Transporte universitario – Cupos

Cupos universitarios: la alternativa de transporte más popular entre los estudiantes en Cali

Desplazamientos compartidos entre estudiantes en Cali se consolidan como una alternativa de transporte que combina el ahorro y la confianza, pero sin garantías formales.

Por: Ana Isabel García Zúñiga

Facultad de Humanidades y Artes

En Cali en los últimos años, los estudiantes universitarios han optado por una alternativa de transporte frente a la crisis del MIO: “Los cupos”, un sistema de desplazamiento compartido entre compañeros que se populariza por ser una solución práctica, económica y cercana, aunque también genera dudas debido a su informalidad y su falta de regulación en seguridad. 

Los cupos funcionan de una manera simple: Un estudiante con carro ofrece espacios en su vehículo para desplazarse desde un lugar cercano hasta la universidad o viceversa a cambio de una tarifa accesible, todo esto se coordina a través de grupos de Whatsapp disponibles dependiendo de la universidad en la que estudien donde se ajustan horarios, puntos de encuentro y por supuesto, precios. 

La fama de esta alternativa responde a los problemas del transporte masivo. El MIO, juzgado por sus demoras y congestiones, junto con los elevados costos de los taxis y aplicaciones de movilidad tales como Uber, Didi, etc., hace que sea imposible de costear a diario para un universitario; esto ha hecho que se impulse una solución propia. Con relación a esto, los cupos se consolidan como una red de apoyo estudiantil que relaja el bolsillo de los jóvenes caleños y facilita su ida a clases y su regreso a casa.

Para algunos estudiantes, la agilidad y el ahorro de este mecanismo ha representado un cambio significativo en su rutina diaria: “El MIO se demora demasiado. En cupo llego más rápido y solo pago $5.000, mucho menos que en moto”, menciona Paula Andrea, estudiante de la Universidad Icesi. De la misma forma, en Univalle, Sebastián Salazar coincide en los beneficios: “Me resulta más económico que un taxi y más rápido que el MIO. Además, viajo sentado, sin tanta congestión y con estudiantes conocidos, lo que me genera mayor confianza”. 

La mayor complicación es coordinar horarios, porque cada estudiante tiene clases en diferentes momentos…

La sensación de seguridad también cumple un rol importante entre los usuarios, al ser estudiantes prestando un servicio a otros estudiantes, esto brinda una estabilidad y confianza al momento de separar cupo en algún vehículo. Valeria, estudiante de la Universidad Santiago de Cali, manifiesta: “Prefiero el cupo porque me siento más segura viajando con personas que también estudian. Es como un “yo te ayudo y tú me ayudas’”. A pesar de ello, reconoce algunas limitaciones que puede tener el servicio: “Me han cancelado a último momento y terminé perdiendo clases porque no me avisaron”.

El beneficio no solo resulta factible para los pasajeros, sino también para algunos estudiantes que conducen y prestan este servicio, les parece una alternativa aceptable.

Diana Giraldo, estudiante de Arquitectura de la Universidad Autónoma, explica que empezó por necesidad: “Debía transportar materiales y maquetas, y en transporte público era muy complicado”. “Mi papá me dio un carro y, con el tiempo, empecé a ofrecer cupos. Al inicio fue por comodidad y después también como una ayuda económica”.

Los beneficios del servicio para Diana son evidentes: “Los cupos me ayudan a cubrir gastos de gasolina y mantenimiento del carro. En lo personal también me da tranquilidad porque no viajo sola e igual siento que les da tranquilidad a los jóvenes”. Sin embargo, resalta que pueden tener algunas dificultades: “La mayor complicación es coordinar horarios, porque cada estudiante tiene clases en diferentes momentos y no siempre coinciden”.

El punto es claro, el servicio funciona como un apoyo entre sí. Santiago Erazo, estudiante de la Universidad San Buenaventura, concuerda: “Es un auxilio económico para el combustible y una forma de ayudar a otros”. Por otro lado, advierte sobre la logística del servicio y la falta de organización que puede ser un obstáculo como conductor: “Se complica recoger a todos porque no siempre viven en la misma ruta y a veces no llegan a tiempo”.

