Investigación que transforma: la USC escala posiciones y consolida su liderazgo científico 

Investigación que transforma: la USC escala posiciones y consolida su liderazgo científico 

La investigación universitaria en Colombia continúa ganando protagonismo, impulsada por instituciones que fortalecen sus capacidades científicas y su impacto en el desarrollo del país.

Por:Unidad De Comunicación

Facultad de Humanidades y Artes

La USC se consolida como una institución pionera en investigación de alta calidad, ratificando su compromiso con el fortalecimiento permanente de sus procesos investigativos y su impacto positivo en la sociedad. Este avance sostenido responde a una apuesta institucional que articula la academia, la ciencia y la innovación para generar conocimiento pertinente, capaz de dar respuesta a los desafíos del entorno y aportar al desarrollo social y económico del país. 

En coherencia con esta visión, la USC ha venido fortaleciendo sus grupos de investigación, promoviendo la formación de talento humano altamente calificado y consolidando alianzas estratégicas que potencian la producción científica. Este trabajo riguroso y constante ha permitido que la Universidad no solo incremente su visibilidad académica, sino también su incidencia en la transformación de realidades desde diferentes áreas del conocimiento. 

Un avance significativo en el ámbito académico posiciona a una institución colombiana entre las más destacadas del país, reflejando el crecimiento sostenido de su producción científica.

Como resultado de estos esfuerzos, en el ranking SCImago 2026 la Universidad Santiago de Cali asciende cuatro posiciones, ubicándose en el puesto 18 entre las universidades a nivel nacional. Este importante logro refleja el fortalecimiento de sus capacidades investigativas, así como el reconocimiento de la calidad y pertinencia de su producción científica. De manera destacada, la Institución se posiciona en el top 10 nacional en el área de ciencias básicas, alcanzando el puesto 9, lo que evidencia la solidez de sus procesos académicos y el impacto de sus investigaciones en campos fundamentales para el desarrollo científico. 

Este posicionamiento reafirma el compromiso institucional con una investigación rigurosa, ética y de excelencia, orientada a generar soluciones innovadoras que contribuyan al bienestar de las comunidades. La USC entiende la investigación como un eje transversal que impulsa la formación integral de sus estudiantes y fortalece su proyección social, promoviendo una educación que trasciende el aula y se conecta con las necesidades reales del entorno. 

En este proceso, el liderazgo del rector, el Dr. Carlos Andrés Pérez Galindo, ha sido fundamental para consolidar una visión estratégica que sitúa la investigación como uno de los pilares del desarrollo institucional. Su gestión ha impulsado iniciativas orientadas al fortalecimiento de la cultura investigativa, la inversión en infraestructura científica y el reconocimiento del trabajo de docentes e investigadores, consolidando así un ecosistema académico dinámico y de alto nivel. 

Asimismo, la Universidad Santiago de Cali continúa promoviendo espacios de divulgación científica, participación en redes académicas nacionales e internacionales y el desarrollo de proyectos con impacto social, reafirmando su compromiso con la democratización del conocimiento y la construcción de una sociedad más equitativa. 

De esta manera, la USC se proyecta como un referente en investigación a nivel nacional, destacándose por su capacidad de generar conocimiento que transforma, innova y aporta al progreso del país. Su posicionamiento en el ranking SCImago 2026 no solo es un reconocimiento a su trayectoria, sino también un impulso para seguir avanzando en la consolidación de una universidad que investiga, crea y transforma realidades.

La generación de conocimiento se convierte en motor de transformación social cuando la academia apuesta por la innovación y el desarrollo con propósito”.

Escucha La Radio USC

Otros recomendados…

Semillas que la guerra arrancó

Semillas que la guerra arrancó

Semillas que la guerra arrancóEn Mapiripán, la guerra silenció la infancia de Dieny y la obligó a huir; hoy, transforma ese dolor en cuidado y resistencia.En Mapiripán, Meta, los amaneceres solían oler a tierra fresca y a café caliente. Era un pueblo de paso, de ríos...

read more
La mujer que le puso puertas al abismo

La mujer que le puso puertas al abismo

La mujer que le puso puertas al abismo  En una esquina donde la noche deja cicatrices, Gloria García abre su tienda al amanecer para sostener a su familia en el corazón del barrio Sucre, la temida “olla” de Cali.A las seis de la mañana, cuando la carrera 12 con calle...

read more

Cine bajo las estrellas: el espacio que devolvió el encuentro a la universidad

Cine bajo las estrellas: el espacio que devolvió el encuentro a la universidad

En medio de la incertidumbre que dejó la pandemia, cuando los pasillos universitarios aún se sentían vacíos y el miedo al contacto seguía presente, nació una idea sencilla pero poderosa.

