Del racismo y otros demonios

Del racismo y otros demonios

Autor: Jamir Mina Quiñónez

Facultad de Humanidades y Artes

Luego de superar la etapa de exterminio, los españoles que colonizaban a sangre y fuego Latinoamérica, empezaron a girar desde lo más recóndito de África, embarcaciones repletas de negros obligados a servir y comportarse como unos animales. Así pues, en este territorio se fueron desplegando cúpulas de hombres y mujeres traídos desde el continente ‘primitivo’ para soportar la embestida del proceso de desarrollo establecido por los europeos.

Los negros en Colombia han sufrido –sin ser perceptible– la peor forma de discriminación posible: el olvido. Desde ahí se desencadenan los factores racistas que pululan en la sociedad colombiana.

Tiempo después cuando ya las ideas europeas, religiosas y sociales, dominaban el sur del continente, fueron los negros los primeros en liberarse del yugo de la esclavitud. En Colombia, ejércitos de liberados al mando de Benkos Biohó, el primer independista que parió esta Nación, fundaron al lado de Cartagena una república africana libre: El Palenque.

Su lucha fue más allá; solo con sus ideales y espíritu guerrero, doblegó un Estado capaz de las peores atrocidades. El libro la Etnoeducación Afrocolombiana, de Juan de Dios Mosquera, expresa en sus páginas: “Jamás pudieron doblegarlo ni vencerlo, ni aun cuando lo capturaron y descuartizaron el 16 de marzo de 1630 en las puertas de Cartagena. Sus poderes mágicos hacían indestructible su espíritu, permaneciendo en todas partes irradiando la conciencia de rebelión que diariamente se gestaba en los barracones de las haciendas, en las minas y plantaciones, en los barcos y dentro de las casas grandes de los terratenientes y gobernantes esclavistas”.

Años más tarde, en el Cauca, también fueron los negros los primeros en demarcar la ruta de la libertad, cuando por medio de bailes típicos se escapaban hacia la cima de la Cordillera Central; de allí radica el término ‘Cimarrones’, las danzas culturales, aún se profesan en esa región al norte de Santander de Quilichao.

Aquel diminuto marco histórico expuesto en estos primeros párrafos, sin duda arroja interrogantes que pueden ser comprendidos dentro de la primera e invisible forma de racismo: el reconocimiento histórico. Para nadie es un secreto que las hazañas de personajes negros son obviadas hasta el punto de que con los años solo divagaban por la conciencia de unos pocos y no en la colectiva.

La figura de Simón Bolívar, como el gran libertador, ha eclipsado la de negros que lucharon a su lado y ayudaron a liberar regiones como el Caribe, Pacífico y norte del Cauca; el racismo no es solo cosa de menciones y tratos, también son asuntos históricos, intelectuales y de reconocimiento.

Los negros en Colombia han sufrido –sin ser perceptible– la peor forma de discriminación posible: el olvido. Desde ahí se desencadenan los factores racistas que pululan en la sociedad colombiana. Si en un primer momento la edificación del Estado colombiano, como se conoce en la actualidad, hubiera estado ligada al reconocimiento de los movimientos que ayudaron a su estructuración, muy probablemente todo sería diferente.

El primer acto de racismo es el que desencadenó los demonios posteriores de la discriminación, humillación y hasta pobreza. Según Alexander Valencia, coordinador del Colectivo de Estudios Afrocolombianos (Ceafro), “las historias de los negros no trascendieron, porque la gran mayoría no sabían leer ni escribir; por eso, los que contaron la historia siempre fueron mestizos, lo que nos llevó a un plano relegado y sin protagonismo”.

El olvido histórico le quitó a esta población minoritaria el placer de degustar de sus héroes que pelearon ‘codo a codo’ por la libertad de este pueblo, los dejó sin referentes y por lo tanto sin sustento para debatir la importancia de su existencia en este territorio que es tan suyo como de los demás habitantes.

Los condenó a la esclavización intelectual, porque la mayoría poblacional así lo considera, es tan ilustrable la situación, que para el resto de colombianos los negros son “brutos”, “pobres” o en su defecto “graciosos” por la forma como exteriorizan su cultura.

Para explicar el tema, hay que ahondar en la importancia de los referentes históricos y cómo estos repercuten en generaciones futuras y su diario vivir. Cuando un pueblo carece de figuras ascendentes –triste realidad-, su peso en la sociedad colectiva disminuye sustancialmente.

