Desafíos del Trabajo Social: hacia un campo de investigación con identidad propia

Desafíos del Trabajo Social: hacia un campo de investigación con identidad propia

Autor:  Angie Tatiana Montealegre Pinto

Estudiante de 5º semestre de Trabajo Social
Facultad de Humanidades y Artes
Universidad Santiago de Cali (USC)
[email protected]

RESUMEN: El presente ensayo tiene como propósito impulsar un análisis epistemológico y deontológico sobre el Trabajo Social como disciplina que históricamente se ha construido a partir de los aportes de las Ciencias Sociales, olvidándose de sí misma como un campo de investigación que debe ir ganando autonomía propia. En el primer apartado se enuncian las causas de esa identidad difusa; posteriormente, se hace alusión a la escasa producción académica propia de los Trabajadores Sociales; y se concluye con los desafíos que tiene nuestra profesión, especialmente al vincular a individuos, grupos y comunidades como sujetos activos de procesos de investigación-acción participativa.

ABSTRACT: The aim of this essay is to promote an epistemological and deontological analysis of Social Work as a discipline that has historically been built from the contributions of the Social Sciences, forgetting itself as a field of research that must gain its own autonomy. In the first section, the causes of this diffuse identity are stated; subsequently, reference is made to the scarce academic production of Social Workers; and it concludes with the challenges that our profession has, especially when linking individuals, groups and communities as active subjects of participatory action research processes.

1. Introducción
La trabajadora social Rosa María Cifuentes (2018) afirma que “es importante escribir y que nos leamos, pues con ello contribuimos a visibilizar conocimientos y saberes construidos, a potenciar nuestra mirada femenina, profesional, académica, política, ética; también aportamos a consolidar nuestra autonomía profesional” (p. 13). Esto lo dice porque reconoce que la escritura es una herramienta que potencia la reflexión y la crítica sobre problemáticas, pensamientos, métodos y desafíos que enfrenta nuestra disciplina.

Y ese es justamente el foco del presente ensayo: disertar sobre la insuficiente construcción y visibilización del conocimiento que se produce en el campo del Trabajo Social, cuya producción se encuentra limitada por la influencia de otras disciplinas, y por lo que yo defino como “fanatismo” en relación con algunos enfoques y autores, lo que nos conduce a perder la oportunidad de expresarnos y compartir experiencias asociadas a saberes que quizás no se han aprovechado lo suficiente.
La escritura académica aporta no solo al aprendizaje, sino también a nuestro desarrollo profesional y personal. El campo del Trabajo Social lo necesita de forma especial, pues tiene el desafío de integrar lo teórico con lo práctico, y el compromiso de estar actualizado en relación con los fenómenos contemporáneos y los continuos cambios de la realidad social.

Por consiguiente, el reto que tiene el Trabajador Social en ejercicio es reflexionar y ser proactivo, partiendo de los conocimientos descubiertos en las comunidades y asumiendo a los sujetos que las integran como coequiperos en esa construcción de conocimiento. Me interesa hacer hincapié en ese tema y, como verán a continuación, me debo apoyar en autores que no hacen parte del Trabajo Social como disciplina, sino que le aportan desde sus respectivos campos, como la sociología, la ciencia política o la planeación social, lo cual me cuestiona como Trabajadora Social en formación y me anima a romper ese ciclo de repetición y ausencia de creación científica.

2. El Trabajo Social frente a las ciencias sociales

En primer lugar, se debe tener en cuenta que el Trabajo Social como disciplina ha crecido y se ha ido renovando a lo largo del tiempo (Bertollo, 2016); no obstante, presenta la falencia de utilizar mayoritariamente los enfoques, técnicas y métodos de investigación de otras áreas, con el propósito de comprender a mayor profundidad al individuo, el grupo y la comunidad, con sus respectivos fenómenos sociales, culturales, económicos y políticos. Es de manera especial una de las pocas profesiones que da primacía al punto de vista, la opinión y el sentir de los actores con quienes interviene.

