Reportaje gráfico Festival Petronio Álvarez 2025

Reportaje gráfico Festival
Petronio Álvarez 2025

Autoras: Jean Carlos Salcedo Murcia & Samuel Bolaños Sanz

Facultad de Humanidades y Artes

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“Lucu, el pulpo que abraza al Pacífico con sus tambores”

“Lucu, el pulpo que abraza al
Pacífico con sus tambores”

Andrés Lucumí, percusionista de Canalón de Timbiquí, en el marco del Petronio Álvarez 2025.

Por: Marycarmen Oliveros y Lizeth Dayana Rojas

Facultad de Humanidades y Artes

En el corazón vibrante del Petronio Álvarez, entre el olor a encocado y el eco de la marimba, aparece Andrés Lucumí o “Lucu”  aunque también conocido como  “el Pulpo” para quienes han visto sus manos multiplicarse sobre los tambores. Está a punto de subir al escenario con Canalón de Timbiquí, pero antes se sienta a conversar, con esa calma de quien sabe que su música ya habla por él.

“Queríamos aprender más de las músicas tradicionales, de la cultura, del alma del Pacífico. Ella nos escuchó y propuso crear una escuela”

“Mis inicios fueron en el colegio”, dice con una sonrisa. “Ahí nos enseñaron sobre las regiones de Colombia y yo me enamoré del Pacífico. No solo de su música, también de sus comidas, sus bebidas, sus historias”. Ese flechazo lo marcó desde el año 2000 y nunca más dejó de latir al ritmo del litoral.

La maestra Nidia Góngora, figura emblemática de la tradición,  se convirtió en un pilar importante “Ella fue mi directora, mi amiga y mi maestra. Nos dio las bases para entender que la música del Pacífico no es solo un sonido, es un sentimiento. Con ella aprendí a tocar con el corazón a valorar la cultura que hay detrás de cada instrumento”.

Además, junto a unos amigos, tocó la puerta de la maestra Nidia Góngora. “Queríamos aprender más de las músicas tradicionales, de la cultura, del alma del Pacífico. Ella nos escuchó y propuso crear una escuela”.

Así nació la Fundación Escuela Canalón. “Primero fueron talleres para nosotros, después abrimos las puertas a los niños de la comuna 15, especialmente del barrio Ciudad Córdoba. Hoy, muchos de esos jóvenes son músicos profesionales. Yo mismo pasé de alumno a profesor y ahora soy percusionista de Canalón de Timbiquí”.

Su misión va más allá de los aplausos. Trabajan para que niños y jóvenes de Cali, Palmira, Jamundí y municipios cercanos aprendan qué es un cununo, una marimba o un bombo… y, sobre todo, que comprendan que la música del Pacífico no se limita a interpretarse, se vive, es alegría, hermandad y unión.

Cuando se le pregunta qué siente en el escenario, Andrés se detiene, respira y responde con honestidad: “Siempre hay un poco de pánico escénico… pero también una emoción inmensa. Ver a la gente corear nuestras canciones, bailar y conectarse con la música, hace que uno toque con más fuerza, con más amor. Si la gente está arriba y alegre, yo también lo estoy”.

 Ser el único caleño de la agrupación es para él un orgullo, no una barrera. “La gente a veces me pregunta si soy de Timbiquí, y yo les digo que no… pero que el Pacífico me adoptó. Absorbí sus tradiciones y ahora las llevo por el mundo”.

Sus tambores ya han viajado por el mundo. Europa, Estados Unidos y otros rincones han sido testigos de esa mezcla de tradición y pasión que carga en cada presentación. “Queremos que la música del Pacífico se escuche en todas partes, incluso en la China o la Conchinchina. Es nuestra misión, nuestro orgullo”.

El bullicio del festival lo llama. Lucu se despide con una sonrisa, se acomoda sus tambores y sube al escenario. Un instante después, la marimba rompe el silencio, el cununo responde y sus manos rápidas como tentáculos envuelven al público en un abrazo sonoro que late como el corazón del Pacífico.

Siempre hay un poco de pánico escénico… pero también una emoción inmensa. Ver a la gente corear nuestras canciones, bailar y conectarse con la música, hace que uno toque con más fuerza, con más amor. Si la gente está arriba y alegre, yo también lo estoy”.

