El taxista que refuta a Dios

El taxista que refuta a Dios

Autores: Luis David Rodríguez | Paula Andrea García | Stiven Domínguez

Facultad de Humanidades y Artes

“Ni la ciencia ni la religión podrán cambiar el mundo, solo un nuevo conocimiento y yo creo que aquí hay un nuevo conocimiento”, afirma Santiago Zúñiga sobre su libro ‘Porque los “dioses” se robaron las llaves del cielo’, que escribió después de perder a su hijo de 10 años y del que les habla con entusiasmo a quienes abordan el  Kia Picanto 2016 en el que recorre las calles de la capital del Valle para ganarse la vida como taxista. 

Hace unos años tuve la pérdida de mi único hijo, Sebastián. Murió de leucemia y en ese momento caí en estado depresivo, trabajaba en una financiera y cuando llegaba del trabajo escribía y escribía; cuando me retiré uní todo lo que tenía en papel y en el ordenador, y empecé a pensar que tenía un libro y, más que eso, una información para darle a la humanidad.  

Caleño de nacimiento, dice que se dio a la tarea de escribir una crítica a la sociedad actual y que no estudió una carrera profesional porque el sistema académico impone una “educastracion” que no le interesa. En cambio, lee a Nietzsche y reconoce que el divorcio y la guerra que su pequeño Sebastián perdió con la leucemia cambiaron totalmente su percepción de la realidad.

¿Qué lo llevó a escribir este libro?  

Hace unos años tuve la pérdida de mi único hijo, Sebastián. Murió de leucemia y en ese momento caí en estado depresivo, trabajaba en una financiera y cuando llegaba del trabajo escribía y escribía; cuando me retiré uní todo lo que tenía en papel y en el ordenador, y empecé a pensar que tenía un libro y, más que eso, una información para darle a la humanidad.  

¿Cómo obtuvo esa información?  

-¿Si la gente creyó en los dioses, que no los ha visto, por qué no podemos creer en otras civilizaciones? Yo empezaba a escribir y cuando vi, eran cosas que no eran de mi  mente, era una comunicación telepática. Entonces de pronto se me presentó un ser llamado Ocxael y me empezó a decir que me estaba dando un comunicado, dándome a entender que estamos en mundo totalmente esclavizado, que no había sido creado por un buen ser. Yo le creí porque tenía la experiencia con mi hijo y todo lo que veía en términos generales a nivel mundial: guerras,  pestes, catástrofes, hambre…  

Santiago es taxista provisionalmente, mientras publica su libro y se dedica a difundir las ideas consignadas en él.

 ¿Por qué le puso ese título al libro?   

Los dioses van entre comillas porque son una creación psíquica que nos pone en un lugar de inferioridad, entonces te están creando un complejo desde que naces, que hay un ser superior que todo lo puede.  

¿Entonces es un mensaje antirreligioso?  

-Hablo algo de metafísica: se sabe que los libros religiosos siempre hablan de un cuerpo que va más allá de la vida, pero que hay que salvar. ¿Pero cómo nos someten a eso, al salvamento? A través de la  obediencia y del miedo. El miedo es el estado mental más deplorable que podemos sentir, otra cosa es que la ciencia nunca nos dará validez porque para la ciencia, lo que no es comprobable mediante la observación de sus experimentos, no es válido.  

¿Cree que su libro podría impactar a la gente?  

-Sí, porque las religiones están atrapando a la gente,  cada semana se ve una nueva iglesia porque saben que la gente está en un estado de ansiedad. Por eso tienen que atraparla de alguna manera.   

El miedo es el estado mental más deplorable que podemos sentir”.

¿Cuándo piensa publicarlo?

-Estoy esperando pulirlo y  lo voy a sacar cuando vea que ya esté, así me toque tirarlo por Internet. Lo de la editorial no me preocupa ahora,  sino  tener el contenido, lo que quiero entregar a la humanidad, que la gente entienda que hay algo más allá.  

¿Qué escritores influenciaron su pensamiento, su escritura?  

-Nietzsche, en ‘Humano simplemente humano’, dice que “ni la ciencia ni la religión podrán cambiar el mundo, solo un nuevo conocimiento”, y yo creo que aquí hay un nuevo conocimiento.   

La muerte de su pequeño hijo le produjo depresión pero después entendió que le había enviado una misión de vida

¿Su familia lo apoya en este proyecto? 

