Niños víctimas, leyes débiles: Colombia exige respuestas

Menores abusados: ¿falla la protección estatal?

Niños víctimas, leyes débiles: Colombia exige respuestas.

Por: Samuel Bolaños

Facultad de Humanidades y Artes

Casos como los de Brayan Ocampo acusados ​​por el caso de Candelaria y Freddy Castellano por el caso del jardín infantil en Bogotá, señalados como presuntos abusadores de menores, han encendido las alarmas en Colombia sobre la protección de niños, niñas y adolescentes frente al abuso sexual. Según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), entre enero y marzo de 2025 se reportaron 4.375 casos de abuso sexual contra menores en todo el país.

El impacto de estas cifras ha desatado un debate que trasciende las calles y llega al Congreso. Voces como la del senador Jota Pe Hernández, quien afirmó que “un abusador y asesino de niños, lo único que merece es estar 50 metros bajo tierra, la pena de muerte es lo que merecen, donde abusadores de niños no deben de ser premiados con una cárcel a comer y vivir gratis, inclusive con los impuestos que pueden estar pagando los padres de estos niños”, reflejando la indignación ciudadana.

Sus palabras hacen referencia al caso del Hogar Infantil Canadá, sede F, en Bogotá, donde varios menores de 2 a 3 años fueron abusados ​​por su supuesto cuidador, quien recibió una condena de 14 años de prisión.

Estos hechos, junto con los más de 4.000 casos registrados en 2025, han llevado a los ciudadanos a cuestionar si el Estado garantiza la protección de los menores y si las sanciones son lo suficientemente severas.  

En 2024, Colombia superó los 18.000 casos de abuso sexual contra menores, con Antioquia, Valle del Cauca y Cundinamarca como los departamentos más afectados

La Ley 1236 de 2008 establece penas estrictas para estos delitos: el artículo 208 indica que “quien acceda carnalmente a una persona menor de 14 años incurrirá en prisión de 12 a 20 años, al no tener los menores capacidad de consentimiento”, mientras que el artículo 209 señala que “quien realice actos sexuales (distintos al acceso carnal) con un menor de 14 años, en su presencia, o inducirlo a prácticas sexuales, conlleva una pena de 9 a 13 años de prisión, incluyendo actos como tocamientos, exhibicionismo o inducción a actividades sexuales”.

Sin embargo, para muchos padres, estas medidas no son suficientes.

Una exdirectora de jardines infantiles, con 18 años de experiencia, explicó los protocolos para prevenir estos casos: “Al hacer contratación de cualquier persona dentro de hogares infantiles, los mínimos requisitos que debe tener al talento humano es al menos un año de experiencia con atención directa con menores, se hacen consultas a través de Contraloría, Procuraduría además de la consulta de la página delitos sexuales contra menores de 18 años, donde los operadores deben indagar que el contratado posible no tenga algún registro allí, adjuntando así junto al NIT del contratador, que debe hacer la búsqueda y así el instituto aprobar las contrataciones”.

Añadió que los hogares infantiles no pueden realizar evaluaciones directas para detectar abuso, ya que “desde los jardines, hogares y centros de desarrollo infantil no se puede determinar si un niño fue abusado, porque hacer cualquier tipo de estudio psicológico o físico es revictimizar al menor, lo que se hace es trasladar hacia las EPS donde son estos los encargados de activar las rutas”. Las EPS, según la experta, confirman el abuso, denuncian a la Fiscalía y los hogares infantiles facilitan las investigaciones, suspendiendo al presunto responsable.

El panorama es alarmante. En 2024, Colombia superó los 18.000 casos de abuso sexual contra menores, con Antioquia, Valle del Cauca y Cundinamarca como los departamentos más afectados. A pesar de la existencia de múltiples entidades para denunciar estos delitos como la fiscalía general, los Centros de Atención Integral a Víctimas de Abuso Sexual (CAIVAS), las Unidades de Reacción Inmediata (URI), los Centros de Atención Penal Integral a Víctimas (CAPIV), la Policía Judicial, la Policía de Infancia y Adolescencia, y las comisarías de familia, la percepción ciudadana es que la justicia no siempre es efectiva.

Por su parte una exdocente de jardín infantil informa “que al momento de su contratación o en el transcurso del año lectivo no tuvo ningún tipo de charla o indicaciones para reconocer algún tipo de abuso en el aula u en los hogares”, igualmente destaca “los niños siempre se deben de ser observados, al punto que, como docente, yo misma identifico que niño confunde la M con la N, la P con la L. Y así como uno nota estas cosas nota su actitud, sus cambios y esto siempre puede ser un llamado de alerta”, para dejar en evidencia que los docentes no están siendo capacitados para identificar casos de abuso. 

