Compañera de Calle: la historia de Diego y Niña 

Compañera de Calle: la historia
de Diego y Niña

Sin techo, pero con compañía. Diego, habitante de calle, ha encontrado en Niña una razón para levantarse cada día. 

Autora: Lizeth Dayana Rojas Valencia

Facultad de Humanidades y Artes

Entre cartones, botellas y miradas indiferentes, Diego y su perrita Niña comparten algo más que la calle, un refugio mutuo contra la soledad. 

En la carrera 36 con calle 5B3, justo frente al Estadio Pascual Guerrero, hay un pequeño local de comidas llamado El Placer del Paladar. En un rincón, bajo la sombra de una de las carpas del local, entre bolsas de reciclaje, Diego Delgado pasa sus días junto a su perrita Niña, una mestiza, pequeña, pelo corto blanco con manchas negras, de ojos dulces que se ha convertido en su familia, su refugio y su razón para seguir. 

Diego tiene 63 años. Habla pausado, con la voz de quien ha aprendido a resistir. 

Logré terminar el bachillerato en el Colegio Santa Librada, pero se me quemó la pieza donde vivía; se me fueron los diplomas del Sena, los papeles, las cositas de niña, todo”, recuerda.

Nació en Buga, pero se crió en Cali, en el barrio Obrero. “Allá aprendí el arte del zapato, guarnecedor, cortador, de todo un poco. Pero la vida cambió y me tocó salir a reciclar para poder comer”. 

Niña llegó a su vida hace años. Diego solía andar con dos perritas la madre de Niña y ella, hasta que hace tres años, en un accidente, un carro atropelló a la madre y la pequeña quedó sola. Desde entonces, los dos no se separan. 

“Ella me calma la soledad. Ya tengo en quién pensar y estar pendiente. Donde yo voy, ella va. No me deja un metro solo”, dice mientras acaricia su lomo con cuidado. 

La rutina de ambos empieza temprano. Diego recoge botellas y cartones por los alrededores del Pascual Guerrero, mientras Niña camina a su lado, vigilándolo.  También ayuda a llevar bolsas o cargar cosas pesadas de los vecinos. Al mediodía, en el Placer del Paladar, Maricel Collazos, la dueña, les guarda un poco de comida. 

Maricel los ve todos los días. A veces con paciencia, otras con exasperación, pero siempre con compasión. “Él es grosero, a veces se altera. Pero yo entiendo, eso es por el consumo. Igual le doy una sopita o un café. La verdad, lo hago más por la perrita. Ese animalito es el ángel de él”, dice. 

Diego comenta, “la dueña del local me guarda los pedazos de carne que quedan de las personas para Niña o nos pasa comida”. Normalmente él come lo que a niña casi no le gusta. 

Y aunque su vida es difícil, él tiene claras sus prioridades. “Primero come ella. Yo me reparto, pero su arroz solo no puede faltarle”. 

Diego inspira ternura, pero Niña abre los corazones. Muchos vecinos piensan igual. “Por ella lo ayudan. Si fuera solo él, de pronto no tanto. Pero como está la perrita, la gente se acerca”, comenta Maricel, quien incluso ha participado en una colecta para ayudarle a comprar un nuevo carrito de reciclaje, luego de que le robaran el anterior. 

Aunque vive en la calle, Diego procura mantener a Niña sana. “La tengo vacunada, desparasitada cada tres meses. En San Bosco hubo una jornada de veterinaria y la llevé. Le hicieron cirugía para que no la cojan los perros en calor. Ella siempre está gordita, más gorda que el dueño”, dice riendo. 

No todos entienden su vínculo. Algunos peatones cuestionan que una persona sin techo tenga mascota. Diego responde sin dudar, “Si no les gusta tener un animal al lado, es mejor que no lo tengan. Pero si uno lo cuida, si lo alimenta, eso es lo que vale. Es una responsabilidad”. 

