Señales del fin de los tiempos: entre la tierra que tiembla, la fe y la mente humana

Señales del fin de los tiempos: entre la tierra que tiembla, la fe y la mente humana

Por: Luisa María Flor Mestizo, Nicolás Arturo López Pérez y Santiago Murillo Achipis

Facultad de Humanidades y Artes

Por unos segundos, el mundo puede parecer acabado. Un terremoto puede dejar edificios en ruinas, pero también despertar una pregunta que atraviesa el miedo, la fe y la razón ¿es solo un fenómeno natural o puede ser interpretado como una señal del fin de los tiempos? 

¿Por qué ocurrió? ¿Qué significa? ¿Podría ser una señal de algo que está por venir? 

Un terremoto no solo mueve edificios. También puede cambiar la forma en que las personas entienden lo que está pasando. Cuando el suelo deja de ser estable, aparecen preguntas que van más allá de la emergencia. ¿Por qué ocurrió? ¿Qué significa? ¿Podría ser una señal de algo que está por venir? 

Para el psicólogo social Juan Valencia, buscar una explicación en medio de una catástrofe puede ser una manera de afrontar mentalmente lo ocurrido. “Esto es como una explicación, pues como un efecto placebo de decirse a sí mismo y encontrarles una explicación a las catástrofes o al por qué de lo que sucedió o de lo que puede suceder” explica. Para algunas personas, encontrar una respuesta, incluso desde lo místico o lo fatalista, puede ayudarles a darle sentido a una situación que resulta difícil de comprender. 

La relación entre los desastres naturales y las creencias religiosas tampoco tiene una sola interpretación. Para algunas personas, un terremoto puede despertar preguntas sobre las profecías bíblicas y el llamado fin de los tiempos. Sin embargo, dentro de las mismas comunidades religiosas existen diferentes maneras de entender estos acontecimientos. 

Alejandro Díaz, integrante de los Testigos de Jehová, sostiene que los terremotos aparecen mencionados en la Biblia, pero considera que no es correcto convertir cada movimiento sísmico en una señal específica de que el fin está próximo. Desde su perspectiva, utilizar un acontecimiento particular para intentar determinar cuándo llegará el fin puede llevar a especulaciones. “El fin del mundo no es la destrucción de la Tierra, sino el comienzo de un paraíso terrenal” afirma Díaz. 

Su recomendación ante el temor es evitar conclusiones apresuradas y acudir a la Biblia como fuente de orientación, en lugar de dejarse llevar por rumores. Esta postura permite entender que, incluso cuando un desastre despierta interpretaciones sobre el fin de los tiempos, la respuesta de una persona creyente no necesariamente está relacionada con el miedo, sino también con la búsqueda de orientación frente a aquello que no puede controlar. 

La pastora cristiana Ángela María Ovalle, de la Iglesia Cristiana Casa de Dios, Altar de Oración, también reconoce que la Biblia habla de terremotos y otros acontecimientos relacionados con los últimos tiempos. Sin embargo, considera que estos temas deben abordarse con responsabilidad y sin convertirlos en motivos de temor. “Nos llevan a la reflexión, pero no a vivir atemorizados” afirma. 

La diferencia también aparece cuando se habla de un posible castigo divino. Ovalle rechaza la idea de señalar automáticamente a quienes sufren una tragedia como personas castigadas por Dios. Prefiere hablar de una advertencia que invite a la reflexión espiritual y no de una condena. 

“No comparto la idea de señalar automáticamente a las personas que sufren un desastre, ni decir que están siendo castigados por Dios” sostiene la pastora. Para ella, esa interpretación no corresponde con la idea de un Dios basado en el amor, la misericordia y la gracia. 

Las palabras de los líderes religiosos coinciden en un punto: el terremoto puede despertar preguntas espirituales, pero no necesariamente ofrece una respuesta sobre el futuro. Esa incertidumbre, precisamente, es una de las razones por las que las personas buscan explicaciones después de vivir una experiencia extrema. 

La explicación religiosa tampoco significa necesariamente que todas las personas experimenten ansiedad frente a la idea del fin del mundo. El psicólogo Valencia señala que, en algunos casos, la interpretación espiritual puede incluso producir tranquilidad. Para ciertas personas, pensar que un acontecimiento tiene un significado divino puede convertirse en una manera de encontrar sentido y esperanza en medio de una tragedia. 

En el caso de Natalia Otero, licenciada en Lenguas Extranjeras de la Universidad Santiago de Cali, la experiencia tuvo precisamente ese efecto. Su fe no desapareció después del terremoto. Por el contrario, asegura que se fortaleció. “Nunca pensé en echarle la culpa a Dios” cuenta. 

Su reacción fue agradecer por haber sobrevivido y por tener una nueva oportunidad. El respaldo de familiares, amigos y personas cercanas también se convirtió en una parte importante de su recuperación. 

