Bajo el suelo de Cali: las huellas del Cañaveralejo tras el terremoto

Bajo el suelo de Cali: las huellas del Cañaveralejo tras el terremoto

El terremoto del 10 de agosto dejó graves daños en Cuarto de Legua y abrió una pregunta sobre el territorio: ¿pudo el antiguo recorrido del río Cañaveralejo influir en la respuesta del suelo y las edificaciones?

Por: David Guillermo Betancourt Obando y Evelin Eliana Ayala Trujillo

Facultad de Humanidades y Artes

En Cuarto de Legua, el miedo todavía permanece. Aunque el suelo dejó de moverse, hay edificios cerrados, familias que no han podido regresar a sus viviendas, estructuras en demolición y otras esperando para serlo. Para quienes estuvieron allí, el terremoto del 10 de agosto no terminó cuando cesó el movimiento.

Carmen lo recuerda desde el interior de un ascensor: subía hacia el noveno piso del edificio Atalanta, donde funciona la oficina de abogados en la que trabaja, cuando comenzó a sentir el balanceo. Al llegar al noveno piso, el ascensor se detuvo, pero las puertas no se abrieron. “Yo me llené de muchísimo miedo, de pánico, pensar que me iba a quedar ahí atrapada o que el ascensor se iba a desplomar”, recuerda. Fueron segundos que para ella parecieron interminables: “Me pareció una eternidad, la verdad. No sé cuánto tiempo estuve allí sin que la puerta abriera, pero fue horrible, fueron unos segundos muy, muy traumáticos para mí”.

Cuando finalmente pudo salir, el edificio todavía se movía. Las paredes comenzaron a desprenderse y caer, mientras el agua salía de algunas oficinas y apartamentos. Carmen empezó a gritar y, junto con su compañera María Isabel, terminó bajando por las escaleras entre los escombros. Afuera, desde el Parador de la Quinta, pudo observar parte de la destrucción. Lo vivido, sin embargo, continuó después de abandonar el lugar. “Después de este terremoto, después de esto que yo viví, la verdad, yo he quedado como con susto”, cuenta. “La verdad, el susto como tal a mí no me ha pasado vivo, a veces como con sobresaltos”.

En otros puntos del sector, el terremoto significó perder una vivienda, esperar una demolición o enfrentarse a la incertidumbre de no saber cuándo será posible regresar. Estefanía García Ospina estaba dentro de su apartamento, en el conjunto residencial Ariguaní, junto con su hermana, cuando una de las dos torres gemelas del conjunto colapsó. Las dos lograron salir con vida. “Yo me encontraba dentro de mi apartamento, junto con mi hermana. En el momento en que la torre se vino abajo, no habíamos logrado salir del apartamento. Logramos salir después de que pasó el terremoto”, relata.

Ahora Estefanía no puede regresar a la vivienda en la que apenas llevaba alrededor de 40 días. La torre que permanece en pie deberá ser demolida, según la información que ha recibido. Lo más difícil, dice, ha sido volver a empezar: “Volver a empezar de cero es lo más difícil”. A pesar de todo, encuentra una razón para continuar en aquello que logró conservar: su vida. “Encuentro motivación cada día en haber logrado salir de ahí, salir con vida y estar aquí”.

Las historias de Carmen y Estefanía muestran que los daños no se limitaron a las estructuras que colapsaron. También quedaron personas que tuvieron que abandonar sus viviendas y habitantes que continúan sintiendo miedo después del movimiento. Pero esas diferencias abrieron otra pregunta: ¿por qué algunas edificaciones resultaron gravemente afectadas mientras otras permanecieron en pie? Para entenderlo hay que mirar no solamente lo que estaba construido sobre la superficie, sino también aquello que permanecía debajo.

Algunos tipos de suelo, como los arcillosos o con lodo, pueden amplificar las ondas sísmicas y hacer que el movimiento sea más fuerte en ese lugar…

Lo que quedó debajo de la ciudad

Mucho antes de que Cuarto de Legua estuviera rodeado de edificios, vías y conjuntos residenciales, por este territorio pasaba el río Cañaveralejo. Su recorrido urbano fue transformado durante las obras de infraestructura hidráulica que acompañaron el crecimiento de Cali. El trabajo de grado Sobre el comportamiento sísmico de los depósitos de suelos del área de Cañaveralejo, Cali, Colombia, elaborado en 2001 por Cristina Isabel Rosales Climent, de la Universidad del Valle, bajo la dirección del geofísico Hansjürgen Meyer y con la asesoría de Andrés Velásquez, entonces director del OSSO, documenta parte de esta transformación. El documento registra las obras de infraestructura hidráulica realizadas entre 1964 y 1971, entre ellas el Interceptor Oriental I y II, el Colector Cañaveralejo, su estación de bombeo y los canales para aguas lluvias Puente Palma y Cañaveralejo.

Otra fuente, el trabajo de grado Elementos históricos y urbanos en la generación de desastres por inundaciones y deslizamientos en Cali, 1950-2000, elaborado por Nayibe Jiménez Pérez en 2005 en el Programa de Historia de la Universidad del Valle, documenta cómo estas intervenciones modificaron el recorrido urbano del Cañaveralejo. Según el estudio, el cauce fue desviado por la actual Carrera 50 hasta entregar sus aguas en el Canal CVC Sur, aproximadamente 1,5 kilómetros al sur de su curso original, a través del barrio El Guabal. Las tierras dejadas por el antiguo cauce fueron posteriormente ocupadas por la expansión urbana.

Pero conocer esa historia no basta para explicar lo ocurrido el 10 de agosto. La pregunta es qué características tienen actualmente esos terrenos y cómo pueden responder frente a un movimiento sísmico. Para Cristopher Angola Ararat, Ingeniero Civil de la Universidad del Valle, una variable fundamental es el suelo. “Esto se relaciona con los efectos de sitio”, explica. “Algunos tipos de suelo, como los arcillosos o con lodo, pueden amplificar las ondas sísmicas y hacer que el movimiento sea más fuerte en ese lugar”.

La relación entre el terreno y la respuesta sísmica de Cañaveralejo tampoco es una pregunta nueva. En 2001, Cristina Isabel Rosales Climent estudió los depósitos de suelo de esta zona e identificó un comportamiento sísmico singular sobre los depósitos aluviales de Cañaveralejo. La investigación analizó sus características geológicas e hidrológicas, las condiciones de los terrenos antes de la urbanización y los perfiles geotécnicos disponibles. Sus mediciones encontraron características compatibles con materiales de arcillas saturadas y plantearon una relación entre el efecto de sitio y una capa de más de 28 metros de espesor conformada principalmente por arcillas saturadas y con baja velocidad de propagación de las ondas S, las cuales hacen que el suelo se mueva de lado a lado o hacia arriba y abajo, de manera perpendicular a la dirección de propagación.

El antiguo recorrido del Cañaveralejo vuelve entonces a cobrar importancia, pero no como una explicación única de los daños. Valeria Jiménez Rivera, Ingeniera Topográfica de la Universidad del Valle, explica que “el comportamiento del suelo depende de factores como el tipo de material, qué tan duro o blando es, qué tan compacto está y cuánta agua contiene”. En un antiguo cauce pueden permanecer materiales con diferentes características de compactación y humedad, por lo que dos lugares cercanos pueden responder de manera distinta ante un mismo terremoto.

Existe además un antecedente técnico. El informe El sismo de Pizarro (Bajo Baudó, Chocó) del 15 de noviembre de 2004: parámetros de la fuente, movimiento fuerte y daños, elaborado por INGEOMINAS, incluye observaciones sobre Cali y utiliza información de microzonificación sísmica para caracterizar los depósitos del abanico de Cañaveralejo. El documento no estudió el terremoto de 2026, sino el sismo de Pizarro de 2004, y recoge la importancia de las condiciones del subsuelo en la respuesta sísmica de Cali.

