SIN MALESTAS: PARTE 2. El afgano que marchó por sus hermanas

Utópicos web 2.0 reproduce un especial periodístico de nuestro medio aliado mexicano www.lopolitico.com

SEGUNDA ENTREGA

Un aroma intenso calienta una fría casa en las afueras de Frosinone, al sur de Roma.

El café está listo. 

En este gran salón espartano, con las persianas todavía cerradas, no hay ni una fotografía; ni cuadros en las paredes. Ningún objeto decora el ambiente.

Sólo una gran chimenea apagada en el centro de la habitación.

—En Afganistán, el huésped es sagrado —dice Wali tras una afectuosa bienvenida—nosotros tomamos el té, pero el café es una de las cosas que más me gusta de Italia.

Y pasa entonces una tacita…

—La casa la he alquilado y la he arreglado un poco —dice el joven afgano mientras muestra los muebles que ha juntado gracias a su trabajo en una empresa de mudanzas.

Llegó a Italia desde hace ocho años, cuando sólo tenía 16 y hoy vive con otros dos chicos afganos y un sirio, su familia en Italia.

Gracias a su personalidad extrovertida, Wali siempre es el punto de referencia en casa. En su trabajo. En su familia.

Quería ir a Inglaterra, pero su viaje se detuvo en Roma “su  segunda prisión”. Se siente atrapado. No puede continuar con ese viaje imaginario que tenía como destino final Londres. Levanta la mano y señala entonces la pared de su habitación donde hay una imagen en blanco y negro delTower Bridge con la bandera británica; rojo y azul son el único toque de color en todo el departamento. El punto de partida fue Afganistán, el que se truncó fue Inglaterra, donde grupos de la extrema derecha marcan con pintura roja las puertas de los refugiados.

Wali fuma enciende un cigarrillo tras otro. Es momento de confesar por qué dejó Afganistán.

Abrimos el balcón, hace un día soleado, tomamos un poco de aire fresco, hay ropa colgada fuera: unas sudaderas, pantalones vaqueros. Hace frío; se arropa en su chamarra de piel y mira su proprio reflejo en el cristal de la ventana.

—Es peor que una mujer, es un vanidoso, se la pasa pensando en el pelo y en arreglarse el flequillo —se burla Talib, su amigo desde el otro rincón de la habitación.

Wali abre esos ojos negros en forma de almendras. Lo delata su mirada triste detrás de una blanca sonrisa. Es chaparrito, la piel morena. Habla un italiano perfecto que le permitió integrarse rápidamente, no obstante sus amigos coinciden:

— Él es un buen chico, me gusta mucho su personalidad. Lleva una vida limpia aquí. Trabaja duro, piensa solo en su familia. Su único defecto es que se ha quedado aquí… él tenía que haberse ido a otro lugar.

Las revueltas…

—Tengo nueve hermanas que iban a la escuela. Era mi deber hacer algo por ellas.

Décimo de 12 hijos y el menor de los varones, Wali tenía una tienda de ropa y cosméticos e iba a la escuela vespertina en Jalalabad; cuando vivía en el pueblo, estaba en contacto con un grupo de jóvenes que vivían en Inglaterra y le platicaban cómo es la vida allí: democracia, libertad.

Mujeres con los mismos derechos que los hombres.

En 2006, mientras estudiaba el bachillerato, se organizó una huelga a nivel nacional en nombre de los derechos de la mujer en Kabul, Kandahar, Jalalabad, Herat, Mazarlas, las cinco principales ciudades de Afganistán.

Marchar por la libertad y el valor de las mujeres. Fue la única culpa de Wali.

Durante lo que se suponía que iba a ser una manifestación pacífica, iniciaron las revueltas; se quemaron edificios públicos y museos. Los soldados estadounidenses y afganos intervinieron y hubo más de 30 muertos, muchos de ellos policías.

El rumor era que los talibanes se habían infiltrado y habían reventado la marcha; que el gobierno lo sabía pero era cómplice de ellos.  Sin embargo los adolescentes cargaron con la culpa y pese a no portar armas, terminaron acusados por  la masacre.

—Mi hermano mayor me dijo: ‘te han visto tu cara en la televisión mientras te manifestabas. Tienes que irte del país… te están buscando’.

Así organizó Wali su huida de Afganistán.

Pan y queso

16.000 dólares para llegar a Italia.

Los traficantes se encargan de todo: tú les dices a dónde quieres ir, pagas y ellos te llevan.

—Yo quería ir a Inglaterra —insiste Wali.

Su travesía inició a bordo de un auto que lo llevó al sur de Afganistán hasta llegar a Pakistán. Cruzar esa frontera no fue complejo,  al contrario, en Irán, a la mínima te disparan. Irán es un país que no tiene piedad para estas cosas.

A partir de ahí comienza el riesgo real y el verdadero viaje.

Hasta 20 personas subidas en una camioneta. Hay que cruzar el desierto. Si se ve un coche de la policía, paran en la orilla de la carretera, hay que bajarse y continuar a pie por un tramo. Se han tardado más de una semana para cruzar Irán y otra en la frontera con Turquía.

Es difícil entrar a Turquía porque se necesita mucho tiempo para obtener información: si están los militares, cuál es su rutina; saber qué camino es el más libre.

—El contrabandista no quería dejarme ir, me decía: ‘eres demasiado simpático’ —Wali sonríe y enciende otro cigarrillo. Bromea— quédate a trabajar conmigo me insistía.

Huellas dactilares, nombre y apellido, edad, “¿por qué?” “¿a dónde?”.

La rutina del arresto se repetirá decenas de veces.

La primera vez que intentaron cruzar la frontera con Turquía,  los arrestaron inmediatamente y los enviaron de vuelta a Irán. Los militares iraníes los hacían limpiar el cuartel, recoger las colillas de sus cigarrillos y hacían lo que les daba la gana con ellos; luego, los enviaban de vuelta a Turquía.

Siguieron durante días con ese juego de ir y venir.

Parecía como si estuvieran jugando un partido de fútbol con los refugiados como pelota, esperando a ver quién era el primero en meter gol; quien era el primero en enviarlos a la portería adversaria.

La escena era siempre la misma: los militares llevaban a los chicos —unos cincuenta, muchos de Afganistán, oriundos de Bangladesh y Pakistán— y disparaban al aire para avisar a los soldados en el otro lado que estaban enviando a los refugiados donde eran recibidos, para luego, ser enviados de vuelta. Cuando los chavales encontraron una manera de escaparse a la montaña empezó la verdadera supervivencia.

Muchos no pudieron, murieron en el camino.

Trepar en la montaña era agotador para los que venían de Bangladesh pero normal para los afganos. Afganistán es un país montañoso, lleno de piedras.

—No se les podía ayudar mucho. Una vez llevé a un chico en hombros. Pero no se puede por mucho rato. Sólo los que tienen la fuerza en las piernas sobreviven y siguen adelante.

En el camino había muchos cadáveres que estaban hinchados, muertos desde quién sabe cuánto tiempo; el hedor era tan terrible como el frío en la montaña; como el hambre. Como el cansancio a matar.

—En este trayecto nos quedamos tres días sin comida. Había pastores pero nos habían advertido no confiar en ellos. Encontramos refugio en una cueva, pero el hambre era demasiada, entonces vimos a un niño pequeño. Los kurdos también hablan un poco de persa y conseguimos hacernos entender. A cambio de unos pocos dólares el niño nos trajo pan y queso; por agua no teníamos que preocuparnos, había abundante en las montañas.

El tío del niño que nos había salvado era un contrabandista y dijo que les podía ayudar. A pesar de que sabían que podría tratarse de una trampa, aceptaron. En un persa perfecto, dijo que por 200 dólares los llevaría hasta Estambul. Aceptaron con la condición de que el dinero se entregaría al traficante llegando al destino. Se subieron a un camión pero alguien ya había alertado a la policía. Cerca de la ciudad de Van fueron detenidos y arrestados. 72 personas, un tráiler lleno. Divididos según la nacionalidad, desde Van los militares los trasladaron a una ciudad más pequeña.

—No sé cuánto tiempo llevaba viajando, pero empezaba a estar cansado. En la cárcel empecé una huelga de hambre, los militares me daban patadas para que comiera. Seguía sin comer, lo único que yo quería era hablar con el juez.

Después de tres días llegaron unos voluntarios que habían traído ropa limpia y, finalmente,  llevaron Wali a la corte. Hablando en inglés suplicó al juez que le dejara continuar su viaje. Pero la ley dice que todos los inmigrantes irregulares detenidos en territorio turco deben ser repatriados a su país de origen, sobre todo si se trata de menores de edad. Saldría en avión desde la capital, Ankara hacia Kabul. Llamó a su hermano y le compró un billete que le costó más de 500 dólares para hacer más ágil el trámite de la deportación.

