Un Viaje de Adaptación y Sueños desde el Deportivo Cali a La Equidad

Un Viaje de Adaptación y Sueños desde el Deportivo Cali a La Equidad

Juan Carlos, un joven futbolista que pasó del Deportivo Cali a La Equidad, comparte los desafíos de su transición.

Por: Anderson Jara

Facultad de Humanidades y Artes

Juan Carlos Grisales, nacido en 2006 en el barrio Mariano Ramos, una zona peligrosa de Cali, es un apasionado del fútbol e hijo de un policía y una Madre ama de casa, que lo han apoyado incondicionalmente en su camino, graduado del colegio Cristóbal Colon, quien decidió dejar sus estudios universitarios a un lado para ir tras su sueño.

Juan Carlos Grisales, un joven futbolista que pasó siete años de su carrera en el Deportivo Cali, enfrentó un cambio significativo al unirse a La Equidad. En una entrevista, describió esta transición como “muy difícil”, no solo por dejar atrás su ciudad natal, donde estaba rodeado de familia y amigos, sino también por salir de su zona de confort. “Fue algo difícil de tomar porque venía a un lugar nuevo con nuevas personas que no conocía”, explicó, destacando cómo la adaptación inicial fue un reto emocional y personal. 

Juan Carlos sigue enfrentando la soledad al estar lejos de su familia y amigos, a quienes extraña profundamente

El proceso de adaptación no ha sido exclusivo al ámbito futbolístico; También ha impactado su vida personal. Después de seis meses, Juan Carlos sigue enfrentando la soledad al estar lejos de su familia y amigos, a quienes extraña profundamente. “Yo era una persona que no me quedó acostada todo el día como me lo quedo acá”, confesó, señalando que asumir esta nueva vida es complicado, pero necesario para cumplir su sueño de ser futbolista profesional.

A pesar de estos desafíos, el recibo en La Equidad ha sido positivo. Desde el primer día, sus compañeros lo acogieron bien, y la directiva, junto con los profesores, le ofrecieron apoyo constante. “Ahora estoy como si fuera en familia”, afirmó, destacando cómo la confianza con sus nuevos compañeros ha facilitado su integración.

En términos futbolísticos, Juan Carlos no percibió grandes diferencias en el estilo de juego o ritmo entre el Cali y La Equidad, ya que ambos compiten en la misma liga colombiana. Sin embargo, la altitud fue el mayor obstáculo, un factor que aún le cuesta superar. “El cambio se sintió más que todo por el tema de altura”, señaló, añadiendo que, aunque se adaptó fácilmente a la idea de juego, este aspecto físico sigue siendo un desafío.

Mirando hacia el futuro, Juan Carlos tiene aspiraciones claras. “Dios mediante, espero consolidarme en el fútbol profesional de acá de Colombia y, en un futuro, por qué no en un equipo de Europa y en la Selección Colombia”, expresó, reflejando el sueño típico de cualquier niño que se dedica al fútbol. Su determinación y el apoyo recibido lo posicionan como un jugador con potencial para alcanzar grandes alturas en su carrera. 

Destacando cómo la confianza con sus nuevos compañeros ha facilitado su integración .

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Vehículos viejos: un peligro que sigue rodando por las calles de Colombia

Vehículos viejos: un peligro que sigue rodando por las calles de Colombia

Por: Malory Sandoval

Facultad de Humanidades y Artes

En Colombia, más de un millón de vehículos con más de 20 años de uso siguen circulando a pesar de representar un riesgo para la seguridad vial y la salud pública. Fallas mecánicas, alta contaminación y falta de control en las revisiones técnicas agravan una situación que afecta a todos. Expertos y ciudadanos piden mayor control y soluciones urgentes.

En Colombia, miles de vehículos que ya cumplieron su tiempo de vida útil siguen circulando todos los días. Aunque muchos los siguen usando por necesidad o por economía, la realidad es que estos carros y motos representan un gran peligro en las carreteras y también afectan gravemente el medio ambiente.

