Negligencia médica: Odisea de una madre con preeclampsia

Negligencia médica: Odisea de una madre con preeclampsia 

Autoras: Keyla Ramos y Natalia Sánchez.

Facultad de Humanidades y Artes

Esta enfermedad es una de las principales causas de muerte materna y neonatal 

Fue un embarazo deseado, de una hermosa princesa, que la familia anhelaba con gran ilusión. A pesar de las dificultades que tenía la pareja para concebir, lo habían logrado. Fue un milagro que permitió a la pareja experimentar la etapa más feliz de su vida. 

“Para todas aquellas mujeres que estén en embarazo, ante cualquier síntoma o anomalía que tengan, recurran a un centro médico. Si no las quieren atender, luchen por sus derechos, tienen prioridad en cualquier espacio público o privado, para que no les ocurra lo mismo. Demanden y luchen, su vida vale y la de sus bebés también”, finaliza Mary. 

Controles, citas y ecografías fueron la rutina durante 38 semanas de embarazo, que preparaban a los futuros padres para tan importante acontecimiento. La médica Jessica Fory, de la EPS SOS en Puerto Tejada, Cauca, fue quien acompañó a la madre durante todo su proceso.  El correcto avance del embarazo alegró a la madre, la enfermera Mary Zolandy González, “la doctora me decía que todo estaba bien, no había gran preocupación a pesar de que yo sentía irregularidades en la presión arterial”, relató Mary.  

Por tratarse del último control, a un mes del nacimiento de la bebé, Mary Zolandy y su esposo, Jhon Viáfara, viajaron a Cali para monitorear los últimos detalles, antes de finalmente tener a su niña en brazos. La gestante fue atendida en la clínica Versalles. “Yo ingresé sola porque no dejaban pasar a mi acompañante, entonces mi esposo esperó afuera”, contó Mary.  

Fue cuando se descubrieron posibles complicaciones que representaban un peligro para el embarazo y empezó el momento oscuro que podría desembocar en una tragedia. En la espera de realizarse varios exámenes, pidió el acceso de su esposo, para ser acompañada a urgencias y recibir los esperados resultados. Así, pasaron tres días y la ansiada respuesta aún no llegaba.  

En esos días Mary manifestó su inconformidad con la atención recibida en la clínica, al estar días enteros sentada, en un sillón, junto a otras madres gestantes, en la agónica espera, siendo testigo de un desolador escenario donde, de forma inhumana, en cualquier rincón de la clínica nacieron bebés, y algunos otros no corrieron con la misma suerte, porque, según ella, murieron.  

Su hermana, Keren González, llegó a la clínica para relevar al futuro padre. Horas después, pasada la medianoche, recibieron los exámenes, que dictaminaron preeclampsia.  

La médica de turno le indicó que su parto iba a ser inducido en ese mismo momento; frente a esto, Mary manifestó que la mejor opción sería practicarse una cesárea que someterse al riesgo que podría correr en un parto natural, dada su vulnerable condición y sus conocimientos de enfermera.  

— No, usted está programada para un parto normal — dijo la doctora.  

“Ingresé a la sala de parto y debía prepararme para empezar con el proceso de tener a mi hija. La doctora me dio la orden de pujar con cada contracción y eso hice. Luego de tres pujos, la doctora salió y solo quedamos mi hermana y yo ahí. Ella regresó al momento, y asomándose por la cortina nos dijo que todo iba bien, al escucharse los latidos del corazón de mi niña”, explicó Mary. Pero un instante después, sintió la incertidumbre de que algo malo había pasado. Los latidos se silenciaron y el personal médico comenzó a rodearla, lo que para ella fue una señal alarmante de que algo no andaba bien.  

“Vi la mirada llorosa de un doctor; sin necesidad de mediar palabra, lo entendí todo. Mi mente quedó en blanco, todo se nubló”, agrega.  

Keren se halló en un momento de desesperación, gritando a los médicos que la responsabilidad de la muerte de su sobrinita era de ellos. El sabor amargo se intensificó y la desconsolación inundó sus vidas. Las lágrimas inundaron sus mentes y corazones, y revivieron el doloroso recuerdo de la muerte de su madre, que un año atrás les había traído ese sentimiento de perdida. Nada se sentía bien, su mundo se había derrumbado, la felicidad se esfumó por completo en cuestión de un instante.  

“Presentar cifras de presión arterial alta o preeclampsia, durante el embarazo, es una de las principales causas de muerte prenatal”, indicó Sara Teresa Panameño, médica general. Debido a sus implicaciones y alto riesgo de muerte, tanto de la madre como del bebé, es fundamental tener las precauciones necesarias para prevenir cualquier desafortunado desenlace.  

Después del trágico acontecimiento, decidieron finalmente practicarle a Mary una cesárea para extraer el cuerpo sin vida de la bebé. Fue entonces, cuando lo que pudo haber evitado el fallecimiento de Emely llegó después de que la vida se había desvanecido de su pequeño cuerpo.  

No todo salió mal en esa clínica 

Nathalia Urbano tuvo a su bebé el 4 de febrero del 2023, en la misma semana y en la misma clínica donde Mary perdió a la suya. Ella también tuvo complicaciones en su embarazo, a causa de “problemas en el corazón que debía manejar con precaución para no sufrir ningún riesgo en mi embarazo, además de que el peso de mi Sahiara, no era el óptimo para ese tiempo”, según relató Urbano. Para su fortuna, la bebé nació saludable y sin ningún diagnóstico médico preocupante. 

Las secuelas de la pérdida 

Frente a esta situación y en medio del dolor, la familia que sufrió la difícil pérdida decidió asesorarse legalmente, ya que, para ellos, fue un caso de negligencia médica. Sin embargo, los abogados consultados les dijeron que pasar por una demanda parecía algo imposible, por lo que decidieron desistir del caso.  

La abogada Johanna Mosquera explica que, para evitar llegar a estas instancias no deseadas, es útil tomar acciones preventivas que favorezcan el proceso como “que la persona en embarazo siempre tenga un acompañante que le permita sortear cualquier dificultad que se presente y esté en una constante comunicación con el médico tratante”. También, “como paciente, tiene derechos y obligaciones y las instituciones prestadoras del servicio de salud son responsables de darlos a conocer a los pacientes para que así, puedan reclamarlos, cada vez que sientan que están siendo vulnerados. Sus derechos les permiten tener acceso a acciones constitucionales como el derecho de petición y la acción de tutela, en caso tal de no estar recibiendo el servicio adecuado”, agregó.  

La fortuna de que una familia crezca y reciba su anhelado hijo puede destrozarse, a pesar de todo, por la desafortunada falta de responsabilidad y ética profesional del personal médico encargado, que deja una herida imborrable en las vidas afectadas. Es pertinente destacar la importancia de la integridad, el compromiso y la responsabilidad en todas las áreas de la vida, especialmente en aquellas donde están en juego la salud y el bienestar de los demás.  

“Para todas aquellas mujeres que estén en embarazo, ante cualquier síntoma o anomalía que tengan, recurran a un centro médico. Si no las quieren atender, luchen por sus derechos, tienen prioridad en cualquier espacio público o privado, para que no les ocurra lo mismo. Demanden y luchen, su vida vale y la de sus bebés también”, finaliza Mary. 

La frustrada madre quedó sumida en una honda tristeza, pero afortunadamente, en la EPS de su ciudad está siendo atendida por el servicio psicológico. Ella y su esposo anhelan volver a intentarlo al cerrar el círculo del dolor y poder por fin agrandar la familia. 

Fue un embarazo deseado, de una hermosa princesa, que la familia anhelaba con gran ilusión”.

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