Ataque con ácido: la vida entre sombras

Ataque con ácido: la vida entre sombras

Autor: Jamir Mina Quiñónez.

Facultad de Humanidades y Artes

Camina varios pasos por la sala de su casa, entre sombras visualiza la silueta de un hombre que se abalanza sobre ella y la arroja de cara contra el piso de madera, patea su rostro varias veces, luego saca un cuchillo y se dispone a degollarla; en ese momento Olga Libia despierta y estalla en llanto.

“En las noches me levanto casi veinte veces a mirar si está bien cerrada la puerta, escondo las llaves y en cada levantada cambio el escondite”, comenta Olga, quien no volvió a caminar en las calles con su hija por temor a ser atacada en presencia de la menor.

Más allá de las disputas que actualmente sostienen Colombia y Nicaragua por este hermoso pedazo de tierra y enormes riquezas marítimas, los raizales, gentiles, son conscientes del paraíso que tienen. Abiertamente, prefieren reconocerse solo como sanandresanos, como lo asegura Jean Pierre, un isleño que durante mi viaje me ofreció no solo un servicio de taxi sino también su amistad.

Aunque entre risas y bailes se asoma la empatía que tienen los sanandresanos hacia el pueblo colombiano, admiten abandono por parte del Gobierno Nacional. Jean Pierre explica, mientras sostiene el timón, que no contempla la remota posibilidad de pertenecer al pueblo nicaragüense, a pesar de que está más cerca, hablando de distancias geográficas.

Entiende los problemas nacionales y sabe muy bien que los isleños son muy diferentes a los del interior; pero aun así seguirá sintiéndose colombiano. Recorrer San Andrés permite evocar la Norteamérica reflejada en las películas de negros: calles repletas de carros lujosos, bellas combinaciones de razas, iglesias bautistas adornadas con hermosas ancianas luciendo sus mejores peinados e indumentarias dispuestas a cantar por horas alabanzas Góspel, tal cual se ve en las iglesias de Misisipi.

Nada de esto es visible en la zona turística, todo está escondido en la otra parte de la isla, donde la cultura ancestral vive, de secretos a gritos entrelazados por un idioma que los colombianos no conocemos.

En el norte de Colombia está ubicadas tres islas que, para ser francos, sufren de un gran abandono. Solo las dificultades sanitarias que pasan por falta de agua -los sectores no turísticos del archipiélago-, son un ejemplo de esto, pues desde el 15 de abril las alarmas se encendieron por una eminente calamidad pública. Factores como el fenómeno del Niño, las marcadas disminuciones de lluvias, que brillaron por su ausencia desde 2013, y la sobrepoblación, han provocado una explotación desmedida de las fuentes hídricas. En un territorio de 26 kilómetros cuadrados, no solo habitan propios -75.000 personas-, sino también locos enamorados que ven en la isla su tierra prometida y se quedan viviendo allí. A esto se suma un millón de turistas que agotan recursos que la naturaleza proporciona para pocos. Así pues, evidentemente existe un problema de número de pobladores, aunque en los últimos días, la gobernación de San Andrés tomó la radical medida de duplicar el precio de la tarjeta de entrada, que pasó de $52.000 a $91.000 pesos colombianos. Pero se deben tomar otras medidas desde el Gobierno Nacional, dignas de justificar la batalla que actualmente se está librando contra Nicaragua en la Corte Internacional de Justicia.

Los enigmas del Caribe están presentes en los paisajes que la naturaleza nos enseña allí, quizá sea algo en común entre los paradisiacos lugares que lo constituyen; pues hoy en día, que estamos atravesando el boom de las integraciones culturales, el mundo recibe incalculable información sobre estas tierras. Un gran ejemplo es una de las Antillas menores, Barbados, que aunque viene de las dominaciones española y del Reino Unido, logró construir una identidad propia, en la cual podemos apreciar muchas similitudes con San Andrés, pues en ambas existe una riqueza cultural distintiva, hermosísimos rostros oscuros con ojos multicolor y labios rosas, movimientos acelerados del cuerpo al danzar, un inglés veloz acortando palabras, tranquilidad sinigual, entre otros atributos que hacen enamorarse del Caribe. Hace algunos meses, el sector privado comenzó una campaña de “embellecimiento” del popular barrio San Luis. La iniciativa lleva el nombre de Sea of Color y consiste en pintar de vivos colores las fachadas de típicas casas construidas en madera y demás recursos inconfundibles de estas zonas.