Ambos conductores reconocen que los cupos otorgan beneficios muy atractivos para el ojo humano, pero aún así pueden carecer de garantías. “Es una herramienta que nos proporciona facilidad, pero no existen garantías en caso de algún conflicto o accidente”, puntualiza Diana. 

A pesar de que los estudiantes recalcan que es una opción económica y rápida, también constituye unos riesgos como lo son: conductores impuntuales, falta de regulación y ausencia de seguros. Para algunos podría ser un alivio, pero para otros puede convertirse en un dolor de cabeza. 

Sobre la perspectiva que tienen las autoridades, se intentó contactar con la Secretaría de Movilidad de Cali para conocer su perspectiva frente al tema; sin embargo, al cierre de esta edición no se obtuvo una respuesta. 

El auge de los cupos nos demuestra la creatividad de los estudiantes para poder encontrar una solución a un problema que se volvió rutina en la vida de muchos de ellos; aún así, refleja las limitaciones que puede tener este sistema de transporte informal en Cali. Hoy por hoy, los cupos se han convertido en una alternativa práctica y solidaria para miles de estudiantes. Sin embargo, la falta de reglas claras deja en el aire dudas sobre su seguridad. Lo que nació como una solución entre compañeros ya es un reto para la movilidad universitaria que sigue esperando una respuesta institucional. 

El beneficio no solo resulta factible para los pasajeros, sino también para algunos estudiantes que conducen y prestan este servicio, les parece una alternativa aceptable.

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Una jornada de éxito para el programa de Trabajo Social

Una jornada de éxito para el
programa de Trabajo Social

Durante la visita de pares del CNA, el programa de Trabajo Social reafirmó su compromiso con la calidad eucativa y el sentido humano que caracteriza a la Universidad Santiago de Cali.

Por: Maria José Paz López

Facultad de Humanidades y Artes

El Programa de Trabajo Social de la Universidad Santiago de Cali vivió una jornada de orgullo y reflexión durante la visita de los pares académicos del Consejo Nacional de Acreditación (CNA), en el marco del proceso de Acreditación de Alta Calidad.

Durante tres días, los evaluadores conocieron de cerca la gestión académica, administrativa y humana que caracteriza al programa. La visita incluyó reuniones con docentes, estudiantes, egresados y empleadores, además de recorridos por la infraestructura y los espacios de bienestar.

El trabajo conjunto de profesores, estudiantes y administrativos demostró que somos una comunidad sólida y comprometida…

Una visita que reflejó el espíritu institucional.

Desde su llegada, los pares académicos conocieron de cerca los espacios, estrategias y procesos que respaldan la formación integral en la USC.

Para Luz Elena Barrera, profesora de la Universidad de Antioquia y representante del Ministerio de Educación Nacional, la experiencia permitió evidenciar la coherencia entre el discurso institucional y su práctica cotidiana.

“Nos encontramos con una universidad moderna, acogedora, que piensa en las personas. La infraestructura, los apoyos económicos y las estrategias de bienestar reflejan una preocupación genuina por formar seres humanos felices, y eso se nota en el ambiente de la comunidad”, destacó.

Su valoración coincidió con la percepción general de los visitantes: una universidad que crece desde el bienestar, la inclusión y el compromiso académico.

La fuerza de una comunidad académica

Para Adriana Velandia García, directora del programa, la visita fue el resultado de un proceso largo y colectivo, en el que cada integrante tuvo un papel clave.

“Nos preparamos durante meses, no solo con simulacros y autoevaluaciones, sino fortaleciendo la conciencia de que la calidad se construye día a día. Este proceso no se cierra con la visita, sino que nos impulsa a seguir creciendo”, afirmó.

Velandia señaló que las pares destacaron la articulación entre bienestar, currículo e infraestructura, además de la sensibilidad social que se percibe en cada nivel del programa. “Esa capacidad de reconocer al otro y actuar desde la empatía en parte de nuestra esencia y una de nuestras mayores fortalezas”, añadió.

El docente Héctor Cuevas Arenas, profesor de tiempo completo y doctor en Historia, quien ha acompañado la evolución el programa desde la Faculta de Humanidades y Artes, coincidió en que esta experiencia permitió visibilizar el esfuerzo compartido.

“Una acreditación es un ejercicio de responsabilidad colectiva. Nos obliga a revisar lo que hacemos y a demostrar que la calidad se construye con cada acción, desde el aula hasta la gestión administrativa”, comentó. 