La microzonificación permite acercarse a esa relación. Según Cristopher Angola Ararat, para determinar qué ocurrió sería necesario cruzar “el mapa de microzonificación sísmica, las características del suelo del sector y las características del sismo, especialmente su período o frecuencia”, además de estudiar las estructuras que presentaron daños y sus períodos naturales. Valeria Jiménez Rivera plantea identificar el antiguo cauce mediante “mapas antiguos, fotografías aéreas, imágenes satelitales y modelos del terreno” y cruzar esa información con la ubicación de los daños mediante un Sistema de Información Geográfica, SIG.

La pregunta, por ahora, permanece abierta. No está demostrado que el antiguo cauce del Cañaveralejo haya causado los daños ocurridos el 10 de agosto. Lo que existe es una relación territorial e histórica que puede investigarse a partir de la historia del territorio, las características del suelo, la distribución de las afectaciones y las condiciones particulares de cada edificación.

El suelo no cuenta toda la historia

Si el terreno es una parte de la explicación, las edificaciones constituyen otra. Diego Fernando Dorado, arquitecto, explica que antes de construir una estructura es fundamental conocer las condiciones del lugar. “Cuando uno va a construir un proyecto, lo primero que debe hacer después de los diseños arquitectónicos es poder realizar un estudio de suelos”. Ese estudio permite determinar si el terreno es blando, firme o arcilloso y, a partir de esa información, definir las condiciones de la cimentación.

En una edificación también existen elementos estructurales y no estructurales. Entre los primeros están la cimentación, las columnas, las vigas, las losas y las escaleras; entre los segundos, ventanas, mampostería, cielos falsos, cubiertas e instalaciones. Los daños visibles no necesariamente significan que toda la estructura haya fallado. Además, las características de construcción pueden aumentar la vulnerabilidad. “Hay gente que construye cinco pisos, pero resulta que las columnas las hacen de sección muy pequeñas. Entonces, por eso fallan los edificios porque no se diseñan bien estructuralmente”, explica Dorado.

En Colombia, la primera normativa nacional de construcción sismo resistente fue expedida en 1984 mediante el Decreto 1400. Posteriormente se expidieron reglamentos como la NSR-98 y la NSR-10, vigente desde 2010. Por eso, cuando se habla de edificaciones antiguas es necesario conocer bajo qué reglamento fueron diseñadas, cómo fueron construidas y si tuvieron modificaciones posteriores.

La experiencia de Estefanía García Ospina muestra que esta discusión también tiene una dimensión para quienes hoy no saben qué ocurrirá con sus viviendas. Según la información que recibió, la torre que permanece en pie deberá ser demolida y el conjunto no cumplía con determinadas normas de diferentes épocas. Establecer técnicamente qué normas cumplía una edificación, cómo fue construida y qué factores influyeron en su comportamiento corresponde, sin embargo, a estudios estructurales.

Para Erik Gaviria, director de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Occidente, esa evaluación no puede reducirse a una sola causa. “Es imposible tratar de determinar un factor específico en el marco de un desastre natural”, afirma. Su explicación parte de la combinación de condiciones que rodean una edificación: el suelo, el diseño, la construcción, los estudios realizados, el cumplimiento de las normas y las modificaciones que los propietarios hayan podido hacer con el tiempo. Por eso considera necesario que los colapsos sean estudiados mediante investigaciones y peritajes especializados.

La discusión vuelve entonces al territorio. Para Gaviria, comprender la diversidad de suelos y la riqueza hídrica de Cali es fundamental antes de proyectar nuevas edificaciones. “La arquitectura tiene una responsabilidad civil enorme y por tanto nosotros tenemos casi que un ejercicio de arqueología sobre el territorio y debemos investigar e indagar sobre las huellas que hay en el territorio antes de proyectar”. Su reflexión tampoco se limita al Cañaveralejo: “Tener digamos esta preocupación sobre un solo río es genuina, pero yo creo que también es un poco un llamado a que se expanda no sólo el río Cañaveralejo”, plantea, al referirse también a los ríos Pance, Lili y Meléndez.

Hay otra variable que Cristopher Angola Ararat, Ingeniero Civil considera necesaria: la resonancia. “Los sismos no solamente se diferencian por su magnitud, sino también por su período o frecuencia”. Si el período del movimiento sísmico coincide con el período natural de una estructura, esta puede entrar en resonancia y vibrar con mayor intensidad. Por eso, para comprender por qué edificaciones cercanas respondieron de manera diferente, es necesario comparar las características del movimiento con las condiciones estructurales de cada edificio.

A estas investigaciones se suma un análisis realizado después del terremoto de 2026. La Pontificia Universidad Javeriana Cali publicó el 16 de agosto el documento Cali sobre su propio suelo, elaborado por los profesores Harold Medina Garzón y Carlos Duarte. El estudio analiza la distribución de los daños ocasionados por el sismo del 10 de agosto y plantea observar conjuntamente las características del suelo y las edificaciones. De acuerdo con la información publicada sobre el estudio, una parte importante de los daños se concentró en sectores asociados al abanico aluvial del río Cañaveralejo, con diferencias incluso entre edificaciones ubicadas en los mismos barrios.

Así, la condición del terreno no puede analizarse separada de las características de las construcciones. El suelo puede influir, pero también lo hacen la edad del edificio, los materiales, el diseño, la forma de construcción, el mantenimiento, las modificaciones posteriores y las características del movimiento sísmico. Determinar cuál de esos elementos tuvo mayor peso en cada caso requiere estudios específicos.

Después del movimiento

El terremoto dejó preguntas técnicas, pero también consecuencias que no aparecen en los mapas ni en los estudios de suelo. Para quienes perdieron sus viviendas o presenciaron los colapsos, el movimiento de la tierra se convirtió en una experiencia que continúa después de que las calles recuperan su actividad.

Luz Adriana García llegó a una de las zonas afectadas después de que su hija sobreviviera al colapso de una edificación mientras pasaba en motocicleta. “Le cayó una roca en la moto, en la punta de la moto, la elevó de la moto, ella cayó acostada y vio cuando el edificio caía y todas las personas estaban gritando”. Después, ella y su esposo permanecieron varios días apoyando las labores y llevando alimentos y ayudas. “Nosotros no dormimos bien. Nosotros salimos de acá a doce, una de la mañana y entramos temprano”. El impacto también llegó a su vida cotidiana: “En las noches yo llego, yo me pego mis lloradas”. Sus hijas y nietos, cuenta, también han sentido las consecuencias. “Psicológicamente estamos afectados”, afirma.

Melvi Muñoz, profesora del sector, ha observado una situación parecida desde el entorno educativo. Para ella, el terremoto fue una experiencia nueva y difícil de asimilar: “Estar atento al celular, a la alarma que suene, estar muy pendiente de la familia, de los amigos y colaborar en lo que más se puede, es fundamental para mí como persona”. Las imágenes y los testimonios posteriores también hicieron más difícil procesar lo ocurrido. “Ver las redes sociales, ver los videos, ver las cosas, conocer personas que están cercanas a uno, que se les cayeron las casas, que se murieron familiares, es durísimo”. Como docente, además, ha tenido que acompañar a estudiantes afectados y considera que la recuperación emocional será un proceso gradual.

Para quienes estuvieron allí, el terremoto sigue presente en la memoria. En Carmen aparece en los sobresaltos y el miedo ante una alarma; en Luz Adriana García, en las noches sin dormir y las imágenes de los escombros; en Melvi Muñoz, en sus estudiantes y en la necesidad de acompañarlos; y en Estefanía García Ospina, en tener que comenzar nuevamente después de haber perdido el lugar que acababa de convertir en su hogar.

El terremoto dejó preguntas que todavía no tienen una respuesta definitiva. No está demostrado que el antiguo cauce del Cañaveralejo haya causado los daños de Cuarto de Legua, ni que el suelo, por sí solo, explique el colapso de determinadas edificaciones. Lo que existe es una coincidencia territorial que merece ser estudiada: una concentración de afectaciones en sectores asociados al abanico de Cañaveralejo y un territorio cuya historia geológica y urbana está relacionada con antiguos cauces y depósitos sedimentarios.