El salto

Salimos en dos autobuses llenos de chicos, 16 militares nos vigilaban y dos coches de la policía nos estaban escoltando. Todos estábamos esposados como criminales. Después de cuatro horas de viaje, hicimos una parada en una estación de servicio. Eran casi las nueve de la noche y nos detuvimos para la cena. Nos quitaron las esposas para que pudiéramos comer una rebanada de pan, queso y un pepino.

El restaurante tenía dos pisos, en la planta de abajo estaba la gente normal y en la planta de arriba estábamos nosotros, los deportados.

Volver a casa significaba la muerte.

Les dije a los chicos que me ayudaran a escapar de los militares.

—¿Quién está conmigo? —pregunté.

Desde la ventana se podía ver que abajo el suelo estaba mojado, que hace poco la tierra había sido trabajada por un tractor.

Entonces volví a preguntar:

—¿Quién está conmigo? —nadie respondió, nadie se movió.

Sólo Roomal, el chico afgano que había salido conmigo, tuvo una reacción: comenzó a llorar; él me miraba con una expresión entre el horror y la resignación, le costaba incluso tragar saliva. La huida no era ni siquiera imaginable, porque para escapar deberíamos de correr por un buen rato en el campo libre, por delante de los militares que te disparan; entonces sería suficiente un solo golpe de la ametralladora para matarnos a los dos.

Pero en cualquier caso, moriríamos.

Así que hicimos lo único que quedaba: el intento de la desesperación.

Saltamos.

Primero empujé a Roomal, porque no estaba convencido a dar el paso, y luego salté yo.

Y corrimos…. corrimos y corrimos.

El barro llegaba hasta las rodillas. Había luna llena. Con toda la energía de nuestros 16 años corrimos sin parar, sin mirar atrás, sin aliento.

Pasaron apenas cinco minutos antes de que los militares se dieran cuenta de que habíamos escapado. Con antorchas enormes iluminaron el campo hacia nosotros y empezaron a disparar al aire para marcarnos el alto y para asustarnos.

Pero yo nací en un país en guerra, vengo de un país todavía en guerra ¿tú crees que me puedan asustar simplemente al disparar al aire?

Seguimos corriendo y corriendo.

Cada vez que me caía Roomal me decía:

—¿Estás bien?

—Sí, estoy bien  —y me levantaba y seguía corriendo.

Durante toda la noche y hasta las seis de la mañana seguimos corriendo. Nos detuvimos en una casa en construcción, estábamos mojados, cansados, hacía frío, nos abrazamos. De repente escuchamos el ruido de los coches que pasaban, las voces de los niños que jugaban. Nos habíamos quedado dormidos.

Levanté la cabeza y vi a la carretera, donde justo estaban pasando los militares. Nos limpiamos un poco con agua de la lluvia y nos cambiamos de ropa. Tenía una mochila con un jersey y unos pantalones limpios. El dinero enrollado y escondido en una bolsita de plástico dentro de la botella de champú. Nos enjuagamos y lavamos el pelo, también me puse gel, la única vez en mi vida porque me da alergia. Sólo nos faltaba tener zapatos de repuesto, los que teníamos estaban sucios de barro y podrían delatarnos.

El hombre sabio

Yo tenía un teléfono. Al llegar a una parada de autobús, me puse a jugar con el móvil para disimular, confiado en que mi cara no destacaba —como me pasa aquí en Italia— yo podía pasar fácilmente por un muchacho turco. Nos montamos en el primer autobús que pasó. Todos se fijaron en nuestros zapatos.

En Turquía no se valida el ticket al subirse al autobús, sino que el chofer lleva un ayudante que recoge el dinero. Al cobrador le di un billete de 100 dólares, lo único que traía. Él me miró y me preguntó si yo era musulmán, le dije que sí. Que si era de Afganistán, dije que sí. No me cobró nada.

Cuando el autobús llegó a la terminal, me llevó a una especie de bar y nos ofreció un poco de té; dijo al camarero que él nos invitaba.

Nos miraban, nos acariciaban la cara y lloraban de felicidad.

Creo que los turcos tienen un gran corazón, una gran humanidad.

Luego el camarero me dijo que esperáramos allí mientras llamaba a una persona. Se me vino el mundo encima. Los kurdos secuestran a la gente y llaman a las familias para pedir rescate. Tenía miedo, existía el riesgo pero pensé que no había escapatoria.

Llegó un hombre viejo y nos ordenó que fuéramos con él.

Él iba delante de nosotros y mientras caminábamos por la ciudad todos le saludaban. Nos llevó a un restaurante y nos pidió comida hasta reventar, vimos la tele, jugaba su equipo de fútbol. Una vez fuera de allí nos llevó a un supermercado, nos compró ropa nueva, zapatos, nos llevó a su casa. Sólo entonces me calmé y me di cuenta que no nos habría vendido a los kurdos.

Él gastaba su dinero en nosotros sin pedir nada a cambio. Se trataba de un hombre sabio, un funcionario jubilado de esa ciudad. Su esposa era muy mayor y enferma de cáncer: tenían tres hijos que ya no vivían con ellos.

Nos alojamos en su casa durante tres días, nos dijeron que podíamos quedarnos todo el tiempo que hacía falta pero quisimos seguir nuestro camino y así el destino nos llevó a Estambul.

Una vez llegados a la estación de autobuses de esta ciudad, nos encontramos con otra realidad: aquellos que creíamos ser taxistas, eran traficantes de personas. Nos detuvieron en su casa y nos quitaron el dinero que nos quedaba. Nos quedamos a la espera de poder zarpar hacia Europa. Después de un mes llegamos a Izmir. Desde allí nos embarcamos en un bote inflable rumbo a Grecia.

Era la primera vez que veía el mar

Ese mar, el Mediterráneo no es un mar cualquiera. Es un poco como una caja que durante miles de años ha grabado sonidos, voces, olores, colores, gritos. Hay de todo en ella. La vida y la muerte. Una vez que se llega a la costa griega, se ve la luz de la esperanza: Europa.

En Grecia pasé mucho tiempo a la espera de poder encontrar la forma de seguir mi viaje. Las autoridades y la policía eran muy blandas, nunca detenían a nadie. Para buscarme la vida y poder comprar algo de comida, todas las mañanas iba a la plaza del pueblo en busca de cualquier tipo de trabajo. Hasta el día en el que, escondido en el fondo de un camión, llegué a Roma. Un carabiniere me vio y me llevó en tren a la casa de acogida en Frosinone donde terminó mi viaje y donde se apagó mi sueño.

El reglamento de Dublín

Italia es el primer país donde llegan muchos refugiados en busca de una oportunidad para reconstruir sus vidas lejos de la barbarie y la violencia. Wali fue una víctima más de la aplicación del Reglamento de Dublín, que prevé la necesidad de solicitar asilo en el primer país de llegada a Europa. Italia estaba de paso en su camino hacia Inglaterra y hasta que no obtenga la ciudadanía, no puede moverse. Se necesita residir en Italia durante 10 años para poder solicitar la ciudadanía y podrían pasar otros dos o tres años más antes de su concesión.

—Mientras tanto, me hago viejo  —dice un Wali abatido— Italia es el país de la eterna espera. Han destrozado todos mis sueños y mis deseos. Yo era menor de edad y me detuvieron aquí encerrándome en una casa de acogida. Pero si me obligas a permanecer en este país, también tienes que ser capaz de ofrecerme algo. ¿Cuáles son los planes para mí? ¿Qué puedo hacer yo? ¿Por qué no tengo un trabajo?

Wali  tiene el candor de un niño mezclado con determinación de la madurez. No tiene la nacionalidad italiana, lleva unos meses desempleado y así también se arriesga a perder su permiso de residencia. Dice que siempre le gustó ir a la escuela y que quería continuar sus estudios pero tan pronto como cumplió los 18 años lo echaron de la casa de asistencia, le quitaron la protección subsidiaria y lo dejaron solo, sin ningún apoyo. Se vio entonces obligado a buscar un lugar para vivir y también un trabajo. No fue su elección. Dice tener el remordimiento de no haber podido hacer nada de lo que soñaba.

Su apodo en Facebook es lo straniero, el extranjero, y así es como se siente.

Vivir en una pequeña ciudad de provincia y no ser italiano se nota, pesa, es como una marca.

En el bar donde comemos juntos un pedazo de pizza y una ensalada caprese a Wali le conocen, saben que es un buen tipo, pero cuando se le pregunta al gerente qué piensas de estos chicos, dice:

—Estoy asustado, me pregunto qué le pasa por cabeza —se ríe, pero no es una broma divertida. La gente en Italia es sospechosa, no les gustan los extranjeros. Primero fueron los de Europa del Este, los hombres robaban en las casas y las mujeres roban maridos. Ahora es el turno de los migrantes del mar, son todos potenciales terroristas.

