Orlando Sánchez: el hombre que instauró el orgullo afro en Yumbo

Orlando Sánchez: el hombre que instauró el orgullo afro en Yumbo

Obrero, soñador, organizador y maestro comunitario. 

Autor: Jean Carlos Salcedo Murcia

Facultad de Humanidades y Artes

 Durante dos décadas, Orlando Sánchez Lasso ha tejido un liderazgo construido desde la berraquera y la constancia: logró unir a una comunidad dispersa, formar jóvenes líderes, enfrentar amenazas y sembrar un legado que hoy retumba como un tambor en la memoria afro de Yumbo.

“Orlando nos motiva con hechos. Con danza, con canto alabao, con talleres. Nos enseña que participar no es un hobby: es defender quiénes somos”.

Para su hija, María del Pilar Sánchez Holguín, el impacto de su padre se ve en cada espacio cultural y educativo que hoy existe en el municipio: “Él logró que la afrocolombianidad tenga presencia real en Yumbo. Eventos, exposiciones, plazas docentes, espacios educativos… donde va, su compromiso se reconoce”. Y la palabra “compromiso” no es menor: describe una vocación que no desaparece cuando los reflectores se apagan.

Desde la administración municipal, María Yohana Salcedo confirma que la visión de Orlando transformó la relación entre el Estado local y la comunidad afro. “Antes había poca participación”, asegura. “Ahora la gente se siente incluida. AfroYumbo ha crecido con los proyectos que él impulsa. Su liderazgo es visible”.

Pero Orlando no se entiende a sí mismo solo desde el rol público. También habla desde la identidad. “Ser afro es algo que se lleva en la sangre”, afirma. “Uno oye un tambor y el cuerpo responde solo”. En su voz hay orgullo, pero también reivindicación política. La identidad, para él, es un territorio que se defiende tanto como la tierra. Es piel, es memoria, es historia, es dignidad.

Yumbo, con sus más de 108.000 habitantes y un 3,3 % de población afro reconocida, es un municipio industrial donde las luchas raciales han sido silenciosas, quizá demasiado. En el Valle del Cauca, la exclusión racial sigue siendo estructural. Por eso la lucha de Orlando no es un capítulo aislado sino una pieza de una batalla más amplia. Es también un recordatorio de por qué su trabajo importa.

Cuando se le pregunta por una palabra que resuma su historia, no duda: “Berraquera”. Y luego añade, casi con la misma fuerza: “Constancia”. Ambas palabras forman la columna vertebral de todo lo que ha hecho: resistir, persistir, insistir.

Al caer la tarde, cuando el sonido de la brisa y la marimba se mezclan con las voces del barrio, Orlando suele sentarse frente a su casa. Mira pasar la gente, responde saludos, escucha a quien se acerca con una consulta. No parece un líder histórico, ni un fundador, ni un símbolo. Parece un hombre común. Y quizá allí radica su fuerza: la grandeza sin tanto alarde.

En Yumbo, cuando el tambor suena, siempre hay un hilo invisible que conduce hacia él. Orlando Sánchez Lasso no solo creó una organización: organizó una identidad. Construyó un nosotros. Su legado vibra en cada taller, en cada consejo comunitario, en cada joven que estudia porque él insistió. Es un legado que no se impone: se escucha. Como los tambores. Como la memoria. Como un corazón colectivo que late al mismo ritmo.

 

Un ritmo que él ayudó a despertar. Y que, gracias a él, ya no volverá a silenciarse.

 Él logró que la afrocolombianidad tenga presencia real en Yumbo. Eventos, exposiciones, plazas docentes, espacios educativos… donde va, su compromiso se reconoce”. 

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AL CALOR DEL CHOCOLATE CALIENTE… “ELLAS CUENTAN “…

AL CALOR DEL CHOCOLATE CALIENTE…
“ELLAS CUENTAN

 ¡Chocolate Caliente nos llamaremos y un festival pa’ que las mujeres cuenten nos inventaremos!