“Hace algunos años había dos San Andrés, el que visitan los turistas todo el año y el que nos tocaba vivir a los nacidos y criados en la isla -porque hay otros que se han venido a vivir acá, pero viven en el centro o cerca de lo turístico, los paisas-, pero ahora se ve cómo se están uniendo las dos caras de las monedas.” explicó Jean Pierre. Más de quinientos voluntarios conformados entre familias enteras del sector, visitantes y funcionarios de entidades vinculadas a estas jornadas, buscan mostrar una nueva cara de la isla, llena de diferentes colores, vida, alegría y unión.

Trucos para no arruinarse en San Andrés

  • Viajar en una aerolínea ‘económica’ no siempre es la mejor opción, pues cobra por cada servicio adicional (como numeración de silla, equipaje de más de doce kilos, impresión del tiquete y fila para el abordaje).
  • Se conoce más caminando que con algunos programas que ofrecen las agencias de viajes en paquetes turísticos. En realidad, ser amable y ganarse un amigo isleño es el truco para ir a lugares más allá de la Cueva de Morgan o el acuario.
  • Sacudirse del imaginario de que se llegó a Miami y se va a movilizar en carrito de golf o en cuatrimoto. Caminar, colectivo o mototaxi es la solución.

Comer en San Andrés

  • Las influencias paisas están presente en cada espacio de la isla, por lo que la comida típica o tradicional no está muy presente en los lugares turísticos. Para encontrarla se debe escudriñar un poco más en los sectores populares.
  •  En los restaurantes comunes los platos son costosos y si su sueño es la comida de mar, como un suculento sancocho de pescado, debe ir a donde comen los raizales. 

Por varios días, Olga figuró en los noticieros del país, y no precisamente por hechos positivos, su vida se convirtió en una cifra más de una sociedad indolente; para muchos solo fue otra mujer atacada con ácido.

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TU ‘AMOR’, MI ODISEA

Informe Especial

Mujer no es sinónimo de violencia.

“Las cosas se salieron de control, con él empujándome contra la cama y ahorcándome”, relata Irene Hincapié. Así como su historia, son muchos los casos de violencia que han ido en aumento en Cali durante la pandemia. 


La historia de Irene, una estudiante universitaria para quien la pandemia actuó como un catalizador para liberarse de una relación con fuertes signos de violencia, por suerte no acabó en una situación de fuerza mayor o en un titular devastador de algún periódico. Ante los ojos de la ley, no hay suficientes pruebas que permitan hacer un denuncio formal y las fallas en medio de los trámites relacionados con violencia de género, hacen que casos como los de Irene solo se conviertan en feos recuerdos. 

 Esquema de feminicidios publicado por la Gobernación del Valle del Cauca.

La violencia de género se agravó durante el confinamiento decretado a raíz de la pandemia por el COVID-19. Sandra Viviana Salguero, representante de Mujer y Género de la Defensoría del Valle, señaló que, “la cifra oficial dice que la violencia de género disminuyó; sin embargo, se tuvieron varias acciones defensoriales, principalmente en el mes de marzo y a finales del mes cerró. Todo abril, mayo y junio, la ruta de atención en Cali se cayó (no funcionó bien), ya que el municipio no actuó con la debida diligencia y por ello muchas mujeres no tenían claridad de dónde acudir. Así que muchos de los casos no llegaron a comisaría de familia, ni a fiscalía”.

Según las estadísticas de la Defensoría del Valle, indica Salguero, “en Cali, el 2020 cerró oficialmente con 20 feminicidios y según la Defensoría son 21; en lo que lleva el año 2021, van (registrados) 2 casos de feminicidio”. De acuerdo con la subsecretaria de Equidad de Género de la Alcaldía de Cali, Nancy Faride Arias Castillo, 2020 terminó con un total de 22 feminicidios. Tristemente, ellas no lograron huir de sus agresores al aparecer el COVID-19, ni mucho menos contar una historia como la que Irene relató a Utópicos (Ver entrevista).

Más de la mitad de los caleños son mujeres. Muchas de ellas han sufrido algún tipo de violencia, en diferentes contextos (económico, familiar, laboral, institucional, sexual, simbólico, entre otros). Según la subsecretaria Faride Arias, “la violencia más frecuente, según nuestros reportes, es la psicológica, ya que es la base de todas las violencias, siendo la más sutil”. 

 Gráfica publicitaria para campaña de la Alcaldía de Cali #MujeresSegurasEnCasa.

Aunque la violencia de género se da en cualquier edad, según la subsecretaria, “los rangos en los que las mujeres se ven más afectadas son desde los 20 hasta los 37 años. Sin embargo, el abuso sexual infantil tiene unas cifras exageradamente altas, siendo muchos los casos que casi no son denunciados. Dichos eventos suelen ser más frecuentes los días domingos y feriados”.