Responder qué ocurrió requiere revisar estudios de suelo, registros sísmicos, normas de construcción, características estructurales y mapas que permitan reconstruir cómo cambió Cali. También implica mirar el territorio antes de pensar únicamente en volver a construir.

Cali ha crecido sobre un territorio que no comenzó con sus edificios. Debajo de las calles, los conjuntos residenciales y las avenidas permanecen las huellas de los ríos, los sedimentos y las transformaciones que durante décadas acompañaron el crecimiento de la ciudad. Las investigaciones realizadas antes del terremoto ya habían advertido que los depósitos de Cañaveralejo presentan características particulares y que su comportamiento sísmico merece ser estudiado. El terremoto del 10 de agosto volvió a poner esas condiciones frente a los ojos de la ciudad.

El río forma parte de la historia de Cali. Recordar por dónde pasó, qué dejó en el territorio y cómo la ciudad fue construyendo sobre esos terrenos puede ayudar a comprender mejor lo ocurrido y, sobre todo, a pensar cómo construir lo que viene después.

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Estar atento al celular, a la alarma que suene, estar muy pendiente de la familia, de los amigos y colaborar en lo que más se puede, es fundamental para mí como persona”.

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Bajo los escombros: ¿Falló la construcción en Cali? 

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El terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto dejó en Cali graves afectaciones de infraestructura. Mientras avanzan las evaluaciones técnicas, trabajadores, arquitectos, residentes y un abogado cuestionan posibles fallas en el diseño, ejecución y supervisión de algunas obras, así como las acciones legales para los damnificados.

Por: Jhoselin Pupiales y Paola Gutiérrez

Facultad de Humanidades y Artes

Cuando la tierra comenzó a moverse, cientos de edificaciones de Cali quedaron expuestas a uno de los terremotos más fuertes registrados en Colombia durante las últimas décadas. Un mes después, entre los escombros y las estructuras afectadas permanece una pregunta… ¿por qué algunas edificaciones colapsaron mientras otras resistieron el mismo movimiento? 

El sismo ocurrió a las 7:34 de la mañana del 10 de agosto de 2026. Tuvo una magnitud de 7,4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, a 103 kilómetros de profundidad, según el Servicio Geológico Colombiano. (SGC)  

“Mire, uno en la obra ve de todo. A uno le entregan unos planos muy bonitos, pero cuando llega el ingeniero del proyecto a decir ‘échele más arena a esa mezcla’ o ‘espacie más las varillas para ahorrarnos un hierro’, uno qué hace si necesita el trabajo”

En Cali, la Alcaldía había realizado 1.849 visitas técnicas especializadas con corte al 10 de septiembre. De las estructuras evaluadas, 441 fueron clasificadas como habitables, 769 como no habitables y 475 como de uso restringido. Además, se verificaron 24 edificaciones con colapso total y 506 con colapso parcial. Detrás de esas cifras están las personas que vivían, trabajaban o conocían las condiciones de algunas de las edificaciones afectadas. 

Harold Wilson, maestro de obra, conoce desde adentro los procesos que pueden determinar el comportamiento de una construcción. Al recordar lo que puede ocurrir durante la ejecución de una obra, aseguró que existen decisiones que no siempre son visibles para quienes posteriormente ocuparán una edificación. 

“Mire, uno en la obra ve de todo. A uno le entregan unos planos muy bonitos, pero cuando llega el ingeniero del proyecto a decir ‘échele más arena a esa mezcla’ o ‘espacie más las varillas para ahorrarnos un hierro’, uno qué hace si necesita el trabajo”, relató Wilson. 

El maestro de obra también explicó que el comportamiento de una estructura no depende únicamente de que se utilice cemento y acero, sino de cómo se ejecuta cada procedimiento. 

“La gente cree que el concreto es cemento y ya, pero el secreto está en los tiempos de curado y la calidad del material. El hierro tiene que amarrar bien, si no, la estructura se abre como un hojaldre”, afirmó. 

Wilson señaló que después de conocer los efectos del terremoto, una de sus primeras preocupaciones estuvo relacionada con las estructuras relativamente nuevas.  

“Cuando pasó el temblor de 7,4 y vi las noticias, lo primero que pensé fue en las columnas de esos edificios nuevos. Un temblor así de fuerte no perdona las tacañerías en la cimentación”. 

La discusión también llega a la etapa de diseño. Para Carlos Rodríguez, arquitecto proyectista, “Sentir la tierra mover de esa forma fue devastador, pero ver edificios con menos de diez años colapsados da rabia e impotencia”, afirmó. 

Rodríguez recordó que Cali cuenta con una Microzonificación Sísmica que permite considerar las características del suelo de diferentes sectores de la ciudad. “En Cali conocemos de sobra la microzonificación sísmica; sabemos exactamente qué suelos son traicioneros, sobre todo hacia el oriente o cerca a los ríos”, sostuvo. 

Para Carlos, uno de los puntos que deberán revisarse son las modificaciones que pueden realizarse durante la construcción o posteriormente. “El problema es que a veces prima el rendimiento financiero sobre la lógica del diseño. Si tú sobrecargas una losa o corres un muro estructural para hacer un parqueadero más amplio porque así vendes más rápido, estás jugando con la vida de la gente”, señaló. 

Y agregó: “El diseño no es solo fachada bonita, es responderle al suelo donde te estás parando”. 

Para establecer si situaciones como las descritas por Rodríguez ocurrieron en alguno de los edificios afectados será necesario revisar estudios de suelo, planos estructurales, licencias y modificaciones realizadas durante la construcción. 

Fanny Sousa, arquitecta e interventora de obras, cuestionó precisamente esa etapa de control. “Ese 10 de agosto me confirmó el mayor temor que varios colegas llevábamos años hablando y era que la supervisión en esta ciudad se volvió un trámite de escritorio”, afirmó. 

Fanny cuestionó que una obra pueda cumplir documentalmente con determinados requisitos mientras la ejecución en campo puede presentar diferencias. “Hay curadurías que aprueban planos impecables, pero nadie va a la obra a verificar si el concreto vaciado tenía la resistencia que decía el papel”, sostuvo. 

La arquitecta también señaló que existen vacíos en los mecanismos de supervisión que deberán ser revisados a partir de los casos concretos. “La ley exige controles rigurosos, pero la privatización de la supervisión creó vacíos donde la constructora a veces es juez y parte”, afirmó. Para ella, los documentos también pueden revelar qué ocurrió antes del terremoto. “Hoy paso por esos escombros y no veo solo escombros, veo firmas estampadas en documentos que nunca debieron aprobarse”. 

Mientras los expertos hablan de materiales, diseño y supervisión, algunos residentes aseguran que las señales de deterioro aparecieron mucho antes del terremoto. 

Isabella Florián, residente afectada, nos contó que durante meses los habitantes del conjunto residencial Gracias a Dios, ubicado en el barrio El refugio, al sur de Cali habían expresado preocupación por las condiciones del inmueble. 

“Nosotros llevábamos meses peleando en las reuniones de copropietarios. Cada que pasaba un camión pesado, el piso retumbaba y en el parqueadero subterráneo se hacían unas grietas larguísimas que tapaban con simple pintura y yeso”, relató. 

Según Isabella, la explicación que recibieron no apuntaba inicialmente a un riesgo estructural. “Decían que era ‘asentamiento del terreno’, que no nos preocupáramos”. Pero el 10 de agosto, la situación cambió. 

“El ruido fue ensordecedor, como si se desgajara la tierra. Salimos con lo que teníamos puesto mientras veíamos cómo se desmoronaba la entrada”, recordó. 