Cuando los pueblos romanos o griegos luchaban por su pueblo, hacían énfasis en el conocimiento de sus hazañas para crear memorias colectivas que reforzaran las ideas de las generaciones futuras y sintieran orgullo de su condición y cultura.

Con cierta cantidad de negros en Colombia ocurre un factor inverso, al invisibilizar históricamente la contribución de esta comunidad a la independencia de la Nación, quedaron sin un sustento histórico del cual pudieran sentirse orgullosos, defender su condición y cultura. Por el contrario, sus bases de reconocimiento y defensa de su pueblo es nula, pues sienten pena del color de su piel y todo lo que eso conlleva. 

Los demonios desencadenantes de ese primer acto de racismo deambulan en la sociedad colombiana: la burla a una condición étnica y cultural, la pobreza y hambre en sectores con mayoría de pobladores negros, y la más importante, la estigmatización.

Las comunidades negras necesitan que la figuración de sus héroes sea visible para todo el mundo, de esta manera el primer acto de racismo que se suscitó desde la independencia misma terminará y con ella los demonios que aquejan a esta población.

 …“las historias de los negros no trascendieron, porque la gran mayoría no sabían leer ni escribir; por eso, los que contaron la historia siempre fueron mestizos, lo que nos llevó a un plano relegado y sin protagonismo”.

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“Nunca pedí que me alisaran”

“Nunca pedí que me alisaran”

Autor: Yessica Diuza.

Facultad de Humanidades y Artes

Cabello afro, un mundo por descubrir.
Javier Camilo Suárez Paz (23 años) es oriundo de Buenaventura. Es estudiante del programa de Comunicación social de la USC y vive hace más
de 13 años en Cali. Recientemente, participó en el XX encuentro de investigación formativa Soy Semilla 2023, en donde presento, con un póster,
su propuesta, enfocada en los estudiantes afro.

Para el cabello alisado se recomienda aceite de coco porque ayuda a recuperar la grasa natural y evita que salgan costras o caspa. También, usar crema de chontaduro para fortalecerlo.

Era la canción que le cantaban a Mariela en el colegio. Cuando cumplió 15 años se alisó y prometió que lo mismo haría con sus hijas. Las  mujeres cimarronas esclavizadas trenzaban con astucia en su cabello las rutas de escape, que memorizaban, para escabullirse de sus captores. En turbantes escondían semillas y frutas para sobrevivir en la selva.

Entonces, el cabello afro era símbolo de libertad; ahora es motivo de vergüenza, por lo que muchas mujeres negras deciden alisarse. A Samira Garcés la alisaron desde pequeña con una crema americana para niñas. “Venía con un CD,  mi mamá decía que tenía el cabello muy duro y que no se podía manejar. Ponía la canción en inglés, yo la cantaba mientras me la aplicaba. Para nosotras, el cuento del alisado es tradición de familia, para evitar burlas”, afirma. Pero ella decidió dejar de alisarse y hace cinco años lleva su cabello al natural.

A Ketty Perea la alisaron cuando tenía 11 años.

Ella se alisaba cada mes hasta que se cayó totalmente. “En ese momento decidí dejar de usar químicos, me hice trenzas corridas para que creciera y empecé a llevar mi cabello afro. Han pasado seis años, me siento libre y fue un cambio positivo”, comenta.

En regiones como Chocó, Buenaventura y Cali, existe la tradición de alisar a las niñas al cumplir 15 años, porque el cabello liso pasa a ser un símbolo de belleza y madurez.  

La historia del alisado data del siglo pasado. En 1913, un sastre afroamericano, arreglando una de sus máquinas de coser dejó caer un producto que contenía lejía y vio cómo una prenda se estiraba; lo probó en su cabello y luego lo comercializó.

Para el cabello alisado se recomienda aceite de coco porque ayuda a recuperar la grasa natural y evita que salgan costras o caspa. También, usar crema de chontaduro para fortalecerlo.

El negocio de productos capilares mueve grandes sumas de dinero a nivel mundial. En Colombia se venden libremente, hay muy poca regulación y no se prevén los daños que pueden causar a la salud.

Diego Valencia Lucumí, cirujano plástico, realizó una investigación en la que descubrió los efectos que causan los químicos al ser aplicados directamente en el cuero cabelludo.

“Los que sirven para alisar tienen un PH alcalino y contienen soda caústica, formol y ácido sulfúrico. A algunas marcas les agregan otras sustancias como fórmula secreta para marcar la diferencia; lo que muy poca gente sabe es que esos productos se pueden absorber, llegan a la sangre y dañan las hormonas femeninas que son las más sensibles. Aparte, causan irritación, quemaduras, pérdida de sensibilidad y alopecia en el cuero cabelludo”, afirma Diego.

