre que la casa de arriba se estaba filtrando agua y que podía tumbar la vivienda de al lado. Juan Carlos, llevaba años sin subir a esa parte alta de Siloé donde nació, una casa de bareque que sus padres compraron por el valor de 1.000 pesos cuando llegaron desplazados del Tolima. Ese día en el año 2009 volvió como quien cumple el mandado, pero bajó con otra perspectiva: “Entendí que había que hacer algo con los niños -recuerda-. Ese 1 de enero nació lo que hoy llamamos proyecto Tierra Blanca”. 

En lo más alto de las cuadras lo estaban esperando sin darse cuenta, los vecinos ese día salieron a saludar al “Chambo de la televisión”, al presentador de Cuentos verdes que hace muchos años se había ido a estudiar, a ser periodista, a cubrir noticias en plena época donde el cartel de Cali estaba en furor. Los niños de su época ya eran adultos. Y los “nuevos niños”, le contaron que pasaban en la calle hasta las diez, once o doce de la noche y absolutamente nadie hacía nada por ellos. 

Juan Carlos bajó a su actual barrio, Belisario Caicedo, se sentó a orar y a escribir. El 4 de enero ya tenía su proyecto redactado, el 11 lo socializó con los habitantes de Siloé y el 25 de enero del 2009 hizo la primera actividad inaugural: Un concurso de dibujo y pintura para que los niños retrataran el barrio e imaginaran un río en medio de él. El premio fue navegar en la lancha escuela de la CVC por el Cauca, dicho premio fue entregado un año después. Desde ahí, todos los domingos a partir de las 2 de la tarde, en la parte más alta de Siloé hay “Chambo”: Lazo, pelota, jugo, pero sobre todo hay reflexiones y diversión. 

“Un proceso como Proyecto Tierra Blanca requiere una muy buena investigación”, menciona, “Sin embargo, yo no necesitaba hacerla, la había vivido”. Creció viendo a flor de piel el conflicto que afrontaba su barrio, entre esos, el conflicto armado se había apoderado de la zona y conoció de cerca la violencia del narcotráfico y las fronteras invisibles. “Yo nací en esas condiciones y no quería que los niños vivieran eso”, resume. 

Los padres de Chambo también llegaron huyendo. Su padre, campesino originario de Purificación, Tolima, expulsado por la violencia política. Su madre, tolimense criada en Cunday, huida de la violencia intrafamiliar con dos hermanas pequeñas. Se encontraron los jóvenes en Cali: “Mi madre trabajaba en una casa de familia y hacía mercado en la galería Alameda, donde mi papá atendía un puesto de verduras, se conocieron y se enamoraron” afirma, “Años después con mil pesos ahorrados decidieron comprar no un lote, sino una casita de invasión en la ladera, de cartón y guadua, con un techo donde meter a los hijos que vendrían. Allí nacimos ocho, yo fui el último el bebé dinosaurio”, afirma, entre risas. 

De la casa de invasión a la sede nacida de un sueño 

La casa que con el esfuerzo de sus padres levantaron, es hoy por hoy la sede del proceso con los niños. Cuando su madre murió, la familia consideró en venderla. Chambo no tenía como comprarla, así que hizo un trato divino con la fe: “Le pedí a Dios: regálamela para los niños. Y Dios me la regaló”. Encima de la plancha de la terraza, sin transformar la vivienda de abajo, empezó a levantar el espacio donde hoy es el espacio del “Recreo de Chambo”. 

Antes de ser el “Profe Chambo” de Tierra Blanca, fue un niño de 10 años al que, sin pensar, pusieron a ayudar a los más pequeños. Jóvenes universitarios llegaban a Siloé a dar talleres y ayudas escolares, cuando no daban abasto, lo llamaban a él. “Desde ahí empecé a trabajar con niños”, cuenta. “He sido profe de niños desde que tenía diez años… del siglo pasado”, bromea. 

En su adolescencia, bachillerato, organizó cursos de verano y los brindó hasta que se fue a prestar servicio militar en Santander. El viaje y la preocupación le pasaron factura a la familia, su padre sufrió varios derrames cerebrales que lo dejaron con la movilidad reducida. Cuando Juan Carlos regresó, entró a estudiar Comunicación Social en la Universidad del Valle, en ese momento, la economía familiar era tan escasa que en muchas ocasiones solo tenía para el bus. “Había días que no almorzaba: tenía que elegir entre comer o ir a la clase” comenta. 

Su paso por la Universidad lo llevó a meterse de lleno a los medios. Pasó por Telepacífico y luego ganó un concurso para ser corresponsal en Cali de un noticiero nacional del mediodía. Tenía que cubrir la ciudad, el Valle y el Norte del Cauca en los años más difíciles del narcotráfico, mientras en la loma las pandillas empezaban a señalarlo como “el periodista sapo”. “No podía subir ni bajar tranquilo, tenía amenazas y además el transporte del noticiero me recogía abajo, en lo plano, nunca arriba”. En el año 1994, se graduó de la Universidad y se hizo corresponsal, tomo la decisión de bajar a sus padres para regalarles una mejor calidad de vida, una más segura tanto para ellos como para él. 

De las noticias a Cuentos Verdes 

El vínculo con la ecología llegó después. En 1997, Telepacífico junto con la CVC se unieron para la creación de una serie ambiental. Un antiguo colega, Kike Pombo, lo llamó: “Chambito, vamos a hacer un programa ecológico” Él acepto de manera intuitiva, lo que pensó que sería un problema, lo volvió una fortaleza. “Tenía un poco de dudas debido a que yo particularmente no tenía conocimientos ambientales, lo que sabía del campo era lo que me contaban mis papás: las lunas, las temporadas de pesca, el romanticismo de la vida rural que tuvieron que abandonar “afirma, lo demás, lo aprendió preguntando a los técnicos de la corporación y sin pensarlo, se volvió un icono de la televisión regional. 

De esa forma nació Cuentos Verdes. El programa salió a emisión en 1997 con un presentador de sombrero que nadie había libreteado como personaje, pero que se quedó en la memoria de la región. “La gente me reconocía, me veía a toda hora, pero era chistoso porque yo no veía a nadie. Salía a diario en televisión y luego en la calle me saludaban colegas que yo no identificaba”. 

En el año 2003, ganó el concurso para ser el director y presentador de planta, estuvo allí hasta enero de 2009. Salió del programa, se cansó de la televisión que, dice, se volvió “demasiado comercial y tendenciosa”, de esa forma decidió abandonar Cuentos Verdes para no hacerse daño si la propuesta original cambiaba de camino. Desde entonces prefiere informarse por otros medios y contar lo suyo a través de Facebook y de un blog donde guarda la memoria completa del proceso: proyectotierrablanca.blogspot.com. 

Un recreo contra el conflicto 

Hoy en día, casi 17 años después de aquel primero de enero, el proyecto Tierra Blanca tiene un listado de unos 45 niños, aunque gracias a la migración el relevo es constante. Ya van nietos del proceso: “Daniel, que entró con siete años en el 2009, ahora lleva a Emily, su hija de 8 años” comenta. Los espacios de encuentro dominicales ocurren en una cuadra cualquiera de la ladera o en la terraza de la vieja casa cuando la lluvia se intenta interponer, “A simple vista parece un juego: saltan lazo, juegan fútbol, corren detrás de un balón. Pero cada situación es una excusa para aprender”. 

Hace unos años, se incendió el Cerro de la Bandera, una niña de cinco años le preguntó que si había visto el fuego. Sus compañeros de juego se rieron. Chambo, convirtió una “pregunta boba” en una conversación sobre incendios forestales, animales que no sobreviven, agua contaminada y ecosistemas que tardan años en regenerarse.   