Maricel lo respalda, aunque con matices. “Las personas dicen que le pega, pero yo no he visto eso. Yo digo que no. Ese animal lo protege, lo humaniza. Si la perra hablara, diría que él es lo único que tiene”. 

Para muchos residentes del sector, como Diego Mauricio Oliveros, lo que se ve entre Diego y Niña va más allá de un simple acompañamiento. “Aquí podemos ver la verdadera definición de una compañía sincera e interesada por parte de ambos. No importa ni el lugar, ni la hora, ni las condiciones. Están juntos, cuidándose mutuamente”, comenta el vecino. 

Esa compañía, que algunos juzgan, para otros representa un ejemplo de lealtad sin condiciones. “A veces tenemos el estigma de que los habitantes de calle no cuidan bien a los animales”, explica Diego Samudio. “Pero no se necesita ser millonario ni tener un doctorado para amar y cuidar. Es tener buen corazón. Yo he visto animales de la calle más cuidados y felices que muchos que viven bajo techo”. 

Desde una perspectiva de la medicina veterinaria, Angeli Sanabria, estudiante de la Universidad Santiago de Cali, reflexiona: “El vínculo entre las personas en situación de calle y sus animales es complejo y diverso. En muchos casos, representa una relación de afecto, compañía y supervivencia compartida, donde ambos se sostienen emocionalmente frente a la exclusión social”. 

Explica que estos animales pueden ser una fuente de estabilidad emocional, ayudando a reducir la ansiedad, la depresión y las crisis emocionales de sus dueños.

Cuando cae la noche y el bullicio del Pascual se apaga, Diego acomoda su “camarote” entre cartones y cobijas. Niña se acurruca a su lado. Él la cubre con un trapo viejo y dice “Ella me calma la soledad, señorita”. 

En esa esquina donde el cemento es cama y el ruido reemplaza al silencio, un hombre y su perra se acompañan sin promesas, solo con presencia. En medio de la indiferencia urbana, el amor de Diego y Niña recuerda que incluso en la calle puede haber ternura, fidelidad y hogar. 

Angeli concluye con una reflexión que resume la esencia de esta historia: “No se trata de idealizar ni de condenar, sino de entender las causas de fondo. Cuando una sociedad falla en garantizar oportunidades, el problema no es el vínculo entre el ser humano y el animal, sino el abandono institucional que los envuelve a ambos”. 

El vínculo entre las personas en situación de calle y sus animales es complejo y diverso. En muchos casos, representa una relación de afecto, compañía y supervivencia compartida, donde ambos se sostienen emocionalmente frente a la exclusión social”

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Las Limitaciones Están en la Mente

Las Limitaciones Están en la Mente

El paratleta vallecaucano y campeón nacional Luis Fernando Lara Rodallega, figura clave de la velocidad colombiana, compite esta semana en Ibagué. Su meta: los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028.

Por: Maria Camila Culma Beitia

Facultad de Humanidades y Artes

Con el firme propósito de alzarse con 3 medallas de oro en las Interligas de Ibagué, esta semana, Luis Fernando Lara Rodallega, aspira a darle nuevas alegría al Valle del Cauca en paratletismo.

Este joven de 25 años, originario del corregimiento El Carmelo, Candelaria, competirá en las pruebas de 100, 200 y 400 metros planos. “Mis logros son romper marcas personales y obtener las tres medallas de oro.”

Esta ambición es una prueba palpable de que el espíritu humano se niega a ser doblegado por la adversidad, pues su historia es una de esas que demuestran que la vida puede cambiar en un instante, pero el espíritu no se doblega.

Su vida cambió drásticamente a los 17 años. “Tuve un accidente eléctrico a los 17 años, en el cual perdí mis dos miembros inferiores”. Sin embargo, aquel suceso traumático fue también el punto de partida para una nueva vida, una que, contra todo pronóstico, estaba destinada a la velocidad y la gloria deportiva.

