En el barrio Mayapán, en Cali, los robos son selectivos

En el barrio Mayapán, en Cali, los
robos son selectivos

Los vehículos que se encuentran parqueados afuera de las residencias son los más afectados.

Por: Isabella Orjuela Izquierdo

Facultad de Humanidades y Artes

El barrio Mayapán en el sur de Cali enfrenta una creciente ola de robos especializados que han alterado la rutina de sus residentes. Desde hace dos años se han registrado múltiples casos en los que los delincuentes, con precisión, roban computadoras de vehículos específicos que tienden a estar estacionados en la calle justo en frente de las residencias. 

Según testigos, los ladrones la mayoría de las veces se toman su tiempo para abrir los vehículos y extraer las computadoras sin ser detectados.

Lo más alarmante es que los vigilantes de la cuadra, a pesar de estar presentes en la zona, nunca se percatan de los robos en el momento en que ocurren. Esto se ha convertido en una problemática adicional para la comunidad, pues esta se siente cada vez aún más desprotegida por la falta de efectividad de la vigilancia.

Los robos han seguido un patrón específico: Los delincuentes actúan durante la noche o en horas de la madrugada cuando las calles están completamente solas. Según testigos, los ladrones la mayoría de las veces se toman su tiempo para abrir los vehículos y extraer las computadoras sin ser detectados.

Las marcas de vehículos más afectadas son: Mazda, Chevrolet, Renault, Suzuki y Kia, en especial el modelo Cerato Forte ya que estos  carecen de la ausencia de inmovilizadores electrónicos, un dispositivo que impide el arranque del vehículo sin la llave original lo que facilita el robo con herramientas caseras o incluso cables USB. Por ende se convierte en un objetivo atractivo para quienes cometen estos actos delictivos, lo que ha llevado a los vecinos a exigir mayor seguridad y medidas más estrictas.

Algunos residentes han optado por instalar cámaras de seguridad, pero esto no ha sido suficiente para frenar los robos. La falta de respuestas efectivas por parte de las autoridades competentes y la aparente ineficacia de la vigilancia han generado una sensación de impotencia entre los que residen en este barrio.

“Nos sentimos totalmente desprotegidos. No es posible que esto siga sucediendo y que nadie haga algo al respecto. Los vigilantes dicen siempre que nunca ven nada, pero los robos siguen pasando y lastimosamente aún siguen incrementándose por periodos, pues ya llevamos varios casos denunciados y no hemos obtenido solución alguna” expresó  Nicolle Blandón, residente del barrio.

 Los vigilantes, a su vez, se defienden de las acusaciones de la comunidad. “Nosotros hacemos rondas constantes, pero los delincuentes siempre sabrán   moverse y aprovechan momentos de distracción. No podemos estar en todas partes al mismo tiempo” afirmó Marino Cabezas, vigilante de la cuadra.

Esta creciente preocupación ha llevado a la comunidad a unirse y buscar soluciones efectivas y tienen claro que la participación activa de los residentes es clave para crear un ambiente seguro y evitar que los delincuentes sigan afectando su tranquilidad.

 “Estamos al tanto de la situación y trabajaremos en estrategias para reforzar la seguridad en la zona, en ese sentido, invitamos a la comunidad a seguir denunciando cualquier actividad sospechosa para tomar medidas más efectivas” afirmó Augusto Rodríguez, representante del frente de Seguridad.

Adriana López, presidenta de la Junta de Acción Comunal de Mayapán, reconoce que la situación es preocupante. “Los residentes han expresado su frustración, no solo por los robos, sino también por la falta de respuestas rápidas por parte de los vigilantes y la Policía. Desde la Junta de Acción Comunal estamos en contacto con las autoridades locales para buscar soluciones más eficaces. Además, también estamos evaluando la implementación de cámaras de seguridad en puntos estratégicos del barrio y la instalación de una alarma comunitaria en caso de una acción sospechosa”, comentó Adriana López, presidenta de la Junta de Acción Comunal de Mayapán.