Jessica Bravo creó la línea de productos naturales Afronía: “La idea nació de una experiencia personal. Yo antes tenía el cabello alisado y una vez me quemaron el cuero cabelludo, en ese momento me  surgieron tantas preguntas, como cuál era la razón que me llevaba a hacerlo, si nunca me había gustado. Así empecé a buscar información”.

“A medida que el pelo iba creciendo me di cuenta que aquí en Colombia no había productos naturales para nuestro tipo de cabello, afro, fue entonces que empecé a vender la mascarilla capilar de manteca y el aceite de coco. A medida que iba teniendo más experiencia con las clientas desarrollé toda la línea completa”, explica.

Por su parte, para Samira, “el problema es que se crece creyendo que el cabello de uno es feo, malo y que es lo peor que se puede tener en el cuerpo. La alisadora es como la solución para mejorar. Eso tiene que ver mucho con lo que viene de atrás y no es culpa de mi mamá, porque a ella su mamá se lo enseño así y son tradiciones con las cuales hay que romper”.

Llevar el cabello alisado, afro, o con trenzas debe ser una decisión propia y no algo impuesto. Lo importante es aceptarse y no sentir vergüenza por lo que se es. El reto es concientizar a las comunidades negras para que se acepten tal cual  son y a las madres para que no pongan en riesgo la salud de sus hijas a temprana edad.

Llevar el cabello alisado, afro, o con trenzas debe ser una decisión propia y no algo impuesto. Lo importante es aceptarse y no sentir vergüenza por lo que se es. El reto es concientizar a las comunidades negras para que se acepten tal cual  son y a las madres para que no pongan en riesgo la salud de sus hijas a temprana edad.

Cuidados del cabello afro: Usar shampoo cada 15 días, desenredarlo en húmedo, trenzarlo, hacer los famosos bollitos (twist)

  • DATO
  • En regiones como el Chocó, Buenaventura y Cali, existe la tradición de alisar a las niñas al cumplir 15 años.

    En regiones como Chocó, Buenaventura y Cali, existe la tradición de alisar a las niñas al cumplir 15 años, porque el cabello liso pasa a ser un símbolo de belleza y madurez.

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    ¿Negros tenían que ser?

    Para nadie es un secreto la discriminación y el menosprecio al que históricamente han sido sometidos los afro descendientes en Colombia, debido a la esclavización de sus antepasados. Hemos llegado al punto en que es cotidiano el racismo de otras etnias hacia los negros, pero, ¿es admisible que un negro atente contra personas de su misma etnia?


    DANIELA LARRAHONDO

    Los negros, término que utilizaré sin pretensiones despectivas, fueron traídos de África a América a la fuerza por los europeos en calidad de esclavos a lo largo del siglo XVII. Antes de ser cazados como fieras salvajes tenían una civilización propia, con costumbres, tradiciones y una forma de trabajo, del mismo modo que contaban con una literatura propia, aunque la falta de dos componentes básicos en toda cultura (la arquitectura y la escritura, las comunidades debían transmitir por vía oral sus experiencias y saberes, como único recurso para prolongar las tradiciones.

    El etnógrafo Levi Strauss afirma que la escritura está siempre ligada a los mecanismos de poder y contribuye a despertar el sentimiento de explotación de unos hombres sobre otros. Los negros traídos de distintas tribus africanas provenientes del Congo, Ghana, Mali y Songhai, entre otros, quienes tenían distintos lenguajes según la tribu, fueron mezclados en los palenques a fin de que no pudieran comunicarse entre ellos, les fue prohibido hablar en otras lenguas que no fueran el castellano, y además, les fue fomentada una especie de competencia de unos hacia a otros.

    Así fue hasta que el 21 de mayo de 1851, después de una ardua lucha, fue firmada la ley de abolición de la esclavitud. Sin embargo, a la identidad cultural de las comunidades afrocolombianas (con gran influencia de los dioses que trajeron del continente africano) le fue impuesta por los españoles una hibridación entre las religiones católica y cristiana.

    Como vemos, nadie puede negar el duro proceso al que se ha enfrentado esta etnia para sobrevivir como minoría. Es por ello que no entiendo cómo un negro puede decir de otro hombre igual a él: “eso le queda mal porque es negro”, “negro tiene mucho vicio”, “yo con negro no me meto”, y la que nunca falta “negro tenía que ser”. Y así, muchas más expresiones que a diario escuchamos en diversos escenarios de la ciudad. Es como esa necesidad de desprestigiar al prójimo, a veces pareciera, lamentablemente, que un negro no puede ver progresar a otro.

