Bienestar en disputa: la salida institucional que hoy sigue pasando factura en Puerto Tejada

Bienestar en disputa: la salida institucional que hoy sigue pasando factura en Puerto Tejada

Una salida de bienestar para servidores de la Alcaldía de Puerto Tejada desató una discusión que todavía se siente en el municipio

Por: Daniela Hurtado y Yania Daza Guzmán

Facultad de Humanidades y Artes

mientras algunos funcionarios la defienden como un derecho laboral, parte de la ciudadanía cuestiona el momento y las prioridades, en medio de preocupaciones por seguridad e infraestructura. 

El uso de datos concretos aporta transparencia y evita caer en opiniones sin fundamento

En 2025, el Municipio de Puerto Tejada contrató una actividad de bienestar para funcionarios mediante el Contrato No. CTO-108-2025 (modalidad Selección Abreviada de Menor Cuantía, SAMC-005-2025). Según ese documento, la ejecución debía realizarse en un plazo de dos (02) meses y, en todo caso, sin sobrepasar el 31 de diciembre de 2025. Aunque la actividad se planteó como bienestar laboral, hoy el tema sigue apareciendo en conversaciones locales porque se cruza con preocupaciones por seguridad, obras pendientes y confianza en el manejo de recursos públicos. 

En el contrato se establece la contratación de 104 unidades (UND: Paquete, CANT: 104) para un “paquete turístico a San Andrés”. El valor total del contrato es de $262.715.960, señalado como “incluido el IVA y todos los tributos”. Con esos datos, se puede calcular un valor aproximado por participante: si se divide el total entre 104, el resultado es $2.526.115 por persona, entendiendo que se trata de un paquete integral y no de un desglose por servicios. 

El documento describe el paquete como “todo incluido” e indica que comprende tiquetes aéreos ida y regreso, traslados (incluido Puerto Tejada – aeropuerto de Palmira y viceversa), alojamiento 4 noches 3 días, y alimentación (desayuno, almuerzo y cena), además de actividades como Johnny Cay, acuario y vuelta a la isla, junto con impuestos, asistencia y póliza médica. También fija condiciones: alimentación tipo buffet y que ofrezca “Bar abierto y Snacks saludables”, y hoteles ubicados “de 10 a 5 minutos de la playa”. 

Desde la mirada institucional, el bienestar se presenta como un derecho y como una forma de fortalecer condiciones de trabajo. María Débora Balanta, contadora del IMDER, lo explicó así: “¿Qué es el bienestar social? Es algo que por ley y derecho tenemos los empleados públicos para que en el año se nos hagan una serie de actividades… para fortalecer al empleado”. También afirmó: “Es totalmente legal, no es algo fuera de contexto… eso viene desde la ley y está contemplado”. 

En lo presupuestal, el contrato relaciona el gasto con el rubro de bienestar y salud ocupacional y registra un CDP 180 del 06/03/2025 por $262.760.000. En la forma de pago se pacta un anticipo del 50% y el 50% restante una vez finalice el contrato y sea recibido a satisfacción por parte del supervisor, junto con los soportes exigidos al contratista. 

Para entender por qué este tipo de actividades aparecen en entidades públicas, el Plan de Bienestar 2026 explica que el bienestar hace parte de la gestión de talento humano y menciona como base normas como el Decreto Ley 1567 de 1998, la Ley 909 de 2004 y el Decreto 1083 de 2015. El plan también incluye una consulta interna sobre preferencias de bienestar: “Otras Actividades” registra 20 menciones, actividades deportivas 16, paseos 8, actividades familiares 7, educación o capacitación 2, y 13 personas no respondieron.  

Ese dato no define si una salida específica era la mejor opción, pero sí muestra que dentro de la entidad las actividades recreativas aparecen como posibilidad. 

Einer Mulato, funcionario de la Alcaldía, describió la finalidad en términos internos: “El objetivo de la salida era un bienestar institucional. Se buscaba unir los equipos de trabajo… y mejorar los climas laborales”. Sobre la operación diaria, sostuvo: “No interrumpimos las labores para que con el público no hubiera como un corto”, y señaló que, según su versión, hubo espacios que ayudaron a fortalecer el trabajo en equipo. 

Del lado ciudadano, varias respuestas se enfocan menos en la existencia del bienestar y más en lo que se ve en la práctica. Cristian Andrés Tenorio, habitante del municipio, dijo: “La atención no ha mejorado de forma significativa… su actitud sigue siendo igual hacia la comunidad”. Y agregó: “El paseo creo que fue más por temas de diversión y no para temas de seguridad y salud como ellos especifican”.  

Rubén Valencia, tramitador, afirmó que entiende el bienestar, pero puso la prioridad en obras: “Una obra que resalte para el municipio”, y añadió: “Tiene el presupuesto para eso, pero hay cosas más importantes para realizar, como pavimentar una calle… alcantarillado en ciertos barrios”. 