La residente cuestiona que las advertencias realizadas antes del terremoto no hubieran derivado, según su relato, en una solución definitiva. “Hoy perdimos todo el esfuerzo de nuestra vida por culpa de gente que ignoró nuestras advertencias”. 

Su testimonio plantea una pregunta que deberá responderse con documentos: si existieron reportes previos sobre grietas u otros daños, qué respuesta recibieron y qué actuaciones realizaron la administración, la constructora o los responsables de la supervisión. 

Entre los afectados está Natalia Otero, sobreviviente del colapso de una unidad residencial en el barrio La Flora al norte de la ciudad. Su relato muestra las consecuencias humanas detrás de las cifras. 

“Fueron los 40 minutos más largos de mi vida. Cuando empezó a sacudirse todo de esa manera tan violenta, intenté correr hacia la puerta, pero el techo del pasillo se vino abajo instantáneamente”, relató. “Quedé atrapada debajo de un bloque de mampostería, respirando un polvo que me ahogaba y escuchando los gritos de mis vecinos en la oscuridad”. 

“Yo compré ese apartamento hace cuatro años pensando que era un lugar seguro para mi familia, un edificio moderno… Jamás me imaginé tener que gatear entre los escombros de mi propia casa para salir viva”. 

Después del rescate, la pregunta dejó de ser únicamente qué había sucedido durante el terremoto. “Exijo saber quién firmó la entrega de ese edificio”, afirmó Natalia. 

Su pregunta apunta a la cadena de personas y entidades que participaron en el proceso: quienes diseñaron, construyeron, supervisaron, aprobaron y recibieron las obras. 

Para las familias que perdieron sus viviendas, la discusión también tiene una dimensión jurídica. Kevin Castaño, abogado consultado para este informe, explicó que el primer paso consiste en conservar las pruebas y dejar constancia formal de la afectación. 

Entre los documentos que deberían conservarse están las escrituras o documentos de propiedad, contratos de compraventa, fotografías y videos de la vivienda, informes técnicos, comunicaciones con la administración o la constructora y cualquier reporte que demuestre que existían daños antes del terremoto. 

Kevin explicó que el colapso de una vivienda durante un terremoto no permite atribuir automáticamente responsabilidad a un constructor. 

La responsabilidad dependerá de lo que determinen los estudios técnicos y de la posibilidad de establecer una relación entre una eventual falla y el daño producido. 

En ese análisis deberán revisarse aspectos como el diseño, los materiales, la ejecución de la obra, las condiciones del suelo y la supervisión. También será necesario establecer quiénes participaron en cada etapa de la construcción. 

En caso de que los peritajes encuentren fallas atribuibles al proceso constructivo, los damnificados podrían analizar las acciones legales correspondientes para reclamar por los daños sufridos. 

El abogado también explicó que la situación adquiere una dimensión diferente cuando existen personas fallecidas como consecuencia del colapso. En esos casos, los familiares deberán conservar documentos que acrediten el parentesco, el registro civil de defunción y toda la información relacionada con la vivienda y con las circunstancias del colapso. 

La existencia de un fallecimiento tampoco permite establecer por sí sola quién es responsable. Será necesario determinar técnicamente qué provocó el colapso y jurídicamente si existe una relación entre una eventual falla y la muerte. 

Para Kevin, el hecho de que el daño haya ocurrido durante un terremoto tampoco elimina automáticamente la posibilidad de analizar responsabilidades. La clave está en establecer si la estructura presentó el comportamiento esperado frente al evento sísmico o si existieron condiciones anteriores que pudieron aumentar su vulnerabilidad. 

La discusión ocurre mientras la Alcaldía adelanta las evaluaciones anunciadas después de la emergencia. El alcalde Alejandro Eder señaló que estos estudios permitirán establecer las causas de los colapsos y determinar si las construcciones cumplían con las normas de sismo resistencia y también planteó revisar posibles irregularidades durante los procesos de construcción y vigilancia. 

Por eso, la revisión no se limita a mirar las estructuras después del terremoto. También debe reconstruir lo que ocurrió antes: cómo fueron diseñadas, qué materiales se utilizaron, qué se modificó durante la obra y qué controles se realizaron. 

Los peritajes deberán contrastar las licencias de construcción, los planos estructurales, los estudios geotécnicos, los certificados de cumplimiento de la norma sismo resistente, las actas de interventoría, las bitácoras de obra y los certificados y ensayos de los materiales utilizados. 

También serán importantes las muestras recuperadas de las estructuras afectadas y las evaluaciones realizadas después del terremoto. 

Al 10 de septiembre, 52.809 familias habían sido evaluadas y 45.139 estaban registradas como damnificadas. Cerca de 500 personas permanecían en alojamientos temporales administrados por el Distrito. 

La magnitud de los daños hace que la discusión vaya más allá de determinar cuáles edificaciones deberán ser demolidas o reparadas. También plantea interrogantes sobre la manera en que fueron diseñadas, aprobadas, construidas y supervisadas. 

Un mes después del sismo, las respuestas todavía están en manos de los estudios técnicos. Para las familias que perdieron sus viviendas, esas respuestas significan mucho más que determinar qué edificio debe repararse o demolerse. Significan saber qué ocurrió antes de que la tierra comenzara a moverse y, si los peritajes encuentran responsabilidades, conocer quién deberá responder por las consecuencias. Entre los escombros de Cali queda una pregunta que todavía no tiene una respuesta definitiva y estos y muchos otros casos más, siguen siendo materia de investigación.

“

Exijo saber quién firmó la entrega de ese edificio”, afirmó Natalia. 

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Señales del fin de los tiempos: entre la tierra que tiembla, la fe y la mente humana

Señales del fin de los tiempos: entre la tierra que tiembla, la fe y la mente humana

Por: Luisa María Flor Mestizo, Nicolás Arturo López Pérez y Santiago Murillo Achipis

Facultad de Humanidades y Artes

Por unos segundos, el mundo puede parecer acabado. Un terremoto puede dejar edificios en ruinas, pero también despertar una pregunta que atraviesa el miedo, la fe y la razón ¿es solo un fenómeno natural o puede ser interpretado como una señal del fin de los tiempos? 

¿Por qué ocurrió? ¿Qué significa? ¿Podría ser una señal de algo que está por venir? 

Un terremoto no solo mueve edificios. También puede cambiar la forma en que las personas entienden lo que está pasando. Cuando el suelo deja de ser estable, aparecen preguntas que van más allá de la emergencia. ¿Por qué ocurrió? ¿Qué significa? ¿Podría ser una señal de algo que está por venir? 

Para el psicólogo social Juan Valencia, buscar una explicación en medio de una catástrofe puede ser una manera de afrontar mentalmente lo ocurrido. “Esto es como una explicación, pues como un efecto placebo de decirse a sí mismo y encontrarles una explicación a las catástrofes o al por qué de lo que sucedió o de lo que puede suceder” explica. Para algunas personas, encontrar una respuesta, incluso desde lo místico o lo fatalista, puede ayudarles a darle sentido a una situación que resulta difícil de comprender. 

La relación entre los desastres naturales y las creencias religiosas tampoco tiene una sola interpretación. Para algunas personas, un terremoto puede despertar preguntas sobre las profecías bíblicas y el llamado fin de los tiempos. Sin embargo, dentro de las mismas comunidades religiosas existen diferentes maneras de entender estos acontecimientos. 

Alejandro Díaz, integrante de los Testigos de Jehová, sostiene que los terremotos aparecen mencionados en la Biblia, pero considera que no es correcto convertir cada movimiento sísmico en una señal específica de que el fin está próximo. Desde su perspectiva, utilizar un acontecimiento particular para intentar determinar cuándo llegará el fin puede llevar a especulaciones. “El fin del mundo no es la destrucción de la Tierra, sino el comienzo de un paraíso terrenal” afirma Díaz. 

