Al abrigo de la palabra: ¡un cuento de casi 30 años, ¡Unicuento!

Al abrigo de la palabra: ¡un cuento de casi 30 años, ¡Unicuento!

Por: Carlos David Murillo Carmona - cofundador de Unicuento

Universidad Santiago de Cali

Hace mucho tiempo (casi treinta años), en un lugar del mítico espacio de “El Perol”, en la Universidad del Valle, Jorge Eliecer Olaya Garcerá y Carlos David Murillo Carmona (yo) nos sentamos a conversar con otros dos cuenteros de la ciudad. Ellos tenían en mente un evento para Cali, pero su visión era clara y legítima a su manera: querían traer figuras de “afuera”, de otros lugares del país o del extranjero, para que el público caleño los viera y, desde allí, montar un festival nacional o internacional. Nosotros, en cambio, veíamos la cuentería desde otra orilla. Sabíamos que los grandes festivales de la época invitaban siempre a los mismos nombres consagrados, aunque, seamos sinceros, nunca los cuenteros fueron masivos, pero se tenía la idea de que, si invitabas a cuenteras y cuenteros de renombre, la cuenteria iba a tener más público, y por eso se invitaba a un grupo reducido, mientras que las oradoras y oradores que realmente necesitaban experiencia, darse a conocer, pulir su estilo o descubrir otros lenguajes —los cuenteras y cuenteros locales que apenas empezaban— se quedaban sin escenario.

Decidimos entonces apostar por la base, por el barro de nuestra propia tierra: convocamos a jóvenes estudiantes, cuenteras y cuenteros caleños que quisieran contar historias en los espacios universitarios que se estaban abriendo en la ciudad. Queríamos que el talento local fuera el protagonista, no el telonero.

Así nació el primer ¡UNICUENTO! el mismo que este año 2026 cumple su vigesimonovena versión. Y el tiempo nos dio la razón en una cosa: aquel otro evento concebido exclusivamente para importar talentos nunca más se volvió a hacer, porque sin raíces en el territorio nada perdura. ¡UNICUENTO! por el contrario, echó raíces profundas al priorizar inicialmente al artista de la ciudad, educar la escucha del público y solo con el paso de los años, abrir sus convocatorias a voces nacionales y eventualmente, internacionales.

Quinientos mil pesos para inundar a Cali de cuentos

El primer ¡UNICUENTO! fue una hazaña de autogestión y terquedad juvenil, nuestro presupuesto inicial fueron 500 carteles que consiguió Jorge Eliecer Olaya Garcerá con la Universidad Santiago de Cali y mis ahorros personales: saqué $500.000 pesos de la época; si hacemos la equivalencia, serían unos 6 millones actuales, que en ese momento eran una fortuna para mí, y con eso cubrimos toda la producción de ¡UNICUENTO! Con esa energía nos tomamos las universidades que tenían o querían tener, espacios de narración oral, la Universidad del Valle, la Santiago de Cali, la Libre, la Cooperativa de Colombia, el ICESI, San Buenaventura, Bellas Artes, y sumamos además varios colegios y centros culturales. Durante toda una semana, inundamos de cuento la ciudad de Cali. Con los años llegaron más presupuestos, algunos abundantes y otros escasos, pero siempre con el esfuerzo y la dedicación de las personas, luchando con la política cultural y los gobiernos que entran y salen intentando que Cali abrazara el encuentro como un patrimonio de ciudad. Pero la lucha política y cultural sigue siendo, irónicamente, cada vez más cuesta arriba.

En la época del ruido, vale gritar ¡cueeeento!

Hoy enfrentamos nuevos desafíos. Vivimos un momento donde se confunden los lenguajes y se piensa que pararse en un escenario lo puede hacer cualquiera sin preparación. Abundan los espacios donde el cuento y la comedia se funden, y eso no es negativo por sí mismo: la comedia es una columna vertebral de las artes escénicas. Lo peligroso es que se des configure el mito, el rito de la palabra y la labor de contar historias para reducirlo todo al único fin de hacer reír. Un cuentacuentos, cuentero u orador, claro está, puede y debe arrancar carcajadas, como lo hace el cine, la literatura y el teatro. El problema ocurre cuando se pierde el matiz. El arte sin matices muere, porque la belleza del color reside precisamente en las gamas y en las tonalidades. Contar historias exige sorpresa, silencio, emoción, entonación, tragedia y comedia; exige una transmisión de energía de humano a humano. Puede que la inteligencia artificial sea capaz de redactar una historia en segundos o de contarte chistes calculados algorítmicamente, pero jamás podrá reemplazar la mirada, los ojos, el gesto de la mano, la respiración cortada o esa visión entrañable de la humanidad que un cuentero entrega en el escenario.