Luz Aida Viva Rodríguez, visitante frecuente a la entidad pública, comparó la situación con necesidades que considera urgentes: “La alcaldía está en muy mal estado, tanto por dentro como por fuera”. Al hablar de inseguridad, dijo: “Hay más necesidades en el pueblo, por lo menos tratar la inseguridad, guerras entre pandillas”, refiriéndose a un hecho de violencia ocurrido el día anterior a su declaración.  

En el mismo sentido, Olga Lucía Viafara Balanta, lideresa y exconcejal, señaló: “A pesar de que la ley… sí permite… actividades recreativas… en el municipio en estos momentos estamos viviendo una ola de violencia, de inseguridad”, y remarcó: “No estamos en contra… pero sí… hay prioridades más importantes”. 

 

DOCUMENTOS Y HECHOS QUE SÍ QUEDAN SOPORTADOS 

Con los documentos revisados, se pueden afirmar sin suposiciones tres datos centrales: el contrato establece 104 paquetes, un valor total de $262.715.960 (con IVA y tributos incluidos) y un paquete que incluye tiquetes, traslados, alojamiento, alimentación y tours. También queda soportado el uso del rubro de bienestar y salud ocupacional y la forma de pago pactada (50% anticipo y 50% al finalizar con recibo a satisfacción). 

A partir del valor total y la cantidad, se obtiene un cálculo directo: $262.715.960 ÷ 104 = $2.526.115 por participante. En cambio, el contrato no separa cuánto corresponde al tiquete, al hotel o a la alimentación, porque se contrató como paquete integral. Por eso, cualquier cifra por rubro (tiquetes/comidas/hotel) necesitaría anexos o soportes adicionales para no caer en conjeturas. 

Lo que hoy “pasa factura” no es solo el viaje como hecho, sino lo que simboliza para distintos sectores.  

Los funcionarios defienden el viaje a San Andrés y lo relacionan con integración y ambiente de trabajo; en la ciudadanía, el cuestionamiento aparece ligado a prioridades, percepción de servicio y contexto de inseguridad. Con cifras del contrato se puede explicar cuánto fue el total, cuántos paquetes se contrataron y qué incluía el servicio; sin anexos, no se puede desarmar el paquete por rubros ni medir resultados con indicadores. En ese punto se sostiene la discusión: una parte habla de bienestar laboral y otra pide que, cuando se gaste dinero público, además de estar sustentado, se explique mejor y se muestre qué cambia en la realidad del municipio. 

Más allá de las cifras y la transparencia en la contratación, el punto crítico radica en la falta de evidencia sobre impactos reales y en la desconexión entre la gestión interna y las expectativas de la comunidad, lo que termina afectando la confianza y generando un debate que trasciende lo económico para instalarse en lo simbólico y lo social.

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Las nuevas tarifas del transporte intermunicipal entre Cali, Candelaria, Yumbo y Palmira dispararon el gasto mensual de los usuarios

Por:Laura Nicole Aparicio Escobar y María Camila Culma Beitia

Facultad de Humanidades y Artes

En algunos casos por encima del auxilio legal de transporte. Aunque las empresas atribuyen el incremento al aumento de costos operativos, trabajadores y estudiantes denuncian afectaciones directas a su economía y cuestionan la falta de socialización y sustento público del alza. 

 

El aumento del pasaje ha generado una presión económica importante en trabajadores y estudiantes que dependen del transporte a diario.

El incremento en las tarifas del transporte intermunicipal durante el periodo 2026 llevo a que la ciudadanía expresara su inconformidad frente al alza del pasaje. A partir del aumento, surgieron manifestaciones y reclamos públicos que intensificaron el debate entre empresas, autoridades y comunidades. 

Durante enero y febrero de 2026 se registraron bloqueos intermitentes en la doble calzada Candelaria–Cali, especialmente en sectores como Poblado Campestre. El subcomandante de la Policía, Jesús Ruiz, confirmó: “Durante enero y febrero de 2026, habitantes de sectores como Poblado Campestre han realizado bloqueos intermitentes en la doble calzada Candelaria-Cali. Las exigencias principales son la reducción del pasaje, que subió repentinamente hasta $800 o más en algunos trayectos cortos, y mejoras en la seguridad vial”. 

Las manifestaciones surgieron tras incrementos que, según líderes políticos, oscilaron entre el 20 % y el 30 %, superando el comportamiento del IPC del año 2025. Un ejemplo concreto es la ruta Cali–Palmira, donde la tarifa pasó de $7.700 en 2025 a $9.500 en 2026, lo que representa un incremento del 23.3%. 

De acuerdo con resoluciones oficiales de las empresas Sultana, Coodetrans y transporte intermunicipal de Yumbo para el periodo 2026, las tarifas actuales por trayecto se ubican en un rango que va aproximadamente desde los $2.900 en recorridos internos como el de Yumbo, hasta los $9.500 en rutas de mayor distancia como Cali–Palmira. En trayectos intermedios, los valores oscilan entre $4.900 y $8.000, dependiendo del destino. 