Su recomendación ante el temor es evitar conclusiones apresuradas y acudir a la Biblia como fuente de orientación, en lugar de dejarse llevar por rumores. Esta postura permite entender que, incluso cuando un desastre despierta interpretaciones sobre el fin de los tiempos, la respuesta de una persona creyente no necesariamente está relacionada con el miedo, sino también con la búsqueda de orientación frente a aquello que no puede controlar. 

La pastora cristiana Ángela María Ovalle, de la Iglesia Cristiana Casa de Dios, Altar de Oración, también reconoce que la Biblia habla de terremotos y otros acontecimientos relacionados con los últimos tiempos. Sin embargo, considera que estos temas deben abordarse con responsabilidad y sin convertirlos en motivos de temor. “Nos llevan a la reflexión, pero no a vivir atemorizados” afirma. 

La diferencia también aparece cuando se habla de un posible castigo divino. Ovalle rechaza la idea de señalar automáticamente a quienes sufren una tragedia como personas castigadas por Dios. Prefiere hablar de una advertencia que invite a la reflexión espiritual y no de una condena. 

“No comparto la idea de señalar automáticamente a las personas que sufren un desastre, ni decir que están siendo castigados por Dios” sostiene la pastora. Para ella, esa interpretación no corresponde con la idea de un Dios basado en el amor, la misericordia y la gracia. 

Las palabras de los líderes religiosos coinciden en un punto: el terremoto puede despertar preguntas espirituales, pero no necesariamente ofrece una respuesta sobre el futuro. Esa incertidumbre, precisamente, es una de las razones por las que las personas buscan explicaciones después de vivir una experiencia extrema. 

La explicación religiosa tampoco significa necesariamente que todas las personas experimenten ansiedad frente a la idea del fin del mundo. El psicólogo Valencia señala que, en algunos casos, la interpretación espiritual puede incluso producir tranquilidad. Para ciertas personas, pensar que un acontecimiento tiene un significado divino puede convertirse en una manera de encontrar sentido y esperanza en medio de una tragedia. 

En el caso de Natalia Otero, licenciada en Lenguas Extranjeras de la Universidad Santiago de Cali, la experiencia tuvo precisamente ese efecto. Su fe no desapareció después del terremoto. Por el contrario, asegura que se fortaleció. “Nunca pensé en echarle la culpa a Dios” cuenta. 

Su reacción fue agradecer por haber sobrevivido y por tener una nueva oportunidad. El respaldo de familiares, amigos y personas cercanas también se convirtió en una parte importante de su recuperación. 

“De amor sí se vive”, afirma Natalia al recordar el acompañamiento que recibió después de la emergencia. 

Pero antes de poder hablar de recuperación, Natalia tuvo que enfrentarse al momento en que todo ocurrió. La experiencia de Natalia Otero muestra cómo esa sensación puede aparecer en cuestión de segundos. El día del terremoto se encontraba en su apartamento junto a su esposo, Daniel. El primer impulso fue salir. Mientras descendían por las escaleras, escuchó cómo el ascensor caía y sintió que la estructura del edificio comenzaba a ceder. Entonces, un ladrillo la golpeó. 

Por unos instantes, Natalia pensó que iba a morir. Su esposo logró sostenerla y ambos continuaron buscando una salida. Al día siguiente, el lugar que habían construido con esfuerzo ya no podía ser habitado. La pérdida de la vivienda significó mucho más que dejar un espacio físico, también era abandonar una parte de la vida que habían construido allí. “En cuestión de minutos uno puede pasar a ser una simple ceniza más” recuerda Natalia. 

Después del terremoto, también cambió su manera de mirar las cosas cotidianas. Las discusiones y los asuntos pendientes adquirieron otra dimensión. Para ella, la emergencia dejó una idea clara, la vida puede cambiar de un momento a otro y aquello que se deja de decir puede terminar pesando más que cualquier objeto perdido. 

La experiencia de Natalia ayuda a entender por qué, después de una tragedia, las preguntas sobre la vida, la muerte y el sentido de lo ocurrido pueden aparecer con tanta fuerza. Sin embargo, el miedo no termina cuando deja de moverse la tierra. También puede continuar a través de aquello que las personas escuchan, leen y comparten después de la emergencia. 

Pero el miedo no aparece únicamente cuando la tierra comienza a moverse. También puede crecer a través de los mensajes que circulan después de una tragedia. Valencia advierte que las cadenas falsas, los comunicados que aparentan ser oficiales y las interpretaciones alarmistas pueden aumentar la angustia de quienes ya se encuentran afectados. 

“Lo que tenemos que hacer es preservar la calma para así poder encontrar soluciones y pues no generar más caos” señala el psicólogo. En una situación de emergencia, la información puede ayudar a orientar a las personas, pero también puede aumentar el miedo cuando no tiene sustento. 

La necesidad de mantener la calma no significa ignorar lo ocurrido. Significa diferenciar entre una reacción provocada por el miedo y una respuesta que permita actuar. Mientras algunas personas buscaban respuestas desde la religión y otras intentaban comprender la situación desde la psicología, en las calles aparecía otra forma de enfrentar la emergencia: ayudarse entre desconocidos. 

Juan Velázquez, quien estuvo cerca de la zona afectada y participó de manera voluntaria en labores de ayuda, pese a no ser bombero ni contar con formación formal como rescatista, recuerda especialmente el caso de una mujer que quedó atrapada bajo una pared. Sin las herramientas necesarias para liberarla, tuvo que esperar junto a ella hasta que llegara el equipo especializado: “A pesar de que fue la primera vez que estuve en una situación así, no sabía qué hacer y me dejé llevar por mis instintos” 

Durante aproximadamente 40 minutos, Velázquez intentó mantenerla tranquila y hablarle mientras llegaba la ayuda. La situación, dice, permaneció en su memoria mucho después de que terminó la emergencia. 

Ese momento también muestra otra dimensión del miedo. Mientras una persona esperaba ser rescatada, otra intentaba acompañarla para evitar que enfrentara sola la incertidumbre. En medio de una situación en la que nadie tenía control sobre lo que estaba ocurriendo, la compañía se convirtió en una forma de resistencia frente al temor. 

Velázquez también recuerda cómo cambiaron las relaciones entre los vecinos. Personas que antes apenas se hablaban o incluso tenían conflictos terminaron ayudándose como si fueran una familia. 

La solidaridad aparece, así como otra respuesta frente a una situación que puede hacer sentir que todo está perdido. No responde a la pregunta sobre el fin del mundo, pero sí muestra qué ocurre cuando una comunidad enfrenta un momento límite. En ese contexto, las explicaciones sobre lo ocurrido pueden ser diferentes, pero la necesidad de actuar y proteger al otro termina siendo común. 

Para Ovalle, creer y buscar explicaciones espirituales no significa abandonar el conocimiento científico. La pastora reconoce el trabajo de quienes estudian las placas tectónicas, los fenómenos climáticos y las causas naturales de estos acontecimientos. También considera necesario atender las recomendaciones de las autoridades. 

La ciencia y la fe, desde su perspectiva, no tienen que convertirse necesariamente en caminos enfrentados. 

Esa mirada permite volver a la pregunta inicial. Si un terremoto puede explicarse desde las causas naturales, ¿por qué para algunas personas también despierta preguntas relacionadas con el fin de los tiempos? La respuesta parece estar menos en el fenómeno físico que en la manera en que cada persona intenta comprender aquello que amenaza sus certezas. 

En esa misma línea, Velázquez pone el énfasis en la preparación. El miedo, explica, es una reacción normal ante una emergencia, pero quedarse paralizado puede dificultar la respuesta. Tener un plan familiar, identificar puntos de encuentro y contar con una mochila de emergencia son medidas que pueden marcar una diferencia cuando ocurre un desastre. 

Así, la experiencia de quienes estuvieron allí también plantea una respuesta práctica frente a la incertidumbre. Más allá de interpretar el terremoto desde la fe, la ciencia o la psicología, existe una responsabilidad concreta: estar preparados para cuando vuelva a ocurrir una emergencia. 

