Día del Trabajador Social.

El Trabajo Social, una vocación en todo sentido

Una profesión busca impactar a las familias, reconociendo que es en ellas donde se forman los ciudadanos que harán parte de la sociedad

Por: Karol Arizala

Facultad de Humanidades y Artes

El 17 de marzo se conmemora en muchos países el Día del Trabajador Social, en reconocimiento a la labor de los profesionales que trabajan por el bienestar de las personas, las familias y las comunidades, acompañándolas para promover el cumplimiento de sus derechos, la inclusión y la justicia social.

El trabajo social es una vocación orientada al bienestar social. A través de la investigación, el análisis y la intervención directa, se generan estrategias que permiten alcanzar un equilibrio entre el individuo y la sociedad, con énfasis en poblaciones en situación de vulnerabilidad, promoviendo la convivencia en la dinámica social.

Se valora que no solo se conmemore una fecha, sino que también se explique el rol del trabajador social, mostrando cómo su labor va más allá de la asistencia y se enfoca en la transformación social.

El deber del cambio social

El Trabajo Social parte de la necesidad de intervenir en distintos contextos —individual, familiar, grupal y comunitario— cuando se identifican situaciones que requieren procesos de cambio y desarrollo. En este sentido, el cambio social no solo es un objetivo, sino también un compromiso ético que reconoce la participación activa de las personas como eje fundamental. A través de este enfoque, se promueve el respeto por los derechos humanos y se fomenta la construcción de entornos más justos e incluyentes.

Los trabajadores sociales desempeñan un papel clave en la defensa de los derechos humanos, abarcando aspectos fundamentales como la libertad de expresión, la dignidad, el acceso a la salud y la protección del medio ambiente. Su labor implica no solo intervenir, sino también sensibilizar, orientar y generar conciencia sobre las problemáticas sociales que afectan a diferentes poblaciones.

Ámbitos de acción

El ejercicio profesional del Trabajo Social se desarrolla en diversos escenarios, como el sector educativo, el ámbito de la salud y los entornos comunitarios, familiares, infantiles y juveniles. En cada uno de estos espacios, su labor se orienta a fortalecer las capacidades de las personas, promoviendo su autonomía y su rol como agentes de cambio dentro de la sociedad. De esta manera, el Trabajo Social se configura como una acción transversal que impacta múltiples dimensiones de la vida social.

En el marco de esta conmemoración, se reafirma la importancia del Trabajo Social como un instrumento de transformación social. Cada avance en las condiciones de vida de las comunidades refleja el compromiso, la empatía y la capacidad de estos profesionales para comprender las realidades sociales y generar estrategias que incidan de manera significativa en el bienestar colectivo.

Como parte de esta fecha, en la Universidad Santiago de Cali se llevan a cabo varias actividades, entre ellas, un stand conmemorativo que busca visibilizar y resaltar la importancia de esta profesión. La actividad ha contado con la participación de estudiantes de Trabajo Social de diferentes semestres, quienes se unien con entusiasmo para promover el reconocimiento de su labor y fortalecer el sentido de pertenencia hacia su formación académica.

Durante la jornada, se generó un espacio cercano y participativo con la comunidad universitaria, en el que se compartió un mensaje simbólico que decía: “Hoy celebramos la vocación, el compromiso y la empatía de quienes trabajan por el bienestar y la justicia social”. Este mensaje fue entregado junto con un dulce, como un gesto de agradecimiento por la atención y como una forma de destacar la importancia de la vocación en esta profesión.

Más allá de un acto simbólico, esta iniciativa permitió reconocer especialmente a los estudiantes que han decidido formarse en el campo del trabajo social, resaltando su compromiso con la transformación de la sociedad. Asimismo, evidenció el valor de generar espacios académicos y comunitarios que fortalezcan la identidad profesional y promuevan el reconocimiento de disciplinas que, como esta, contribuyen significativamente al desarrollo social.

El enfoque en los derechos humanos y la inclusión fortalece el mensaje, ya que posiciona al trabajo social como una profesión clave en la promoción de la dignidad y la equidad.

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Cuando el turismo crece, la ciudad cambia: Los efectos del auge turístico en Cali.