Antes de las pistas de atletismo, el sueño de Fernando era con el fútbol, ​​corriendo por sus venas ese sueño de ser selección de Colombia. Al ser primo del reconocido goleador Hugo Rodallega, su sueño natural desde los cuatro años era seguir la tradición familiar y convertirse en futbolista profesional. Ese “congénito” por el balón era el motor de su vida deportiva.

Sin embargo, la pérdida de sus miembros superiores hizo que el camino del fútbol profesional fuera inviable, dejando un vacío en su vida deportiva. Pero la vida, caprichosa, le había reservado otro camino. Tras el accidente y la pérdida física, Luis Fernando sintió la necesidad de canalizar su energía competitiva y su ambición deportiva

Sus logros han superado los límites nacionales, llevándolo a competir en los circuitos más exigentes del paratletismo mundial…

Esa energía competitiva lo llevó a buscar alternativas. Fue así como el destino lo guió a la pista: El atletismo llegó a su vida el mismo año del accidente, 2017. En ese difícil proceso de transición y sanación, Fernando destaca el papel crucial de sus mentores, quienes fueron la fuerza catalizadora de su amor por este deporte.

“Entré en el paratletismo en el mismo año 2017, gracias a la guía de los profesores Patricia Rivas, Alonso Mina y Dora. Ellos fueron los que construyeron ese amor que llevo ahorita, ser un paratleta de alto rendimiento. Siempre me han dado esa potencia de decir que usted puede”.

Como atleta, Lara compite con éxito en la categoría T46 (para atletas con deficiencias físicas en un miembro superior) en las pruebas de velocidad de 100 metros, 200 metros y 400 metros planos, donde el atleta corre en luna recta o en curva, llevando su cuerpo al máximo límite en distancias cortas.

Sus resultados no dejan lugar a dudas sobre su nivel de élite. “A nivel nacional, soy campeón de los 400 metros planos. Pues, se entrena siempre para eso. En este año obtuve dos medallas de oro que fueron 200 metros planos y 400 metros planos, y obtuve una medalla de plata en los 100 metros planos”.

Sus logros han superado los límites nacionales, llevándolo a competir en los circuitos más exigentes del paratletismo mundial. Luis Fernando no solo es una figura destacada en Colombia, sino que se ha consolidado como un atleta que representa al país en instancias decisivas a nivel internacional.

“A nivel internacional, gracias a Dios tengo una medalla internacional que fue aquí en Cali, donde obtuve una medalla de oro en los 400 metros planos y en los 100 metros planos obtuve una medalla de plata”.

A pesar de su primera experiencia en unos Juegos Paralímpicos en París 2024, no es final de su ambición; es solo una estación en un camino más largo.

“Hoy quiero seguir cumpliendo ese sueño de estar en los otros juegos que van a ser en Los Ángeles 2028. Ese es otro sueño que voy a dar toda otra vez y con el objetivo de poder mirar y para eso estoy entrenando para obtener una medalla”.

El deporte no solo le ha brindado triunfos y un nuevo propósito, sino también una visión de futuro más allá de la pista.

“Me ha dejado muchas enseñanzas a través del tiempo, de los momentos que he vivido en el deporte. También me ha dejado ese legado de poder entrar a estudiar, que voy a entrar a estudiar el otro año con la ayuda de Dios en la Escuela Nacional del Deporte. El deporte no es toda la vida, sino que tiene un límite de tiempo y, pues, a darle cuando entre a la universidad y salga, darle esa enseñanza que me han dejado mis profesores a los demás atletas que lleguen”.

Cuando la carrera se hace dura, el motor que lo impulsa siempre es el mismo. “Siempre lo que yo digo es mi familia. Pienso en mi familia, ellos son mi motor en querer seguir cumpliendo mis sueños. Siempre tengo muchos sueños más a través de cada competencia. Siempre digo: ‘quiero romper mis propios límites’. Pienso en mi familia, en romper mis límites y ser esa persona que deja el país en alto y mi departamento”.