Jorge Hernández, conductor de transporte pirata en Cali, reconoce que su carro ya está viejo y presenta varias fallas, pero dice que no tiene otra opción para ganarse la vida:

“Mi carro es un Mazda viejito y yo sé que ya no está en las mejores condiciones, pero es lo único que tengo para trabajar. A veces le falla la dirección, y toca frenar con mucho cuidado porque los frenos ya no responden bien. He intentado cambiarlo, pero con lo que gano apenas alcanzo para mantenerlo andando”.

En un comunicado el Ministerio de Transporte, arrojó que en el país hay más de un millón de vehículos con más de 20 años de uso. Estos carros y buses ya no cumplen con las condiciones necesarias para garantizar la seguridad de los pasajeros ni de quienes comparten la vía. 

Mi hijo empezó con tos y dificultad para respirar, y el médico nos dijo que podría ser por la calidad del aire

Mario Gutiérrez, taxista en Cali, ha sido testigo de varias situaciones peligrosas: “Una vez un carro viejísimo se quedó sin frenos en una subida. Por poquito se lleva a una moto, fue un susto grande”, recuerda.

Camila Rodríguez, madre de familia en Jamundí, cuenta que su hijo ha tenido problemas respiratorios por la contaminación: “Aquí pasa un bus echando humo todo el día frente a nuestra casa. Mi hijo empezó con tos y dificultad para respirar, y el médico nos dijo que podría ser por la calidad del aire. Es muy preocupante porque uno no tiene cómo evitarlo, vivimos aquí y no podemos estar encerrados todo el tiempo. Deberían sacar esos viejos autobuses de circulación antes de que nos enfermen más”. 

Además del riesgo de accidentes, los carros viejos también contaminan más. Un estudio del Ministerio de Ambiente asegura que estos vehículos pueden emitir hasta cinco veces más humo tóxico que los modelos más nuevos. Esto empeora la calidad del aire, especialmente en ciudades grandes, y afecta la salud de todos, en especial la de los niños y los adultos mayores.

Laura Martínez, conocedora sobre el medio ambiente, dice: “Ese humo negro que vemos salir de muchos autobuses viejos contiene sustancias que pueden causar enfermedades respiratorias. Y lo peor es que la gente lo respira todos los días”.

En Colombia existen normas que buscan controlar este problema, como la Ley 769 de 2002, que exige revisión para verificar que los vehículos estén en buen estado. Sin embargo, muchas veces estas reglas no se cumplen o se hacen de forma superficial.

Andrés Camacho, denuncia que hay sitios donde las revisiones se aprueban sin que el vehículo realmente esté bien: “Hay conductores que simplemente pagan para pasar la revisión, aunque el carro está en mal estado y eso no debería pasar pues con estas acciones generan problemas como un accidente en el cual estuve involucrado por consecuencias de estas personas que solo pagan para que su vehículo pueda seguir circulando.

Por otro lado, Óscar Ruiz, técnico en un centro de revisión tecno mecánica en Cali, cuenta que ha recibido intentos de soborno por parte de algunos conductores que quieren evitar el proceso de revisión, “Sí, han llegado personas ofreciéndome plata para que les pase el carro sin revisión real. Una vez me ofrecieron 200 mil pesos porque el carro tenía fuga de aceite y no le servían bien los frenos. Esas son fallas muy comunes, también suspensión dañada, llantas lisas o luces que no Algunos centros sí se prestan para eso, y por eso hay tantos carros en mal estado circulando. Yo he tratado de mantenerme firme, pero no todos piensan igual”.

El Ministerio de Transporte tiene habilitada la línea 767 para que las personas puedan denunciar vehículos en mal estado. Asimismo, es posible reportar a las autoridades ambientales si un vehículo está contaminando más de lo permitido. Pero expertos insisten en que la solución no es solo denunciar, sino que el gobierno debe apoyar programas para que las personas puedan cambiar sus carros viejos por unos más seguros y menos contaminantes.

