WATTPAD UNA RED DE ESCRITORES

“¿Qué quieres ser cuándo grande?”, me preguntó mi madre cuando aún era demasiado pequeña para tomar esa decisión tan importante en mi vida, pero ahora entiendo el porqué de su duda, siempre me ha visto con lápiz en mano y el rostro pegado a una hoja de papel, escribiendo, amando las letras, aun cuando ni siquiera comprendía muchos de sus significados.


Por: Ana Julieth Saavedra Sánchez
@anajsaavedra

Daksha Montalvo es una puertorriqueña de 15 años, amante fiel de la literatura; esa y la música son sus dos grandes hobbies, adora los thriller psicológicos por “jugar con la mente”, pues es algo más que una simple visión de guerra física, es una lucha de inteligencia y poder mental.

A los 12 años empezó a escribir fan fics, (‘ficción de fans’, escritos de ficción de una obra literaria o dramática) sobre Nick Jonas.
Es autora de uno de los últimos éxitos digitales de literatura juvenil, “Nuestras Máscaras de Porcelana”, novela que relata la historia de una prostituta y un homosexual que deciden casarse fingiendo una relación, para encajar en la sociedad. “Ese libro es mi vida, soy yo tejida entre letras”, dice la joven escritora.

La mitad de los autores de Wattpad han escrito desde un smartphone o una tableta.]

Publicó su historia en Wattpad, una red social de escritura y narración donde los usuarios pueden publicar gratuitamente relatos sobre cualquier tema. En esta plataforma se encuentran obras de autores anónimos que buscan darlas a luz.

A pesar de que hay prejuicios y miedos de publicar una obra en internet -por ser una plataforma que se presta para plagio o suplantación-, en Wattpad es un poco más “seguro”. Cada obra tiene derechos reservados de autor (DRA) y la opción de “copiar – pegar” está desactivada. “Claro que existe el miedo, pero hay que tener bastante cuidado, hay que arriesgarse para lograr que tus escritos lleguen a donde deseas”, afirma Daksha.

 Wattpad cuenta también con aplicaciones para dispositivos móviles con sistema iOS y Android

Escuchar música la ayuda a concentrarse en su sitio favorito: su escritorio, donde acompañada de una taza de café, deja que sus pensamientos fluyan de la única forma en la que suelen hacerlo, liberándose al ritmo de ella; al compás de cada nota, sus dedos sueltan letra por letra sobre el teclado, desapareciendo por un momento de la realidad; “por ahí dicen que la inspiración te tiene que sorprender trabajando y cuando lo hace, es maravilloso.”

Muchas editoriales la contactaron vía e-mail, para imprimir su libro, le explicaron que el libro se aleja de lo cliché y lo escrito normalmente por una adolescente de 15 años, que es inquietante, devastador y muestra auténticamente a la sociedad de hoy, ocultándonos bajo máscaras que podrían dejarnos al descubierto. “Me sentí muy bien; tenía miedo, ya que no es un tema que ves por ahí a menudo, pero estaba tranquila y feliz de que me hubiesen tenido en cuenta y de que mi historia les hubiese agradado.”

Wattpad es una de las más antiguas redes sociales de escritores independientes.

Está terminando su segundo libro, “Clavículas”; “es una mezcla entre lo real y lo paranormal pero sin perder la seriedad de los problemas que atraviesa cada personaje”; lleva seis meses y aún está puliendo pequeños detalles.

Wattpad es considerado el YouTube de la escritura, con una comunidad de más de 10 millones de lectores mensuales

La primera vez que hablamos sentía como si fuera mayor, posee una personalidad madura y tranquila, demasiado para ser tan joven, pero así es ella, risueña, posee un espíritu añejo, un alma que viaja por el mundo de las letras, que tienen un significado aún mayor cuando arma cada frase, una por una, llevándola a formar la oración que tiene como destino el párrafo que abrirá el nuevo comienzo de un nuevo libro de su vida.
Dejen volar sus ideas, y nunca permitan que los moldes de esta sociedad los destroce, son artistas y los artistas no se moldean a nada, porque así es el arte sumamente extraño y maravilloso.
Daksha Montalvo

Escribió su primera obra cuándo aún era muy pequeña, “se llamaba «Corazón Gitano», no es lo que llamaríamos «buen material literario», pero para una principiante basta y sobra.

ENTRE MANGONES Y ASESINOS EN SERIE

ENTRE MANGONES Y ASESINOS EN SERIE

Autor: Ana María Ramos Ospina.