Todo lo que ha vivido y aprendido, desde el accidente hasta la medalla de oro, se condensa en una filosofía de una vida inquebrantable, una frase que, si se plasmara en un libro, llevaría su título: “Las limitaciones no están en la mente. Muy claro lo tengo, es un legado que siempre digo y que llevo conmigo”.

Esta convicción es también el mensaje que le quiere dejar a todos: “Que no le preste atención a las personas que le dicen que no puede, que siempre tengan en mente que sí van a poder, que sí van a luchar por sus propios sueños. Que no se apaguen con esa mentalidad. Las limitaciones están en tu mente, solo tú te puedes apagar y no te apagues. Antes, date mucha más fuerza para salir adelante, para cumplir tus sueños, cumplir tus metas y hazlo con mucho amor.”

Hoy, Luis Fernando se siente inmensamente feliz con su camino, un camino que no imaginó, pero que lo ha llenado de orgullo. Al despedirnos, le preguntó cómo se sentía, con la perspectiva de haber cumplido ese primer sueño de niño de ser Selección Colombia en una disciplina diferente.

“Me siento muy contento por todo lo que he hecho, claramente está reflejado en todo lo que hago, que lo hago con mucho amor. Siempre soñaba con el fútbol, ​​pero ahorita que lo estoy viviendo con este rol del paratletismo es una felicidad que tengo de cumplir cada uno de mis sueños que quería con el fútbol: que era ser selección Colombia, y que gracias a Dios lo hice y lo que he forjado con mucho amor. Voy a seguir dejando el país en alto”.

Y la enseñanza más profunda que le deja esta vida es, quizá, la lección más vital que puede ofrecer a cualquier persona, la conclusión de su inspiradora carrera: “Siempre persevera. El que persevera alcanza, persiste, no te rindas, hay muchos propósitos, muchos sueños más. Y un legado que siempre quiero dejar: que las limitaciones están en la mente. Es algo que digo en mi vida y que trato de inculcar también a los demás. Que no se limiten, sigan viviendo, disfruten, pásenla bien ya disfruten esto que es la vida. Obviamente hay problemas, pero hay que seguir adelante”.

Pienso en mi familia, ellos son mi motor en querer seguir cumpliendo mis sueños. Siempre tengo muchos sueños más a través de cada competencia .

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Una promesa de Cali: Jay Torres y su camino entre versos y valentía

Una promesa de Cali: Jay Torres y su camino entre versos y valentía

Por: Sebastián Lucumí

Facultad de Humanidades y Artes

A sus 21 años, Jay Torres se ha convertido en una de las voces emergentes más prometedoras de la escena urbana en Cali. En medio de pérdidas personales, estafas y sacrificios, ha logrado mantener viva una pasión que nació en un concurso escolar y hoy resuena en tarimas importantes de la ciudad.

Jay Torres recuerda con exactitud el momento en que entendió que la música podía ser parte fundamental de su vida. “Fue en un concurso del colegio. Fui sin esperanzas, se me olvidó la letra, pero igual pasé. De 100, quedé entre los 30. Ahí dije: quiero esto”.

Después del colegio, se dedicó de lleno a la música. El camino no fue fácil. “Muchas personas me prometieron cielo y tierra, pero solo querían sacar plata. Hasta que un amigo me conectó con un productor de verdad. Ahí empezaron a abrirse puertas”.

Después de la muerte de mi papá, ella fue mi todo. Es mi admiración. Siempre ha creído en mí…

Una de las pérdidas más duras de su vida fue la de su padre, ocurrida un 15 de junio. En conmemoración, Jay escribió una canción cargada de emoción. “La grabé entre lágrimas. La historia que cuento ahí es todo lo que viví con él. Ese tema tiene alma, y la gente lo ha sentido”.

Jay es empírico. Nunca ha tomado clases de técnica vocal, y sin embargo, su estilo conecta con el público. Aunque se inspira en artistas como Duki o Thiago PZK, no busca copiar géneros. “Más que imitarlos, me inspira su historia: no tener nada y llegar a tenerlo todo”.

