Cuando el turismo crece, la ciudad cambia: Los efectos del auge turístico en Cali.

Cuando el turismo crece,la ciudad cambia: Los efectos del auge turístico en Cali

El crecimiento del turismo y la alta demanda de hospedaje en la ciudad de Cali generan un nuevo debate: ¿está la ciudad preparada para proteger al consumidor de los efectos de la alta demanda? 

Por: Ana Isabel García Zúñiga y Valentina Sánchez Mercado

Facultad de Humanidades y Artes

 

En Cali, el crecimiento del turismo en los últimos años ha incrementado la demanda de hospedajes temporales en distintos sectores de la ciudad. Eventos de alto flujo de turistas como la Feria de Cali y el Festival Petronio Álvarez atraen cada año a miles de visitantes tanto nacionales como internacionales, lo que genera mayor movimiento en el mercado del hospedaje. 

De acuerdo con un estudio realizado en el 2024 por el Observatorio de Turismo de Cali, durante el Petronio la ciudad acogió a más de 36.000 visitantes, según datos recopilados a partir de 1.460 encuestas realizadas durante el evento. También se reveló que el 94 % de los visitantes permaneció por lo menos una noche en la ciudad, lo que beneficia a sectores como hotelería, gastronomía y comercio local. 

El crecimiento del turismo en Cali impulsa la economía, pero también abre debates sobre regulación y protección al consumidor.

El estudio, divulgado por la Secretaría de Turismo de Cali, también evidenció que el 65 % de los turistas se alojó en establecimientos pagos, dentro de los cuales el 31 % lo hizo en hoteles, el 14 % en hostales y el 12 % en alojamientos reservados a través de plataformas digitales. Estas cifras reflejan cómo los eventos culturales de la ciudad se han convertido en un pilar para la llegada de visitantes y el dinamismo del sector turístico. 

La discusión sobre regulación para estos espacios alternativos de hospedaje se fortaleció tras lo ocurrido en Medellín en enero de 2026, durante la víspera del concierto del artista urbano Bad Bunny se denunciaron cancelaciones de reservas y aumentos significativos en los precios del hospedaje en plataformas digitales. 

El fin de semana del 23 al 25 de enero de 2026, turistas y visitantes de diversas regiones del país y del exterior que se desplazaron a Medellín para el concierto del artista Bad Bunny reportaron cancelaciones masivas en sus reservas realizadas con antelación a la capital Antioqueña. Algunos alojamientos fueron ofertados nuevamente a tarifas considerablemente superiores a las iniciales pactadas, según reportes difundidos por medios nacionales.  

En Cali, anfitriones de alojamientos temporales explican que los precios dependen principalmente del comportamiento de la demanda. 

Daniela Aristizábal, propietaria de un alojamiento activo en la plataforma digital de hospedajes temporales Airbnb, señala que la plataforma utiliza un sistema conocido como tarifa dinámica, que ajusta automáticamente los precios según factores como la temporada, la disponibilidad y el movimiento del mercado. Según explica, en su caso particular no modifica de forma manual los precios, ya que arrienda el apartamento por períodos mínimos de un mes debido a normas de propiedad horizontal que limitan las estancias cortas en algunos conjuntos residenciales. 

Por otro lado, Daniela Vásquez, también propietaria de un alojamiento temporal, explica que durante eventos masivos el comportamiento del mercado sí influye directamente en las tarifas. “Cuando hay eventos masivos, sí llega a haber un aumento en el precio debido a la demanda y al movimiento del mercado”, afirma. 

Según indica, no ha percibido controles directos por parte de autoridades locales frente a los precios durante estas temporadas: “En mi experiencia, los precios se ajustan principalmente por la dinámica del mercado y la demanda del momento”, señala. 

Para Vásquez, el crecimiento de los hospedajes temporales también ha comenzado a tener consecuencias en el mercado de vivienda de la ciudad: “Algunas propiedades que antes se destinaban a arriendos de largo plazo ahora se ofrecen para estancias cortas, lo que reduce la oferta disponible para residentes permanentes”, explica. 

El crecimiento de estos hospedajes también se evidencia en las cifras del sector turístico, de acuerdo con datos divulgados por Airbnb, durante 2024 la actividad de anfitriones y huéspedes generó un impacto económico superior a 10,6 billones de pesos en Colombia. De esta cifra, cerca de 1,6 billones correspondieron a ingresos directos para anfitriones, mientras que los viajeros destinaron más de 9 billones de pesos en comercios locales, especialmente en restaurantes, entretenimiento y compras. 

Según la plataforma, más del 40 % del gasto de los huéspedes se realiza en los mismos barrios donde se ubican los alojamientos, lo que demuestra el impacto que este tipo de turismo puede tener en las economías locales. 