Por: Cindy Milena Posada Montoya

Facultad de Humanidades y Artes

El encuentro de narradoras orales “Ellas cuentan”que a marzo de 2026 celebra su vigésima séptima versión, nace de la mirada soñadora de tres mujeres muy jóvenes que, en el año de 1999, se reunían en la casa de una de ellas a tomar chocolate caliente. Ese aroma dulce, aromático y travieso, alentó la valentía en el corazón de Linda Gallo Bedoya, una extrovertida, sonriente y desparpajada estudiante de Derecho, en quien en realidad habitaba una talentosa y creativa artista escénica. De Angeya Valencia, también estudiante de Derecho reflexiva y sobria, con el porte y elegancia que distinguen a las mujeres afro, en quién habitaban los cuentos de su abuela con el acento y el ritmo de la costa pacífica; y yo, Cindy Milena Posada Montoya una estudiante de Artes Plásticas que intentaba ponerle un rumbo a mi latente sensibilidad creativa entre las imágenes y las palabras. 

Chocolate Caliente fue el nombre con el que bautizamos este colectivo una mañana lluviosa, en la que se nos ocurrió la fantástica idea de reunirnos para cambiar de ambiente en la colina de San Antonio…

De allí compartimos esta idea con Claudia Patricia Domínguez Tejada y Jorge Eliecer Olaya Garcerá, quienes lideraban el Encuentro de Narración Oral Escénica ¡Unicuento! de la Universidad Santiago de Cali, en el que habíamos hecho nuestros primeros pinitos como narradoras orales. Ellos se enamoraron de la idea y fuimos cómplices y coequiperos. Linda lideraba la gestión; Angela y yo aprendiendo en el camino, buscando patrocinios y conexiones. Conocimos gente bonita que la apostaba a la cultura, personajes como Felipe Payan y su café Tertuliao, espacio que sirvió de escenario para mujeres maravillosas que llegaron de la sierra nevada de Santa Marta con su tradición oral indígena; mujeres legendarias del Pacifico con sus historias de valentía, resiliencia y una tradición llena de picardía y gozadera. 

También otras jóvenes citadinas, como nosotras, que se la jugaban con valor en un entorno que, como muchos, estaba conquistado por los hombres, desde donde hubo contradicción entre el apoyo y la admiración por la iniciativa, pero también la incredulidad frente a nuestra capacidad de sacar el encuentro adelante. Sin embargo, el universo nos respaldó generosamente, logrando traer a nuestro encuentro, en sus primeras versiones, invitadas internacionales de Cuba y de España.  

Convirtiéndose en un encuentro poderoso alrededor de la palabra, esta vez narrado en clave femenina, que ha venido compartiendo a lo largo de estas múltiples versiones las miradas que las mujeres hemos tejido acerca de nosotras mismas, de nuestros territorios y de la vida. Por esta palabra alrededor del fuego creador femenino, ¡¡¡ larga vida al Encuentro de Narradoras Orales Escénicas “Ellas Cuentan”!!! 

El evento iniciará el martes 10 de marzo a las 4:30 p.m. en la Plazoleta de Los Sabios de la sede Pampalinda con la inauguración “Todas Cuentan”. Durante los días siguientes se desarrollarán actividades en diferentes espacios como bibliotecas de la Red de Bibliotecas Públicas de Cali, el Jardín Infantil Santiaguitos y escenarios de la universidad, con conversatorios a cargo de sabedoras como Emilia Eneyda Valencia Murrain, Marlene Tello Granja, Mary Grueso Romero y María Eugenia Solís, además de un homenaje especial a Mary Grueso Romero. También habrá presentaciones en el Teatro T-Usaca, encuentros de narración oral con invitados nacionales e internacionales, actividades culturales en Jamundí como Las Noches de Griot, y espacios dirigidos a público infantil. La programación finalizará el sábado 14 de marzo a las 11:00 a.m. con una función infantil de la Escuela Sabatina en el Teatro T-Usaca de la Universidad Santiago de Cali. Todas las actividades tienen entrada libre.

“Todo comenzó con tres mujeres jóvenes, tres tazas de chocolate caliente y una idea que parecía pequeña, pero que estaba llena de valentía”

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Freestyle: El arte marcial que rompe el molde del taekwondo

Freestyle: El arte marcial que rompe
el molde del taekwondo

El freestyle fusiona taekwondo, música y acrobacia en una expresión artística y técnica sin combate directo.