Para los niños, el proyecto no se llama Tierra Blanca. Se llama “Chambo”, ellos preguntan “hay chambo o no hay chambo”, porque en su mente el recreo es él y lo que representa. Su sueño ahora es construir “El recreo de chambo”: Un espacio amplio, bajo techo, con baños, cocina, computadores e internet, donde pueda jugar, estudiar, recibir un complemento nutricional y, sobre todo, encontrarse. “Allá arriba no hay bachillerato” explica, “los colegios quedan abajo. Los pelados crecen sin encontrarse en su propio territorio. Si empiezan a conocerse jugando desde niños, es menos probable que después se hagan daño a causa de las fronteras invisibles”. 

Todo este proyecto, se sostiene gracias a los voluntarios: “Vecinas como Yeline, hace parte de las actividades junto con sus hijos con discapacidad, amigos de la iglesia, Juan Felipe, politólogo de Univalle que llegó con una investigación y se quedó, y por supuesto yo” afirma. Chambo adicional combina este trabajo con sus clases en INSTEL (Instituto Nacional de Telecomunicaciones) donde enseña taller de televisión, realización y lenguaje audiovisual. “No hay sueldos ni grandes patrocinadores: Dios ha puesto muchos corazones para que apoyen de a poquitos” dice. 

Finalmente, la conversación vuelve al mismo punto: Los niños. “Los niños son el público más agradecido, el más sincero. Si tú les dices que hoy solo hay agua de la llave, toman agua de la llave. No te hacen paro. Absorben todo lo que uno les enseña. Por eso el juego no es una bobada: es mucho más importante de lo que la gente dimensiona”. 

“Los niños son el público más agradecido, el más sincero. Si tú les dices que hoy solo hay agua de la llave, toman agua de la llave. No te hacen paro. Absorben todo lo que uno les enseña. Por eso el juego no es una bobada: es mucho más importante de lo que la gente dimensiona”

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El reto de la reintegración de los expresidiarios en Cali

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El reto de los expresidiarios comienza al llegar la libertad. Mientras la fuerza pública aumenta

Autores: Juan Sebastián Bolaños Ceballos y Valeria Pejendino.

Facultad de Humanidades y Artes

Se ignora qué ocurre tras la condena. si el sistema solo castiga, pero no logra resocializar, la libertad es apenas un paso antes de volver a delinquir. Este informe especial revela cómo el olvido de esta población es el motor que alimenta la inseguridad día a día en nuestras calles.

La falta de oportunidades laborales es uno de los principales obstáculos para quienes intentan rehacer su vida…

“He llegado a muchas entrevistas de trabajo y no me quieren aceptar por los antecedentes judiciales. Nadie me quiere dar una oportunidad”. El testimonio del caleño Armando Zambrano refleja lo complejo que resulta para una persona, reincorporarse a la sociedad luego cumplir una condena.   

Armando, un ciudadano caleño que estuvo privado de su libertad más de 6 años, representa el rostro de esta exclusión; su diario vivir se convirtió en un bucle de rechazos uno tras otro. “De vez en cuando hago algún trabajo de construcción, pero es difícil porque no me quieren aceptar.”, relata, evidenciando que el pasado judicial funciona como una marca imborrable. 

El testimonio de Armando revela una parte cruel del mercado laboral, la discriminación cortés y según explica, las entrevistas laborales suelen iniciar de manera positiva hasta que aparece el registro de antecedentes en su hoja de vida. “Normalmente me reciben muy bien, pero cuando leen la hoja de vida, ahí es donde la gente se retracta. Me dicen que por haber estado en la cárcel no me aceptan; eso es discriminación”. 

Su caso no es el único. Analizando los datos recolectados de la fundación Fundrapre a lo largo de su gestión y funcionamiento. Encontramos que en total 318 personas recuperaron su libertad: 118 han fallecido, incluyendo casos como, el de un hombre de 56 años que murió por un cáncer de páncreas mal atendido bajo el precario servicio de salud del INPEC; Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios (USPEC), o el que fue asesinado apenas cruzó la puerta de salida del centro penitenciario. A esto se le suman tres personas desaparecidas y una lamentable situación de salud pues al salir de la cárcel pierden su cobertura médica, sin posibilidad de recibirlos. 

De este grupo de 318 exconvictos, apenas cinco personas han logrado reintegrarse con éxito fuera de Colombia, en países como España, Estados Unidos, Chile, Ecuador y Londres. En el contexto local, la realidad es otra, no hay ni uno solo trabajando formal y legalmente. Los 313 restantes sobreviven en el día a día a través de la informalidad, generalmente en trabajos de construcción o ventas en el centro de Cali, o inevitablemente reincidiendo en el delito. 

Para la fundadora y experta en el área de reintegración social de la fundación Fundapre, Elsy García Medina el problema nace desde la misma cárcel. 

 “En este país, el sistema penitenciario va de la mano con el castigo y no con un cambio… Las cárceles se transformaron un espacio donde se pierde la identidad y para cuando las personas cumplen su sentencia, se encuentran con el estigma social tanto de sus familiares como de su entorno. No podemos exigir que cambien para bien en la sociedad, cuando encontrar un empleo formal se vuelve una misión casi que imposible. Hay que garantizar el derecho al trabajo y la aceptación social, de lo contrario estaríamos dándoles la espalda y dejándoles como única fuente de ingresos nuevamente el delito en una situación desesperada por subsistir”, expresa García. 

Esa pérdida de identidad y el estigma se filtran hasta la intimidad del hogar, donde el retorno constantemente está marcado por sospechas. Para Estefany Castro García, madre de un joven que ha vivido el bucle de entrar y salir de la cárcel, la libertad es un lugar minado de incertidumbres y preocupación. Ella asegura que el reto no es solo la falta de un sueldo, sino el juicio moral del entorno: “No es solo que no consigan trabajo, es cómo los mira el vecino, cómo los juzga la misma calle que los vio crecer”. 

Esta presión social, sumada a la desconexión con sus propias redes de apoyo, crea un aislamiento que la psicología familiar identifica como un factor de riesgo muy alto. Expertos en comportamiento humano señalan que, ante el rechazo del círculo social primario, el expresidiario busca refugio en los únicos espacios donde no es juzgado por su pasado: las estructuras delictivas de las que se intentaba alejar. 

Sin embargo, frente a este panorama de rechazo y puertas cerradas, el sistema jurídico colombiano ha intentado levantar un contrapeso. La Ley 2208 de 2022, conocida como la Ley de Segundas Oportunidades, fue creada con la intención de romper precisamente ese ciclo de rechazos. Ofreciendo beneficios tributarios a los empresarios que contraten a esta población, la ley busca transformar el antecedente penal de una sentencia de desempleo a una oportunidad de responsabilidad social. 

Sobre esta normativa, el abogado José Gregorio Hernández Penagos explica que la iniciativa busca que las personas que ya pagaron su condena puedan conseguir un trabajo formal, dando beneficios a las empresas para que se animen a contratarlos “La ley apuesta por dar segundas oportunidades porque eso reduce la reincidencia y beneficia a toda la sociedad” afirma Hernandez; no obstante, también advierte que “En Cali todavía falta más apoyo y un cambio de mentalidad para que la iniciativa funcione mejor” declaró. 

Es por esto que, como advierten expertos legales, la norma por sí sola no borra el prejuicio; se requiere que el sector privado de Cali deje de ver el pasado judicial como una amenaza y empiece a verlo como una inversión en seguridad ciudadana. 

