Día del Trabajador Social.

El Trabajo Social, una vocación en todo sentido

Una profesión busca impactar a las familias, reconociendo que es en ellas donde se forman los ciudadanos que harán parte de la sociedad

Por: Karol Arizala

Facultad de Humanidades y Artes

El 17 de marzo se conmemora en muchos países el Día del Trabajador Social, en reconocimiento a la labor de los profesionales que trabajan por el bienestar de las personas, las familias y las comunidades, acompañándolas para promover el cumplimiento de sus derechos, la inclusión y la justicia social.

El trabajo social es una vocación orientada al bienestar social. A través de la investigación, el análisis y la intervención directa, se generan estrategias que permiten alcanzar un equilibrio entre el individuo y la sociedad, con énfasis en poblaciones en situación de vulnerabilidad, promoviendo la convivencia en la dinámica social.

Se valora que no solo se conmemore una fecha, sino que también se explique el rol del trabajador social, mostrando cómo su labor va más allá de la asistencia y se enfoca en la transformación social.

El deber del cambio social

El Trabajo Social parte de la necesidad de intervenir en distintos contextos —individual, familiar, grupal y comunitario— cuando se identifican situaciones que requieren procesos de cambio y desarrollo. En este sentido, el cambio social no solo es un objetivo, sino también un compromiso ético que reconoce la participación activa de las personas como eje fundamental. A través de este enfoque, se promueve el respeto por los derechos humanos y se fomenta la construcción de entornos más justos e incluyentes.

Los trabajadores sociales desempeñan un papel clave en la defensa de los derechos humanos, abarcando aspectos fundamentales como la libertad de expresión, la dignidad, el acceso a la salud y la protección del medio ambiente. Su labor implica no solo intervenir, sino también sensibilizar, orientar y generar conciencia sobre las problemáticas sociales que afectan a diferentes poblaciones.

Ámbitos de acción

El ejercicio profesional del Trabajo Social se desarrolla en diversos escenarios, como el sector educativo, el ámbito de la salud y los entornos comunitarios, familiares, infantiles y juveniles. En cada uno de estos espacios, su labor se orienta a fortalecer las capacidades de las personas, promoviendo su autonomía y su rol como agentes de cambio dentro de la sociedad. De esta manera, el Trabajo Social se configura como una acción transversal que impacta múltiples dimensiones de la vida social.

En el marco de esta conmemoración, se reafirma la importancia del Trabajo Social como un instrumento de transformación social. Cada avance en las condiciones de vida de las comunidades refleja el compromiso, la empatía y la capacidad de estos profesionales para comprender las realidades sociales y generar estrategias que incidan de manera significativa en el bienestar colectivo.

Como parte de esta fecha, en la Universidad Santiago de Cali se llevan a cabo varias actividades, entre ellas, un stand conmemorativo que busca visibilizar y resaltar la importancia de esta profesión. La actividad ha contado con la participación de estudiantes de Trabajo Social de diferentes semestres, quienes se unien con entusiasmo para promover el reconocimiento de su labor y fortalecer el sentido de pertenencia hacia su formación académica.

Durante la jornada, se generó un espacio cercano y participativo con la comunidad universitaria, en el que se compartió un mensaje simbólico que decía: “Hoy celebramos la vocación, el compromiso y la empatía de quienes trabajan por el bienestar y la justicia social”. Este mensaje fue entregado junto con un dulce, como un gesto de agradecimiento por la atención y como una forma de destacar la importancia de la vocación en esta profesión.

Más allá de un acto simbólico, esta iniciativa permitió reconocer especialmente a los estudiantes que han decidido formarse en el campo del trabajo social, resaltando su compromiso con la transformación de la sociedad. Asimismo, evidenció el valor de generar espacios académicos y comunitarios que fortalezcan la identidad profesional y promuevan el reconocimiento de disciplinas que, como esta, contribuyen significativamente al desarrollo social.

El enfoque en los derechos humanos y la inclusión fortalece el mensaje, ya que posiciona al trabajo social como una profesión clave en la promoción de la dignidad y la equidad.

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‘Happy’ Lora a 40 años del nocaut legendario: “Lo hice bien, gracias a Dios”

‘Happy’ Lora a 40 años del nocaut legendario: “Lo hice bien, gracias a Dios”

40 años después de noquear a Zaragoza, con sombrero vueltiao y “María Varilla”, Happy Lora entrena, guía jóvenes, cuida su familia, ignora críticas y vive feliz en su tierra.

Autora: Marycarmen Oliveros V.

