Bienestar en disputa: la salida institucional que hoy sigue pasando factura en Puerto Tejada

Bienestar en disputa: la salida institucional que hoy sigue pasando factura en Puerto Tejada

Una salida de bienestar para servidores de la Alcaldía de Puerto Tejada desató una discusión que todavía se siente en el municipio

Por: Daniela Hurtado y Yania Daza Guzmán

Facultad de Humanidades y Artes

mientras algunos funcionarios la defienden como un derecho laboral, parte de la ciudadanía cuestiona el momento y las prioridades, en medio de preocupaciones por seguridad e infraestructura. 

El uso de datos concretos aporta transparencia y evita caer en opiniones sin fundamento

En 2025, el Municipio de Puerto Tejada contrató una actividad de bienestar para funcionarios mediante el Contrato No. CTO-108-2025 (modalidad Selección Abreviada de Menor Cuantía, SAMC-005-2025). Según ese documento, la ejecución debía realizarse en un plazo de dos (02) meses y, en todo caso, sin sobrepasar el 31 de diciembre de 2025. Aunque la actividad se planteó como bienestar laboral, hoy el tema sigue apareciendo en conversaciones locales porque se cruza con preocupaciones por seguridad, obras pendientes y confianza en el manejo de recursos públicos. 

En el contrato se establece la contratación de 104 unidades (UND: Paquete, CANT: 104) para un “paquete turístico a San Andrés”. El valor total del contrato es de $262.715.960, señalado como “incluido el IVA y todos los tributos”. Con esos datos, se puede calcular un valor aproximado por participante: si se divide el total entre 104, el resultado es $2.526.115 por persona, entendiendo que se trata de un paquete integral y no de un desglose por servicios. 

El documento describe el paquete como “todo incluido” e indica que comprende tiquetes aéreos ida y regreso, traslados (incluido Puerto Tejada – aeropuerto de Palmira y viceversa), alojamiento 4 noches 3 días, y alimentación (desayuno, almuerzo y cena), además de actividades como Johnny Cay, acuario y vuelta a la isla, junto con impuestos, asistencia y póliza médica. También fija condiciones: alimentación tipo buffet y que ofrezca “Bar abierto y Snacks saludables”, y hoteles ubicados “de 10 a 5 minutos de la playa”. 

Desde la mirada institucional, el bienestar se presenta como un derecho y como una forma de fortalecer condiciones de trabajo. María Débora Balanta, contadora del IMDER, lo explicó así: “¿Qué es el bienestar social? Es algo que por ley y derecho tenemos los empleados públicos para que en el año se nos hagan una serie de actividades… para fortalecer al empleado”. También afirmó: “Es totalmente legal, no es algo fuera de contexto… eso viene desde la ley y está contemplado”. 

En lo presupuestal, el contrato relaciona el gasto con el rubro de bienestar y salud ocupacional y registra un CDP 180 del 06/03/2025 por $262.760.000. En la forma de pago se pacta un anticipo del 50% y el 50% restante una vez finalice el contrato y sea recibido a satisfacción por parte del supervisor, junto con los soportes exigidos al contratista. 

Para entender por qué este tipo de actividades aparecen en entidades públicas, el Plan de Bienestar 2026 explica que el bienestar hace parte de la gestión de talento humano y menciona como base normas como el Decreto Ley 1567 de 1998, la Ley 909 de 2004 y el Decreto 1083 de 2015. El plan también incluye una consulta interna sobre preferencias de bienestar: “Otras Actividades” registra 20 menciones, actividades deportivas 16, paseos 8, actividades familiares 7, educación o capacitación 2, y 13 personas no respondieron.  

Ese dato no define si una salida específica era la mejor opción, pero sí muestra que dentro de la entidad las actividades recreativas aparecen como posibilidad. 