Los cómplices del delito de contar con y para la gente

Veintinueve años de camino son el resultado de muchos afectos y complicidades. Mi agradecimiento infinito a mi compañero y socio de aquellas primeras aventuras, Jorge Eliecer Olaya Garcerá, con quien contábamos historias mucho antes de que existiera ¡UNICUENTO! Su preparación, empoderamiento académico y administrativo en la Universidad Santiago de Cali, de la mano de su compañera Claudia Patricia Domínguez Tejada, han sido fundamentales para consolidar y sostener este espacio, sin olvidar la gestión desinteresada de Wilson Londoño Corrales, actual gestor de ¡UNICUENTO! Desde la distancia de mis propias travesías, viviendo temporadas en Colombia y en España, he aportado mi amor y apoyo para que esta llama no se apague. Gracias también a los narradores orales de otras ciudades y países que nos han acompañado. Les debemos muchísimo, pero la deuda más grande y el reconocimiento más profundo es para las cuenteras y cuenteros locales. Son ellos quienes se quedan haciendo el trabajo de territorio, cultivando al público día a día, mientras que los de fuera llegan, pasan, se van y, tal vez, no vuelven.

Mi gratitud y respeto infinitos se dirigen a la persistencia de referentes fundamentales como María Cuento, Lem, Raúl, John, José, Linda, Jonathan, Mauricio, Miguel, Fraga, el “Vampy” y tantos otros nombres imprescindibles. Es justo rendirles un homenaje a quienes, como Andrés Osorio, el Filósofo o Julián, ya no caminan por estas calles; no porque la vida se les haya apagado, sino porque sus pasos hoy resuenan lejos de Cali. Los que sí están vivos en Cali y a quienes es imposible no rendir homenaje es a los espacios que han sido el oxígeno de nuestra oralidad: la tradicional Colina de San Antonio y el maravilloso espacio de narración de El Perol, en la Universidad del Valle, uno de los más antiguos y continuados del país. A los jóvenes del grupo de narración de Univalle, y en especial a sus actuales líderes, Valentina y Andrés, les ha tocado la responsabilidad inmensa de sostener este arte vivo en tiempos complejos.

Si se apaga el cuentero, se apaga la magia

Unicuento es, en esencia, un regalo que nos da la vida para encontrarnos. Tanto el que expone su historia como el que la escucha entran en un pacto imaginario que solo es posible a través de la magia de las palabras. Quisiera pronosticar que tendremos ¡UNICUENTO! por 30, 40, 50 o 60 años más, pero el futuro es incierto. Lo que verdaderamente importa es haber gozado, luchado y soñado estos 29 años. La responsabilidad de que el encuentro siga existiendo ya no debería recaer en nombres individuales, sino en la ciudad misma, y es el público quien, con su apoyo, decide si quiere más cuento, y los gobiernos optan por escuchar o no a su pueblo.

Una vez leí que el día en que las abejas desaparezcan de la Tierra, se extinguirá la vida en el planeta. Yo creo algo muy similar: el día en que las cuenteras y los cuenteros desaparezcan, gran parte de la magia de las palabras y del ser humano también se extinguirá. Si una ciudad deja de necesitar a alguien que le cuente historias, que la haga reír, llorar, reflexionar y aventurarse, simplemente se convierte en un lugar donde ningún soñador querría vivir.

Pero me niego a creer en ese final. Quiero creer que Cali sigue siendo magia, alegría, paz y amor. Y que todo eso se reflejará en las próximas generaciones, esas que seguirán sentándose en el prado, en la plaza, en un salón, mirando a los ojos de una oradora o de un cuentero, para pedirle, una vez más:

—Ve, contame un cuento.