Autor:Juan Pablo Ospina

Facultad de Humanidades y Artes

El evento tiene sus raíces en el año 2021, cuando la comunidad universitaria comenzaba a regresar progresivamente a la presencialidad. En ese momento, las restricciones sanitarias impedían realizar actividades en espacios cerrados como auditorios, por lo que desde rectoría se propuso una alternativa: proyectar una película en la plazoleta.

La iniciativa no solo respondió a una necesidad logística, sino también emocional. Aquella primera proyección, realizada con una pantalla alquilada y bajo estrictos protocolos de distanciamiento, logró reunir a estudiantes y docentes en un ambiente seguro, pero sobre todo, en un espacio de reencuentro.

Lo que comenzó como una solución temporal, pronto despertó una idea más ambiciosa: ¿por qué no convertir este tipo de encuentros en una actividad permanente?

Tras el éxito de las primeras proyecciones, surgió la decisión de consolidar el proyecto. Hace aproximadamente dos años, la universidad adquirió su propia pantalla, lo que permitió dar continuidad al evento y establecerlo como una actividad fija dentro de la agenda institucional.

Desde entonces, “Cine bajo las estrellas” se realiza cada semana, especialmente los martes, en la plazoleta, convirtiéndose en un plan esperado por muchos estudiantes.

El objetivo principal del evento va más allá de proyectar películas. Se trata de crear un ambiente donde las personas puedan desconectarse de la rutina académica y reconectar entre sí.

En una época dominada por los celulares y la individualidad, este espacio invita a algo distinto: sentarse juntos, conversar, compartir alimentos como crispetas o snacks, y disfrutar colectivamente de una historia en pantalla grande.

La experiencia busca recuperar el valor del encuentro presencial, fomentando la interacción, la amistad y el sentido de comunidad dentro del campus.

Aunque el enfoque principal es recreativo, el evento también ha demostrado su potencial como herramienta académica. En varias ocasiones, facultades y programas han solicitado funciones especiales con películas relacionadas con sus áreas de estudio.

Un ejemplo reciente fue la participación de estudiantes de Finanzas, quienes asistieron a una proyección diseñada específicamente para complementar su formación. Esto demuestra que el cine, además de entretener, puede ser una poderosa herramienta pedagógica.

 

El trabajo detrás de cada función

La realización de cada jornada de cine implica una logística organizada y un equipo comprometido. El evento es financiado principalmente por Bienestar Universitario, a través del área de Cultura, que destina recursos para su operación.

Además, se cuenta con el apoyo de servicios universitarios para el montaje técnico, incluyendo sonido y proyección. Estudiantes también participan activamente en el proceso, formando equipos encargados del armado y desarme de la infraestructura.

Este trabajo colaborativo no solo garantiza el funcionamiento del evento, sino que también permite la participación activa de la comunidad estudiantil en su desarrollo.

“Cine bajo las estrellas” no solo logró superar el contexto adverso en el que nació, sino que se consolidó como un símbolo de resiliencia y comunidad. Hoy, más que un evento, es un ritual semanal que invita a detenerse, compartir y disfrutar.

En cada proyección, bajo el cielo nocturno, se reafirma una idea simple pero poderosa: que el encuentro humano sigue siendo esencial, y que a veces, basta una pantalla, una película y buena compañía para reconstruirlo.

No solo es una actividad cultural, sino un punto de encuentro que fortalece el sentido de pertenencia.