“De amor sí se vive”, afirma Natalia al recordar el acompañamiento que recibió después de la emergencia. 

Pero antes de poder hablar de recuperación, Natalia tuvo que enfrentarse al momento en que todo ocurrió. La experiencia de Natalia Otero muestra cómo esa sensación puede aparecer en cuestión de segundos. El día del terremoto se encontraba en su apartamento junto a su esposo, Daniel. El primer impulso fue salir. Mientras descendían por las escaleras, escuchó cómo el ascensor caía y sintió que la estructura del edificio comenzaba a ceder. Entonces, un ladrillo la golpeó. 

Por unos instantes, Natalia pensó que iba a morir. Su esposo logró sostenerla y ambos continuaron buscando una salida. Al día siguiente, el lugar que habían construido con esfuerzo ya no podía ser habitado. La pérdida de la vivienda significó mucho más que dejar un espacio físico, también era abandonar una parte de la vida que habían construido allí. “En cuestión de minutos uno puede pasar a ser una simple ceniza más” recuerda Natalia. 

Después del terremoto, también cambió su manera de mirar las cosas cotidianas. Las discusiones y los asuntos pendientes adquirieron otra dimensión. Para ella, la emergencia dejó una idea clara, la vida puede cambiar de un momento a otro y aquello que se deja de decir puede terminar pesando más que cualquier objeto perdido. 

La experiencia de Natalia ayuda a entender por qué, después de una tragedia, las preguntas sobre la vida, la muerte y el sentido de lo ocurrido pueden aparecer con tanta fuerza. Sin embargo, el miedo no termina cuando deja de moverse la tierra. También puede continuar a través de aquello que las personas escuchan, leen y comparten después de la emergencia. 

Pero el miedo no aparece únicamente cuando la tierra comienza a moverse. También puede crecer a través de los mensajes que circulan después de una tragedia. Valencia advierte que las cadenas falsas, los comunicados que aparentan ser oficiales y las interpretaciones alarmistas pueden aumentar la angustia de quienes ya se encuentran afectados. 

“Lo que tenemos que hacer es preservar la calma para así poder encontrar soluciones y pues no generar más caos” señala el psicólogo. En una situación de emergencia, la información puede ayudar a orientar a las personas, pero también puede aumentar el miedo cuando no tiene sustento. 

La necesidad de mantener la calma no significa ignorar lo ocurrido. Significa diferenciar entre una reacción provocada por el miedo y una respuesta que permita actuar. Mientras algunas personas buscaban respuestas desde la religión y otras intentaban comprender la situación desde la psicología, en las calles aparecía otra forma de enfrentar la emergencia: ayudarse entre desconocidos. 

Juan Velázquez, quien estuvo cerca de la zona afectada y participó de manera voluntaria en labores de ayuda, pese a no ser bombero ni contar con formación formal como rescatista, recuerda especialmente el caso de una mujer que quedó atrapada bajo una pared. Sin las herramientas necesarias para liberarla, tuvo que esperar junto a ella hasta que llegara el equipo especializado: “A pesar de que fue la primera vez que estuve en una situación así, no sabía qué hacer y me dejé llevar por mis instintos” 

Durante aproximadamente 40 minutos, Velázquez intentó mantenerla tranquila y hablarle mientras llegaba la ayuda. La situación, dice, permaneció en su memoria mucho después de que terminó la emergencia. 

Ese momento también muestra otra dimensión del miedo. Mientras una persona esperaba ser rescatada, otra intentaba acompañarla para evitar que enfrentara sola la incertidumbre. En medio de una situación en la que nadie tenía control sobre lo que estaba ocurriendo, la compañía se convirtió en una forma de resistencia frente al temor. 

Velázquez también recuerda cómo cambiaron las relaciones entre los vecinos. Personas que antes apenas se hablaban o incluso tenían conflictos terminaron ayudándose como si fueran una familia. 

La solidaridad aparece, así como otra respuesta frente a una situación que puede hacer sentir que todo está perdido. No responde a la pregunta sobre el fin del mundo, pero sí muestra qué ocurre cuando una comunidad enfrenta un momento límite. En ese contexto, las explicaciones sobre lo ocurrido pueden ser diferentes, pero la necesidad de actuar y proteger al otro termina siendo común. 

Para Ovalle, creer y buscar explicaciones espirituales no significa abandonar el conocimiento científico. La pastora reconoce el trabajo de quienes estudian las placas tectónicas, los fenómenos climáticos y las causas naturales de estos acontecimientos. También considera necesario atender las recomendaciones de las autoridades. 

La ciencia y la fe, desde su perspectiva, no tienen que convertirse necesariamente en caminos enfrentados. 

Esa mirada permite volver a la pregunta inicial. Si un terremoto puede explicarse desde las causas naturales, ¿por qué para algunas personas también despierta preguntas relacionadas con el fin de los tiempos? La respuesta parece estar menos en el fenómeno físico que en la manera en que cada persona intenta comprender aquello que amenaza sus certezas. 