Con esto la comunidad de Mayapán busca un entorno más seguro para todos, no solo fortalecerá la vigilancia, sino que también permitirá una respuesta más rápida ante cualquier intento delictivo.

 “Estamos al tanto de la situación y trabajaremos en estrategias para reforzar la seguridad en la zona, en ese sentido, invitamos a la comunidad a seguir denunciando cualquier actividad sospechosa para tomar medidas más efectivas” afirmó Augusto Rodríguez, representante del frente de Seguridad.

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Y la biometría por fin llegó al Pascual

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En el Estadio Pascual Guerrero se implementaron mecanismos para mejorar la seguridad durante los encuentros de futbol. Algunos hinchas se oponen.

Por: Santiago Ojeda Rivera y Andrés Muñoz Cerón

Facultad de Humanidades y Artes

Con la intención de mantener el orden y garantizar que el futbol, sea de nuevo, un espectáculo para disfrutar en familia, en el Estadio Olímpico Pascual Guerrero se realizó un plan piloto de seguridad para evitar brotes de violencia en las tribunas.

Esta situación cobró relevancia tras los acontecimientos de diciembre de 2024 que llevaron a la Alcaldía de Santiago de Cali a sancionar al club escarlata con la prohibición del ingreso de sus hinchas por cinco fechas de la Liga Betplay Dimayor.

El primer piloto se cumplió el pasado 1 de marzo de 2025 en el encuentro América de Cali – Deportivo Pereira. Para el ingreso al estadio se implementaron medidas de control para los espectadores como biometría, reconocimiento facial y verificación de identidad.

Resultado de ello, se detectaron 23 personas cuyos documentos de identidad estaban bloqueados debido a su implicación en los disturbios de diciembre de 2024. Estas personas fueron impedidas de ingresar al estadio, generando opiniones divididas entre los asistentes. Mientras algunos apoyan las medidas de seguridad, otros las consideran excesivas y una invasión a su privacidad.

Algunos de los hinchas a los que no se les permitió el ingreso al Pascual expresaron que su acceso fue rechazado por sus tatuajes. Sin embargo, la alcaldía de Santiago de Cali, a través de un comunicado, aclaró que la razón del rechazo no fue por los tatuajes, sino por los bloqueos en sus documentos de identidad.

Uno de los hechos de violencia más recordados de 2024 ocurrió cuando hinchas de América de Cali interrumpieron el partido entre el club escarlata vs Atlético Nacional por la final de Copa Betplay, impidiendo que los jugadores del equipo “verdolaga” pudieran celebrar el título en la grama del Pascual Guerrero.

En complemento a las acciones de control desarrollados el 1 de marzo, en Santiago de Cali se han planteado diversas iniciativas para reducir los actos de violencia.

Álvaro Pretel, subsecretario de política de seguridad, señala iniciativas: primero, todo lo relacionado con lo preventivo, donde se enfocan en hacer trabajos sociales para que las barras se vuelvan espacios donde la gente pueda vivir la fiesta del fútbol, pero lo haga en paz y, el segundo, fortalecer el espectáculo del deporte no solo con más policías sino por parte de los equipos tener mecanismos que permitan la carnetización de los hinchas como verificación de la identidad de las personas.

El Estadio Olímpico Pascual Guerrero cuenta con cámaras de reconocimiento facial y sistemas biométricos diseñados para reforzar la seguridad dentro del escenario deportivo. Sin embargo, su implementación se ha visto limitada por la legislación colombiana, en particular la ley 1581 de 2012 sobre el tratamiento de datos personales y el decreto 1377 de 2013, que exige la autorización firmada de cada persona para el uso de su imagen. Esta restricción ha dificultado la adopción de herramientas tecnológicas que podrían fortalecer el control y la seguridad en el estadio.

Esta situación cobró relevancia tras los acontecimientos de diciembre de 2024 que llevaron a la Alcaldía de Santiago de Cali a sancionar al club escarlata con la prohibición del ingreso de sus hinchas por cinco fechas de la Liga Betplay Dimayor.