Escucha La Radio USC

Otros recomendados…

Semillas que la guerra arrancó

Semillas que la guerra arrancó

Semillas que la guerra arrancóEn Mapiripán, la guerra silenció la infancia de Dieny y la obligó a huir; hoy, transforma ese dolor en cuidado y resistencia.En Mapiripán, Meta, los amaneceres solían oler a tierra fresca y a café caliente. Era un pueblo de paso, de ríos...

read more
La mujer que le puso puertas al abismo

La mujer que le puso puertas al abismo

La mujer que le puso puertas al abismo  En una esquina donde la noche deja cicatrices, Gloria García abre su tienda al amanecer para sostener a su familia en el corazón del barrio Sucre, la temida “olla” de Cali.A las seis de la mañana, cuando la carrera 12 con calle...

read more

Los estudiantes de Pedagogía Social transforman el aprendizaje en acción: el Festival de la Noviolencia en la USC

Los estudiantes de Pedagogía Social transforman el aprendizaje en acción: el Festival de la Noviolencia en la USC

Esta iniciativa no solo representó un ejercicio académico, sino también una experiencia de intervención social orientada a la construcción de ciudadanía desde la primera infancia.

Autor: Juan Pablo Ospina Chavez

Facultad de Humanidades y Artes

El Festival de la Noviolencia fue concebido como un espacio de aprendizaje lúdico y formativo dirigido a niñas y niños entre los dos y tres años de edad. En esta etapa crucial del desarrollo humano, las experiencias sensoriales, afectivas y simbólicas juegan un papel determinante en la construcción de valores, comportamientos y formas de relacionarse con el entorno.

Bajo esta premisa, los estudiantes diseñaron una estrategia pedagógica centrada en el cuento como herramienta didáctica. La protagonista de la historia fue Santiaguita, una mariposa que, a través de su recorrido, transmitía mensajes sobre la importancia del respeto, la empatía, la convivencia pacífica y la inclusión. Este recurso narrativo permitió captar la atención de los párvulos y facilitar la comprensión de conceptos abstractos mediante imágenes, colores y emociones.

La articulación con el Jardín Los Santiaguitos facilitó un escenario real donde el aprendizaje cobró sentido más allá de lo teórico

Uno de los aspectos más destacados de la jornada fue la metodología experiencial utilizada por los estudiantes. Más allá de la narración del cuento, los facilitadores involucraron activamente a los niños y niñas en una dinámica simbólica: pintar en sus huellitas digitales los valores promovidos durante la actividad.

Cada huella representaba un compromiso, una semilla de conciencia sembrada en los pequeños participantes. A través del contacto directo, el juego y la expresión artística, se logró reforzar la idea de que cada individuo, sin importar su edad, tiene un papel en la construcción de una sociedad más justa e incluyente.

Este tipo de ejercicios evidencia cómo la pedagogía social puede adaptarse a diferentes contextos y edades, utilizando lenguajes accesibles y estrategias creativas para generar aprendizajes significativos.

La noviolencia como práctica cotidiana

El enfoque de la noviolencia no se limitó a un concepto teórico, sino que fue abordado como una práctica cotidiana que se construye desde las acciones más simples. En este sentido, el festival buscó promover habilidades socioemocionales como el autocontrol, la comunicación asertiva y la resolución pacífica de conflictos.

Al trabajar con población infantil, los estudiantes comprendieron la importancia de intervenir de manera temprana en la formación de estos valores, contribuyendo a la prevención de conductas violentas y al fortalecimiento del tejido social desde sus bases.

Proyección comunitaria: el siguiente paso en Siloé

Este ejercicio práctico no termina en el aula ni en el jardín infantil. Como parte de su compromiso con la proyección social, los estudiantes continuarán esta intervención en el sector de Siloé, específicamente a través del Proyecto Tierra Blanca.

En este nuevo escenario, la estrategia será adaptada a la realidad infanto-juvenil del territorio, teniendo en cuenta sus particularidades sociales, culturales y económicas. Este proceso implicará un reto mayor, pero también una oportunidad para consolidar el aprendizaje adquirido y fortalecer el vínculo entre la universidad y la comunidad.

 

Formación con sentido social

El Festival de la Noviolencia es un claro ejemplo de cómo la educación superior puede articular teoría y práctica para formar profesionales comprometidos con la transformación social. Los estudiantes de Pedagogía Social no solo adquirieron conocimientos, sino que los pusieron en acción, enfrentándose a contextos reales y generando impactos concretos.