Facultad de Humanidades y Artes

Hoy, al escuchar apenas el primer soplo de gaita, el boxeador Miguel ‘Happy’ Lora revive con nostalgia y orgullo aquel momento en el que el destino lo esperaba en el cuadrilátero. “No cambiaría nada —dice con firmeza—. Lo hice bien. Si no hubiese sido así, no habría ganado el título. Gracias a Dios, le gané el Campeonato Mundial a Zaragoza de México, lo derribé tres veces… y lo hice muy bien”.

“Lora me encomendó una misión insólita: conseguir el porro ‘María Varilla’ y llevarlo en un casete para que sonara justo en el instante de su salida al combate, encontrar esa melodía fue una odisea. Pero lo hice porque aquella entrada debía ser tan grande como el sueño que lo acompañaba

Hoy 40 años después de aquella pelea, Lora sigue su vida cerca del ring, aconsejando a nuevas promesas, ayudando en pequeños entrenamientos y cuidando como siempre a su familia.

A Miguel le gusta estar siempre activo y tener la mente ocupada y por eso tiene un pequeño gimnasio en su casa, en donde todas las mañanas entrena, luego de correr por las calles de Montería y recordar por qué se quedó ahí. Lora mira la edad como un simple número y que la mejor medicina para el paso del tiempo es hacer aquello que más nos gusta.

El 9 de agosto de 1985, “Happy Lora”, se consolidaba como el mejor boxeador peso gallo en el mundo. Desde pequeño Miguel sabía lo que quería, hacer historia, pero jamás imagino que no únicamente hizo historia, sino que también llevó un poco de él al mundo.

Desde su entrada Miguel quería dejar en claro de dónde venía, “cuando tenía 15 años yo siempre les decía a mis amigos, que el día que yo fuera a pelear por un título mundial, subiría con el sombrero vueltiao y pondría a sonar el porro ‘María varilla’ – considerado el himno de los cordobeses -para dar a conocer a Montería, que Montería no lo conoce nadie”. Y lo cumplió

Para el actual empresario, su esposa, sus tres hijos, sus dos nietas y el resto de su familia han sido siempre pilares fundamentales en su vida; son la fuerza que lo sostiene y aquello por lo que estaría dispuesto a luchar hasta el final.

“Yo siempre les hablo a mis hijos, a mis nietos y a mi familia de disciplina y el respeto hacia los demás, servirle al prójimo, darle buenos ejemplos”, agrega Miguel. Lora, siempre ha tenido claro que un pilar fundamental para él es su familia y que, sin ella, no tendría la misma fuerza que tiene.

Para Héctor Lora, su hermano, Miguel era mucho más: “Fue mi papá, fue mi padre porque nuestro padre nos abandonó cuando yo tenía 3 meses y él tenía por ahí como 12 años y tomó las riendas de la casa, de mi madre y de mis otros hermanos y fue mi papá, hoy en día es un gran hermano”.

Pero su familia sanguínea, no es la única que a Lora le ha dado fuerza, sino también la familia que construyó durante su carrera, como los periodistas deportivos que, desde su primera pelea, confiaron en él y no dudaron del gran talento del monteriano.

Eugenio Baena, periodista deportivo de Cartagena, quien falleció el 8 de agosto de este año, siempre estuvo para Miguel, desde sus inicios, sus derrotas y triunfos más grandes en la vida. Su amistad, se convirtió en compadrería, cuando la hija de Baena nació (Cecilia ‘La chechi’ Baena- patinadora colombiana) y fue el padre de la pequeña quien le pidió que bautizara a la pequeña, convirtiendo a Lora y Baena en grandes compadres.

Este gran dúo, fue inseparable durante muchos años, juntos asistían a homenajes, reuniones o competencias, una amistad, hermandad que duraría para toda la vida. Lamentablemente a esta amistad el destino le tenía otros planes.

Miguel y Eugenio se encontrarían en un homenaje donde se iba a conmemorar a Miguel, por los 40 años del título mundial de boxeo. El homenaje se llevaría a cabo en Barranquilla, donde los amigos habían pactado encontrarse en el lugar, “Tú eres mi representante, cuadra todo para estar ahí”, fue lo último que el periodista le dijo al boxeador. Pero una complicación repentina le impediría llegar.

La triste noticia se tenía que dar y ninguno de los asistentes tenía el valor para darla, fue uno de sus allegados quien tuvo que dar tan lamentable noticia. “No joda, no me digas eso” respondía Lora en medio del llanto. La vida le había arrebatado a su fiel amigo y compañero, justamente un día tan importante para el boxeador.