Ante la necesidad de mejorar la seguridad y garantizar el buen desarrollo de los encuentros, las autoridades y el club, a través de la Comisión de Seguridad y Justicia, plantearon un plan piloto para el regreso del público, explorando medidas que cumplan con la normativa vigente y permitan fortalecer la vigilancia en el estadio.

Como parte de este plan, se acordó la implementación progresiva del reconocimiento facial y otros mecanismos de control, garantizando su aplicación dentro del marco legal vigente y reforzando la seguridad en el estadio.

No obstante, algunos hinchas han expresado su inconformidad con estas medidas tecnológicas. “No estoy de acuerdo con estas medidas. Creo que se está yendo demasiado lejos con el uso de la tecnología para controlar el acceso al Pascual Guerrero. No deberíamos ser tratados como criminales solo por asistir a un partido de fútbol. Si bien entiendo que la seguridad es importante, esto es una invasión a la privacidad” expresó Alex Campo, hincha del América de Cali.

“La disposición por parte de las autoridades siempre ha sido fortalecer los enfoques investigativos y de control por parte de la tecnología, ya que está para esto”, señala Pretel.

El uso de biometría es un tema de debate en todo el país. Mientras algunos consideran que las tecnologías permitirían identificar a los responsables de los hechos violentos y mejorar la seguridad, otros argumentan que su implementación violaría la privacidad y el manejo de los datos personales.

“En los estadios de primer mundo utilizan la biometría y el reconocimiento facial con el objetivo de poder filtrar a las personas que entran al estadio y sobre todo garantizar que aquellos entren al estadio Pascual Guerrero seamos personas que cuidemos la vida y protejamos el bienestar de la gente” mencionó Alexander Camacho, secretario de deportes en declaraciones para el medio América en la Red.

A pesar de las dificultades, las autoridades han avanzado en la individualización de los implicados en los desmanes al interior del estadio y la implementación de sistemas tecnológicos ya está en marcha.

“La disposición por parte de las autoridades siempre ha sido fortalecer los enfoques investigativos y de control por parte de la tecnología, ya que está para esto”, señala Pretel.

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Marihuana: ¿Exceso de confianza o abuso?

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Cali prohíbe el consumo de marihuana cerca de colegios y parques, pero la norma enfrenta retos.

Por: Marycarmen Oliveros Villalobos

Facultad de Humanidades y Artes

En la ciudad de Cali, el consumo de marihuana en espacios públicos y zonas cercanas a instituciones educativas está prohibido. Así está establecido en el Decreto 4112.010.20.0125 del 08 de marzo de 2024.  Sin embargo, en muchos sectores de la ciudad, la norma no se cumple en su totalidad.

“Por el cual se establecerán zonas y el perímetro para la restricción del consumo de sustancias psicoactivas en lugares públicos en el Distrito de Cali y se dictan otras disposiciones”

El 11 de marzo de 2024, la Alcaldía de Cali emitió un comunicado en el que anunció una nueva medida adoptada por el alcalde Alejandro Eder: la prohibición del consumo de sustancias psicoactivas en los alrededores de colegios, parques, centros deportivos y zonas de interés cultural. El decreto detalla las razones que motivaron esta decisión y las consecuencias para quienes no la cumplan.

Firmado por el alcalde, el Decreto 4112.010.20.0125 del 8 de marzo de 2024, “Por el cual se establecerán zonas y el perímetro para la restricción del consumo de sustancias psicoactivas en lugares públicos en el Distrito de Cali y se dictan otras disposiciones” restringe el consumo de estas sustancias las 24 horas del día dentro de un perímetro de 200 metros alrededor de los lugares mencionados.

La medida incluye instituciones educativas públicas y privadas, institutos técnicos, universidades, coliseos, polideportivos, parques, plazas y plazoletas. Quien infrinja lo estipulado en este decreto, podrá ser sancionado por el Código Nacional de Seguridad y Convivencia, que para este comportamiento establece una medida correctiva tipo 4 y un comparendo de $693.333 (16 salarios mínimos diarios legales vigentes).