En esa misma línea, Velázquez pone el énfasis en la preparación. El miedo, explica, es una reacción normal ante una emergencia, pero quedarse paralizado puede dificultar la respuesta. Tener un plan familiar, identificar puntos de encuentro y contar con una mochila de emergencia son medidas que pueden marcar una diferencia cuando ocurre un desastre. 

Así, la experiencia de quienes estuvieron allí también plantea una respuesta práctica frente a la incertidumbre. Más allá de interpretar el terremoto desde la fe, la ciencia o la psicología, existe una responsabilidad concreta: estar preparados para cuando vuelva a ocurrir una emergencia. 

Al final, el terremoto no responde por sí solo si el mundo está llegando a su fin. Lo que sí deja al descubierto es otra realidad, cuando las certezas se quiebran, las personas buscan explicaciones en distintos lugares. Algunas recurren a la ciencia, otras a la fe y otras necesitan comprender lo ocurrido desde la psicología. Muchas también encuentran una respuesta inmediata en las personas que tienen a su lado. 

La tierra puede dejar edificios destruidos, familias desplazadas y preguntas sin respuesta. Pero también puede mostrar la manera en que una comunidad enfrenta el miedo, buscando sentido, compartiendo información, ayudando al otro y tratando de reconstruir aquello que parecía perdido. 

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La ciencia y la fe, desde su perspectiva, no tienen que convertirse necesariamente en caminos enfrentados”.

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San Andresito del Sur después del sismo: vender en la calle se volvió su única opción

San Andresito del Sur después del sismo: vender en la calle se volvió su única opción

Por: Jaider Molano, Laura Sofia Casas e Isabella Echavarría

Facultad de Humanidades y Artes

A raíz del terremoto del pasado 10 de agosto de 2026 en la ciudad de Cali, los comerciantes del centro comercial San Andresito del Sur se han visto obligados a realizar sus ventas en los alrededores del establecimiento por las afectaciones que sufrieron al interior del lugar. 

“Gracias al voz a voz y a los influencers, San Andresito tuvo un boom. Yo sí veo lo mismo aquí que adentro”.  

Ante lo sucedido por el terremoto todos los comerciantes de San Andresito del Sur comparten el mismo escenario: vender desde carpas sobre la vía pública, mientras esperan regresar a sus locales, el impacto económico ha sido diferente para cada negocio. Los testimonios muestran cómo algunos han logrado mantener sus ventas gracias a una clientela consolidada, mientras otros venden apenas una parte de lo que llegaban a facturar antes del terremoto. 

Diego Castaño, propietario de Telcell Cali, asegura que el traslado a la calle no afectó significativamente su negocio; después de diez años en el centro comercial, afirma que el reconocimiento de su marca y la difusión que recibió San Andresito permitieron conservar el flujo de compradores. “Gracias al voz a voz y a los influencers, San Andresito tuvo un boom. Yo sí veo lo mismo aquí que adentro”.  

Según explica, aunque algunos productos reciben pequeños descuentos, decidieron mantener casi los mismos precios, porque hasta ahora se desconoce en qué momento deben asumir nuevamente los gastos como por ejemplo, el arriendo del local.  

Pero la situación es distinta para quienes comercializan productos de alto valor. Víctor, propietario de XL, dedicado a la compra y venta de dispositivos Apple, afirma que su preocupación no han sido los precios, sino la inseguridad que existe al vender afuera del centro comercial. “Las ventas han bajado un poco porque a la gente le da miedo comprar un celular de cinco millones en la calle”.   

Durante los primeros días también enfrentaron conflictos entre comerciantes, mientras se realizaba la organización de las carpas para cada tienda, y definían la distribución de los espacios, con el pasar de los días, la convivencia logró mejorar gracias a la organización interna entre los comerciantes y el apoyo que obtuvieron por parte de la alcaldía al permitirles usar los espacios viales para comercializar sus productos.  

“Estando acá afuera, las ventas bajaron a un 40 %”. Así describe el propietario de Kyrios Joyería el impacto que ha tenido para su negocio trabajar desde una carpa ubicada en los alrededores del centro comercial. Lleva cinco años en el establecimiento y asegura que este cambio modificó considerablemente el comportamiento de sus clientes, pues, según explica, muchas personas prefieren no comprar joyería en la calle por temor a la inseguridad. Esta situación ha representado una reducción de más de la mitad de sus ventas habituales. A pesar de las dificultades económicas que enfrenta, el comerciante considera que las ayudas oficiales deberían priorizar a quienes perdieron por completo sus viviendas y pertenencias durante la emergencia. 