Las experiencias de los visitantes también manifiestan cómo perciben estos cambios en los precios. César Gabriel Cruz, turista mexicano que ha visitado Medellín y Cali, afirma haber percibido incrementos moderados en los alojamientos durante eventos, aproximadamente entre cinco y diez dólares por noche, aunque señala que esto no afectó significativamente su presupuesto de viaje. 

La percepción cambia en el caso de Israel Efrén Jiménez Bucio, también visitante extranjero, quien explica que en Medellín el aumento se percibe con mayor fuerza en sectores turísticos como El Poblado, donde el costo del alojamiento sí llegó a afectar el presupuesto que había destinado para su viaje. 

En Cali, ambos visitantes coinciden en que los incrementos de precios se reflejan de manera menos pronunciada y suelen variar dependiendo de la zona turística donde se ubique el alojamiento. 

¿Cómo funciona una plataforma de alojamiento? 

Las plataformas digitales de alojamiento temporal permiten que propietarios particulares publiquen viviendas, habitaciones o apartamentos para estancias de corta duración. 

Para registrarse como anfitrión- en Airbnb-, el usuario debe crear una cuenta, verificar su identidad y registrar la propiedad dentro de la plataforma. Allí puede publicar fotografías del espacio, establecer normas para los huéspedes y definir un precio base por noche. 

La plataforma también ofrece herramientas automáticas para ajustar las tarifas según factores como la temporada, la demanda turística y la disponibilidad de alojamientos en la zona. Este sistema es conocido como tarifa dinámica, que modifica los precios dependiendo del comportamiento del mercado. 

En Colombia, estas plataformas operan dentro del marco del Estatuto del Consumidor, lo que permite que los usuarios realicen reclamaciones ante la Superintendencia de Industria y Comercio cuando sientan que sus derechos han sido vulnerados. 

 

Los barrios frente al crecimiento del turismo 

Más allá de las cifras económicas, el aumento del turismo también ha comenzado a transformar la dinámica de algunos barrios de la ciudad, como ocurre en el barrio El Peñón, uno de los sectores con mayor movimiento turístico en Cali; los cambios son visibles para quienes habitan allí de forma permanente. 

Mateo Rivas, residente del sector, afirma que varias viviendas han sido convertidas en alojamientos temporales o establecimientos comerciales, lo que ha incrementado el tránsito vehicular, el ruido nocturno y la presión sobre los espacios residenciales: “Antes era un barrio muy tranquilo. Ahora hay más turismo y más comercio, lo que genera más movimiento y ruido en las calles”, explica. Aunque reconoce que el turismo dinamiza la economía local, considera necesario establecer ciertos límites para proteger la convivencia en zonas tradicionalmente residenciales. 

Las cifras oficiales también permiten observar cómo se comporta el sector del alojamiento en la región. Según la Encuesta Mensual de Alojamiento (EMA) del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en diciembre de 2025 la ocupación hotelera en la región Pacífico —que incluye al Valle del Cauca— se ubicó alrededor del 40,8 %. 

Durante ese mismo periodo, la variación anual en las tarifas fue de 3,3 % en acomodación sencilla y 1,1 % en acomodación doble a nivel nacional, mientras que en la región Pacífico las variaciones fueron de 1,5 % y 3,8 % respectivamente. 

Estas cifras muestran que el sector hotelero formal registra incrementos moderados asociados a temporadas específicas. Sin embargo, los testimonios de anfitriones, turistas y residentes evidencian que en algunos sectores de la ciudad los cambios pueden sentirse con mayor intensidad durante eventos de alta demanda. 

Desde la mirada de algunos residentes, el turismo también representa una oportunidad para posicionar a Cali como un destino interesante de conocer. Rosa Playonero, habitante de la ciudad desde hace más de cinco décadas, destaca que en los últimos años Cali ha fortalecido su propuesta turística con espacios como el Parque del Perro, el barrio San Antonio, el Bulevar del Río y otros sectores gastronómicos que cautivan a los visitantes. “La ciudad ha progresado mucho, hay muchos lugares bonitos para conocer y los precios siguen siendo accesibles para quienes vienen a visitarnos” afirma. 

El crecimiento del turismo representa una oportunidad económica importante para Cali. Sin embargo, lo ocurrido en Medellín demuestra que cuando la demanda aumenta de forma imprevista, el mercado del alojamiento puede experimentar tensiones si no existen reglas o regulaciones claras. 

Para Cali, el reto no está en frenar el turismo, sino en anticipar cómo gestionar ese crecimiento sin afectar la estabilidad del mercado de vivienda ni la convivencia en los barrios que hoy comienzan a transformarse. 

El crecimiento del turismo en Cali representa una oportunidad importante para la economía local, especialmente para sectores como la hotelería, la gastronomía y el comercio.

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El río Aguacatal agoniza esperando el plan de choque.

El río Aguacatal agoniza esperando
el plan de choque. 
  

Después de que el Dagma anunciara el 17 de julio de 2025 un plan de choque, no hay avances visibles.