De igual manera aclaró que “en lo personal para darme cuenta si un niño está siendo abusado me doy cuenta en su actitud, desde el cómo escribe, con mi actual curso de primaria ya sé son niños que tienen muy bonita letra, ya veces el niño que escribe bonito llega y escribe grandote, torcido, siendo esto para mí una indicación de que algo está pasando. Pues desde lo más mínimo como docentes nos damos cuenta, se trata de conocer al estudiante, saber cómo llegarle, dialogar para tomar una ruta de evacuación donde nos contactemos con la policía de infancia y adolescencia”, siendo al final todo dejando en manos del docente y su intuición junto a su vínculo y reconocimiento del niño o niña para identificar sus cambios en la personalidad para detallar si está siendo abusado.

Mientras para garantizar atención integral a las víctimas el ICBF exige a las entidades de salud públicas, privadas, la inmediata y gratuita atención médica, apoyo psicológico, medicamentos para prevenir infecciones de transmisión sexual y VIH, anticoncepción de emergencia, asesoría para la interrupción voluntaria del embarazo y recolección de evidencias. Sin embargo, la magnitud del problema persiste.

Andrés Bolaños, padre de un menor de 13 años, expresa su opinión “Créame cuando le digo que, si en Colombia empezáramos a implementar la pena de muerte para pedófilos y violadores, muy probablemente se redujese el número de casos de menores abusados, siendo lo más seguro es que se lo pensarían 10 veces antes de acceder carnalmente ante cualquier persona”. Su declaración refleja la frustración de una sociedad que exige medidas más drásticas para proteger a sus niños.

La crisis del abuso sexual contra menores en Colombia no solo pone en tela de juicio la efectividad de las leyes y los sistemas de protección, sino que también plantea un desafío urgente: garantizar un entorno seguro para los más vulnerables.

Al hacer contratación de cualquier persona dentro de hogares infantiles, los mínimos requisitos que debe tener al talento humano es al menos un año de experiencia con atención directa con menores.

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Un ángel sin alas

-Ve Nano, ¿cómo salió Michael?

– Quedó en cuidados intensivos, vamos a ver –respondió.


 – Pero, ¿cómo lo ves?- repliqué.

Con la mirada perdida, cabizbajo, pensativo y absorto me dijo un “no sé”, que me quedaría retumbando en los oídos desde ese momento hasta ahora. Un “no sé” mentiroso, pues él sí sabía, él lo tenía más que claro, pero la esperanza es lo último que se pierde.

Los días de Luis Hernán comienzan a eso de las cuatro de la mañana, pues debe desplazarse desde el barrio Ciudad Córdoba hasta el Hospital Universitario del Valle, en el cual se desempeña como radio oncólogo de la Unidad de Cáncer. Su especialidad y su razón de ejercer esta labor, son los niños.

‘Nano’, con su paciente después de una irradiación en un tumor cerebral
‘Nano’, con su paciente después de una irradiación en un tumor cerebral

Se levanta y se mete al baño temeroso y quizás cobarde por el frío de la madrugada. Se pone su uniforme de turno, puede ser el vinotinto, quizás el gris oscuro; esta vez es uno verde claro.

A pesar de la precaria situación del HUV, Nano, como es conocido desde que era un púbero, no se amilana pues sabe que su trabajo es más importante que cualquier salario. Ya le adeudan más de cinco meses de sueldo y esta cifra va en aumento, pues la crisis del hospital continúa.

En el camino para en cualquier panadería para comprar dos o tres pandebonos y un café, a sabiendas de que su jornada laboral será extenuante. Llega al lugar en el que aborda el transporte pirata rumbo al hospital.

Con un lento andar, su maletín al hombro y los zapatos azules, desgastados de tanto caminar, ‘Nano’ es el encargado de abrir la puerta y poner las máquinas en funcionamiento pues es el primero en arribar al trabajo. Prende su computador y comienza a ‘pintar’, que no es más que delimitar con colores las zonas del cuerpo de los pacientes que serán irradiados ese día.

Uno de ellos es Michael, un pequeño de once años. Los rasgos finos de su rostro, nariz respingada, labios pequeños y un par de cicatrices en la ceja izquierda que se hizo jugando fútbol -su pasión y tema de conversación cada vez que cruzábamos palabras- muestran, a simple vista, a un niño común y corriente.

Tímido en sus primeras frases, después de veinte minutos entró en confianza. Especialista en buscarle defectos físicos a la gente y mofarse de ellos hasta perder el aliento, reímos hasta llorar un par de veces, sobre todos los temas, menos sobre su enfermedad mortal, a la que Michael no le temía, aunque supiera cómo, con una agresividad acojonante, se iba apoderando cada día más de su humanidad.