Einer Mulato, funcionario de la Alcaldía, describió la finalidad en términos internos: “El objetivo de la salida era un bienestar institucional. Se buscaba unir los equipos de trabajo… y mejorar los climas laborales”. Sobre la operación diaria, sostuvo: “No interrumpimos las labores para que con el público no hubiera como un corto”, y señaló que, según su versión, hubo espacios que ayudaron a fortalecer el trabajo en equipo. 

Del lado ciudadano, varias respuestas se enfocan menos en la existencia del bienestar y más en lo que se ve en la práctica. Cristian Andrés Tenorio, habitante del municipio, dijo: “La atención no ha mejorado de forma significativa… su actitud sigue siendo igual hacia la comunidad”. Y agregó: “El paseo creo que fue más por temas de diversión y no para temas de seguridad y salud como ellos especifican”.  

Rubén Valencia, tramitador, afirmó que entiende el bienestar, pero puso la prioridad en obras: “Una obra que resalte para el municipio”, y añadió: “Tiene el presupuesto para eso, pero hay cosas más importantes para realizar, como pavimentar una calle… alcantarillado en ciertos barrios”. 

Luz Aida Viva Rodríguez, visitante frecuente a la entidad pública, comparó la situación con necesidades que considera urgentes: “La alcaldía está en muy mal estado, tanto por dentro como por fuera”. Al hablar de inseguridad, dijo: “Hay más necesidades en el pueblo, por lo menos tratar la inseguridad, guerras entre pandillas”, refiriéndose a un hecho de violencia ocurrido el día anterior a su declaración.  

En el mismo sentido, Olga Lucía Viafara Balanta, lideresa y exconcejal, señaló: “A pesar de que la ley… sí permite… actividades recreativas… en el municipio en estos momentos estamos viviendo una ola de violencia, de inseguridad”, y remarcó: “No estamos en contra… pero sí… hay prioridades más importantes”. 

 

DOCUMENTOS Y HECHOS QUE SÍ QUEDAN SOPORTADOS 

Con los documentos revisados, se pueden afirmar sin suposiciones tres datos centrales: el contrato establece 104 paquetes, un valor total de $262.715.960 (con IVA y tributos incluidos) y un paquete que incluye tiquetes, traslados, alojamiento, alimentación y tours. También queda soportado el uso del rubro de bienestar y salud ocupacional y la forma de pago pactada (50% anticipo y 50% al finalizar con recibo a satisfacción). 

A partir del valor total y la cantidad, se obtiene un cálculo directo: $262.715.960 ÷ 104 = $2.526.115 por participante. En cambio, el contrato no separa cuánto corresponde al tiquete, al hotel o a la alimentación, porque se contrató como paquete integral. Por eso, cualquier cifra por rubro (tiquetes/comidas/hotel) necesitaría anexos o soportes adicionales para no caer en conjeturas. 

Lo que hoy “pasa factura” no es solo el viaje como hecho, sino lo que simboliza para distintos sectores.  

Los funcionarios defienden el viaje a San Andrés y lo relacionan con integración y ambiente de trabajo; en la ciudadanía, el cuestionamiento aparece ligado a prioridades, percepción de servicio y contexto de inseguridad. Con cifras del contrato se puede explicar cuánto fue el total, cuántos paquetes se contrataron y qué incluía el servicio; sin anexos, no se puede desarmar el paquete por rubros ni medir resultados con indicadores. En ese punto se sostiene la discusión: una parte habla de bienestar laboral y otra pide que, cuando se gaste dinero público, además de estar sustentado, se explique mejor y se muestre qué cambia en la realidad del municipio. 

Más allá de las cifras y la transparencia en la contratación, el punto crítico radica en la falta de evidencia sobre impactos reales y en la desconexión entre la gestión interna y las expectativas de la comunidad, lo que termina afectando la confianza y generando un debate que trasciende lo económico para instalarse en lo simbólico y lo social.