Cuando el turismo crece,la ciudad cambia: Los efectos del auge turístico en Cali

El crecimiento del turismo y la alta demanda de hospedaje en la ciudad de Cali generan un nuevo debate: ¿está la ciudad preparada para proteger al consumidor de los efectos de la alta demanda? 

Por: Ana Isabel García Zúñiga y Valentina Sánchez Mercado

Facultad de Humanidades y Artes

 

En Cali, el crecimiento del turismo en los últimos años ha incrementado la demanda de hospedajes temporales en distintos sectores de la ciudad. Eventos de alto flujo de turistas como la Feria de Cali y el Festival Petronio Álvarez atraen cada año a miles de visitantes tanto nacionales como internacionales, lo que genera mayor movimiento en el mercado del hospedaje. 

De acuerdo con un estudio realizado en el 2024 por el Observatorio de Turismo de Cali, durante el Petronio la ciudad acogió a más de 36.000 visitantes, según datos recopilados a partir de 1.460 encuestas realizadas durante el evento. También se reveló que el 94 % de los visitantes permaneció por lo menos una noche en la ciudad, lo que beneficia a sectores como hotelería, gastronomía y comercio local. 

El crecimiento del turismo en Cali impulsa la economía, pero también abre debates sobre regulación y protección al consumidor.

El estudio, divulgado por la Secretaría de Turismo de Cali, también evidenció que el 65 % de los turistas se alojó en establecimientos pagos, dentro de los cuales el 31 % lo hizo en hoteles, el 14 % en hostales y el 12 % en alojamientos reservados a través de plataformas digitales. Estas cifras reflejan cómo los eventos culturales de la ciudad se han convertido en un pilar para la llegada de visitantes y el dinamismo del sector turístico. 

La discusión sobre regulación para estos espacios alternativos de hospedaje se fortaleció tras lo ocurrido en Medellín en enero de 2026, durante la víspera del concierto del artista urbano Bad Bunny se denunciaron cancelaciones de reservas y aumentos significativos en los precios del hospedaje en plataformas digitales. 

El fin de semana del 23 al 25 de enero de 2026, turistas y visitantes de diversas regiones del país y del exterior que se desplazaron a Medellín para el concierto del artista Bad Bunny reportaron cancelaciones masivas en sus reservas realizadas con antelación a la capital Antioqueña. Algunos alojamientos fueron ofertados nuevamente a tarifas considerablemente superiores a las iniciales pactadas, según reportes difundidos por medios nacionales.  

En Cali, anfitriones de alojamientos temporales explican que los precios dependen principalmente del comportamiento de la demanda. 

Daniela Aristizábal, propietaria de un alojamiento activo en la plataforma digital de hospedajes temporales Airbnb, señala que la plataforma utiliza un sistema conocido como tarifa dinámica, que ajusta automáticamente los precios según factores como la temporada, la disponibilidad y el movimiento del mercado. Según explica, en su caso particular no modifica de forma manual los precios, ya que arrienda el apartamento por períodos mínimos de un mes debido a normas de propiedad horizontal que limitan las estancias cortas en algunos conjuntos residenciales. 

Por otro lado, Daniela Vásquez, también propietaria de un alojamiento temporal, explica que durante eventos masivos el comportamiento del mercado sí influye directamente en las tarifas. “Cuando hay eventos masivos, sí llega a haber un aumento en el precio debido a la demanda y al movimiento del mercado”, afirma. 

Según indica, no ha percibido controles directos por parte de autoridades locales frente a los precios durante estas temporadas: “En mi experiencia, los precios se ajustan principalmente por la dinámica del mercado y la demanda del momento”, señala. 

Para Vásquez, el crecimiento de los hospedajes temporales también ha comenzado a tener consecuencias en el mercado de vivienda de la ciudad: “Algunas propiedades que antes se destinaban a arriendos de largo plazo ahora se ofrecen para estancias cortas, lo que reduce la oferta disponible para residentes permanentes”, explica. 

El crecimiento de estos hospedajes también se evidencia en las cifras del sector turístico, de acuerdo con datos divulgados por Airbnb, durante 2024 la actividad de anfitriones y huéspedes generó un impacto económico superior a 10,6 billones de pesos en Colombia. De esta cifra, cerca de 1,6 billones correspondieron a ingresos directos para anfitriones, mientras que los viajeros destinaron más de 9 billones de pesos en comercios locales, especialmente en restaurantes, entretenimiento y compras. 