Autores:Alex Ospitia y Jhonier Bravo.

Facultad de Humanidades y Artes

El río Aguacatal sigue en alerta por vertimientos de aguas residuales, falta de alcantarillado, sedimentos mineros y plagas que golpean el comercio local y calidad de vida.  

  

La situación del río Aguacatal muestra cómo, pese a su importancia ambiental, las comunidades de Montebello y sectores cercanos siguen enfrentando contaminación y abandono institucional. Más que promesas, se necesitan acciones reales y soluciones estructurales para recuperar el río y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

 Montebello es uno de los quince corregimientos que integran la zona rural caleña, está conformado por dos sectores: la cabecera que lleva su mismo nombre y Campoalegre. En conjunto suman apenas 412,6 hectáreas, una extensión modesta. Sin embargo, es el corregimiento más pequeño en tamaño, pero el más densamente poblado. En sus laderas se concentra el 24 % de la población total de los corregimientos de Cali. Con más de 8.800 habitantes en la zona.  

A la orilla de estos corregimientos pasa el río Aguacatal. Este río desemboca aproximadamente 50.976 toneladas de agua al día, una cifra que evidencia su relevancia hídrica. El río Aguacatal desemboca en el río Cali, lo que significa que la calidad del agua que llega al río Cauca también está influenciada por su situación. Desde su nacimiento hasta su desembocadura recorre aproximadamente 14,2 kilómetros, atravesando zonas rurales y corregimientos como Montebello, Campo Alegre, Las Palmas y Aguacatal Bajo.  

Para muchos habitantes el río se ha convertido en una fuente de preocupación ambiental. “La gran afectación del río son las aguas negras que llegan directamente a él. Eso se ve más que todo en la parte alta, en donde hay mucha invasión. Y a eso se suma gente que tira basura al río. No solo hace falta conciencia de la gente, sino también mucho control por parte de las autoridades”, aseguró Jéssica Natalia Henao, ingeniera ambiental residente del barrio Alto Aguacatal.  

Pese a que las actividades de minas ilegales en el sector se encuentran suspendidas desde hace aproximadamente 20 años y que a la fecha no existe explotación, aún permanecen pasivos ambientales a raíz de dicha actividad.   

“El río Aguacatal sufre un doble ataque: el químico, proveniente del Drenaje Ácido de Minas (DAM) que tiñe el agua de naranja, y el orgánico, producto del crecimiento demográfico sin planeación de Montebello”, cuenta Luis Eduardo Gaviria, comerciante del sector de Campo Alegre.  

Uno de los motivos principales y que ha afectado el río, es la minería, fue por este motivo que en agosto del 2025 el subdirector de Calidad Ambiental del Dagma, Diego Benavidez anunció que “Como parte del plan de choque, en los próximos días se instalarán sensores de PH, metales pesados y oxígeno disuelto, con el propósito de evaluar la calidad del agua en tiempo real y ajustar estrategias. De igual forma y entre las medidas inmediatas, se explora una opción basada en naturaleza por medio de microalgas, que ayudan a mitigar el efecto de la coloración de las cargas orgánicas en el lecho del río Aguacatal”.   

El patrullero Jorge Ortiz, policía del cuadrante de Palmar I con tres años de servicio en la zona, confirma que “desde el anuncio del proyecto en julio de 2025, no se ha visto personal del DAGMA trabajando en la recuperación del río”.   

Aunque la administración municipal prometió colectores y plantas de tratamiento, los habitantes de los corregimientos Montebello, Campo Alegre y Aguacatal Alto y Bajo, siguen sin ver avances con el proyecto: “seguimos sufriendo con la contaminación del río que continúa aumentando últimamente”, comentó Freddy Ortiz, dueño de la fonda Campo Alegre y habitante del mismo sector hace 10 años.  

El discurso oficial y la realidad del terreno es absolutamente diferente, mientras el Dagma anuncia que han avanzado en el proyecto, por otro lado, Milena Quiñonez, expresidenta de la Junta de Acción Comunal de Aguacatal Bajo, confirma lo contrario: “el sector vive en un estado de abandono gubernamental histórico, el principal motor de la contaminación es estructural: la falta de sistemas de alcantarillado en varias zonas obliga a que los desechos caigan al cauce, una problemática que ‘lleva muchísimos’ años sin solución”.   

Añadió, “Si eso no cambia, al río Aguacatal seguirán cayendo aguas negras de los sectores de Palmas I, Palmas II y Villa del Mar. También hace falta un colector a la altura de la Avenida 14, que cubriría 100 metros del barrio Bajo Aguacatal para que este sector esté completamente descontaminado. Por el momento, solo se tiene un 70 % de casas cuyas aguas ya no llegan al río, lo que equivale a cerca de 800 viviendas”.  

Hoy el rio sigue siendo una amenaza. Guillermo Trujillo, fundador del mini-market en Montebello con más de cinco años en el sector, cuenta que: “los olores se han vuelto insoportables, afectando la clientela y el bienestar familiar”.   