Otro round fuerte que le tocó enfrentar a Miguel en la vida, fueron las duras críticas recibidas en redes sociales, durante el año 2023, pues el boxeador se unió a la campaña política de Natalia López Fuentes, candidata a la alcaldía de Montería.

Cometarios como, “Happy es un bulto de sal”, “Lástima que Happy nos muestre su ignorancia así”, “Él solo aparece cuando le pagan” entre muchos más. Pero esto a Happy Lora, no lo hizo ceder ni caer ante comentarios mal intencionados; con su característico moviendo de cintura logro esquivarlos, como aquellos golpes en Miami.

Muchos creen que el boxeador por haber ganado hace 40 años, su público abarca únicamente a personas de 40 o más años, pero Daniel Franco, un joven boxeador, lo ve como una inspiración para él, “hace ver que sí es posible lograr las cosas, aunque se surja de lo más bajo”.

Héctor Sarriga, entrenador de boxeo de la liga del Valle y exboxeador, con más de 60 años en el mundo de boxeo, ve a Miguel como alguien que le dejó mucho al boxeo colombiano, “él es un buen ejemplo porque ha sido una persona muy sana, es uno de los mejores boxeadores que ha tenido Colombia, él no es como Pambelé, ese sí no fue sano, fue descarriado por el trago, muy vagabundo, cosa que Lora no fue.”

“Happy no vive alejado del boxeo como otros boxeadores, que nunca más vuelven a boxeo ni a asomarse por el gimnasio ni nada, él no, él se asoma por los ring y aconseja a los muchachos y todo, sin duda, es un muy buen elemento”, agrega el entrenador Sarriga.

Miguel ha vivido en Miami, Bogotá y Cartagena, pero en todos esos lugares, siempre le ha faltado algo. Para él, Montería, es su lugar seguro, donde se siente libre y agradecido. Víctor Villalobos, habitante de Montería y fan del boxeador agrega, “a Happy se le puede ver caminando por la vía primera bien a gusto, yo me lo he encontrado tantas veces y siempre se le ha visto feliz, le gente se le acerca y le pide fotos y él feliz con el público”.

En Montería el Coliseo Happy Lora se erige como el símbolo más contundente del reconocimiento a un ídolo que trascendió el cuadrilátero. Más que una estructura deportiva, representa la gratitud de una ciudad hacia el hombre que llevó su nombre a los más altos podios del boxeo mundial y que, con disciplina y humildad, convirtió a Montería en sinónimo de grandeza. Este escenario honra no solo los puños que conquistaron el título mundial en 1985, sino la trayectoria íntegra de un deportista que defendió su título y en sus 37 peleas ganadas de las 40 que peleó nunca se desligó de su tierra ni de su gente.

El homenaje que da vida al coliseo reafirma el compromiso de la capital cordobesa con su historia y sus héroes. Allí, donde hoy se forman nuevas generaciones de atletas, late el mismo espíritu de lucha que impulsó a Lora a derribar fronteras y a defender con orgullo el nombre de Montería. Cada espacio del recinto, cada golpe en los entrenamientos recuerda que Miguel “Happy” Lora no solo fue campeón del mundo, sino el reflejo más auténtico de la constancia y la identidad Cordobesa.

hace ver que sí es posible lograr las cosas, aunque se surja de lo más bajo”

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La vida en una memoria

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Autores: Nathalia Aguilar, Alejandro Jiménez y Jeremy Castillo

Facultad de Humanidades y Artes

El ambiente era fresco aquella tarde de septiembre. Afuera de la casa, un guayacán florecía y dejaba caer sus pétalos rosados, cubriendo la entrada como un manto suave. La escena parecía anunciar que, dentro, también brotarían recuerdos.

Al entrar, lo primero que llamó la atención fue un sofá. Sobre él reposaba un cuadro donde se veía a Kazumi y a su madre sonrientes, con un diploma en el centro. A simple vista parecía una fotografía familiar, pero en realidad era una creación hecha con inteligencia artificial. La madre, con naturalidad, confesó: “Esa foto me la hizo mi hija”. Aquella revelación no generaba incredulidad, sino una reflexión inevitable: la imagen inventada lograba representar con ternura un instante que la vida nunca permitió. 

Kazumi había sido un joven de múltiples pasiones: guitarra, canto, danza, karate, pintura. Un espíritu inquieto, impredecible, siempre en movimiento. Entre todas sus facetas, la fotografía se convirtió en su favorita, en la herramienta para atrapar el mundo a su manera.