Esto significa que un usuario que realiza dos viajes diarios durante 24 días laborales puede estar asumiendo gastos mensuales que van desde $139.200 en rutas cortas, hasta $456.000 en trayectos más largos como Cali–Palmira.

El auxilio de transporte legal para 2026 es de $249.095. En la ruta Cali–Palmira, el trabajador debe asumir $206.905 adicionales de su salario, ya que el auxilio cubre aproximadamente el 54 % del gasto real. Esta diferencia económica ha sido uno de los principales detonantes del inconformismo ciudadano. 

Óscar David Cometa usuario recurrente cuestionó el valor del pasaje de $5.200 en algunos trayectos: “Si uno hace un análisis del mes, estaría gastando alrededor de 300.000 pesos ida y vuelta. Ganándose un mínimo y pagando arriendo, servicios y alimentación, no es justo”. 

En la misma línea, Natalia Santizábal estudiante universitaria que reside en yumbo, explicó que su gasto semanal pasó de $50.000 a entre $110.000 y $120.000. También señaló deficiencias en la calidad del servicio en la ruta Cali–Yumbo, mencionando retrasos, congestión y demoras de hasta media hora. Como estudiante manifestó: “Los trabajadores reciben auxilio de transporte, pero los estudiantes no”. 

Desde el ámbito institucional, el concejal de Candelaria, Alfredo Cadena, explicó que presentó derechos de petición a Coodetrans, Sultana del Valle y Líneas del Valle, de las cuales solo dos respondieron. “Estamos en contra de ese aumento injustificado que fue cerca del 20 al 30 por ciento por encima de lo que subió el IPC cerrando en el año 2025”. 

Indicó que las respuestas fueron enviadas a la Superintendencia de Transporte y al Ministerio de Transporte para su análisis y eventual investigación. También señaló que las empresas no compartieron el estudio técnico que justificó el incremento: “Manifestaron que no podían compartir la revisión técnica del estudio porque eran documentos clasificados de la empresa” 

Sobre el rol de la Alcaldía, explicó que actúa como ente mediador, ya que no tiene competencia directa para regular tarifas del transporte intermunicipal al no existir una empresa pública que compita en ese mercado. 

Por su parte, Guillermo Pantoja, representante del sector transporte, sostuvo que el aumento responde al incremento de costos operativos: “Todo lo que es la canasta de transporte subió excesivamente, con la subida del dólar, ha subido un 25, un 30 %. Nosotros estamos trabajando casi a pérdida”. 

Señaló aumentos en tasas de uso de terminal, peajes, llantas y repuestos. Frente a la inconformidad ciudadana afirmó: “El usuario debe entender que el transporte ya no es un negocio, nosotros estamos trabajando casi a pérdida”. 

Indicó además que después del aumento no disminuyó el número de pasajeros, no hubo cambios en rutas ni frecuencias y que los subsidios aplican únicamente para estudiantes. 

La agente de tránsito Maryuri Rodríguez del municipio de Candelaria Valle del Cauca informó que la alcaldesa de Candelaria Jessica Caballero sostuvo reuniones con los directivos del transporte público para abordar la situación.

 

Indicó que actualmente operan un grupo pedagógico y agentes de tránsito, y que podría requerirse mayor personal ante el crecimiento poblacional. 

El líder comunitario Diego Calderón aseguró: “Después de la protesta no hubo ningún cambio significativo. Sigue igual sin novedades”. 

Añadió que las respuestas recibidas evidencian que las empresas tienen autonomía para fijar incrementos y que el caso continúa en investigación ante la Superintendencia de Transporte. 

El aumento del pasaje durante la vigencia 2026 expuso una tensión estructural entre los costos operativos del sector transportador y la capacidad de pago de los usuarios. Las cifras oficiales muestran incrementos significativos y gastos mensuales que superan el auxilio legal, mientras las empresas argumentan presiones económicas y las autoridades cumplen un rol de mediación sin facultad regulatoria directa. 

Aunque las protestas lograron visibilizar el inconformismo ciudadano, no se han registrado modificaciones sustanciales en las tarifas ni en la divulgación de los estudios técnicos que justifican el alza. El debate permanece abierto entre sostenibilidad empresarial, regulación estatal y equidad para quienes dependen diariamente del transporte intermunicipal en el área metropolitana de Cali.

La falta de socialización del incremento ha incrementado el malestar ciudadano y la desconfianza hacia las empresas transportadoras.

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Cuando el turismo crece, la ciudad cambia: Los efectos del auge turístico en Cali.

Cuando el turismo crece,la ciudad cambia: Los efectos del auge turístico en Cali

El crecimiento del turismo y la alta demanda de hospedaje en la ciudad de Cali generan un nuevo debate: ¿está la ciudad preparada para proteger al consumidor de los efectos de la alta demanda? 