Este tipo de iniciativas reafirman la importancia de una formación integral, donde el saber académico se combine con la sensibilidad social, la creatividad y el compromiso ético. En un mundo que enfrenta múltiples formas de violencia, apostar por la educación para la paz desde la primera infancia no es solo una opción, sino una necesidad urgente.

En definitiva, lo que comenzó como una actividad de aula se convirtió en una experiencia transformadora, tanto para los niños y niñas participantes como para los futuros trabajadores sociales que, con cada huella pintada, dejaron también una marca en su propio proceso de formación.

este tipo de ejercicios fomenta en los futuros profesionales habilidades clave como la empatía, la comunicación efectiva y la capacidad de adaptación a distintos contextos sociales.

Escucha La Radio USC

Otros recomendados…

Semillas que la guerra arrancó

Semillas que la guerra arrancó

Semillas que la guerra arrancóEn Mapiripán, la guerra silenció la infancia de Dieny y la obligó a huir; hoy, transforma ese dolor en cuidado y resistencia.En Mapiripán, Meta, los amaneceres solían oler a tierra fresca y a café caliente. Era un pueblo de paso, de ríos...

read more
La mujer que le puso puertas al abismo

La mujer que le puso puertas al abismo

La mujer que le puso puertas al abismo  En una esquina donde la noche deja cicatrices, Gloria García abre su tienda al amanecer para sostener a su familia en el corazón del barrio Sucre, la temida “olla” de Cali.A las seis de la mañana, cuando la carrera 12 con calle...

read more

Día del Libro: historia, memoria y conocimiento que transforma

Día del Libro: historia, memoria y conocimiento que transforma

Cada 23 de abril, el mundo conmemora el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.

Autor: Juan Pablo Ospina Chavez

Facultad de Humanidades y Artes

Una fecha instaurada por la UNESCO en 1995 para promover la lectura, reconocer el valor de los autores y fortalecer la industria editorial. La elección de este día coincide con la muerte de figuras clave de la literatura como Miguel de Cervantes y William Shakespeare, lo que le da un carácter simbólico a la celebración.

En este contexto, las universidades no solo celebran el libro como objeto cultural, sino como herramienta de producción de conocimiento. La Universidad Santiago de Cali (USC) se sumó a esta conmemoración con el lanzamiento de dos obras que, aunque distintas en enfoque, coinciden en un mismo propósito: aportar al desarrollo académico y social desde la investigación.

La salud mental deja de ser un tema periférico para convertirse en una condición necesaria que garantiza procesos de aprendizaje realmente significativos y sostenibles en el tiempo.

Salud mental en el contexto de educación superior

Esta obra, liderada por Marco Alexis Salcedo y Mónica Roncancio, surge como una iniciativa de integración entre universidades, especialmente del suroccidente colombiano. Su objetivo principal fue recoger experiencias, investigaciones y reflexiones sobre la salud mental en la educación superior.

El proyecto comenzó a gestarse entre 2023 y 2024, luego de la pandemia, momento que marcó un antes y un después en la forma de entender el bienestar en las instituciones educativas. A través de una convocatoria amplia, se logró reunir aportes de diferentes universidades, aunque el proceso evidenció que aún existe poca producción académica sistemática sobre salud mental en estos contextos.

Estructura del libro

El texto se organiza en tres secciones principales:

  • Estudios sobre problemáticas de salud mental en la comunidad universitaria
  • Experiencias de intervención
  • Reflexiones sobre el bienestar como eje institucional

Aporte clave

Este libro funciona como un punto de partida académico, visibilizando tanto lo que se ha trabajado como lo que aún falta por desarrollar. Además, plantea que el bienestar no debe reducirse a actividades superficiales, sino que debe asumirse como una misión estructural de la universidad.

Salud mental en enfermería: cuidado con pasión y ciencia

Por otro lado, la USC presentó el libro “Salud mental en enfermería: cuidado con pasión y ciencia”, una obra compuesta por nueve capítulos, resultado del trabajo conjunto de docentes y estudiantes del programa de enfermería.