Cuando la madre quiso compartir los recuerdos digitales, no entregó la memoria en manos ajenas: la conectó ella misma a su portátil y comenzó a abrir carpetas. El detalle más revelador fue el orden. Cada archivo estaba dispuesto cronológicamente: desde el nacimiento de Kazumi hasta las últimas imágenes que lo retrataban. Era un archivo vivo, una línea de tiempo tejida con disciplina y amor, una forma de asegurarse de que nada quedara en el olvido.

Los videos empezaron a correr uno tras otro. En ellos aparecía Kazumi riendo, bailando, jugando. El más conmovedor mostraba a su hermana enseñándole a bailar samba en la sala. Él seguía los pasos con torpeza y chispa, mientras las carcajadas llenaban el espacio. Esa escena sintetizaba lo que todos decían de él: alegría, espontaneidad, energía.

La madre no lloraba al verlos. Su mirada estaba acompañada más por la serenidad que por la tristeza. Reía con cada recuerdo y sus comentarios iluminaban las imágenes: “Siempre estaba haciéndonos reír”, decía entre sonrisas. Era evidente que lo recordaba con paz, con la tranquilidad de quien guarda más gratitud que dolor.

En una habitación, sobre dos tablas convertidas en estantes, descansaba la colección de carritos de Kazumi. Estaban alineados en perfecta hilera, junto a un muñeco tejido que lo representaba. Pequeños objetos que prolongaban su presencia, como testigos silenciosos de lo que fue.

La visita dejaba una impresión clara: Kazumi vivió intensamente, siempre explorando y entregándose a lo que hacía. Nunca esperaba el momento perfecto, siempre se lanzaba a experimentar con entusiasmo. Cuando se preguntó cómo definirlo en una sola palabra, su madre respondió sin titubeos: “amor”. Su hermana, con la misma convicción, dijo: “impredecible”. En esas dos voces se resume lo que él significó para quienes lo conocieron: una mezcla de ternura infinita y energía inagotable que, aún hoy, permanece viva en cada recuerdo.

La madre no lloraba al verlos. Su mirada estaba acompañada más por la serenidad que por la tristeza” .

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El Petronio en imágenes

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Por: Luna Palma y Nathalia Aguilar

Facultad de Humanidades y Artes

Delicias del Pacífico:   En medio del ritmo del Petronio y el aroma a caña recién molida, Delicias del Pacífico El Mocho se alza como un recordatorio del sabor y la resiliencia del Pacífico colombiano. Ella prepara con dedicación un guarapo que sabe a tradición y a casa, y con cada movimiento, mantiene viva una tradición. El propietario —conocido como “El Mocho”— comparte generosamente su historia y su caña con quienes se acercan, haciendo una sola petición: que inviten a todos a pasar por el puesto 5, justo en la entrada principal y probar un guarapo que revive el espíritu del Pacífico en cada sorbo.

Hombres peinadores:  Un hombre de Imperio Peluquería se concentra en maquillar cuidadosamente a una asistente del festival. Conocidos como Hombres Peinadores, ellos reivindican con orgullo su oficio y lo comparten con quienes se acercan a su stand. En el espacio llamado Hombres Peinadores, no solo embellecen rostros y cabelleras, también celebran la identidad del Pacífico a través del arte del peinado y la estética.

29 años celebrando la fuerza, la alegría y la cultura del Pacífico colombiano.  Pero el Pacífico no es solo Petronio.
Es música, sabor y resistencia todos los días del año. 🌊💙

Pargo rojo: Uno de los sabores más esperados por los asistentes: el pargo rojo de Dalila Prado. Dorado con paciencia y condimentado con tradición, este plato —uno de los favoritos de la cocinera tanto para preparar como para disfrutar— representa el gusto profundo del Pacífico por el mar y sus frutos.

Entre olas y gente:  Entre la marea de colores del mural y el vaivén de la gente que recorre el Petronio, la vida cotidiana se confunde con la celebración, como si las ballenas pintadas también formaran parte de la fiesta.

Memorias colgadas entre ramas:  Entre troncos, hojas y plátano, se asoman recuerdos ajenos, imágenes que cuelgan como si el Petronio también fuera un bosque de historias compartidas.

El río ondea la madera:  Las imágenes se mecen como velas improvisadas, entre el río impreso y la madera teñida, el Petronio deja que la memoria navegue con el viento.