Por: Lizeth Dayana Rojas Valencia y Marycarmen Oliveros Villalobos

Facultad de Humanidades y Artes

Cuando alguien escucha taekwondo, imagina dos atletas enfrentados en combate, intercambiando patadas rápidas para sumar puntos, esa sería la imagen tradicional y más conocida. Sin embargo, existe una modalidad que rompe este esquema: el freestyle, aquí no hay rivales directos, sino un escenario donde el atleta mezcla patadas, acrobacias y música, transformando el tatami en un verdadero espectáculo deportivo y artístico.

“Los atletas entrenan tres veces por semana poomsae y complementan con sesiones enfocadas en habilidades específicas como las patadas con giro”.

Para comprender mejor esta disciplina, es clave entender el poomsae, una de las modalidades tradicionales del taekwondo. El poomsae, es una secuencia predeterminada de movimientos y técnicas que representan una situación de combate imaginaria, donde se ponen en práctica defensa, ataque y desplazamiento.

El freestyle nace de esa base, pero introduce un cambio, por eso la Institución Nacional de Taekwondo, lo define como “la evolución creativa del poomsae. Los atletas crean secuencias propias que incluyen música, acrobacias y movimientos espectaculares. Aquí se combina el arte marcial con la expresión artística y la gimnasia, en un formato dinámico y visualmente impactante”.

En el freestyle, la creatividad es un pilar esencial. Los deportistas deben diseñar coreografías únicas, sincronizar sus movimientos con la música y lograr conexión con el público. Nirley Valdelamar Pertuz cinturón negro 1°, afirma: “la creatividad y la expresión corporal son el alma del freestyle; son más llamativas aquellas rutinas que logran concretar con el espectador que las que solo se enfocan en la técnica”.

El entrenamiento detrás de cada disciplina exige constancia, Duvan Maestra Cinturón negro 1°, explica, “Implica desarrollar una condición física completa, fuerza, flexibilidad y resistencia, perfeccionar la técnica de los movimientos como los giros, saltos, patadas y trabajar la creatividad para diseñar y ensayar una rutina que cumpla con las reglas del torneo, buscando la fluidez y dificultad en la ejecución”.

De acuerdo con la Federación Mundial de Taekwondo (WT), establece en su reglamento, la duración estándar entre 60-70 segundos, cada presentación, la puntuación total es 10 puntos, divididos, entre, las habilidades técnicas, nivel de dificultad, precisión y presentación, la actuación debe incluir técnica en 60% de piernas y 40% en brazos.

Stiven Mejía, cinturón negro 1°, explica, “es una categoría que tiene la poomsae, pero no está predeterminada. Se trata de una coreografía libre donde se califican cinco habilidades: patadas en salto, patadas múltiples, giros, combinaciones de combate, entre siete y diez técnicas, y finalmente acrobacias como mortales con pateo”.

Aunque el freestyle despierta admiración, no todos los taekwondista lo practican. Juan Felipe Martínez Mejía, cinturón azul y deportista de combate, aporta una mirada distinta,

“Son disciplinas completamente diferentes, aunque comparten técnicas. El combate está más desarrollado, incluso es olímpico, mientras que el freestyle aún no tiene ese alcance. Sin embargo, creo que aporta visibilidad y reconocimiento adicional al taekwondo porque va más allá de lo común”.

Para él, la principal diferencia radica en que el combate es impredecible y obliga a pensar estrategias en tiempo real, mientras que el freestyle sigue una rutina ya diseñada. Aun así, reconoce que ambas modalidades pueden convivir y complementarse en el crecimiento del taekwondo colombiano.

Esa mirada desde el combate se enriquece al escuchar a quienes vivieron el freestyle en carne propia. Uno de ellos es Felipe Galarza, cinturón rojo, quien entrenó en el polideportivo Los Guaduales y recuerda su paso por la modalidad,

“Es una parte donde usted muestra qué tan creativo y expresivo puede ser, sin lastimar a nadie. Además, fortalece la concentración del cuerpo y la mente”.

Para él, el freestyle exige no solo flexibilidad, fuerza y concentración, sino también una preparación meticulosa, estiramientos, memorización de movimientos, repetición constante y un uso estratégico de la música. “El ritmo de la música siempre ayuda a fortalecer la postura y a darle sentido a cada movimiento”, asegura.