Según la plataforma, más del 40 % del gasto de los huéspedes se realiza en los mismos barrios donde se ubican los alojamientos, lo que demuestra el impacto que este tipo de turismo puede tener en las economías locales. 

Las experiencias de los visitantes también manifiestan cómo perciben estos cambios en los precios. César Gabriel Cruz, turista mexicano que ha visitado Medellín y Cali, afirma haber percibido incrementos moderados en los alojamientos durante eventos, aproximadamente entre cinco y diez dólares por noche, aunque señala que esto no afectó significativamente su presupuesto de viaje. 

La percepción cambia en el caso de Israel Efrén Jiménez Bucio, también visitante extranjero, quien explica que en Medellín el aumento se percibe con mayor fuerza en sectores turísticos como El Poblado, donde el costo del alojamiento sí llegó a afectar el presupuesto que había destinado para su viaje. 

En Cali, ambos visitantes coinciden en que los incrementos de precios se reflejan de manera menos pronunciada y suelen variar dependiendo de la zona turística donde se ubique el alojamiento. 

¿Cómo funciona una plataforma de alojamiento? 

Las plataformas digitales de alojamiento temporal permiten que propietarios particulares publiquen viviendas, habitaciones o apartamentos para estancias de corta duración. 

Para registrarse como anfitrión- en Airbnb-, el usuario debe crear una cuenta, verificar su identidad y registrar la propiedad dentro de la plataforma. Allí puede publicar fotografías del espacio, establecer normas para los huéspedes y definir un precio base por noche. 

La plataforma también ofrece herramientas automáticas para ajustar las tarifas según factores como la temporada, la demanda turística y la disponibilidad de alojamientos en la zona. Este sistema es conocido como tarifa dinámica, que modifica los precios dependiendo del comportamiento del mercado. 

En Colombia, estas plataformas operan dentro del marco del Estatuto del Consumidor, lo que permite que los usuarios realicen reclamaciones ante la Superintendencia de Industria y Comercio cuando sientan que sus derechos han sido vulnerados. 

 

Los barrios frente al crecimiento del turismo 

Más allá de las cifras económicas, el aumento del turismo también ha comenzado a transformar la dinámica de algunos barrios de la ciudad, como ocurre en el barrio El Peñón, uno de los sectores con mayor movimiento turístico en Cali; los cambios son visibles para quienes habitan allí de forma permanente. 

Mateo Rivas, residente del sector, afirma que varias viviendas han sido convertidas en alojamientos temporales o establecimientos comerciales, lo que ha incrementado el tránsito vehicular, el ruido nocturno y la presión sobre los espacios residenciales: “Antes era un barrio muy tranquilo. Ahora hay más turismo y más comercio, lo que genera más movimiento y ruido en las calles”, explica. Aunque reconoce que el turismo dinamiza la economía local, considera necesario establecer ciertos límites para proteger la convivencia en zonas tradicionalmente residenciales. 

Las cifras oficiales también permiten observar cómo se comporta el sector del alojamiento en la región. Según la Encuesta Mensual de Alojamiento (EMA) del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en diciembre de 2025 la ocupación hotelera en la región Pacífico —que incluye al Valle del Cauca— se ubicó alrededor del 40,8 %. 

Durante ese mismo periodo, la variación anual en las tarifas fue de 3,3 % en acomodación sencilla y 1,1 % en acomodación doble a nivel nacional, mientras que en la región Pacífico las variaciones fueron de 1,5 % y 3,8 % respectivamente. 

Estas cifras muestran que el sector hotelero formal registra incrementos moderados asociados a temporadas específicas. Sin embargo, los testimonios de anfitriones, turistas y residentes evidencian que en algunos sectores de la ciudad los cambios pueden sentirse con mayor intensidad durante eventos de alta demanda. 

Desde la mirada de algunos residentes, el turismo también representa una oportunidad para posicionar a Cali como un destino interesante de conocer. Rosa Playonero, habitante de la ciudad desde hace más de cinco décadas, destaca que en los últimos años Cali ha fortalecido su propuesta turística con espacios como el Parque del Perro, el barrio San Antonio, el Bulevar del Río y otros sectores gastronómicos que cautivan a los visitantes. “La ciudad ha progresado mucho, hay muchos lugares bonitos para conocer y los precios siguen siendo accesibles para quienes vienen a visitarnos” afirma. 