La normativa busca garantizar un ambiente seguro y libre de humo para la comunidad, en especial para los menores de edad. Sin embargo, la realidad que se vive es muy diferente.  La implementación y el control de estas medidas han resultado ser un desafío, ya que el consumo de marihuana sigue siendo evidente en muchos puntos de la ciudad, generando molestia entre los residentes.

La otra cara de la moneda: ¿Cómo viven esto los ciudadanos?

Si bien la medida ha sido aceptada por algunos sectores de la comunidad, otros consideran que su cumplimiento es deficiente.   Una joven estudiante residente del barrio Tejares de San Fernando (Comuna 19) – cuya identidad se mantiene en reserva por motivos de seguridad- expresó su experiencia como vecina de un parque, en donde es persistente el olor a marihuana. “Hace aproximadamente dos semanas, cuando me mudé aquí, empezó a ser un problema”, afirmó.

El impacto en su día a día es notable. “De vez en cuando evito actividades comunes como sacar a mi perro o sacar la basura por la molestia que me causa este olor”, explicó. Según describió, la intensidad del olor puede llegar a ser significativa: “Le pondría un 8 de 10”.

Aunque no considera que su salud se haya visto comprometida directamente, sí reconoce un efecto en su bienestar. “Es un olor bastante fuerte; no diría que afecta mi salud, pero afecta mi comodidad”, señaló.

Su testimonio refleja lo que ocurre en muchas otras zonas de Cali, donde la norma parece ser ignorada o, en el peor de los casos, aplicada solo de manera parcial.

En el barrio Meléndez (comuna 18)  Ana Gómez también se ve afectada por la situación. “Desde la remodelación de un parque local, hace aproximadamente un año, el consumo de marihuana se ha convertido en una escena habitual que ocurre todo el día”, según relata “antes no era así, pero desde que hicieron los cambios estructurales, esto ha empeorado”. En su concepto, la renovación, aunque atractiva en principio, parece haber captado la atención de las personas equivocadas.

El persistente olor a marihuana y la presencia de ciertos individuos han alterado la rutina de Gómez, quien describe la experiencia como nefasta. “Tener que aguantarlo varias veces al día es agotador”, explica, evitando dar detalles sobre las personas que frecuentan el lugar. Por ahora, su solución ha sido evitar el conflicto trasladándose a otro parque  más alejado donde pueda continuar con sus ejercicios físicos, como estiramientos y trabajos de respiraciones al aire libre, aunque confiesa haber considerado recurrir a la Policía en busca de apoyo.

A pesar de sus quejas, Gómez percibe que la situación “sigue exactamente igual” y sostiene que sin “un cambio radical o mano dura” no habrá mejoras. Este caso refleja el creciente malestar de algunos residentes ante el uso de espacios públicos que, lejos de revitalizarse como se esperaba, han dado paso a problemáticas que afectan la convivencia diaria.

Pero, ¿qué hace la policía en este caso? Al preguntarle a un uniformado, cuyo perímetro de guardia es el Parque de las Banderas, explica que “Cuando encontramos a una persona fumando marihuana en un lugar público, como parques o avenidas, la ciudadanía suele exigir que actuemos. Nos piden que los cuadrantes o la policía intervengamos para evitar este tipo de situaciones. En esos casos, se aplica una medida correctiva, porque va en contra de la convivencia establecida en la Ley 1801. El decreto se cumple al pie de la letra; no hacerlo sería arbitrario” explicó el uniformado.

¿Si es común ver esto? “Demasiado, hoy en día, especialmente los jóvenes, los vemos con mucha frecuencia fumando esta sustancia en la vía pública como si nada. Pasa en parques, bulevares, avenidas, incluso cerca de residencias; está por todos lados. Aunque se ven tanto jóvenes como adultos, definitivamente son más los jóvenes”, explicó el agente.

