Freestyle: El arte marcial que rompe el molde del taekwondo

Freestyle: El arte marcial que rompe
el molde del taekwondo

El freestyle fusiona taekwondo, música y acrobacia en una expresión artística y técnica sin combate directo.

Por: Lizeth Dayana Rojas Valencia y Marycarmen Oliveros Villalobos

Facultad de Humanidades y Artes

Cuando alguien escucha taekwondo, imagina dos atletas enfrentados en combate, intercambiando patadas rápidas para sumar puntos, esa sería la imagen tradicional y más conocida. Sin embargo, existe una modalidad que rompe este esquema: el freestyle, aquí no hay rivales directos, sino un escenario donde el atleta mezcla patadas, acrobacias y música, transformando el tatami en un verdadero espectáculo deportivo y artístico.

“Los atletas entrenan tres veces por semana poomsae y complementan con sesiones enfocadas en habilidades específicas como las patadas con giro”.

Para comprender mejor esta disciplina, es clave entender el poomsae, una de las modalidades tradicionales del taekwondo. El poomsae, es una secuencia predeterminada de movimientos y técnicas que representan una situación de combate imaginaria, donde se ponen en práctica defensa, ataque y desplazamiento.

El freestyle nace de esa base, pero introduce un cambio, por eso la Institución Nacional de Taekwondo, lo define como “la evolución creativa del poomsae. Los atletas crean secuencias propias que incluyen música, acrobacias y movimientos espectaculares. Aquí se combina el arte marcial con la expresión artística y la gimnasia, en un formato dinámico y visualmente impactante”.

En el freestyle, la creatividad es un pilar esencial. Los deportistas deben diseñar coreografías únicas, sincronizar sus movimientos con la música y lograr conexión con el público. Nirley Valdelamar Pertuz cinturón negro 1°, afirma: “la creatividad y la expresión corporal son el alma del freestyle; son más llamativas aquellas rutinas que logran concretar con el espectador que las que solo se enfocan en la técnica”.

El entrenamiento detrás de cada disciplina exige constancia, Duvan Maestra Cinturón negro 1°, explica, “Implica desarrollar una condición física completa, fuerza, flexibilidad y resistencia, perfeccionar la técnica de los movimientos como los giros, saltos, patadas y trabajar la creatividad para diseñar y ensayar una rutina que cumpla con las reglas del torneo, buscando la fluidez y dificultad en la ejecución”.

De acuerdo con la Federación Mundial de Taekwondo (WT), establece en su reglamento, la duración estándar entre 60-70 segundos, cada presentación, la puntuación total es 10 puntos, divididos, entre, las habilidades técnicas, nivel de dificultad, precisión y presentación, la actuación debe incluir técnica en 60% de piernas y 40% en brazos.

Stiven Mejía, cinturón negro 1°, explica, “es una categoría que tiene la poomsae, pero no está predeterminada. Se trata de una coreografía libre donde se califican cinco habilidades: patadas en salto, patadas múltiples, giros, combinaciones de combate, entre siete y diez técnicas, y finalmente acrobacias como mortales con pateo”.

Aunque el freestyle despierta admiración, no todos los taekwondista lo practican. Juan Felipe Martínez Mejía, cinturón azul y deportista de combate, aporta una mirada distinta,

“Son disciplinas completamente diferentes, aunque comparten técnicas. El combate está más desarrollado, incluso es olímpico, mientras que el freestyle aún no tiene ese alcance. Sin embargo, creo que aporta visibilidad y reconocimiento adicional al taekwondo porque va más allá de lo común”.

Para él, la principal diferencia radica en que el combate es impredecible y obliga a pensar estrategias en tiempo real, mientras que el freestyle sigue una rutina ya diseñada. Aun así, reconoce que ambas modalidades pueden convivir y complementarse en el crecimiento del taekwondo colombiano.

Esa mirada desde el combate se enriquece al escuchar a quienes vivieron el freestyle en carne propia. Uno de ellos es Felipe Galarza, cinturón rojo, quien entrenó en el polideportivo Los Guaduales y recuerda su paso por la modalidad,

“Es una parte donde usted muestra qué tan creativo y expresivo puede ser, sin lastimar a nadie. Además, fortalece la concentración del cuerpo y la mente”.

Para él, el freestyle exige no solo flexibilidad, fuerza y concentración, sino también una preparación meticulosa, estiramientos, memorización de movimientos, repetición constante y un uso estratégico de la música. “El ritmo de la música siempre ayuda a fortalecer la postura y a darle sentido a cada movimiento”, asegura.

Felipe reconoce que competir en esta modalidad nunca fue sencillo: “Las patadas y los puños deben ser muy exactos y en la altura precisa, de lo contrario la calificación baja. Además, siempre sientes la tensión de estar frente a otros competidores muy preparados”. Señala que entre los mayores retos que enfrentó, está la exigencia física, alcanzar la altura ideal en las patadas y la presión emocional al no lograr un movimiento correcto. Pese a ello, afirma que el freestyle le dejó enseñanzas valiosas sobre disciplina, expresión corporal y creatividad en el deporte.

Cómo todo deporte, a cada deportista le deja miles de vivencias y el freestyle no se queda atrás, Sebastián Mogrovejo, cinturón rojo, que practica desde los 8 años le ha permitido aprender acrobacias y vivir experiencias únicas, “Lo chévere es ver cómo todos te observan y logras impresionarlos con tus acrobacias. Lo más importante es darla toda y salir con la moral en alto, dejar el nombre de tu club marcado en cada campeonato”.