Pero la incertidumbre de la situación también golpeó a otros negocios. Las pérdidas no se limitaron solo a la joyería; Licorera Chela y su dueño, Danilo Sánchez, que llevan aproximadamente un mes atendiendo afuera de las instalaciones del centro comercial, perdieron varias botellas y parte de la mercancía exhibida al momento de suceder el terremoto, el cual hizo caer sus estanterías. “Estamos aproximadamente con un 20 % de ventas, cuando antes llegábamos al 70 %”. 

Danilo denuncia que la falta de claridad sobre cuánto tiempo permanecerá fuera del centro comercial dificulta pensar en temporadas comerciales como Amor y Amistad e incluso diciembre. 

En GAO Uniformes, el reto ha sido diferente. Su propietario explica que el muro principal del local quedó comprometido y deberá ser demolido y reconstruido antes de poder regresar. Mientras tanto, continúa trabajando gracias a clientes antiguos y a contratos con empresas y universidades. “En este momento sigo vendiendo gracias a clientes pasados”. Las redes sociales y la cartera de clientes construida antes del terremoto se convirtieron en la principal herramienta para sostener el negocio mientras esperan la reapertura. 

Adaptarse también significa cambiar la forma de vender. La situación de Diana Mosquera, dueña de Géminis Cali, refleja cómo incluso los negocios que siguen abiertos tuvieron que modificar su manera de atender. Después de nueve años vendiendo ropa y cosméticos en San Andresito del Sur, el terremoto dañó estanterías, vidrios y algunas de las prendas que comercializa, por lo que decidió ofrecer descuentos para incentivar las compras. “Acá buscamos manejar un descuento o una rebaja frente a lo que vendíamos adentro”, explica Diana. 

Trabajar en la calle también cambió la experiencia del cliente. Cuando alguien necesita probarse una prenda, el proceso ocurre de manera improvisada. “Es muy descomplicado. Se quitan la camiseta y tenemos una toalla”, afirma Diana. 

Más allá de las diferencias entre los propietarios, los testimonios y los casos de las personas afectadas coinciden en que el trabajo diario dejó de parecerse al que tenían dentro del centro comercial. Cada mañana instalan sus puestos, organizan la mercancía y, al finalizar la jornada, guardan todo para protegerlo durante la noche. 

Además del calor y el polvo, la seguridad aparece como una preocupación constante. Diego Castaño, quien también cumple funciones como vocero de las carpas, explica que los mismos comerciantes organizan los espacios y coordinan la vigilancia nocturna mientras esperan soluciones más definitivas. 

“Es un cambio brusco. No es lo mismo estar adentro que estar acá, en el sol, recibiendo polvo y con otra seguridad”. Con esta frase, Diana resume el cambio que ha significado para ella trabajar fuera del centro comercial, una situación que también refleja el sentimiento compartido por varios locatarios. Mientras esperan la reapertura del centro comercial, la calle continúa siendo el lugar donde estos comerciantes trabajan, se adaptan y buscan mantener vivos negocios construidos durante años. 

Más allá de las pérdidas inmediatas, la incertidumbre también alcanza una de las fechas más importantes para el comercio: Amor y Amistad. Mientras algunos comerciantes intentan mantener sus negocios funcionando desde las carpas, otros reconocen que todavía no saben cuánto tiempo permanecerán fuera del centro comercial ni si alcanzarán a recuperar el flujo de clientes para esa temporada. 

Danilo, propietario de Licores Chela, expresa su preocupación ante la incertidumbre sobre los tiempos de recuperación del centro comercial. Explica que los plazos anunciados han cambiado constantemente y que esta situación empieza a generar dudas sobre las ventas de los próximos meses. “Hablan de meses, tres meses; diciembre puede que pase más tiempo. Ahorita estamos tratando de conformarnos afuera, pero no se sabe bien”. 

Para negocios como GAO Uniformes, la continuidad ha dependido de clientes que ya conocían la marca antes del terremoto y de pedidos realizados por empresas y universidades. Sin esa base de compradores, varios comerciantes consideran que habría sido mucho más difícil sostenerse durante la espera. 

No todos los negocios lograron instalarse en la parte delantera del centro comercial, junto con la mayoría. Durante un recorrido realizado se evidenció que una de las ópticas que funcionaba dentro del centro comercial no se encontraba en las carpas instaladas en los alrededores de las instalaciones. Según comerciantes del sector, el negocio tuvo que retirarse y buscar de manera inmediata otro local para continuar operando, por lo que no fue posible establecer contacto con sus propietarios. 

La ausencia de algunos comerciantes refleja otra consecuencia del terremoto: mientras unos resisten desde la calle, otros se vieron obligados a empezar de nuevo en otro lugar para no detener completamente su actividad. 

Cada mañana la rutina vuelve a repetirse, los comerciantes instalan mesas, vitrinas y mercancía sobre los andenes; al terminar la jornada, guardan nuevamente todo para protegerlo durante la noche. Entre el calor, el polvo y la incertidumbre continúan atendiendo a la espera de regresar a los locales donde construyeron sus negocios durante años. 