Al final, el terremoto no responde por sí solo si el mundo está llegando a su fin. Lo que sí deja al descubierto es otra realidad, cuando las certezas se quiebran, las personas buscan explicaciones en distintos lugares. Algunas recurren a la ciencia, otras a la fe y otras necesitan comprender lo ocurrido desde la psicología. Muchas también encuentran una respuesta inmediata en las personas que tienen a su lado. 

La tierra puede dejar edificios destruidos, familias desplazadas y preguntas sin respuesta. Pero también puede mostrar la manera en que una comunidad enfrenta el miedo, buscando sentido, compartiendo información, ayudando al otro y tratando de reconstruir aquello que parecía perdido. 

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La ciencia y la fe, desde su perspectiva, no tienen que convertirse necesariamente en caminos enfrentados”.

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San Andresito del Sur después del sismo: vender en la calle se volvió su única opción

San Andresito del Sur después del sismo: vender en la calle se volvió su única opción

Por: Jaider Molano, Laura Sofia Casas e Isabella Echavarría

Facultad de Humanidades y Artes

A raíz del terremoto del pasado 10 de agosto de 2026 en la ciudad de Cali, los comerciantes del centro comercial San Andresito del Sur se han visto obligados a realizar sus ventas en los alrededores del establecimiento por las afectaciones que sufrieron al interior del lugar. 

“Gracias al voz a voz y a los influencers, San Andresito tuvo un boom. Yo sí veo lo mismo aquí que adentro”.  

Ante lo sucedido por el terremoto todos los comerciantes de San Andresito del Sur comparten el mismo escenario: vender desde carpas sobre la vía pública, mientras esperan regresar a sus locales, el impacto económico ha sido diferente para cada negocio. Los testimonios muestran cómo algunos han logrado mantener sus ventas gracias a una clientela consolidada, mientras otros venden apenas una parte de lo que llegaban a facturar antes del terremoto. 

Diego Castaño, propietario de Telcell Cali, asegura que el traslado a la calle no afectó significativamente su negocio; después de diez años en el centro comercial, afirma que el reconocimiento de su marca y la difusión que recibió San Andresito permitieron conservar el flujo de compradores. “Gracias al voz a voz y a los influencers, San Andresito tuvo un boom. Yo sí veo lo mismo aquí que adentro”.  

Según explica, aunque algunos productos reciben pequeños descuentos, decidieron mantener casi los mismos precios, porque hasta ahora se desconoce en qué momento deben asumir nuevamente los gastos como por ejemplo, el arriendo del local.  

Pero la situación es distinta para quienes comercializan productos de alto valor. Víctor, propietario de XL, dedicado a la compra y venta de dispositivos Apple, afirma que su preocupación no han sido los precios, sino la inseguridad que existe al vender afuera del centro comercial. “Las ventas han bajado un poco porque a la gente le da miedo comprar un celular de cinco millones en la calle”.   

Durante los primeros días también enfrentaron conflictos entre comerciantes, mientras se realizaba la organización de las carpas para cada tienda, y definían la distribución de los espacios, con el pasar de los días, la convivencia logró mejorar gracias a la organización interna entre los comerciantes y el apoyo que obtuvieron por parte de la alcaldía al permitirles usar los espacios viales para comercializar sus productos.  

“Estando acá afuera, las ventas bajaron a un 40 %”. Así describe el propietario de Kyrios Joyería el impacto que ha tenido para su negocio trabajar desde una carpa ubicada en los alrededores del centro comercial. Lleva cinco años en el establecimiento y asegura que este cambio modificó considerablemente el comportamiento de sus clientes, pues, según explica, muchas personas prefieren no comprar joyería en la calle por temor a la inseguridad. Esta situación ha representado una reducción de más de la mitad de sus ventas habituales. A pesar de las dificultades económicas que enfrenta, el comerciante considera que las ayudas oficiales deberían priorizar a quienes perdieron por completo sus viviendas y pertenencias durante la emergencia. 

Pero la incertidumbre de la situación también golpeó a otros negocios. Las pérdidas no se limitaron solo a la joyería; Licorera Chela y su dueño, Danilo Sánchez, que llevan aproximadamente un mes atendiendo afuera de las instalaciones del centro comercial, perdieron varias botellas y parte de la mercancía exhibida al momento de suceder el terremoto, el cual hizo caer sus estanterías. “Estamos aproximadamente con un 20 % de ventas, cuando antes llegábamos al 70 %”. 

Danilo denuncia que la falta de claridad sobre cuánto tiempo permanecerá fuera del centro comercial dificulta pensar en temporadas comerciales como Amor y Amistad e incluso diciembre. 

En GAO Uniformes, el reto ha sido diferente. Su propietario explica que el muro principal del local quedó comprometido y deberá ser demolido y reconstruido antes de poder regresar. Mientras tanto, continúa trabajando gracias a clientes antiguos y a contratos con empresas y universidades. “En este momento sigo vendiendo gracias a clientes pasados”. Las redes sociales y la cartera de clientes construida antes del terremoto se convirtieron en la principal herramienta para sostener el negocio mientras esperan la reapertura. 

Adaptarse también significa cambiar la forma de vender. La situación de Diana Mosquera, dueña de Géminis Cali, refleja cómo incluso los negocios que siguen abiertos tuvieron que modificar su manera de atender. Después de nueve años vendiendo ropa y cosméticos en San Andresito del Sur, el terremoto dañó estanterías, vidrios y algunas de las prendas que comercializa, por lo que decidió ofrecer descuentos para incentivar las compras. “Acá buscamos manejar un descuento o una rebaja frente a lo que vendíamos adentro”, explica Diana. 

Trabajar en la calle también cambió la experiencia del cliente. Cuando alguien necesita probarse una prenda, el proceso ocurre de manera improvisada. “Es muy descomplicado. Se quitan la camiseta y tenemos una toalla”, afirma Diana. 

Más allá de las diferencias entre los propietarios, los testimonios y los casos de las personas afectadas coinciden en que el trabajo diario dejó de parecerse al que tenían dentro del centro comercial. Cada mañana instalan sus puestos, organizan la mercancía y, al finalizar la jornada, guardan todo para protegerlo durante la noche. 

Además del calor y el polvo, la seguridad aparece como una preocupación constante. Diego Castaño, quien también cumple funciones como vocero de las carpas, explica que los mismos comerciantes organizan los espacios y coordinan la vigilancia nocturna mientras esperan soluciones más definitivas. 

“Es un cambio brusco. No es lo mismo estar adentro que estar acá, en el sol, recibiendo polvo y con otra seguridad”. Con esta frase, Diana resume el cambio que ha significado para ella trabajar fuera del centro comercial, una situación que también refleja el sentimiento compartido por varios locatarios. Mientras esperan la reapertura del centro comercial, la calle continúa siendo el lugar donde estos comerciantes trabajan, se adaptan y buscan mantener vivos negocios construidos durante años. 

Más allá de las pérdidas inmediatas, la incertidumbre también alcanza una de las fechas más importantes para el comercio: Amor y Amistad. Mientras algunos comerciantes intentan mantener sus negocios funcionando desde las carpas, otros reconocen que todavía no saben cuánto tiempo permanecerán fuera del centro comercial ni si alcanzarán a recuperar el flujo de clientes para esa temporada. 

Danilo, propietario de Licores Chela, expresa su preocupación ante la incertidumbre sobre los tiempos de recuperación del centro comercial. Explica que los plazos anunciados han cambiado constantemente y que esta situación empieza a generar dudas sobre las ventas de los próximos meses. “Hablan de meses, tres meses; diciembre puede que pase más tiempo. Ahorita estamos tratando de conformarnos afuera, pero no se sabe bien”. 

Para negocios como GAO Uniformes, la continuidad ha dependido de clientes que ya conocían la marca antes del terremoto y de pedidos realizados por empresas y universidades. Sin esa base de compradores, varios comerciantes consideran que habría sido mucho más difícil sostenerse durante la espera. 