De vuelta a casa…

Después de siete años de ausencia Wali pudo visitar a Afganistán en enero de 2015.

El viaje del retorno de Ahmadwali, el hijo pródigo, duró tan sólo ocho horas; cuando se fue por primera vez, este viaje le tomó ocho largos meses. Hoy en la maleta lleva regalos y fragancias para las hermanas y su madre, además de algo de café; en cambio ayer, al huir de Afganistán, sólo cupieron en su mochila unas camisetas, un par de pantalones y algo de dinero.

— Aterricé en Kabul, pero pensé que estaba en Estambul —dice con la mirada orgullosa de alguien que ha sido capaz de tocar de nuevo el suelo de su tierra.

Y es que con su breve visita, Wali percibe cómo ha cambiado todo: carreteras pavimentadas, edificios nuevos. Hoy día la suya es una ciudad moderna. Dice haberse quedado impresionado por los avances de la tecnología. Los que aquí son los últimos modelos de teléfonos móviles, allí ya son viejos. Skype, por ejemplo, es la prehistoria, hay un nuevo programa llamado Imu para hacer la video-llamadas. En su joven mente, es un gran avance el que en su país la gente pueda comprar coches nuevos. Tras una larga ausencia, considera que si la situación se calmase un poco, gracias a las inversiones internacionales, en Afganistán  “se podría hacer mucho más”.

Actualmente Afganistán no es un país estable, no hay seguridad. La vida en el  país no vale nada. Si desde el frente político la situación es difícil pero se ha normalizado, no se puede decir lo mismo para el frente militar: los talibanes siguen teniendo el control de una parte de la nación.

Desde el 2002 hasta hoy ha habido muchas operaciones militares pero los talibanes nunca han dejado sus incursiones y ataques tanto contra el gobierno ‘amigo’ de los americanos como contra las fuerzas de ocupación. Las continuas escaramuzas entre las dos facciones siguen causando numerosas víctimas civiles.

Gracias a este estado de continuo enfrentamiento, en ningún momento Wali ha pensado de quedarse o de regresar a vivir allí.

— No hay aquella libertad a la que me he acostumbrado aquí. No hay libertad de expresión, de salir, de pensar y creer lo que quieres. No es que aquí se pueda hacer lo que te pasa por la cabeza sin regla alguna, pero hay tolerancia, mientras que en Afganistán sea por la cultura o por la religión, siempre hay límites, restricciones —el relato continúa, aparta el cuello de la sudadera verde que lleva puesta para mostrar algo.

Quizás mostrará una herida, una cicatriz, pero es sólo un tatuaje, un tribal. También tiene otro de escorpión, su signo del zodiaco.

— Si los vieran los talibanes, es probable que me matasen. Esto son cosas de occidentales.

Las niñas de las zonas más remotas son quemadas si violan la ley religiosa, las apedrean en las plazas. Las mujeres por lo general cuentan poco. Donde valen mucho es en la sociedad, pero sólo en su papel de esposa y madre. La mujer es la encargada de la casa mientras los hombres llevan el sustento de la familia. Las familias son numerosas y permanecen juntas, como la de Wali.

La matriarca con 66 años, 12 hijos y 65 sobrinos coordina los esfuerzos para preparar la Sciola que se servirá en el banquete de bienvenida: arroz, lentejas, carne de guisado y salsa de tomate serán sazonados y cocinados durante horas. Las nueve mujeres de la casa preparan además ensalada, garbanzos y yogurt natural.

—Han preparado una gran fiesta para mi regreso, una mesa inmensa y mi hermana cocinó mi plato favorito.

Los amigos que se han quedado allí han hecho un montón de dinero y todos están casados. También la chica que amaba profundamente. Ella era la cuñada de uno de sus hermanos e iba a su casa una vez al mes. Wali odiaba jugar con las muñecas con sus hermanas, pero al hacerlo con ella era liberado de todos los prejuicios.

Fue una larga historia de amor de seis años, hecha de miradas.

—Nunca nadie se enteró, excepto mi hermano mayor. Me esperó tanto tiempo, pero cuando volví ya estaba casada, eligió como marido a un chico con el mismo nombre que yo.

Por eso Wali  dice que para él en Italia no hay una historia seria de amor… que no quiere que alguien le haga daño.

Por: Maddalena Liccione

Nacida en un pueblito del sur de Italia, Maddalena supo que quería descubrir qué había más allá de su pequeño entorno. Estudió Economía en Milán y tiene una especialidad en Dirección de Instituciones Internacionales. Ha trabajado para Naciones Unidas en Ginebra, para una ONG en Dublín y en 2006 llega a Madrid para dedicarse al mundo de las finanzas.


Su inquietud natural y su convicción de que los números siempre esconden una historia que contar, hacen que dé un giro radical en su formación para comenzar el Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización en el diario El Mundo. Uniendo los puntitos de su pasado, dibuja el contorno de su futuro. Después de un breve paréntesis colaborando para los periódicos El Mundo y Expansión, ahora es redactora jefe de la revista financiera Funds People. Madre y motociclista, recorre Madrid en su vespa.

 Ver serie.

Parte 1 El bibliotecario que se rehusó a matar.

El regreso de Utópicos radio

El regreso de Utópicos radio

Autor: Julián Burbano.

Facultad de Humanidades y Artes

El programa radial retorna a las ondas de la Radio USC con una propuesta renovada

Las últimas emisiones del programa Utópicos Radio se hicieron en el 2015; se trataba de un programa que ofrecía un contenido académico de calidad con invitados de alto nivel, que discutían, a manera de ‘talk show’, acerca de temas sociales, culturales, políticos entre muchos otros.

“Es llamativo que un nuevo grupo de estudiantes vuelva a interesarse por el proyecto radial de Utópicos, creo que es una parte importante para el componente de Unimedios, que tengan su eje de radio nuevamente en función. El regreso de Utópicos Radio empodera la programación, creo que es un espacio clave para el desarrollo de los procesos a nivel académico y también en los proyectos radiofónicos” 

 

¿Qué pasó con el espacio radial de Unimedios?

Casi seis años después, muchas cosas han cambiado y es por eso que la reactivación del programa representa una labor ardua para mantener un formato de calidad, introduciendo nuevos contenidos y temas de actualidad, para atraer a las nuevas generaciones digitales de radio-escuchas.

“Es llamativo que un nuevo grupo de estudiantes vuelva a interesarse por el proyecto radial de Utópicos, creo que es una parte importante para el componente de Unimedios, que tengan su eje de radio nuevamente en función. El regreso de Utópicos Radio empodera la programación, creo que es un espacio clave para el desarrollo de los procesos a nivel académico y también en los proyectos radiofónicos”, opinó Leyneker Montoya, productor de la Radio USC.

Desde su creación, la marca Utópicos se ha convertido en una insignia para la institución, desde su edición impresa más elaborada hasta la versión digital institucional de la Facultad de Comunicación y Publicidad, que siempre brindan un excelente trabajo periodístico por parte de estudiantes, practicantes y docentes.

“Es una manera diferente de crear contenido periodístico, es una forma de llegar a nuevos consumidores, con contenido realizado por autores de proveniencia universitaria. Al hacer este espacio sonoro se puede generar una serie de productos con mucho material que se debe aprovechar, ya que es una manera de jugar con el periodismo a través de la expresión sonora”, expresó Pablo Navarrete, egresado del programa de Comunicación social e integrante del equipo Unimedios.

En esta búsqueda por la expansión a la era digital, el programa radial tiene también nuevos retos, como expandirse por plataformas de streaming, tales como YouTube y Spotify; por eso, se han planteado objetivos para innovar de manera creativa los contenidos de Utópicos Radio.

Una de las metas más importantes es brindar un programa de variedad que, a su vez. informe y genere opinión, por medio de un formato magazine, ofreciendo temas de actualidad con un enfoque serio e investigativo, a través de cápsulas, box pop y entrevistas, con unenfoque novedoso. Todo acompañado de una nueva línea gráficaque da unasensación de frescura, para un proyecto pensado para un público generacional más joven.

“Es dar una imagen fresca a la radio, no solo se busca informar a los oyentes sobre noticias, también es importante hablar sobre tendencias, porque es lo que se busca, que Utópicos sea para todas las personas. A nivel gráfico, el cambio que hicimos fue el de la lupa por el micrófono, ya que estamos hablando de la radio, y elnaranja representa el color de la energía y la vitalidad; de ahí la elección de la paleta de color”, explicó Héctor Castillo, publicista de Unimedios.

El proyecto promete no ser solo vital para la Universidad Santiago de Cali, sino para toda la comunidad universitaria de la ciudad, inaugurando un nuevo espacio de opinión, debate e información. La primera emisión del nuevo programa será el viernes 21 de agosto, a las 11 de la mañana, por la nueva app oficial de la Radio USC, con retransmisión por las plataformas Spotify, Ivoox y YouTube.

