LA RUTA DE CAICEDO

LA RUTA DE CAICEDO

Autor: José Julián Mena Rivera.

Facultad de Humanidades y Artes

Guillermo Lemos fue la persona que leyó por primera vez, en voz alta, Que viva la música, en compañía de su autor Andrés Caicedo y cuatro paquetes de Piel Roja y una onza de marihuana y tres gramos de coca y una canasta de cerveza.

El mismo Guillermo que desde hace cuatro años vive con su madre, la cual nunca imaginó que fuera su travieso y a veces incontrolable hijo quien la acompañaría en el colofón de su trasegar en la vida y, al relatar sus historias con Andrés o sin él, te das cuenta de que tiene mucho por contar.

Fueron cinco años de amistad de Guillermo con Caicedo. Juntos recorrieron la Cali de los setenta. La misma Cali que inspiró las dos grandes obras del autor caleño; El atravesado y Que viva la música. 

Quien mejor que él, para nutrir de comentarios un recorrido cultural que nació de la iniciativa de dos grandes amantes de la obra caicediana; Guillermo Lemos y la licenciada Ángela Rosa Giraldo. La Ruta de Caicedo tiene en su haber tres recorridos realizados y acaba de ganar la Convocatoria Estímulos 2013, en Industrias Culturales de Cali, adscrita a la Secretaría de Cultura y turismo. 

“Yo tuve la suerte de compartir con Andrés Caicedo el momento creativo de sus obras. A mí me llegaron todos los datos de primera mano”, afirma Lemos. No está de más decir que fue a Guillermo quien dedicó El atravesado. 

Pero detrás del mesurado individuo, que sabe que lo cobija la sombra de uno más grande, se deja ver un hombre que no pretende ser “respetable, ni una vaca sagrada”, como él mismo dice, sino alguien que siempre será el hombre embluyinado, el eterno alumno. 

Andrés Caicedo decidió acabar la obra de su vida, el 4 de marzo de 1977, después de tomar 60 secobarbitales, cuando estaba en su apartamento, el 101 del Edificio Corkidi, en la Avenida Sexta. De la vida y de la muerte habló muchas veces con Guillermo Lemos; Caicedo le decía al respecto: “Yo quiero morir joven, porque la genialidad se termina, es perecedera; porque la madurez es la aceptación de las derrotas”. Y en contradicción con su amigo, Guillermo contestaba: “Yo quiero morir viejo, yo voy a vivir largos años, porque amo infinitamente la vida”. 

Tanto el uno como el otro, se salieron con la suya. Aunque, paradójicamente, durante muchos años para ‘Guillermito’, como cariñosamente lo llamaba Andrés, había una búsqueda, inconsciente, de la muerte, que nunca llegó. “Estaba metido siempre en cosas muy riesgosas, viviendo la vida de un drogadicto, casi de un desechable, y experimentando cada día el tema de la limpieza social. Dos veces me intentaron matar. Llegó un momento en que me insensibilicé”. 

Cuando ves Angelitos empantanados (que son los fragmentos editados por Luis Ospina de un video de Andrés Caicedo y Eduardo Carvajal, alias ‘La Rata’, en donde aparecen Clarisol Lemos, Guillermo Lemos, Carlos Tofiño y Fosforito te imaginas que el futuro de esas pequeñas criaturas sería incierto, acepción que no estaba tan lejos de la realidad. A pesar de que la obra era una improvisación teatral, más tarde se convertiría en el preludio de una vida de excesos para algunos de ellos. 

“Nosotros no vivíamos para la droga, no era visto como algo delincuencial pero en los ochenta viene el basuco y como lo dije en el documental El ángel del pantano (dirigido por Oscar Campo y lo repito: ‘El basuco no tiene amigos, es egoísta, te destruye; me había robado mi valía”. Se encaminó entonces a su propia autodestrucción. “Porque si yo era la mierda más grande, me voy a destruir”, pensaba. 

“Con el documental me volvió la autoestima. Sin llegar a la petulancia y al egocentrismo. Me di cuenta de que, si los demás contaban conmigo, por qué yo no. Tuve la oportunidad de hablar por muchos que no hablaron. Fue como una catarsis”, explicó, mientras encendía su segundo Pielroja. 

Cuando conoció a Andrés, estaba en compañía de su hermana Clarisol en la presentación de una pieza teatral (en el Auditorio 5 de la Universidad del Valle), escrita y dirigida por Caicedo, en el año de 1972, 

Posteriormente, el lugar de encuentro fue el Cine Club de Cali, “Andrés me dijo ‘Yo quiero escribir literatura para jóvenes, pero tengo que buscar los elementos, porque no quiero que mi literatura pierda el realce local, el que es en Cali’”. 

Lejos de la imagen que relata de sí mismo, de su pasado, encontramos a un hombre mayor, de pómulos pronunciados, sentado con la tranquilidad de aquel que no le debe nada a la vida, con la paz interior que le deja el “estar limpio” – así es como le llama al haber dejado las drogas hace 19 años- eso sí, pagando el precio de una salud disminuida que se refleja en su repetida tos. 