En la misma línea de pensamiento, Rosa Elvira Castillo Vélez, responsable del Eje Pedagógico en la Escuela Política Feminista de Travesía por la Paz, comenta que “según los reportes que hemos recibido, en el último año ha habido un gran incremento en violencia sexual en niñas entre 10 y 12 años, en el ámbito doméstico”.

A pesar de que existan instituciones públicas y privadas encargadas de brindar apoyo a las mujeres que sufren violencia, el sistema aún es muy precario. Castillo aclara que, “es insuficiente la respuesta institucional en los diferentes ámbitos, como el de la salud, la educación y, en especial, el judicial, haciendo que muchas mujeres no sean atendidas correctamente o que sus procesos se demoren tanto, que primero mueran en manos de su pareja a ser atendidas. Y aunque las organizaciones velen por la estabilidad emocional de sus integrantes, la labor de auxilio es de entera responsabilidad de los organismos del estado”.

Entrevista

PARADÓJICAMENTE, EL COVID SALVÓ SU VIDA

Conversación con Irene Hincapié

¿Cómo se inició el maltrato? 

Cuando empezamos a salir era un caballero, un príncipe. En noviembre de 2020 comenzamos nuestro noviazgo y en el transcurso del primer mes empezaron los primeros signos de violencia, utilizaba calificativos pasivo agresivos creando un maltrato psicológico. Luego empezó a cerrar mi círculo social por celos, alejándome de ellos, para así estar bien en nuestra relación, pequeñas discusiones que terminaban en peleas hirientes, llamadas de teléfono salidas de tono, golpes a las paredes y apretones de brazo, afuera de los salones de clase, más de una vez.

Irene ahora es una entusiasta luchadora en contra la violencia contra la mujer.

¿En qué momento pasó de ser violencia psicológica a violencia física?

Cuatro meses después, justo antes de la llegada de la pandemia a Colombia, una noche, en medio de una discusión en el cuarto de mi ex pareja, las cosas se salieron de control, con él empujándome contra la cama y ahorcándome. Sabía que eso estaba totalmente mal, pero no terminé mi relación.

¿Cómo manejó la situación?

A pesar de las disculpas y de obsequios, las discusiones nunca acabaron. Pero al llegar la cuarentena, confinados y con sus ataques de celos incontrolables al no poder vernos constantemente, por fin me dí cuenta del daño que me estaba causando y decidí terminar mi relación. 

¿A quién acudió después del incidente?

Él me prohibía hablar de nuestras situaciones de pareja con cualquier persona, así que durante la relación no tuve fuerzas de contárselo a nadie, por miedo a que por esto terminara mi relación. Cuando por fin terminamos, le conté a mi mejor amiga y unos meses después tuve la fuerza de hablar con mi madre para pedirle ayuda. Empecé terapia psicológica por medio de mi EPS, pero en medio de la pandemia fue terrible, una llamada al mes de 15 minutos no era suficiente para mí, así que actualmente tomo sesiones con la psicóloga de mi universidad, que me remitió a psiquiatría. 

¿Qué sucedió con el agresor?

Después de terminar, su reacción fue violenta y amenazante. Gracias al confinamiento no pudo encontrarse conmigo y nos bloqueamos de redes sociales. Tiempo después me buscó de nuevo y al aclararle que no quería nada con él, de nuevo reaccionó de forma agresiva y se alejó nuevamente. 

Irene ahora se siente una mujer más fuerte y defiende sus convicciones, así como las mujeres que le rodean.

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UTÓPICOS INDAGA

Un sondeo realizado por Utópicos a 50 mujeres de Cali reveló que el 94% de ellas han sufrido de algún tipo de violencia. Aquí se evidencian los tipos de violencia, el rango de edad más frecuentes, los contextos en los que más ocurre, la frecuencia con la que se presentan estas situaciones y de dónde proviene el agresor. 

A las 50 mujeres se les formularon cinco preguntas. Las respuestas se encuentran en la gráfica.

PREGUNTA 1: ¿Ha sufrido de violencia?

PREGUNTA 2: ¿Con qué frecuencia? 

PREGUNTA 3: ¿Cuáles tipos de acoso son más frecuentes? 

PREGUNTA 4: ¿En qué contexto?

PREGUNTA 5: ¿De quién proviene la agresión?

Como se refleja en esta encuesta de Utópicos, la violencia de género es una situación que compete a todos y se debe velar por la seguridad y bienestar de todas las mujeres. Cada día es un buen día para hacer cambios y empezar de cero.

  Stiven Campaz, Ana Ceballos, Sharon Otálvora

 @stevencj1 – @anamcg__ – @OtalvoraSharon