Nueva Gata en la ciudad de Cali

Nueva Gata en la ciudad de Cali: una escultura entre la publicidad y el arte

Entre celebraciones se entregó el 27 de agosto, al parque del Gato de Tejada, una nueva gata, ¿Cuál es la opinión de los ciudadanos?

Pors: Valentina Sánchez Mercado

Facultad de Humanidades y Artes

La gata «La muñeca», fue entregada al parque por la conocida Harinera del Valle, como un tributo a la comunidad en la búsqueda de unificar la tradición cultural y el arte, según relata la marca en sus redes sociales.

La nueva gata realizada por los artistas Jesús Antonio Patiño y Alejandro Valencia, busca –como se indica en su ficha técnica – “despertar el niño interior del espectador” a través de “una niña que corre feliz por un campo fértil e idílico”. Todo con el objetivo de recordarle a los lectores el valor de una niñez segura y llena de amor.

la gata es un buen medio para que las empresas aporten a la ciudad, sin embargo, no debe tomarse como un medio de mercadeo

Gracias a la llegada de esta nueva escultura, los caleños expresaron su opinión. Una de las visitantes locales, Mabel Lorena expresó “nos atrajo la mirada, vinimos porque nos dijeron que había una gata nueva, me parece bonita”. Sus palabras acogen la opinión popular de la mayoría de los visitantes.

Otra perspectiva, tal vez un poco más agresivo respecto a la nueva gata la expresan caleños como Gabriel Montejo: “pienso que la gata es un buen medio para que las empresas aporten a la ciudad, sin embargo, no debe tomarse como un medio de mercadeo sino buscando embellecer la ciudad”. 

Aunque los ciudadanos concuerdan en que la gata es bonita y ofrece una novedad al parque, no pueden evitar pensar que el mensaje de la ya nombrada no es tanto uno de evocar el niño interior sino más bien una estrategia de publicidad o ‘ marketing’ , como señala el espectador Richard Romero: “me gusta el estilo de ‘La muñeca’ pero tal vez el que una empresa privada sea la que intervenga podrá tergiversar lo que significan las gatas”.

La gata «La muñeca» parece despertar distintas opiniones dentro de los visitantes. Aunque con un mensaje significativo y una apariencia hermosa, podría tener una intención oculta que, cierta o no, seguirá enviando su particular mensaje a la comunidad por muchos años más.

…me gusta el estilo de ‘La muñeca’, pero tal vez, el que una empresa privada sea la que intervenga, podrá tergiversar lo que significan las gatas.

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Cali y Guachené: dos rostros de la participación juvenil en 2025

Cali y Guachené: dos rostros de la participación juvenil en 2025

Jóvenes caleños y guacheneceños se preparan para elegir a sus representantes en el Consejo Distrital de Juventud: evidencian dos formas distintas de hacer política y construir comunidad.

Por: Juliana Vásquez Aponza y Valeria Taticuan Tapias

Facultad de Humanidades y Artes

Los jóvenes de Cali y Guachené se preparan para las elecciones del Consejo Distrital de Juventud (CDJ), las cuales se realizarán el próximo 19 de octubre de 2025, a nivel nacional, con el propósito de fomentar la participación de jóvenes, entre los 14 y 28 años, para que a través de representantes se conozcan sus intereses y necesidades en la toma de decisiones.

El Consejo de Juventud, según la Alcaldía de Santiago de Cali, “es un mecanismo autónomo de concertación, participación, vigilancia y control de la gestión pública, que estará conformado por 17 consejeros quienes serán elegidos, a través de voto popular, por jóvenes que tengan inscrito su documento de identidad en su ciudad o municipio correspondiente”.

En Cali y en Guachené, el proceso electoral estará liderado por la Alcaldía y la Registraduría Nacional del Estado Civil. Los candidatos y sus diferentes movimientos juveniles como lo son el partido de la U, Asociación Somos Juntos, Fundación Petronio Álvarez, Partido Político Mira, entre otros, se alistan para ocupar curules y representar a diferentes sectores sociales: colectivos estudiantiles, independientes, comunidades afrodescendientes, agrupaciones LGBTIQ+, organizaciones ambientales, culturales y barriales. 

Los jóvenes no solo le apuestan a entrar en las urnas sino al reconocimiento social con actividades como la “Gala de la Juventud”...