Compromiso y proyección desde la Facultad

La decana Diana Marcela Riascos resaltó que este proceso ratifica el liderazgo de la facultad y consolida su compromiso con la excelencia.

“Fue un proceso excepcional. El trabajo conjunto de profesores, estudiantes y administrativos demostró que somos una comunidad sólida y comprometida. Con esta acreditación, estaríamos sumando tres programas con alta calidad, lo que posiciona aún más a nuestra facultad”, expresó.

Para la decana, la Acreditación no solo reconoce los logros alcanzados, sino que impulsa nuevos retos: continuar el plan de fortalecimiento y garantizar que la calidad siga siendo una práctica constante. 

Los estudiantes, protagonistas del proceso

Entre las voces más entusiastas estuvo la de Juliana Hoyo Lozada, estudiante de sexto semestre, quien vivió la visita como una experiencia inspiradora.

“Fue genial ver cómo todos nos unimos -estudiantes, docentes y directivos- por un mismo objetivo. Este proceso reflejó lo que somos como trabajo social: comunidad, empatía y transformación”, compartió.

Juliana resaltó la importancia de que los estudiantes se apropien del proceso y comprendan su impacto.

“Acreditarse en alta calidad no es solo un logro administrativo; es el reconocimiento al esfuerzo de todos a la vocación social que tenemos como futuros trabajadores sociales.” 

El proceso de Acreditación de Alta Calidad del programa Trabajo Social reafirma el compromiso de la Universidad Santiago de Cali con la formación integral, la excelencia académica y transformación social. Una meta que se construye colectivamente, con vocación, empatía y sentido humano.

La infraestructura, los apoyos económicos y las estrategias de bienestar reflejan una preocupación genuina por formar seres humanos felices.

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El Cine Sordo toma fuerza en Cali

El Cine Sordo toma fuerza en Cali: inclusión, arte y cultura desde la Universidad Santiago de Cali

Por: Maria José Paz López

Facultad de Humanidades y Artes

El cine no solo es imagen y sonido; también es lenguaje, identidad y encuentro. Con esa premisa, la Universidad Santiago de Cali fue sede del Festival Colombiano de Cine Sordo (FECISOR), un evento que celebra la diversidad y promueve la inclusión de la comunidad sorda en el ámbito audiovisual. En su segunda edición, el festival se consolida como un referente en el país, reuniendo invitados nacionales e internacionales, instituciones académicas, entidades culturales y representantes del Instituto Nacional para Sordos (INSOR).

El docente e investigador Sandro Buitrago, de la Facultad de Humanidades y Artes, participó activamente en la jornada y compartió su experiencia desde la academia, donde ha impulsado proyectos y líneas de investigación sobre la enseñanza del cine a personas sordas.

“Es muy importante que la Universidad se vincule con este tipo de iniciativas, porque la academia puede lograr unificar los diferentes espacios donde la comunidad sorda se mueve y se atreve un giro hacia la enseñanza y la formación formal en cine”, explicó Buitrago.

Hay muchos creadores que vienen trabajando, pero estos espacios son los que les da visibilidad y la posibilidad de formarse...

El docente, quien actualmente adelanta su tesis doctoral sobre la enseñanza del cine a personas sordas, destacó que el festival no solo busca visibilizar las producciones realizadas por la comunidad sorda, sino también crear oportunidades de participación y diálogo entre personas oyentes y sordas.

“El objetivo es lograr que se reconozca la participación de las personas sordas en el sector audiovisual. Hay muchos creadores que vienen trabajando, pero estos espacios son los que les da visibilidad y la posibilidad de formarse y compartir con otros profesionales”, añadió.

Durante el evento se presentaron producciones que abordaron temáticas cotidianas, historias de ficción y piezas de humor, alejándose de las narrativas centradas en la discapacidad o la victimización.

“Lo más interesante es que las películas no se muestran desde la lástima, sino desde la creatividad, la comedia y la vida misma. Es cine hecho por personas sordas, pero pensado para todos los públicos”, afirmó Buitrago.

