El río Aguacatal agoniza esperando
el plan de choque. 
  

Después de que el Dagma anunciara el 17 de julio de 2025 un plan de choque, no hay avances visibles.

Autores:Alex Ospitia y Jhonier Bravo.

Facultad de Humanidades y Artes

El río Aguacatal sigue en alerta por vertimientos de aguas residuales, falta de alcantarillado, sedimentos mineros y plagas que golpean el comercio local y calidad de vida.  

  

La situación del río Aguacatal muestra cómo, pese a su importancia ambiental, las comunidades de Montebello y sectores cercanos siguen enfrentando contaminación y abandono institucional. Más que promesas, se necesitan acciones reales y soluciones estructurales para recuperar el río y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

 Montebello es uno de los quince corregimientos que integran la zona rural caleña, está conformado por dos sectores: la cabecera que lleva su mismo nombre y Campoalegre. En conjunto suman apenas 412,6 hectáreas, una extensión modesta. Sin embargo, es el corregimiento más pequeño en tamaño, pero el más densamente poblado. En sus laderas se concentra el 24 % de la población total de los corregimientos de Cali. Con más de 8.800 habitantes en la zona.  

A la orilla de estos corregimientos pasa el río Aguacatal. Este río desemboca aproximadamente 50.976 toneladas de agua al día, una cifra que evidencia su relevancia hídrica. El río Aguacatal desemboca en el río Cali, lo que significa que la calidad del agua que llega al río Cauca también está influenciada por su situación. Desde su nacimiento hasta su desembocadura recorre aproximadamente 14,2 kilómetros, atravesando zonas rurales y corregimientos como Montebello, Campo Alegre, Las Palmas y Aguacatal Bajo.  

Para muchos habitantes el río se ha convertido en una fuente de preocupación ambiental. “La gran afectación del río son las aguas negras que llegan directamente a él. Eso se ve más que todo en la parte alta, en donde hay mucha invasión. Y a eso se suma gente que tira basura al río. No solo hace falta conciencia de la gente, sino también mucho control por parte de las autoridades”, aseguró Jéssica Natalia Henao, ingeniera ambiental residente del barrio Alto Aguacatal.  

Pese a que las actividades de minas ilegales en el sector se encuentran suspendidas desde hace aproximadamente 20 años y que a la fecha no existe explotación, aún permanecen pasivos ambientales a raíz de dicha actividad.   

“El río Aguacatal sufre un doble ataque: el químico, proveniente del Drenaje Ácido de Minas (DAM) que tiñe el agua de naranja, y el orgánico, producto del crecimiento demográfico sin planeación de Montebello”, cuenta Luis Eduardo Gaviria, comerciante del sector de Campo Alegre.  

Uno de los motivos principales y que ha afectado el río, es la minería, fue por este motivo que en agosto del 2025 el subdirector de Calidad Ambiental del Dagma, Diego Benavidez anunció que “Como parte del plan de choque, en los próximos días se instalarán sensores de PH, metales pesados y oxígeno disuelto, con el propósito de evaluar la calidad del agua en tiempo real y ajustar estrategias. De igual forma y entre las medidas inmediatas, se explora una opción basada en naturaleza por medio de microalgas, que ayudan a mitigar el efecto de la coloración de las cargas orgánicas en el lecho del río Aguacatal”.   

El patrullero Jorge Ortiz, policía del cuadrante de Palmar I con tres años de servicio en la zona, confirma que “desde el anuncio del proyecto en julio de 2025, no se ha visto personal del DAGMA trabajando en la recuperación del río”.   

Aunque la administración municipal prometió colectores y plantas de tratamiento, los habitantes de los corregimientos Montebello, Campo Alegre y Aguacatal Alto y Bajo, siguen sin ver avances con el proyecto: “seguimos sufriendo con la contaminación del río que continúa aumentando últimamente”, comentó Freddy Ortiz, dueño de la fonda Campo Alegre y habitante del mismo sector hace 10 años.  

El discurso oficial y la realidad del terreno es absolutamente diferente, mientras el Dagma anuncia que han avanzado en el proyecto, por otro lado, Milena Quiñonez, expresidenta de la Junta de Acción Comunal de Aguacatal Bajo, confirma lo contrario: “el sector vive en un estado de abandono gubernamental histórico, el principal motor de la contaminación es estructural: la falta de sistemas de alcantarillado en varias zonas obliga a que los desechos caigan al cauce, una problemática que ‘lleva muchísimos’ años sin solución”.   

Añadió, “Si eso no cambia, al río Aguacatal seguirán cayendo aguas negras de los sectores de Palmas I, Palmas II y Villa del Mar. También hace falta un colector a la altura de la Avenida 14, que cubriría 100 metros del barrio Bajo Aguacatal para que este sector esté completamente descontaminado. Por el momento, solo se tiene un 70 % de casas cuyas aguas ya no llegan al río, lo que equivale a cerca de 800 viviendas”.  

Hoy el rio sigue siendo una amenaza. Guillermo Trujillo, fundador del mini-market en Montebello con más de cinco años en el sector, cuenta que: “los olores se han vuelto insoportables, afectando la clientela y el bienestar familiar”.   

Sin embargo, lo más preocupante es la crisis sanitaria colateral: la contaminación ha disparado la presencia de plagas y ratas que, como cuenta Blanca Vanegas, comerciante de Campo Alegre: “como si fuera poco, la plaga de roedores y zancudos provenientes del río ya invaden las viviendas cercanas, tenemos que llenar las casas de trampas para roedores y productos en aerosol o de humo que espanten los zancudos”.  

“Todo empieza arriba con la minería, pero aquí abajo sufrimos el olor y las ratas. El gobierno dice que va a venir, pero aquí no hemos visto a nadie del DAGMA trabajando desde ese anuncio del año pasado”, coincide Luis Eduardo habitante y comerciante del sector Bajo Aguacatal.  silencio de las autoridades ambientales no solo deja en el aire las promesas de julio de 2025, sino que profundiza la incertidumbre de una comunidad que sigue respirando el olor del abandono y conviviendo con las plagas de un río que se apaga.  

Ante el evidente descuido y el estancamiento en el plan de choque para la recuperación del río, se intentó contactar formalmente mediante correos, llamadas a las líneas oficiales y acercamiento a la atención al ciudadano al Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente, sin tener respuestas hasta el cierre de esta edición.  

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