Para Lina Marcela Sierra, empresaria caleña, la decisión de abrir las puertas de su empresa no se basa solo en ver una hoja de vida, sino en la satisfacción de que brindar oportunidades a quienes han sido excluidos es la única forma de construir una Cali más segura. “Yo creo en las segundas oportunidades, y que la forma de crear un mundo mejor es brindar oportunidades a las personas que probablemente nadie cree” afirmó la empresaria, también recalcó “Es importante que cuenten con una fuerte red de apoyo solidad para no perder el nuevo enfoque de su vida” la intención genuina del individuo de proyectar una vida distinta. 

Entonces, para los empleadores que apuestan por estas “segundas oportunidades”, la resocialización no es un cambio que el exconvicto haga solo. La empresaria Sierra recalca que un factor determinante para no perder el nuevo enfoque de vida es la existencia de una red de apoyo social y laboral en la que el trabajador pueda sostenerse, afianzando así, la advertencia de Elsy García sobre el vacío que deja la pérdida de identidad en prisión. 

En la otra cara de la moneda se encuentra Carlos Alberto Bolaños Álvarez, mago, payaso y empresario con más de 15 años de trayectoria al frente de Capeto Recreación y Eventos, una de las empresas de animación más grandes de Cali. 

Para Capeto, cuyo personal se concentra en jóvenes de entre 18 y 27 años, la posibilidad de contratar a alguien que haya pasado por una cárcel es una decisión que genera gran preocupación. 

El empresario manifiesta que recibir a una persona que haya sido privada de la libertad es “complicado” y confiesa que el primer criterio de rechazo inmediato son los antecedentes judiciales. Desde su perspectiva, la ciudad no solo requiere que la persona a reintegrar cumpla su condena, sino una resocialización que él no percibe como real en el sistema actual.  

“¿Qué se hizo para capacitar a esa persona evitando que no vuelva a reincidir en lo mismo que lo privó de la libertad? Pues la verdad que como empresario sí, también me abstengo de tener que contratar a una persona en esas condiciones. Primero miramos los antecedentes, pero la verdad es que en este país una persona privada de la libertad no solamente necesita cumplir con su condena, sino también con una reintegración a la sociedad”, afirma Carlos. 

La brecha entre los empresarios que creen en el cambio y aquellos que se retractan al leer los antecedentes es el espacio donde debe actuar la estrategia pública. Es aquí donde la Ley 2208 de 2022, intenta incentivar a más organizaciones a seguir este camino, proponiendo que la inclusión laboral deje de ser un acto de fe individual para convertirse en una estrategia colectiva de seguridad y justicia social. 

Nathalia Benjumea, psicóloga de selección, comenta lo determinante que puede ser la contratación de personas con antecedentes, ya que eso puede perjudicar a las empresas para certificarse en el (El Sistema de Administración de Riesgos de Lavado de Activos y Financiación del Terrorismo) SAGRILAFT, ya que esto les brinda una seguridad en su documentación como empresas. 

Ella recuerda el caso de un candidato: “Se trataba de un hombre que se postuló para el cargo de coordinador. En la revisión de documentos se reflejó que no era solicitado por la justicia, pero en uno de sus anteriores trabajos en el cual transportaba mercancía, mientras conducía uno de sus trayectos cotidianos fue abordado por un grupo al margen de la ley, que quemó el carro de trabajo y la mercancía. La empresa procedió a demandarlo por robo de mercancía. En el proceso de selección sometido al polígrafo y quien lo realizó, confirmó que el hombre decía la verdad. Al sol de hoy él sigue como coordinador en esa empresa”, relató la doctora Nathalia. 

Finalmente, la verdadera resocialización se pone a prueba en el día a día de los barrios, donde la comunidad critica como el primer juez. Mientras persista la falta de redes de apoyo sólidas, el ciclo de reincidencia seguirá alimentándose de la inseguridad. Al final del día, el éxito de la Ley de Segundas Oportunidades y los esfuerzos individuales de los exconcivtos dependerá de la sociedad caleña para entender que cada puerta que se le cierra a quien busca una vida distinta, es, una posibilidad que se abre nuevamente hacia el delito por pura necesidad de sobrevivir. 

una problemática social que suele pasar desapercibida, ya que pone en evidencia cómo la falta de oportunidades, el estigma y las fallas institucionales terminan perpetuando ciclos de exclusión y reincidencia, afectando no solo a quienes han cumplido una condena sino también a la seguridad y al tejido social en general.

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La congestión y los desafíos operativos del sistema MIO en Cali

La congestión y los desafíos operativos del sistema MIO en Cali 

Entre demoras, bloqueos y denuncias de inseguridad, el MIO enfrenta un reto que va más allá de las cifras oficiales.

Por: Valeria Loaiza Sandoval y Laurie Dahian Waitoto Asprilla

Facultad de Humanidades y Artes

A mediodía, decenas de pasajeros esperan en las estaciones de Unidad Deportiva, Pampalinda y Universidades mientras los buses tardan en llegar. Retrasos, sobrecupo y largas filas se suman a la preocupación por la inseguridad dentro del MIO, aunque las autoridades reportan una reducción de hasta el 41% en hurtos, la percepción de riesgo persiste, manteniendo a los usuarios en tensión. 

Además de las cifras oficiales que muestran una reducción de hurtos dentro del MIO, la experiencia diaria de quienes trabajan en las estaciones evidencia que la seguridad sigue siendo un desafío. 

La descripción de situaciones de riesgo, como conflictos entre pasajeros o presuntos casos de escopolamina, aporta un componente de alerta importante

Claudia Robles, vendedora con puesto fijo de salchipapas ubicado antes de entrar a la estación Pampalinda, asegura que, aunque se siente protegida por las cámaras de vigilancia y la rápida reacción de la policía, la inseguridad sigue siendo un desafío diario. Relata que ha presenciado robos y accidentes dentro de la estación y que incluso un día un habitante de la calle la amenazó con agredirla cuando se negó a darle comida gratis: “Le dije que no, porque trabajo para ganarme la vida, y que, si le daba a él, seguirían viniendo otros esperando lo mismo. Me amenazó, diciendo que me iba a poner horrible, que la cara me la iba a poner horrible. Yo nunca he sufrido, no tengo miedo, y saqué mi cuchillo de picar salchichas para defenderme”. 

Además, Claudia señala que los riesgos no solo provienen de los pasajeros: la imprudencia vial y accidentes en la estación también representan un peligro constante. Sin embargo, asegura que la vigilancia de la cámara 360 y la respuesta inmediata de la policía le han permitido sentirse relativamente segura trabajando, aunque reconoce que la inseguridad, la congestión y las situaciones de irrespeto son parte de su día a día. 

Juan Camilo Herrera, estudiante universitario de 22 años que utiliza el MIO todos los días para desplazarse desde el sur hasta el centro de la ciudad, asegura que las demoras son frecuentes. “Hay días en los que uno espera 20 o 30 minutos. Y cuando por fin llega el bus, ya viene lleno. Me ha pasado incluso que he esperado hasta dos horas”, afirma. Para él, la incertidumbre es el mayor problema: nunca sabe con certeza cuánto tardará en llegar a su destino. 

El MIO constituye el eje principal de movilidad urbana en Cali. Conecta zonas residenciales, comerciales, educativas e industriales y en 2025 movilizó 89,3 millones de pasajeros en el año, según cifras basadas en la Encuesta de Transporte Urbano de Pasajeros del DANE. Esto confirma que miles de ciudadanos dependen diariamente del sistema para estudiar, trabajar o realizar actividades cotidianas. Sin embargo, en diferentes estaciones de la ciudad se repite un mismo panorama: acumulación de pasajeros en plataformas que dificultan el abordaje y tiempos de espera prolongados. 