Sin embargo, lo más preocupante es la crisis sanitaria colateral: la contaminación ha disparado la presencia de plagas y ratas que, como cuenta Blanca Vanegas, comerciante de Campo Alegre: “como si fuera poco, la plaga de roedores y zancudos provenientes del río ya invaden las viviendas cercanas, tenemos que llenar las casas de trampas para roedores y productos en aerosol o de humo que espanten los zancudos”.  

“Todo empieza arriba con la minería, pero aquí abajo sufrimos el olor y las ratas. El gobierno dice que va a venir, pero aquí no hemos visto a nadie del DAGMA trabajando desde ese anuncio del año pasado”, coincide Luis Eduardo habitante y comerciante del sector Bajo Aguacatal.  silencio de las autoridades ambientales no solo deja en el aire las promesas de julio de 2025, sino que profundiza la incertidumbre de una comunidad que sigue respirando el olor del abandono y conviviendo con las plagas de un río que se apaga.  

Ante el evidente descuido y el estancamiento en el plan de choque para la recuperación del río, se intentó contactar formalmente mediante correos, llamadas a las líneas oficiales y acercamiento a la atención al ciudadano al Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente, sin tener respuestas hasta el cierre de esta edición.  

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Cuotas de administración residencial en el 2026: ¿IPC o salario mínimo?

Cuotas de administración residencial en el 2026: ¿IPC o salario mínimo?

en un contexto marcado por decisiones presupuestales y tensiones entre sostenibilidad y capacidad de pago. 

Autores: Karold Castañeda, Juan Diego Tovar y Juan Lozada

Facultad de Humanidades y Artes

El alza en las cuotas de administración residencial en Colombia para 2026 presenta incertidumbre tras la suspensión del decreto del salario mínimo, aunque inicialmente se proyectaban aumentos de entre 12% y 20%, o incluso del 23.78% igual al salario mínimo, afectando seguridad y mantenimiento. 

Las cuotas de administración son pagos mensuales que hacen los propietarios para cubrir los gastos comunes de los conjuntos residenciales. Estos gastos incluyen la vigilancia privada, limpieza y mantenimiento de zonas comunes, administración y otros servicios necesarios para el funcionamiento del edificio o conjunto.  

Más allá del porcentaje, el aumento de las cuotas de administración en 2026 muestra lo difícil que es equilibrar los costos de los conjuntos con el bolsillo de los residentes…

Según la Ley 675 de 2001, que regula la propiedad horizontal en Colombia, no existe un porcentaje obligatorio que determine el incremento de estas cuotas, ni está legalmente establecido que deban ajustarse automáticamente con el índice de Precios al Consumidor (IPC) o con el salario mínimo. En cambio, el aumento debe basarse en un presupuesto anual claro y debe ser aprobado por la Asamblea de Copropietarios. 

 Para Tatiana Miranda, economista, el aumento de las cuotas de administración en 2026 puede explicarse por un fenómeno conocido como inflación por vendedores. Según explica, ante el anuncio de un incremento cercano al 23 % en el salario mínimo, algunos administradores y prestadores de servicios tienden a trasladar ese mismo porcentaje a los precios, sin que todos los costos hayan aumentado en igual proporción. Esto, señala, termina presionando el costo de vida de los hogares. 

A finales de diciembre de 2025, el Gobierno Nacional decretó un aumento del salario mínimo cerca del 23,7 % para 2026, con el objetivo de mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores. Sin embargo, esa medida fue suspendida temporalmente por el Consejo de Estado en febrero de 2026 por falta de justificación legal, lo que ha generado incertidumbre sobre cómo se deben calcular algunos costos asociados en la economía, incluyendo los de la administración residencial.  

Entre tanto, el IPC anual de Colombia, que mide la inflación de precios al consumidor, cerró 2025 alrededor del 5 %, cifra muy inferior al incremento proyectado del salario mínimo. Estas discrepancias entre inflación y salarios abren el debate sobre cuál parámetro es más apropiado para ajustar las cuotas.  

Para Luz Marina Manrique, administradora de propiedad horizontal en el norte de Cali, el aumento de la cuota de administración en 2026 responde a una necesidad presupuestal y no a una decisión arbitraria. Explica que más del 70 % del presupuesto de un conjunto residencial se destina a nómina, principalmente vigilancia, aseo y mantenimiento, rubros directamente impactados por el aumento del salario mínimo. 

En el conjunto que administra, el incremento aprobado fue del 18 %, por debajo del ajuste salarial inicialmente decretado. “Revisamos contrato por contrato. No todos los gastos suben en la misma proporción, pero si no se ajusta la cuota, el conjunto entra en déficit”, señala. La administradora reconoce la inconformidad de algunos propietarios, aunque advierte que no aprobar un presupuesto realista puede traducirse en deterioro de zonas comunes, atrasos en pagos o reducción de personal. 