    Por ejemplo, en la política, ¿Cuántos gobernantes negros ha tenido Colombia? Aunque pensándolo bien, la pregunta sería, ¿si un negro aspira a algún puesto político de votación, ¿las comunidades negras votarían por él? Seguramente, una parte de ellas sí, pero otras no por el simple hecho de considerar de que si el otro es igual a él, no tiene porque “creerse más”.

    Ahora bien, el fenómeno de la discriminación hacia la cultura afro ha ido disminuyendo; o quién no disfruta las canciones de aquellas orquestas donde no puede faltar un negro, quien no ha saboreado las delicias de un buen plato preparado por una negra, quién no ha celebrado con orgullo el gol de una eminencia negra o el triunfo en cualquiera de los múltiples deportes en los que tan bien nos representan, quién no disfruta al ver bailar los negros hasta llegar al punto de querer imitarlos, quién no desea las características genéticas que solo tienen los negros, que los apartan de ciertas enfermedades y los hacen más fuertes; es más, cada vez es más común que los “blancos” se fijen en las negras y las “blancas” en los negros, por la fama de ciertas características y virtudes corporales.

    Lo cierto es que, tal vez sin darse cuenta, las otras etnias se han incluido en la negra. Por eso, lo curioso es cómo se hace cada vez más fuerte esa “tiradera” (matoneo) entre los negros. Y aunque hago claridad en que no son todos ni todas, a algunas lee duele decir: “esa negra tan bonita” para referirse a otra, y vemos como esa frase es reemplazada por “esta bonita, pero…”

    Es más, he conocido indígenas y mestizos con mayor capacidad de relacionarse y referirse a los afro, incluso hasta el punto de admirarlos, principalmente por su cultural y sus condiciones corporales; la popular frase “quien no come negro no va al cielo” es reflejo de ello.

    Se habla de que las negritudes tienen una historia escrita con sangre y dolor, de la gran herencia de sus ancestros y de su gran patrimonio cultural, pero tristemente parece que a muchos de ellos se les olvida que ante todo, son una misma etnia, son el producto de quienes lucharon contra todo para sobrevivir como pueblo, que llevan el ritmo en los genes con una cadencia que esculpida como el carbón hecho piel.

    Entonces, si son el resultado de la misma lucha, por qué no unirse, respetarse y defenderse, es hora de recapacitar, de concientizarse de las grandes habilidades y capacidades que poseen los negros en todos los campos y, a la vez, comprender la necesidad ir tras un mismo ideal, el progreso.

    ¿Qué tan Negro eres?

    La cultura negra es sin duda una de las más alegres, coloridas y vivaces de toda nuestra idiosincrasia, una fiel estampa de toda esa memoria ancestral que el pueblo negro se trajo de África. Es una muestra de que un pasado lleno de injusticia y esclavitud, es cosa de muchos años atrás.

    Por eso hay quienes pretenden alcanzar figuras anatómicas de las características afro, sentir una inexplicable sabrosura al escuchar una tambora y querer emprender un frenético baile, preferir colores vivos y brillantes a los claros, sentirse identificado con letras de cantaoras del pasado y del presente y amar locamente los platos autóctonos del Pacífico.


    La docente María Nangli Arboleda termina de organizar los turbantes de sus alumnas, antes de la presentación de Petronito 2016 #PetronioDigital

    Pues nuestro país es fruto de siglos de mezclas raciales, lo cual hace que muchos, sin tener tanta melanina es su piel, se sientan como si así lo fuera. En otros casos es al contrario, pues el entorno en el que se crece es un punto determinante del que será un comportamiento futuro. Con esto pretendo aclarar que no es regla ser Negro para sentirse negro o al contrario, ser Negro no lo hace negro.

    Así que si usted tiene uno de las anteriores particularidades presentes en su personalidad, o si con todas se sintió completamente descrito, usted hace parte de un grupo que aunque es denominado como “minoría”, son mayoría. Y puede llegar sin ningún problema a escuchar un Petronio Álvarez, disfrutar de un plato de camarones al ajillo acompañado de jugo de borojó, enloquecer por unas trenzas con chaquiras en el cabello, o hasta añorar un gran derrière.

     Leer #PetronioDigital: Petronito, la venta para dar a conocer mi municipio.

       Sara Inés hoyos Riascos