Escuálido y frágil, cojo de la pierna izquierda, con un brazo recogido levemente, se ven las secuelas del agresivo cáncer de cerebro.  

Como trofeo y marcas de batalla, exhibe las cicatrices en su cabeza, sinónimo de cuatro intervenciones, hechas con el afán de extirpar el tumor que día a día pone en riesgo la vida de este guerrero.

En Cali, cada año son diagnosticados alrededor de 140 menores de edad con cáncer. El tipo más común es la leucemia, que afecta al 41% de ellos; le siguen el cerebral, con el 21% y los tumores del sistema nervioso central, con el 19%.

Del total de los infantes enfermos, solamente el 30% viven en Cali. El 70% vienen de la periferia, es decir de municipios del Valle, Cauca, Nariño, Chocó y el Eje Cafetero, lo que dificulta aún más el tratamiento y, sobre todo, la labor de quienes los atienden.

A ella, quien es  madre soltera, le tocaba cuidar al niño y además hacerse cargo de sus otros dos hijos. Al calor de unas empanadas con tinto, me contó cómo era el tratamiento: se levantaba a eso de las tres de la mañana, hacía el desayuno para sus tres muchachos, dejaba listo el uniforme del colegio y la lonchera a los dos mayores. Después, levantaba a Michael y lo ayudaba a ducharlo, pues un golpe en la cabeza aunque, fuera leve, terminaría instantáneamente con su vida.Uno de esos casos era el de Michael, oriundo del municipio de Florida. Cuando llegaba Michael con Nancy, su mamá, a la sala de espera del hospital Evaristo García, los veía con unas maletas grandes, los zapatos un poco embarrados y cayéndose de las sillas por el sueño.

A las 4:40 a.m. salía con su hijo, abordaba una guala desde su vereda en Florida hasta el parque municipal, ahí abordaban un bus hasta Cali, que después de hora y media de recorrido la dejaba en Alfonso López, donde tomaban un MIO hasta el HUV, una travesía larga y costosa.

La entidad prestadora de salud de Michael es Cafesalud, que atiende a más de doscientos menores que sufren de esta enfermedad. Hoy, estos niños están en vilo, por la crisis que afronta esta EPS y muchos mueren esperando su tratamiento.

Debido a esta situación crítica, Hernán decidió, autorizado por Doña Nancy, llevarse a Michael para su casa los días en que tuviera quimioterapia -martes, miércoles y jueves-, darle las tres comidas y llevarlo en las mañanas al hospital hasta terminar el ciclo semanal. Bastante generosidad, un corazón enorme, que no cualquiera tiene.

Cuando acompañé a Michael a la casa de Nano, mostró un lado mucho más amable del que conocía. A pesar de su discapacidad, me invitó a jugar fútbol; para estar en su condición lo hacía bastante bien y hasta me venció varias veces.

Hace un par de meses, el niño tuvo que quedarse para unos exámenes pues iba a ser sometido a otra intervención para extirpar el tumor en un noventa por ciento y ganarse, aunque fuera, cuatro o cinco años más de vida.

Se veía diferente, preocupado, temeroso, con desasosiego en esos pequeños ojos cafés que antes eran expresivos y ahora estaban apagados. Y no era para menos, pronto su vida dependería de los cortes de un neurocirujano en su cerebro.

El día antes de la intervención, entre risas y bromas, al preguntarle cuál era su jugador de fútbol favorito, no lo pensó mucho y respondió que es Rafael Santos Borré; en ese entonces jugador del Deportivo Cali. Agarré el teléfono y le escribí a alguien que podía hacer que el futbolista le mandara un mensaje de ánimo al pelao, pues su rostro de tristeza me tenía al borde de la locura.

Esa misma noche, llegó el mensaje del futbolista, desde la concentración de la Selección Colombia Sub20: “Hola Michael, espero que estés bien. Estas son las pruebas para los guerreros y tú eres uno de ellos, Dios te tiene preparadas grandes cosas, fuerzas y animo que sé que vas a salir bien librado de esta. Pronto nos veremos, mucha suerte papá”

Con los ojos encharcados me miró, estaba un poco incrédulo de que fuera para él, me pidió que se lo volviera a poner. Antes de dormirse, lo vio unas quince veces, pues no creía que su jugador favorito le hubiese mandado alientos previos a su importante intervención.

A la mañana siguiente, Michael salió con Nano, era el día D, me despedí de los dos, les dije “nos vemos en la tarde”, ese ‘nos vemos’ que tal vez no se podría concretar.