Como lo explicaba Fals-Borda (2009) cuando comenzaba a promover el enfoque de la investigación-participativa a finales de los años setenta, considerado “revolucionario” o poco convencional en aquella época, “nuestras herramientas especiales de trabajo han sido y son mayormente los marcos de referencia y las técnicas con las que sucesivas generaciones de científicos han intentado interpretar la realidad” (p. 253). Visto en perspectiva, pareciera el mismo caso del Trabajador Social hoy, no porque sea incapaz de construir conocimiento propio, sino porque se le ha limitado o circunscrito a la idea de someterse a las formas de pensamiento y visión del mundo de autores que pertenecen a otros campos de las Ciencias Sociales.

Entendiendo que el Trabajo Social no es una ciencia, sino una disciplina que se apoya en la sociología, la ciencia política, la educación, la psicología social, la antropología social, la geografía social, la economía, la historia y el derecho para desarrollarse como campo de conocimiento (1996), no pretendo con mi ensayo cuestionar epistemológicamente los conceptos, autores y métodos de otras Ciencias Sociales, sino evaluar la posibilidad de construir conocimientos propios, que nos sirvan para desbloquear la capacidad de escribir, imaginar, estimular la exploración y la investigación y, no menos importante, fomentar la lectura entre colegas.

3. Los desafíos de un Trabajador Social que produce conocimiento

Los Trabajadores Sociales enfrentan el desafío y compromiso de mantenerse actualizados con respecto a los cambios de la realidad social, ya que esta se encuentra en constante evolución. La misma sociedad se entiende como procesos dinámicos de formación y transformación; de ahí que “nuestra responsabilidad, como pertenecientes a una comunidad de científicos, es saber interpretar esta transformación y derivar datos adecuados para entenderla con el objeto de ayudar a construir el futuro” (Fals-Borda, 2009, p. 253). Es por esta razón que no podemos quedarnos estancados en la misma línea de pensamiento, porque eso limitaría o condicionaría, tanto a estudiantes como profesionales, a generar su propio conocimiento, haciendo difícil la construcción de bases académicas sólidas que inspiren a los demás.

El Trabajo Social como disciplina enfrenta un reto singular en comparación con otras áreas de las Ciencias Sociales: tiene la obligación de integrar la teoría y la práctica; sin embargo, “tratar de vincular el conocimiento y la acción —la teoría y la práctica—, como en el castigo de Sísifo, es un esfuerzo permanente e inacabado de comprensión, revisión y superación sobre una cuesta sin fin, difícil y llena de tropiezos” (Fals-Borda, 2009, p. 56).

Realizar un ejercicio de acompañamiento o intervención profesional nos exige, por una parte, estar pendientes y actualizados en relación con cualquier hallazgo o aporte desde la teoría; pero también demanda involucrarnos en la cotidianidad de las personas, con el propósito de comprender el impacto social, político y económico que genera nuestra actuación in situ. En ese orden de ideas, como lo plantea Fals Borda (2009), toda decisión se toma con base en una visión de responsabilidad social.

Sumado a lo anterior, también nos surge cierta desconfianza en relación con el tipo de conocimiento que producimos, lo cual viene siendo objeto de análisis por parte de la epistemología de las Ciencias Sociales (Briones, 1996): la dificultad para separar la subjetividad de la objetividad, la definición de enfoques a la hora de investigar, los niveles de análisis que planteamos y las teorías en las que nos apoyamos para explicar o interpretar un fenómeno. En otras palabras, y usando el término acuñado por Thomas Kuhn, el “paradigma” en el que nos situamos para avalar y que nos legitimen académicamente el conocimiento que generamos desde nuestra disciplina (Kuhn, 1962).