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Unicuento

Encuentro cultural más antiguo de la Universidad Santiago de Cali

Por: Wilson Londoño Corrales

Facultad de Humanidades y Artes

Comienza el vigésimo séptimo Encuentro Internacional de Cuenteros ¡UNICUENTO! , certamen organizado por la Universidad Santiago de Cali y siendo el encuentro de cultura más antigua de la universidad, el cual contará con la participación de narradores orales nacionales e internacionales.

¡UNICUENTO! en su versión número 28, es parte de un fenómeno de narración oral que no solo se ha posicionado en Colombia, si no que ha brotado como si fuera una misma cepa o distintas cepas del mismo vino, de las mismas uvas en distintos lugares del mundo y también en distintas épocas. La propuesta de este artículo para ustedes es hacer un pequeño recorrido, un poco informativo de la manera de estar los cuenteros y la narración oral activa en la cultura de distintos países y tradiciones en distintas épocas y lo que eso significa en su momento actual y tiene significado en sus últimos renaceres importantes a nivel internacional.

Hacer un recorrido por los cuatro renaceres del último siglo que ha tenido la narración oral es un arte milenario y que está ubicado en el centro de la cultura desde que el ser humano es ser humano, ha sido una de las herramientas fundamentales cuando ocurre la palabra, cuando aparece la palabra, el contar historias y el explicar el mundo gracias a la palabra para nombrar lo que no era visible y tampoco era nombrable, pero existía, logró describirle al ser humano lo que era tangible pero también lo intangible.

Los cuentos en ese momento eran para todas las personas, en ese momento se vuelve a encender el “hay que salvar la memoria”

Vámonos solo al siglo XX e inicios del siglo XXI que es donde estamos, en el año 20 tuvimos la otra pandemia, la anterior a la nuestra que es un momento importante porque al ser humano lo ataca la duda de la supervivencia, entonces ante el miedo de perder la memoria que la memoria es lo que nos ha llevado a la supervivencia el ser humano pone a renacer al narrador oral, se preocupa porque se pierde las tradiciones y al preocuparse empieza a buscar quien puede salvar las tradiciones porque los viejos se están muriendo. Los cuentos en ese momento eran para todas las personas, en ese momento se vuelve a encender el “hay que salvar la memoria” aquello tan útil que nos ha llevado a sobrevivir y que ahora que estamos amenazados nos tiene que ayudar otra vez a sobrevivir. Viene ese momento formativo, ilustrativo e instrumental para sobrevivir a través de las historias que nos hemos inventado y que nos han abierto el universo simbólico y nos han llevado a la supervivencia.

En los años 50… el fracaso al pasar las dos guerras del Progreso, nos hace necesitar de manera urgente recuperar la fe, la confianza, no solo el asunto de la memoria, corría peligro que el ser humano se diera cuenta que era difícil lograr comunicarse y aparecía la forma de abrir el mundo para todo el mundo pero la comunicación no parecía dar el salto y ahí viene otro renacer de la narración oral en la sociedad que había salido del campo y se había metido en la ciudad y se había ido metiendo más en lo. industrial, en la vida y en el anonimato, pero no había desaparecido en el tiempo.

En los años 80… cuando comenzaron los narradores orales “cuenteros” urbanos y universitarios en Colombia es el renacer del sueño por que el sueño ha muerto,  ha caído porque la cultura se ha venido abajo el mundo se ha fragmentado, el ser humano se siente roto, es hendido, los sueños están partidos y es ahí donde renace el sueño, ahí renace de nuevo la narración oral en lo urbano, no solamente como algo que guarda una información necesaria para la cultura si no como algo que se ubica en lo estético que intenta dejar su sello en esa forma indeleble, justamente por ser atemporal que es el arte.

Y ahora en los últimos años que de todas maneras han renacido de nuevo, han venido artes orales a despertar junto a la narración oral lo que está más diluido es el hilo, cuando ya la cultura nos tiene bombardeados de información, bombardeados de fuentes, bombardeados de todo lo que estamos bombardeados, el ejercicio de la oralidad intima de provocar la sensación de que mi boca le habla a tu oído, de esa cercanía de tú a tú que impone el derecho de narrar oralmente historias, lo que está intentando de recuperar la intimidad y el hilo que hace que la vida tenga una serie de sentidos.