Felipe reconoce que competir en esta modalidad nunca fue sencillo: “Las patadas y los puños deben ser muy exactos y en la altura precisa, de lo contrario la calificación baja. Además, siempre sientes la tensión de estar frente a otros competidores muy preparados”. Señala que entre los mayores retos que enfrentó, está la exigencia física, alcanzar la altura ideal en las patadas y la presión emocional al no lograr un movimiento correcto. Pese a ello, afirma que el freestyle le dejó enseñanzas valiosas sobre disciplina, expresión corporal y creatividad en el deporte.

Cómo todo deporte, a cada deportista le deja miles de vivencias y el freestyle no se queda atrás, Sebastián Mogrovejo, cinturón rojo, que practica desde los 8 años le ha permitido aprender acrobacias y vivir experiencias únicas, “Lo chévere es ver cómo todos te observan y logras impresionarlos con tus acrobacias. Lo más importante es darla toda y salir con la moral en alto, dejar el nombre de tu club marcado en cada campeonato”.

El freestyle no busca derrotar a un oponente, sino conquistar al público con cada giro, cada salto y cada golpe de ritmo. Es una modalidad que, más allá de la técnica, invita a expresarse, a reinventar el arte marcial y a mostrar que en el taekwondo también hay espacio para la creatividad y la emoción. En cada presentación, estos atletas no solo compiten: cuentan una historia, dejan huella y demuestran que el tatami también puede ser un escenario para el arte.


 ¿Dónde entrenar? Dirección Contacto
Escuela de Comfandi. Carrera 23 N° 26B-46 El Prado. (602)4859999

Liga Vallecaucana de Taekwondo. Coliseo el Pueblo 3187839085

Polideportivo los Guaduales. Cra. 9 Nte. #71-35

Taekwondo JANGSEUNG carrera 23 #55-29, piso 2 barrio el trebol 3026529290

 “El ritmo de la música siempre ayuda a fortalecer la postura y a darle sentido a cada movimiento”. 

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‘Happy’ Lora a 40 años del nocaut legendario: “Lo hice bien, gracias a Dios”

‘Happy’ Lora a 40 años del nocaut legendario: “Lo hice bien, gracias a Dios”

40 años después de noquear a Zaragoza, con sombrero vueltiao y “María Varilla”, Happy Lora entrena, guía jóvenes, cuida su familia, ignora críticas y vive feliz en su tierra.

Autora: Marycarmen Oliveros V.

Facultad de Humanidades y Artes

Hoy, al escuchar apenas el primer soplo de gaita, el boxeador Miguel ‘Happy’ Lora revive con nostalgia y orgullo aquel momento en el que el destino lo esperaba en el cuadrilátero. “No cambiaría nada —dice con firmeza—. Lo hice bien. Si no hubiese sido así, no habría ganado el título. Gracias a Dios, le gané el Campeonato Mundial a Zaragoza de México, lo derribé tres veces… y lo hice muy bien”.

“Lora me encomendó una misión insólita: conseguir el porro ‘María Varilla’ y llevarlo en un casete para que sonara justo en el instante de su salida al combate, encontrar esa melodía fue una odisea. Pero lo hice porque aquella entrada debía ser tan grande como el sueño que lo acompañaba

Hoy 40 años después de aquella pelea, Lora sigue su vida cerca del ring, aconsejando a nuevas promesas, ayudando en pequeños entrenamientos y cuidando como siempre a su familia.

A Miguel le gusta estar siempre activo y tener la mente ocupada y por eso tiene un pequeño gimnasio en su casa, en donde todas las mañanas entrena, luego de correr por las calles de Montería y recordar por qué se quedó ahí. Lora mira la edad como un simple número y que la mejor medicina para el paso del tiempo es hacer aquello que más nos gusta.

El 9 de agosto de 1985, “Happy Lora”, se consolidaba como el mejor boxeador peso gallo en el mundo. Desde pequeño Miguel sabía lo que quería, hacer historia, pero jamás imagino que no únicamente hizo historia, sino que también llevó un poco de él al mundo.