Más allá de las proyecciones, el festival abrió un espacio para el debate sobre los derechos culturales, la accesibilidad, la educación y el reconocimiento de la “cultura sorda”, un concepto que trasciende la discapacidad auditiva para afirmar una identidad colectiva construida a partir del uso de la lengua de señas y el sentido de comunidad.

“El cine sordo nos permite conocer otra forma de ver el mundo. Ser sordo no es solo una condición médica, sino pertenecer a una comunidad por su propia cultura, valores y modos de comunicación”, expresó el docente.

El FECISOR, que este año se desarrolla también en otros escenarios de la ciudad, ha contado con el respaldo de diversas organizaciones y colectivos que promueven la inclusión desde el arte. Para la Universidad Santiago de Cali, su participación reafirma el compromiso institucional con la diversidad, la equidad y la construcción de una sociedad más accesible e inclusiva.

“El cine sordo es una forma de comprender la vida desde otros puntos de vista. En Cali hay una comunidad sorda muy activa, y estos espacios nos permiten conocernos, reconocernos y valorar la diferencia”, concluyó Buitrago.

Con iniciativas como el Festival Colombiano de Cine Sordo, la Universidad Santiago de Cali continúa fortaleciendo su compromiso con la cultura, la inclusión y el pensamiento humanista.

El objetivo es lograr que se reconozca la participación de las personas sordas en el sector audiovisual.

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Del silencio a la resiliencia

Del silencio a la resiliencia: una mirada internacional sobre la trata de personas

Por: Maria José Paz López

Facultad de Humanidades y Artes

En el marco del conversatorio “Del silencio a la resiliencia”, realizado en la Universidad Santiago de Cali, la educadora social española Almudena, voluntariada de la Fundación Empodérame, compartió su experiencia en la lucha contra la trata de personas y la explotación sexual, a partir de un análisis comparativo entre Colombia y España.

“Para mí fue una oportunidad muy valiosa ofrecer mi experiencia y mostrar la conexión tan fuerte que existe entre ambos países frente a esta problemática”, expresó la ponente.

Estos encuentros preparan a los futuros profesionales…

Durante la conversación, Almudena resaltó que, aunque España cuenta con más recursos y legislación específica, la desprotección hacia las víctimas persiste en ambos contextos.

“Los recursos existen, pero muchas veces no llegan a quienes realmente los necesitan. Es un problema compartido que requiere compromiso y acción real”, afirmó.

Así mismo, destacó la importancia de los espacios académicos y de diálogo para sensibilizar a la comunidad universitaria sobre esta realidad.

“Estos encuentros preparan a los futuros profesionales para actuar con conocimiento y humanidad. Es fundamental que desde la universidad se conozca la realidad de las víctimas”, agregó.

Finalmente, dejó un mensaje esperanzador para las mujeres y niñas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad: 

“Hay que creer en nosotras, confiar y crear comunidad. La sororidad es clave para salir adelante y construir una vida diferente.”

La Universidad Santiago de Cali, desde su compromiso con los derechos humanos y la formación integral, continúa promoviendo espacios de reflexión que fortalezcan la resiliencia, la equidad y la justicia social.

Los recursos existen, pero muchas veces no llegan a quienes realmente los necesitan”.

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Después de Petronio

¿Qué pasa con los grupos musicales después del Festival Petronio Álvarez?

Cada agosto, el Festival Petronio Álvarez convierte a Cali en el epicentro de las músicas del Pacífico. Tras los aplausos y la algarabía, los grupos que suben al escenario enfrentan un nuevo desafío: transformar la visibilidad en oportunidades reales para seguir creciendo y mantener vivas sus tradiciones.  

Por: Daniela Hurtado Montaño

Facultad de Humanidades y Artes

El Festival Petronio Álvarez, realizado cada agosto en la ciudad de Cali, reúne a decenas de grupos musicales del Pacífico colombiano que buscan visibilizar sus sonidos tradicionales frente a un público masivo. Sin embargo, una vez terminan las presentaciones y se apagan los reflectores, los artistas quedan con la pregunta de qué sucede después del concurso: si su participación se traduce en nuevas oportunidades o si todo se limita a los días de la celebración.