Facultad de Humanidades y Artes

Leyendas de una Cali Joven

Década de los sesenta. Mientras Cali bailaba al naciente ritmo de la salsa, se fraguaba una leyenda aterradora en una ciudad recién llegada al progreso y a la urbanización.

Reconstruir estos hechos es una manera de recordar para no repetir y para revivir épocas emblemáticas de una Cali que pocos conocen, la Cali joven. 

A sus 477 años, Cali ha creado un sinfín de leyendas urbanas en las que se tejen historias de fenómenos sobrenaturales, algo común en una ciudad que primero fue pueblo, evolucionó con el paso del tiempo y fue dejando muchos sitios, monumentos, personajes e hitos que conservan la tradición oral y relatos como el que les quiero contar.
Las historias de Cali tienen un sabor pueblerino y sobrenatural que puede dejar perplejos a sus visitantes, pero en realidad no hay algo más aterrador que la de un asesino en serie, que como dice la leyenda del ‘Chupa cabras’, les sacaba la sangre a sus víctimas, siempre y cuando estas fueran niños. 

“Por allá en los años sesenta empezaron a aparecer en los sitios descubiertos, en los alrededores de la ciudad, niños de diferentes edades muertos y la leyenda decía que aparecían extremadamente pálidos, y se afirmaba que les habían extraído la sangre”, cuenta Phanor Luna, periodista de la época, en un especial de mitos y leyendas realizado por un periódico local. 

La leyenda contaba que había un sádico; después se dijo que era una banda que capturaba niños, hombrecitos que no superaban los quince o dieciséis años, y les sacaban la sangre para luego dejarlos tirados en los ‘mangones’, terrenos baldíos que para la época se encontraban en medio de casas y en zonas alejadas de la parte urbanizada; los niños aparecían en matorrales lejanos en condiciones deplorables. 

“En la década de los sesenta, el ‘Monstruo de los Mangones’ o la banda de sádicos, atemorizaron a los caleños, causando la desaparición de más de 30 varones; solo se reportó el asesinato de una niña en abril de 1966”. 

‘El Monstruo de los Mangones’, como fue bautizado el supuesto sádico por un periodista de la redacción del periódico El País, fue una leyenda que marcó a toda una generación de abuelos, tíos, padres y medios de comunicación, fue un fenómeno que transgredió una simple denuncia de desaparición.
Esta leyenda se usó como un ‘cuento’ que tenía una verdad que hasta el sol de hoy no se ha descubierto, para que los niños no salieran a la calle y menos en las noches. 

LAS DIVERSAS CARAS DE LA HISTORIA
Estaba en mi casa, navegando por las redes sociales y buscando información para nutrir esta historia y encontré un grupo en Facebook llamado “Fotos Antiguas Santiago de Cali”, en donde comparten fotografías e historias ancestrales. 

Revisando las publicaciones de este grupo tuve la curiosidad de preguntar si sabían algo del ‘Monstruo de los Mangones’, y debo decir que si las nuevas generaciones estuviésemos un poco más interesadas por nuestra ciudad y sus historias, seríamos un mar de tradición oral incomparable. 

El ‘Monstruo de los Mangones’ tiene muchos protagonistas y hay muchas versiones. “Era un adinerado de familia prestante que requería sangre para hacerse diálisis y mandaba a sus empleados a conseguirla con niños que abandonaban en los mangones de Cali”, expresó Roberto Valencia, integrante del grupo en Facebook.
Después de ver la información que daban los internautas y algunas de las producciones audiovisuales sobre este tema, como la película “Pura Sangre” del director de cine Luis Ospina, decidí irme para la Biblioteca Departamental a indagar en la prensa. 

Mientras pasaban las horas en la biblioteca pude detectar dos versiones, una muy famosa y utilizada en películas, como la de Ospina y otras proporcionadas por la prensa de la época, pues seguramente no les convenía creer en la primera.
Hice una indagación en dos periódicos locales, El Occidente y El País, y lo que encontré me trasladó a esa época y, al igual que a los que vivieron este fenómeno, sentí terror y gran impresión. 

“Cadáver de otro menor fue hallado en La Flora” y “Asesinado un niño a golpes de punzón”; titulares como estos fueron los que erizaron mi piel y alimentaron mis ganas de seguir en la búsqueda. Estas historias, publicadas en su mayoría en el mes de abril de 1966, contaban las torturas a las que eran sometidos los niños caleños de ese entonces, heridos con elementos corto punzantes. 

