La mujer que le puso puertas al abismo
En una esquina donde la noche deja cicatrices, Gloria García abre su tienda al amanecer para sostener a su familia en el corazón del barrio Sucre, la temida “olla” de Cali.
Por: Alex Ospitia y Jhonier Bravo
Facultad de Humanidades y Artes
A las seis de la mañana, cuando la carrera 12 con calle 18 en el barrio Sucre de Cali todavía bosteza entre botellas vacías y pasos errantes, Gloria García se despierta, levanta la reja de su tienda como quien abre un pequeño acto de fe. Lo primero que hace es poner el agua para el café, limpiar las vitrinas mientras Majo y Sebas, sus sobrinos, desayunan para irse al colegio.
La casa que hoy es tienda no siempre fue refugio: empezó como un terreno comprado por exesposo (padre de Alex) para irse a vivir con Gloria cuando apenas eran novios y ella tenía 19 años, ladrillo a ladrillo levantaron con esfuerzos su hogar.
Afuera, la calle empieza a armar su rutina: el murmullo áspero, las miradas perdidas, el rebusque torcido.

Porque vivir en el barrio Sucre de Cali no es simplemente habitar un lugar. Es negociar todos los días con el abismo. “Hay momentos en la vida que tener dinero o no tener dinero da igual, se trata de sobrevivir”, cuenta ‘Gabo’ un consumidor que vive del reciclaje y hace 5 años llegó a la cuadra de Gloria, donde merca con lo que le pagan por lo producido a la vuelta de esta cuadra.
Según diagnósticos urbanos de Cali, el barrio Sucre cuenta con una proyección de población limitada, pero se encuentra en la Comuna 9, que en su conjunto alberga aproximadamente a 47,830 habitantes. Donde se concentran altos niveles de informalidad laboral y presencia de habitantes de calle.
El barrio Sucre se asienta en el corazón de Cali como una cicatriz de la guerra que no se ha podido cerrar. Incrustado en el centro, a pocos metros de la institucionalidad de los juzgados, los talleres de repuestos, la comercialización informal de autopartes robadas y el flujo incesante de la Calle 15, el barrio se despliega como un laberinto donde la urgencia y el abandono caminan de la mano.
Históricamente, este sector ha sido un punto de llegada para población vulnerable y desplazada, lo que explica, en parte, la densidad social y la fragilidad económica que hoy lo caracteriza.
El panorama es crítico: las chatarrerías y el rastro del reciclaje marcan unas calles dominadas por el estigma de la “olla”. En sus aceras, el ambiente es pesado, saturado por el deambular de quienes han perdido el rumbo entre el consumo y las interminables olas de humo que mezclados tienen los olores más fuertes y penetrantes, opacando cualquier tipo de olor proveniente de los talleres o chatarrerías donde las concentraciones de basuras son los olores más sanos.

Las imágenes que se han vuelto paraíso y normalizado por quienes transitan, viven y trabajan en la zona no dejan de parecer sacadas de películas, además del lamentable estado de las vías que realmente por el maltrato hoy parecen trochas llenas de hueco, rocas, arena, adornadas también por mucha basura que se arroja a las mismas calles donde habitantes de calle y consumidores usan para improvisar campamentos para el consumo y descanso.
Por otra parte, como si de otro mundo se tratara en la casa que es tienda, y de cierto modo, también es trinchera, Gloria ha criado a su hijo, Alex de 27 años, ya sus sobrinos Sebas de 7 y Majo de 6, a quienes cuida mientras su hermana trabaja. No con discursos, sino con algo más difícil, constancia.
Mientras los sobrinos estudian y Alex trabaja en la zona de Acopi, Yumbo como operario de producción en una empresa de comestibles, donde va a cumplir 5 años de antigüedad.