“Estoy muy emocionado por ser el director de este proyecto, desde tercer semestre he sido parte de un excelente programa deportivo para la Radio USC y desde entonces me he enamorado de la radio. Es un honor y un desafío que aceptaré con toda la seriedad y cariño, el de traer de regreso un programa tan interesante como lo es Utópicos Radio”, comentó Julián Burbano, el nuevo codirector de Utópicos Radio.

La radio se ha mantenido vigente como uno de los canales de comunicación más importantes de la historia de la humanidad, y para este nuevo siglo, los contenidos han evolucionado, creando nuevos productos como el formato podcast, pero manteniendo los mismos valores de décadas atrás, ser producciones radiofónicas.

Estoy muy emocionado por ser el director de este proyecto, desde tercer semestre he sido parte de un excelente programa deportivo para la Radio USC y desde entonces me he enamorado de la radio.

Escucha La Radio USC

Otros recomendados…

¡Orgullosamente Trabajo Social USC!

¡Orgullosamente Trabajo Social USC!

¡Orgullosamente Trabajo Social USC!Estudiantes de Trabajo Social en la Semana de las Humanidades.El trabajo social es fundamental porque busca mejorar el bienestar de individuos, familias y comunidades, promoviendo la justicia social y el acceso a derechos básicos. A...

read more
¡A escuchar cuentos!

¡A escuchar cuentos!

¡A escuchar cuentos!Este mes no se le puede creer a nadie. Ojo, porque Cali se llenó de cuenteros y en cualquier parque, universidad, teatro, centro cultural o biblioteca te puedes estar contando un cuento ¿nunca se sentaron tus padres a leerte antes de dormir? ¿Jamás...

read more

EL CASO URIBE Y EL FUTURO DE COLOMBIA ¿Ha llegado el momento para una transición política? (tercera entrega)

Además de las indudables consecuencias políticas que creó la detención de Álvaro Uribe y su renuncia al senado, este caso abre una compleja discusión jurídica.

Utópicos conversó con el abogado penalista, exfiscal y defensor de DDHH Élmer Montaña, quien además es experto  en sistema penal acusatorio, asuntos disciplinarios y responsabilidad del Estado, y fue Director Ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.


Élmer Montaña, exfiscal y defensor de DDHH. Foto tomada de Archivo personal de Élmer.

¿Cómo observa lo sucedido con el expresidente Álvaro Uribe Vélez (AUV) y qué piensa de la decisión de la Corte Suprema de Justicia?

Detuvieron al expresidente Álvaro Uribe Vélez y al día siguiente el sol salió como de costumbre, nada de lo que predijeron los voceros del uribismo ocurrió. La gente, no salieron a tomarse las calles, salvo algunos desfiles de carros de alta gama y pequeñas concentraciones.

El país no quedó sumido en el caos y la violencia, como advirtió una de las columnistas preferidas del uribismo (se refiere a la periodista Vicky Dávila). La sala especial de instrucción de la Corte actuó dentro del marco de sus competencias y tomó una decisión en un caso complejo, en medio de presiones provenientes de diversas fuerzas. Los cinco magistrados que integran la sala especial fueron unánimes en respaldar la ponencia que privó de la libertad a Uribe, dejando claro que nadie, por importante o representativo que sea, está por encima de la ley y que Uribe no tiene garantizada impunidad perpetua por el hecho de haber enfrentado a las Farc.

¿Qué piensa de las propuestas de reforma constitucional para crear una sola alta corte de justicia, en reemplazo a las existentes (Corte Suprema de Justicia, Corte Constitucional y Consejo de Estado) y específicamente, la postura del presidente Iván Duque, de cuestionar la decisión de la Corte?

Sin conocer a fondo el proceso, que está sometido a reserva por mandato legal, pienso que es una irresponsabilidad. Los informes de prensa y las posturas de los sujetos procesales tienen el defecto de ser fragmentarios, sesgados y tendenciosos. En una democracia, las decisiones de los órganos de Justicia se respetan y acatan. Por eso resulta inaceptable la actitud del presidente Iván Duque de cuestionar la decisión de la Corte en defensa de su mentor y jefe político. Su obligación es la de garantizar el cumplimiento de las decisiones judiciales y velar por la independencia y autonomía de las ramas del poder público.

Son los principios sobre los cuales está edificado nuestro estado de derecho; por esta razón, debemos rechazar enérgicamente que, en respuesta a la decisión de la corte, Duque proponga una reforma judicial cuyo objetivo es precisamente la eliminación de la Corte Suprema de Justicia.Se trata de un acto revanchista del jefe de Estado, de una actitud dictatorial que busca librar a Álvaro Uribe Vélez de una sentencia condenatoria. La democracia y el Estado social de derecho están en grave peligro, asfaltado de las esperadas revueltas populares a favor de Uribe Duque quiere acabar la institucionalidad colombiana de un plumazo.

Alvaro Uribe Vélez, expresidente en detención domiciliaria. Foto tomada de CNN en Español. 

¿Cuáles son los pasos siguientes dentro de este proceso judicial?

Si el caso continúa en la Corte, una vez se haya recaudado la prueba necesaria para calificar, o vencido el término de instrucción (18 meses), la Sala Especial de Instrucción deberá cerrar la investigación y concederá a los sujetos procesales un término de 8 días para que presenten alegatos; acto seguido, la Sala deberá calificar el mérito del sumario con resolución de acusación o preclusión.

Sin embargo, ahora los abogados de AUV han indicado que con la renuncia de Uribe a su curul en el senado, la CSJ pierde la competencia y el proceso debe ser enviado a la Fiscalía. ¿Cuál es su análisis sobre este asunto?

La renuncia de Álvaro Uribe al senado es una jugada desesperada de la defensa para quitarle competencia a la Corte. Sin embargo, siguiendo la línea jurisprudencial de la Corte,  no basta que el congresista renuncie para que la competencia se pierda, se requiere además que los hechos no tengan conexidad con la función. Y en  este caso es evidente que sí los tiene por varias razones:

1. Los falsos testigos fueron utilizados en una denuncia penal presentada por Uribe contra su principal oponente en el senado, como respuesta a los debates que este le estaba haciendo por sus presuntas relaciones con varias masacres, entre ellas la del Aro.

2. La denuncia fue anunciada por el mismo Uribe en una de sus intervenciones en el Congreso, como parte de su actividad legislativa.

3. Uribe usó recursos del Estado para buscar testigos contra Cepeda. En efecto, les puso a los miembros de la Unidad Técnica Legislativa la tarea de visitar las cárceles para conseguir testigos que declararan contra el senador Cepeda.

Un ejemplo sirve para ilustrar el asunto: si un senador mata a una persona en un accidente de tránsito y renuncia al cargo, la Corte sí perdería competencia para investigarlo y juzgarlo porque el homicidio no tendría nada ver con su función. Lo que no sucede en este caso.

Fachada de palacio de justicia. Foto tomada de Revista Semana.

¿Cómo ve el futuro del actual gobierno del presidente Iván Duque?

En lugar de dedicar los 24 meses que le quedan de gobierno a resolver los graves problemas sociales derivados de la pandemia y que tiene a millones de colombianos en situación de pobreza extrema, Duque concentrará a todos sus esfuerzos en garantizar que a Álvaro Uribe se le conceda impunidad a toda costa.

Nota final.

 Algunas de estas respuestas fueron utilizadas para el análisis “¿Ha llegado el fin del uribismo en Colombia?”, escrito por Olga Behar y publicado por el periódico norteamericano Washington Post el pasado 20 de agosto. https://www.washingtonpost.com/es/post-opinion/2020/08/19/ha-llegado-el-fin-del-uribismo-en-colombia/

Mañana: Iván Cepeda Castro, senador del Polo Democrático, líder social.

 Olga Behar 

@olgabehar1 gorjeo 

SIN MALETAS: HISTORIAS DE REFUGIADOS DESDE EL EXILIO: PARTE 1

A partir de hoy, utópicos web 2.0 reproduce un especial periodístico de nuestro medio aliado mexicano www.lopolitico.com


Sin maletas busca crear conciencia sobre la migración forzada como una problemática mundial y reconoce las contribuciones positivas que los refugiados aportan a las sociedades en las que conviven. Con este trabajo periodístico, queremos promover la tolerancia y la diversidad, conocer si los valores fundamentales de la protección de la vida y la defensa de los Derechos Humanos, pueden librarse de los prejuicios cuando tocan a tu puerta. Las historias que aquí se publican, son para que se compartan libremente con la única intención de contribuir al debate informado.