Cristian Sinisterra, coordinador técnico del programa de juventud de la alcaldía de Santiago de Cali explica que “También contemplan la elección de curules especiales, donde los grupos históricamente minimizados y olvidados, participantes. Dentro de esto, tenemos a las curules étnicas donde están la comunidad negra, afro, raizal, palenquera, ROM e indígenas, tenemos la curul de víctimas del conflicto armado y de jóvenes campesinos, esas serían las 8 curules, pero en Cali vamos a elegir a 7 curules especiales porque no tenemos la comunidad ROM Además, las curules especiales se eligen de manera autónoma por cada comunidad ya sea por asamblea, consenso o el que mejor les parezca a ellos”.

En cuanto a espacios y estrategias se trata, Andrés Cardona, miembro del partido político MIRA, describe las actividades que se han llevado a cabo, en Cali, como: “sembratones, jornadas de limpieza, espacios inclusivos, en donde se expresan sus ideas y problemas para que sean llevados a la alcaldía y también han brindado apoyo en cuanto a empleo y educación se refiere”.

Cristian Sinisterra complementa diciendo: “ La estrategia que estamos utilizando, en Cali, es ampliar los canales de información, ampliar la difusión, usar mucho las redes sociales, usar mucho los medios tradicionales e s”.

Por otra parte, en Guachené, los jóvenes no solo le apuestan a entrar en las urnas sino al reconocimiento social con actividades como la “Gala de la Juventud”, la cual se ha convertido en un escenario de visibilización del talento local, del emprendimiento y del liderazgo comunitario. En este lugar, la política se entiende más desde la unión y el orgullo colectivo de sus habitantes.

Además, los jóvenes guacheneceños han comenzado a consolidar sus apuestas políticas a través de partidos y asociaciones locales que buscan llegar al Consejo de Juventud, entonces, ¿ qué significa para ellos pertenecer a estas organizaciones? 

“Ser candidato es poder decir aquí voy a estar para ustedes… me he dado cuenta de que he estado en diferentes espacios a nivel departamental y nacional gracias a esto, con demás líderes; lo cual me ha permitido conseguir contactos y considerar la oportunidad de demostrarle a los jóvenes de mi municipio que es muy importante irnos fortaleciendo en temas políticos desde nuestra juventud”, afirma Jerson Andrés Campo Balanta, candidato al consejo municipal con el partido Asociación de Campesinos Juveniles de Guachené (ASOCAMJI).

Se pueden encontrar mayoritariamente partidos enfocados, en valores como: el liderazgo comunitario y la participación ciudadana, los cuales buscan una representación de la juventud rural impulsando el acceso al trabajo, la defensa del territorio, la sostenibilidad, la cultura afro y la inclusión social.

En el municipio, los candidatos y colectivos juveniles también se proponen representar a los principales sectores de Guachené: la Vereda Ciénaga Honda, La Cabañita, El Llano, San José, La 25, Veredas Unidas y el Casco Urbano. Cada uno de estos territorios expresa necesidades y visiones distintas, que en conjunto muestran la diversidad del municipio y la importancia de garantizar una voz juvenil para todos. (Fuente informe ASOCAMJI Guachené)

En Cali se busca consolidar la unión del Consejo Distrital de Juventud con las plataformas de las juventudes para así construir política mucho más desde la cultura y el arte, puesto que se busca que en las próximas elecciones incremente la participación con respecto al año pasado.

No obstante, en Guachené se siguen implementando el mismo método para generar conciencia y brindar oportunidades que los benefician a ellos como sociedad y a su imagen como municipio mediante ferias de emprendimiento, espacios de compartimiento de saberes, juegos afronortecaucanos, y competencias tradicionales. 

Medio del siguiente enlace se encuentran la lista de candidatos en todo el país filtrada por departamentos y municipios: https://candidateados.com/ 

sembratones, jornadas de limpieza, espacios inclusivos, en donde se expresan sus ideas y problemas para que sean llevados a la alcaldía .

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El atentado a la Base Aérea desató el caos de la Comuna 8

El atentado a la Base Aérea desató el caos que ya existía en las calles de la comuna 8

El atentado expuso un problema más profundo: vías en ruinas e inseguridad. Mientras los vecinos reclaman soluciones, la Secretaría de Infraestructura guarda silencio.

Autores: Laura Aparicio y Julián Ospitia

Facultad de Humanidades y Artes

El pasado jueves 21 de agosto, una explosión atribuida al frente Jaime Martínez, disidencia de las FARC, sacudió la comuna 8 de Cali. Dejando preocupación e inseguridad en la comunidad del sector. Más allá del estruendo, lo que quedó al descubierto fue una herida previa: el mal estado de la malla vial, la falta de gestión estatal y la precariedad en la que cientos de ciudadanos transitan día a día.

Fue cuestión de horas para que la problemática de la comuna 8, que reclamaba desde antes la atención de la Secretaría de Infraestructura, afectara considerablemente la tranquilidad de la comunidad.