Desde el personal operativo, Carlos Andrés Rivas, vigilante de una empresa de seguridad privada, subraya que el debate suele omitir el impacto real de los costos laborales. “Cuando sube el salario mínimo también aumentan los aportes y la seguridad social. Eso se refleja en lo que pagan los conjuntos”, explica. A su juicio, recortar personal para contener gastos puede afectar directamente la seguridad de los residentes. 

La percepción de los propietarios es distinta. Luz Dary Hernández, residente en un conjunto del sur de Cali, asegura que el incremento de este año fue el más alto desde que vive allí. “La cuota pasó de 286 mil a casi 354 mil pesos. Eso pesa en el presupuesto familiar”, afirma. Aunque reconoce la relación con el aumento salarial, considera que falta mayor claridad en la explicación de los gastos y advierte que el problema no es solo el incremento puntual, sino la acumulación de presiones económicas. 

Para Adriana Mesa, residente de la unidad residencial Sorrento 1, el incremento de la cuota de administración aprobado para 2026 generó inconformidad entre varios propietarios. Según explica, durante 2025 la cuota mensual era de 169 mil pesos, pero para este año se aprobó un aumento del 23,7 %, que la elevó a 205 mil pesos. 

La decisión provocó tensiones durante la asamblea general realizada el pasado 21 de febrero, en la que se registraron discusiones entre los propietarios y el equipo administrativo. Uno de los puntos más polémicos fue el ajuste salarial del contador y de la administradora del conjunto. 

Mesa señala que la propuesta inicial planteaba aplicar el mismo incremento del 23,7 % a estos cargos, lo que generó desacuerdos entre los asistentes, especialmente porque desde enero ya se habían aplicado aumentos bajo ese mismo porcentaje. “El ambiente se tornó tenso cuando se abordó el tema de los salarios”, relata. 

Tras una discusión prolongada, la asamblea llegó a un acuerdo: el incremento salarial para ambos cargos sería del 18 %, con lo cual se dio por concluida la reunión. 

El debate por el aumento de las cuotas de administración en 2026 evidencia una tensión estructural entre inflación, costos laborales y capacidad de pago de los hogares. Más allá del porcentaje aplicado, la discusión pone en el centro la necesidad de decisiones presupuestales transparentes y criterios técnicos que permitan equilibrar la sostenibilidad de los conjuntos residenciales con la realidad económica de los propietarios. 

Entre inflación, salarios y presupuestos, el aumento de las cuotas de administración termina siendo un reflejo de las tensiones económicas del país.

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Orlando Sánchez: el hombre que instauró el orgullo afro en Yumbo

Orlando Sánchez: el hombre que instauró el orgullo afro en Yumbo

Obrero, soñador, organizador y maestro comunitario. 

Autor: Jean Carlos Salcedo Murcia

Facultad de Humanidades y Artes

 Durante dos décadas, Orlando Sánchez Lasso ha tejido un liderazgo construido desde la berraquera y la constancia: logró unir a una comunidad dispersa, formar jóvenes líderes, enfrentar amenazas y sembrar un legado que hoy retumba como un tambor en la memoria afro de Yumbo.

“Orlando nos motiva con hechos. Con danza, con canto alabao, con talleres. Nos enseña que participar no es un hobby: es defender quiénes somos”.

Para su hija, María del Pilar Sánchez Holguín, el impacto de su padre se ve en cada espacio cultural y educativo que hoy existe en el municipio: “Él logró que la afrocolombianidad tenga presencia real en Yumbo. Eventos, exposiciones, plazas docentes, espacios educativos… donde va, su compromiso se reconoce”. Y la palabra “compromiso” no es menor: describe una vocación que no desaparece cuando los reflectores se apagan.

Desde la administración municipal, María Yohana Salcedo confirma que la visión de Orlando transformó la relación entre el Estado local y la comunidad afro. “Antes había poca participación”, asegura. “Ahora la gente se siente incluida. AfroYumbo ha crecido con los proyectos que él impulsa. Su liderazgo es visible”.

Pero Orlando no se entiende a sí mismo solo desde el rol público. También habla desde la identidad. “Ser afro es algo que se lleva en la sangre”, afirma. “Uno oye un tambor y el cuerpo responde solo”. En su voz hay orgullo, pero también reivindicación política. La identidad, para él, es un territorio que se defiende tanto como la tierra. Es piel, es memoria, es historia, es dignidad.

Yumbo, con sus más de 108.000 habitantes y un 3,3 % de población afro reconocida, es un municipio industrial donde las luchas raciales han sido silenciosas, quizá demasiado. En el Valle del Cauca, la exclusión racial sigue siendo estructural. Por eso la lucha de Orlando no es un capítulo aislado sino una pieza de una batalla más amplia. Es también un recordatorio de por qué su trabajo importa.