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Petronio 2025 llega a la USC con Mokumba

Petronio 2025 llega a la USC
con Mokumba

Por: Claudia Bedoya Sandoval

Facultad de Humanidades y Artes

La Plazoleta de los Sabios de la Universidad Santiago de Cali recibe este jueves, 14 de agosto, la programación del XXIX Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez con el conversatorio y concierto del grupo Mokumba, oriundo de Santander de Quilichao y representante de los violines caucanos.

la maestra Deyanira Bocanegra, siempre soñó con tener un agrupación a través de la cual lograra preservar y difundir los violines caucanos…

La presentación de esta agrupación hace parte de la programación oficial y de la estrategia ‘Petronio en las universidades’, a través de la cual se garantiza la circulación y la descentralización del Festival por los diferentes escenarios académicos de Santiago de Cali.

Mokumba es una agrupación liderada por la maestra Deyanira Bocanegra y se caracteriza, porque además de preservar la tradición de los violines caucanos, está  integrada por jóvenes de Santander de Quilichao que desde su quehacer musical prolongan una tradición.

El grupo, que estará este jueves 14 de agosto en la Plazoleta de los Sabios, entre las 3:00 y las 5:00 p.m., ofrecerá a los santiaguinos un conversatorio sobre su trayectoria y un concierto con una selección de temas propios del folclor caucano como fugas, bundes, torbellinos y composiciones propias.

Mokumba nació el 6 de septiembre de 2019 y está conformado por diez jóvenes con edades comprendidas entre los 15 y 20 años. Ellos están liderados por John David Balanta, quien en palabras de su madre, la maestra Deyanira Bocanegra, siempre soñó con tener un agrupación a través de la cual lograra preservar y difundir los violines caucanos.

“Este es un grupo de jóvenes muy comprometidos con su cultura, desde niños han tenido formación musical y durante todo el año nos hemos preparado para estar en el concurso de Petronio sino también para enseñar a la gente  toda esa parte cultural,  nuestras raíces  saber qué es un bunde, un torbellino y cómo se interpretan”, señala Bocanegra.

En ese sentido a la Plazoleta de la USC no solo traerán su historia como grupo sino temas del  folclore tradicional y otros de autoría, tanto de algunos jóvenes de la agrupación, como de la maestra Bocanegra. “Vamos a llevar de toda esa riqueza una partecita tanto del folclore como de nuestro de repertorio que hemos construido en la agrupación con canciones inéditas”.

Tras su paso por el escenario de la USC, Mokumba sigue su camino hacia la tarima principal del XXIX Festival de Música del Pacífico en donde competirán en la modalidad de violines caucanos por alcanzar el anhelado bombo golpeador.

Vamos a llevar de toda esa riqueza una partecita tanto del folclore como de nuestro de repertorio que hemos construido en la agrupación con canciones inéditas”.

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El reto del colectivo ciclista en la ciudad de Cali

El reto del colectivo ciclista
en la ciudad de Cali

Por: Catalina Burbano Martínez y Alejandra Galíndez Agredo

Facultad de Humanidades y Artes

En la ciudad actualmente se cuenta con 142 kilómetros de cicloruta que no logran conectar toda la cuidad, sumado a esto, infractores en motos y carros invaden el poco carril exclusivo que tiene la comunidad. Los usuarios de la bicicleta están en riesgo constante.

“esta es la ciclovía, aquí no deben andar motos. El que quiera que se devuelva, no me voy a mover”

“Ando bien ofendido en la ciclovía”, manifestó Andrés Tegedor, un joven caleño usuario de la ciclorruta que se disponía a ir a su trabajo, pero se molestó ante la invasión de motos en su carril y no dudó en compartir la denuncia a través de su cuenta de Tik Tok. En el video Tegedor añade que no se va a afanar por causa de las motos: “esta es la ciclovía, aquí no deben andar motos. El que quiera que se devuelva, no me voy a mover”. El video viral cuenta hoy con más de 140 mil me gusta y más de 500 comentarios.

La denuncia viral deja ver los múltiples desafíos que enfrentan los ciclistas en Cali al transitar por las ciclorrutas. La invasión constante de estos espacios exclusivos, por parte de motocicletas y carros, sumada al deterioro de la infraestructura vial, pone en alerta a quienes optan por la bicicleta ya sea como medio de transporte o como actividad deportiva.

Actualmente se cuenta con 142 kilómetros de cicloinfraestructura, algo que el colectivo ciclista critica ya que eso no es ni la mitad de los kilómetros para conectar la ciudad, por lo que en calles como la 5 con carrera 39 los ciclistas deben compartir con motos y carros en una misma vía.

Otro aspecto que afecta a este colectivo es que, las ciclorrutas que funcionan en la ciudad están diseñadas exclusivamente para circulación de bicicletas, pero aquí es común observar motos y en ocasiones carros transitando por estos carriles. Esta práctica no solo infringe las normas de tránsito, además representa un peligro latente para los ciclistas.