En cuanto a la construcción del conocimiento, el Trabajador Social también se enfrenta a un ciclo vicioso a la hora de investigar, buscar y verificar la literatura de apoyo. Por un lado, se tiene un tiempo de obsolescencia como criterio de exclusión (si no es actual “no sirve”), lo que se puede considerar un menoscabo del pensamiento construido; y por el otro, la evaluación por pares, que hace que, buscando cierta “rigurosidad”, se termine aprobando solo lo que esos pares consideran adecuado, desde “su punto de vista”. Por eso, creo que producir desde la práctica es clave, como lo plantea Whittingham (2010), al referirse a temas como el ejercicio de la gobernanza en el mundo contemporáneo: “al revisar la literatura existente es posible concluir que, este es un espacio del conocimiento en construcción y que se requiere mucho más trabajo de investigación e incorporación de los aprendizajes derivados de la praxis” (p. 222).

Otro punto que también nos debemos cuestionar es la elección de los mismos autores de siempre, lo que nos puede llevar a un fanatismo (a veces lo definiría como autismo), dando como resultado una restricción “impuesta” desde la academia, lo que impide la reflexión desde enfoques, métodos o posturas alternativas. La acción de criticar no debe entenderse a partir de una connotación negativa, pues no estar de acuerdo con algo es totalmente válido y se convierte en una puerta que se abre para desarrollar el pensamiento crítico. En esa perspectiva, ningún escrito es perfecto ni posee la verdad absoluta; ni siquiera el mismo ensayo que estás leyendo en este momento.

4. Lo comunitario como fuente de conocimiento

Mi propuesta es construir conocimiento basado en lo social–popular, yendo directamente a las comunidades, descubriendo sus redes de relaciones, sus formas de vida, sus costumbres y su pensamiento social, no solo con el propósito de conocer, sino también de reconocer —sin excluir ni minimizar— esta fuente inagotable de saberes, necesarios tanto para la formación académico-literaria como profesional de un Trabajador Social.
Es importante resaltar que una comunidad organizada tiene más poder de lo que supone, aunque muchas veces no sea consciente de ese potencial ni de cómo utilizarlo. Siguiendo la línea de pensamiento planteada por Carlos Matus (2021), promotor del modelo de planeación estratégica situacional (PES), esto suele ocurrir porque la comunidad cree que los gobiernos, al contar con los recursos económicos y jurídicos, más los instrumentos políticos y técnicos, son los únicos encargados de resolver los problemas de la sociedad. Aún muchas personas están acostumbradas a ser catalogadas como “objetos de estudio”, obedientes para escuchar y realizar los pasos que el funcionario o investigador propone: al final, todo termina con un refrigerio, la firma del formato de asistencia y la “participación” resulta convirtiéndose en “ciudadanía de solo presencia”.
En este punto, y apelando nuevamente a Fals Borda (2009), se hace necesario cuestionar y eliminar ese pensamiento dicotómico que se ha creado entre observador y observado, asumiendo que están divididos por un muro, que les impide interactuar o comunicarse, a menos que sea necesario. De hecho, y ese es el foco de la Investigación-Acción Participativa (IAP), se busca disminuir el papel del intelectual, que monopoliza o controla la información científica, para que se convierta en un sujeto capaz de retroceder, abrirse mental y físicamente y permitirle al observado —las masas populares— tener el papel principal (Fals-Borda, 2009). Puesto que ambos se influyen de manera natural y recíproca, romper tal paradigma positivista de las ciencias naturales es vital, considerando que el observador no solo hace parte, sino también su sola presencia cambia aquel mundo donde se encuentra lo observado.
Y si de contribuir a transformar realidades se trata, el concepto de gobernanza juega un papel central. Pero, ¿qué tiene que ver el concepto de gobernanza (en ocasiones mal entendido como gobernabilidad) con el ejercicio de transformación de la investigación en las comunidades, al que se viene haciendo alusión en el presente ensayo? Es sencillo de decir, pero difícil de lograr: la gobernanza hace referencia a las relaciones de poder que involucran diferentes actores en el proceso de toma, ejecución y evaluación de las decisiones; un juego de poder que crea escenarios en los que coexisten la competencia y la cooperación (Whittingham, 2010). Es en esos escenarios donde las comunidades pueden comenzar a transformar su mentalidad de sumisión por otra de empoderamiento, a partir de la construcción colectiva de la realidad que les rodea y les afecta.
Y ahí el Trabajador Social desempeña un papel crucial, especialmente desde la planeación y la planificación social (Poggiese, 2011; Umbarila-Laiton, 2015; Bertollo, 2016), permitiendo que las comunidades sean realmente escuchadas y partícipes en la toma y ejecución de las decisiones. Por poner solo como referencia el Método Altadir de Planificación Popular, se logra “respetar la visión que la población tiene sobre los problemas locales que la afectan (…) favoreciendo un compromiso sólido” (Matus, 2021, p. 9); en otras palabras, la comunidad reconoce sus propios problemas, así como sus saberes, recursos y formas de adaptarse o afrontarlos.
El mismo Carlos Matus explica que el método no tiene aplicabilidad en el espacio macro, sino que se concentra en la base popular, lo cual debe ser motivo de reflexión para el Trabajador Social, porque eso indica que, al tener un acercamiento directo y profundo con los problemas locales o comunitarios, se puede leer y transformar la realidad desde los conocimientos o herramientas del Lebenswelt o mundo de la vida cotidiana.
Como se puede evidenciar, el Trabajador Social tiene ante sus ojos no solo retos, sino también grandes posibilidades de construcción de conocimiento, partiendo de las comunidades como sujetos, no como objetos acríticos de investigación; las comunidades como coequiperas de construcción colaborativa; las comunidades como fuentes de saberes válidos y valiosos en constante metamorfosis.