Cuando se le pregunta por una palabra que resuma su historia, no duda: “Berraquera”. Y luego añade, casi con la misma fuerza: “Constancia”. Ambas palabras forman la columna vertebral de todo lo que ha hecho: resistir, persistir, insistir.

Al caer la tarde, cuando el sonido de la brisa y la marimba se mezclan con las voces del barrio, Orlando suele sentarse frente a su casa. Mira pasar la gente, responde saludos, escucha a quien se acerca con una consulta. No parece un líder histórico, ni un fundador, ni un símbolo. Parece un hombre común. Y quizá allí radica su fuerza: la grandeza sin tanto alarde.

En Yumbo, cuando el tambor suena, siempre hay un hilo invisible que conduce hacia él. Orlando Sánchez Lasso no solo creó una organización: organizó una identidad. Construyó un nosotros. Su legado vibra en cada taller, en cada consejo comunitario, en cada joven que estudia porque él insistió. Es un legado que no se impone: se escucha. Como los tambores. Como la memoria. Como un corazón colectivo que late al mismo ritmo.

 

Un ritmo que él ayudó a despertar. Y que, gracias a él, ya no volverá a silenciarse.

 Él logró que la afrocolombianidad tenga presencia real en Yumbo. Eventos, exposiciones, plazas docentes, espacios educativos… donde va, su compromiso se reconoce”. 

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Freestyle: El arte marcial que rompe el molde del taekwondo

Freestyle: El arte marcial que rompe
el molde del taekwondo

El freestyle fusiona taekwondo, música y acrobacia en una expresión artística y técnica sin combate directo.

Por: Lizeth Dayana Rojas Valencia y Marycarmen Oliveros Villalobos

Facultad de Humanidades y Artes

Cuando alguien escucha taekwondo, imagina dos atletas enfrentados en combate, intercambiando patadas rápidas para sumar puntos, esa sería la imagen tradicional y más conocida. Sin embargo, existe una modalidad que rompe este esquema: el freestyle, aquí no hay rivales directos, sino un escenario donde el atleta mezcla patadas, acrobacias y música, transformando el tatami en un verdadero espectáculo deportivo y artístico.

“Los atletas entrenan tres veces por semana poomsae y complementan con sesiones enfocadas en habilidades específicas como las patadas con giro”.

Para comprender mejor esta disciplina, es clave entender el poomsae, una de las modalidades tradicionales del taekwondo. El poomsae, es una secuencia predeterminada de movimientos y técnicas que representan una situación de combate imaginaria, donde se ponen en práctica defensa, ataque y desplazamiento.

El freestyle nace de esa base, pero introduce un cambio, por eso la Institución Nacional de Taekwondo, lo define como “la evolución creativa del poomsae. Los atletas crean secuencias propias que incluyen música, acrobacias y movimientos espectaculares. Aquí se combina el arte marcial con la expresión artística y la gimnasia, en un formato dinámico y visualmente impactante”.

En el freestyle, la creatividad es un pilar esencial. Los deportistas deben diseñar coreografías únicas, sincronizar sus movimientos con la música y lograr conexión con el público. Nirley Valdelamar Pertuz cinturón negro 1°, afirma: “la creatividad y la expresión corporal son el alma del freestyle; son más llamativas aquellas rutinas que logran concretar con el espectador que las que solo se enfocan en la técnica”.

El entrenamiento detrás de cada disciplina exige constancia, Duvan Maestra Cinturón negro 1°, explica, “Implica desarrollar una condición física completa, fuerza, flexibilidad y resistencia, perfeccionar la técnica de los movimientos como los giros, saltos, patadas y trabajar la creatividad para diseñar y ensayar una rutina que cumpla con las reglas del torneo, buscando la fluidez y dificultad en la ejecución”.

De acuerdo con la Federación Mundial de Taekwondo (WT), establece en su reglamento, la duración estándar entre 60-70 segundos, cada presentación, la puntuación total es 10 puntos, divididos, entre, las habilidades técnicas, nivel de dificultad, precisión y presentación, la actuación debe incluir técnica en 60% de piernas y 40% en brazos.

Stiven Mejía, cinturón negro 1°, explica, “es una categoría que tiene la poomsae, pero no está predeterminada. Se trata de una coreografía libre donde se califican cinco habilidades: patadas en salto, patadas múltiples, giros, combinaciones de combate, entre siete y diez técnicas, y finalmente acrobacias como mortales con pateo”.

Aunque el freestyle despierta admiración, no todos los taekwondista lo practican. Juan Felipe Martínez Mejía, cinturón azul y deportista de combate, aporta una mirada distinta,

“Son disciplinas completamente diferentes, aunque comparten técnicas. El combate está más desarrollado, incluso es olímpico, mientras que el freestyle aún no tiene ese alcance. Sin embargo, creo que aporta visibilidad y reconocimiento adicional al taekwondo porque va más allá de lo común”.