La senda iluminada: Bajo el techo de árboles y luces cálidas, la senda del Petronio se convierte en un corredor de encuentro. Pasos que se entrelazan, miradas que se cruzan y una luz que guía hacia el corazón de la fiesta.

Las palabras como refugio: En medio del bullicio del festival, un verso de Mi Buenaventura se convierte en refugio: palabras que resuenan como un eco íntimo, recordándonos que el Petronio también es un lugar para volver a casa.

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Reportaje gráfico Festival Petronio Álvarez 2025

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Petronio Álvarez 2025

Autoras: Jean Carlos Salcedo Murcia & Samuel Bolaños Sanz

Facultad de Humanidades y Artes

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“Lucu, el pulpo que abraza al Pacífico con sus tambores”

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Andrés Lucumí, percusionista de Canalón de Timbiquí, en el marco del Petronio Álvarez 2025.

Por: Marycarmen Oliveros y Lizeth Dayana Rojas

Facultad de Humanidades y Artes

En el corazón vibrante del Petronio Álvarez, entre el olor a encocado y el eco de la marimba, aparece Andrés Lucumí o “Lucu”  aunque también conocido como  “el Pulpo” para quienes han visto sus manos multiplicarse sobre los tambores. Está a punto de subir al escenario con Canalón de Timbiquí, pero antes se sienta a conversar, con esa calma de quien sabe que su música ya habla por él.

“Queríamos aprender más de las músicas tradicionales, de la cultura, del alma del Pacífico. Ella nos escuchó y propuso crear una escuela”

“Mis inicios fueron en el colegio”, dice con una sonrisa. “Ahí nos enseñaron sobre las regiones de Colombia y yo me enamoré del Pacífico. No solo de su música, también de sus comidas, sus bebidas, sus historias”. Ese flechazo lo marcó desde el año 2000 y nunca más dejó de latir al ritmo del litoral.

La maestra Nidia Góngora, figura emblemática de la tradición,  se convirtió en un pilar importante “Ella fue mi directora, mi amiga y mi maestra. Nos dio las bases para entender que la música del Pacífico no es solo un sonido, es un sentimiento. Con ella aprendí a tocar con el corazón a valorar la cultura que hay detrás de cada instrumento”.

Además, junto a unos amigos, tocó la puerta de la maestra Nidia Góngora. “Queríamos aprender más de las músicas tradicionales, de la cultura, del alma del Pacífico. Ella nos escuchó y propuso crear una escuela”.

Así nació la Fundación Escuela Canalón. “Primero fueron talleres para nosotros, después abrimos las puertas a los niños de la comuna 15, especialmente del barrio Ciudad Córdoba. Hoy, muchos de esos jóvenes son músicos profesionales. Yo mismo pasé de alumno a profesor y ahora soy percusionista de Canalón de Timbiquí”.

Su misión va más allá de los aplausos. Trabajan para que niños y jóvenes de Cali, Palmira, Jamundí y municipios cercanos aprendan qué es un cununo, una marimba o un bombo… y, sobre todo, que comprendan que la música del Pacífico no se limita a interpretarse, se vive, es alegría, hermandad y unión.

Cuando se le pregunta qué siente en el escenario, Andrés se detiene, respira y responde con honestidad: “Siempre hay un poco de pánico escénico… pero también una emoción inmensa. Ver a la gente corear nuestras canciones, bailar y conectarse con la música, hace que uno toque con más fuerza, con más amor. Si la gente está arriba y alegre, yo también lo estoy”.

 Ser el único caleño de la agrupación es para él un orgullo, no una barrera. “La gente a veces me pregunta si soy de Timbiquí, y yo les digo que no… pero que el Pacífico me adoptó. Absorbí sus tradiciones y ahora las llevo por el mundo”.

Sus tambores ya han viajado por el mundo. Europa, Estados Unidos y otros rincones han sido testigos de esa mezcla de tradición y pasión que carga en cada presentación. “Queremos que la música del Pacífico se escuche en todas partes, incluso en la China o la Conchinchina. Es nuestra misión, nuestro orgullo”.

El bullicio del festival lo llama. Lucu se despide con una sonrisa, se acomoda sus tambores y sube al escenario. Un instante después, la marimba rompe el silencio, el cununo responde y sus manos rápidas como tentáculos envuelven al público en un abrazo sonoro que late como el corazón del Pacífico.

Siempre hay un poco de pánico escénico… pero también una emoción inmensa. Ver a la gente corear nuestras canciones, bailar y conectarse con la música, hace que uno toque con más fuerza, con más amor. Si la gente está arriba y alegre, yo también lo estoy”.

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