5. Conclusión
En este ensayo se han planteado los retos epistemológicos y deontológicos que tiene el Trabajo Social como disciplina que se enmarca en las Ciencias Sociales y la necesidad de contribuir al empoderamiento de las comunidades como sujetos de su propia historia. En la medida en que tomemos conciencia, podremos potenciar nuestra profesión o seremos responsables, inexorablemente, del declive de su calidad. Está en juego no solo el reconocimiento del Trabajador Social, sino también su compromiso ético con el desarrollo humano integral de los sujetos, grupos, organizaciones y comunidades en las que realiza diferentes tipos de intervención e investigación.
Si bien no se niega el valor de las Ciencias Sociales en la historia del Trabajo Social como disciplina (Guevara y Beltrán, 2018), es importante continuar avanzando en la definición propia del Trabajo Social como campo de investigación, enfocado en pensar la transformación de las realidades sociales a partir de enfoques, métodos, técnicas e instrumentos propios, que nos permitan construir marcos de referencia a partir de los cuales más investigadores puedan aportar a su crecimiento, fortalecimiento y expansión.
La construcción de ese campo deberá partir, como lo ilustra la Investigación-Acción Participativa (IAP), de la comprensión de los fenómenos contemporáneos, tal y como los piensan, sienten y comunican los individuos, los grupos y las comunidades, que se autorreconocen como sujetos de transformación de sus propias realidades. Esto nos estimulará a continuar investigando y escribiendo desde nuestro propio campo, inspirando a más investigadores a vincularse a él para enriquecerlo.
Actualmente, muchos estudiantes de Trabajo Social se adhieren a escuelas de pensamiento que provienen de la sociología, la antropología y la psicología social, por moda o por influencia de los docentes a los que escuchan, lo que hace que los discursos (las narrativas) comiencen a repetirse, muchas veces como cajas de resonancia. Y es aquí donde cobra sentido el adagio popular: ¿Para dónde va Vicente? Para donde va la gente…¿Cuál es mi propuesta? Invertir el refrán: ¿Para dónde van los Trabajadores Sociales? A construir un campo de investigación-acción con una identidad propia, abierto pero autónomo, que se convierta en referencia para los profesionales que le apuntan a la transformación social.

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Por: Sofía Gil-Quintero

Facultad de Humanidades y Artes

¡Conoce Soy Semilla 2024, un evento que promueve la divulgación científica de los diferentes semilleros de la Facultad de Humanidades y Artes!