Enfoque del libro

A diferencia del anterior, este texto se centra en el cuidado desde la práctica clínica y humana, abordando la salud mental desde una perspectiva integral. No solo analiza enfermedades, sino también dimensiones como:

  • Lo emocional
  • Lo espiritual
  • Lo social

Contenidos principales

Los capítulos abarcan distintas poblaciones (niñez, adolescencia, adultez y vejez) y problemáticas como:

  • Enfermedades crónicas (diabetes, cáncer)
  • Duelo en contextos como el COVID-19
  • Salud mental en adultos mayores
  • Factores de riesgo en población escolar

También incluye metodologías diversas: investigaciones empíricas, revisiones académicas y experiencias de intervención.

Aporte clave

El libro propone que el cuidado en enfermería debe ser holístico, es decir, no limitarse a lo físico. Introduce elementos como:

  • La empatía
  • La escucha activa
  • El acompañamiento espiritual

Además, resalta que muchas enfermedades también tienen un componente emocional, lo que exige una mirada más humana del paciente.

 

Más allá de la emergencia: Perspectivas y tendencias en la atención prehospitalaria

En un mundo donde cada segundo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, Más allá de la emergencia propone una mirada profunda a la atención prehospitalaria, ese primer eslabón del sistema de salud que actúa antes de que el paciente llegue a un hospital. La obra no solo describe procedimientos técnicos, sino que explora los desafíos humanos, éticos y tecnológicos que enfrentan los profesionales en escenarios críticos.

El libro aborda cómo la evolución de la medicina de emergencias ha transformado el rol del personal prehospitalario, quienes hoy no solo ejecutan protocolos, sino que toman decisiones complejas en entornos inciertos. Desde accidentes de tránsito hasta emergencias en contextos urbanos vulnerables, la atención en campo exige rapidez, criterio clínico y una capacidad de adaptación constante.

Uno de los aportes más relevantes de la obra es su enfoque en la innovación. Se analizan tendencias como la incorporación de tecnologías, la mejora en los sistemas de respuesta y la necesidad de una formación interdisciplinaria que fortalezca la coordinación entre equipos. Además, se resaltan aprendizajes recientes que han redefinido la manera de enfrentar crisis sanitarias a gran escala.

Leer para entender, escribir para transformar

El Día del Libro en la USC no se quedó en la conmemoración simbólica. Se convirtió en un espacio para reafirmar que el conocimiento tiene un propósito: impactar la realidad.

Reunir autores de distintas universidades no solo permitió contrastar realidades institucionales, permitió el intercambio de conocimiento e ideas”.

Escucha La Radio USC

Otros recomendados…

Semillas que la guerra arrancó

Semillas que la guerra arrancó

Semillas que la guerra arrancóEn Mapiripán, la guerra silenció la infancia de Dieny y la obligó a huir; hoy, transforma ese dolor en cuidado y resistencia.En Mapiripán, Meta, los amaneceres solían oler a tierra fresca y a café caliente. Era un pueblo de paso, de ríos...

read more
La mujer que le puso puertas al abismo

La mujer que le puso puertas al abismo

La mujer que le puso puertas al abismo  En una esquina donde la noche deja cicatrices, Gloria García abre su tienda al amanecer para sostener a su familia en el corazón del barrio Sucre, la temida “olla” de Cali.A las seis de la mañana, cuando la carrera 12 con calle...

read more

Doña Patricia, la historia de la mujer que sostiene un legado que nadie más continuará

Doña Patricia, la historia de la mujer que sostiene un legado que nadie más continuará 

En un kiosco del parque de El Carmelo, en Candelaria, Doña Patricia ha dedicado más de 45 años a preparar fritos que no solo alimentan.

Por: Laura Nicole Aparicio Escobar y María Camila Culma Beitia

Facultad de Humanidades y Artes

Es sábado a la 1:00 de la tarde en El Carmelo, en el parque principal donde, a un costado, se encuentra el kiosco de Doña Patricia. A esa hora, el lugar aún está en silencio. El parque respira con calma: algunas personas cruzan sin detenerse, una moto pasa a lo lejos y las conversaciones siguen siendo dispersas, sin quedarse. Todo parece suspendido, como si el espacio estuviera esperando a que algo empiece. 