“Los decretos de la Alcaldía están para cumplirse y buscamos que las personas tomen conciencia y no repitan este comportamiento contrario a la norma. A veces basta con llamarles la atención y pedirles que se retiren, pero con los reincidentes o quienes insisten, toca aplicar la medida como está estipulada. Sobre si ha aumentado o disminuido este año, diría que sigue igual o incluso se nota más. No parece que baje” confesó el agente de Policía.

Más allá del decreto: un problema de convivencia

El incumplimiento del decreto no es solo un asunto legal, sino que refleja un desafío más profundo de convivencia cotidiana. La incomodidad de los transeúntes, los cambios en las rutinas diarias y los posibles efectos en la salud de quienes no consumen son problemas persistentes que aún no encuentran solución efectiva.

Este tema genera un debate constante. Por un lado, algunos defienden el consumo en espacios públicos como un derecho individual, abogando por mayor tolerancia. Por otro, quienes se oponen argumentan que afecta la calidad de vida de aquellos que no desean exponerse al humo o al ambiente que esto crea.

Aunque la norma está establecida, su efectividad depende más de la voluntad ciudadana que de la vigilancia estatal. Esto plantea una pregunta clave: ¿puede un decreto por sí solo transformar costumbres arraigadas en ciertos sectores de la sociedad? Tal vez la respuesta no esté solo en la ley, sino en encontrar un equilibrio entre libertad individual y respeto colectivo.

Vivir con un consumidor de marihuana

Durante tres años Juana, una psicóloga profesional, convivió con su pareja quien, abiertamente era consumidor de marihuana. Ella describe que “fue una experiencia muy intensa, marcada por los altibajos en el estado de ánimo de esa persona. Había momentos en que estaba bien, pero otros en los que era imposible entender cómo se sentía”.

“Vivíamos situaciones de extremos: podía estar eufórico y de pronto caer en un estado en el que no quería ni levantarse de la cama”, relató. El consumo afectaba la salud y las tareas diarias de su pareja: “Sus responsabilidades se vinieron abajo. En el último año, fui yo quien lo mantuvo todo. Incluso las cosas más básicas, como bañarse, dejaron de importarle; podrían pasar días sin que lo hiciera”.

“Intenté hablar con él sobre su consumo, pero sus respuestas giraban siempre en torno a lo que no podía lograr. Decía que quería ser músico, pero no lo seguiría, y eso lo frustraba hasta hundirlo más”, confesó tras una pausa en la que el silencio se hizo presente. Para ella “las leyes sobre la marihuana deberían revisarse, pero pensando en las problemáticas sociales, no solo en lo individual. Mi experiencia fue durísima, aunque pienso que mucho tuvo que ver con la historia de esa persona: sus carencias, sus abandonos, su salud mental. Más que prohibir o no, deberíamos enfocarnos en regular mejor el acceso y ser más estrictos con eso”.

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Narración etnográfica de la historia de vida de Hernando León Muñoz Ruiz

Narración etnográfica de la historia de vida de Hernando León Muñoz Ruiz

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

La obra “Narración etnográfica de la historia de vida de Hernando León Muñoz Ruiz”, publicada por la Editorial Universidad Santiago de Cali, es un libro que destaca por su singularidad y profundidad. Escrita por Luis Armando Muñoz Joven, esta obra trasciende las convenciones habituales de la narrativa histórica para convertirse en un ejercicio reflexivo y estético que entrelaza memoria, filosofía y etnografía. En sus 120 páginas, el autor nos invita a un recorrido que no solo relata los hechos de la vida de un líder campesino, sino que los transforma en un diálogo íntimo y universal sobre el ser, la comunidad y la trascendencia. 

Desde el inicio, el libro se percibe como una creación artesanal, donde cada palabra está cuidadosamente seleccionada para tejer un relato que respira autenticidad y sensibilidad. Muñoz Joven no solo escribe, sino que construye un puente entre disciplinas como la historia, la sociología, la filosofía y la literatura, logrando una obra que conmueve tanto por su rigor académico como por su belleza narrativa. 