Los estudiantes de la Facultad de Humanidades y Artes podrán exponer sus propuestas de investigación por medio de un póster, y serán calificados por un jurado el 15 de octubre de 2024. 

Soy Semilla es un evento anual de la Facultad de Humanidades y Artes donde los estudiantes pueden postularse para compartir sus proyectos de investigación. El evento acoge diferentes tipologías de investigación, así como proyectos que estén terminados, en su etapa inicial o en desarrollo.

Para participar, debes tener en cuenta la guía para la creación de pósters, herramienta de difusión utilizada en el evento. Además, para su elaboración, debes tener en cuenta el planteamiento del problema, su justificación, los objetivos, referentes teóricos, metodología y resultados -o resultados esperados-.

Si eres estudiante de la Facultad de Humanidades y Artes y perteneces a uno de sus semilleros, puedes encontrar el link de inscripción en la página web del CISOH, el Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Humanas adscrito a la Facultad. El evento se desarrollará de forma presencial en el campus de Pampalinda, ¡no te lo pierdas!

 Si deseas conocer más sobre Soy Semilla, puedes visitar la página web del CISOH (Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Humanas).

Encuentros como Soy Semilla impulsan el desarrollo académico a través de la socialización de investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales, creando y renovando los saberes y prácticas de la universidad.

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Autores: Laura Vanessa Angulo | Ana Maria Serna.

Facultad de Humanidades y Artes

Los proyectos de investigación del Grupo Gicovi de la USC  ‘Discursos machistas en el marco de la violencia intrafamiliar’, ‘Víctimas del paramilitarismo en Nariño’, ‘La violencia entre niños en el contexto de la primaria’ y ‘Víctimas de ataques perpetrados con ácido’ fueron presentados en el Encuentro Nacional e Internacional de semilleros de investigación, celebrado en Santiago de Cali.

“Estoy en el Semillero de Investigación desde segundo semestre, el proceso ha sido muy bueno porque no solo te están ayudando con tu proyecto de investigación, sino que te educan para ser una buena persona y reaccionar a las diferentes situaciones que se pueden presentar en el campo laboral, también en el ámbito académico, donde aprendes a trabajar en grupo. En la ponencia me sentí muy bien, ha sido algo que se ha ido preparando previamente, se ha investigado a fondo, el proyecto sobre los ataques con ácido lo presenté con la mayor profundidad y precisión posible”.

Los proyectos de investigación del Grupo Gicovi de la USC ‘Discursos machistas en el marco de la violencia intrafamiliar’, ‘Víctimas del paramilitarismo en Nariño’, ‘La violencia entre niños en el contexto de la primaria’ y ‘Víctimas de ataques perpetrados con ácido’ fueron presentados en el Encuentro Nacional e Internacional de semilleros de investigación, celebrado en Santiago de Cali. 

Durante el evento, que se realizó en la sede principal de la Universidad Santiago de Cali, se reunieron 18 nodos a nivel departamental, con un registro de 2.583 proyectos y participaron 800 semilleros de investigación. 

Gicovi  es un grupo de investigación en comunicación y violencia, liderado por el docente José Fernelly Domínguez de la USC. De él forma parte un semillero, que tuvo protagonismo en este escenario, en el que se presentaron resultados que han sido producto de esfuerzo, entusiasmo y pasión por la investigación; todos con la finalidad de aportarle al sueño de una sociedad mejor. 

Lorena Calapsú, joven investigadora y comunicadora social de la USC, expresa que “la experiencia ha sido muy enriquecedora; en primer lugar tuvimos la oportunidad de presentarnos en el simposio internacional, recordando la experiencia que recoge ya 15 años de formar comunicadores en el Semillero Gicovi, el viernes se presentaron cuatro de los estudiantes ante pares nacionales, fueron muy bien evaluados y calificados, eso demuestra que tenemos un nivel muy importante desde el punto de vista académico, nuestros proyectos de investigación están apuntándole a la reconstrucción de un tejido social que se ha visto afectado, por muchos años, por el fenómeno de la violencia”. 