Para él, la principal diferencia radica en que el combate es impredecible y obliga a pensar estrategias en tiempo real, mientras que el freestyle sigue una rutina ya diseñada. Aun así, reconoce que ambas modalidades pueden convivir y complementarse en el crecimiento del taekwondo colombiano.

Esa mirada desde el combate se enriquece al escuchar a quienes vivieron el freestyle en carne propia. Uno de ellos es Felipe Galarza, cinturón rojo, quien entrenó en el polideportivo Los Guaduales y recuerda su paso por la modalidad,

“Es una parte donde usted muestra qué tan creativo y expresivo puede ser, sin lastimar a nadie. Además, fortalece la concentración del cuerpo y la mente”.

Para él, el freestyle exige no solo flexibilidad, fuerza y concentración, sino también una preparación meticulosa, estiramientos, memorización de movimientos, repetición constante y un uso estratégico de la música. “El ritmo de la música siempre ayuda a fortalecer la postura y a darle sentido a cada movimiento”, asegura.

Felipe reconoce que competir en esta modalidad nunca fue sencillo: “Las patadas y los puños deben ser muy exactos y en la altura precisa, de lo contrario la calificación baja. Además, siempre sientes la tensión de estar frente a otros competidores muy preparados”. Señala que entre los mayores retos que enfrentó, está la exigencia física, alcanzar la altura ideal en las patadas y la presión emocional al no lograr un movimiento correcto. Pese a ello, afirma que el freestyle le dejó enseñanzas valiosas sobre disciplina, expresión corporal y creatividad en el deporte.

Cómo todo deporte, a cada deportista le deja miles de vivencias y el freestyle no se queda atrás, Sebastián Mogrovejo, cinturón rojo, que practica desde los 8 años le ha permitido aprender acrobacias y vivir experiencias únicas, “Lo chévere es ver cómo todos te observan y logras impresionarlos con tus acrobacias. Lo más importante es darla toda y salir con la moral en alto, dejar el nombre de tu club marcado en cada campeonato”.

El freestyle no busca derrotar a un oponente, sino conquistar al público con cada giro, cada salto y cada golpe de ritmo. Es una modalidad que, más allá de la técnica, invita a expresarse, a reinventar el arte marcial y a mostrar que en el taekwondo también hay espacio para la creatividad y la emoción. En cada presentación, estos atletas no solo compiten: cuentan una historia, dejan huella y demuestran que el tatami también puede ser un escenario para el arte.


 ¿Dónde entrenar? Dirección Contacto
Escuela de Comfandi. Carrera 23 N° 26B-46 El Prado. (602)4859999

Liga Vallecaucana de Taekwondo. Coliseo el Pueblo 3187839085

Polideportivo los Guaduales. Cra. 9 Nte. #71-35

Taekwondo JANGSEUNG carrera 23 #55-29, piso 2 barrio el trebol 3026529290

 “El ritmo de la música siempre ayuda a fortalecer la postura y a darle sentido a cada movimiento”. 

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La ampliación de la carretera Santander de Quilichao – Popayán: un equilibrio entre desarrollo, conservación y trabajadores.

La ampliación de la carretera Santander de Quilichao – Popayán: un
equilibrio entre desarrollo, conservación y trabajadores.

Por: Lizeth Dayana Rojas Valencia

Facultad de Humanidades y Artes

Infraestructura y cuidado el reto de los biólogos e ingenieros de ajustar la vía sin afectar la biodiversidad.

“Este marco legal establece programas y obligaciones específicas para que las actividades constructivas no se realicen a costa del medio ambiente, sino que incorporen medidas de mitigación desde el diseño inicial”.

Es un proyecto clave para mejorar la conectividad y el desarrollo económico del suroccidente colombiano, enfrenta un reto crucial: minimizar su impacto en una zona de alta biodiversidad. A pesar de la necesidad de infraestructura en una región históricamente afectada por problemas de acceso, los esfuerzos para proteger los ecosistemas y las especies endémicas son una prioridad.

En este contexto, los biólogos cumplen una función esencial. Ellos lideran el monitoreo ambiental, diseñan estrategias preventivas y ejecutan acciones concretas para proteger la fauna y flora local durante todas las fases de la construcción. El biólogo Carlos Mario Maestra Garay expresa que su rol en este tipo de construcciones, “es imprescindible para la sostenibilidad del medio ambiente y por tanto para la ejecución del proyecto. La labor que han llevado a cabo los biólogos en dicho proyecto es altamente relevante, resguardan la biodiversidad de la región y ayudan a la protección de los ecosistemas allí́ presentes, tienen en cuenta los aspectos necesarios para cumplir con las obligaciones legales y ambientales pertinentes del proyecto.