Una observación realizada el 24 de febrero entre las 12:00 p.m. y la 1:00 p.m. en las estaciones Pampalinda, Universidades y Unidad Deportiva permitió constatar una afluencia constante de usuarios. En promedio, más de 40 personas esperaban en cada plataforma. Aunque el ambiente se mantenía relativamente organizado sin discusiones visibles ni alteraciones mayores el flujo continuo evidenciaba una presión operativa que tiende a intensificarse en las primeras horas de la mañana y al final de la jornada laboral. 

Detrás de esa espera hay una dinámica operativa compleja. José Ever Arias, conductor con 14 años de experiencia en el sistema, explica que los retrasos no siempre dependen del conductor; “Trabajamos bajo tiempos establecidos. Si ocurre una falla mecánica, un accidente en vía o cualquier novedad, la frecuencia se altera. Y cuando un bus se retrasa, el siguiente también se ve afectado”, señala. Según él, el efecto es en cadena: un imprevisto puede impactar varias rutas en cuestión de minutos. 

Diego García, orientador del sistema encargado de supervisar el flujo de pasajeros y el cumplimiento de frecuencias, coincide en esa explicación. Cada vehículo opera bajo un control de tiempos y reportes internos. Cuando se presenta una novedad técnica o un retraso, la programación se ajusta, pero esa reorganización no siempre evita la acumulación de usuarios en plataforma. “La gente ve que el bus no llega y piensa que es desorden, pero muchas veces es una situación que ya se está reportando desde la operación”, afirma. 

Mientras los trabajadores explican la presión técnica, los usuarios experimentan la congestión de forma directa. El sobrecupo en horas pico dificulta el ingreso a los vehículos y genera incomodidad. En algunos casos, quienes no logran abordar deben esperar el siguiente bus, prolongando aún más su trayecto. 

La congestión no solo impacta a pasajeros y conductores. También modifica las dinámicas de seguridad dentro del sistema. Lina Marcela, guarda en una de las estaciones del sur de la ciudad, explica que en horas de alta demanda especialmente al mediodía y en la tarde el volumen de pasajeros aumenta considerablemente. “Cuando hay mucha gente, es más difícil mantener el orden. A veces se presentan discusiones por el espacio o intentos de colarse”, comenta.  

En términos operativos, el sistema contó con 853 vehículos afiliados, de los cuales 623 estuvieron en servicio, lo que evidencia que una parte importante de la flota no se encuentra en circulación activa. Esta situación impacta directamente la frecuencia de paso y la cobertura en distintas rutas, especialmente en servicios alimentadores. 

Durante 2026, el sistema enfrenta nuevos desafíos y ajustes. Desde el 10 de enero de 2026, la tarifa del pasaje se fijó en $3.500 pesos, tras un incremento aprobado por la administración distrital. El ajuste busca contribuir a la sostenibilidad financiera del sistema, en un contexto de recuperación de pasajeros, pero con limitaciones operativas persistentes. 

En paralelo, Metro Cali anunció la incorporación de 47 nuevos buses, entre ellos unidades eléctricas y vehículos con tecnología Euro VI, como parte de un proceso de renovación de flota. Estas unidades comenzarán a integrarse progresivamente durante el año, con el objetivo de reemplazar buses que ya cumplieron su vida útil, especialmente en el componente alimentador. 

En materia de seguridad, durante los primeros meses de 2026 las autoridades reportaron operativos reforzados dentro del sistema, con capturas por delitos cometidos en estaciones y buses, decomiso de armas cortopunzantes y aumento de presencia policial en terminales estratégicas. 

A pesar de estas medidas, la experiencia cotidiana recogida en estaciones como Universidades muestra que el aumento en la demanda, sumado a una flota parcialmente activa y a factores externos como bloqueos y congestión vial, continúa incidiendo en los tiempos de espera y en la percepción de eficiencia del sistema.

Impacto económico de la congestión 

La congestión también tiene un impacto económico. Juan Carlos Arango, quien vende rosquillas caleñas de manera informal desde hace 11 años, asegura que en momentos de mayor saturación prefiere subirse a los buses menos transitados. “Cuando hay demasiada gente no se puede ni caminar. Se vuelve difícil trabajar”, explica, haciendo énfasis en cómo la acumulación de pasajeros limita tanto su movilidad como la capacidad de ofrecer sus productos de manera segura y eficiente. 

María Suárez, otra vendedora informal, coincide en que el flujo excesivo de usuarios complica la circulación dentro de la estación, generando dificultades para moverse entre los puntos de venta y acceder a los buses. En situaciones de sobrecupo, los vendedores deben adaptarse rápidamente, atendiendo a los clientes que logran acercarse mientras intentan evitar accidentes o empujones. 

Por su parte, Claudia Robles, la vendedora de salchipapas, señala que además de la congestión se han presentado cortes de energía y situaciones operativas que afectan tanto el tránsito de pasajeros como la actividad comercial. “Si el sistema se detiene o hay fallas, todo se siente. No solo para los que viajan, también para los que trabajamos aquí en la estación”, comenta. 

Desde la institucionalidad, el énfasis ha estado en reforzar la seguridad y mostrar avances en reducción de delitos. No obstante, el desafío operativo relacionado con frecuencias, fallas técnicas y sobrecupo sigue siendo un tema sensible para los usuarios. Las autoridades destacan los planes implementados y las cifras positivas en seguridad, pero la experiencia diaria de quienes utilizan el sistema revela que la congestión y los retrasos continúan siendo una preocupación constante. 

 Tensión en el abordaje: cuando la congestión escala a situaciones de riesgo 

En la estación Universidades, la congestión no solo genera incomodidad: en ocasiones ha derivado en episodios de violencia entre pasajeros. María Elena, vendedora informal de la estación, describe un ambiente donde el desorden al abordar los buses puede convertirse en detonante de conflictos. 

En horas de alta demanda, explica, las personas “entran como muy en montones” y el afán por subir provoca empujones y discusiones. Hace aproximadamente tres meses, presenció un altercado que escaló peligrosamente cuando, en medio de una disputa por un asiento, uno de los involucrados sacó un arma. “Uno se sentó encima al otro y ahí sacó uno el arma para dispararle”, relata. 

La comerciante asegura que intervino para evitar que la situación pasara a mayores: “yo me metí en el medio, tratando de calmar para que no hubiera sangre”. El testimonio evidencia cómo la presión por abordar vehículos con alta ocupación puede transformarse en un escenario de riesgo para los usuarios. 

 Hurtos y presunto uso de escopolamina: la inseguridad que preocupa a los usuarios  

Además de los enfrentamientos, la vendedora María Elena señala que los robos son frecuentes, especialmente contra jóvenes universitarios que transitan por la estación. La modalidad más común sería el hurto de celulares en medio de la aglomeración: “A veces acá roban mucho también los teléfonos, a los muchachos, a los universitarios”, afirma. Según su percepción, en algunos casos se habría utilizado una sustancia en polvo para desorientar a las víctimas: “Han echado esos polvos, ese polvo blanco”, menciona al describir episodios en los que jóvenes comienzan a sentirse mal en o después del abordaje. 

María Elena recuerda particularmente el caso de un muchacho que fue retirado del lugar con síntomas evidentes: “lo sacaron de aquí vomitando y todo, lo llevaron para el hospital”, aunque no asegura haber presenciado directamente el momento del hurto, sí afirma haber visto las consecuencias y la posterior intervención de policías y ambulancias. 