Doña Patricia llega. No llega con las manos vacías: trae ollas, recipientes y bolsas con todo adelantado desde casa, papas cocinadas, guiso preparado, maduros listos, salsas, ají y picadillo. A su lado está su ayudante, que también se llama Patricia. Entre las dos descargan y organizan en silencio; cada cosa encuentra su lugar: el fritador al centro, las ollas cerca, los toppers alineados y las tres mesas plásticas listas para recibir a la gente. El kiosco es pequeño, pero suficiente: no sobra nada, no falta nada. 

Doña Patricia no se detiene. Apenas termina de acomodar, empieza a trabajar… 

Sus manos, pequeñas y marcadas por los años, se mueven con una calma precisa. Toma la masa, agrega el relleno, cierra la empanada. Repite el gesto. Una, otra, otra más. No hay prisa, pero tampoco hay pausa. Es un ritmo aprendido, incorporado, que no necesita ser pensado. El aceite comienza a calentarse, al principio apenas se escucha, como un murmullo leve que anuncia lo que vendrá. Poco a poco, el sonido crece. 

A ratos aparece su nieto y se queda cerca, observando, moviéndose con familiaridad entre los utensilios. “A veces le decimos que descanse, pero esto es lo que ella ama. No sabe quedarse quieta”, comenta su nieto Dilan. Un perro descansa en una esquina, tranquilo, como si también hiciera parte de la rutina. El tiempo avanza sin ser nombrado. 

Mientras arma otra empanada, el pasado se asoma en lo que hace. No como un recuerdo contado, sino como algo que habita en el gesto: “Yo aprendí mirando. Mi abuela no me enseñaba con palabras, era con el ejemplo. Uno aquí aprende haciendo”, dice Patricia sin dejar de cerrar la masa. 

Desde muy niña ha estado en esto. “Era otro tiempo”, dice, “cuando Cavasa todavía era un aeropuerto”. 

Nada de eso se explica de manera directa, está en sus manos. El movimiento es el mismo: cerrar la masa, ajustar el relleno, llevarlo al aceite. Más de 45 años haciendo lo mismo, pero quedarse no fue casualidad. Hubo un momento en el que su vida tomó otro rumbo. Trabajaba en la aduana, tenía un camino distinto, más estable, más lejos del calor del aceite y las jornadas largas. Fue su mamá quien le pidió que no dejara acabar lo que venía de atrás, que no soltara el legado. Y ella decidió volver no porque lo necesitara para vivir, sino porque entendió que lo que estaba en juego no era solo un trabajo. Era algo que había pasado de generación en generación, algo que la había acompañado desde niña y que ahora dependía de ella. Este negocio no le dio todo lo que tiene, pero sí le dio algo que no se compra: una historia que sostener. 

Las primeras empanadas entran al fritador, luego las papas rellenas. El aceite empieza a sonar con más fuerza, constante. El olor aparece poco a poco: guiso caliente, masa frita, maduro, ají. Se mezcla con el aire del parque y empieza a quedarse. Algunas personas pasan y saludan “Patricia, mi amor”. Ella responde sin dejar de trabajar “Hola, mijo”. Todavía nadie se queda, solo pocas personas compran bofe para su almuerzo con rapidez.  

A las 4:00 de la tarde el ritmo cambia, el lugar apenas empieza a activarse. 

El aceite ya suena lleno, sin pausas. Sobre él flotan empanadas, aborrajados, masitas con queso, papa rellena. Todo adquiere ese tono dorado que no depende del reloj, sino de la experiencia. El kiosco deja de ser un punto silencioso. Se llena de sonidos: conversaciones, música de los negocios cercanos, niños jugando en el parque. El aire se vuelve más denso, cargado de olores. 

Un niño de unos siete años se acerca con un billete de dos mil pesos en la mano, sonríe antes de hablar “Una empanada, por favor”. Doña Patricia toma una y se la entrega, el niño se queda un segundo, mirando el movimiento, y luego se va. 

Es el primero. 