“El Petronio Álvarez ha sido una vitrina importante porque permitió a Remolinos de Ovejas ganar visibilidad en Cali, en Bogotá y en su propio municipio”, explica Johanny Mina, integrante de Remolinos de Ovejas. Esa visibilidad, cuenta, también motivó la creación de nuevas agrupaciones juveniles como Uramba y Juventud Ancestral. No obstante, advierte que el nivel actual del festival ha elevado las exigencias y que lo tradicional corre el riesgo de quedar rezagado frente a las escuelas de música.

El festival también es visto como un escenario de proyección internacional. En esa línea, Jhojan Andrés Olave, artista y director del Ensamble de Músicas del Norte del Cauca, sostiene que “detrás de cada agrupación que pisa una tarima del Pacífico queda la ilusión de que el Petronio Álvarez no sea solo un concurso, sino la puerta hacia nuevos horizontes. Las gestiones del festival han permitido que algunos viajen a escenarios internacionales en Brasil, Estados Unidos o África”.

Para algunos grupos, el paso por el Petronio Álvarez deja más dudas que certezas...

Para algunos grupos, el impacto del Petronio se traduce en oportunidades inmediatas. Faber Urrestre, director de la agrupación Arrullando, lo resume así: “Las llamadas empiezan a llegar, los integrantes son buscados por otras agrupaciones y las oportunidades se multiplican más allá de lo esperado”. Su visión coincide con quienes ven al festival como un trampolín que, más que un concurso, transforma la trayectoria de los artistas.

La otra cara de la moneda resulta menos alentadora. Para algunas agrupaciones, el proceso no tiene continuidad: tras el festival deben regresar a sus rutinas y buscar estrategias independientes para sostenerse hasta la siguiente edición. “En nuestro caso, son las ventas de tamales, las rifas y otras actividades comunitarias las que nos ayudan a respaldar los gastos y llegar a las zonales o al mismo festival”, explica Brenda Sevillano, artista del grupo Cantoras de Manato en Villarrica, Cauca.

A esto se suma que pocas veces se reconoce que son las mayoras quienes viajan desde lejos para visibilizar sus tradiciones, pero muchas veces el trato que reciben no corresponde al valor de lo que representan.

Testimonio de costos y valores, la gente que se queja que es caro

Para algunos grupos, el paso por el Petronio Álvarez deja más dudas que certezas. La visibilidad aumenta un poco, sobre todo en redes sociales y en la difusión del trabajo, pero el apoyo real sigue siendo limitado.

Desde otra perspectiva, Cristian Álvarez, integrante del grupo Dejando Huellas, señala que el festival les permitió obtener cierta visibilidad en medios y redes sociales, lo que facilitó un mayor reconocimiento del público. Sin embargo, como él mismo advierte, “ganamos presencia en algunos medios y el público nos ubicó más, pero proyectos como grabaciones aún no se han concretado y todo queda en veremos”.

Las experiencias de los músicos muestran que el Petronio Álvarez no significa lo mismo para todos. Mientras unos encuentran allí una vitrina que les abre puertas hacia otros escenarios, mayor difusión y nuevas oportunidades, otros sienten que todo termina con los aplausos y que después deben sostenerse por sus propios medios.  

En medio de esas visiones, también hay un esfuerzo institucional: la Secretaría de Cultura organiza videoconferencias con los directores de las agrupaciones antes y después de cada versión, para escuchar inquietudes y recoger propuestas. Aun así, persiste la percepción de que esas conversaciones no siempre se traducen en acciones concretas que fortalezcan el camino de los grupos.

El Festival Petronio Álvarez es hoy el escenario más importante para las músicas del Pacífico. Para algunos artistas se convierte en la posibilidad de abrir puertas y ganar proyección, mientras que para otros la experiencia se limita a los días del concurso. En cualquier caso, cada edición refleja el esfuerzo de quienes luchan por mantener vivas sus tradiciones y la necesidad de seguir construyendo apoyos que permitan que esa riqueza cultural perdure más allá de la tarima.

La visibilidad aumenta un poco, sobre todo en redes sociales y en la difusión del trabajo, pero el apoyo real sigue siendo limitado”.

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Día del Trabajador Social.

Día del Trabajador Social.

El Trabajo Social, una vocación en todo sentidoUna profesión busca impactar a las familias, reconociendo que es en ellas donde se forman los ciudadanos que harán parte de la sociedadEl 17 de marzo se conmemora en muchos países el Día del Trabajador Social, en...

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