La preocupación por posibles nuevas modalidades de hurto dentro del sistema tomó fuerza tras la viralización de un video en TikTok de la cuenta @elegantperfum.oficial que superó las 430 mil visualizaciones y 25 mil “me gusta”. En él, una joven la cual no menciona su nombre relató un presunto intento de escopolaminización ocurrido el viernes 6 de febrero en el norte de Cali, cuando se movilizaba en la ruta P27D. 

Según su testimonio, el recorrido transcurría con normalidad hasta que notó a una mujer observándola de manera insistente desde los asientos cercanos al conductor. Aunque en un primer momento no le dio importancia, la situación cambió cuando esa misma persona decidió sentarse a su lado, pese a que había otros puestos disponibles. “Se me hace un poco raro porque hay varios puestos disponibles y justo se va a sentar al lado mío”, relata en el video. 

Minutos después comenzó a experimentar síntomas físicos inesperados: mareo repentino, pesadez en los ojos y sensación de somnolencia, ella misma describe que empezó a sentirse “muy mareada” y con la mente “nublada”. Ante esa reacción, decidió enviar su ubicación en tiempo real a su esposo y mantenerse en llamada mientras descendía en la terminal Menga. 

La mujer que había despertado sus sospechas también se bajó del bus y, según el relato, continuó siguiéndola dentro de la estación. Fue entonces cuando acudió a una guarda de seguridad y pidió ayuda: “No dejes que nadie se me acerque… ayúdame, porfa”, según cuenta. 

El personal de la terminal la asistió de inmediato y dio aviso a la Policía. En el video, la joven asegura que los uniformados le indicaron que se trataría de un “modus operandi” que se ha venido incrementando en los últimos meses. Aunque el hecho no terminó en hurto, la experiencia dejó en evidencia la vulnerabilidad que pueden sentir los usuarios ante este tipo de situaciones. 

La joven concluye su mensaje con un llamado a la alerta, insistiendo en la importancia de estar atentos al entorno y escuchar las señales del propio cuerpo cuando algo “se siente raro”. Su testimonio se suma a otras denuncias ciudadanas sobre robos y presunto uso de sustancias dentro del sistema, reforzando una percepción de inseguridad que persiste entre estudiantes y usuarios frecuentes del transporte masivo. 

Hasta ahora no hay una fuente oficial que dé cifras comparativas año contra año de casos de hurto con escopolamina, ni que demuestre que estos hechos hayan aumentado de forma cuantificable en 2025 /2026 en Cali. 

Una hora de espera: cuando caminar parece más eficiente que el bus 

Las demoras en el servicio se han convertido en uno de los principales factores que influyen en las decisiones de movilidad de los estudiantes. Melanie Betancourt, usuaria frecuente del alimentador en la estación Universidades, asegura que ha llegado a esperar hasta una hora por una ruta: “Creo que sí, una hora ha sido lo máximo que he esperado”, afirma. 

Según explica, estos tiempos prolongados han llevado a muchos estudiantes a optar por alternativas como caminar, incluso en trayectos largos. Al referirse a la ruta A19A hacia el sector de La Babilla, señala que “se demora demasiado”, por lo que, en su experiencia, “uno prefiere caminar que esperar el MÍO porque al final es lo mismo”. 

Melanie también menciona que conoce casos de estudiantes que recorren distancias extensas a pie, como desde Cachipay hasta San Martín, un trayecto que puede tomar cerca de una hora caminando. Esta decisión no responde únicamente a una preferencia personal, sino a una percepción compartida de que el tiempo de espera no compensa el uso del sistema. 

A esta realidad se suma el testimonio de Gabriela Tovar, estudiante universitaria que ha reorganizado completamente su rutina de desplazamiento. “Normalmente me dirijo a la universidad caminando, y el trayecto me toma aproximadamente 26 minutos”, explica. Aunque podría utilizar el transporte público, considera que el proceso es más largo y poco práctico. 

“Si tomara el transporte público, primero tendría que caminar hasta la parada, luego esperar el bus, dirigirme a la estación y después trasladarme hasta la estación cercana a la universidad”, detalla. Para ella, ese encadenamiento de tiempos convierte el recorrido en una opción menos eficiente. “Todo ese proceso implica varios minutos adicionales que me ahorro caminando”. 

Gabriela concluye que, en términos prácticos, el sistema no representa una ventaja en su caso: “Para cuando llegara desde la estación hasta la entrada de la universidad y luego hasta el salón, probablemente ya habría llegado mucho antes si hubiera ido caminando”. 

En situaciones excepcionales, cuando se le hace tarde o surge algún imprevisto, opta por una alternativa distinta: “en algunas ocasiones excepcionales me dirijo en didi moto”, un trayecto que le toma “alrededor de 17 minutos en total”. 

Los testimonios evidencian una tendencia clara: cuando el transporte público no garantiza tiempos predecibles, caminar deja de ser una alternativa secundaria y se convierte, para muchos estudiantes, en la opción más eficiente y confiable. 

Bloqueos estudiantiles y desvíos: el efecto dominó en la operación 

Desde la mirada institucional en estación, Clarenas Sepúlveda, orientadora del sistema, reconoce que uno de los factores que más impacta la operación de los buses son los bloqueos, particularmente en el entorno de la Universidad del Valle. 

Cuando se presentan estas situaciones, las rutas deben modificar su recorrido o suspender temporalmente el servicio en ciertas estaciones, lo que genera represamientos y retrasos acumulados. “Se presenta la congestión y de ahí viene la molestia del usuario”, explica, al describir cómo la alteración en un punto específico termina afectando tiempos de llegada en distintos sectores de la ciudad. 

En esos momentos, su labor consiste en informar sobre los cambios operativos: “orientamos al usuario qué desvío va a haber, qué rutas van a seguir operando, cuáles se van a cancelar”. Los bloqueos no solo interrumpen el tránsito de los buses, sino que obligan a extender recorridos y alterar frecuencias, lo que incrementa los tiempos de espera en estaciones como Universidades generando acumulación de pasajeros en las estaciones. 

Clarenas subraya el límite de su función dentro del sistema: “nuestra función solo es informar”, ante emergencias médicas o situaciones críticas, el procedimiento es reportar y dar aviso a las autoridades correspondientes, mientras mantienen a los usuarios actualizados. 

Los testimonios recogidos en las estaciones del transporte público MIO permiten identificar un fenómeno estructural más amplio: los bloqueos en el entorno universitario alteran la operación regular del sistema, generan desvíos y retrasos acumulados, y estos a su vez, incrementan la congestión en plataformas y vehículos. La congestión prolongada no solo impacta los tiempos de llegada, sino que eleva los niveles de tensión entre usuarios, creando un ambiente propicio para conflictos, empujones y situaciones de riesgo.  

Paralelamente, la percepción de inseguridad alimentada por denuncias de hurtos y episodios violentos y la sensación de ineficiencia, reflejada en esperas de hasta una hora, terminan afectando la confianza en el servicio. Así, bloqueos, demoras, aglomeración y problemas de seguridad no aparecen como hechos aislados, sino como manifestaciones interconectadas de un sistema que enfrenta presiones operativas y sociales que trascienden la experiencia individual de cada usuario. 

  

El enfoque en la percepción de inseguridad es clave, ya que demuestra que no basta con reducir cifras delictivas; la confianza del usuario es igual de importante para evaluar el funcionamiento del sistema.