PRIMERA ENTREGA

El exilio es una mochila y dos chaquetas. También un puñado de monedas de distintos países. Para Essa Hassan, la palabra exilio está al este y el hogar está hacia adentro. Siria significa ca un amigo muerto en prisión. A veces significa también un hermano en El Ejército.

¿Qué requiere el exilio? Nada. Una frase: hoy me tengo que ir.

El 19 de marzo de 2012 Essa empacó 22 años de vida, su carrera de bibliotecario y una decena de libros que durante tres años llevó cargando desde Masyaf, un pueblo en Siria famoso por su castillo medieval incluido en algunos videojuegos, hasta Aguascalientes, México.

Essa Hassan lo supo desde que cumplió la mayoría de edad.
Aunque siempre guardó la esperanza de no tener que salir de su país, de que las cosas cambiaran, de que esa guerra idiota y sin sentido terminara antes de cumplir los 22. Esa esperanza se evaporó como quien guarda agua en el desierto.
Nada fue de sorpresa.

Hassan ahora está sentado, con la espalda recta, los ojos al frente, sin esa aura de víctima con la que regularmente se dibuja el exiliado común. Tras él los árboles robustos de la Universidad de Aguascalientes se mueven con un atípico viento de noviembre.

El sol dibuja el único futuro que Hassan ve con certeza, autocrítica y mucha comicidad: la calvicie.
Desde el día que inició su viaje, Essa prefirió enfrentarse al dilema que viven cientos de miles de jóvenes en su país. La guerra en Siria polarizó a la gente entre muertos y asesinos; pero a las personas como él, las puso junto a la palabra marica, a la palabra bastardo. Escuchó a sus padres llamarlo así por considerar la idea de salvar la vida.

—Yo sabía que no iba a matar, eso lo supe siempre. Pero tampoco quería morir, así que lo único que pude hacer fue salir de Siria.
Desde ese día se esfumaron los debates y una sola palabra gobierna la mente de Essa:

Exilio…
Exilio…. exilio.

La primavera en Siria

Durante las protestas que terminaron con el régimen en Egipto y que se extendieron a otros países de Medio Oriente, Siria alzó la voz. En pleno 2011, a pocos meses de la ‘primavera árabe’, el actual presidente Bashar al Assad, decidió enfrentar a los manifestantes opositores a su gobierno con una fuerza calificada como desproporcionada.

Sin embargo antes hay que entender la realidad religiosa-política de Siria: en aquel país predominan las corrientes islámicas del Chiísmo y Sunismo. Los primeros consideran que sólo los descendientes directos de Mahoma están autorizados para ser líderes religiosos, mientras que los Sunitas no creen que sea un requisito necesario. En Medio Oriente, ambas partes están relativamente divididas en territorios establecidos, pero en Siria se encuentra la mayor tensión por su diversidad étnica-religiosa. Bashar al-Assad pertenece a la minoría chiíta, mientras gobierna a un país mayormente sunita. El temor de la minoría es que, de ser derrocado, quedarían a la merced de la oposición. En medio de este conflicto comienza la Primavera Arabe, que buscaba remover a al-Assad.

El régimen sirio ha acusado a los ejércitos foráneos de apoyar con armamento y dinero a grupos terroristas, mientras la oposición denuncia que el Ejército de al-Assad ha masacrado a centenares de personas.

Un lugar para el verano

Hay una necesidad en Essa por eliminar etiquetas. Dice ser sirio solo porque fue etiquetado hace más de cien años. Sin embargo, si hay algo que caracteriza a Hassan es su falta de ataduras.

Essa Hassan no tiene lugar, ni religión, ni ideología política; no tiene ni si quiera fecha de nacimiento. De él se puede decir que nació en octubre de 1988, pero también puede que haya nacido en noviembre de 1989. Nació en Siria, eso lo sabe, aunque su país le fue arrancado a los 22.

Su acta de nacimiento asegura que nació en noviembre de 1989 en la aldea de Masyaf, que significa ‘un lugar para el verano’. Su madre cuenta que nació en casa, a manos de una partera y es el tercero de ocho hermanos, sin embargo ella afirma que el parto fue en octubre de 1988. Pero si uno ve su pasaporte, la fecha anotada es de enero de 1989.

Essa cuenta que tuvo una infancia ordinaria.

Fue un niño de un pueblo pequeño, de una familia de clase media con una madre que se dedicó al hogar y un padre profesor. Creció bajo la tutela de dos hermanos y guiando el camino para otros cuatro. Estudió en escuelas públicas, fue un estudiante promedio y en el examen de aptitudes su futuro lo marcó como bibliotecario.

—Yo escribí veinte deseos de profesión y la vida eligió para mi bibliotecario, era algo relacionado con los libros y para mi estuvo bien —cuenta un Hassan sonriente.
Siguió su destino y en 2011 se graduó de bibliotecario, se mudó a Damasco donde trabajó en la biblioteca de Bellas Artes de aquella capital. Luego cambió su lugar de trabajo por otra biblioteca de una universidad privada en la misma ciudad, pero ahora como director.

Aquí viene un silencio.

Antes de continuar el relato, Hassan voltea los ojos al cielo haciendo imposible saber si está recordando o es una manera de evitar que las lágrimas rueden.

—Luego me tuve que ir.
Pero el llanto no aparece. Su rostro dibuja una sonrisa amplia, algo común en él. Da entonces un trago al jugo de naranja que repetidamente ha pasado de una mano en otra durante toda la entrevista.

—Me tocaba el servicio militar, a los 22 y ya no podía retrasar más el servicio. En febrero dejé mi trabajo, regresé a mi pueblo a recoger mis cosas, vendí libros, muebles y conseguí 450 dólares.
En casa anunció su partida una semana antes.

Como era de esperar para un joven de un país en guerra, sus padres lo llamaron marica, bastardo; en cambio sus hermanos se mostraron felices por su decisión. A este momento en su vida, Essa lo llama La Gran Pelea.

—Ellos no entienden que no vale la pena… para ellos es demasiado tarde para abandonar la pelea, creen en la causa —explica un Hassan frustrado con aspavientos en las manos.
Sus padres están convencidos de que se trata de una guerra contra los Sunnis, la facción mayoritaria en el mundo islámico, llamados así porque además de ser devotos del Corán, adoran la Sunna, una colección de dichos de Mahoma el profeta.

—Para mis padres Bashar Al Assad es el líder máximo, es un salvador. Ellos realmente creen que el régimen los ha salvado —cuenta negando con la cabeza pero con una pequeña sonrisa dibujando su rostro.
Ese marzo de 2012 Essa dejó aquel lugar para el verano. Pero en noviembre del mismo año regresó una última vez.

— Quería ver qué estaba pasando, además fui por mi título universitario y otros documentos que olvidé… descubrí que uno de mis amigos cercanos, de la universidad, murió en la cárcel, descubrí que en ocho meses todo estaba peor, esa fue la confirmación de que no había fin al conflicto.
Fue su última vez en Masyaf, la última vez que pisaría suelo sirio hasta quién sabe cuándo. En su viaje de regreso a Turquía su primer lugar de exilio, Essa llevó en la mente una historia que sucedió durante sus años de universidad en Damasco y en su maleta los únicos diez libros que pudo salvar junto a su pasado.

 Allahu Akbar

Fotografía Cortesía de Proyecto Habesha

  Soy Essa Hassan y estoy dormido. Comparto departamento con otros tres estudiantes también matriculados en la Universidad de Damasco. Son las dos de la mañana y hay silencio absoluto.

Por la ventana entra un grito que despierta mis sentidos:

¡Allahu Akbar…!

Es la alabanza a Alah, una alabanza cargada también de simbolismo político entre quienes apoyan al régimen y quienes lo rechazan.

Sólo puedo abrir los ojos. Nadie dice nada.

—¡Allahu Akbar! —otra vez.

Y luego otra.

Las luces del dormitorio universitario se empiezan a encender una tras otras. Los gritos ahora son de mujer, vienen del edificio de enfrente.

Un lamento desde la habitación de al lado.

Enciendo la luz de la habitación. Mis tres compañeros están igual de espantados que yo… Los gritos se intensifican.

Conforme avanza el tiempo la situación es aún más confusa y parece que todo se acelera: las luces de los dos departamentos se apagan: alguien bajó el interruptor general.

De las habitaciones del primer piso se escuchan golpes, gritos, plegarias.

—Sé que son las fuerzas policiales… por la ventana se ven las luces de la policía… lo que no puedo creer, es que hayan entrado hasta la universidad, como si fuera cualquier cosa.
Los gritos y los golpes suben piso por piso.

Los policías están a punto de entrar a nuestro cuarto. Le digo a mis compañeros que saquemos nuestras identificaciones, nos acostemos en las camas y estemos tranquilos. Nada de gritos, nada de plegarias, todo será un trámite burocrático. La puerta de al lado cayó de un golpe; esto no nos va a suceder. Dejo entreabierta la puerta de la habitación.