El atentado fue la portada de noticieros nacionales, pero la inseguridad que genera el abandono de las vías no aparece en las partes oficiales…

Después del atentado registrado, los conductores han tenido que buscar rutas alternas ya que la carrera octava se encuentra cerrada por los daños ocasionados y por la seguridad del sector. Estos cierres viales han abierto nuevamente la pregunta que se han hecho los habitantes de la calle 59 hasta la calle 44, especialmente entre las carreras 8ª hasta la carrera 12. ¿Cuándo piensan arreglar las calles?

Tras la explosión, conductores que frecuentan la zona han tenido que lidiar con los cierres viales que los habitantes del barrio La Base, habían hecho en forma de protesta y para evitar que los vehículos desviados por el cierre de la carrera Octava transitaran por allí, terminando de deteriorar las calles.

El argumento de los vecinos fue claro: “las vías internas son demasiado angostas, están deterioradas y no soportan el flujo constante de autobuses, carros y motos que buscaban atajos para esquivar el bloqueo principal”, expresó un habitante del sector de Villacolombia.

Marleni Gonzales, otra residente en el sector, expresó: “Si dejamos pasar el tráfico pesado, se nos acaba de dañar lo poco que queda de las calles”.

Las barricadas hechas con barriles y cemento por la comunidad buscan proteger a los peatones en un sector donde las calzadas con huecos profundos y falta de señalización presentan un alto riesgo para los transeúntes.

Lejos de ser un gesto de rebeldía, la medida fue entendida como una acción preventiva ante el riesgo de accidentes y el colapso de las cuadras.

El atentado fue la portada de noticieros nacionales, pero la inseguridad que genera el abandono de las vías no aparece en los partes oficiales. No son balas ni explosivos, sino buses y carros atascados en huecos que parecen cráteres y peatones que caminan con miedo a ser atropellados.

La crisis vial no distingue horarios: en horas pico el peligro se extiende para los peatones, ya que, entre el tráfico y el caos, se convierte en una odisea cruzar las calles debido a la congestión vehicular y al medio día quienes corren riesgo son los estudiantes de la I.E Juan De Ampudia, ubicado sobre la carrera 12 con calle 57, debido a la alta velocidad con la que transitan los vehículos particulares y los buses intermunicipales en la zona escolar.

Calles en ruinas: el riesgo silencioso que enfrentan los ciudadanos

Angie Escobar, conductora frecuente de la zona, asegura que la situación se agravó con el cierre de la carrera octava: “Es complejo porque en el momento que abran la vía la gente ya pasa con miedo por la inseguridad. Y ahora que está cerrada, las vías alternas están en mal estado y algunas están tapadas, sumándole a eso el mal parqueo de los carros”.

A esta preocupación se suma la voz de Jorge Aparicio, pasajero habitual de autobús, quien diariamente enfrenta el colapso vial en sus recorridos al trabajo: “En los autobuses uno siente todo el impacto de los huecos. A veces parece que las llantas se van a quedar enterradas y el chofer tiene que maniobrar para no dañar el vehículo. Además, los trayectos se duplican: un recorrido de 20 minutos ahora puede tardar más de una hora. Uno cansado llega y estresado sin ni siquiera comenzó la jornada”.

Los testimonios coinciden en que la inseguridad no solo está asociada al temor de un nuevo ataque armado, sino también a la vulnerabilidad de atravesar un barrio colapsado, donde el abandono de la infraestructura convierte la movilidad en un riesgo diario. La violencia se manifiesta de otra forma: no con explosiones, sino con el silencio de las instituciones que no atienden el clamor ciudadano.

Los tiempos de traslado se duplicaron. Lo que antes era un trayecto de 20 minutos ahora toma una hora o más. Los autobuses viajan repletos, los trabajadores llegan tarde, aunque madruguen, y los estudiantes pierden clases por no poder desplazarse. El costo se mide no solo en dinero, sino en energía, paciencia y dignidad.

Un accidente ocurrido semanas atrás en subió las alarmas: un autobús intermunicipal, desorientado por los desvíos, estuvo a punto de colisionar contra un poste eléctrico. No hubo víctimas, pero la sensación de fragilidad se extendió entre los vecinos.

Mientras los habitantes denuncian riesgos y la movilidad se deteriora, la Secretaría de Infraestructura brilla por su ausencia. Intentamos comunicarnos en varias ocasiones con la entidad para conocer si existe un plan de reparación y reapertura, pero no se obtuvo respuesta.

El contraste es evidente: la violencia armada produce comunicados inmediatos, mientras que la violencia lenta del abandono se esconde tras trámites, traslados de solicitudes y puertas cerradas.