El crecimiento del turismo representa una oportunidad económica importante para Cali. Sin embargo, lo ocurrido en Medellín demuestra que cuando la demanda aumenta de forma imprevista, el mercado del alojamiento puede experimentar tensiones si no existen reglas o regulaciones claras. 

Para Cali, el reto no está en frenar el turismo, sino en anticipar cómo gestionar ese crecimiento sin afectar la estabilidad del mercado de vivienda ni la convivencia en los barrios que hoy comienzan a transformarse. 

El crecimiento del turismo en Cali representa una oportunidad importante para la economía local, especialmente para sectores como la hotelería, la gastronomía y el comercio.

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El río Aguacatal agoniza esperando el plan de choque.

El río Aguacatal agoniza esperando
el plan de choque. 
  

Después de que el Dagma anunciara el 17 de julio de 2025 un plan de choque, no hay avances visibles.

Autores:Alex Ospitia y Jhonier Bravo.

Facultad de Humanidades y Artes

El río Aguacatal sigue en alerta por vertimientos de aguas residuales, falta de alcantarillado, sedimentos mineros y plagas que golpean el comercio local y calidad de vida.  

  

La situación del río Aguacatal muestra cómo, pese a su importancia ambiental, las comunidades de Montebello y sectores cercanos siguen enfrentando contaminación y abandono institucional. Más que promesas, se necesitan acciones reales y soluciones estructurales para recuperar el río y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

 Montebello es uno de los quince corregimientos que integran la zona rural caleña, está conformado por dos sectores: la cabecera que lleva su mismo nombre y Campoalegre. En conjunto suman apenas 412,6 hectáreas, una extensión modesta. Sin embargo, es el corregimiento más pequeño en tamaño, pero el más densamente poblado. En sus laderas se concentra el 24 % de la población total de los corregimientos de Cali. Con más de 8.800 habitantes en la zona.  

A la orilla de estos corregimientos pasa el río Aguacatal. Este río desemboca aproximadamente 50.976 toneladas de agua al día, una cifra que evidencia su relevancia hídrica. El río Aguacatal desemboca en el río Cali, lo que significa que la calidad del agua que llega al río Cauca también está influenciada por su situación. Desde su nacimiento hasta su desembocadura recorre aproximadamente 14,2 kilómetros, atravesando zonas rurales y corregimientos como Montebello, Campo Alegre, Las Palmas y Aguacatal Bajo.  

Para muchos habitantes el río se ha convertido en una fuente de preocupación ambiental. “La gran afectación del río son las aguas negras que llegan directamente a él. Eso se ve más que todo en la parte alta, en donde hay mucha invasión. Y a eso se suma gente que tira basura al río. No solo hace falta conciencia de la gente, sino también mucho control por parte de las autoridades”, aseguró Jéssica Natalia Henao, ingeniera ambiental residente del barrio Alto Aguacatal.  

Pese a que las actividades de minas ilegales en el sector se encuentran suspendidas desde hace aproximadamente 20 años y que a la fecha no existe explotación, aún permanecen pasivos ambientales a raíz de dicha actividad.   

“El río Aguacatal sufre un doble ataque: el químico, proveniente del Drenaje Ácido de Minas (DAM) que tiñe el agua de naranja, y el orgánico, producto del crecimiento demográfico sin planeación de Montebello”, cuenta Luis Eduardo Gaviria, comerciante del sector de Campo Alegre.  

Uno de los motivos principales y que ha afectado el río, es la minería, fue por este motivo que en agosto del 2025 el subdirector de Calidad Ambiental del Dagma, Diego Benavidez anunció que “Como parte del plan de choque, en los próximos días se instalarán sensores de PH, metales pesados y oxígeno disuelto, con el propósito de evaluar la calidad del agua en tiempo real y ajustar estrategias. De igual forma y entre las medidas inmediatas, se explora una opción basada en naturaleza por medio de microalgas, que ayudan a mitigar el efecto de la coloración de las cargas orgánicas en el lecho del río Aguacatal”.   