La narrativa se organiza en dos partes claramente diferenciadas pero complementarias. En el primer movimiento, el autor propone una reflexión teórica y metodológica que sienta las bases conceptuales del relato. Aquí, Muñoz Joven nos introduce en el mundo de la etnografía narrativa y la hermenéutica, apoyándose en pensadores como Heidegger, Ricoeur, Bajtín y Benjamin. Esta sección no es un simple preámbulo académico; es una invitación a comprender cómo la memoria y el relato se convierten en herramientas para resignificar el pasado y proyectarlo hacia el presente. 

El autor logra articular conceptos complejos con una claridad admirable, ofreciendo al lector una guía para adentrarse en el relato desde una perspectiva crítica y reflexiva. La memoria, en este contexto, no es solo un registro del pasado, sino un eco vivo que dialoga con el presente y abre posibilidades para el futuro. Las páginas de esta primera parte son un ejemplo de cómo la teoría puede integrarse de manera orgánica en una narrativa sin perder su profundidad ni su accesibilidad. 

En el segundo movimiento, el lector se encuentra con la historia misma de Hernando León Muñoz Ruiz, un líder campesino cuya vida se erige como símbolo de resistencia y transformación social en Belén, Huila. A través de testimonios, recuerdos y fragmentos de un pasado palpable, el autor reconstruye no solo los hechos, sino también las emociones, las luchas y los silencios que definieron a este hombre. 

Hernando León emerge como una figura bajtiniana: que pone de relieve la naturaleza dialógica y polifónica de la narración. No se trata de un héroe en el sentido tradicional, sino de un personaje cuya identidad y acción emergen a partir de la interacción de múltiples voces y discursos. El protagonista es un mediador en la comunicación social y cultural, cuya presencia se define tanto por sus propias vivencias como por la influencia de los diversos interlocutores y contextos que lo rodean. En el ámbito de la etnografía narrativa, describir a un personaje como “bajtiniano” implica reconocer su papel en la construcción de un relato colectivo, en el que se entrelazan las experiencias individuales y la memoria comunitaria, permitiendo una comprensión más rica y matizada de la realidad.

 Uno de los mayores logros de esta obra es su capacidad para convertir la información en una experiencia estética. Cada palabra está cargada de significado, cada pausa resuena como un espacio para la contemplación. La prosa de Muñoz Joven combina erudición y sensibilidad literaria, logrando una narrativa que es tan rigurosa como emotiva respondiendo al músico que es este  versátil profesor e investigador.

El libro no solo documenta la vida de Hernando León; también celebra la riqueza cultural y humana del campesinado colombiano. En este sentido, se convierte en un homenaje no solo a un hombre, sino a toda una tradición de lucha y resistencia que ha moldeado la historia del país. 

Es especialmente conmovedor cómo el autor logra conectar esta historia con su propia experiencia personal. Las huellas del abuelo campesino, con sus silencios llenos de sabiduría, se reflejan en cada página, dotando al relato de una autenticidad que trasciende lo meramente académico. Esta conexión personal añade una capa de profundidad emocional que hace que el libro sea aún más impactante. 

“Narración etnográfica de la historia de vida de Hernando León Muñoz Ruiz” no es solo un libro; es un modelo metodológico para futuros estudios en etnografía narrativa. Su capacidad para integrar disciplinas como la historia, la comunicación, la política y la psicología social lo convierte en un ejemplo destacado de cómo abordar temas complejos desde una perspectiva interdisciplinaria. 

Además, la obra nos recuerda la importancia de los abuelos y las generaciones pasadas en la construcción del tejido social. En un mundo cada vez más acelerado y desconectado de sus raíces, este libro nos invita a detenernos y reflexionar sobre las historias que nos han precedido y que siguen dando forma a nuestra identidad colectiva. 