—Los soldados entraron sin batallar, cuando pusieron las lámparas frente a nosotros vieron de inmediato nuestras identificaciones. Todos sentados sobre nuestras camas, en silencio. No les dimos tiempo ni de enojarse. Nos sacaron por un pasillo y nos formaron en el patio central de los dormitorios. En camino vimos a jóvenes golpeados, habitaciones destrozadas. Cientos de policías y militares…
La irrupción duró cinco horas. Cuando comenzó a amanecer, las filas ya se habían dividido entre los pro régimen y los rebeldes. Durante todo el camino hasta las habitaciones, viajaba de la última fila de los oficialistas a la primera fila de los opositores.

—No hay vuelta atrás.


Foto por Josh Zakary Cientos de Refugiados Sirios esperan el próximo tren en Viena.

Essa se fue de Masyaf a Damasco a estudiar. Aunque preveía que algún día iba a tener que salir del país. Su próxima parada la hizo en Turquía, un lugar que había considerado ya desde sus 18. [bubble background=”#FFF” color=”#666″ border=”3px solid #ccc” author=””]“Pensé que era el mejor lugar para partir, nada en particular,” confiesa. De ahí partió a Líbano donde vivió por dos años y dos meses”[/bubble]

Pidió dinero a un amigo, 100 dólares para irse a Líbano. Con eso tenía suficiente, allí su vida cambió de verdad, para bien. Pudo renovar su pasaporte y empezó a generar dinero en un restaurante; luego, en Beirut, enseñó árabe a extranjeros por unos meses y consiguió trabajo con la asociación Action Against Hunger como supervisor de campo. Este refugiado habla tranquilo, sentado en el sillón de su sala en Aguascalientes, México, con las piernas cruzadas, las manos acariciando el descansabrazos.

En Beirut Essa pensó por primera vez en un futuro seguro. Trabajando para una organización no lucrativa, intentando cambiar el mundo, ganando algo de dinero. Pero a la vuelta de dos años sucedió algo: la guerra se intensificó en Siria y entonces había miles de Essa en Líbano.

—Había otros miles o millones de yos en Líbano. Las medidas migratorias se intensificaron también para no recibir más sirios, y otra vez no había futuro para mí.

Essa tramitó una visa para entrar a Italia y el primero de agosto de 2014 se fue para Roma. Allí se comenzó a formar el mapa de México en su cabeza. Poco a poco, como quien traza el contorno de un país a lápiz, sin prisa:

—Conocí a Adrián Meléndez, me pidió ayuda para organizar la llegada de 30 sirios a México —Adrián es el fundador del Proyecto Habesha, una idea que se consolidó con la llegada de Essa Hassan a México. A pesar de que Essa era inicialmente colaborador del proyecto, terminó por ser el primero en viajar.
Este proyecto está dedicado a abrir los brazos a las víctimas del conflicto sirio, como lo pone Luis Sámano, organizador de la iniciativa: “Queremos ser un trampolín que ayude a estudiantes de calidad en Siria a tener futuro. Habesha nació hace dos años y se alimenta de fondos de la sociedad civil o crowd funding. Essa es el primero, pero vienen 29 más, todos jóvenes que buscan estudiar y pensamos que México es un lugar que puede ser hospitalario” explica Sámano.

Essa es así, se toma las cosas como vienen y además se relaja.

—Cuando llegué a Roma sabía que no iba a regresar ni a Líbano ni a Siria, así que planeé un viaje por toda Europa durante 20 días. Luego regresé a Roma y renté una habitación pequeñísima—. Aún sin empleo, Essa siguió apoyando al Proyecto Habesha y eventualmente aplicó como estudiante, esa promesa quedó escrita desde febrero de este año.
De Roma finalmente viajó a Quito, Ecuador, donde el embajador le dio asilo mientras tramitaba su visa como estudiante para llegar a la Ciudad de México. Pasó dos semanas en la capital mexicana hasta obtener finalmente su visa de estudiante residente y se trasladó a Aguascalientes.

Sirios en México

El último censo en México dibuja a la población siria en el país es del año 2000, con 246 personas. De acuerdo al archivo histórico de la Nación, en 1890 México recibió a más de mil sirios y para 1930 había más de cinco mil.

En el Archivo General de la Nación existe una carta fechada el 9 de agosto de 1927, firmada por Julián Slim Haddad, un inmigrante libanés llegado veinte años atrás cuando apenas tenía 14. La carta, un memorial tan extenso como una autobiografía, fue enviada al presidente Plutarco Elías Calles y relataba dos realidades de aquel entonces que con los años han quedado archivadas junto al documento: la primera, que las leyes mexicanas incitaban abiertamente al racismo; la segunda, que había una fuerte ola de migrantes árabes buscando refugio en México.

Slim Haddad, padre del actual hombre más rico de México, el tercero en el mundo, pedía al Presidente que se respetara a la comunidad libanesa en México. Le explicaba, en calidad de presidente de la Cámara de Comercio Libanesa, que su pueblo no era tan diferente al de Calles. El comerciante quería decir al gobierno mexicano que terminara con las leyes de extranjería celebradas ese mismo año, que restringía la inmigración de negros, indobritánicos, sirios, libaneses, armenios, palestinos, árabes, turcos y chinos, con el fin de proteger el empleo nacional, “evitar la mezcla de razas” y que dejaran de usar el territorio mexicano como un punto de entrada a Estados Unidos.

Actualmente existen dos iniciativas más para traer a sirios a México. Por un lado, a través de la plataforma Change.org, los firmantes de la petición hicieron un llamado tanto al Presidente Enrique Peña Nieto como a la Secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, para recibir a más de 10 mil sirios en calidad de refugiados. Además, la Asociación de Sirios en México cuenta en este momento con alrededor de 120 pasaportes de sirios que buscan refugio aquí.

Lamentablemente algunos han fallecido desde que recibimos sus documentos. Sin embargo, contamos con medios de comunicación para poder coordinar de manera rápida, ordenada y supervisada una salida de hasta cinco mil Sirios, incluyendo niños, mujeres y hombres honorables que en este momento se encuentran en zona de guerra buscando un lugar de refugio que les abra las puertas, responde la Asociación en un correo electrónico tras una solicitud de entrevista.

Americanos sin visa

Para un sirio planear hoy sus próximos seis meses de vida es un lujo. Essa en cambio, por primera vez en su vida, puede proyectar sus próximos tres años. La palabra México significa oportunidad. Significa también no regresar a Europa, ni a Líbano… ni a Siria. Para Essa México es un lugar desde donde puede ayudar a la sociedad, así lo explica.

—México es una oportunidad que no tuve en Europa, siempre me he visto como un mentor, no como un líder y desde aquí puedo hacer algo por la sociedad. Pensé que los mexicanos verían a los sirios como iguales, no como los europeos que nos ven como menos que ellos, con cierta compasión.

—Los mexicanos son como americanos, pero sin visa —bromea Essa antes de hacer una seña de que eso no quede en el registro. —Me siento que estoy en Siria antes de la guerra, no somos muy diferentes, aunque hay una diferencia clave, las relaciones de género aquí son mucho más abiertas.
Para Essa y los próximos, México será una oportunidad porque hoy no existe una ola de sirios exiliados aquí. El primer día de Essa en México lo pasó en la casa de estudiantes que habita hoy, junto a dos sudamericanos. Bebieron un par de cervezas, alguien le regaló a una canasta con comida árabe, fumaron un par de cigarros y se fue a dormir. Cuando Hassan dice que desde aquí piensa ayudar a la sociedad, habla específicamente de la ingeniería social, la carrera que busca completar.

Los Fuereños

A la casera de Essa, la señora Susana, le preocupa una cosa: “La sociedad de Aguascalientes sigue viviendo el miedo a todo lo que confronta a sus costumbres, es una sociedad puritana, que estigmatiza”. Susana lo ha vivido en primera persona. Tras enterarse por spots de radio y televisión sobre el Proyecto Habesha para adoptar un sirio, sus amigas le advirtieron: “Susana, ni se te vaya ocurrir recibir a sirios”.

—Aquí se piensa que podrían volverse radicales —dice Susana, fumando un cigarro mentolado frente a su nuevo huésped.
Susana tiene un programa de casas para estudiantes, residencias enormes donde se les ofrece además de una habitación a cada uno, servicios de limpieza, cocina, si quieren, también lavado y planchado de ropa.

Sin embargo, las advertencias orillaron a Susana a colocar al exiliado sirio con Los Fuereños, en una de las residencias a las afueras de la ciudad. La casa que habita Hassan está lejos del tercer mundo, tiene pisos de mármol, acabados de madera, pilares interiores, un jardín verde dentro de un residencial privado. Además, la universidad a que asiste está cruzando una avenida de dos carriles.