No todos los negocios lograron instalarse en la parte delantera del centro comercial, junto con la mayoría. Durante un recorrido realizado se evidenció que una de las ópticas que funcionaba dentro del centro comercial no se encontraba en las carpas instaladas en los alrededores de las instalaciones. Según comerciantes del sector, el negocio tuvo que retirarse y buscar de manera inmediata otro local para continuar operando, por lo que no fue posible establecer contacto con sus propietarios. 

La ausencia de algunos comerciantes refleja otra consecuencia del terremoto: mientras unos resisten desde la calle, otros se vieron obligados a empezar de nuevo en otro lugar para no detener completamente su actividad. 

Cada mañana la rutina vuelve a repetirse, los comerciantes instalan mesas, vitrinas y mercancía sobre los andenes; al terminar la jornada, guardan nuevamente todo para protegerlo durante la noche. Entre el calor, el polvo y la incertidumbre continúan atendiendo a la espera de regresar a los locales donde construyeron sus negocios durante años. 

Para ellos, la reapertura del centro comercial no representa únicamente volver a un edificio, sino recuperar la confianza de los clientes antes de que una temporada como Amor y Amistad termine convirtiéndose en otra oportunidad perdida. 

Afortunadamente para los negocios afectados, y gracias a la gestión de la Alcaldía de Santiago de Cali y el Centro Comercial La Montaña-Pasoancho, se adecuarán espacios dentro de las antiguas instalaciones de La 14 de Pasoancho para que los 110 negocios afectados por el terremoto puedan continuar con sus actividades comerciales.  

Esta iniciativa se pondrá en marcha desde hoy, viernes 18 de septiembre, con una gran jornada de reactivación comercial, artística y cultural, que busca convertirse en un nuevo punto de encuentro para comerciantes y familias caleñas. De esta manera, se brindará a los comerciantes y clientes un espacio techado, seguro y en mejores condiciones para continuar impulsando el comercio local. 

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Hablan de meses, tres meses; diciembre puede que pase más tiempo. Ahorita estamos tratando de conformarnos afuera, pero no se sabe bien”. 

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Entre corredores y cámaras: así vivimos la Maratón de Cali

Entre corredores y cámaras: así vivimos la Maratón de Cali

La segunda edición de la Maratón de Cali convirtió las calles de la ciudad en un escenario internacional donde el deporte, la cultura y la emoción reunieron a más de 20.000 personas en torno al atletismo y la resistencia.

Por: Julieth Tapias Hio y Keyla Ramos

Facultad de Humanidades y Artes

Entre corredores, cámaras y calles llenas de euforia, la ciudad vivió su segunda edición de su maratón pero la primera con Sello Elite Label de World Athletics, un evento que reunió a más de 20.000 personas entre ellos atletas, aficionados y medios de comunicación en torno al deporte y la resistencia.

La Maratón de Cali no solo reunió a atletas élite y aficionados, también mostró una ciudad vibrante que acompañó cada kilómetro con música, euforia y apoyo desde las calles.

Como prensa acreditada, tuvimos la oportunidad de cubrir de cerca una experiencia que no sólo impulsó el atletismo en la ciudad, sino que también convirtió sus principales vías en el escenario de una verdadera fiesta deportiva a nivel internacional.

Días previos al evento, Cali comenzó su preparación para recibir a los atletas élites internacionales que llegaron a la ciudad el pasado 29 de abril para participar en la competencia. Su presentación oficial fue realizada durante la rueda de prensa del 30 de abril, un espacio que reunió  una gran cantidad de medios de comunicación, organizadores y representantes de la ciudad en el Hotel InterContinental.

Durante el encuentro se dieron a conocer detalles sobre su organización previa al evento, especificaciones sobre logística, el recorrido y la magnitud del evento. Además, el alcalde Alejandro Eder destacó la importancia de la maratón para cali, resaltando que la carrera cuenta que con sello élite, reconocimiento internacional que poseen importantes maratones como las de Barcelona, Frankfurt, París, entre otras, lo que posiciona a la ciudad en el panorama deportivo internacional, a pesar de tratarse apenas de la segunda edición de la Maratón de Cali.

La Maratón de Cali se vivió durante dos jornadas que reunieron deporte, familia y competencia de alto nivel. Mientras el primer día estuvo enfocado en actividades más recreativas y familiares, el 3 de mayo se llevó a cabo la competencia principal, en la que participaron atletas élite internacionales en la prueba de 42k y destacados corredores en la categoría de 15k.

Más allá de la competencia, el evento estuvo marcado por la emoción, la euforia y la alegría que caracteriza a los caleños. La música salsera que acompañó la salida de algunas categorías llenó de energía el ambiente y le dio identidad a la maratón, convirtiendo cada inicio en un momento vibrante tanto para corredores como para asistentes. Uno de los aspectos más llamativos fue ver cómo personas que ni siquiera estaban compitiendo se percataban de aplaudir, animar y acompañar a los corredores durante el recorrido, creando un ambiente profundamente emotivo alrededor de la carrera. Incluso entre cámaras, periodistas y equipos de producción era imposible no contagiarse de la energía del evento y terminar alentando a los participantes en distintos puntos de la competencia.

La Maratón de Cali dejó más que una competencia deportiva; permitió mostrar una ciudad llena de energía, cultura y apoyo hacia los corredores. Esta segunda edición internacional evidenció el impacto que puede alcanzar el evento y el potencial de Cali para seguir posicionándose como un escenario de grandes encuentros deportivos.

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Con atletas internacionales, calles llenas de energía y miles de personas alentando desde distintos puntos de la ciudad, la Maratón de Cali reafirmó su crecimiento como uno de los eventos deportivos más importantes del país.

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El reto de la reintegración de los expresidiarios en Cali

El reto de la reintegración de los expresidiarios en Cali 

El reto de los expresidiarios comienza al llegar la libertad. Mientras la fuerza pública aumenta

Autores: Juan Sebastián Bolaños Ceballos y Valeria Pejendino.

Facultad de Humanidades y Artes

Se ignora qué ocurre tras la condena. si el sistema solo castiga, pero no logra resocializar, la libertad es apenas un paso antes de volver a delinquir. Este informe especial revela cómo el olvido de esta población es el motor que alimenta la inseguridad día a día en nuestras calles.

La falta de oportunidades laborales es uno de los principales obstáculos para quienes intentan rehacer su vida…

“He llegado a muchas entrevistas de trabajo y no me quieren aceptar por los antecedentes judiciales. Nadie me quiere dar una oportunidad”. El testimonio del caleño Armando Zambrano refleja lo complejo que resulta para una persona, reincorporarse a la sociedad luego cumplir una condena.   

Armando, un ciudadano caleño que estuvo privado de su libertad más de 6 años, representa el rostro de esta exclusión; su diario vivir se convirtió en un bucle de rechazos uno tras otro. “De vez en cuando hago algún trabajo de construcción, pero es difícil porque no me quieren aceptar.”, relata, evidenciando que el pasado judicial funciona como una marca imborrable. 

El testimonio de Armando revela una parte cruel del mercado laboral, la discriminación cortés y según explica, las entrevistas laborales suelen iniciar de manera positiva hasta que aparece el registro de antecedentes en su hoja de vida. “Normalmente me reciben muy bien, pero cuando leen la hoja de vida, ahí es donde la gente se retracta. Me dicen que por haber estado en la cárcel no me aceptan; eso es discriminación”. 

Su caso no es el único. Analizando los datos recolectados de la fundación Fundrapre a lo largo de su gestión y funcionamiento. Encontramos que en total 318 personas recuperaron su libertad: 118 han fallecido, incluyendo casos como, el de un hombre de 56 años que murió por un cáncer de páncreas mal atendido bajo el precario servicio de salud del INPEC; Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios (USPEC), o el que fue asesinado apenas cruzó la puerta de salida del centro penitenciario. A esto se le suman tres personas desaparecidas y una lamentable situación de salud pues al salir de la cárcel pierden su cobertura médica, sin posibilidad de recibirlos. 