Con “Narración etnográfica de la historia de vida de Hernando León Muñoz Ruiz”, el autor nos ofrece mucho más que un relato histórico: nos invita a un viaje introspectivo donde cada página es una oportunidad para repensar nuestra propia relación con la memoria, el tiempo y la identidad. Es una obra profundamente humana que rinde homenaje al campesino, al líder social y al abuelo, mientras nos recuerda que las historias individuales son también las historias del país. 

En definitiva, Luis Armando Muñoz Joven ha logrado con esta obra lo que podría considerarse su mejor texto hasta la fecha. Es un libro que debe ser leído no solo por quienes se interesan en la etnografía o la historia, sino por todos aquellos que buscan comprender mejor las complejidades del ser humano y su relación con el entorno social y cultural. 

Un libro imprescindible para quienes valoran el arte de narrar como una herramienta para comprender el mundo y transformarlo”.

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Por: Wilson Londoño Corrales

Se juntaron antes del año 1999 para realizar el primer año del primer encuentro Cindy Posada, estudiante de artes plásticas del IPC y narradora oral, Anyela Estupiñán estudiante de Derecho, ellas hacían parte del grupo La Palabra, espacio permanente para contar historias y de formación de la Universidad Santiago de Cali y mucho antes que llegara Linda Gallo Bedoya a estudiar Derecho siendo la nueva del grupo, haciendo parte del taller de narración oral, crearon un espacio que llamaron “Chocolate Caliente” para leer, compartir historias y buscaban mujeres narradoras orales “cuenteras” en otras ciudades porque tenían pocos referentes en Bogotá, Medellín y Cali, de repente surge la posibilidad de hacer un encuentro de mujeres narradoras orales, dándose cuenta que habían otros formatos de narración oral en Popayán, se hizo una indagación, el formador del taller de narración oral las apoyó para diseñar el proyecto desde la Universidad Santiago de Cali, presentaron una propuesta soñadora frente a la proyectista Claudia Patricia Domínguez Tejada, dándole forma al proyecto como se iba hacer, entonces se hizo el Encuentro Internacional de Narradoras Orales ¡Vivan los Hombres! “Ellas Cuentan” fue súper sentido, querían darle en ese momento un sentido serio frente a la pregunta ¿por qué había pocas narradoras orales? ¿Cómo podían fortalecerse y ayudar?, el primer encuentro fue muy lindo el dialogo entre las narradoras orales alrededor de los cuentos y la gran diferencia que encontraron en ese momento frente a las edades, necesidades, la diferencia que había entre la palabra de la narradora oral y narrador oral, desde las historias era diferente, el ritmo, el ímpetu para estar en el escenario, las búsquedas, no se contaban chistes sino cuentos con humor al inicio, núcleo o desenlace, hubo reflexiones bellas y público lindo.

El aporte de Cindy, Anyela, Ludis y Linda, extraordinario, las nombró con respeto porque son cuatro personas que son importantes para el encuentro y que los procesos de narración oral no las olviden porque fueron pioneras para esta versión número 26 que buscamos revindicar y celebrar. 

Desde hace unos años se llama ¡ELLAS CUENTA!, que se realiza desde su primera versión en la primera semana de marzo y que para este año 2025 se realizará del martes 4 al viernes 7 de marzo en su versión número 26. Habrá 10 narradoras orales invitadas de Pamplona, Medellín, Bogotá, La Habana y Cali.

El objetivo general del Encuentro Internacional de Narradoras Orales ¡ELLAS CUENTAN!, es exaltar a la mujer en su máxima expresión artística, cultural, social y humana; a través de un encuentro que revive la palabra con una filosofía de educación y de convivencia ciudadana.

Pues esta es tu oportunidad para saldar cuentas con la vida y divertirte con la magia de un cuento bien contado.

La inauguración es martes 4 a las 4 de la tarde en la Plazoleta de los Sabios de la Universidad Santiago de Cali, sede Pampalinda.

La programación la puedes encontrar en Instagram @ellas_cuentan2024 y Facebook @encuentro internacional de narradoras orales “ellas cuentan” 2024 o solicítala al WhatsApp de ¡Ellas Cuentan! 321-2418844

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