Diferencia entre un carro viejo y un carro clásico 

Características  

Carro viejo 

Carro clásico  

Antigüedad  

Más de 20 años de uso 

Más de 30 años desde su fabricación 

Condiciones 

Desgastado, con fallas mecánicas frecuentes 

Restaurado o conservado en excelentes condiciones 

Uso diario 

Sí, suele seguir circulando como medio de transporte principal 

No, se usa ocasionalmente para eventos o exhibiciones 

Impacto ambiental 

Alta emisión de contaminantes, puede no cumplir normas de revisión. 

Generalmente no contamina porque no circula regularmente 

Valor económico  

Bajo valor comercial 

Alto valor cultural, histórico y económico 

Normativa 

Debe pasar revisión técnico-mecánica (a veces no se cumple) 

Puede estar registrado como patrimonio o colección y tener normas especiales 

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¿Quiénes se disfrazan más: los niños o los adultos?

¿Quiénes se disfrazan más: los niños o los adultos?

Octubre siempre llega con ese ambiente alegre que anuncia Halloween. Las tiendas se llenan de colores, máscaras, disfraces y dulces. La gente busca ideas para su disfraz, los colegios organizan actividades y los centros comerciales se llenan de personas que se suman a enseñar su disfraz. Pero con el paso del tiempo, algo ha cambiado; ya no son solo los niños los que esperan la fecha con emoción. Cada año, más adultos se unen a esta celebración.

Por: Valeria Bolaños Rodríguez

Facultad de Humanidades y Artes

Hace algunos años era raro ver a un adulto disfrazado, pero hoy en día esa situación cambió completamente; Se volvió algo muy común. En muchas fiestas, reuniones y hasta en las oficinas, los disfraces se han vuelto una parte muy importante en esta época del año, ya que los adultos también se pueden divertir y disfrutar al máximo de esta fecha, recordando su niñez.

Luisa Ramírez, una joven madre a quien le gusta esta época del año, está emocionada, ya que planea disfrazarse junto a su hijo de vaqueros. Alquilar ambos disfraces le costó unos $85.000 en total; para comprarlo costaba aproximadamente $180.000, lo cual para ella es costoso. “Hoy se ven muchos más adultos disfrazados que antes. Creo que lo hacemos también por ver felices a nuestros hijos y revivir un poco esa niñez que a veces no pudimos disfrutar tanto”, agregó.

Pilar Rodríguez, socia y accionista de la Casa de los Disfraces, cuenta que ahora alquilan casi la misma cantidad de trajes para grandes y pequeños. Afirma: “Antes solo se disfrazaban los niños, pero desde hace unos años los adultos también lo hacen”.

Disfrazarse no es una costumbre, pero sí una buena excusa para hacer algo distinto

Y es que las redes sociales han influido bastante en esta tendencia. Las fotos y los retos de disfraces en Instagram o TikTok motivan a muchos a participar y mostrarse creativos. Según Pilar, los adultos prefieren disfraces en pareja o temáticos, como piratas o personajes de películas, mientras que los niños se inclinan más por la temática de terror, como payasos, monstruos o la muerte.

Sin embargo, no todos viven Halloween de la misma manera. Diana Carvajal, madre de familia, asegura que no suele disfrazarse. “Por la fe que profeso no estoy muy de acuerdo con el tema del disfraz; sin embargo, pues a mi hija a ella le gusta disfrazarse” comenta. Su hija Camila Núñez, de 12 años, cuenta que ella misma elige su disfraz y que disfruta más mostrarlo que salir a pedir dulces. Expresa “En el colegio o en los centros comerciales hacen actividades, y me gusta ir así”.

En cambio, para algunos adultos jóvenes como Juan David Zapata, disfrazarse no es una costumbre, pero sí una buena excusa para hacer algo distinto. “No suelo hacerlo, pero me parece una forma de salir de la rutina”, comenta. Dice que ha participado en las fiestas de Halloween del trabajo. Si tuviera que disfrazarse, dice que elegiría algo sencillo, “como una máscara o un uniforme, nada tan elaborado”.