A Susana le preocupa que su inquilino sienta rechazo de la gente por no ser de la ciudad —porque es un chico con suficiente apertura que además viene aportarle a a mi país, eso es lo que va a hacer.
Essa despierta cada tercer día para asistir a una clase privada de español por dos horas pero no encuentra con quien practicar, todos quieren hablarle en inglés, “aunque yo le intente hablar en español”.

En lugar de regresar a casa al salir de sus clases, Essa pasea por la universidad. Se ha hecho adicto al Ping Pong, reta a los otros estudiantes. Es su manera de comunicarse con ellos, lanzando una pequeña pelota, recibiendo derrotas, buscando un triunfo.

Cada noche, Essa se pregunta lo mismo:

— ¿Qué dejé atrás?
Luego confirma lo que ya sabe.

— Dejé gente.
Essa tiene una mochila y dos chaquetas. Junto al resto de las monedas que ha juntado hay una de cinco pesos y otra de diez; también tiene sus diez libros y muchos retazos de papel impreso que se niega a tirar.

—A ellos los llevo en papelitos, recibos, tickets del cine… cada vez que me muevo dejo algo y siempre necesito de algo que me recuerde esos momentos especiales… Así ha sido todo mi viaje.

Por: Luis Chaparro  

Periodista independiente nacido en 1987 en Ciudad Juárez. Es colaborador de Proceso, VICE News, Fusion, Letras Libres y LoPolitico.com entre otras revistas nacionales e internacionales. Actualmente reside en la Ciudad de México junto a una gran danés llamada Herta.

 Ver serie:

Parte 2: El afgano que se marchó por sus hermanas. 

EL CASO URIBE Y EL FUTURO DE COLOMBIA ¿Ha llegado el momento para una transición política? (cuarta entrega)

Iván Cepeda Castro es senador del Polo Democrático y uno de los más representativos líderes de la izquierda colombiana. Su participación en este caso se origina en una denuncia penal que entabló en su contra el ex senador Álvaro Uribe, por falsos testigos, proceso por el que Cepeda fue absuelto y Uribe pasó de demandante a denunciado.


Brevemente: ¿cómo es que el proceso que se le seguía a usted terminó en contra de su denunciante? ¿Qué fue lo que hicieron usted y sus abogados?

Este es un proceso que tiene su origen en dos testigos, que me llamaron para que transmitiera sus declaraciones a la justicia, declaraciones en las que se decía que los hermanos Álvaro y Santiago Uribe habían conformado un grupo paramilitar en 

una de sus haciendas. Luego de un largo proceso, en el que Uribe llevó a cerca de 20 personas como falsos testigos a la justicia y de una investigación muy rigurosa, en la que, de una manera detallada, exhaustiva, mis abogados y yo logramos controvertir cada una de esas falsas declaraciones, se demostró mi inocencia y se ha comenzado un proceso de investigación que involucra muy seriamente a Uribe y a personas de su entorno.

Iván Cepada, politico colombiano. Foto tomada de Semana.com

¿Cuál es su análisis de las consecuencias – en corto, mediano y largo plazo- que traerá para Colombia, en términos políticos, la detención y procesamiento del expresidente AUV?

El difícil prever todas las consecuencias que pueda tener, pero ya se pueden percibir algunos efectos que está teniendo esta investigación. El primero es que se establece un precedente en materia de justicia, que es supremamente valioso, independientemente de cuál sea el futuro que tenga esta investigación, y que eventualmente se llegue a un juicio: Se ha roto una especie de mito, que consistía en señalar que había una especie de franja de dirigentes políticos o de personas con mucho poder, también económico,  que no podían ser eventualmente llamadas a rendir cuentas por la justicia. Así que allí hay una lección en materia de democracia, que creo que es supremamente valiosa.

También hay unas consecuencias políticas.  La extrema derecha en Colombia, que es una extrema derecha caudillista, tiene que afrontar ahora una derrota que, por lo menos, es de carácter político n relación con su líder, quien ha tenido que dejar el congreso, en circunstancias muy polémicas. Y, por supuesto, habrá otras consecuencias que, yo espero, sean para bien de la democracia, de las instituciones y del Estado de derecho en Colombia.

¿Qué cree que está pasando al interior del Centro Democrático, que parece haber quedado acéfalo, y cómo podrán darse los reacomodos políticos y los pulsos para los nuevos liderazgos?

Yo creo que el problema del Centro Democrático es que, precisamente, no es Democrático, no es una formación en la que existan numerosos liderazgos, o en la que haya figuras descollantes que ejercen una vida política colegiada. No, aquí estamos ante una estructura caudillista, en la que todo depende del criterio, de la voluntad o del capricho e un caudillo.  Así que, una vez que el caudillo enfrenta una situación crítica, que pone en tela de juicio su proceder y su condición ética y también eventualmente judicial- es todo el movimiento el que sufre las consecuencias. Habrá que ver si existen, al interior de esa colectividad la posibilidad de resolver la situación que crea ese inmenso vacío y también si las pugnas internas que se ha conocido no irán a tener una consecuencia en fragmentar  o dividir esa colectividad.

Alvaro Uribe Vélez, ex-senador de la republica. Foto tomada de Blu Radio.

El presidente Iván Duque: sus dos años, en medio de la pandemia, ¿cómo cree Usted que él puede hacer el reacomodo de su gobierno en beneficio del país?

Para que Duque haga un cambio, una transformación de su gobierno en términos benéficos, requeriría un giro de 180 grados en su actual visión del país y de la política en todos los terrenos, requeriría tener una política de paz y no una política militarista como la que ha mostrado, una política sensible a las graves circunstancia que está dejando esta emergencia sanitaria, social y económica. Y no esa visión elitista y benefactora de los sectores más poderosos de la sociedad. Tendría que ser una política de defensa de la democracia y de las instituciones. Pero dudo mucho que él tenga la visión y también la fuerza de promover ese giro.

Iván Duque, presidente Colombia. Foto tomada del País.

Cómo analiza las propuestas de: reforma constitucional para acabar con las cortes y crear una sola; la propuesta de una constituyente. Qué opciones reales tienen estas propuestas y cómo interferirían en otras reformas grandes (económica, laboral, pensiones, salud, etc.), que parecían prioritarias hace apenas unos días.

Lastimosamente, esa es la constante, lo que ha mostrado ser el método, la costumbre del comportamiento de Uribe en relación con la justicia. En el pasado fue la investigación que realizó la Corte Suprema y que llevó a muchos de sus aliados políticos y a su propio primo (Mario Uribe) a la cárcel. La investigación de la parapolítica fue un escenario de confrontación en el cual el presidente de la república (AUV) no vaciló en desatar una campaña feroz, que incluso tuvo momentos, como el haber descubierto que se hacía espionaje en contra de los magistrados para acopiar información que pudiera servir a esa campaña de descalificación y desprestigio.

Igualmente hoy ocurre algo similar, en esta ocasión no solamente se denigra de los magistrados sino que se disfraza el temor que hay de que la justicia opere a través de propuestas de reforma, que no son otra cosa que una salida autoritaria para  para abolir la Corte Suprema, la Corte Constitucional, la Jurisdicción Especial para la Paz y, por lo tanto, hacer que venza y prime la impunidad. Eso, por supuesto, en condiciones de un país que está ante una quiebra social y económica, en medio de una grave situación sanitaria, es realmente inconsecuente y, yo diría, inviable. Hay otras prioridades, efectivamente, en la agenda política.

¿Cómo pueden incidir los últimos acontecimientos en la implementación del acuerdo de paz suscrito con las extintas Farc?

Pueden tener varias consecuencias. Por una parte, hay una política en curso, de intentar debilitar el proceso de paz y de buscar que no pueda abrirse paso la justicia que creó el acuerdo, esa justicia transicional es fruto del acuerdo de paz. Pero yo confío en que, también, esto activa a las fuerzas sociales y políticas favorables al proceso de paz, que deben buscar un camino de cohesión, para hacer que resulte posible la implementación integral del acuerdo y buscar generar nuevas posibilidades de procesos de paz en el país.

El líder de la izquierda Gustavo Petro está proponiendo un gran pacto nacional, ¿qué futuro le ve?

Yo confío en la propuesta de un pacto histórico o nacional –ha recibido distintos nombres- en el que se pueda concertar un programa de gobierno, entre muy diversas fuerzas, no solo políticas, sino sociales y económicas. Esta es una idea que no tiene que ver con un simple acuerdo electoral sino que va mucho más allá y tiene por propósito encontrar una salida de gobierno y de Estado, que permita una transición política. Yo creo que esa es la única solución que podría dársele a los problemas más graves que afronta hoy el país.

¿Arrancó la campaña electoral 2022?