Desde su entrada Miguel quería dejar en claro de dónde venía, “cuando tenía 15 años yo siempre les decía a mis amigos, que el día que yo fuera a pelear por un título mundial, subiría con el sombrero vueltiao y pondría a sonar el porro ‘María varilla’ – considerado el himno de los cordobeses -para dar a conocer a Montería, que Montería no lo conoce nadie”. Y lo cumplió

Para el actual empresario, su esposa, sus tres hijos, sus dos nietas y el resto de su familia han sido siempre pilares fundamentales en su vida; son la fuerza que lo sostiene y aquello por lo que estaría dispuesto a luchar hasta el final.

“Yo siempre les hablo a mis hijos, a mis nietos y a mi familia de disciplina y el respeto hacia los demás, servirle al prójimo, darle buenos ejemplos”, agrega Miguel. Lora, siempre ha tenido claro que un pilar fundamental para él es su familia y que, sin ella, no tendría la misma fuerza que tiene.

Para Héctor Lora, su hermano, Miguel era mucho más: “Fue mi papá, fue mi padre porque nuestro padre nos abandonó cuando yo tenía 3 meses y él tenía por ahí como 12 años y tomó las riendas de la casa, de mi madre y de mis otros hermanos y fue mi papá, hoy en día es un gran hermano”.

Pero su familia sanguínea, no es la única que a Lora le ha dado fuerza, sino también la familia que construyó durante su carrera, como los periodistas deportivos que, desde su primera pelea, confiaron en él y no dudaron del gran talento del monteriano.

Eugenio Baena, periodista deportivo de Cartagena, quien falleció el 8 de agosto de este año, siempre estuvo para Miguel, desde sus inicios, sus derrotas y triunfos más grandes en la vida. Su amistad, se convirtió en compadrería, cuando la hija de Baena nació (Cecilia ‘La chechi’ Baena- patinadora colombiana) y fue el padre de la pequeña quien le pidió que bautizara a la pequeña, convirtiendo a Lora y Baena en grandes compadres.

Este gran dúo, fue inseparable durante muchos años, juntos asistían a homenajes, reuniones o competencias, una amistad, hermandad que duraría para toda la vida. Lamentablemente a esta amistad el destino le tenía otros planes.

Miguel y Eugenio se encontrarían en un homenaje donde se iba a conmemorar a Miguel, por los 40 años del título mundial de boxeo. El homenaje se llevaría a cabo en Barranquilla, donde los amigos habían pactado encontrarse en el lugar, “Tú eres mi representante, cuadra todo para estar ahí”, fue lo último que el periodista le dijo al boxeador. Pero una complicación repentina le impediría llegar.

La triste noticia se tenía que dar y ninguno de los asistentes tenía el valor para darla, fue uno de sus allegados quien tuvo que dar tan lamentable noticia. “No joda, no me digas eso” respondía Lora en medio del llanto. La vida le había arrebatado a su fiel amigo y compañero, justamente un día tan importante para el boxeador.

Otro round fuerte que le tocó enfrentar a Miguel en la vida, fueron las duras críticas recibidas en redes sociales, durante el año 2023, pues el boxeador se unió a la campaña política de Natalia López Fuentes, candidata a la alcaldía de Montería.

Cometarios como, “Happy es un bulto de sal”, “Lástima que Happy nos muestre su ignorancia así”, “Él solo aparece cuando le pagan” entre muchos más. Pero esto a Happy Lora, no lo hizo ceder ni caer ante comentarios mal intencionados; con su característico moviendo de cintura logro esquivarlos, como aquellos golpes en Miami.

Muchos creen que el boxeador por haber ganado hace 40 años, su público abarca únicamente a personas de 40 o más años, pero Daniel Franco, un joven boxeador, lo ve como una inspiración para él, “hace ver que sí es posible lograr las cosas, aunque se surja de lo más bajo”.

Héctor Sarriga, entrenador de boxeo de la liga del Valle y exboxeador, con más de 60 años en el mundo de boxeo, ve a Miguel como alguien que le dejó mucho al boxeo colombiano, “él es un buen ejemplo porque ha sido una persona muy sana, es uno de los mejores boxeadores que ha tenido Colombia, él no es como Pambelé, ese sí no fue sano, fue descarriado por el trago, muy vagabundo, cosa que Lora no fue.”