Por: Ana Isabel García Zúñiga y Valentina Sánchez Mercado

Facultad de Humanidades y Artes

 

En Cali, el crecimiento del turismo en los últimos años ha incrementado la demanda de hospedajes temporales en distintos sectores de la ciudad. Eventos de alto flujo de turistas como la Feria de Cali y el Festival Petronio Álvarez atraen cada año a miles de visitantes tanto nacionales como internacionales, lo que genera mayor movimiento en el mercado del hospedaje. 

De acuerdo con un estudio realizado en el 2024 por el Observatorio de Turismo de Cali, durante el Petronio la ciudad acogió a más de 36.000 visitantes, según datos recopilados a partir de 1.460 encuestas realizadas durante el evento. También se reveló que el 94 % de los visitantes permaneció por lo menos una noche en la ciudad, lo que beneficia a sectores como hotelería, gastronomía y comercio local. 

El crecimiento del turismo en Cali impulsa la economía, pero también abre debates sobre regulación y protección al consumidor.

El estudio, divulgado por la Secretaría de Turismo de Cali, también evidenció que el 65 % de los turistas se alojó en establecimientos pagos, dentro de los cuales el 31 % lo hizo en hoteles, el 14 % en hostales y el 12 % en alojamientos reservados a través de plataformas digitales. Estas cifras reflejan cómo los eventos culturales de la ciudad se han convertido en un pilar para la llegada de visitantes y el dinamismo del sector turístico. 

La discusión sobre regulación para estos espacios alternativos de hospedaje se fortaleció tras lo ocurrido en Medellín en enero de 2026, durante la víspera del concierto del artista urbano Bad Bunny se denunciaron cancelaciones de reservas y aumentos significativos en los precios del hospedaje en plataformas digitales. 

El fin de semana del 23 al 25 de enero de 2026, turistas y visitantes de diversas regiones del país y del exterior que se desplazaron a Medellín para el concierto del artista Bad Bunny reportaron cancelaciones masivas en sus reservas realizadas con antelación a la capital Antioqueña. Algunos alojamientos fueron ofertados nuevamente a tarifas considerablemente superiores a las iniciales pactadas, según reportes difundidos por medios nacionales.  

En Cali, anfitriones de alojamientos temporales explican que los precios dependen principalmente del comportamiento de la demanda. 

Daniela Aristizábal, propietaria de un alojamiento activo en la plataforma digital de hospedajes temporales Airbnb, señala que la plataforma utiliza un sistema conocido como tarifa dinámica, que ajusta automáticamente los precios según factores como la temporada, la disponibilidad y el movimiento del mercado. Según explica, en su caso particular no modifica de forma manual los precios, ya que arrienda el apartamento por períodos mínimos de un mes debido a normas de propiedad horizontal que limitan las estancias cortas en algunos conjuntos residenciales. 

Por otro lado, Daniela Vásquez, también propietaria de un alojamiento temporal, explica que durante eventos masivos el comportamiento del mercado sí influye directamente en las tarifas. “Cuando hay eventos masivos, sí llega a haber un aumento en el precio debido a la demanda y al movimiento del mercado”, afirma. 

Según indica, no ha percibido controles directos por parte de autoridades locales frente a los precios durante estas temporadas: “En mi experiencia, los precios se ajustan principalmente por la dinámica del mercado y la demanda del momento”, señala. 

Para Vásquez, el crecimiento de los hospedajes temporales también ha comenzado a tener consecuencias en el mercado de vivienda de la ciudad: “Algunas propiedades que antes se destinaban a arriendos de largo plazo ahora se ofrecen para estancias cortas, lo que reduce la oferta disponible para residentes permanentes”, explica. 

El crecimiento de estos hospedajes también se evidencia en las cifras del sector turístico, de acuerdo con datos divulgados por Airbnb, durante 2024 la actividad de anfitriones y huéspedes generó un impacto económico superior a 10,6 billones de pesos en Colombia. De esta cifra, cerca de 1,6 billones correspondieron a ingresos directos para anfitriones, mientras que los viajeros destinaron más de 9 billones de pesos en comercios locales, especialmente en restaurantes, entretenimiento y compras. 

Según la plataforma, más del 40 % del gasto de los huéspedes se realiza en los mismos barrios donde se ubican los alojamientos, lo que demuestra el impacto que este tipo de turismo puede tener en las economías locales. 

Las experiencias de los visitantes también manifiestan cómo perciben estos cambios en los precios. César Gabriel Cruz, turista mexicano que ha visitado Medellín y Cali, afirma haber percibido incrementos moderados en los alojamientos durante eventos, aproximadamente entre cinco y diez dólares por noche, aunque señala que esto no afectó significativamente su presupuesto de viaje. 

La percepción cambia en el caso de Israel Efrén Jiménez Bucio, también visitante extranjero, quien explica que en Medellín el aumento se percibe con mayor fuerza en sectores turísticos como El Poblado, donde el costo del alojamiento sí llegó a afectar el presupuesto que había destinado para su viaje. 

En Cali, ambos visitantes coinciden en que los incrementos de precios se reflejan de manera menos pronunciada y suelen variar dependiendo de la zona turística donde se ubique el alojamiento. 