La ciudad de Cali ha sido clave en su proceso. Aunque muchos artistas migran a Medellín, Jay decidió quedarse. “Cali está creciendo musicalmente. Hay un movimiento melo. Además, esta es mi casa, mi cultura”.

Desde hace un tiempo, Jay estudia publicidad. Una decisión estratégica. “Todo se conecta. Me ha servido mucho para impulsar mi proyecto. No me quita tiempo, yo organizo todo para cumplir con la música y con la universidad”.

El apoyo de su mamá ha sido vital. “Después de la muerte de mi papá, ella fue mi todo. Es mi admiración. Siempre ha creído en mí. Está en cada paso que doy”.

Su primer gran show fue en una discoteca reconocida de Cali, 128. “Me había ido a Bogotá por un contrato que no se cumplió, volví frustrado. Pero tenía ese show y lo di todo. Era el mismo escenario donde se montaban artistas duros. Fue una emoción tremenda”. 

Hoy, Jay se rodea de un equipo en el que confía. Amigos que creen en su proyecto, productores que suman. “Hay gente que no tiene nada que ver con la música, pero me han ayudado más que muchos de la industria. Una amiga va a todos mis shows, se sabe mis canciones. Eso vale oro”.

Su objetivo es claro: dejar huella. “Quiero que la gente se identifique con mis letras. Que alguien diga: esta canción me salvó. Porque detrás de cada tema hay una historia real”.

A los jóvenes que tienen sueños pero no se atreven, les dice sin rodeos: “El miedo siempre está. Pero es mejor intentar y fracasar que vivir preguntándose qué hubiera pasado. Las críticas siempre van a estar, así seas el mejor. Hay que hacer lo que te hace feliz”.

Mirando hacia adelante, sueña con ser conocido como un representante de su ciudad y de Colombia. “El ciclo de los artistas grandes cambia, y uno tiene que estar preparado para ser el siguiente”.

Jay Torres no solo canta: transforma su vida en canciones. En cada verso, una batalla; en cada show, una victoria. Y aunque el camino apenas comienza, ya se perfila como una de las nuevas voces que marcarán el rumbo de la escena urbana caleña.

El miedo siempre está. Pero es mejor intentar y fracasar que vivir preguntándose qué hubiera pasado. Las críticas siempre van a estar, así seas el mejor. Hay que hacer lo que te hace feliz”.

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Un Viaje de Adaptación y Sueños desde el Deportivo Cali a La Equidad

Un Viaje de Adaptación y Sueños desde el Deportivo Cali a La Equidad

Juan Carlos, un joven futbolista que pasó del Deportivo Cali a La Equidad, comparte los desafíos de su transición.

Por: Anderson Jara

Facultad de Humanidades y Artes

Juan Carlos Grisales, nacido en 2006 en el barrio Mariano Ramos, una zona peligrosa de Cali, es un apasionado del fútbol e hijo de un policía y una Madre ama de casa, que lo han apoyado incondicionalmente en su camino, graduado del colegio Cristóbal Colon, quien decidió dejar sus estudios universitarios a un lado para ir tras su sueño.

Juan Carlos Grisales, un joven futbolista que pasó siete años de su carrera en el Deportivo Cali, enfrentó un cambio significativo al unirse a La Equidad. En una entrevista, describió esta transición como “muy difícil”, no solo por dejar atrás su ciudad natal, donde estaba rodeado de familia y amigos, sino también por salir de su zona de confort. “Fue algo difícil de tomar porque venía a un lugar nuevo con nuevas personas que no conocía”, explicó, destacando cómo la adaptación inicial fue un reto emocional y personal. 

Juan Carlos sigue enfrentando la soledad al estar lejos de su familia y amigos, a quienes extraña profundamente

El proceso de adaptación no ha sido exclusivo al ámbito futbolístico; También ha impactado su vida personal. Después de seis meses, Juan Carlos sigue enfrentando la soledad al estar lejos de su familia y amigos, a quienes extraña profundamente. “Yo era una persona que no me quedó acostada todo el día como me lo quedo acá”, confesó, señalando que asumir esta nueva vida es complicado, pero necesario para cumplir su sueño de ser futbolista profesional.