Son antecedentes de donde nos estamos ubicando nosotros en este renacer del último siglo, del principio del siglo XXI los arneses  de donde se sostiene la narración oral son estético, artístico, espectáculo de forma convencionales y no convencionales que se inserta en distintas maneras en la sociedad y el otro es la conservación de la relación íntima a través de la educación de la formación lectora y adquisición de lenguaje de la conservación de una estructura narrativa capaz de articular el universo que en lo real está tan desarticulado.

Viene ese momento formativo, ilustrativo e instrumental para sobrevivir a través de las historias que nos hemos inventado y que nos ha abierto el universo simbólico y nos han llevado a la supervivencia”. 

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LA USC Y EL COLEGIO LA FONTAINE: UNA ALIANZA PARA EL BIENESTAR SOCIAL

LA USC Y EL COLEGIO LA FONTAINE: UNA ALIANZA PARA EL BIENESTAR SOCIAL

Autor: Joshua Calvo Jaramillo.

Facultad de Humanidades y Artes

Hace aproximadamente un año la Universidad Santiago de Cali inició un convenio con el Colegio La Fontaine, institución que tiene como propósito generar mayores posibilidades a través del estudio para que los niños de Siloé y comunidades aledañas tengan acceso a educación de calidad.

“Las familias nos han dejado brindar el apoyo necesario y eso es algo muy gratificante. Estas personas están dispuestas a recibir ayudas, lo que refleja que de verdad tiene intenciones de ayudarse a ellos mismos y a la comunidad.”
Hace aproximadamente un año la Universidad Santiago de Cali inició un convenio con el Colegio La Fontaine, institución que tiene como propósito generar mayores posibilidades a través del estudio para que los niños de Siloé y comunidades aledañas tengan acceso a educación de calidad.
El convenio arrancó con el servicio de Fonoaudiología en el semestre 2019-B, donde se propuso como meta la creación del ´Learning Center´ (Centro de aprendizaje con enfoque fonoaudiológico) con el fin de que los estudiantes pudieran realizar sus prácticas formativas, y a través de estas se lograran desarrollar acciones que favorezcan el desarrollo de las competencias educativas de los estudiantes de la institución y se generen programas que permitan impactar la comunidad relacionada a las familias del colegio.
“Las familias nos han dejado brindar el apoyo necesario y eso es algo muy gratificante. Estas personas están dispuestas a recibir ayudas, lo que refleja que de verdad tiene intenciones de ayudarse a ellos mismos y a la comunidad.”, comentó Belquin Rosany Aragón Rentería, estudiante de décimo semestre del Programa Fonoaudiología.
A principio del presente año se logró establecer el ´Learning Center´ en un espacio físico del colegio, pero lastimosamente por la situación sanitaria del Covid-19, fue difícil para las estudiantes Belquin Aragón y Paola Mosquera continuar con el proceso debido a los inconvenientes que surgieron con los padres por el rechazo al servicio virtual.

Belquin Aragón y Paola Mosquera. Estudiantes del programa de fonoaudiología de la USC“.
Los papás cuando no entienden, no conocen, no saben o no le ven la salida al servicio lo rechazan. Decían: “Cómo así que terapias virtuales”, “como así que yo debo estar con el niño”. Por esto, de abril a junio lo que se hizo fue educar a esta comunidad para que los padres de familia entendieran el aporte y el enriquecimiento que generaban las terapias fonoaudiológicas en sus hijos.”, expresó Paola Mosquera sobre el proceso de adaptación a la virtualidad en varias familias de la comunidad.
Una vez se hizo el proceso de capacitación a los padres, se lograron más de 200 intervenciones por parte de la comunidad, y se consiguió que alrededor de 50 familias entraran de lleno a formar parte del programa.
Estas estudiantes de fonoaudiología brindan sus servicios al colegio de manera remota-sincrónica, donde se crea un espacio de intervención semanal llamado “Estimulación del lenguaje lecto-escrito y la lógica matemática” dirigidos de primero a quinto de primaria a través de intervenciones grupales. Además, se realizan intervenciones individuales apoyando el afianzamiento de los dispositivos básicos de aprendizaje (DBA), el habla, la lectura, la escritura y los procesos matemáticos.