¿Cómo funciona una plataforma de alojamiento? 

Las plataformas digitales de alojamiento temporal permiten que propietarios particulares publiquen viviendas, habitaciones o apartamentos para estancias de corta duración. 

Para registrarse como anfitrión- en Airbnb-, el usuario debe crear una cuenta, verificar su identidad y registrar la propiedad dentro de la plataforma. Allí puede publicar fotografías del espacio, establecer normas para los huéspedes y definir un precio base por noche. 

La plataforma también ofrece herramientas automáticas para ajustar las tarifas según factores como la temporada, la demanda turística y la disponibilidad de alojamientos en la zona. Este sistema es conocido como tarifa dinámica, que modifica los precios dependiendo del comportamiento del mercado. 

En Colombia, estas plataformas operan dentro del marco del Estatuto del Consumidor, lo que permite que los usuarios realicen reclamaciones ante la Superintendencia de Industria y Comercio cuando sientan que sus derechos han sido vulnerados. 

 

Los barrios frente al crecimiento del turismo 

Más allá de las cifras económicas, el aumento del turismo también ha comenzado a transformar la dinámica de algunos barrios de la ciudad, como ocurre en el barrio El Peñón, uno de los sectores con mayor movimiento turístico en Cali; los cambios son visibles para quienes habitan allí de forma permanente. 

Mateo Rivas, residente del sector, afirma que varias viviendas han sido convertidas en alojamientos temporales o establecimientos comerciales, lo que ha incrementado el tránsito vehicular, el ruido nocturno y la presión sobre los espacios residenciales: “Antes era un barrio muy tranquilo. Ahora hay más turismo y más comercio, lo que genera más movimiento y ruido en las calles”, explica. Aunque reconoce que el turismo dinamiza la economía local, considera necesario establecer ciertos límites para proteger la convivencia en zonas tradicionalmente residenciales. 

Las cifras oficiales también permiten observar cómo se comporta el sector del alojamiento en la región. Según la Encuesta Mensual de Alojamiento (EMA) del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en diciembre de 2025 la ocupación hotelera en la región Pacífico —que incluye al Valle del Cauca— se ubicó alrededor del 40,8 %. 

Durante ese mismo periodo, la variación anual en las tarifas fue de 3,3 % en acomodación sencilla y 1,1 % en acomodación doble a nivel nacional, mientras que en la región Pacífico las variaciones fueron de 1,5 % y 3,8 % respectivamente. 

Estas cifras muestran que el sector hotelero formal registra incrementos moderados asociados a temporadas específicas. Sin embargo, los testimonios de anfitriones, turistas y residentes evidencian que en algunos sectores de la ciudad los cambios pueden sentirse con mayor intensidad durante eventos de alta demanda. 

Desde la mirada de algunos residentes, el turismo también representa una oportunidad para posicionar a Cali como un destino interesante de conocer. Rosa Playonero, habitante de la ciudad desde hace más de cinco décadas, destaca que en los últimos años Cali ha fortalecido su propuesta turística con espacios como el Parque del Perro, el barrio San Antonio, el Bulevar del Río y otros sectores gastronómicos que cautivan a los visitantes. “La ciudad ha progresado mucho, hay muchos lugares bonitos para conocer y los precios siguen siendo accesibles para quienes vienen a visitarnos” afirma. 

El crecimiento del turismo representa una oportunidad económica importante para Cali. Sin embargo, lo ocurrido en Medellín demuestra que cuando la demanda aumenta de forma imprevista, el mercado del alojamiento puede experimentar tensiones si no existen reglas o regulaciones claras. 

Para Cali, el reto no está en frenar el turismo, sino en anticipar cómo gestionar ese crecimiento sin afectar la estabilidad del mercado de vivienda ni la convivencia en los barrios que hoy comienzan a transformarse. 

El crecimiento del turismo en Cali representa una oportunidad importante para la economía local, especialmente para sectores como la hotelería, la gastronomía y el comercio.

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El río Aguacatal agoniza esperando el plan de choque.

El río Aguacatal agoniza esperando
el plan de choque. 
  

Después de que el Dagma anunciara el 17 de julio de 2025 un plan de choque, no hay avances visibles.

Autores:Alex Ospitia y Jhonier Bravo.

Facultad de Humanidades y Artes

El río Aguacatal sigue en alerta por vertimientos de aguas residuales, falta de alcantarillado, sedimentos mineros y plagas que golpean el comercio local y calidad de vida.  

  

La situación del río Aguacatal muestra cómo, pese a su importancia ambiental, las comunidades de Montebello y sectores cercanos siguen enfrentando contaminación y abandono institucional. Más que promesas, se necesitan acciones reales y soluciones estructurales para recuperar el río y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

 Montebello es uno de los quince corregimientos que integran la zona rural caleña, está conformado por dos sectores: la cabecera que lleva su mismo nombre y Campoalegre. En conjunto suman apenas 412,6 hectáreas, una extensión modesta. Sin embargo, es el corregimiento más pequeño en tamaño, pero el más densamente poblado. En sus laderas se concentra el 24 % de la población total de los corregimientos de Cali. Con más de 8.800 habitantes en la zona.  