“Happy no vive alejado del boxeo como otros boxeadores, que nunca más vuelven a boxeo ni a asomarse por el gimnasio ni nada, él no, él se asoma por los ring y aconseja a los muchachos y todo, sin duda, es un muy buen elemento”, agrega el entrenador Sarriga.

Miguel ha vivido en Miami, Bogotá y Cartagena, pero en todos esos lugares, siempre le ha faltado algo. Para él, Montería, es su lugar seguro, donde se siente libre y agradecido. Víctor Villalobos, habitante de Montería y fan del boxeador agrega, “a Happy se le puede ver caminando por la vía primera bien a gusto, yo me lo he encontrado tantas veces y siempre se le ha visto feliz, le gente se le acerca y le pide fotos y él feliz con el público”.

En Montería el Coliseo Happy Lora se erige como el símbolo más contundente del reconocimiento a un ídolo que trascendió el cuadrilátero. Más que una estructura deportiva, representa la gratitud de una ciudad hacia el hombre que llevó su nombre a los más altos podios del boxeo mundial y que, con disciplina y humildad, convirtió a Montería en sinónimo de grandeza. Este escenario honra no solo los puños que conquistaron el título mundial en 1985, sino la trayectoria íntegra de un deportista que defendió su título y en sus 37 peleas ganadas de las 40 que peleó nunca se desligó de su tierra ni de su gente.

El homenaje que da vida al coliseo reafirma el compromiso de la capital cordobesa con su historia y sus héroes. Allí, donde hoy se forman nuevas generaciones de atletas, late el mismo espíritu de lucha que impulsó a Lora a derribar fronteras y a defender con orgullo el nombre de Montería. Cada espacio del recinto, cada golpe en los entrenamientos recuerda que Miguel “Happy” Lora no solo fue campeón del mundo, sino el reflejo más auténtico de la constancia y la identidad Cordobesa.

hace ver que sí es posible lograr las cosas, aunque se surja de lo más bajo”

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Compañera de Calle: la historia de Diego y Niña 

Compañera de Calle: la historia
de Diego y Niña

Sin techo, pero con compañía. Diego, habitante de calle, ha encontrado en Niña una razón para levantarse cada día. 

Autora: Lizeth Dayana Rojas Valencia

Facultad de Humanidades y Artes

Entre cartones, botellas y miradas indiferentes, Diego y su perrita Niña comparten algo más que la calle, un refugio mutuo contra la soledad. 

En la carrera 36 con calle 5B3, justo frente al Estadio Pascual Guerrero, hay un pequeño local de comidas llamado El Placer del Paladar. En un rincón, bajo la sombra de una de las carpas del local, entre bolsas de reciclaje, Diego Delgado pasa sus días junto a su perrita Niña, una mestiza, pequeña, pelo corto blanco con manchas negras, de ojos dulces que se ha convertido en su familia, su refugio y su razón para seguir. 

Diego tiene 63 años. Habla pausado, con la voz de quien ha aprendido a resistir. 

Logré terminar el bachillerato en el Colegio Santa Librada, pero se me quemó la pieza donde vivía; se me fueron los diplomas del Sena, los papeles, las cositas de niña, todo”, recuerda.

Nació en Buga, pero se crió en Cali, en el barrio Obrero. “Allá aprendí el arte del zapato, guarnecedor, cortador, de todo un poco. Pero la vida cambió y me tocó salir a reciclar para poder comer”. 

Niña llegó a su vida hace años. Diego solía andar con dos perritas la madre de Niña y ella, hasta que hace tres años, en un accidente, un carro atropelló a la madre y la pequeña quedó sola. Desde entonces, los dos no se separan. 

“Ella me calma la soledad. Ya tengo en quién pensar y estar pendiente. Donde yo voy, ella va. No me deja un metro solo”, dice mientras acaricia su lomo con cuidado. 

La rutina de ambos empieza temprano. Diego recoge botellas y cartones por los alrededores del Pascual Guerrero, mientras Niña camina a su lado, vigilándolo.  También ayuda a llevar bolsas o cargar cosas pesadas de los vecinos. Al mediodía, en el Placer del Paladar, Maricel Collazos, la dueña, les guarda un poco de comida. 