No se quedan atrás las mascotas, ya que en los últimos años muchas personas las disfrazan. En redes sociales abundan fotos de perros y gatos con trajes de superhéroes, calabazas o personajes de películas. Para muchos, incluir a sus mascotas en la celebración se ha vuelto parte del plan familiar y una forma de compartir la alegría de Halloween con todos los miembros del hogar.

Lo que queda claro es que Halloween ha dejado de ser una tradición solo para los niños, como lo era antes. Hoy, los adultos también encuentran en esta fecha una manera de expresarse, de ser creativos y dejar a un lado el estrés de lo cotidiano, saliendo un poco de la rutina. Algunos lo viven como diversión, otros como una moda y hay quienes simplemente disfrutan este ambiente de Halloween y salen a ver los disfraces de las personas.

Al final, no importa la edad, los niños y los adultos comparten ese momento en que pueden ser alguien distinto por una noche. Incluso una forma de unirse con sus familias, utilizando un disfraz con la misma temática. Halloween se ha convertido en un espacio donde la creatividad, la diversión y las ganas de celebrar se mezclan en una misma fiesta que une generaciones.

Los disfraces se han vuelto una parte muy importante en esta época del año, ya que los adultos también se pueden divertir y disfrutar al máximo de esta fecha, recordando su niñez .

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Niños víctimas, leyes débiles: Colombia exige respuestas

Menores abusados: ¿falla la protección estatal?

Niños víctimas, leyes débiles: Colombia exige respuestas.

Por: Samuel Bolaños

Facultad de Humanidades y Artes

Casos como los de Brayan Ocampo acusados ​​por el caso de Candelaria y Freddy Castellano por el caso del jardín infantil en Bogotá, señalados como presuntos abusadores de menores, han encendido las alarmas en Colombia sobre la protección de niños, niñas y adolescentes frente al abuso sexual. Según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), entre enero y marzo de 2025 se reportaron 4.375 casos de abuso sexual contra menores en todo el país.

El impacto de estas cifras ha desatado un debate que trasciende las calles y llega al Congreso. Voces como la del senador Jota Pe Hernández, quien afirmó que “un abusador y asesino de niños, lo único que merece es estar 50 metros bajo tierra, la pena de muerte es lo que merecen, donde abusadores de niños no deben de ser premiados con una cárcel a comer y vivir gratis, inclusive con los impuestos que pueden estar pagando los padres de estos niños”, reflejando la indignación ciudadana.

Sus palabras hacen referencia al caso del Hogar Infantil Canadá, sede F, en Bogotá, donde varios menores de 2 a 3 años fueron abusados ​​por su supuesto cuidador, quien recibió una condena de 14 años de prisión.

Estos hechos, junto con los más de 4.000 casos registrados en 2025, han llevado a los ciudadanos a cuestionar si el Estado garantiza la protección de los menores y si las sanciones son lo suficientemente severas.  

En 2024, Colombia superó los 18.000 casos de abuso sexual contra menores, con Antioquia, Valle del Cauca y Cundinamarca como los departamentos más afectados

La Ley 1236 de 2008 establece penas estrictas para estos delitos: el artículo 208 indica que “quien acceda carnalmente a una persona menor de 14 años incurrirá en prisión de 12 a 20 años, al no tener los menores capacidad de consentimiento”, mientras que el artículo 209 señala que “quien realice actos sexuales (distintos al acceso carnal) con un menor de 14 años, en su presencia, o inducirlo a prácticas sexuales, conlleva una pena de 9 a 13 años de prisión, incluyendo actos como tocamientos, exhibicionismo o inducción a actividades sexuales”.

Sin embargo, para muchos padres, estas medidas no son suficientes.

Una exdirectora de jardines infantiles, con 18 años de experiencia, explicó los protocolos para prevenir estos casos: “Al hacer contratación de cualquier persona dentro de hogares infantiles, los mínimos requisitos que debe tener al talento humano es al menos un año de experiencia con atención directa con menores, se hacen consultas a través de Contraloría, Procuraduría además de la consulta de la página delitos sexuales contra menores de 18 años, donde los operadores deben indagar que el contratado posible no tenga algún registro allí, adjuntando así junto al NIT del contratador, que debe hacer la búsqueda y así el instituto aprobar las contrataciones”.