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El impacto real del aumento del pasaje en Cali, Candelaria y Yumbo

El impacto real del aumento del pasaje en Cali, Candelaria y Yumbo

Las nuevas tarifas del transporte intermunicipal entre Cali, Candelaria, Yumbo y Palmira dispararon el gasto mensual de los usuarios

Por:Laura Nicole Aparicio Escobar y María Camila Culma Beitia

Facultad de Humanidades y Artes

En algunos casos por encima del auxilio legal de transporte. Aunque las empresas atribuyen el incremento al aumento de costos operativos, trabajadores y estudiantes denuncian afectaciones directas a su economía y cuestionan la falta de socialización y sustento público del alza. 

 

El aumento del pasaje ha generado una presión económica importante en trabajadores y estudiantes que dependen del transporte a diario.

El incremento en las tarifas del transporte intermunicipal durante el periodo 2026 llevo a que la ciudadanía expresara su inconformidad frente al alza del pasaje. A partir del aumento, surgieron manifestaciones y reclamos públicos que intensificaron el debate entre empresas, autoridades y comunidades. 

Durante enero y febrero de 2026 se registraron bloqueos intermitentes en la doble calzada Candelaria–Cali, especialmente en sectores como Poblado Campestre. El subcomandante de la Policía, Jesús Ruiz, confirmó: “Durante enero y febrero de 2026, habitantes de sectores como Poblado Campestre han realizado bloqueos intermitentes en la doble calzada Candelaria-Cali. Las exigencias principales son la reducción del pasaje, que subió repentinamente hasta $800 o más en algunos trayectos cortos, y mejoras en la seguridad vial”. 

Las manifestaciones surgieron tras incrementos que, según líderes políticos, oscilaron entre el 20 % y el 30 %, superando el comportamiento del IPC del año 2025. Un ejemplo concreto es la ruta Cali–Palmira, donde la tarifa pasó de $7.700 en 2025 a $9.500 en 2026, lo que representa un incremento del 23.3%. 

De acuerdo con resoluciones oficiales de las empresas Sultana, Coodetrans y transporte intermunicipal de Yumbo para el periodo 2026, las tarifas actuales por trayecto se ubican en un rango que va aproximadamente desde los $2.900 en recorridos internos como el de Yumbo, hasta los $9.500 en rutas de mayor distancia como Cali–Palmira. En trayectos intermedios, los valores oscilan entre $4.900 y $8.000, dependiendo del destino. 

Esto significa que un usuario que realiza dos viajes diarios durante 24 días laborales puede estar asumiendo gastos mensuales que van desde $139.200 en rutas cortas, hasta $456.000 en trayectos más largos como Cali–Palmira.

El auxilio de transporte legal para 2026 es de $249.095. En la ruta Cali–Palmira, el trabajador debe asumir $206.905 adicionales de su salario, ya que el auxilio cubre aproximadamente el 54 % del gasto real. Esta diferencia económica ha sido uno de los principales detonantes del inconformismo ciudadano. 

Óscar David Cometa usuario recurrente cuestionó el valor del pasaje de $5.200 en algunos trayectos: “Si uno hace un análisis del mes, estaría gastando alrededor de 300.000 pesos ida y vuelta. Ganándose un mínimo y pagando arriendo, servicios y alimentación, no es justo”. 

En la misma línea, Natalia Santizábal estudiante universitaria que reside en yumbo, explicó que su gasto semanal pasó de $50.000 a entre $110.000 y $120.000. También señaló deficiencias en la calidad del servicio en la ruta Cali–Yumbo, mencionando retrasos, congestión y demoras de hasta media hora. Como estudiante manifestó: “Los trabajadores reciben auxilio de transporte, pero los estudiantes no”. 

Desde el ámbito institucional, el concejal de Candelaria, Alfredo Cadena, explicó que presentó derechos de petición a Coodetrans, Sultana del Valle y Líneas del Valle, de las cuales solo dos respondieron. “Estamos en contra de ese aumento injustificado que fue cerca del 20 al 30 por ciento por encima de lo que subió el IPC cerrando en el año 2025”. 

Indicó que las respuestas fueron enviadas a la Superintendencia de Transporte y al Ministerio de Transporte para su análisis y eventual investigación. También señaló que las empresas no compartieron el estudio técnico que justificó el incremento: “Manifestaron que no podían compartir la revisión técnica del estudio porque eran documentos clasificados de la empresa” 

Sobre el rol de la Alcaldía, explicó que actúa como ente mediador, ya que no tiene competencia directa para regular tarifas del transporte intermunicipal al no existir una empresa pública que compita en ese mercado. 

Por su parte, Guillermo Pantoja, representante del sector transporte, sostuvo que el aumento responde al incremento de costos operativos: “Todo lo que es la canasta de transporte subió excesivamente, con la subida del dólar, ha subido un 25, un 30 %. Nosotros estamos trabajando casi a pérdida”. 

Señaló aumentos en tasas de uso de terminal, peajes, llantas y repuestos. Frente a la inconformidad ciudadana afirmó: “El usuario debe entender que el transporte ya no es un negocio, nosotros estamos trabajando casi a pérdida”. 

Indicó además que después del aumento no disminuyó el número de pasajeros, no hubo cambios en rutas ni frecuencias y que los subsidios aplican únicamente para estudiantes. 

La agente de tránsito Maryuri Rodríguez del municipio de Candelaria Valle del Cauca informó que la alcaldesa de Candelaria Jessica Caballero sostuvo reuniones con los directivos del transporte público para abordar la situación.

 

Indicó que actualmente operan un grupo pedagógico y agentes de tránsito, y que podría requerirse mayor personal ante el crecimiento poblacional. 

El líder comunitario Diego Calderón aseguró: “Después de la protesta no hubo ningún cambio significativo. Sigue igual sin novedades”. 

Añadió que las respuestas recibidas evidencian que las empresas tienen autonomía para fijar incrementos y que el caso continúa en investigación ante la Superintendencia de Transporte. 

El aumento del pasaje durante la vigencia 2026 expuso una tensión estructural entre los costos operativos del sector transportador y la capacidad de pago de los usuarios. Las cifras oficiales muestran incrementos significativos y gastos mensuales que superan el auxilio legal, mientras las empresas argumentan presiones económicas y las autoridades cumplen un rol de mediación sin facultad regulatoria directa. 

Aunque las protestas lograron visibilizar el inconformismo ciudadano, no se han registrado modificaciones sustanciales en las tarifas ni en la divulgación de los estudios técnicos que justifican el alza. El debate permanece abierto entre sostenibilidad empresarial, regulación estatal y equidad para quienes dependen diariamente del transporte intermunicipal en el área metropolitana de Cali.

La falta de socialización del incremento ha incrementado el malestar ciudadano y la desconfianza hacia las empresas transportadoras.

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Cuando el turismo crece, la ciudad cambia: Los efectos del auge turístico en Cali.

Cuando el turismo crece,la ciudad cambia: Los efectos del auge turístico en Cali

El crecimiento del turismo y la alta demanda de hospedaje en la ciudad de Cali generan un nuevo debate: ¿está la ciudad preparada para proteger al consumidor de los efectos de la alta demanda? 

Por: Ana Isabel García Zúñiga y Valentina Sánchez Mercado

Facultad de Humanidades y Artes

 

En Cali, el crecimiento del turismo en los últimos años ha incrementado la demanda de hospedajes temporales en distintos sectores de la ciudad. Eventos de alto flujo de turistas como la Feria de Cali y el Festival Petronio Álvarez atraen cada año a miles de visitantes tanto nacionales como internacionales, lo que genera mayor movimiento en el mercado del hospedaje. 