Gloria atiende y hace los oficios de la casa al mismo tiempo. Afuera el dinero fácil se ofrece como un atajo seductor, “son lo último que escucho antes de dormir y los escucho todo el día gritando de todo desde muy temprano” refiriéndose a los campaneros, quienes se hacen al lado de su casa ya que es una de las esquinas donde vigilan la llegada de los policías.
Pero ese proyecto de familia tuvo una grieta, el padre de Alex, camionero de oficio, quien por su trabajo se ausentaba por varios días, se separó de Gloria cuando Alex apenas tenía 10 años. Desde la distancia siempre envió el dinero de Alex hasta que cumplió 17 años. “Al principio de la separación pensé en vender la casa para irme, pero en este barrio crecí yo y tengo mi familia cerca, por eso no me fui y ahora después de tantos años tampoco lo planeo” cuenta Gloria,
Ella ha insistido en el camino largo, ese que casi nadie aplaude. “Aquí hablamos de dinero fácil referencia a la droga y al robo, pero aquí nadie viene a preguntar que le falta a uno, por eso hay que salir a camellar (robar retrovisores o microtráfico) y si alguno se pone de guapo ya sabe, porque al final es la suya o la mía”. Dice ‘Lágrima’, uno de los campaneros más respetados del sector, cuando cuenta lo que tiene que hacer para tener vida, (ganar dinero).
Pero Gloria siempre lo tuvo claro frente al panorama de los que están en la calle: “lo único que eso trae como consecuencias son la muerte, cárcel y desgracias familiares”. Y por eso sigue la misma rutina desde hace 30 años que tiene la tienda. Lo trabajador se lo ha inculcado a Alex, quien teniendo en cuenta lo aprendido en casa decidió montar su estudio en su casa para producir videos cuando sale de trabajar y en tiempos libres.
Alex recuerda que cuando sus amigos en la niñez le contaban como sus padres llevaban a casa la remesa, inocentes del entorno donde crecían y lo que eso significaba, le decían: “mi papá salía a trabajar (refiriéndose al hurto) y traía bastante plata, me decía: ‘tenga mi hijo para que juegue peleítas donde Gloria’ refiriéndose a las maquinitas que tenía en la tienda”, son algunas de las cosas que a la fecha Alex recuerda y fue entendiendo el verdadero “trabajo” que algunos vecinos tenían.
Así se heredan ciertas ideas, no como teoría sino como ejemplo. Por eso, en esa casa, la enseñanza fue distinta. Más aburrida y dura a la de sus amigos. “A mí me tocaba trabajar y abrir la tienda”, dice Alex al recordar su infancia.
“En el barrio no es una elección fácil, a veces el dinero no alcanza, a veces el cansancio pesa, y conseguir un empleo siempre es más difícil cuando vives aquí, siempre te discriminan a la hora de llevar hojas de vida”, expresa Gloria. Por ese motivo decidió surtir su propia tienda cuando tenía 20 años. Y esta le ha dado el sustento hasta la fecha.

Esa discriminación no es una percepción aislada: estudios sobre empleo en Cali hechos por el DANE en el primer semestre del año, han evidenciado cómo el lugar de residencia influye en las oportunidades laborales, especialmente para quienes provienen de sectores estigmatizados del centro.
En medio de ese pulso ella tuvo que educar a Alex, enseñándole a diferenciar lo bueno y lo malo con ejemplos vivos y cercanos, de un lado, con sus vecinos quienes viven de la inmediata del dinero que aparece y desaparece como magia y del otro, la paciencia de su madre, que todos los días abre la tienda como quien insiste en una verdad que no siempre se ve.
Hoy, gracias al esfuerzo de muchos años, él construye imágenes, graba, edita y cuenta historias. No deja de ser irónico: en una esquina donde tantas vidas desencajan, alguien decide encuadrarlas.
Llega el mediodía y Gloria lo sabe porque nota como campaneros y jíbaros corren de un lado a otro ocultando bolsas ziploc en las piedras del piso, mientras gritan desesperadamente: ¡AGUAS!, pues cuenta Gloria que: “todos los días a mediodía los policías del cuadrante tienen cambio de turno y lo primero que hacen es dar la ronda por la cuadra”.