El patrullero Jorge Ortiz, policía del cuadrante de Palmar I con tres años de servicio en la zona, confirma que “desde el anuncio del proyecto en julio de 2025, no se ha visto personal del DAGMA trabajando en la recuperación del río”.   

Aunque la administración municipal prometió colectores y plantas de tratamiento, los habitantes de los corregimientos Montebello, Campo Alegre y Aguacatal Alto y Bajo, siguen sin ver avances con el proyecto: “seguimos sufriendo con la contaminación del río que continúa aumentando últimamente”, comentó Freddy Ortiz, dueño de la fonda Campo Alegre y habitante del mismo sector hace 10 años.  

El discurso oficial y la realidad del terreno es absolutamente diferente, mientras el Dagma anuncia que han avanzado en el proyecto, por otro lado, Milena Quiñonez, expresidenta de la Junta de Acción Comunal de Aguacatal Bajo, confirma lo contrario: “el sector vive en un estado de abandono gubernamental histórico, el principal motor de la contaminación es estructural: la falta de sistemas de alcantarillado en varias zonas obliga a que los desechos caigan al cauce, una problemática que ‘lleva muchísimos’ años sin solución”.   

Añadió, “Si eso no cambia, al río Aguacatal seguirán cayendo aguas negras de los sectores de Palmas I, Palmas II y Villa del Mar. También hace falta un colector a la altura de la Avenida 14, que cubriría 100 metros del barrio Bajo Aguacatal para que este sector esté completamente descontaminado. Por el momento, solo se tiene un 70 % de casas cuyas aguas ya no llegan al río, lo que equivale a cerca de 800 viviendas”.  

Hoy el rio sigue siendo una amenaza. Guillermo Trujillo, fundador del mini-market en Montebello con más de cinco años en el sector, cuenta que: “los olores se han vuelto insoportables, afectando la clientela y el bienestar familiar”.   

Sin embargo, lo más preocupante es la crisis sanitaria colateral: la contaminación ha disparado la presencia de plagas y ratas que, como cuenta Blanca Vanegas, comerciante de Campo Alegre: “como si fuera poco, la plaga de roedores y zancudos provenientes del río ya invaden las viviendas cercanas, tenemos que llenar las casas de trampas para roedores y productos en aerosol o de humo que espanten los zancudos”.  

“Todo empieza arriba con la minería, pero aquí abajo sufrimos el olor y las ratas. El gobierno dice que va a venir, pero aquí no hemos visto a nadie del DAGMA trabajando desde ese anuncio del año pasado”, coincide Luis Eduardo habitante y comerciante del sector Bajo Aguacatal.  silencio de las autoridades ambientales no solo deja en el aire las promesas de julio de 2025, sino que profundiza la incertidumbre de una comunidad que sigue respirando el olor del abandono y conviviendo con las plagas de un río que se apaga.  

Ante el evidente descuido y el estancamiento en el plan de choque para la recuperación del río, se intentó contactar formalmente mediante correos, llamadas a las líneas oficiales y acercamiento a la atención al ciudadano al Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente, sin tener respuestas hasta el cierre de esta edición.  

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Cuotas de administración residencial en el 2026: ¿IPC o salario mínimo?

Cuotas de administración residencial en el 2026: ¿IPC o salario mínimo?

en un contexto marcado por decisiones presupuestales y tensiones entre sostenibilidad y capacidad de pago. 

Autores: Karold Castañeda, Juan Diego Tovar y Juan Lozada

Facultad de Humanidades y Artes

El alza en las cuotas de administración residencial en Colombia para 2026 presenta incertidumbre tras la suspensión del decreto del salario mínimo, aunque inicialmente se proyectaban aumentos de entre 12% y 20%, o incluso del 23.78% igual al salario mínimo, afectando seguridad y mantenimiento. 

Las cuotas de administración son pagos mensuales que hacen los propietarios para cubrir los gastos comunes de los conjuntos residenciales. Estos gastos incluyen la vigilancia privada, limpieza y mantenimiento de zonas comunes, administración y otros servicios necesarios para el funcionamiento del edificio o conjunto.  