Para ellos, la reapertura del centro comercial no representa únicamente volver a un edificio, sino recuperar la confianza de los clientes antes de que una temporada como Amor y Amistad termine convirtiéndose en otra oportunidad perdida. 

Afortunadamente para los negocios afectados, y gracias a la gestión de la Alcaldía de Santiago de Cali y el Centro Comercial La Montaña-Pasoancho, se adecuarán espacios dentro de las antiguas instalaciones de La 14 de Pasoancho para que los 110 negocios afectados por el terremoto puedan continuar con sus actividades comerciales.  

Esta iniciativa se pondrá en marcha desde hoy, viernes 18 de septiembre, con una gran jornada de reactivación comercial, artística y cultural, que busca convertirse en un nuevo punto de encuentro para comerciantes y familias caleñas. De esta manera, se brindará a los comerciantes y clientes un espacio techado, seguro y en mejores condiciones para continuar impulsando el comercio local. 

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Hablan de meses, tres meses; diciembre puede que pase más tiempo. Ahorita estamos tratando de conformarnos afuera, pero no se sabe bien”. 

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El reto del colectivo ciclista en la ciudad de Cali

El reto del colectivo ciclista
en la ciudad de Cali

Por: Catalina Burbano Martínez y Alejandra Galíndez Agredo

Facultad de Humanidades y Artes

En la ciudad actualmente se cuenta con 142 kilómetros de cicloruta que no logran conectar toda la cuidad, sumado a esto, infractores en motos y carros invaden el poco carril exclusivo que tiene la comunidad. Los usuarios de la bicicleta están en riesgo constante.

“esta es la ciclovía, aquí no deben andar motos. El que quiera que se devuelva, no me voy a mover”

“Ando bien ofendido en la ciclovía”, manifestó Andrés Tegedor, un joven caleño usuario de la ciclorruta que se disponía a ir a su trabajo, pero se molestó ante la invasión de motos en su carril y no dudó en compartir la denuncia a través de su cuenta de Tik Tok. En el video Tegedor añade que no se va a afanar por causa de las motos: “esta es la ciclovía, aquí no deben andar motos. El que quiera que se devuelva, no me voy a mover”. El video viral cuenta hoy con más de 140 mil me gusta y más de 500 comentarios.

La denuncia viral deja ver los múltiples desafíos que enfrentan los ciclistas en Cali al transitar por las ciclorrutas. La invasión constante de estos espacios exclusivos, por parte de motocicletas y carros, sumada al deterioro de la infraestructura vial, pone en alerta a quienes optan por la bicicleta ya sea como medio de transporte o como actividad deportiva.

Actualmente se cuenta con 142 kilómetros de cicloinfraestructura, algo que el colectivo ciclista critica ya que eso no es ni la mitad de los kilómetros para conectar la ciudad, por lo que en calles como la 5 con carrera 39 los ciclistas deben compartir con motos y carros en una misma vía.

Otro aspecto que afecta a este colectivo es que, las ciclorrutas que funcionan en la ciudad están diseñadas exclusivamente para circulación de bicicletas, pero aquí es común observar motos y en ocasiones carros transitando por estos carriles. Esta práctica no solo infringe las normas de tránsito, además representa un peligro latente para los ciclistas.

Según reportes de la Secretaría de Movilidad de Cali, en tan solo una semana del 2022 se llegaron a imponer 920 comparendos de los cuales 544 fueron por vehículos no autorizados por utilizar el carril exclusivo de la bicicleta. “512 de esos 544, corresponden a motocicletas”, aseguró en su momento el secretario de movilidad William Vallejo.

La normativa vigente en la ciudad establece sanciones para quienes transitan por estos sitios restringidos. La infracción ‘c14’ que se contempla en la normativa, es una sanción de tránsito que se impone por transitar en horas o sitios restringidos por la autoridad competente, lleva una multa equivalente a 15 salarios mínimos legales diarios vigentes, que para este año 2025 asciende a 711.750 pesos, además de la inmovilización del vehículo.

Los conductores de motos y carros no solo están llamados a cumplir con las normas, los mismos ciclistas también tienen deberes al utilizar estas vías de la ciudad. Deben respetar las señales de tránsito, utilizar elementos de seguridad como casco y chaleco reflectivo, y circular por las ciclorrutas cuando estos estén disponibles.

Adicional a esto, otro aspecto que agrava la situación es el mal estado de estos carriles. Gran parte de los taches y demarcaciones que delimitan estos espacios se encuentran dañados o en algunos casos inexistentes, lo que facilita su invasión y aumenta el riesgo de accidentes.

Paulo Guerrero, un ciclista aficionado que ha practicado este deporte por más de 20 años en la ciudad como hoobie, comparte su experiencia: “Antes, aunque ya había problemas, se puede decir que uno montaba con tranquilidad, ahora eso es un caos. He tenido varios sustos por algunos conductores imprudentes que no respetan el poco espacio que se nos da como ciclistas”.