La llegada de la tarde también la nota por el fuerte sol que se siente mucho más intenso por el calor que generan los techos de láminas.
Poco tiempo después Gloria recibe a los sobrinos, quienes en su camino de regreso a casa ven las escenas más crudas, como el tráfico de drogas, las jovencitas que con vestidos cortos se paran en las esquinas a tratar de seducir a la suerte, consumidores cumpliendo el “ciclo de la traba” pues los pueden ver en las aceras introduciéndose jeringas o inhalando profundamente, hasta que la sustancia ya se ha apoderado de sus sistemas y se vuelven cadáveres en las aceras que tienen que esquivar a los niños en su travesía de regreso a casa, que dentro de su inocencia lo ven siempre como una aventura diferente ya que regresan junto a algunos niños que viven a la vuelta.
Cuando llegan, Gloria les da el almuerzo mientras ella sigue ordenando la tienda y atendiendo a los clientes y proveedores que al igual que ella, ya han normalizado las riñas entre habitantes de la calle que se amenazan con los cuchillos que son lo único que, junto a la pipa, no sueltan.
“Las tardes son donde más se suele vender, y creo que ellos también venden más en las tardes”, menciona Gloria. Debido a que en las tardes los talleres cercanos tienen más flujo, ella también recibe más clientes como vehículos de transporte de mercancías, comerciantes, personas que trabajan en los almacenes y oficinas del centro, pues todos pasan por la tienda de Gloria, ya que la calle 18 es una de las vías alternativas para llegar al centro, del mismo modo los jíbaros reciben más clientes en las tardes.
Van cayendo las puertas metálicas de los talleres cercanos y con ellas cae el sol también, ya pesar de que la 12 con 18 sea reconocida por lo malo, también hay gente buena, pues como todo buen barrio caleño, en las noches el ambiente se siente festivo, las familias se reúnen afuera de sus casas y en sillas rimax de color blanco, como si lo hubieran acordado, ponen música en bocinas y comparten entre ellos mientras los niños hacen sus tareas de colegio en los antejardines.
Ese suele ser el panorama cuando cae el sol, a medida que los adultos van llegando de los trabajos y los niños de los colegios de la jornada de las tardes, se suele compartir, y apoyan a los que se la rebuscan vendiendo fritangas en el barrio.
El rebusque es lo que se rige en las pocas familias que, como Gloria, sueñan con cambiar ese destino que parece inevitable al nacer en el barrio Sucre, que sigue siendo un territorio duro, pero en La 12 con 18 se siembran semillas que no solo riega Gloria.
“El rebusque es trabajar… no mantenerse quieto”, dice Diego quien vende arepas con queso en las noches en la 12 con 18. Y como él, el rebusque sigue marcando el ritmo: fritangas, carretas de reciclaje, tiendas pequeñas, intentos grandes.
Quienes viven en modo de supervivencia afirman que también hay otra lucha, más silenciosa, que no siempre se nombra: “la de no caer”. No caer en la desesperación de la necesidad de ensuciarse las manos, “no vale la pena”, afirma Gloria mientras barre el frente de su tienda viendo las consecuencias de las peores decisiones que se pueden tomar bajo la ansiedad.

Y aunque Gloria vive en una cuadra donde todo el día escucha gritos como “helados, tableros, rocas” siendo las palabras que usan los jíbaros para vender sus productos, en la noche esos gritos se mezclan con la música y las risas de los niños, pues es normal ver cómo se pasan la pelota entre niños y jíbaros cuando por accidente se les escapa la redonda.
Sin embargo, en la noche Gloria suele estar más pendiente al grito de la cuadra, porque es cuando “Maicol” pasa a hacer las rondas, y aún estando el cielo despejado se escucha la palabra “AGUAS” en grito de alerta.