Más allá del porcentaje, el aumento de las cuotas de administración en 2026 muestra lo difícil que es equilibrar los costos de los conjuntos con el bolsillo de los residentes…

Según la Ley 675 de 2001, que regula la propiedad horizontal en Colombia, no existe un porcentaje obligatorio que determine el incremento de estas cuotas, ni está legalmente establecido que deban ajustarse automáticamente con el índice de Precios al Consumidor (IPC) o con el salario mínimo. En cambio, el aumento debe basarse en un presupuesto anual claro y debe ser aprobado por la Asamblea de Copropietarios. 

 Para Tatiana Miranda, economista, el aumento de las cuotas de administración en 2026 puede explicarse por un fenómeno conocido como inflación por vendedores. Según explica, ante el anuncio de un incremento cercano al 23 % en el salario mínimo, algunos administradores y prestadores de servicios tienden a trasladar ese mismo porcentaje a los precios, sin que todos los costos hayan aumentado en igual proporción. Esto, señala, termina presionando el costo de vida de los hogares. 

A finales de diciembre de 2025, el Gobierno Nacional decretó un aumento del salario mínimo cerca del 23,7 % para 2026, con el objetivo de mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores. Sin embargo, esa medida fue suspendida temporalmente por el Consejo de Estado en febrero de 2026 por falta de justificación legal, lo que ha generado incertidumbre sobre cómo se deben calcular algunos costos asociados en la economía, incluyendo los de la administración residencial.  

Entre tanto, el IPC anual de Colombia, que mide la inflación de precios al consumidor, cerró 2025 alrededor del 5 %, cifra muy inferior al incremento proyectado del salario mínimo. Estas discrepancias entre inflación y salarios abren el debate sobre cuál parámetro es más apropiado para ajustar las cuotas.  

Para Luz Marina Manrique, administradora de propiedad horizontal en el norte de Cali, el aumento de la cuota de administración en 2026 responde a una necesidad presupuestal y no a una decisión arbitraria. Explica que más del 70 % del presupuesto de un conjunto residencial se destina a nómina, principalmente vigilancia, aseo y mantenimiento, rubros directamente impactados por el aumento del salario mínimo. 

En el conjunto que administra, el incremento aprobado fue del 18 %, por debajo del ajuste salarial inicialmente decretado. “Revisamos contrato por contrato. No todos los gastos suben en la misma proporción, pero si no se ajusta la cuota, el conjunto entra en déficit”, señala. La administradora reconoce la inconformidad de algunos propietarios, aunque advierte que no aprobar un presupuesto realista puede traducirse en deterioro de zonas comunes, atrasos en pagos o reducción de personal. 

Desde el personal operativo, Carlos Andrés Rivas, vigilante de una empresa de seguridad privada, subraya que el debate suele omitir el impacto real de los costos laborales. “Cuando sube el salario mínimo también aumentan los aportes y la seguridad social. Eso se refleja en lo que pagan los conjuntos”, explica. A su juicio, recortar personal para contener gastos puede afectar directamente la seguridad de los residentes. 

La percepción de los propietarios es distinta. Luz Dary Hernández, residente en un conjunto del sur de Cali, asegura que el incremento de este año fue el más alto desde que vive allí. “La cuota pasó de 286 mil a casi 354 mil pesos. Eso pesa en el presupuesto familiar”, afirma. Aunque reconoce la relación con el aumento salarial, considera que falta mayor claridad en la explicación de los gastos y advierte que el problema no es solo el incremento puntual, sino la acumulación de presiones económicas. 

Para Adriana Mesa, residente de la unidad residencial Sorrento 1, el incremento de la cuota de administración aprobado para 2026 generó inconformidad entre varios propietarios. Según explica, durante 2025 la cuota mensual era de 169 mil pesos, pero para este año se aprobó un aumento del 23,7 %, que la elevó a 205 mil pesos. 

La decisión provocó tensiones durante la asamblea general realizada el pasado 21 de febrero, en la que se registraron discusiones entre los propietarios y el equipo administrativo. Uno de los puntos más polémicos fue el ajuste salarial del contador y de la administradora del conjunto. 

Mesa señala que la propuesta inicial planteaba aplicar el mismo incremento del 23,7 % a estos cargos, lo que generó desacuerdos entre los asistentes, especialmente porque desde enero ya se habían aplicado aumentos bajo ese mismo porcentaje. “El ambiente se tornó tenso cuando se abordó el tema de los salarios”, relata. 

