El Petronio en imágenes

Por: Luna Palma y Nathalia Aguilar

Facultad de Humanidades y Artes

Delicias del Pacífico:   En medio del ritmo del Petronio y el aroma a caña recién molida, Delicias del Pacífico El Mocho se alza como un recordatorio del sabor y la resiliencia del Pacífico colombiano. Ella prepara con dedicación un guarapo que sabe a tradición y a casa, y con cada movimiento, mantiene viva una tradición. El propietario —conocido como “El Mocho”— comparte generosamente su historia y su caña con quienes se acercan, haciendo una sola petición: que inviten a todos a pasar por el puesto 5, justo en la entrada principal y probar un guarapo que revive el espíritu del Pacífico en cada sorbo.

Hombres peinadores:  Un hombre de Imperio Peluquería se concentra en maquillar cuidadosamente a una asistente del festival. Conocidos como Hombres Peinadores, ellos reivindican con orgullo su oficio y lo comparten con quienes se acercan a su stand. En el espacio llamado Hombres Peinadores, no solo embellecen rostros y cabelleras, también celebran la identidad del Pacífico a través del arte del peinado y la estética.

29 años celebrando la fuerza, la alegría y la cultura del Pacífico colombiano.  Pero el Pacífico no es solo Petronio.
Es música, sabor y resistencia todos los días del año. 🌊💙

Pargo rojo: Uno de los sabores más esperados por los asistentes: el pargo rojo de Dalila Prado. Dorado con paciencia y condimentado con tradición, este plato —uno de los favoritos de la cocinera tanto para preparar como para disfrutar— representa el gusto profundo del Pacífico por el mar y sus frutos.

Entre olas y gente:  Entre la marea de colores del mural y el vaivén de la gente que recorre el Petronio, la vida cotidiana se confunde con la celebración, como si las ballenas pintadas también formaran parte de la fiesta.

Memorias colgadas entre ramas:  Entre troncos, hojas y plátano, se asoman recuerdos ajenos, imágenes que cuelgan como si el Petronio también fuera un bosque de historias compartidas.

El río ondea la madera:  Las imágenes se mecen como velas improvisadas, entre el río impreso y la madera teñida, el Petronio deja que la memoria navegue con el viento.

La senda iluminada: Bajo el techo de árboles y luces cálidas, la senda del Petronio se convierte en un corredor de encuentro. Pasos que se entrelazan, miradas que se cruzan y una luz que guía hacia el corazón de la fiesta.

Las palabras como refugio: En medio del bullicio del festival, un verso de Mi Buenaventura se convierte en refugio: palabras que resuenan como un eco íntimo, recordándonos que el Petronio también es un lugar para volver a casa.

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