A las doce del mediodía, pasé por la cafetería del hospital, vi a Nano sentado en una sala de espera, al lado de Doña Nancy.

-Nano, ¿Cómo salió Michael?

– Quedó en cuidados intensivos, vamos a ver- respondió

– Pero, ¿cómo lo ves? -repliqué

Con la mirada perdida, cabizbajo, meditabundo, pensativo y absorto, me dijo un “no sé”, que me quedaría retumbando en los oídos desde ese momento hasta ahora. Un ‘no sé’ mentiroso, pues él sí sabía, él lo tenía más que claro, pero la esperanza es lo último que se pierde.

Me fui detrás de Nano cuando salió hacía su oficina, sabía que había mentido por la presencia de la mamá de Michael.

-Tiene muerte cerebral, no aguantó la cirugía, ahora lo desconectan.

Me quedé sin palabras, no podía creer que ese niño que había visto por última vez hacía un par de horas, había muerto en el quirófano tratando de luchar por su vida, aferrado a esperanzas difíciles o casi imposibles de conseguir, sabiendo que todos sus sueños se fueron a la mierda, eso de ser futbolista fue solo un deseo de alguien que partió tempranamente.

Vi a Doña Nancy llorando desgarradoramente, ya se había enterado. Palabras sobran pero no supe que decirle, ni siquiera fui capaz de mirarla, pues no me salía ninguna frase, ni esas reconfortantes de cajón, esos clichés que no alivian un carajo.

En Cali solamente treinta de cada cien niños gana su lucha contra el cáncer, Michael ahora hace parte de los otros setenta, aquellos que no pudieron vencer la enfermedad y que ahora son una estadística que adorna informes como los del Observatorio Interinstitucional de Cáncer Infantil.

Como esta historia hay muchas más, en las que el protagonista sigue siendo Nano, que no descansa en su misión de poder salvar las vidas de los niños que llegan a su unidad. A Michael, esté donde esté gracias por lo que me enseñó, aprendí a disfrutar la vida a cada minuto con la mejor de las energías, pues en cuestión de horas todo puede cambiar y los que están hoy, mañana faltarán.

Nos veremos viejo Maik.

DESTACADO:

De los 141 niños que son diagnosticados con esta enfermedad, solamente el 30% viven en la ciudad, el otro 70% vienen de la periferia, municipios del Valle, de Cauca, Nariño, Chocó y el Eje Cafetero.

Actualmente en Cali, son diagnosticados 141 menores de edad con cáncer cada año. El tipo de enfermedad más común es la Leucemia

 Francesco  Zucconi

Terminó el plazo para los taxistas sin EPS en Cali

El Ministerio de Salud y Protección Social establece medidas para que los conductores de taxi se afilien al SGSSS.


Por: Andrés Felipe Maya Viera

@felipemaya_

Algunos conductores de servicio de transporte público de Cali no están a gusto con las medidas tomadas.

A partir del primero de septiembre, tras cumplirse el plazo de dos meses que el Ministerio de Trabajo dio a los taxistas, se les negará la renovación de la tarjeta de control a quienes no estén afiliados a Seguridad Social.

La medida fue implementada para que ningún conductor de transporte público quede por fuera del Decreto 1047 de junio de 2014. Pues hay quienes no tienen claro el impacto de dicha ley que establece que todo trabajador de Taxi debe pertenecer al Sistema Integral de Seguridad Social.

Para este caso, las afiliaciones y los gastos correspondientes a salud, pensión y riesgos laborales serán asumidos por el taxista, quien hará los pagos directamente con la entidad que esté afiliado.
“Tuve que retirarme como beneficiario de la EPS de mi esposa para pasar a ser cotizante. Debo pagar $211.000 mensuales que incluyen salud, pensión y ARL. Por lo que no estoy de acuerdo que los taxistas asumamos en totalidad los costos de la seguridad social sin ningún tipo de subsidio. Además de ser una obligación, porque sin la tarjeta de control no podemos trabajar de manera legal”, relata Samuel Rojas, conductor de taxi hace 15 años.

En cuanto a los taxistas que estén afiliados al Sisben, la ley estipula que deberán suspenderlo para pasar a las Entidades Prestadoras de Salud, puesto que es un trabajador independiente que labora libremente, así lo establece el Decreto.

Entre tanto, este es el nuevo requisito que se les exigirá a los conductores que soliciten la tarjeta de control, como mecanismo proveniente del Gobierno que asegura que las condiciones de seguridad y calidad tanto de los usuarios como los conductores de servicio público mejoren.