El mismo Guillermo que desde hace cuatro años vive con su madre, la cual nunca imaginó que fuera su travieso y a veces incontrolable hijo quien la acompañaría en el colofón de su trasegar en la vida y, al relatar sus historias con Andrés o sin él, te das cuenta de que tiene mucho por contar. 

Cualquier calle, cualquier rincón de la Sultana del Valle servían como rescoldo inspirador para el literato de la urbe. “Caicedo volvió la ciudad como algo lírico. Sus personajes siempre están en movimiento, recorriendo la ciudad”, la misma ciudad de Andrés, de Guillermo, la misma Cali tuya y mía, la misma que se recorre en La Ruta de Caicedo. 

 …“Yo tuve la suerte de compartir con Andrés Caicedo el momento creativo de sus obras. A mí me llegaron todos los datos de primera mano”.

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MEMORIAS DEL PERIODISTA DICHAS DESDE ARMERO

El periodista Jorge Manrique Grisales relató sus más profundos pensamientos y recuerdos sobre su trasegar en Colombia, al presentar su nuevo libro Oficio de Reportero, donde expone historias que, se puede decir, son parte de su memoria, por la suspicacia, profundidad y estilo con el que nos lleva al lugar de los hechos con tan solo leer un párrafo.


Por: Laura Vanessa Angulo y Viky Andrade.

El foco central de este escrito resalta una historia que fue un gran hito en Colombia, la avalancha producida por el Volcán del Ruiz, conocida como la Tragedia de Armero, un suceso cargado de miedo, sufrimiento y tenacidad, que ocurrió en noviembre de 1985.

La docente Olga Behar -codirectora de Utópicos 2.0- realizó la entrevista a Jorge Manrique, en la que nos relató la forma como cubrió este insuceso y cómo la erupción del Ruiz era una tragedia anunciada: “Veinticinco mil personas perdieron la vida en las entrañas de una avalancha de lodo y piedras que se descuajó desde las nieves perpetuas del volcán nevado del Ruiz y bajó rauda por los cañones de los ríos que nacen en esa parte de la Cordillera Central”.

La erupción del volcán tomó por sorpresa a los pobladores cercanos; mientras tanto, los medios nacionales e internacionales exponían tal suceso de manera sensacionalista, presentando situaciones como el sufrimiento de la pequeña Omaira antes de su muerte. Por el contrario el periodista Manrique, paso a paso nos cuenta cómo la muerte acechó en cada esquina del municipio, sus lágrimas se reflejaban con la ceniza que caía poco a poco del cielo, cubriendo a los habitantes de esa región.

En su libro cuenta también la historia de Armero basándose en los escritos de un ex alumno de una expedición universitaria que terminó en tragedia el 13 de noviembre del 1985; este personaje es el hoy geólogo Víctor Hernán Cubillos, quien expone que esa noche “se sentía el crujir de las vigas y muros, el estallido de vidrios, el ruido de las latas aplastadas y el chasquido de los arboles cercenados”. 
Al otro día el dolor se hacía notar, pero en el hotel donde se habían hospedado los estudiantes de Geología de la Universidad de Caldas había pocas quejas; las pocas personas sobrevivientes estaban desfiguradas, les faltaban extremidades y unos pocos lograron curarse. Fue el caso de Cubillos, quien fue trasladado al Hospital Universitario de Caldas por principios de gangrena en un tobillo herido. Ahora cuenta la historia desde Ontario, Canadá, donde actualmente reside.

Leer el libro es aclarar el dolor e imaginar lo inigualable, esta crónica nos relata cada paso en la vida de un sobreviviente que cada 13 de noviembre recuerda tales hechos y llora por la muerte de sus conocidos.


Después de que se cumplieron los 25 años del desastre de Armero, Manrique se refiere estudios de cómo ha ido cambiando el volcán que consumió todo un pueblo, de la composición del nevado del Ruiz -situado a 4.885 metros sobre el nivel del mar-. Después de lo acontecido, las autoridades tomaron más precaución, dado que este fenómeno de la lluvia de ceniza causando actualmente problemas en el cauce de los ríos, así como acidez en sus aguas, lo cual afecta las plantaciones; Igualmente, se revisaron las medidas para prever acciones en caso de una erupción futura del volcán.
Colombia necesita un momento de dolor para actuar, con frecuencia analiza los hechos cuando hay muertos de por medio. Y así como pasó con Armero, pueden ocurrir otros acontecimientos sin que elabore un plan de contingencia.


Los medios nacionales e internacionales posaron sus miradas en Armero un día después de la tragedia; el dolor y las noticias del momento parecían pasabocas para los periodistas, y es aquí cuando este libro nos invita a recordar un momento que no debió pasar, pero que aunque le echen la culpa a la naturaleza, los entes gubernamentales permitieron que sucediera.