A la orilla de estos corregimientos pasa el río Aguacatal. Este río desemboca aproximadamente 50.976 toneladas de agua al día, una cifra que evidencia su relevancia hídrica. El río Aguacatal desemboca en el río Cali, lo que significa que la calidad del agua que llega al río Cauca también está influenciada por su situación. Desde su nacimiento hasta su desembocadura recorre aproximadamente 14,2 kilómetros, atravesando zonas rurales y corregimientos como Montebello, Campo Alegre, Las Palmas y Aguacatal Bajo.  

Para muchos habitantes el río se ha convertido en una fuente de preocupación ambiental. “La gran afectación del río son las aguas negras que llegan directamente a él. Eso se ve más que todo en la parte alta, en donde hay mucha invasión. Y a eso se suma gente que tira basura al río. No solo hace falta conciencia de la gente, sino también mucho control por parte de las autoridades”, aseguró Jéssica Natalia Henao, ingeniera ambiental residente del barrio Alto Aguacatal.  

Pese a que las actividades de minas ilegales en el sector se encuentran suspendidas desde hace aproximadamente 20 años y que a la fecha no existe explotación, aún permanecen pasivos ambientales a raíz de dicha actividad.   

“El río Aguacatal sufre un doble ataque: el químico, proveniente del Drenaje Ácido de Minas (DAM) que tiñe el agua de naranja, y el orgánico, producto del crecimiento demográfico sin planeación de Montebello”, cuenta Luis Eduardo Gaviria, comerciante del sector de Campo Alegre.  

Uno de los motivos principales y que ha afectado el río, es la minería, fue por este motivo que en agosto del 2025 el subdirector de Calidad Ambiental del Dagma, Diego Benavidez anunció que “Como parte del plan de choque, en los próximos días se instalarán sensores de PH, metales pesados y oxígeno disuelto, con el propósito de evaluar la calidad del agua en tiempo real y ajustar estrategias. De igual forma y entre las medidas inmediatas, se explora una opción basada en naturaleza por medio de microalgas, que ayudan a mitigar el efecto de la coloración de las cargas orgánicas en el lecho del río Aguacatal”.   

El patrullero Jorge Ortiz, policía del cuadrante de Palmar I con tres años de servicio en la zona, confirma que “desde el anuncio del proyecto en julio de 2025, no se ha visto personal del DAGMA trabajando en la recuperación del río”.   

Aunque la administración municipal prometió colectores y plantas de tratamiento, los habitantes de los corregimientos Montebello, Campo Alegre y Aguacatal Alto y Bajo, siguen sin ver avances con el proyecto: “seguimos sufriendo con la contaminación del río que continúa aumentando últimamente”, comentó Freddy Ortiz, dueño de la fonda Campo Alegre y habitante del mismo sector hace 10 años.  

El discurso oficial y la realidad del terreno es absolutamente diferente, mientras el Dagma anuncia que han avanzado en el proyecto, por otro lado, Milena Quiñonez, expresidenta de la Junta de Acción Comunal de Aguacatal Bajo, confirma lo contrario: “el sector vive en un estado de abandono gubernamental histórico, el principal motor de la contaminación es estructural: la falta de sistemas de alcantarillado en varias zonas obliga a que los desechos caigan al cauce, una problemática que ‘lleva muchísimos’ años sin solución”.   

Añadió, “Si eso no cambia, al río Aguacatal seguirán cayendo aguas negras de los sectores de Palmas I, Palmas II y Villa del Mar. También hace falta un colector a la altura de la Avenida 14, que cubriría 100 metros del barrio Bajo Aguacatal para que este sector esté completamente descontaminado. Por el momento, solo se tiene un 70 % de casas cuyas aguas ya no llegan al río, lo que equivale a cerca de 800 viviendas”.  

Hoy el rio sigue siendo una amenaza. Guillermo Trujillo, fundador del mini-market en Montebello con más de cinco años en el sector, cuenta que: “los olores se han vuelto insoportables, afectando la clientela y el bienestar familiar”.   

Sin embargo, lo más preocupante es la crisis sanitaria colateral: la contaminación ha disparado la presencia de plagas y ratas que, como cuenta Blanca Vanegas, comerciante de Campo Alegre: “como si fuera poco, la plaga de roedores y zancudos provenientes del río ya invaden las viviendas cercanas, tenemos que llenar las casas de trampas para roedores y productos en aerosol o de humo que espanten los zancudos”.  

“Todo empieza arriba con la minería, pero aquí abajo sufrimos el olor y las ratas. El gobierno dice que va a venir, pero aquí no hemos visto a nadie del DAGMA trabajando desde ese anuncio del año pasado”, coincide Luis Eduardo habitante y comerciante del sector Bajo Aguacatal.  silencio de las autoridades ambientales no solo deja en el aire las promesas de julio de 2025, sino que profundiza la incertidumbre de una comunidad que sigue respirando el olor del abandono y conviviendo con las plagas de un río que se apaga.  