Según reportes de la Secretaría de Movilidad de Cali, en tan solo una semana del 2022 se llegaron a imponer 920 comparendos de los cuales 544 fueron por vehículos no autorizados por utilizar el carril exclusivo de la bicicleta. “512 de esos 544, corresponden a motocicletas”, aseguró en su momento el secretario de movilidad William Vallejo.

La normativa vigente en la ciudad establece sanciones para quienes transitan por estos sitios restringidos. La infracción ‘c14’ que se contempla en la normativa, es una sanción de tránsito que se impone por transitar en horas o sitios restringidos por la autoridad competente, lleva una multa equivalente a 15 salarios mínimos legales diarios vigentes, que para este año 2025 asciende a 711.750 pesos, además de la inmovilización del vehículo.

Los conductores de motos y carros no solo están llamados a cumplir con las normas, los mismos ciclistas también tienen deberes al utilizar estas vías de la ciudad. Deben respetar las señales de tránsito, utilizar elementos de seguridad como casco y chaleco reflectivo, y circular por las ciclorrutas cuando estos estén disponibles.

Adicional a esto, otro aspecto que agrava la situación es el mal estado de estos carriles. Gran parte de los taches y demarcaciones que delimitan estos espacios se encuentran dañados o en algunos casos inexistentes, lo que facilita su invasión y aumenta el riesgo de accidentes.

Paulo Guerrero, un ciclista aficionado que ha practicado este deporte por más de 20 años en la ciudad como hoobie, comparte su experiencia: “Antes, aunque ya había problemas, se puede decir que uno montaba con tranquilidad, ahora eso es un caos. He tenido varios sustos por algunos conductores imprudentes que no respetan el poco espacio que se nos da como ciclistas”.

Además, la falta de mantenimiento adecuado ha sido motivo de quejas por parte de la comunidad ciclista, Paulo Guerrero también hace un llamado a las autoridades de movilidad “lo único que pedimos es que se haga cumplir la norma, se mantengan las vías en buen estado para que podamos entrenar y movilizarnos sin arriesgar la vida y personalmente espero que se puedan ampliar más kilómetros porque la bicicleta para algunos también es un medio de transporte”.

Desde la Secretaría de Infraestructura para estos cuatro años se ha planificado la intervención de 10 kilómetros de vías que actualmente se encuentran en mal estado. Así mismo, en el Plan de Desarrollo se estableció como objetivo la creación de 25 nuevos kilómetros destinados a la circulación de ciclistas.

“La construcción de estas nuevas vías se llevará a cabo en colaboración con el equipo operativo de la Secretaría; de los 25 kilómetros, se construirán 20 durante los primeros dos años y los cinco restantes en el último año”, aseguró la cartera de Infraestructura en un comunicado.

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Cali, embalse de lluvias

Cali, embalse de lluvias

Por: Felipe Castillo

Facultad de Humanidades y Artes

La temporada de lluvias expone una Cali sin preparación ante el invierno. Las calles inundadas paralizan la ciudad y miles de trabajadores informales y ciudadanos luchan por mantener su sustento diario.

“Ya la gente no sale a comprar a la calle, sea en invierno o haciendo sol”

¿Se ha preguntado alguna vez cómo sobreviven miles de caleños que, día a día, exponen sus vidas y sustento a la suerte del clima, mientras las calles se convierten en ríos y las promesas institucionales se diluyen con cada gota? Las lluvias intensas que han marcado el inicio de este 2025 en Cali no solo han causado emergencias en varios puntos críticos de la ciudad, sino que también han evidenciado la necesidad urgente de una gestión de riesgo más eficiente y preventiva.

Esta realidad se hace visible en el centro de la ciudad, donde comerciantes como Rafael Estupiñán, uno de los más de 35 mil vendedores informales que según Jimmy Núñez, presidente del Sindicato de Vendedores del Espacio Público, ocupan las calles de Cali enfrentando diariamente el desafío de proteger su sustento. “Ya la gente no sale a comprar a la calle, sea en invierno o haciendo sol”, comenta mientras asegura su sombrilla y cuerdas contra el viento. Su testimonio no solo refleja la lucha diaria contra el clima, sino también la dificultad de la informalidad, acelerado por unas calles que la lluvia mantiene cada vez más vacías.

Y es que el impacto de estas precipitaciones no se limita a un solo sector. Las inundaciones han convertido zonas como el barrio Siloé, en la comuna 20, Valle del Lili, Ciudad 2000, Caney, Altos de Santa Elena y la Avenida Pasoancho en puntos críticos que paralizan la vida cotidiana de miles de ciudadanos. A pesar de ser un problema recurrente, sus consecuencias parecen intensificarse con cada nueva temporada de lluvias.