Sin embargo, no es un secreto que el barrio Siloé es una comunidad marcada por la falta de recursos de sus habitantes, y conseguir que todas las personas pudieran tener los implementos necesarios para cada una de las sesiones fue una tarea compleja. Pero gracias a las directivas del Colegio La Fontaine y a las personas que hacen donaciones a la institución, se logró que los estudiantes pudieran seguir recibiendo sus clases individuales y grupales.
“Las terapias online no solo ayudan a que los niños se eduquen, sino a que puedan realizar terapias según sus patologías clínicas. Gracias al colegio y a las personas que hacen sus donaciones a la institución, se consiguió que las personas de la comunidad pudieran obtener herramientas para poder recibir las terapias de manera remota.”, afirmó Aragón.
Belquin Aragón y Paola Mosquera fueron las encargadas de llevar a cabo el programa durante este semestre. El programa fonoaudiológico hizo un acercamiento a la comunidad del colegio y se vio en la necesidad de ampliar la cobertura y la accesibilidad de los servicios de fonoaudiología desde las áreas clínicas en la comunidad anexa del Barrio Siloé.

Desde el programa de fonoaudiología, se elaboró un formulario para la caracterización de personas que no tenían acceso a los servicios fonoaudiológicos clínicos, partiendo de indicadores tales como: Dificultades en el lenguaje, habla, voz, procesos alimenticios y otras alteraciones. Los resultados arrojaron que de las 120 familias asociadas al colegio, 56 personas requerían los servicios de fonoaudiología.
“A pesar de que la tele-terapia existe hace muchos años, la pandemia nos enseñó a reinventarnos y así lograr llegar a más personas. Los formularios nos ayudaron a identificar a las personas que necesitaban un poco más de ayuda en los diferentes procesos que brindamos.”, comentó Aragón sobre su experiencia en el trabajo online con los chicos del colegio.
La Universidad y el programa de fonoaudiología seguirán buscando nuevas oportunidades para ofrecer mejor calidad de vida a las familias que tengan integrantes con dificultades en el lenguaje comunicativo y procesos de alimentación restringida, para así crear una nueva cultura de vida y bienestar comunicativo con sello Santiaguino.

 …No es un secreto que el barrio Siloé es una comunidad marcada por la falta de recursos de sus habitantes, y conseguir que todas las personas pudieran tener los implementos necesarios para cada una de las sesiones fue una tarea compleja. >

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Barrio Lili: Lucha y Esperanza

A las afueras de Cali, muy cerca de la orilla del río Lili, rodeado de estructuras modernas y de casas de estrato 5 y 6, se encuentra un barrio antiguo que lucha por no desaparecer.


Es el Barrio Lili. Con apenas verlo, se podría describir como una zona marginal, un terreno robado, una invasión social que ha ido creciendo con los años. Pero, ¿qué pensaría la gente sí se le dice que allí reposa una de las historias más impresionantes de lucha y esperanza, de fortaleza y respeto por lo propio?, ¿qué pensaría la gente sí se le dijera que allí se encuentra parte de la historia de Cali?

En 1750, se dio una importante negociación: la Hacienda San Joaquín le compró a la Hacienda Cañasgordas 90 terrenos, extendidos entre los ríos Meléndez y Lili, y desde Los Farallones de Cali hasta el río Cauca. Con ello, también se convino el traspaso de esclavos provenientes de África.