Y aunque ella sabe que no debe nada, sabe que tiene que estar más alerta a estos códigos debido a que Gloria ha tenido que vivir momentos de angustia en varios enfrentamientos entre policías y carteles en la zona. Pero debido a la antigüedad de la tienda de Gloria incluso los policías llegan a tomar gaseosas mientras hacen las rutinas de vigilancia en el sector.
“Donde vivimos nosotros no todo es malo”, insiste Gloria con una voz casi como de resistencia. Y tal vez ahí esté la clave porque en medio del ruido, del vicio y de las promesas rotas, hay una mujer que decidió levantar una frontera invisible entre su casa y la calle. No para negar lo que ocurre afuera, sino para que no lo devore todo.
Fotografías tomadas en la calle 12 con carrera 18 y en calle 12 con carrera 17, 19 y 20 en el barrio Sucre, donde los protagonistas son los recicladores, consumidores, habitantes del sector, chatarrerías, etc. Donde la realidad que se vive en el barrio Sucre es impactante.
Echa un último vistazo a la calle verificando que no haya algún habitante de calle durmiendo en su entrada mientras baja la cortina de su tienda a las 10 de la noche, pues después de esa hora Gloria dice que: “vienen más consumidores y drogados suelen ponerse más violentos entre ellos y tampoco se vende”, debido a la soledad y silencio que recorre los talleres y los comercios del barrio.
Como una orquídea que crece en el fango, esa familia ha aprendido a sostenerse sin dejarse arrastrar. No porque el barro desaparezca, sino porque alguien decidió que no iba a ser destino. Y en esa decisión, repetida cada mañana al subir una reja y abrir una tienda, hay algo que el barrio no ha podido arrebatar: la posibilidad de elegir.
“
En lugares donde la rutina está atravesada por el riesgo, la valentía deja de ser un acto extraordinario y se vuelve costumbre.

Escucha La Radio USC
Otros recomendados…
Doña Patricia, la historia de la mujer que sostiene un legado que nadie más continuará
Doña Patricia, la historia de la mujer que sostiene un legado que nadie más continuará En un kiosco del parque de El Carmelo, en Candelaria, Doña Patricia ha dedicado más de 45 años a preparar fritos que no solo alimentan.Es sábado a la 1:00 de la tarde en El Carmelo,...
Comunicación Social: formar profesionales que transforman la realidad desde la palabra y la acción
Comunicación Social: formar profesionales que transforman la realidad desde las palabras y la acciónLa Comunicación Social trasciende la producción de contenidos: es una disciplina que forma ciudadanos críticos capaces de interpretar su entorno y generar cambios...
Industria 5.0: el nuevo humanismo que redefine la productividad en las organizaciones
Industria 5.0: el nuevo humanismo que redefine la productividad en las organizacionesLa Industria 5.0 redefine la manera en que entendemos la productividad: ya no se trata solo de tecnología, sino del valor del talento humano.La Industria 5.0 no solo cuestiona el...
Inicio de un compromiso ¡Prácticas en Trabajo Social!
Inicio de un compromiso ¡Prácticas en Trabajo Social!A lo largo de este proceso, será fundamental reconocer que cada intervención, por pequeña que parezca, tiene el potencial de generar un impacto significativo.Es importante también entender que el aprendizaje no es...
Comunicación Social en proceso de Renovación de la Acreditación de Alta Calidad
Comunicación Social en proceso de Renovación de la Acreditación de Alta CalidadEl programa de Comunicación Social se encuentra actualmente en un proceso fundamental para su fortalecimiento académico: el proceso de Renovación de la Acreditación de Alta Calidad.La...
Chambo: Del periodismo a un recreo que no se acaba.
Chambo: Del periodismo a un recreo que no se acabaJuan Carlos Chambo, comunicador social y exdirector y presentador de Cuentos Verdes, volvió a la loma donde nació para permanecer con los niños El juego aparece como un elemento clave, no solo como entretenimiento,...