A pesar de estos desafíos, el recibo en La Equidad ha sido positivo. Desde el primer día, sus compañeros lo acogieron bien, y la directiva, junto con los profesores, le ofrecieron apoyo constante. “Ahora estoy como si fuera en familia”, afirmó, destacando cómo la confianza con sus nuevos compañeros ha facilitado su integración.

En términos futbolísticos, Juan Carlos no percibió grandes diferencias en el estilo de juego o ritmo entre el Cali y La Equidad, ya que ambos compiten en la misma liga colombiana. Sin embargo, la altitud fue el mayor obstáculo, un factor que aún le cuesta superar. “El cambio se sintió más que todo por el tema de altura”, señaló, añadiendo que, aunque se adaptó fácilmente a la idea de juego, este aspecto físico sigue siendo un desafío.

Mirando hacia el futuro, Juan Carlos tiene aspiraciones claras. “Dios mediante, espero consolidarme en el fútbol profesional de acá de Colombia y, en un futuro, por qué no en un equipo de Europa y en la Selección Colombia”, expresó, reflejando el sueño típico de cualquier niño que se dedica al fútbol. Su determinación y el apoyo recibido lo posicionan como un jugador con potencial para alcanzar grandes alturas en su carrera. 

Destacando cómo la confianza con sus nuevos compañeros ha facilitado su integración .

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Vehículos viejos: un peligro que sigue rodando por las calles de Colombia

Vehículos viejos: un peligro que sigue rodando por las calles de Colombia

Por: Malory Sandoval

Facultad de Humanidades y Artes

En Colombia, más de un millón de vehículos con más de 20 años de uso siguen circulando a pesar de representar un riesgo para la seguridad vial y la salud pública. Fallas mecánicas, alta contaminación y falta de control en las revisiones técnicas agravan una situación que afecta a todos. Expertos y ciudadanos piden mayor control y soluciones urgentes.

En Colombia, miles de vehículos que ya cumplieron su tiempo de vida útil siguen circulando todos los días. Aunque muchos los siguen usando por necesidad o por economía, la realidad es que estos carros y motos representan un gran peligro en las carreteras y también afectan gravemente el medio ambiente.

Jorge Hernández, conductor de transporte pirata en Cali, reconoce que su carro ya está viejo y presenta varias fallas, pero dice que no tiene otra opción para ganarse la vida:

“Mi carro es un Mazda viejito y yo sé que ya no está en las mejores condiciones, pero es lo único que tengo para trabajar. A veces le falla la dirección, y toca frenar con mucho cuidado porque los frenos ya no responden bien. He intentado cambiarlo, pero con lo que gano apenas alcanzo para mantenerlo andando”.

En un comunicado el Ministerio de Transporte, arrojó que en el país hay más de un millón de vehículos con más de 20 años de uso. Estos carros y buses ya no cumplen con las condiciones necesarias para garantizar la seguridad de los pasajeros ni de quienes comparten la vía. 

Mi hijo empezó con tos y dificultad para respirar, y el médico nos dijo que podría ser por la calidad del aire

Mario Gutiérrez, taxista en Cali, ha sido testigo de varias situaciones peligrosas: “Una vez un carro viejísimo se quedó sin frenos en una subida. Por poquito se lleva a una moto, fue un susto grande”, recuerda.

Camila Rodríguez, madre de familia en Jamundí, cuenta que su hijo ha tenido problemas respiratorios por la contaminación: “Aquí pasa un bus echando humo todo el día frente a nuestra casa. Mi hijo empezó con tos y dificultad para respirar, y el médico nos dijo que podría ser por la calidad del aire. Es muy preocupante porque uno no tiene cómo evitarlo, vivimos aquí y no podemos estar encerrados todo el tiempo. Deberían sacar esos viejos autobuses de circulación antes de que nos enfermen más”. 