Los dueños de la Hacienda San Joaquín eran de apellido Varona. En esa época, la costumbre era dar a sus esclavos el mismo apellido, pero cambiando la primera letra. Es así como nace el apellido Barona, aunque se los marcaba con una V en sus hombros, como súbditos, en representación de la ‘Familia Superior’. El hijo de uno de estos esclavos, Pedro Pablo Barona, se ganó la confianza de sus dueños y por eso lo encargaron de cuidar los terrenos de la hacienda.

Estrella Barona (izq), Mariam Campo (centro) y Patricia Gómez (der) relataron a Utópicos la historia de su barrio y los retos que ahora tienen.

Un día de 1822, el dueño de esa propiedad decidió regalarle a Pedro Pablo un terreno pequeño, para que construyera su casa y viviera allí. Con alegría y fervor, y con la ayuda de su familia, el joven capataz levantó las primeras 10 moradas. La primera fue la ‘Casa Paterna’, lugar emblemático para los Barona. Allí nació gran parte de la familia. Así empezaron a construir, desde cero, en tierras fértiles y en cercanía a su fuente histórica de vida, el río Lili.

Tomarse el sector

El barrio Lili siempre ha sido foco de interés para algunos ingenios de Cali. “Siempre nos han amenazado con sacarnos de aquí. Lo que hacían nuestros ancestros era traer más familia, construir y vender casas. Así hacíamos más espacio y evitábamos nuestra exclusión”, narra Patricia Gómez, descendiente de los Barona y habitante del sector. Cercana a los cincuenta años de edad, que habla con mucho sentimiento. Es la defensora del presente y el futuro de su amado terruño.

El interés de los familiares no era la riqueza, era estar seguros y mantenerse allí, por lo que vendían los terrenos a precios muy bajos, “casi regalados”, cuenta.

Tiempo después, los residentes prestaron algunos terrenos al Ingenio Meléndez para sembrar caña, pero, más adelante, los predios fueron escriturados a este, tomándose parte de lo que el dueño de la Hacienda San Joaquín les había dejado a los Barona y rompiendo el compromiso.

Allí se empezó a formar lo que hoy se conoce como Ciudad Jardín. “Por confiados, sólo nos quedó esta parte. Antes la palabra era respetada”, apunta una de las mayores de la familia, Estela Barona, nieta de Pedro Pablo Barona.

A su vez, Miriam Campo Barona (65 años), otra de las nietas del patriarca y prima de Estela, recuerda que cuando era niña, “lo que hoy es Ciudad Jardín era puro monte, puro cañal, perteneciente al Ingenio Meléndez”.

Medicina natural, el mejor remedio

Cerca del barrio no había médicos, ni centros hospitalarios, hasta mediados del siglo XX. “Todo se trataba con hierbas: el anamú, para curar la sinusitis y dolores de pecho; la ruda; aguapanela con limoncillo; yerbabuena, albahaca, malva y el matarratón… que sirve para todo”, describe Patricia, entre risas.

Las parteras eran quienes tenían la labor de asistencia y cuidado de la madre durante el proceso de gestación. Todo se hacía de manera natural; empleaban cogollos de lulo y agua de brevo para agilizar el proceso de parto, si el niño no quería salir.

“Cuando iba a nacer un nuevo miembro de la familia, las parteras nos decían a los niños que estuviéramos pendientes de la cigüeña, que ya iba a arribar. Cuando escuchábamos el berrido en una de las casas, quedábamos desconcertados”, añadió Miriam.

El Tren del Pacífico

Donde hoy está el parque del barrio quedaba la antigua carrilera. “El tren hizo parte de nuestra vida. Los maquinistas nos llevaban hasta el retén, ubicado donde queda hoy la Y que lleva a Puerto Tejada y Jamundí, y nos devolvíamos a píe”, relata Patricia.