El freestyle no busca derrotar a un oponente, sino conquistar al público con cada giro, cada salto y cada golpe de ritmo. Es una modalidad que, más allá de la técnica, invita a expresarse, a reinventar el arte marcial y a mostrar que en el taekwondo también hay espacio para la creatividad y la emoción. En cada presentación, estos atletas no solo compiten: cuentan una historia, dejan huella y demuestran que el tatami también puede ser un escenario para el arte.


 ¿Dónde entrenar? Dirección Contacto
Escuela de Comfandi. Carrera 23 N° 26B-46 El Prado. (602)4859999

Liga Vallecaucana de Taekwondo. Coliseo el Pueblo 3187839085

Polideportivo los Guaduales. Cra. 9 Nte. #71-35

Taekwondo JANGSEUNG carrera 23 #55-29, piso 2 barrio el trebol 3026529290

 “El ritmo de la música siempre ayuda a fortalecer la postura y a darle sentido a cada movimiento”. 

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Selección Colombia: ¿La vitrina de Lezcano?

Nota de la dirección: La siguiente columna representa exclusivamente el pensamiento de su autor.



Pascual Lezcano, un empresario y representante de futbolistas oriundo de Argentina, se ha vuelto célebre por ser el yerno y apoderado de José Néstor Pékerman, timonel de la selección de fútbol de Colombia.


Es tan importante este personajillo, que en el año 2011, cuando comenzaron las negociaciones de la Federación Colombiana con el técnico Pékerman, era Lezcano quien contestaba el teléfono y citaba a los dirigentes colombianos a las reuniones, también fue el que fijó el sueldo del estratega.

Pero la controversia comienza cuando la prensa se dio cuenta de que él representa a varios futbolistas que son llamados a la Selección, por nombrar algunos, Camilo Vargas, Carlos Sánchez, Carlos Carbonero y Juan Fernando Quintero. Estos dos últimos fueron vendidos a Europa después de su convocatoria; posterior a la venta, no volvieron a ser llamados a vestir la amarilla, azul y rojo.
Dicen las malas lenguas que su representado favorito es Estefan Medina, futbolista que no ha dado pie con bola en la selección y es infaltable en las convocatorias. Tanto es el poder de Lezcano que viaja a todo lado acreditado con el combinado patrio y vuela en el chárter con los dirigentes. Llama a ruedas de prensa, decide qué medios entran y cuales no; es más, el elige a los futbolistas que atienden a los periodistas.


Queda todavía bastante para llegar a Rusia y Colombia puede ir, siempre y cuando llamen a los jugadores que son, no andar poniendo por vender, pues es el equipo de todo un país, no un ‘negocito familiar’ de dos argentinos.

 

Francesco Zucconi 

  @ChescoZucco

NIÑO DE ORO: EN EL FONDO ES GRANDE

Oro en el pelo, adrenalina en la sangre, alergia al miedo y valentía de hombre.


Por: VJ
@VictorJuliam

José Fernando Mina hace honor a su apellido; es un tesoro que se halla en el fondo, pero no de la tierra sino del agua. Es clavadista.
Tiene siete años, ocho medallas y un sin cuenta de sueños que consigue en las aguas. Volando y nadando, sabe pilotear los vientos, tiempos y clavados. Desde sus tres primaveras, cuando acompañaba a su hermano a entrenar, el niño de cabeza dorada fue relacionado con la tabla.

Después de ganar Oro en Medellín, manifestó su inocencia argumentando que quería una medalla de bronce porque sólo esa le faltaba en su pequeño museo. 

Mientras otros probaban la chupeta, él se tiraba de cabeza a la pileta. “Los compañeros del hermano jugaban con el niño en la piscina, poniéndolo contento, pues le fascinaban el agua y el recreo, era una piquiña. Así empezó”: José Mina, padre del menor.

Ese fue el comienzo de una pequeña pero enriquecedora historia. Pues desde que entrena, ha conocido ciudad por año: Pereira, Medellín, Ibagué, Bogotá, y no contento con ello, su impulso lo llevó a representar a su patria en Monterrey, México.

Dichos logros no son gratis, en su día normal tiene una disciplina descomunal; después de cumplir sus labores académicas, duerme un rato para cargar la pila que lo pone Duracell, como un conejo saltando en su querida tabla.

Al padre no le da miedo cuando clava, su única preocupación es que lo haga bien

Su entrenamiento es de cuatro horas. Dos de ellas las dedica al acondicionamiento físico con diversos ejercicios que perfeccionan su flexibilidad y resistencia; en el otro par sale a su recreo, salta, goza y clava entrenando pero más disfrutando.

Le gustan los videojuegos, pero gracias a sus padres les da un buen uso, pues solo tiene acceso a ellos los fines de semana. Es clave en su formación, hay disciplina dentro y fuera de las aguas.
No se peina, no le gustan las fotos y necesita una medalla de bronce para tener las tres del podio, pero hasta el sol de hoy, le es esquiva.

Como en su profesión, en su vida vuela y aterriza; pues a pesar de sus grandes logros conserva una increíble tranquilidad, prevaleciendo en él la humildad, su más notoria cualidad.
Un niño que desde su gateo desconoció el peligro y desafió su valentía, hoy goza de la victoria y tiene hambre de gloria.