Ante el evidente descuido y el estancamiento en el plan de choque para la recuperación del río, se intentó contactar formalmente mediante correos, llamadas a las líneas oficiales y acercamiento a la atención al ciudadano al Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente, sin tener respuestas hasta el cierre de esta edición.  

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Cuotas de administración residencial en el 2026: ¿IPC o salario mínimo?

en un contexto marcado por decisiones presupuestales y tensiones entre sostenibilidad y capacidad de pago. 

Autores: Karold Castañeda, Juan Diego Tovar y Juan Lozada

Facultad de Humanidades y Artes

El alza en las cuotas de administración residencial en Colombia para 2026 presenta incertidumbre tras la suspensión del decreto del salario mínimo, aunque inicialmente se proyectaban aumentos de entre 12% y 20%, o incluso del 23.78% igual al salario mínimo, afectando seguridad y mantenimiento. 

Las cuotas de administración son pagos mensuales que hacen los propietarios para cubrir los gastos comunes de los conjuntos residenciales. Estos gastos incluyen la vigilancia privada, limpieza y mantenimiento de zonas comunes, administración y otros servicios necesarios para el funcionamiento del edificio o conjunto.  

Más allá del porcentaje, el aumento de las cuotas de administración en 2026 muestra lo difícil que es equilibrar los costos de los conjuntos con el bolsillo de los residentes…

Según la Ley 675 de 2001, que regula la propiedad horizontal en Colombia, no existe un porcentaje obligatorio que determine el incremento de estas cuotas, ni está legalmente establecido que deban ajustarse automáticamente con el índice de Precios al Consumidor (IPC) o con el salario mínimo. En cambio, el aumento debe basarse en un presupuesto anual claro y debe ser aprobado por la Asamblea de Copropietarios. 

 Para Tatiana Miranda, economista, el aumento de las cuotas de administración en 2026 puede explicarse por un fenómeno conocido como inflación por vendedores. Según explica, ante el anuncio de un incremento cercano al 23 % en el salario mínimo, algunos administradores y prestadores de servicios tienden a trasladar ese mismo porcentaje a los precios, sin que todos los costos hayan aumentado en igual proporción. Esto, señala, termina presionando el costo de vida de los hogares. 

A finales de diciembre de 2025, el Gobierno Nacional decretó un aumento del salario mínimo cerca del 23,7 % para 2026, con el objetivo de mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores. Sin embargo, esa medida fue suspendida temporalmente por el Consejo de Estado en febrero de 2026 por falta de justificación legal, lo que ha generado incertidumbre sobre cómo se deben calcular algunos costos asociados en la economía, incluyendo los de la administración residencial.  

Entre tanto, el IPC anual de Colombia, que mide la inflación de precios al consumidor, cerró 2025 alrededor del 5 %, cifra muy inferior al incremento proyectado del salario mínimo. Estas discrepancias entre inflación y salarios abren el debate sobre cuál parámetro es más apropiado para ajustar las cuotas.  

Para Luz Marina Manrique, administradora de propiedad horizontal en el norte de Cali, el aumento de la cuota de administración en 2026 responde a una necesidad presupuestal y no a una decisión arbitraria. Explica que más del 70 % del presupuesto de un conjunto residencial se destina a nómina, principalmente vigilancia, aseo y mantenimiento, rubros directamente impactados por el aumento del salario mínimo. 

En el conjunto que administra, el incremento aprobado fue del 18 %, por debajo del ajuste salarial inicialmente decretado. “Revisamos contrato por contrato. No todos los gastos suben en la misma proporción, pero si no se ajusta la cuota, el conjunto entra en déficit”, señala. La administradora reconoce la inconformidad de algunos propietarios, aunque advierte que no aprobar un presupuesto realista puede traducirse en deterioro de zonas comunes, atrasos en pagos o reducción de personal. 

Desde el personal operativo, Carlos Andrés Rivas, vigilante de una empresa de seguridad privada, subraya que el debate suele omitir el impacto real de los costos laborales. “Cuando sube el salario mínimo también aumentan los aportes y la seguridad social. Eso se refleja en lo que pagan los conjuntos”, explica. A su juicio, recortar personal para contener gastos puede afectar directamente la seguridad de los residentes. 

La percepción de los propietarios es distinta. Luz Dary Hernández, residente en un conjunto del sur de Cali, asegura que el incremento de este año fue el más alto desde que vive allí. “La cuota pasó de 286 mil a casi 354 mil pesos. Eso pesa en el presupuesto familiar”, afirma. Aunque reconoce la relación con el aumento salarial, considera que falta mayor claridad en la explicación de los gastos y advierte que el problema no es solo el incremento puntual, sino la acumulación de presiones económicas. 