El tren conectaba los departamentos de Cauca y Valle, pero dejó de funcionar por esta ruta hace unos 40 años, pues la construcción de la carretera Panamericana supuso una alternativa más efectiva que las vías férreas. Desde entonces, allí reposa el antiguo puente del ferrocarril, sin uso alguno en materia de movilidad. Sin embargo, es cuidado como un tesoro por los habitantes del barrio Lili.

Detrás de las casas del barrio Lili se observan edificios modernos

Costumbres

Al llegar de África, los esclavos preservaban sus costumbres. Una era el rezo del justo juez, una oración para ‘cubrirse’ del peligro en periodos de guerra. De esta manera, si los enemigos pasaban por su lado, nos los veían. Según dicen, en algunas zonas del Chocó aún se practica este ritual.

Al nacer un menor, sus ombligos y las placentas de las madres eran enterrados allí mismo. “Donde estamos sentados, está mi ombligo”, relata Estela, en tono jocoso.

Los menores no se aburrían nunca. Buscaban en cualquier cosa un elemento de entretenimiento y aprendizaje. Como dice Patricia, “aunque no había servicio de energía, nosotros nos divertíamos mucho; jugábamos en el río mientras otros pescaban, corríamos, montábamos columpio, hacíamos antorchas, con tarritos con mecha y ACPM. Con eso alumbrábamos”.

Años 90

Las crecientes del río Lili y las temporadas de invierno siempre han sido un problema para la comunidad. Por ello, en 1994 se construyó un jarillón para reducir los riesgos.

A finales de los años 90 renombraron al sector como barrio Cañasgordas. Sin embargo, nadie se lo tomó en serio. Todos le siguieron llamando Lili, hasta que la junta de acción comunal decidió retomar su antiguo nombre. Tiempo después, otro cambio de denominación hecho por la alcaldía de Cali, significó para los habitantes una falta de respeto a sus antepasados y a la lucha por mantener el sector en pie: El nombre Urbanización Valle del Lili fue recibido con inconformidad por los vecinos, que quieren seguirlo llamando, simplemente, barrio Lili.

Hoy, este barrio se mantiene con su gente, con sus raíces bien plantadas en una tierra que les ha dado todo, y con un río que riega un valle lleno de historia, fortaleza y lucha. Con diferentes nombres tatuados en su historial y con abusos por parte de importantes manos económicas, el sector ha subsistido en medio de situaciones precarias. Todo lo que han conseguido, lo han hecho a pulso y prácticamente sin ayuda.

El optimismo que los habitantes emanan, contagia hasta al más incrédulo. Su futuro lo ven muy verde, sobre la tierra que los vio nacer y los ha sostenido desde hace casi 200 años.

Barrio Lili es un lugar de se cuida el medio ambiente

URBANISMO: ¿EL FIN DE UNA COMUNIDAD?

Según Patricia Gómez, en los años 80, los vecinos del ya fundado Ciudad Jardín se acercaban al barrio Lili: “Entraban a comprar leche, arroz, verduras. Fue allí cuando se enteraron de que no éramos personas malas y que éramos los legítimos dueños del sector”. Les llenaba de alegría ver gente desconocida caminando por la zona, pues “éramos una burbujita alejada de la ciudad”, relató.  Pero hoy, el desarrollo de Ciudad Jardín y otros complejos inmobiliarios del sur de Cali parecen haberse convertido en una amenaza para los pobladores raizales.

La prestigiosa ubicación, cerca de universidades, centros comerciales y terminales de transporte, ha sido la principal causa de que algunas propiedades dentro del barrio Lili se hayan vendido, sumada a la proliferación de grandes edificios, que han convertido al sur en un gran negocio económico. Por todo esto, hoy el sector es foco de interés de manos desconocidas que merodean la zona, según Patricia, buscando hacerse con el barrio. “Aquí entran personas con chalecos sin distinción, fotografiando y tomando nota de lo que ven”, añadió. Ella sospecha que son las propias constructoras las que están detrás de esto, sembrando temor en la comunidad habitante.