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Veintinueve años de camino son el resultado de muchos afectos y complicidades. Mi agradecimiento infinito a mi compañero y socio de aquellas primeras aventuras, Jorge Eliecer Olaya Garcerá, con quien contábamos historias mucho antes de que existiera ¡UNICUENTO! ”

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Yo recomiendo: El racismo y yo 

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La literatura tiene el poder de visibilizar realidades que muchas veces permanecen en silencio. El racismo y yo es una obra que invita a reflexionar sobre las huellas que deja la discriminación

Por: Maria Helena Hinestroza Estrada

Facultad de Humanidades y Artes

 

Este texto, escrito por Edna Liliana Valencia Murillo, más allá de ser una obra literaria, se convierte en una voz de fortaleza, identidad y resistencia para muchas mujeres negras que, en algún momento de sus vidas, han sentido inseguridad o baja autoestima debido al racismo y a los prejuicios impuestos por la sociedad. 

 

Desde mi perspectiva, este libro tiene un valor muy especial porque logra transformar el dolor en poder. Cada página invita a reflexionar sobre esas heridas invisibles que deja el odio indiscriminado, pero también enseña que nuestra piel, nuestro cabello, nuestra historia y nuestras raíces no son motivo de vergüenza, sino de orgullo y dignidad. 

A través de una mirada íntima y crítica, El racismo y yo aborda las experiencias y consecuencias del racismo en la vida cotidiana…

 

Ficha Bibliográfica  

El racismo y yo 

Autor: Edna Liliana Valencia Murillo 

Editorial: Intermedio Editores 

Año de publicación: 2022 

Páginas: 192 

“

¿Qué ocurre cuando una persona aprende a transformar el dolor en fortaleza? El racismo y yo es un libro que habla sobre identidad, resistencia y amor propio, recordándonos que nuestras características

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Yo Recomiendo: BAJO LA MISMA ESTRELLA  

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Algunas historias tienen el poder de hacernos reír, llorar y reflexionar al mismo tiempo.

Por: María Alejandra Sandoval Larrahondo

Facultad de Humanidades y Artes

Bajo la misma estrella es una novela escrita por John Green que cuenta la historia de Hazel Grace y Augustus, dos adolescentes que se conocen en un grupo de apoyo para jóvenes con cáncer.

A pesar de las dificultades de su enfermedad, entre ellos nace una relación llena de amor, humor y esperanza. 

El libro muestra cómo el amor puede transformar la vida de las personas incluso en los momentos más difíciles, dejando enseñanzas sobre la importancia de vivir el presente y valorar cada instante. 

 

La literatura juvenil contemporánea ha encontrado en Bajo la misma estrella una de sus obras más representativas.

 

Ficha Bibliográfica 

Bajo la misma estrella  

Autor: John Green 

Editorial: Penguin book/ Dutton books 

Año de publicación: 2012 

Páginas:  313. 

“

¿Qué significa vivir plenamente cuando el tiempo parece limitado? Bajo la misma estrella invita a reflexionar sobre la fragilidad de la vida y el valor de las relaciones humanas.

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Yo recomiendo: El Principito  

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¿Qué pasaría si un niño pudiera enseñarnos más sobre la vida que muchos adultos? Esa es la magia de El Principito

Por: Loris Jair Palacio Reyes

Facultad de Humanidades y Artes

Recomiendo El Principito porque es un libro que te hace ver la vida de otra manera. A través de una historia simple, nos enseña sobre el amor, la amistad y la importancia de lo esencial. También nos invita a reflexionar sobre cómo, al crecer, muchas veces dejamos de lado lo que realmente importa.

Es un libro que, aunque es corto, tiene mensajes muy profundos y significativos. Personalmente, siento que es una lectura que todos deberían hacer al menos una vez porque te deja pensando, incluso, después de terminarlo y te ayuda a valorar más las cosas sencillas de la vida. 

 

El Principito nos recuerda que las cosas más valiosas no siempre son las que podemos ver, sino aquellas que sentimos y llevamos en el corazón.