Además, la falta de mantenimiento adecuado ha sido motivo de quejas por parte de la comunidad ciclista, Paulo Guerrero también hace un llamado a las autoridades de movilidad “lo único que pedimos es que se haga cumplir la norma, se mantengan las vías en buen estado para que podamos entrenar y movilizarnos sin arriesgar la vida y personalmente espero que se puedan ampliar más kilómetros porque la bicicleta para algunos también es un medio de transporte”.

Desde la Secretaría de Infraestructura para estos cuatro años se ha planificado la intervención de 10 kilómetros de vías que actualmente se encuentran en mal estado. Así mismo, en el Plan de Desarrollo se estableció como objetivo la creación de 25 nuevos kilómetros destinados a la circulación de ciclistas.

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“La construcción de estas nuevas vías se llevará a cabo en colaboración con el equipo operativo de la Secretaría; de los 25 kilómetros, se construirán 20 durante los primeros dos años y los cinco restantes en el último año”, aseguró la cartera de Infraestructura en un comunicado.

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Incendios forestales, una amenaza permanente en Cali 

Incendios forestales, una amenaza permanente en Cali 

Por: Irene Hincapié y Luisa Morales

Facultad de Humanidades y Artes

Las llamas arrasan con el cerro de las Tres Cruces. (Foto: Luisa Morales)

Año tras año se presentan miles de emergencias de todo tipo en Cali y es alarmante cómo los incendios forestales, tanto en zonas rurales como urbanas, se incrementan exponencialmente en épocas de sequía. Autoridades como la Secretaría de Gestión de Riesgos han declarado que en la mayoría de los casos hay sospechas de manos criminales detrás de estos eventos. 

Independientemente de cuáles sean las causas, un incendio de grandes magnitudes siempre dejará un gran daño en el ecosistema; además, controlarlo también conlleva grandes desafíos.  

Los incendios forestales no solo afectan en momentos de sequía, sino también cuando llega el invierno, pues favorecen los derrumbes y los deslizamientos, ya que el terreno queda desprotegido por la pérdida de vegetación.

Incendios forestales en 2024  

En los primeros ocho meses del presente año, el reporte del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali registró 364 incendios forestales; 76 de ellos ocurrieron en agosto, y aunque la cifra bajó en casi 54% en comparación con la del mismo mes del año pasado, cuando se presentaron 141 incendios forestales, la situación no deja de ser alarmante. Este periodo usualmente refleja un aumento, porque coincide la época de sequía con los fuertes vientos de agosto, provocando que el fuego se propague rápidamente y es mucho más difícil de controlar.  

Los desafíos de los incendios forestales 

El cabo Yesid Calderón explicó los desafíos a los que se enfrentan día a día los bomberos para mantener a salvo la biodiversidad de la ciudad. Según Calderón, muchas veces acceder a estos lugares no es sencillo y dificulta aún más la tarea de controlar un incendio: “Nos toca caminar por trochas, por caminos, con herramientas manuales como machetes, batefuegos y bombas de espalda”.  

Los incendios forestales no solo afectan en momentos de sequía, sino también cuando llega el invierno, pues favorecen los derrumbes y los deslizamientos, ya que el terreno queda desprotegido por la pérdida de vegetación. De igual manera, es prioridad salvaguardar las vidas de quienes viven cerca de las laderas o en cualquier sector cercano a un incendio.  

El cuerpo de bomberos ha puesto todas sus alertas en las laderas y brinda vigilancia constante en estas zonas para alertar sobre cualquier tipo de emergencia. Calderón reportó que la pronta respuesta es crucial, en especial en horas de la tarde, cuando los vientos son más fuertes y el fuego puede expandirse rápidamente. 

El laboratorio Unimedios celebrará su undécimo aniversario en el marco del Encuentro.

Las Tres Cruces, Pichindé y Montebello, los más recientes 

El pasado 20 de agosto, en horas de la tarde se reportó un incendio en el Cerro de las Tres Cruces, que se inició en el sector de Normandía y avanzó rápidamente al Aguacatal. Las autoridades pidieron a la comunidad alejarse de las zonas afectadas y priorizaron la contención del incendio cercano a las viviendas, logrando controlarlo después de 6 horas. La alcaldía de Cali reportó la pérdida de más de 7 hectáreas de vegetación y grandes afectaciones a la fauna silvestre.  

A través de la plataforma X, el capitán Francisco Javier Díaz González, comandante del Benemérito Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali, pidió a la comunidad estar atenta a los puntos calientes para evitar la reaparición del fuego. 

Durante esa misma semana se reportaron más emergencias en el sector de Montebello y Valle del Lili, con más de 50 hectáreas afectadas por los incendios, además de una nube de humo que cobijó a la ciudad, afectando la salud de los caleños. 