Además, “varias veces nos han tratado de sacar, argumentando que ‘es un riesgo vivir al lado de un río’, como si no conociéramos de lo que es capaz de hacer el río cuando hay creciente”, afirmó Estella Barona entre risas, agregando que el caudal del afluente no se compara a lo que era antes.

Utópicos preguntó a Patricia Gómez si creía que de parte de los gobiernos que ha tenido el municipio también ha habido intentos por apretujar aún más al barrio Lili. A lo que ella respondió afirmativamente, argumentando que los recibos de servicios públicos han sido ajustados a estrato cuatro, cuando las condiciones de la población realmente corresponden a estrato dos. Según ella, “es una manera de aburrirnos de vivir aquí”.

Al parecer, estas poderosas entidades buscan cualquier ‘hueco’ para meterse. A todo lo anterior se agrega que, actualmente, la ampliación de la vía Cali-Jamundí genera en la comunidad del barrio Lili una nueva preocupación. Agentes de planeación vial aseguran que no deberían estar allí y que probablemente serán reubicados. Sin embargo, ningún habitante está interesado en dejar el sector, a no ser que sea vendiendo las propiedades al valor justo. Si ello sucede, este será el fin de una comunidad asentada en la zona periférica de Cali, desde hace 200 años.

Preservando la artesanía ancestral 

SIEMPRE HEMOS SIDO MUY UNIDOS

Jorge Victoria fue el primer profesor que llegó al sector. Estudió en la Universidad del Valle y hoy es coordinador del Incolballet[1]. Recuerda que “las monjas del Sagrado Corazón (colegio) nos daban clases. Nos enseñaban lo más básico. Los Barona donaron el espacio donde hoy está Incolballet para hacer la primera escuela. Esta se formó por medio de ayuda de la comunidad, de campañas políticas y del Club Rotario. Fue hecha a pulso. El terreno fue donado en los años 80. Primero se llamó Escuela Cañasgordas, después quisieron ponerle Escuela Rotario. Sin embargo, hubo problema por ello y volvieron al antiguo nombre. Tiempo después (hace 15 años), esta escuela primaria pasó a ser de administración del municipio”.

Mujeres con muchas historias por contar

[1]El Instituto Colombiano de Ballet Clásico es una entidad descentralizada del Valle que, según su página web  www.incolballet.com, propende “el desarrollo cultural del departamento y del país, a través de la educación artística formal en danza, los procesos de producción, la circulación de obras de repertorio universal y latinoamericano y el desarrollo de programas de sensibilización y formación de públicos”.

Casas de bahareque:Están hechas de esterilla, un modo de abrir la guadua para que quede plana como una tabla; después se echa barro en medio de la esterilla para formar las paredes.Para montar las estructuras, se añade al suelo: barro, pasto, pangola bien picada y boñiga de vaca.Luego de resanar, se pinta todo con cal.Las puertas eran dobles y tenían argollas de hierro, y sus llaves eran grandes.
Estructuras en Lili, cambios a través del tiempo.Los niños ayudaban a amasar con los pies.A pesar de ser construidas de manera artesanal, respondían muy bien ante fuertes crecientes del río.Por medidas de seguridad y para evitar que los sacaran del barrio, debieron reconstruirlas con ladrillo.En 1998, fue reconstruida la última casa de bahareque.La ‘Casa Paterna’ conserva algunas estructuras de bahareque. Una creciente del río derribó parte de la simbólica construcción.

Destacados:

• Antiguamente, el río Lili recibía el nombre de río Las Piedras.

• Donde hoy está la Universidad Libre, los nativos lavaban ropa, trastos y hacían actividades de entretenimiento.

• La última partera en el barrio fue Luisa Barona, hija de Pedro Pablo Barona. Murió de 108 años.

• Miriam Campo Barona fue la última persona en nacer con ayuda de partera.

Iván Ortega 

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