 

Ficha bibliográfica  

El Principito  

Autor: Antoine de Saint-Exupery  

Editorial: Reynal & Hitchcock 

Año de publicación: 1943 

Paginas: 120 

 

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Considerado uno de los clásicos más leídos de la literatura universal, El Principito ha conquistado generaciones de lectores gracias a sus enseñanzas sobre la vida, las relaciones humanas y la importancia de conservar la sensibilidad y la imaginación que caracterizan a la infancia.

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Cine bajo las estrellas: el espacio que devolvió el encuentro a la universidad

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En medio de la incertidumbre que dejó la pandemia, cuando los pasillos universitarios aún se sentían vacíos y el miedo al contacto seguía presente, nació una idea sencilla pero poderosa.

Autor:Juan Pablo Ospina

Facultad de Humanidades y Artes

El evento tiene sus raíces en el año 2021, cuando la comunidad universitaria comenzaba a regresar progresivamente a la presencialidad. En ese momento, las restricciones sanitarias impedían realizar actividades en espacios cerrados como auditorios, por lo que desde rectoría se propuso una alternativa: proyectar una película en la plazoleta.

La iniciativa no solo respondió a una necesidad logística, sino también emocional. Aquella primera proyección, realizada con una pantalla alquilada y bajo estrictos protocolos de distanciamiento, logró reunir a estudiantes y docentes en un ambiente seguro, pero sobre todo, en un espacio de reencuentro.

Lo que comenzó como una solución temporal, pronto despertó una idea más ambiciosa: ¿por qué no convertir este tipo de encuentros en una actividad permanente?

Tras el éxito de las primeras proyecciones, surgió la decisión de consolidar el proyecto. Hace aproximadamente dos años, la universidad adquirió su propia pantalla, lo que permitió dar continuidad al evento y establecerlo como una actividad fija dentro de la agenda institucional.

Desde entonces, “Cine bajo las estrellas” se realiza cada semana, especialmente los martes, en la plazoleta, convirtiéndose en un plan esperado por muchos estudiantes.

El objetivo principal del evento va más allá de proyectar películas. Se trata de crear un ambiente donde las personas puedan desconectarse de la rutina académica y reconectar entre sí.

En una época dominada por los celulares y la individualidad, este espacio invita a algo distinto: sentarse juntos, conversar, compartir alimentos como crispetas o snacks, y disfrutar colectivamente de una historia en pantalla grande.

La experiencia busca recuperar el valor del encuentro presencial, fomentando la interacción, la amistad y el sentido de comunidad dentro del campus.

Aunque el enfoque principal es recreativo, el evento también ha demostrado su potencial como herramienta académica. En varias ocasiones, facultades y programas han solicitado funciones especiales con películas relacionadas con sus áreas de estudio.

Un ejemplo reciente fue la participación de estudiantes de Finanzas, quienes asistieron a una proyección diseñada específicamente para complementar su formación. Esto demuestra que el cine, además de entretener, puede ser una poderosa herramienta pedagógica.

 

El trabajo detrás de cada función

La realización de cada jornada de cine implica una logística organizada y un equipo comprometido. El evento es financiado principalmente por Bienestar Universitario, a través del área de Cultura, que destina recursos para su operación.

Además, se cuenta con el apoyo de servicios universitarios para el montaje técnico, incluyendo sonido y proyección. Estudiantes también participan activamente en el proceso, formando equipos encargados del armado y desarme de la infraestructura.

Este trabajo colaborativo no solo garantiza el funcionamiento del evento, sino que también permite la participación activa de la comunidad estudiantil en su desarrollo.

“Cine bajo las estrellas” no solo logró superar el contexto adverso en el que nació, sino que se consolidó como un símbolo de resiliencia y comunidad. Hoy, más que un evento, es un ritual semanal que invita a detenerse, compartir y disfrutar.

En cada proyección, bajo el cielo nocturno, se reafirma una idea simple pero poderosa: que el encuentro humano sigue siendo esencial, y que a veces, basta una pantalla, una película y buena compañía para reconstruirlo.

“

No solo es una actividad cultural, sino un punto de encuentro que fortalece el sentido de pertenencia.

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Los estudiantes de Pedagogía Social transforman el aprendizaje en acción: el Festival de la Noviolencia en la USC

Los estudiantes de Pedagogía Social transforman el aprendizaje en acción: el Festival de la Noviolencia en la USC

Esta iniciativa no solo representó un ejercicio académico, sino también una experiencia de intervención social orientada a la construcción de ciudadanía desde la primera infancia.