Además del riesgo de accidentes, los carros viejos también contaminan más. Un estudio del Ministerio de Ambiente asegura que estos vehículos pueden emitir hasta cinco veces más humo tóxico que los modelos más nuevos. Esto empeora la calidad del aire, especialmente en ciudades grandes, y afecta la salud de todos, en especial la de los niños y los adultos mayores.

Laura Martínez, conocedora sobre el medio ambiente, dice: “Ese humo negro que vemos salir de muchos autobuses viejos contiene sustancias que pueden causar enfermedades respiratorias. Y lo peor es que la gente lo respira todos los días”.

En Colombia existen normas que buscan controlar este problema, como la Ley 769 de 2002, que exige revisión para verificar que los vehículos estén en buen estado. Sin embargo, muchas veces estas reglas no se cumplen o se hacen de forma superficial.

Andrés Camacho, denuncia que hay sitios donde las revisiones se aprueban sin que el vehículo realmente esté bien: “Hay conductores que simplemente pagan para pasar la revisión, aunque el carro está en mal estado y eso no debería pasar pues con estas acciones generan problemas como un accidente en el cual estuve involucrado por consecuencias de estas personas que solo pagan para que su vehículo pueda seguir circulando.

Por otro lado, Óscar Ruiz, técnico en un centro de revisión tecno mecánica en Cali, cuenta que ha recibido intentos de soborno por parte de algunos conductores que quieren evitar el proceso de revisión, “Sí, han llegado personas ofreciéndome plata para que les pase el carro sin revisión real. Una vez me ofrecieron 200 mil pesos porque el carro tenía fuga de aceite y no le servían bien los frenos. Esas son fallas muy comunes, también suspensión dañada, llantas lisas o luces que no Algunos centros sí se prestan para eso, y por eso hay tantos carros en mal estado circulando. Yo he tratado de mantenerme firme, pero no todos piensan igual”.

El Ministerio de Transporte tiene habilitada la línea 767 para que las personas puedan denunciar vehículos en mal estado. Asimismo, es posible reportar a las autoridades ambientales si un vehículo está contaminando más de lo permitido. Pero expertos insisten en que la solución no es solo denunciar, sino que el gobierno debe apoyar programas para que las personas puedan cambiar sus carros viejos por unos más seguros y menos contaminantes.

Diferencia entre un carro viejo y un carro clásico 

Características  

Carro viejo 

Carro clásico  

Antigüedad  

Más de 20 años de uso 

Más de 30 años desde su fabricación 

Condiciones 

Desgastado, con fallas mecánicas frecuentes 

Restaurado o conservado en excelentes condiciones 

Uso diario 

Sí, suele seguir circulando como medio de transporte principal 

No, se usa ocasionalmente para eventos o exhibiciones 

Impacto ambiental 

Alta emisión de contaminantes, puede no cumplir normas de revisión. 

Generalmente no contamina porque no circula regularmente 

Valor económico  

Bajo valor comercial 

Alto valor cultural, histórico y económico 

Normativa 

Debe pasar revisión técnico-mecánica (a veces no se cumple) 

Puede estar registrado como patrimonio o colección y tener normas especiales 

Ese humo negro que vemos salir de muchos autobuses viejos contiene sustancias que pueden causar enfermedades respiratorias.

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¿Quiénes se disfrazan más: los niños o los adultos?

¿Quiénes se disfrazan más: los niños o los adultos?

Octubre siempre llega con ese ambiente alegre que anuncia Halloween. Las tiendas se llenan de colores, máscaras, disfraces y dulces. La gente busca ideas para su disfraz, los colegios organizan actividades y los centros comerciales se llenan de personas que se suman a enseñar su disfraz. Pero con el paso del tiempo, algo ha cambiado; ya no son solo los niños los que esperan la fecha con emoción. Cada año, más adultos se unen a esta celebración.