Dos días después, una nueva emergencia se reportó en horas de la mañana en el Cerro de la Cajita, en el corregimiento de Pichindé, donde nuevamente el fuego se expandió rápidamente, poniendo en riesgo a las residencias cercanas. Las autoridades tomaron rápida acción y activaron protocolos para tener el apoyo de la Fuerza Aérea con el Bambi Bucket. “El helicóptero UH-60 del Comando Aéreo de Combate No. 7 realizó, durante la tarde del jueves y la jornada del viernes, 38 descargas con 21.800 galones de agua y 20 galones de líquido retardante sobre los puntos críticos”, comentó la Fuerza Aérea en un comunicado. 

El impacto ambiental de los incendios  

La ciudadanía ha expresado preocupación por los efectos del fuego en estas zonas. Nicol Valeria Moreno es senderista y suele recorrer los cerros. Ella comenta que ha notado “algunos cambios importantes en el paisaje y en las rutas de entrenamiento, puesto que la vegetación ha desaparecido en algunas áreas, lo que ha dejado el terreno expuesto y vulnerable; también, algunas rutas están ahora bloqueadas por árboles caídos o escombros, lo que nos ha obligado a crear nuevos caminos y rutas”. 

Nathalia Sánchez, ingeniera EHS (Environment, Health and Safety) de Laboratorios Baxter comenta que este tipo de eventos no son solo una gran tragedia para el medio ambiente sino un gran riesgo para la salud de quienes están cerca: “El aire se puede llegar a ver afectado por este tipo de incendios porque contaminan el aire y puede generar material particulado, monóxido de carbono, óxido de nitrógeno, y esto puede deteriorar significativamente la capa de ozono y la calidad del aire de la ciudad”, afectando la salud de quienes estén expuestos a estos ambientes. 

También están el impacto y las terribles consecuencias de los incendios forestales, que afectan no solo los suelos, sino también a los animales que, al perder la naturalidad de su hábitat, migran para sobrevivir. Luis Miguel Hernández, coordinador de investigaciones del área de Forrajes Tropicales de la Alianza Bioversity CIAT, explicó que “lo ideal sería una reforestación con las especies propias de la zona; esto permitiría tener un hábitat más natural para nuestra fauna, que por lo general se ve afectada por incendios”. Hernández hace énfasis en esta necesidad, pues además de producir grandes beneficios para la tierra, traería bienestar a las poblaciones aledañas y a los senderistas que frecuenten la zona.  

  

Responsables de los incendios  

En mayo de 2023, el Consejo Distrital de Gestión del Riesgo concluyó que el 90% de los incendios forestales en Cali son provocados. Durante el mismo año, la periodista de El Tiempo Carolina Bohórquez Ramírez reportó que esto se debe a que sus responsables pretenden la invasión de esas zonas: “El pasado 21 de septiembre, 270 familias habían demarcado la zona. La Policía las desalojó en medio de protestas de quienes aseguraron que no tienen dinero para pagar arriendo. Sin embargo, bandas de hombres armados y otros ilegales estarían detrás de estas ocupaciones irregulares”. Esto mismo fue denunciado por habitantes del sector, que fueron amenazados por los invasores.  

Igualmente, al parecer los incendios forestales del último año han sido provocados. El alcalde Alejandro Eder hizo un llamado a la ciudadanía, para que “si alguien tiene alguna información sobre alguna persona que quizás esté generando estas situaciones” formule la denuncia. Por su parte, la fiscalía adelanta las investigaciones y hace un llamado a la comunidad para proteger las áreas rurales. 

 En los últimos cuatro años el promedio de incendios por mes incrementó más del doble, pasando de 20 conflagraciones por mes en el 2021 a 46 por mes en el 2024.El segundo trimestre de cada año es cuando hay un aumento en la cifra, esto se debe a la sequía de esta temporada, la cual podría ser uno de los principales motivos de este tipo de sucesos, sin embargo, las denuncias dejan en evidencia que la mano del hombre está presente en la creación de incendios forestales. 

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El aire se puede llegar a ver afectado por este tipo de incendios porque contaminan el aire y puede generar material particulado, monóxido de carbono, óxido de nitrógeno, y esto puede deteriorar significativamente la capa de ozono y la calidad del aire de la ciudad”, explicó Sánchez.

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La lucha por una playa que el mar reclama: Los Mulatos, Nariño 

La lucha por una playa que el mar reclama: Los Mulatos, Nariño 

Por: Valentina Caicedo, Karol Lasso y Valentina Ordoñez C.

Facultad de Humanidades y Artes

Después del último fenómeno, la playa quedó tan destrozada que de pasto pasó a arena o agua (Foto Luis Reina, 2023). 

En la costa pacífica colombiana, en el corazón del departamento de Nariño, yace una comunidad que desafía la fuerza implacable de la naturaleza. En Los Mulatos, una pequeña playa, la Playa de los Vikingos, enfrenta el embate del mar que, poco a poco, ha ido devorando su hogar. 