Maricel los ve todos los días. A veces con paciencia, otras con exasperación, pero siempre con compasión. “Él es grosero, a veces se altera. Pero yo entiendo, eso es por el consumo. Igual le doy una sopita o un café. La verdad, lo hago más por la perrita. Ese animalito es el ángel de él”, dice. 

Diego comenta, “la dueña del local me guarda los pedazos de carne que quedan de las personas para Niña o nos pasa comida”. Normalmente él come lo que a niña casi no le gusta. 

Y aunque su vida es difícil, él tiene claras sus prioridades. “Primero come ella. Yo me reparto, pero su arroz solo no puede faltarle”. 

Diego inspira ternura, pero Niña abre los corazones. Muchos vecinos piensan igual. “Por ella lo ayudan. Si fuera solo él, de pronto no tanto. Pero como está la perrita, la gente se acerca”, comenta Maricel, quien incluso ha participado en una colecta para ayudarle a comprar un nuevo carrito de reciclaje, luego de que le robaran el anterior. 

Aunque vive en la calle, Diego procura mantener a Niña sana. “La tengo vacunada, desparasitada cada tres meses. En San Bosco hubo una jornada de veterinaria y la llevé. Le hicieron cirugía para que no la cojan los perros en calor. Ella siempre está gordita, más gorda que el dueño”, dice riendo. 

No todos entienden su vínculo. Algunos peatones cuestionan que una persona sin techo tenga mascota. Diego responde sin dudar, “Si no les gusta tener un animal al lado, es mejor que no lo tengan. Pero si uno lo cuida, si lo alimenta, eso es lo que vale. Es una responsabilidad”. 

Maricel lo respalda, aunque con matices. “Las personas dicen que le pega, pero yo no he visto eso. Yo digo que no. Ese animal lo protege, lo humaniza. Si la perra hablara, diría que él es lo único que tiene”. 

Para muchos residentes del sector, como Diego Mauricio Oliveros, lo que se ve entre Diego y Niña va más allá de un simple acompañamiento. “Aquí podemos ver la verdadera definición de una compañía sincera e interesada por parte de ambos. No importa ni el lugar, ni la hora, ni las condiciones. Están juntos, cuidándose mutuamente”, comenta el vecino. 

Esa compañía, que algunos juzgan, para otros representa un ejemplo de lealtad sin condiciones. “A veces tenemos el estigma de que los habitantes de calle no cuidan bien a los animales”, explica Diego Samudio. “Pero no se necesita ser millonario ni tener un doctorado para amar y cuidar. Es tener buen corazón. Yo he visto animales de la calle más cuidados y felices que muchos que viven bajo techo”. 

Desde una perspectiva de la medicina veterinaria, Angeli Sanabria, estudiante de la Universidad Santiago de Cali, reflexiona: “El vínculo entre las personas en situación de calle y sus animales es complejo y diverso. En muchos casos, representa una relación de afecto, compañía y supervivencia compartida, donde ambos se sostienen emocionalmente frente a la exclusión social”. 

Explica que estos animales pueden ser una fuente de estabilidad emocional, ayudando a reducir la ansiedad, la depresión y las crisis emocionales de sus dueños.

Cuando cae la noche y el bullicio del Pascual se apaga, Diego acomoda su “camarote” entre cartones y cobijas. Niña se acurruca a su lado. Él la cubre con un trapo viejo y dice “Ella me calma la soledad, señorita”. 

En esa esquina donde el cemento es cama y el ruido reemplaza al silencio, un hombre y su perra se acompañan sin promesas, solo con presencia. En medio de la indiferencia urbana, el amor de Diego y Niña recuerda que incluso en la calle puede haber ternura, fidelidad y hogar. 

Angeli concluye con una reflexión que resume la esencia de esta historia: “No se trata de idealizar ni de condenar, sino de entender las causas de fondo. Cuando una sociedad falla en garantizar oportunidades, el problema no es el vínculo entre el ser humano y el animal, sino el abandono institucional que los envuelve a ambos”. 

El vínculo entre las personas en situación de calle y sus animales es complejo y diverso. En muchos casos, representa una relación de afecto, compañía y supervivencia compartida, donde ambos se sostienen emocionalmente frente a la exclusión social”

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