De este grupo de 318 exconvictos, apenas cinco personas han logrado reintegrarse con éxito fuera de Colombia, en países como España, Estados Unidos, Chile, Ecuador y Londres. En el contexto local, la realidad es otra, no hay ni uno solo trabajando formal y legalmente. Los 313 restantes sobreviven en el día a día a través de la informalidad, generalmente en trabajos de construcción o ventas en el centro de Cali, o inevitablemente reincidiendo en el delito. 

Para la fundadora y experta en el área de reintegración social de la fundación Fundapre, Elsy García Medina el problema nace desde la misma cárcel. 

 “En este país, el sistema penitenciario va de la mano con el castigo y no con un cambio… Las cárceles se transformaron un espacio donde se pierde la identidad y para cuando las personas cumplen su sentencia, se encuentran con el estigma social tanto de sus familiares como de su entorno. No podemos exigir que cambien para bien en la sociedad, cuando encontrar un empleo formal se vuelve una misión casi que imposible. Hay que garantizar el derecho al trabajo y la aceptación social, de lo contrario estaríamos dándoles la espalda y dejándoles como única fuente de ingresos nuevamente el delito en una situación desesperada por subsistir”, expresa García. 

Esa pérdida de identidad y el estigma se filtran hasta la intimidad del hogar, donde el retorno constantemente está marcado por sospechas. Para Estefany Castro García, madre de un joven que ha vivido el bucle de entrar y salir de la cárcel, la libertad es un lugar minado de incertidumbres y preocupación. Ella asegura que el reto no es solo la falta de un sueldo, sino el juicio moral del entorno: “No es solo que no consigan trabajo, es cómo los mira el vecino, cómo los juzga la misma calle que los vio crecer”. 

Esta presión social, sumada a la desconexión con sus propias redes de apoyo, crea un aislamiento que la psicología familiar identifica como un factor de riesgo muy alto. Expertos en comportamiento humano señalan que, ante el rechazo del círculo social primario, el expresidiario busca refugio en los únicos espacios donde no es juzgado por su pasado: las estructuras delictivas de las que se intentaba alejar. 

Sin embargo, frente a este panorama de rechazo y puertas cerradas, el sistema jurídico colombiano ha intentado levantar un contrapeso. La Ley 2208 de 2022, conocida como la Ley de Segundas Oportunidades, fue creada con la intención de romper precisamente ese ciclo de rechazos. Ofreciendo beneficios tributarios a los empresarios que contraten a esta población, la ley busca transformar el antecedente penal de una sentencia de desempleo a una oportunidad de responsabilidad social. 

Sobre esta normativa, el abogado José Gregorio Hernández Penagos explica que la iniciativa busca que las personas que ya pagaron su condena puedan conseguir un trabajo formal, dando beneficios a las empresas para que se animen a contratarlos “La ley apuesta por dar segundas oportunidades porque eso reduce la reincidencia y beneficia a toda la sociedad” afirma Hernandez; no obstante, también advierte que “En Cali todavía falta más apoyo y un cambio de mentalidad para que la iniciativa funcione mejor” declaró. 

Es por esto que, como advierten expertos legales, la norma por sí sola no borra el prejuicio; se requiere que el sector privado de Cali deje de ver el pasado judicial como una amenaza y empiece a verlo como una inversión en seguridad ciudadana. 

Para Lina Marcela Sierra, empresaria caleña, la decisión de abrir las puertas de su empresa no se basa solo en ver una hoja de vida, sino en la satisfacción de que brindar oportunidades a quienes han sido excluidos es la única forma de construir una Cali más segura. “Yo creo en las segundas oportunidades, y que la forma de crear un mundo mejor es brindar oportunidades a las personas que probablemente nadie cree” afirmó la empresaria, también recalcó “Es importante que cuenten con una fuerte red de apoyo solidad para no perder el nuevo enfoque de su vida” la intención genuina del individuo de proyectar una vida distinta. 

Entonces, para los empleadores que apuestan por estas “segundas oportunidades”, la resocialización no es un cambio que el exconvicto haga solo. La empresaria Sierra recalca que un factor determinante para no perder el nuevo enfoque de vida es la existencia de una red de apoyo social y laboral en la que el trabajador pueda sostenerse, afianzando así, la advertencia de Elsy García sobre el vacío que deja la pérdida de identidad en prisión. 

En la otra cara de la moneda se encuentra Carlos Alberto Bolaños Álvarez, mago, payaso y empresario con más de 15 años de trayectoria al frente de Capeto Recreación y Eventos, una de las empresas de animación más grandes de Cali. 

Para Capeto, cuyo personal se concentra en jóvenes de entre 18 y 27 años, la posibilidad de contratar a alguien que haya pasado por una cárcel es una decisión que genera gran preocupación. 

El empresario manifiesta que recibir a una persona que haya sido privada de la libertad es “complicado” y confiesa que el primer criterio de rechazo inmediato son los antecedentes judiciales. Desde su perspectiva, la ciudad no solo requiere que la persona a reintegrar cumpla su condena, sino una resocialización que él no percibe como real en el sistema actual.  

“¿Qué se hizo para capacitar a esa persona evitando que no vuelva a reincidir en lo mismo que lo privó de la libertad? Pues la verdad que como empresario sí, también me abstengo de tener que contratar a una persona en esas condiciones. Primero miramos los antecedentes, pero la verdad es que en este país una persona privada de la libertad no solamente necesita cumplir con su condena, sino también con una reintegración a la sociedad”, afirma Carlos. 

La brecha entre los empresarios que creen en el cambio y aquellos que se retractan al leer los antecedentes es el espacio donde debe actuar la estrategia pública. Es aquí donde la Ley 2208 de 2022, intenta incentivar a más organizaciones a seguir este camino, proponiendo que la inclusión laboral deje de ser un acto de fe individual para convertirse en una estrategia colectiva de seguridad y justicia social. 

Nathalia Benjumea, psicóloga de selección, comenta lo determinante que puede ser la contratación de personas con antecedentes, ya que eso puede perjudicar a las empresas para certificarse en el (El Sistema de Administración de Riesgos de Lavado de Activos y Financiación del Terrorismo) SAGRILAFT, ya que esto les brinda una seguridad en su documentación como empresas. 

Ella recuerda el caso de un candidato: “Se trataba de un hombre que se postuló para el cargo de coordinador. En la revisión de documentos se reflejó que no era solicitado por la justicia, pero en uno de sus anteriores trabajos en el cual transportaba mercancía, mientras conducía uno de sus trayectos cotidianos fue abordado por un grupo al margen de la ley, que quemó el carro de trabajo y la mercancía. La empresa procedió a demandarlo por robo de mercancía. En el proceso de selección sometido al polígrafo y quien lo realizó, confirmó que el hombre decía la verdad. Al sol de hoy él sigue como coordinador en esa empresa”, relató la doctora Nathalia. 

Finalmente, la verdadera resocialización se pone a prueba en el día a día de los barrios, donde la comunidad critica como el primer juez. Mientras persista la falta de redes de apoyo sólidas, el ciclo de reincidencia seguirá alimentándose de la inseguridad. Al final del día, el éxito de la Ley de Segundas Oportunidades y los esfuerzos individuales de los exconcivtos dependerá de la sociedad caleña para entender que cada puerta que se le cierra a quien busca una vida distinta, es, una posibilidad que se abre nuevamente hacia el delito por pura necesidad de sobrevivir. 

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una problemática social que suele pasar desapercibida, ya que pone en evidencia cómo la falta de oportunidades, el estigma y las fallas institucionales terminan perpetuando ciclos de exclusión y reincidencia, afectando no solo a quienes han cumplido una condena sino también a la seguridad y al tejido social en general.

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