Este lugar, que alguna vez fue un centro de encuentro para pescadores y familiares, ahora se encuentra en peligro de desaparecer.  

Acompañando este drama natural, la playa ha sufrido también el embate de los terremotos que han sacudido la región en los últimos años, debilitando aún más el terreno y precipitando la subida del nivel del mar. 

La comunidad se encuentra dividida entre quienes ven la migración como la única opción viable y aquellos que creen que su lugar está en la playa, resistiendo junto a sus raíces.

Mar y tierra: una lucha constante 

Los terremotos recientes, cuyas causas y fechas son objeto de análisis de los expertos del Parque Nacional Natural Sanquianga, han generado grietas y debilitado el suelo que sustenta las frágiles costas de Mulatos. “Cada vez que la tierra tiembla, el mar parece ganar terreno. Los movimientos tectónicos en esta zona han influido en el comportamiento del mar y en la erosión acelerada de la playa. La erosión costera aquí no es solo un problema de clima, también es un problema geológico”, explica Carolina Andrade, geóloga especializada en movimientos sísmicos de ese parque.   

El Parque Sanquianga, que abarca vastos ecosistemas costeros, ha sido testigo de cómo la línea costera retrocede año tras año. Sobre el aumento progresivo del nivel del mar, el ecólogo marino German Salazar comenta que “la combinación de terremotos, el cambio climático y el incremento del nivel del océano han hecho de esta área foco rojo de erosión. Cada ola que golpea la Playa de los Vikingos arrastra consigo un pedazo de historia”. 

Resistir o migrar: la encrucijada de una comunidad 

A pesar del deterioro evidente, muchos habitantes se niegan a abandonar su hogar ancestral. La líder comunitaria María Estupiñán (65 años) ha vivido siempre allí. “El mar se ha llevado partes de la playa, pero esta tierra es nuestra. Nos aferramos a ella porque aquí está todo lo que conocemos”, afirma con determinación. Para doña María y otros pobladores, la conexión con la tierra va más allá de lo físico; es una cuestión de identidad cultural y pertenencia. 

Sin embargo, no todos han resistido. Un grupo significativo de familias ha decidido trasladarse al pueblo cercano, El Cacao, donde las condiciones geológicas son más estables. Este lugar, que alguna vez tuvo como única habitante a la tía Lucha, una anciana venerada por la comunidad, ha visto crecer su población en los últimos años, con casas nuevas que buscan refugio de esa costa implacable.  

“La tía Lucha fue la primera en dar la bienvenida a los que llegaban”, recuerda José Salas, uno de los nuevos habitantes de El Cacao. “Aquí, aunque lejos del mar, encontramos seguridad. Pero muchos aun sueñan con regresar a la playa, con que algún día el mar devuelva lo que se ha llevado”, relata.  

El Cacao, Casa de la Tía Lucha, (Foto Instagram de @akasafundacion). 

La ciencia detrás del desastre  

Según los estudios más recientes realizados por el Parque Sanquianga, la erosión costera en Mulatos no solo es consecuencia del incremento del nivel del mar, sino también de la forma en que los terremotos han alterado la topografía submarina y costera. “El desplazamiento de placas tectónicas genera un impacto en el fondo marino que, a su vez, provoca cambios en las corrientes oceánicas y la dirección del oleaje”, explica el oceanógrafo del parque, Luis Contreras.  

A finales de diciembre del 2022, se presentó el último fenómeno de oleaje anómalo de gran altura, que causó inundaciones y daños en la zona costera, llevándose consigo gran parte de la playa. Según Contreras, en este caso, las olas fueron el resultado de condiciones meteorológicas y no de un evento sísmico. “Desde entonces, la playa ha retrocedido más de 20 metros y no parece que el fenómeno vaya a detenerse pronto”, agrega.  

Al filo de la incertidumbre  

La comunidad se encuentra dividida entre quienes ven la migración como la única opción viable y aquellos que, como María Estupiñán, creen que su lugar está en la playa, resistiendo junto a sus raíces. Los planes de reubicación son discutidos a nivel local, pero la falta de recursos y de infraestructura adecuada complica cualquier solución definitiva.  

El Parque Nacional Sanquianga sigue monitoreando la situación, ofreciendo información sobre los cambios en el terreno y el impacto ambiental. Sin embargo, mientras autoridades y expertos buscan soluciones a largo plazo, Los Mulatos sigue viviendo al filo de la incertidumbre. 

“Nosotros siempre hemos vivido con el mar como compañero y aunque ahora parece más un enemigo, no podemos simplemente darle la espalda. Está en nuestra lucha, y aunque parezca que estamos perdiendo, aún no nos hemos rendido”, concluye doña María”. 

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El desplazamiento de placas tectónicas genera un impacto en el fondo marino que, a su vez, provoca cambios en las corrientes oceánicas y la dirección del oleaje”, explica el oceanógrafo del parque, Luis Contreras. 

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