Después empiezan a llegar más personas. Ya no solo saludan, se detienen, preguntan y se quedan. “¿Cómo ha estado?”. Algunos se sientan en las mesas, otros permanecen de pie, apoyados cerca. La cercanía no se construye: ya existe. 

Doña Patricia sigue trabajando sin levantar mucho la mirada. No lo necesita. Sabe cuándo algo está listo, cuándo alguien espera, cuándo el aceite pide otra tanda. 

El tiempo se mide en fritos que salen, no en minutos que pasan. 

Hay momentos breves en los que el flujo disminuye. El aceite espera unos segundos más antes de recibir algo nuevo, pero nunca se ha apagado, no han tenido días sin venta. Puede haber pausas, pero siempre vuelve el movimiento. 

A medida que avanza la tarde, el lugar se transforma. Llegan parejas, vecinos, conocidos. Algunos solo pasan a saludar; otros se quedan más tiempo. Las conversaciones se alargan, se cruzan, se mezclan con las risas. 

Las manos de Doña Patricia no se detienen. Mientras cocina, habla. Mientras atiende, sonríe. Cualquier comentario puede convertirse en motivo de risa; Doña Patricia ya no necesita preguntar qué quiere cada quien, lo sabe. Reconoce a sus clientes, recuerda lo que piden, anticipa los gustos. A muchos los vio llegar de niños, de la mano de sus padres, y ahora vuelven siendo adultos, a veces con sus propios hijos. Su forma de llamarles no cambia: “mijo”. Ahí hay confianza. No es solo la comida lo que los hace volver. Es la forma en la que son recibidos, la sensación de estar en un lugar donde ya son conocidos. 

A las seis de la tarde, la fila empieza a formarse. En un solo día pueden pasar más de cuarenta personas. Algunos llegan rápido, compran y se van. Pero muchos se quedan. Se apoyan en las mesas, conversan entre ellos, hablan con ella, se reconocen. El espacio se vuelve pequeño para todo lo que pasa ahí, peronunca incómodo. No es solo un lugar de venta, sino es un punto donde la gente coincide. 

Las personas esperan su turno, pero no en silencio. Conversan entre ellas, se reconocen, se llaman por nombre o por sobrenombres. “¿Y usted qué, Carmen? Hace rato no la veía”. Muchos llevan décadas viniendo. Desde que eran niños, desde que llegaban con sus padres a comprar lo mismo que hoy siguen pidiendo. 

Doña Carmen, su fiel cliente recuerda que estudió con Patricia desde pequeña: “Nosotras nos conocemos desde niñas. Cuando tocaba llevar para compartir, lo hacíamos juntas y de una íbamos para donde Patricia”. 

Tambien Doña marleny cuenta que su familia siempre ha comprado ahí: “Cuando era más niña venía con mi mamá a comprar. En ese tiempo atendía la abuela de Pati y la costumbre quedó, como la sazón”. Aquí todos se conocen, aquí todos vuelven. 

Paola Posso es de las que no fallan. Cuando el tiempo no alcanza para cocinar, el camino siempre la lleva al puesto de doña Patricia: “A veces no tengo tiempo para preparar el almuerzo, entonces vamos y compramos bofe. Y cuando a los niños les da hambre, les compro aborrajados”. Para ella, es un lugar al que siempre puede volver. 

El señor Hernán Alfonso, árbitro de la comunidad, tiene su propio ritual. Después de cada partido termina frente al mismo puesto: “Siempre voy por una papa rellena”. Lo que empezó como algo ocasional, hoy es tradición. 

César Tulio, exvigilante de Cavasa, recuerda las noches largas de trabajo: “Cuando me tocaba trasnochar, iba y me compraba una papa rellena; eso me ayudaba a pasar el turno”. Ahora, cada domingo compra bofe, esta vez para que su esposa descanse. 

Consuelo lo dice con naturalidad: “Siempre termino comprando en el puesto de doña Patricia”. A veces por antojo, otras por costumbre, pero siempre vuelve. 

Algunos clientes, al verla ocupada, se ayudan entre ellos. Se sirven, esperan, organizan. No hay molestia, hay costumbre. 