Autor: Juan Pablo Ospina Chavez

Facultad de Humanidades y Artes

El Festival de la Noviolencia fue concebido como un espacio de aprendizaje lúdico y formativo dirigido a niñas y niños entre los dos y tres años de edad. En esta etapa crucial del desarrollo humano, las experiencias sensoriales, afectivas y simbólicas juegan un papel determinante en la construcción de valores, comportamientos y formas de relacionarse con el entorno.

Bajo esta premisa, los estudiantes diseñaron una estrategia pedagógica centrada en el cuento como herramienta didáctica. La protagonista de la historia fue Santiaguita, una mariposa que, a través de su recorrido, transmitía mensajes sobre la importancia del respeto, la empatía, la convivencia pacífica y la inclusión. Este recurso narrativo permitió captar la atención de los párvulos y facilitar la comprensión de conceptos abstractos mediante imágenes, colores y emociones.

La articulación con el Jardín Los Santiaguitos facilitó un escenario real donde el aprendizaje cobró sentido más allá de lo teórico

Uno de los aspectos más destacados de la jornada fue la metodología experiencial utilizada por los estudiantes. Más allá de la narración del cuento, los facilitadores involucraron activamente a los niños y niñas en una dinámica simbólica: pintar en sus huellitas digitales los valores promovidos durante la actividad.

Cada huella representaba un compromiso, una semilla de conciencia sembrada en los pequeños participantes. A través del contacto directo, el juego y la expresión artística, se logró reforzar la idea de que cada individuo, sin importar su edad, tiene un papel en la construcción de una sociedad más justa e incluyente.

Este tipo de ejercicios evidencia cómo la pedagogía social puede adaptarse a diferentes contextos y edades, utilizando lenguajes accesibles y estrategias creativas para generar aprendizajes significativos.

La noviolencia como práctica cotidiana

El enfoque de la noviolencia no se limitó a un concepto teórico, sino que fue abordado como una práctica cotidiana que se construye desde las acciones más simples. En este sentido, el festival buscó promover habilidades socioemocionales como el autocontrol, la comunicación asertiva y la resolución pacífica de conflictos.

Al trabajar con población infantil, los estudiantes comprendieron la importancia de intervenir de manera temprana en la formación de estos valores, contribuyendo a la prevención de conductas violentas y al fortalecimiento del tejido social desde sus bases.

Proyección comunitaria: el siguiente paso en Siloé

Este ejercicio práctico no termina en el aula ni en el jardín infantil. Como parte de su compromiso con la proyección social, los estudiantes continuarán esta intervención en el sector de Siloé, específicamente a través del Proyecto Tierra Blanca.

En este nuevo escenario, la estrategia será adaptada a la realidad infanto-juvenil del territorio, teniendo en cuenta sus particularidades sociales, culturales y económicas. Este proceso implicará un reto mayor, pero también una oportunidad para consolidar el aprendizaje adquirido y fortalecer el vínculo entre la universidad y la comunidad.

 

Formación con sentido social

El Festival de la Noviolencia es un claro ejemplo de cómo la educación superior puede articular teoría y práctica para formar profesionales comprometidos con la transformación social. Los estudiantes de Pedagogía Social no solo adquirieron conocimientos, sino que los pusieron en acción, enfrentándose a contextos reales y generando impactos concretos.

Este tipo de iniciativas reafirman la importancia de una formación integral, donde el saber académico se combine con la sensibilidad social, la creatividad y el compromiso ético. En un mundo que enfrenta múltiples formas de violencia, apostar por la educación para la paz desde la primera infancia no es solo una opción, sino una necesidad urgente.

En definitiva, lo que comenzó como una actividad de aula se convirtió en una experiencia transformadora, tanto para los niños y niñas participantes como para los futuros trabajadores sociales que, con cada huella pintada, dejaron también una marca en su propio proceso de formación.

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este tipo de ejercicios fomenta en los futuros profesionales habilidades clave como la empatía, la comunicación efectiva y la capacidad de adaptación a distintos contextos sociales.

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