De acuerdo con un estudio realizado en el 2024 por el Observatorio de Turismo de Cali, durante el Petronio la ciudad acogió a más de 36.000 visitantes, según datos recopilados a partir de 1.460 encuestas realizadas durante el evento. También se reveló que el 94 % de los visitantes permaneció por lo menos una noche en la ciudad, lo que beneficia a sectores como hotelería, gastronomía y comercio local. 

El crecimiento del turismo en Cali impulsa la economía, pero también abre debates sobre regulación y protección al consumidor.

El estudio, divulgado por la Secretaría de Turismo de Cali, también evidenció que el 65 % de los turistas se alojó en establecimientos pagos, dentro de los cuales el 31 % lo hizo en hoteles, el 14 % en hostales y el 12 % en alojamientos reservados a través de plataformas digitales. Estas cifras reflejan cómo los eventos culturales de la ciudad se han convertido en un pilar para la llegada de visitantes y el dinamismo del sector turístico. 

La discusión sobre regulación para estos espacios alternativos de hospedaje se fortaleció tras lo ocurrido en Medellín en enero de 2026, durante la víspera del concierto del artista urbano Bad Bunny se denunciaron cancelaciones de reservas y aumentos significativos en los precios del hospedaje en plataformas digitales. 

El fin de semana del 23 al 25 de enero de 2026, turistas y visitantes de diversas regiones del país y del exterior que se desplazaron a Medellín para el concierto del artista Bad Bunny reportaron cancelaciones masivas en sus reservas realizadas con antelación a la capital Antioqueña. Algunos alojamientos fueron ofertados nuevamente a tarifas considerablemente superiores a las iniciales pactadas, según reportes difundidos por medios nacionales.  

En Cali, anfitriones de alojamientos temporales explican que los precios dependen principalmente del comportamiento de la demanda. 

Daniela Aristizábal, propietaria de un alojamiento activo en la plataforma digital de hospedajes temporales Airbnb, señala que la plataforma utiliza un sistema conocido como tarifa dinámica, que ajusta automáticamente los precios según factores como la temporada, la disponibilidad y el movimiento del mercado. Según explica, en su caso particular no modifica de forma manual los precios, ya que arrienda el apartamento por períodos mínimos de un mes debido a normas de propiedad horizontal que limitan las estancias cortas en algunos conjuntos residenciales. 

Por otro lado, Daniela Vásquez, también propietaria de un alojamiento temporal, explica que durante eventos masivos el comportamiento del mercado sí influye directamente en las tarifas. “Cuando hay eventos masivos, sí llega a haber un aumento en el precio debido a la demanda y al movimiento del mercado”, afirma. 

Según indica, no ha percibido controles directos por parte de autoridades locales frente a los precios durante estas temporadas: “En mi experiencia, los precios se ajustan principalmente por la dinámica del mercado y la demanda del momento”, señala. 

Para Vásquez, el crecimiento de los hospedajes temporales también ha comenzado a tener consecuencias en el mercado de vivienda de la ciudad: “Algunas propiedades que antes se destinaban a arriendos de largo plazo ahora se ofrecen para estancias cortas, lo que reduce la oferta disponible para residentes permanentes”, explica. 

El crecimiento de estos hospedajes también se evidencia en las cifras del sector turístico, de acuerdo con datos divulgados por Airbnb, durante 2024 la actividad de anfitriones y huéspedes generó un impacto económico superior a 10,6 billones de pesos en Colombia. De esta cifra, cerca de 1,6 billones correspondieron a ingresos directos para anfitriones, mientras que los viajeros destinaron más de 9 billones de pesos en comercios locales, especialmente en restaurantes, entretenimiento y compras. 

Según la plataforma, más del 40 % del gasto de los huéspedes se realiza en los mismos barrios donde se ubican los alojamientos, lo que demuestra el impacto que este tipo de turismo puede tener en las economías locales. 

Las experiencias de los visitantes también manifiestan cómo perciben estos cambios en los precios. César Gabriel Cruz, turista mexicano que ha visitado Medellín y Cali, afirma haber percibido incrementos moderados en los alojamientos durante eventos, aproximadamente entre cinco y diez dólares por noche, aunque señala que esto no afectó significativamente su presupuesto de viaje. 

La percepción cambia en el caso de Israel Efrén Jiménez Bucio, también visitante extranjero, quien explica que en Medellín el aumento se percibe con mayor fuerza en sectores turísticos como El Poblado, donde el costo del alojamiento sí llegó a afectar el presupuesto que había destinado para su viaje. 

En Cali, ambos visitantes coinciden en que los incrementos de precios se reflejan de manera menos pronunciada y suelen variar dependiendo de la zona turística donde se ubique el alojamiento. 

¿Cómo funciona una plataforma de alojamiento? 

Las plataformas digitales de alojamiento temporal permiten que propietarios particulares publiquen viviendas, habitaciones o apartamentos para estancias de corta duración. 

Para registrarse como anfitrión- en Airbnb-, el usuario debe crear una cuenta, verificar su identidad y registrar la propiedad dentro de la plataforma. Allí puede publicar fotografías del espacio, establecer normas para los huéspedes y definir un precio base por noche. 

La plataforma también ofrece herramientas automáticas para ajustar las tarifas según factores como la temporada, la demanda turística y la disponibilidad de alojamientos en la zona. Este sistema es conocido como tarifa dinámica, que modifica los precios dependiendo del comportamiento del mercado. 

En Colombia, estas plataformas operan dentro del marco del Estatuto del Consumidor, lo que permite que los usuarios realicen reclamaciones ante la Superintendencia de Industria y Comercio cuando sientan que sus derechos han sido vulnerados. 

 

Los barrios frente al crecimiento del turismo 

Más allá de las cifras económicas, el aumento del turismo también ha comenzado a transformar la dinámica de algunos barrios de la ciudad, como ocurre en el barrio El Peñón, uno de los sectores con mayor movimiento turístico en Cali; los cambios son visibles para quienes habitan allí de forma permanente. 

Mateo Rivas, residente del sector, afirma que varias viviendas han sido convertidas en alojamientos temporales o establecimientos comerciales, lo que ha incrementado el tránsito vehicular, el ruido nocturno y la presión sobre los espacios residenciales: “Antes era un barrio muy tranquilo. Ahora hay más turismo y más comercio, lo que genera más movimiento y ruido en las calles”, explica. Aunque reconoce que el turismo dinamiza la economía local, considera necesario establecer ciertos límites para proteger la convivencia en zonas tradicionalmente residenciales. 

Las cifras oficiales también permiten observar cómo se comporta el sector del alojamiento en la región. Según la Encuesta Mensual de Alojamiento (EMA) del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en diciembre de 2025 la ocupación hotelera en la región Pacífico —que incluye al Valle del Cauca— se ubicó alrededor del 40,8 %. 

Durante ese mismo periodo, la variación anual en las tarifas fue de 3,3 % en acomodación sencilla y 1,1 % en acomodación doble a nivel nacional, mientras que en la región Pacífico las variaciones fueron de 1,5 % y 3,8 % respectivamente. 

Estas cifras muestran que el sector hotelero formal registra incrementos moderados asociados a temporadas específicas. Sin embargo, los testimonios de anfitriones, turistas y residentes evidencian que en algunos sectores de la ciudad los cambios pueden sentirse con mayor intensidad durante eventos de alta demanda. 