Tras una discusión prolongada, la asamblea llegó a un acuerdo: el incremento salarial para ambos cargos sería del 18 %, con lo cual se dio por concluida la reunión. 

El debate por el aumento de las cuotas de administración en 2026 evidencia una tensión estructural entre inflación, costos laborales y capacidad de pago de los hogares. Más allá del porcentaje aplicado, la discusión pone en el centro la necesidad de decisiones presupuestales transparentes y criterios técnicos que permitan equilibrar la sostenibilidad de los conjuntos residenciales con la realidad económica de los propietarios. 

Entre inflación, salarios y presupuestos, el aumento de las cuotas de administración termina siendo un reflejo de las tensiones económicas del país.

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Orlando Sánchez: el hombre que instauró el orgullo afro en Yumbo

Orlando Sánchez: el hombre que instauró el orgullo afro en Yumbo

Obrero, soñador, organizador y maestro comunitario. 

Autor: Jean Carlos Salcedo Murcia

Facultad de Humanidades y Artes

 Durante dos décadas, Orlando Sánchez Lasso ha tejido un liderazgo construido desde la berraquera y la constancia: logró unir a una comunidad dispersa, formar jóvenes líderes, enfrentar amenazas y sembrar un legado que hoy retumba como un tambor en la memoria afro de Yumbo.

“Orlando nos motiva con hechos. Con danza, con canto alabao, con talleres. Nos enseña que participar no es un hobby: es defender quiénes somos”.

Para su hija, María del Pilar Sánchez Holguín, el impacto de su padre se ve en cada espacio cultural y educativo que hoy existe en el municipio: “Él logró que la afrocolombianidad tenga presencia real en Yumbo. Eventos, exposiciones, plazas docentes, espacios educativos… donde va, su compromiso se reconoce”. Y la palabra “compromiso” no es menor: describe una vocación que no desaparece cuando los reflectores se apagan.

Desde la administración municipal, María Yohana Salcedo confirma que la visión de Orlando transformó la relación entre el Estado local y la comunidad afro. “Antes había poca participación”, asegura. “Ahora la gente se siente incluida. AfroYumbo ha crecido con los proyectos que él impulsa. Su liderazgo es visible”.

Pero Orlando no se entiende a sí mismo solo desde el rol público. También habla desde la identidad. “Ser afro es algo que se lleva en la sangre”, afirma. “Uno oye un tambor y el cuerpo responde solo”. En su voz hay orgullo, pero también reivindicación política. La identidad, para él, es un territorio que se defiende tanto como la tierra. Es piel, es memoria, es historia, es dignidad.

Yumbo, con sus más de 108.000 habitantes y un 3,3 % de población afro reconocida, es un municipio industrial donde las luchas raciales han sido silenciosas, quizá demasiado. En el Valle del Cauca, la exclusión racial sigue siendo estructural. Por eso la lucha de Orlando no es un capítulo aislado sino una pieza de una batalla más amplia. Es también un recordatorio de por qué su trabajo importa.

Cuando se le pregunta por una palabra que resuma su historia, no duda: “Berraquera”. Y luego añade, casi con la misma fuerza: “Constancia”. Ambas palabras forman la columna vertebral de todo lo que ha hecho: resistir, persistir, insistir.

Al caer la tarde, cuando el sonido de la brisa y la marimba se mezclan con las voces del barrio, Orlando suele sentarse frente a su casa. Mira pasar la gente, responde saludos, escucha a quien se acerca con una consulta. No parece un líder histórico, ni un fundador, ni un símbolo. Parece un hombre común. Y quizá allí radica su fuerza: la grandeza sin tanto alarde.

En Yumbo, cuando el tambor suena, siempre hay un hilo invisible que conduce hacia él. Orlando Sánchez Lasso no solo creó una organización: organizó una identidad. Construyó un nosotros. Su legado vibra en cada taller, en cada consejo comunitario, en cada joven que estudia porque él insistió. Es un legado que no se impone: se escucha. Como los tambores. Como la memoria. Como un corazón colectivo que late al mismo ritmo.

 

Un ritmo que él ayudó a despertar. Y que, gracias a él, ya no volverá a silenciarse.

 Él logró que la afrocolombianidad tenga presencia real en Yumbo. Eventos, exposiciones, plazas docentes, espacios educativos… donde va, su compromiso se reconoce”. 

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