Por otro lado, Felipe Maya, estudiante de sexto semestre de Comunicación Social e integrante de Gicovi, afirmó: “participar en el Encuentro Nacional fue muy motivante, porque esto ha sido un proceso, los trabajos han tenido que pasar por un encuentro Interno departamental, hasta tener un aval para llegar al encuentro nacional, eso significa que se están haciendo bien las cosas y es un aspecto que impulsa a continuar elaborando el trabajo, hasta finalizarlo”.

“Estoy en el Semillero de Investigación desde segundo semestre, el proceso ha sido muy bueno porque no solo te están ayudando con tu proyecto de investigación, sino que te educan para ser una buena persona y reaccionar a las diferentes situaciones que se pueden presentar en el campo laboral, también en el ámbito académico, donde aprendes a trabajar en grupo. En la ponencia me sentí muy bien, ha sido algo que se ha ido preparando previamente, se ha investigado a fondo, el proyecto sobre los ataques con ácido lo presenté con la mayor profundidad y precisión posible”, aseguró Natalia Arias, estudiante e integrante de Gicovi. 

XVIII Encuentro Nacional y XII Internacional de Semilleros de Investigación /foto cortesía profesor Edward Ordóñez  

La Secretaria de Red Colsi en Bogotá, Milena Roncancio, agregó: “los proyectos que obtienen una evaluación meritoria pueden participar en el sorteo para los encuentros internacionales, es otra oportunidad para seguir divulgando el conocimiento en otros escenarios en los cuales va a aportar desde el punto de vista cultural y formativo en términos de lo académico y lo que sigue es lograr que se terminen los proyectos de investigación, es un reto tanto para la red como para las universidades, a eso le estamos apuntando” 

Gicovi  es un  grupo de investigación en comunicación y violencia, liderado por el docente José Fernelly Domínguez de la USC.

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El teatro como representación artística de género (*)

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Autores: Juan Sebastián Vásquez| Marcela Villalba.

Facultad de Humanidades y Artes

El género es un aspecto ligado a los proyectos de transformación social, en los que el arte ha contribuido a la reflexión y al cuestionamiento de diferentes problemáticas sociales. De esta manera, se pretende luchar en contra de las diferentes formas de opresión y exclusión. En Cali, con el paso de los años, y gracias al constante y arduo trabajo del sector artístico -particularmente del teatral-, han nacido unos formatos teatrales con enfoque de género, para que sensibilicen y eduquen a los espectadores. Ese es el caso de los teatros La Máscara y Presagio.

El objetivo del trabajo con diferentes artistas de la comunidad Drag Queen, entre otros, es realizar diversas actividades y generar cuestionamientos desde las diferentes líneas artísticas, incluido el teatro, con las que se logren oportunidades para disminuir las cifras de violencia basadas en género y que despierten una mayor comunicación, apertura, relación y empatía con el otro desde la diferencia.

La Máscara, ubicada en el barrio San Antonio, se ha convertido en un espacio feminista que pone en escena obras de teatro con contenido sociopolítico; asimismo, estas representaciones teatrales dan vida a fenómenos sociales como el desplazamiento, la explotación sexual infantil, líderes sociales y la identidad afro. 

Adicionalmente, La Máscara no es sólo una sala de programación de la escena en Cali, es también un proyecto cultural que acoge a un colectivo dedicado a la creación artística, cuyo fundamento está basado en la investigación y el desarrollo de diferentes proyectos socioculturales con comunidades. 

Susana Uribe, directora del Teatro La Máscara, cuenta que, en el Teatro, “la mayoría somos mujeres, entonces, solemos hacernos preguntas constantemente sobre nosotras mismas, como artistas, mujeres, madres, compañeras, amantes, como todo, y desde ahí se van realizando las obras y las investigaciones”. 