Desde la mirada de algunos residentes, el turismo también representa una oportunidad para posicionar a Cali como un destino interesante de conocer. Rosa Playonero, habitante de la ciudad desde hace más de cinco décadas, destaca que en los últimos años Cali ha fortalecido su propuesta turística con espacios como el Parque del Perro, el barrio San Antonio, el Bulevar del Río y otros sectores gastronómicos que cautivan a los visitantes. “La ciudad ha progresado mucho, hay muchos lugares bonitos para conocer y los precios siguen siendo accesibles para quienes vienen a visitarnos” afirma. 

El crecimiento del turismo representa una oportunidad económica importante para Cali. Sin embargo, lo ocurrido en Medellín demuestra que cuando la demanda aumenta de forma imprevista, el mercado del alojamiento puede experimentar tensiones si no existen reglas o regulaciones claras. 

Para Cali, el reto no está en frenar el turismo, sino en anticipar cómo gestionar ese crecimiento sin afectar la estabilidad del mercado de vivienda ni la convivencia en los barrios que hoy comienzan a transformarse. 

El crecimiento del turismo en Cali representa una oportunidad importante para la economía local, especialmente para sectores como la hotelería, la gastronomía y el comercio.

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Freestyle: El arte marcial que rompe el molde del taekwondo

Freestyle: El arte marcial que rompe
el molde del taekwondo

El freestyle fusiona taekwondo, música y acrobacia en una expresión artística y técnica sin combate directo.

Por: Lizeth Dayana Rojas Valencia y Marycarmen Oliveros Villalobos

Facultad de Humanidades y Artes

Cuando alguien escucha taekwondo, imagina dos atletas enfrentados en combate, intercambiando patadas rápidas para sumar puntos, esa sería la imagen tradicional y más conocida. Sin embargo, existe una modalidad que rompe este esquema: el freestyle, aquí no hay rivales directos, sino un escenario donde el atleta mezcla patadas, acrobacias y música, transformando el tatami en un verdadero espectáculo deportivo y artístico.

“Los atletas entrenan tres veces por semana poomsae y complementan con sesiones enfocadas en habilidades específicas como las patadas con giro”.

Para comprender mejor esta disciplina, es clave entender el poomsae, una de las modalidades tradicionales del taekwondo. El poomsae, es una secuencia predeterminada de movimientos y técnicas que representan una situación de combate imaginaria, donde se ponen en práctica defensa, ataque y desplazamiento.

El freestyle nace de esa base, pero introduce un cambio, por eso la Institución Nacional de Taekwondo, lo define como “la evolución creativa del poomsae. Los atletas crean secuencias propias que incluyen música, acrobacias y movimientos espectaculares. Aquí se combina el arte marcial con la expresión artística y la gimnasia, en un formato dinámico y visualmente impactante”.

En el freestyle, la creatividad es un pilar esencial. Los deportistas deben diseñar coreografías únicas, sincronizar sus movimientos con la música y lograr conexión con el público. Nirley Valdelamar Pertuz cinturón negro 1°, afirma: “la creatividad y la expresión corporal son el alma del freestyle; son más llamativas aquellas rutinas que logran concretar con el espectador que las que solo se enfocan en la técnica”.

El entrenamiento detrás de cada disciplina exige constancia, Duvan Maestra Cinturón negro 1°, explica, “Implica desarrollar una condición física completa, fuerza, flexibilidad y resistencia, perfeccionar la técnica de los movimientos como los giros, saltos, patadas y trabajar la creatividad para diseñar y ensayar una rutina que cumpla con las reglas del torneo, buscando la fluidez y dificultad en la ejecución”.

De acuerdo con la Federación Mundial de Taekwondo (WT), establece en su reglamento, la duración estándar entre 60-70 segundos, cada presentación, la puntuación total es 10 puntos, divididos, entre, las habilidades técnicas, nivel de dificultad, precisión y presentación, la actuación debe incluir técnica en 60% de piernas y 40% en brazos.

Stiven Mejía, cinturón negro 1°, explica, “es una categoría que tiene la poomsae, pero no está predeterminada. Se trata de una coreografía libre donde se califican cinco habilidades: patadas en salto, patadas múltiples, giros, combinaciones de combate, entre siete y diez técnicas, y finalmente acrobacias como mortales con pateo”.

Aunque el freestyle despierta admiración, no todos los taekwondista lo practican. Juan Felipe Martínez Mejía, cinturón azul y deportista de combate, aporta una mirada distinta,

“Son disciplinas completamente diferentes, aunque comparten técnicas. El combate está más desarrollado, incluso es olímpico, mientras que el freestyle aún no tiene ese alcance. Sin embargo, creo que aporta visibilidad y reconocimiento adicional al taekwondo porque va más allá de lo común”.

Para él, la principal diferencia radica en que el combate es impredecible y obliga a pensar estrategias en tiempo real, mientras que el freestyle sigue una rutina ya diseñada. Aun así, reconoce que ambas modalidades pueden convivir y complementarse en el crecimiento del taekwondo colombiano.

Esa mirada desde el combate se enriquece al escuchar a quienes vivieron el freestyle en carne propia. Uno de ellos es Felipe Galarza, cinturón rojo, quien entrenó en el polideportivo Los Guaduales y recuerda su paso por la modalidad,

“Es una parte donde usted muestra qué tan creativo y expresivo puede ser, sin lastimar a nadie. Además, fortalece la concentración del cuerpo y la mente”.

Para él, el freestyle exige no solo flexibilidad, fuerza y concentración, sino también una preparación meticulosa, estiramientos, memorización de movimientos, repetición constante y un uso estratégico de la música. “El ritmo de la música siempre ayuda a fortalecer la postura y a darle sentido a cada movimiento”, asegura.

Felipe reconoce que competir en esta modalidad nunca fue sencillo: “Las patadas y los puños deben ser muy exactos y en la altura precisa, de lo contrario la calificación baja. Además, siempre sientes la tensión de estar frente a otros competidores muy preparados”. Señala que entre los mayores retos que enfrentó, está la exigencia física, alcanzar la altura ideal en las patadas y la presión emocional al no lograr un movimiento correcto. Pese a ello, afirma que el freestyle le dejó enseñanzas valiosas sobre disciplina, expresión corporal y creatividad en el deporte.

Cómo todo deporte, a cada deportista le deja miles de vivencias y el freestyle no se queda atrás, Sebastián Mogrovejo, cinturón rojo, que practica desde los 8 años le ha permitido aprender acrobacias y vivir experiencias únicas, “Lo chévere es ver cómo todos te observan y logras impresionarlos con tus acrobacias. Lo más importante es darla toda y salir con la moral en alto, dejar el nombre de tu club marcado en cada campeonato”.

El freestyle no busca derrotar a un oponente, sino conquistar al público con cada giro, cada salto y cada golpe de ritmo. Es una modalidad que, más allá de la técnica, invita a expresarse, a reinventar el arte marcial y a mostrar que en el taekwondo también hay espacio para la creatividad y la emoción. En cada presentación, estos atletas no solo compiten: cuentan una historia, dejan huella y demuestran que el tatami también puede ser un escenario para el arte.


 ¿Dónde entrenar? Dirección Contacto
Escuela de Comfandi. Carrera 23 N° 26B-46 El Prado. (602)4859999

Liga Vallecaucana de Taekwondo. Coliseo el Pueblo 3187839085

Polideportivo los Guaduales. Cra. 9 Nte. #71-35

Taekwondo JANGSEUNG carrera 23 #55-29, piso 2 barrio el trebol 3026529290

 “El ritmo de la música siempre ayuda a fortalecer la postura y a darle sentido a cada movimiento”. 

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