Añadió que los hogares infantiles no pueden realizar evaluaciones directas para detectar abuso, ya que “desde los jardines, hogares y centros de desarrollo infantil no se puede determinar si un niño fue abusado, porque hacer cualquier tipo de estudio psicológico o físico es revictimizar al menor, lo que se hace es trasladar hacia las EPS donde son estos los encargados de activar las rutas”. Las EPS, según la experta, confirman el abuso, denuncian a la Fiscalía y los hogares infantiles facilitan las investigaciones, suspendiendo al presunto responsable.

El panorama es alarmante. En 2024, Colombia superó los 18.000 casos de abuso sexual contra menores, con Antioquia, Valle del Cauca y Cundinamarca como los departamentos más afectados. A pesar de la existencia de múltiples entidades para denunciar estos delitos como la fiscalía general, los Centros de Atención Integral a Víctimas de Abuso Sexual (CAIVAS), las Unidades de Reacción Inmediata (URI), los Centros de Atención Penal Integral a Víctimas (CAPIV), la Policía Judicial, la Policía de Infancia y Adolescencia, y las comisarías de familia, la percepción ciudadana es que la justicia no siempre es efectiva.

Por su parte una exdocente de jardín infantil informa “que al momento de su contratación o en el transcurso del año lectivo no tuvo ningún tipo de charla o indicaciones para reconocer algún tipo de abuso en el aula u en los hogares”, igualmente destaca “los niños siempre se deben de ser observados, al punto que, como docente, yo misma identifico que niño confunde la M con la N, la P con la L. Y así como uno nota estas cosas nota su actitud, sus cambios y esto siempre puede ser un llamado de alerta”, para dejar en evidencia que los docentes no están siendo capacitados para identificar casos de abuso. 

De igual manera aclaró que “en lo personal para darme cuenta si un niño está siendo abusado me doy cuenta en su actitud, desde el cómo escribe, con mi actual curso de primaria ya sé son niños que tienen muy bonita letra, ya veces el niño que escribe bonito llega y escribe grandote, torcido, siendo esto para mí una indicación de que algo está pasando. Pues desde lo más mínimo como docentes nos damos cuenta, se trata de conocer al estudiante, saber cómo llegarle, dialogar para tomar una ruta de evacuación donde nos contactemos con la policía de infancia y adolescencia”, siendo al final todo dejando en manos del docente y su intuición junto a su vínculo y reconocimiento del niño o niña para identificar sus cambios en la personalidad para detallar si está siendo abusado.

Mientras para garantizar atención integral a las víctimas el ICBF exige a las entidades de salud públicas, privadas, la inmediata y gratuita atención médica, apoyo psicológico, medicamentos para prevenir infecciones de transmisión sexual y VIH, anticoncepción de emergencia, asesoría para la interrupción voluntaria del embarazo y recolección de evidencias. Sin embargo, la magnitud del problema persiste.

Andrés Bolaños, padre de un menor de 13 años, expresa su opinión “Créame cuando le digo que, si en Colombia empezáramos a implementar la pena de muerte para pedófilos y violadores, muy probablemente se redujese el número de casos de menores abusados, siendo lo más seguro es que se lo pensarían 10 veces antes de acceder carnalmente ante cualquier persona”. Su declaración refleja la frustración de una sociedad que exige medidas más drásticas para proteger a sus niños.

La crisis del abuso sexual contra menores en Colombia no solo pone en tela de juicio la efectividad de las leyes y los sistemas de protección, sino que también plantea un desafío urgente: garantizar un entorno seguro para los más vulnerables.

Al hacer contratación de cualquier persona dentro de hogares infantiles, los mínimos requisitos que debe tener al talento humano es al menos un año de experiencia con atención directa con menores.

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