El Carmelo no es solo un parque de paso. Es un punto de encuentro para quienes han crecido en el barrio, un lugar donde los negocios pequeños, como el de Doña Patricia, sostienen dinámicas que van más allá de la comida: aquí se construye comunidad. “Han sido tres reconstrucciones y aquí seguimos”, dice Patricia. 

Patricia, su ayudante se mueve con rapidez y precisión. Atiende, cobra, organiza pedidos. Entre las dos no hay interrupciones, han aprendido a trabajar juntas sin estorbarse.  

La variedad es amplia. Más de diez productos, todos frescos, todos hechos en el momento. Empanadas, papas rellenas, hojaldras, maduro aborrajado, bofe, corazón, chicharrón, papas aborrajadas y masitas con queso, todos preparados en el instante. Los precios se mantienen en un rango accesible: desde los dos mil hasta los quince mil pesos, dependiendo de lo que se pida. 

El parque sigue activo: más personas llegan, más voces se suman. El cansancio empieza a notarse en el cuerpo de Doña Patricia y su ayudante. “Patricia me enseñó a cogerle amor a esto, por eso el cansancio es lo de menos”, dice su ayudante. 

La muerte de su abuela aparece como una ausencia que no se nombra demasiado, pero que está presente. Fue lo más duro. Desde entonces, el negocio dejó de ser solo trabajo; es un legado. 

 

“Esto termina el día que yo no pueda continuar”, dice. No hay quien siga. Sus hijas eligieron otros caminos, y ella no insiste. El negocio no está en riesgo hoy, pero sí en el futuro. Lo dice sin dramatismo, como una certeza. Sus hijas no seguirán con el negocio cada una tiene su camino, ella lo sabe. Pero mientras pueda, sigue. 

Doña Patricia es la tercera generación, tiene dos hijas; una tiene una papelería, la otra trabaja en una empresa. Crecieron viendo este mismo movimiento, pero nunca se interesaron realmente por continuar. No es rechazo, es elección. Tienen otros sueños, otros gustos, otras formas de construir su vida. Y ella lo entiende. No insiste, no obliga. Sabe que cada quien sigue su camino. Por eso tiene claro que es la última. El legado, el mismo que su mamá le pidió sostener, termina con ella. 

Más de una vez han llegado a ofrecerle comprar el negocio, pero siempre responde lo mismo: “No”. Porque venderlo sería vender lo único que queda de su abuela, sería soltar algo que no siente como un puesto, sino como una memoria viva. Aquí no solo se cocina. “Aquí permanece lo que ya no está, y eso no tiene precio”, dice doña Patricia.  

A las 9:30 de la noche, el ritmo comienza a bajar. 

La fila desaparece, el aceite ya no suena, lo que había para vender se ha terminado.  

Doña Patricia empieza a guardar. Despacio, con el mismo orden con el que empezó. Las ollas, los recipientes, los utensilios, todo vuelve a su lugar. Algunas personas se quedan cerca, despidiéndose. 

El kiosco se vacía poco a poco. No es un final, es solo el cierre del día. Porque al día siguiente, cuando el reloj marque de nuevo la 1:00 de la tarde en El Carmelo, ella volverá. 

Y mientras sus manos sigan cerrando empanadas, el legado todavía no habrá terminado.

En medio de los cambios constantes que atraviesan los pueblos y sus dinámicas, hay oficios que resisten sin hacer ruido”.

Escucha La Radio USC

Otros recomendados…

Semillas que la guerra arrancó

Semillas que la guerra arrancó

Semillas que la guerra arrancóEn Mapiripán, la guerra silenció la infancia de Dieny y la obligó a huir; hoy, transforma ese dolor en cuidado y resistencia.En Mapiripán, Meta, los amaneceres solían oler a tierra fresca y a café caliente. Era un pueblo de paso, de ríos...

read more
La mujer que le puso puertas al abismo

La mujer que le puso puertas al abismo

La mujer que le puso puertas al abismo  En una esquina donde la noche deja cicatrices, Gloria García abre su tienda al amanecer para sostener a su familia en el corazón del barrio Sucre, la temida “olla” de Cali.A las seis de la mañana, cuando la carrera 12 con calle...

read more