Esta situación afecta especialmente a quienes dependen del comercio callejero. “Cuando llueve, todo el mundo guarda, todo el mundo espera… esto afectó todos los negocios del centro, más que todo los que trabajamos en la calle”, explica Luis Carlos Obando, vendedor de jugos, mientras prepara el guarapo de caña en su trapiche. Sus preocupaciones no son infundadas, pues según el IDEAM, el panorama podría empeorar con pronósticos de lluvias más intensas de lo normal para marzo.

La crisis se agrava para aquellos cuyo sustento depende de la movilidad urbana. Daniel González, conductor independiente que recorre diariamente la ruta Jamundí-Cali, describe los peligros que enfrenta: “Los huecos en la vía quedan tapados por las inundaciones, aumentando el riesgo de accidentes. Como independiente, he tenido que dar espera a trabajos importantes porque mi labor es en la calle”.

Más allá de las afectaciones inmediatas, la respuesta institucional también se ha convertido en motivo de frustración. Así lo demuestra el caso de Lorena, una docente que vio su motocicleta dañada por la caída de un árbol durante una tormenta. “La ciudad no da garantías, las gestiones son supremamente largas, debo hacer demanda en la Alcaldía… No hay soluciones inmediatas y las pérdidas son grandes”. Su experiencia pone en evidencia que la falta de preparación de la ciudad trasciende lo estructural y se manifiesta en la ausencia de protocolos efectivos para atender a los afectados.

Para los ciudadanos que enfrenten situaciones similares, existe un protocolo establecido que, aunque puede parecer complejo, es fundamental seguir. El primer paso es contactar inmediatamente a los Bomberos de Cali (119) para la remoción del árbol y a la Policía Nacional (123) para el registro oficial del incidente. Posteriormente, se debe presentar una reclamación formal ante el DAGMA, entidad responsable del arbolado urbano, aportando fotografías del incidente, el informe policial y la documentación del vehículo afectado. Si bien el proceso puede extenderse, es importante conocer que la ciudad cuenta con una póliza de responsabilidad civil que puede cubrir estos daños. Adicionalmente, la Personería Municipal y la Defensoría del Pueblo están disponibles para brindar asesoría jurídica en caso de que la respuesta institucional no sea satisfactoria.

Ante este panorama, la Secretaría de Gestión del Riesgo explica que la ciudad atraviesa un período influenciado por el Fenómeno de La Niña débil, lo que intensifica la humedad atmosférica y favorece las precipitaciones frecuentes. Sin embargo, más allá de las explicaciones técnicas, persiste la pregunta sobre la capacidad de respuesta institucional frente a estas situaciones.

La complejidad del problema se agudiza por diversos factores que van más allá del clima. El crecimiento urbano en zonas de ladera, la acumulación de residuos en alcantarillas y la falta de conciencia ciudadana crean un círculo vicioso que empeora cada episodio de lluvia. De hecho, la misma Secretaría de Gestión del Riesgo señala que prácticas como el manejo inadecuado de residuos terminan por colapsar los sistemas de drenaje.

En este contexto, aunque la ciudad cuenta con herramientas como el Sistema de Alertas Tempranas, Inteligentes y Comunitarias (SATIC), la realidad en las calles evidencia que se necesita mucho más que sistemas de monitoreo. La protección efectiva de los ciudadanos más vulnerables requiere acciones concretas y coordinadas.

Por esta razón, resulta urgente que la Alcaldía priorice no solo la construcción de sistemas de drenaje más eficientes, sino también la ejecución de obras de mitigación y la implementación de planes de emergencia claros. Es fundamental, además, destinar recursos específicos para proteger a las comunidades más vulnerables y apoyar a los sectores económicos que no pueden defender sus intereses por sí mismos.

En definitiva, la realidad de Cali bajo la lluvia va mucho más allá de cifras y pronósticos meteorológicos. Representa la historia de miles de ciudadanos que cada día salen a trabajar sin saber si el clima les permitirá llevar el sustento a sus hogares.

Mientras tanto, cada temporada de lluvias seguirá siendo un desafío de supervivencia para muchos caleños. La pregunta ya no es si volverá a llover, sino si finalmente estaremos preparados para cuando esto suceda.

En definitiva, la realidad de Cali bajo la lluvia va mucho más allá de cifras y pronósticos meteorológicos. Representa la historia de miles de ciudadanos que cada día salen a trabajar sin saber si el clima les permitirá llevar el sustento a sus hogares.

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