La prensa hablaba primero del ‘Monstruo de los Mangones’, pero tiempo después se conocieron nombres como Arturo Delgado Jaramillo y Luis Eduardo Caicedo, quienes eran presuntos sindicados de ser los autores intelectuales de los más de treinta asesinatos de menores que se presentaron. 

“En 2002, catorce niños fueron asesinados en la ciudad de Palmira, en condiciones aterradoras. Según la revista Semana los habitantes de esta ciudad recordaron al ‘Monstruo de los Mangones”. 

Esta historia tiene mucha tela para cortar, pero hay personas que creen que indagar y hablar de ellas es alimentar a más mentes sádicas para continuar este legado de terror. “Para qué recordar esas historias, eso es incitar a los degenerados”, afirma Katherine Díaz Vargas, integrante de un curso que se dictó en una casa -ahora llamada ‘Santa María de los Farallones’- que en realidad perteneció a Adolfo Aristizábal, el señor adinerado que supuestamente hacía capturar niños para extraerles la sangre.
Reconstruir estos hechos es una manera de recordar para no repetir y para revivir épocas emblemáticas de una Cali que pocos conocen, la Cali joven. 

A sus 477 años, Cali ha creado un sinfín de leyendas urbanas en las que se tejen historias de fenómenos sobrenaturales.

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Un día en la vida de Una mujer biónica que no se oxida

Aunque hoy en día, como ella dice, “me dedico a echar verbo” y a esperar la ciudadanía belga, Nidia Chicué de Nates fue la primer mujer en conducir un bus para transporte intermunicipal en el Valle del Cauca.


Por: Laura Núñez
[email protected]

En los años 80 aún no había mujeres manejando vehículos públicos y no hay datos que lo refuten, y las empresas no lo permitían por el machismo que se vivía. Además, al ver una mujer al volante, los ciudadanos no se montaban o desconfiaban.

Así pues, nerviosa al tomar la decisión, cogió una gorra, se quitó los aretes, se puso la ropa de uno de sus hijos y se bajó de los tacones, para poder montarse en su bus y manejarlo cuidadosa de que no se enteraran quién lo conducía.

Esta mujer cambambera cambió su camioneta por una volqueta y ésta por un bus; en principio iba a construir una casa-carro con el armazón de ese antiguo Chevrolet e irse de aventura con sus -hasta entonces- siete hijos hacia el Brasil, pero las autoridades no lo permitieron por falta de condiciones del vehículo. Así que “volví a llenar el aparato con los asientos y me puse a manejarlo, porque mi marido no daba resultado”, resaltó.

Para lograrlo, consiguió su pase de décima categoría, permitida por el nuevo Secretario de tránsito municipal de Yumbo al conocer su historia, pues hacia un tiempo el antecesor de éste se la había negado por menospreciar las capacidades de una mujer.

Dispuesta a combatir la desigualdad, a borrar estereotipos y tumbar prejuicios, decidió mostrar que era ella quien había conducido el bus durante un tiempo. Al precederla su buen trabajo, la aceptaron en el gremio, aunque la molestaban por ser mujer, por el antiguo bus, por la lentitud al manejar pues no tenía bien los frenos, “tanto así que paraba con el freno de emergencia o rozaba las llantas con los andenes; arreglé el problema con troques artilleros para mejorar -dijo Chicué y hasta me apodaron ´La Mujer Biónica´”.

“A mí no me llamaban Nidia, doña Nidia o la vieja Nidia, me decían La Biónica”, tal cual como en la serie The Bionic Woman. Ella ha escuchado que su apodo se extendió por diversos lugares y aún hoy algunos le dicen así. “Hace poco que vine de Bruselas, me subí a la buseta y me dijeron biónica, yo no sé quién”, dice entre risas.
Aún es muy activa, se monta en sillas a limpiar la nevera o las ventanas, echa pala en el jardín y otras actividades que tal vez la edad no dejaría. Pero ella las logra, hace sus quehaceres con la misma entrega de hace años y guarda con cariño sus triunfos pasados.

Hoy, a sus 82 años, esta amante a la música de Frank Sinatra y con un gran amor hacia sus ocho hijos y nietos a los que levantó con tanto esfuerzo, sueña con su casa en el campo y un amplio jardín, después de haber conocido Holanda, España, EEUU, Venezuela y más. Llena de logros y capacidades, la mujer biónica -pero también la mujer de carne y hueso- a pesar del tiempo y sus estragos no se oxida.