Por: Valeria Bolaños Rodríguez

Facultad de Humanidades y Artes

Hace algunos años era raro ver a un adulto disfrazado, pero hoy en día esa situación cambió completamente; Se volvió algo muy común. En muchas fiestas, reuniones y hasta en las oficinas, los disfraces se han vuelto una parte muy importante en esta época del año, ya que los adultos también se pueden divertir y disfrutar al máximo de esta fecha, recordando su niñez.

Luisa Ramírez, una joven madre a quien le gusta esta época del año, está emocionada, ya que planea disfrazarse junto a su hijo de vaqueros. Alquilar ambos disfraces le costó unos $85.000 en total; para comprarlo costaba aproximadamente $180.000, lo cual para ella es costoso. “Hoy se ven muchos más adultos disfrazados que antes. Creo que lo hacemos también por ver felices a nuestros hijos y revivir un poco esa niñez que a veces no pudimos disfrutar tanto”, agregó.

Pilar Rodríguez, socia y accionista de la Casa de los Disfraces, cuenta que ahora alquilan casi la misma cantidad de trajes para grandes y pequeños. Afirma: “Antes solo se disfrazaban los niños, pero desde hace unos años los adultos también lo hacen”.

Disfrazarse no es una costumbre, pero sí una buena excusa para hacer algo distinto

Y es que las redes sociales han influido bastante en esta tendencia. Las fotos y los retos de disfraces en Instagram o TikTok motivan a muchos a participar y mostrarse creativos. Según Pilar, los adultos prefieren disfraces en pareja o temáticos, como piratas o personajes de películas, mientras que los niños se inclinan más por la temática de terror, como payasos, monstruos o la muerte.

Sin embargo, no todos viven Halloween de la misma manera. Diana Carvajal, madre de familia, asegura que no suele disfrazarse. “Por la fe que profeso no estoy muy de acuerdo con el tema del disfraz; sin embargo, pues a mi hija a ella le gusta disfrazarse” comenta. Su hija Camila Núñez, de 12 años, cuenta que ella misma elige su disfraz y que disfruta más mostrarlo que salir a pedir dulces. Expresa “En el colegio o en los centros comerciales hacen actividades, y me gusta ir así”.

En cambio, para algunos adultos jóvenes como Juan David Zapata, disfrazarse no es una costumbre, pero sí una buena excusa para hacer algo distinto. “No suelo hacerlo, pero me parece una forma de salir de la rutina”, comenta. Dice que ha participado en las fiestas de Halloween del trabajo. Si tuviera que disfrazarse, dice que elegiría algo sencillo, “como una máscara o un uniforme, nada tan elaborado”.

No se quedan atrás las mascotas, ya que en los últimos años muchas personas las disfrazan. En redes sociales abundan fotos de perros y gatos con trajes de superhéroes, calabazas o personajes de películas. Para muchos, incluir a sus mascotas en la celebración se ha vuelto parte del plan familiar y una forma de compartir la alegría de Halloween con todos los miembros del hogar.

Lo que queda claro es que Halloween ha dejado de ser una tradición solo para los niños, como lo era antes. Hoy, los adultos también encuentran en esta fecha una manera de expresarse, de ser creativos y dejar a un lado el estrés de lo cotidiano, saliendo un poco de la rutina. Algunos lo viven como diversión, otros como una moda y hay quienes simplemente disfrutan este ambiente de Halloween y salen a ver los disfraces de las personas.

Al final, no importa la edad, los niños y los adultos comparten ese momento en que pueden ser alguien distinto por una noche. Incluso una forma de unirse con sus familias, utilizando un disfraz con la misma temática. Halloween se ha convertido en un espacio donde la creatividad, la diversión y las ganas de celebrar se mezclan en una misma fiesta que une generaciones.

Los disfraces se han vuelto una parte muy importante en esta época del año, ya que los adultos también se pueden divertir y disfrutar al máximo de esta fecha, recordando su niñez .

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