Dentro de las actividades del Teatro La Máscara se encuentra, desde hace siete años, el Laboratorio Teatral Feminista, un espacio de diálogo, sensibilización, respeto, tolerancia y aceptación por el otro, que se mantiene abierto a quienes deseen integrarlo. Y en él, se plantean diversas temáticas feministas que permiten la discusión y reflexión sobre diferentes cuestiones. 

Además, La Máscara está comprometida con la reflexión sobre las diferentes problemáticas sociales y, con sus representaciones, desarrollan una diversidad de cuestionamientos sobre distintas formas de violencia y opresión, desigualdad de género, entre otros, actuando como medio de denuncia y resistencia. 

Pero en Cali también existen espacios que funcionan como mecanismo social para la defensa de los derechos humanos, como el Teatro del Presagio, una compañía de teatro y promotora de la cultura en el Valle del Cauca, reconocida por su trabajo escénico en el que interpreta apartes de la historia del conflicto armado y la explotación infantil, entre otros. El Presagio ha incorporado el enfoque de género a sus diferentes líneas artísticas, con diversas propuestas que desarrollan de diferentes maneras, por ejemplo, el trabajo en conjunto con el Colectivo Teatral de Mujeres de Fuego. 

El grupo está enfocado en la creación teatral escénica y el trabajo con comunidad, por medio de montajes que exponen, desde una perspectiva estructural, temas como los distintos estereotipos de belleza, el amor romántico, el control sobre el cuerpo y las diferentes opresiones sobre la mujer, como ‘La Pajarera’, una obra cuyo objetivo es representar las violencias basadas en género. 

Ariane Denault-Lauzier, directora del Colectivo Teatral de Mujeres de Fuego, comentó a Utópicos que “al poder hablar de temas tan complejos, desesperantes y violentos en el teatro desde una perspectiva poética y metafórica, no vamos a cambiar el mundo, pero sí dejaremos una semilla en las personas al generar dudas. La necesidad de que las personas se instruyan sobre este tipo de problemáticas que se viven en todos lados, siempre va a estar presente, debido a la carencia de sensibilización y trabajo con la comunidad”. 

Como otra propuesta del Teatro del Presagio nació el Encuentro de Arte Queer, evento que comenzó en Cali en 2019 y que se ha realizado durante dos años, en junio, por ser el mes del orgullo LGBTIQ+. Esta iniciativa surge como una necesidad propia de los integrantes del Teatro del Presagio de ampliar su perspectiva de género y crear encuentros temáticos a su alrededor. 

Camilo Villamarín, director del Encuentro Nacional de Arte Queer, dijo a este medio que “tuvo un alcance que nosotros ni siquiera nos imaginábamos y estamos muy contentos de propiciar ese espacio y queremos hacerlo crecer, seguimos buscando aliados desde donde estén, porque además de los eventos artísticos nos interesa mucho la reflexión”. 

El objetivo del trabajo con diferentes artistas de la comunidad Drag Queen, entre otros, es realizar diversas actividades y generar cuestionamientos desde las diferentes líneas artísticas, incluido el teatro, con las que se logren oportunidades para disminuir las cifras de violencia basadas en género y que despierten una mayor comunicación, apertura, relación y empatía con el otro desde la diferencia. 

“El teatro es un excelente mediador de procesos. El arte es un mediador de otros procesos para movilizar vibras sensibles, para comunicarse con el otro, a lo mejor no desde el discurso que siempre se escucha, sino apelando al instinto, la impresión, al sentimiento, a la sensación, a conectarnos de otra manera”, expresó Villamarín. 

Finalmente, por medio de estas actividades que buscan instruir a las personas desde lo artístico frente al tema del género, los caleños han tenido la oportunidad de conocer la realidad que se vive y la lucha que han tenido muchos para reivindicar sus derechos, convirtiendo al teatro en un espacio donde visibilizan injusticias, y se rompen paradigmas y estereotipos, para poner sobre el panorama social las luchas y así reflexionar sobre los cambios que el mundo necesita. 

 

La Máscara, ubicada en el barrio San Antonio, se ha convertido en un espacio feminista que pone en escena obras de teatro con contenido sociopolítico.

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