El atentado del 21 de agosto no creó la crisis, simplemente la iluminó como un relámpago nocturno: breve, brutal, revelador. Para las autoridades, se trata de una medida “temporal de seguridad”. Para los vecinos de la comuna 8, es la gota que rebosó un vaso lleno de huecos, trancones y promesas incumplidas.

Hoy, en medio de motores atrapados, motos sobre los andenes, peatones en riesgo y calles que parecen campos de batalla, la comunidad insiste en una pregunta sencilla, que suena cada vez más urgente: ¿Cuándo piensan arreglar las calles? 

La violencia se manifiesta de otra forma: no con explosiones, sino con el silencio de las instituciones que no atienden el clamor ciudadano .

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Colombia: crónica de un luto eterno

Colombia: Crónica de

un luto eterno

“El mayor peligro es la indiferencia.”

Franklin D. Roosevelt

Por: Juan José Grisales Osorio

Estudiante de Trabajo Social

Masacre. ​Una palabra que debería estremecernos… y, sin embargo, ya no lo hace. La escuchamos cada día, la leemos en titulares, la repetimos en redes… y no sentimos nada. En Colombia, el horror dejó de ser un acontecimiento para convertirse en paisaje. Nos hemos convertido en espectadores de nuestra propia tragedia, especialistas en mirar hacia otro lado, en desayunar con la muerte y continuar con la vida como si nada ocurriera. Ese, me temo, es nuestro pecado más grande: la indiferencia. Vivimos anestesiados, insensibilizados, cómodos en el letargo.

Las cifras son tan frías como demoledoras. Según la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, en 2024, 252 personas fueron asesinadas en 72 masacres; 89 defensores de derechos humanos cayeron en el mismo período. Cada número es una vida que no volverá. Cada dato es un grito que se apaga en silencio. Y, aún así, el país gira. Los nombres cambian: disidencias, clanes, autodefensas, carteles. Las siglas se transforman, los uniformes varían, pero el resultado permanece: gente inocente muere… y nadie responde.

No puedo imaginar un hecho que refleje mejor esta tragedia que lo ocurrido el pasado 21 de agosto de 2025. Ese día, Cali fue testigo de un nuevo capítulo de horror. Un camión bomba se estalló cerca de la Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suárez, dejando al menos siete muertos y más de setenta heridos. Los vidrios rotos cubrieron las calles, las fachadas ardieron, las familias corrieron buscando sobrevivir… y, sin embargo, horas después, Colombia volvió a su rutina. Las redes sociales hicieron su trabajo: indignación instantánea, minutos de tendencia, promesas de “nunca más”. Y al amanecer, la conversación era otra. Porque, en este país, hasta el horror tiene fecha de caducidad.

Con esta masacre, ya sumamos 50 en lo que va del año. Y me temo que no puedo jurar que será la última. Mientras tanto, el Estado parece atrapado en su propio laberinto burocrático. Se firman acuerdos, se anuncian negociaciones, se celebran pactos con grandes titulares. Pero en las zonas rurales, municipios y ciudades donde ocurre la mayoría de estas masacres, la presencia real del Estado es un mito. Allí manda quien tiene más armas, más dinero y menos escrúpulos. La ley no es la Constitución… es la pólvora.

Pero también debemos mirarnos a nosotros mismos. Somos un país que consume violencia como entretenimiento: la vemos en noticieros, series, memes y redes sociales. Nos indignamos en Twitter, pero no exigimos soluciones reales. Nos hemos acostumbrado tanto a la muerte que dejamos de preguntarnos quiénes eran esas personas, qué sueños tenían, por qué su vida terminó así. Y, al hacerlo, permitimos que el ciclo se repita.

Colombia necesita asumir una verdad incómoda: las masacres no son hechos aislados; son el síntoma de un problema estructural. Desigualdad, abandono estatal, corrupción, narcotráfico, ausencia de justicia. Mientras sigamos viendo la violencia como un paisaje inevitable, seguirá repitiéndose, una y otra vez, hasta que el país entero se convierta en su propia fosa común.

La indiferencia también mata. Si seguimos callando, las masacres seguirán escribiendo nuestra historia con sangre. Es hora de exigirle al Estado que cumpla, pero también de romper la comodidad de nuestro silencio. Porque un país que normaliza el horror está condenado a repetirlo… y, al ritmo que vamos, lo repetiremos hasta desaparecer.

Porque Colombia es un país que vive en luto.

La indiferencia también mata. Si seguimos callando, las masacres seguirán escribiendo nuestra historia con sangre”.

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