La obra opera bajo una licencia ambiental que regula tanto los aspectos abióticos como el agua, el aire, el suelo y los bióticos, relacionados con la fauna y la flora. Claudia Ximena Lemos Carvajal, bióloga involucrada directamente, explica “Este marco legal establece programas y obligaciones específicas para que las actividades constructivas no se realicen a costa del medio ambiente, sino que incorporen medidas de mitigación desde el diseño inicial”.

Una de las primeras acciones es el ahuyentamiento de fauna silvestre, un proceso que identifica las especies presentes y las traslada a hábitats seguros antes de que comience cualquier movimiento de tierra. Durante la construcción, si un trabajador encuentra un animal herido, un nido o cualquier indicio de vida silvestre, debe notificarlo de inmediato al equipo ambiental, que actúa rápidamente para rescatar y reubicar a los ejemplares en áreas alejadas de la maquinaria.

Los biólogos realizan inspecciones detalladas, identificando  especies de vida silvestre, trasladándolos cuidadosamente a zonas adecuadas para no interrumpir sus ciclos reproductivos. El proyecto implementa pasos de fauna, como puentes verdes y túneles, para facilitar el cruce seguro de animales y reducir accidentes. Los puentes son utilizados en áreas de denso dosel arbóreo para especies como monos y ardillas, mientras que los túneles son más apropiados en zonas con poca vegetación para animales terrestres como osos hormigueros y zorros.

El biólogo Maestra señala que “Las obras fragmentan hábitats, especialmente para anfibios y reptiles de baja movilidad” y sugiere alternativas como construir en pastizales o usar autopistas elevadas, aunque estas opciones son más costosas.

Antes de cada proyecto, un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) identifica la fauna local y la mejor ubicación para los pasos de fauna. Se implementan planes de compensación ambiental para restaurar áreas degradadas, prevenir la erosión y fomentar la regeneración de ecosistemas.

La bióloga Lemos destaca que “los mayores retos son evitar la fragmentación de hábitats, la contaminación de recursos naturales y los problemas sociales como la inseguridad y los bloqueos en la vía Panamericana”.

El impacto de la obra trasciende lo ambiental y afecta a las comunidades locales. Valentina Ordóñez, residente de la zona, comenta: “La construcción nos ha complicado el transporte y la economía. Los ‘pare y siga’ reducen los ingresos de quienes dependen de la vía y aumentan la contaminación por el tiempo que pasamos esperando”. A pesar de estas dificultades, muchos reconocen el valor de la inversión y los beneficios que traerá a largo plazo.

La iniciativa se destaca por su enfoque interdisciplinario, que reúne a biólogos, ingenieros, arquitectos y otros expertos para minimizar el impacto ambiental en todas sus etapas, desde la reubicación de especies hasta la pavimentación final.

Esta colaboración asegura que las decisiones técnicas prioricen la conservación de la biodiversidad local, promoviendo un desarrollo responsable. Un componente clave es la formación continua que los biólogos brindan a los trabajadores mediante inducciones y cursos mensuales.

Según la bióloga Lemos Carvajal, “Se les enseña a identificar fauna y flora, manejar encuentros con animales silvestres y adoptar prácticas que reduzcan el daño ambiental, como evitar las quemas, no arrojar basura o lavar motocicletas en fuentes de agua”. De esta manera, se fomenta la conciencia ambiental y se capacita al personal para manejar adecuadamente situaciones como el hallazgo de nidos o animales en peligro, garantizando la protección del entorno.

Este proyecto se consolida como un modelo de desarrollo sostenible, donde la necesidad de progreso económico y conectividad se entrelaza con la urgencia de proteger una biodiversidad única.

Gracias al esfuerzo conjunto, demuestra que es posible construir sin devastar, implementando medidas como pasos de fauna, reforestación y programas de capacitación ambiental que salvaguardan ecosistemas frágiles y especies vulnerables.

A pesar de los desafíos, como la fragmentación de hábitats, la contaminación, la inseguridad, los bloqueos en la vía Panamericana y las molestias temporales para las comunidades, el proyecto busca equilibrar las demandas humanas con la preservación de la naturaleza.

Tal como lo expresa Inés Ruiz, residente de la comunidad de Santander de Quilichao, “todo debe hacerse de manera segura, sin dañar los ecosistemas solo por el beneficio humano”. Así, este esfuerzo colectivo no solo pavimenta una carretera, sino también un camino hacia un futuro en el que desarrollo y conservación avancen de la mano, dejando un legado de responsabilidad para las generaciones venideras.

La  bióloga  Claudia Lemos con sus protecciones requeridas realiza una búsqueda manual, en un 
entorno selvático de la vía Santander de quilichao - Popayán. La imagen captura el esfuerzo y
la conexión con la naturaleza en medio de un paisaje verde y frondoso. Foto: Oscar Ramírez.

“Se les enseña a identificar fauna y flora, manejar encuentros con animales silvestres y adoptar prácticas que reduzcan el daño ambiental, como evitar las quemas, no arrojar basura o lavar motocicletas en fuentes de agua”.

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