Yo creo que ya estamos en un momento en el que se comienzan, no solamente a debatir todos los asuntos programáticos, sino también las coaliciones y las fuerzas que van a competir en las elecciones de 2022. Estamos ya a dos años y comienza el conteo regresivo hacia esa elección y, por supuesto,  han comenzado a darse ya los debates, más aún, cuando la situación del país, que es muy crítica, hace que aparezcan distintas posiciones en relación con lo que debe ser un nuevo gobierno.

Olga Behar 

 @olgabehar1  

“HE TENIDO CONFRONTACIONES CON MI PAPÁ, PORQUE NO ESTÁ DE ACUERDO CON ALGUNOS DE MIS PLANTEAMIENTOS EN TWITTER”: MARTÍN SANTOS, HIJO DE JUAN MANUEL SANTOS

Utópicos presenta, a partir de hoy, una serie de entrevistas sobre los herederos de políticos colombianos, algunos de los cuales accedieron al poder y otros, desafortunadamente, no pudieron vivir en democracia, porque fueron asesinados.


Entre quienes tienen la fortuna de disfrutar la vida con su padre está Martín Santos Rodríguez. Es el hijo mayor del dos veces presidente de Colombia y premio nobel de paz, Juan Manuel Santos.

Aunque con frecuencia lo tientan para que recoja el legado de su padre y se lance a la política, él prefiere estar alejado de ella, aunque se interesa permanentemente en los temas de Colombia.

Nuestra directora, Olga Behar, conversó con él.

Olga Behar. Su padre proviene de una familia que se formó en torno  a una figura que, en la primera década del siglo XX, combinaba el ejercicio del periodismo con el político. Tanto es así que su tío bisabuelo, Eduardo Santos, tuvo estrecha relación con el primero (como dueño del periódico El Tiempo) y con el segundo (llegando, en 1938, a ser presidente de Colombia, por el Partido Liberal).

Sus herederos (Enrique y Hernando Santos Castillo) consolidaron ese gran proyecto periodístico, y solo uno de ellos, Juan Manuel Santos -de la tercera generación-, logró llegar a la presidencia de Colombia. Al haber una generación intermedia en la que ninguno de los sobrinos se decidió por la política, a Juan Manuel Santos no se lo ha tildado de ‘delfín’, porque técnica y políticamente, construyó su propio camino hasta llegar a la presidencia. Sin embargo, en las nuevas generaciones, (y hablo de 2022), su nombre ha saltado a la escena pública. Teniendo en cuenta lo anterior:

¿Se considera un delfín de la política?,  ¿Ha pensado en dedicarse al servicio público y construir un camino para ser presidente de Colombia?

En repetidas ocasiones se me ha hecho esta pregunta y todas las veces he dicho enfáticamente que no, ese no es mi plan, no solamente porque estoy enfocado en otros intereses, sino porque también creo que hay que brindarle espacio a otras personas jóvenes, muchísimo más preparadas que yo para incursionar en ese ámbito de la política. También he sostenido varias veces que el poder no se hereda sino que se cultiva. El liderazgo se crea, no se hereda, entonces dentro de mis planes no está hacer carrera política para convertirme en presidente de Colombia.

Martín Santos hijo del expresidente Juan Manuel Santos.  Fotografía tomada de: pacifista.tv

Antes, las herencias políticas se forjaban con preparación intelectual y académica. Ahora, se perciben otras condiciones (que adquirieron notoriedad durante la parapolítica) y hoy, se aspira a conservar el poder político y económico ante el retiro de la vida pública de los patriarcas. ¿Le han propuesto tomar las banderas de su padre?

Tengo que decir que la propuesta  de asumir las banderas políticas de mi padre me la han hecho  en repetidas ocasiones; sobre todo ahora, que hay mucha gente que extraña la forma en la que mi papá hacía la política de centro, de la tercera vía. Desde congresistas hasta empresarios, académicos se me han acercado para intentar empujarme y aventurarme en este camino, y he dicho que no, que a mí me honra su intención, pero que definitivamente eso no está dentro de mis planes.

¿Usted le cree a Tomás Uribe, cuando dice que va solamente a asesorar a Óscar Iván Zuluaga? , o ¿no será que está en un proceso de aprendizaje de la minucia política para empezar un recorrido que lo lleve al poder, tal vez no en 2022, pero si en 2026?

La verdad es que preferiría no entrar en controversias con Tomás Uribe. Cada quien tiene derecho a pensar y a actuar como cada quien prefiera; si él tiene aspiraciones políticas, como cualquier colombiano tiene todo el derecho de hacerlo. Entonces, prefiero no opinar por otros, especialmente en este contexto de polarización y agresividad en el que desafortunadamente nos encontramos los colombianos.

Para dejar en claro su camino profesional y público futuro, ¿qué ha sido de usted en estos años? ¿A qué se dedica?, ¿qué proyectos tiene?

Yo hace tres años me mudé a Nueva York, a Estados Unidos, a hacer una maestría en asuntos públicos y relaciones internacionales en la Universidad de Columbia, lo saqué adelante, fue una experiencia increíble para mí, no solamente por el aprendizaje que tuve la oportunidad d de tener, sino también por las personas que conocí.

Mi plan original era volver a Colombia inmediatamente después de eso, pero me contrataron en una consultora que se llama K2 Intelligence (https://www.k2intelligence.com/), en un puesto que a mí me llamaba mucho la atención. Entonces actualmente trabajo como consultor para esta firma, pero al mismo tiempo lancé hace poco una consultora propia, se llama Metodica Consulting (https://metodicaconsulting.com/) , es un emprendimiento que lo he pensado y desarrollado durante estos últimos cinco meses en que el COVID me ha hecho reflexionar sobre nuevas formas de abordar la realidad.

Mis planes por los siguientes años será dedicarme de lleno a la consultoría, no solamente para la empresa para la que trabajo, sino para la mía, que consiste en cuatro áreas de trabajo: 1. Desarrollo de negocios; 2. Sostenibilidad; 3. Comunicación y estrategia y 4. Asuntos públicos y de gobierno.

Usted es una celebridad en Twitter, con casi 425.000 seguidores.  ¿A qué adjudica su éxito en redes? Y, ¿cuál es el valor que le da a expresar sus opiniones en redes sociales?

No me considero por ningún motivo una celebridad en Twitter; simplemente, yo creo que el número de seguidores refleja tal vez que a la audiencia le gusta el contenido de mis publicaciones; entonces, por eso podría llegar a ser considerado como una persona influyente en esta red social, pero no va más allá de eso. Hay personas que son exitosas en sus redes sociales, con contenido humorístico, con contenido visual, fotográfico; hay  otras en muchas áreas distintas, entonces yo creo que el número de seguidores es reflejo del gusto que tal vez la audiencia tiene por mis trinos y mis contenidos.

¿Qué tanto hay allí de opiniones personales y qué tanto hay  de conversaciones y del pensamiento de Juan Manuel Santos?

Existe esa idea que detrás de mis redes sociales está mi papá. Eso es totalmente falso, yo soy totalmente responsable de cada una de las letras que ahí se digita y se publica. Incluso, muchas veces he tenido confrontaciones con mi papá, porque no está de acuerdo con algunos planteamientos que yo he hecho en estas redes sociales y de ninguna manera consulto o le pido consejos a mi papá sobre lo que yo publico ahí. Soy dueño de mis tuits, de mis palabras y de mi propio contenido.

Si lo comparamos con Tomás Uribe (117.100 seguidores), vemos que lo cuadriplica. ¿Por qué cree que pasa esto?

No veo alguna razón puntual y no me gustan ese tipo de comparaciones. Cada persona, como lo había mencionado,  es libre de hacer lo que quiera, lo que piense el contenido que desee (publicar).

Yo sí he procurado no incurrir en esta tendencia tan negativa para la sociedad y es todo el tema de las noticias falsas, vemos que a diario se publican miles y miles de informaciones imprecisas, que lo único que hacen es tergiversar el debate y aumentar la agresividad en redes sociales. Yo procuro, por supuesto, ser crítico frente a algunos temas, pero sobre todo, cerciorarme de la veracidad de la información que comparto, que publico, que cito, que  escribo.

Entonces, yo más bien me enfocaría en decir que existen dos tipos de tendencias en las redes sociales: aquellos que quieren hacer ruido, crear zozobra, crear pánico con noticias falsas, y existen las personas que entran al debate, que controvierten, como es sano en una democracia, pero con fundamento y con información certera.

Nota del editor: Algunas respuestas de esta entrevista fueron publicadas por la autora en esta columna, en el Washington Post: https://www.washingtonpost.com/es/post-opinion/2020/09/02/herederos-de-la-politica-en-colombia-delfines-del-poder-o-huerfanos-de-una-esperanza-asesinada/