Para Adriana Mesa, residente de la unidad residencial Sorrento 1, el incremento de la cuota de administración aprobado para 2026 generó inconformidad entre varios propietarios. Según explica, durante 2025 la cuota mensual era de 169 mil pesos, pero para este año se aprobó un aumento del 23,7 %, que la elevó a 205 mil pesos. 

La decisión provocó tensiones durante la asamblea general realizada el pasado 21 de febrero, en la que se registraron discusiones entre los propietarios y el equipo administrativo. Uno de los puntos más polémicos fue el ajuste salarial del contador y de la administradora del conjunto. 

Mesa señala que la propuesta inicial planteaba aplicar el mismo incremento del 23,7 % a estos cargos, lo que generó desacuerdos entre los asistentes, especialmente porque desde enero ya se habían aplicado aumentos bajo ese mismo porcentaje. “El ambiente se tornó tenso cuando se abordó el tema de los salarios”, relata. 

Tras una discusión prolongada, la asamblea llegó a un acuerdo: el incremento salarial para ambos cargos sería del 18 %, con lo cual se dio por concluida la reunión. 

El debate por el aumento de las cuotas de administración en 2026 evidencia una tensión estructural entre inflación, costos laborales y capacidad de pago de los hogares. Más allá del porcentaje aplicado, la discusión pone en el centro la necesidad de decisiones presupuestales transparentes y criterios técnicos que permitan equilibrar la sostenibilidad de los conjuntos residenciales con la realidad económica de los propietarios. 

Entre inflación, salarios y presupuestos, el aumento de las cuotas de administración termina siendo un reflejo de las tensiones económicas del país.

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Obrero, soñador, organizador y maestro comunitario. 

Autor: Jean Carlos Salcedo Murcia

Facultad de Humanidades y Artes

 Durante dos décadas, Orlando Sánchez Lasso ha tejido un liderazgo construido desde la berraquera y la constancia: logró unir a una comunidad dispersa, formar jóvenes líderes, enfrentar amenazas y sembrar un legado que hoy retumba como un tambor en la memoria afro de Yumbo.

“Orlando nos motiva con hechos. Con danza, con canto alabao, con talleres. Nos enseña que participar no es un hobby: es defender quiénes somos”.

Para su hija, María del Pilar Sánchez Holguín, el impacto de su padre se ve en cada espacio cultural y educativo que hoy existe en el municipio: “Él logró que la afrocolombianidad tenga presencia real en Yumbo. Eventos, exposiciones, plazas docentes, espacios educativos… donde va, su compromiso se reconoce”. Y la palabra “compromiso” no es menor: describe una vocación que no desaparece cuando los reflectores se apagan.

Desde la administración municipal, María Yohana Salcedo confirma que la visión de Orlando transformó la relación entre el Estado local y la comunidad afro. “Antes había poca participación”, asegura. “Ahora la gente se siente incluida. AfroYumbo ha crecido con los proyectos que él impulsa. Su liderazgo es visible”.

Pero Orlando no se entiende a sí mismo solo desde el rol público. También habla desde la identidad. “Ser afro es algo que se lleva en la sangre”, afirma. “Uno oye un tambor y el cuerpo responde solo”. En su voz hay orgullo, pero también reivindicación política. La identidad, para él, es un territorio que se defiende tanto como la tierra. Es piel, es memoria, es historia, es dignidad.

Yumbo, con sus más de 108.000 habitantes y un 3,3 % de población afro reconocida, es un municipio industrial donde las luchas raciales han sido silenciosas, quizá demasiado. En el Valle del Cauca, la exclusión racial sigue siendo estructural. Por eso la lucha de Orlando no es un capítulo aislado sino una pieza de una batalla más amplia. Es también un recordatorio de por qué su trabajo importa.

Cuando se le pregunta por una palabra que resuma su historia, no duda: “Berraquera”. Y luego añade, casi con la misma fuerza: “Constancia”. Ambas palabras forman la columna vertebral de todo lo que ha hecho: resistir, persistir, insistir.

Al caer la tarde, cuando el sonido de la brisa y la marimba se mezclan con las voces del barrio, Orlando suele sentarse frente a su casa. Mira pasar la gente, responde saludos, escucha a quien se acerca con una consulta. No parece un líder histórico, ni un fundador, ni un símbolo. Parece un hombre común. Y quizá allí radica su fuerza: la grandeza sin tanto alarde.

En Yumbo, cuando el tambor suena, siempre hay un hilo invisible que conduce hacia él. Orlando Sánchez Lasso no solo creó una organización: organizó una identidad. Construyó un nosotros. Su legado vibra en cada taller, en cada consejo comunitario, en cada joven que estudia porque él insistió. Es un legado que no se impone: se escucha. Como los tambores. Como la memoria. Como un corazón colectivo que late al mismo ritmo.

 

Un ritmo que él ayudó a despertar. Y que, gracias a él, ya no volverá a silenciarse.

 Él logró que la afrocolombianidad tenga presencia real en Yumbo. Eventos, exposiciones, plazas docentes, espacios educativos… donde va, su compromiso se reconoce”. 

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