-Mi familia tiene sus creencias, sus convicciones, porque todavía tienen el chip biológico ancestral, ese que te dice que hay un Dios, entonces yo vengo siendo como el niño diferente de la casa. Sin embargo, comparto con ellos muchas cosas, pero les cuesta trabajo salirse de sus creencias porque es algo que te inducen de la niñez, nacés en un hogar con una convicción religiosa.

¿Una vez publique el libro seguirá trabajando como taxista?  

-La idea es elaborar un cronograma de trabajo con el libro y dejar cualquier actividad. Siento que es mi misión y por lo que he venido. Este es un trabajo que empezaron muchos seres en la historia, como Bruno Giordano, al que condenó la Inquisición, y  que es el momento de seguir ese legado que ha dejado mucha sangre para que la gente conozca un mundo diferente al que nos pinta la institucionalidad. Hasta el último día estaré al frente de la batalla con mi espada.

Este es un trabajo que empezaron muchos seres en la historia, como Bruno Giordano, al que condenó la Inquisición…

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Ecos de un conversatorio

ROMPIENDO PARADIGMAS

El conversatorio empezó con algo diferente: se acomodaron sillas en forma de media luna para que los asistentes pudieran sentarse ahí, junto con los expositores. Al llegar el periodista invitado, Jorge Manrique, se dio inicio a la exposición en la que Olga Behar, periodista y docente de la Universidad Santiago de Cali, formuló una serie de preguntas a su colega, así como también él interrogó a su interlocutora, lográndose un ambiente de confraternidad y agradables relatos sobre las experiencias de ambos. 

Por: Viviana Quijano.

No faltaron las anécdotas y los ‘cacharros’ que, como siempre, suelen pasar en toda profesión y aún más en la labor de reportero.

Esta conversación realmente fue muy amena, tanto así que, entre risas, el periodista Jorge Manrique contó cómo le tocó viajar junto a la caja negra de un avión para comprobar qué podía captar este artefacto durante un viaje. Además de risas y elogios entre ellos haciendo mérito a las buenas labores como periodistas, también expusieron sus opiniones acerca de la ética de un periodista, tomando como ejemplo la catástrofe de Armero en la que unos periodistas filmaron la muerte de una niña, Omaira, y la publicaron en los medios.

Aquel tema sin lugar a duda puso en evidencia el dilema de la labor de un periodista, puesto que muchas veces se encuentra en la posición de decidir qué está primero, si el amarillismo para vender o si hace uso de su ética para lograr un buen periodismo, uno que maneje el contenido adecuadamente y en el que no se añadan falsedades ni tampoco se exagere la realidad.

Después de este diálogo, la moderadora, Liliana Marroquín (Directora del Programa de Comunicación Social de la USC) dio paso a los presentes para que pudieran aclarar sus dudas con los exponentes.

Y sorprendió una pregunta, proveniente, no de un estudiante sino de un profesor, quien cuestionó el subjetivismo en la labor periodística. En contraste con lo que tal vez el profesor esperaba escuchar, recibió esta respuesta de Olga Behar: “ El periodismo, ha cambiado, ahora se puede hablar en primera persona”. Jorge añadió que “antes el periodista no podía opinar, se manejaba un periodismo ‘objetivo’ pero ahora las cosas han cambiado y se puede dar el punto de vista”.

Explicaron que el reportero tiene que involucrarse con la comunidad, víctima de una crisis social y política, para poder conocer realmente su situación.

‘Oficio de Reportero’ nombre del nuevo libro de Jorge Manrique, reseña cómo no se trata de una labor de “calentar asiento” sino al contrario, es un oficio que exige estar alerta de las situaciones, no hay lugar para estar desparchado, porque siempre en esta profesión hay algo por hacer. Y, como le dijo Manrique, el periodista “nunca puede dejar la capacidad de asombrarse”.

OFICIO DE REPORTERO: CONVERSACIÓN CON JORGE MANRIQUE.

Por: Marco Páez.

Manizaleño, comunicador social-periodista con una maestría en tecnologías de la información aplicadas a la educación y especialización en informática para la docencia, Jorge Manrique es una biblia de la reportería.

Después de 24 años intensos en el periódico bogotano El Espectador y en el Canal Caracol, hoy transmite sus experiencias a estudiantes de Comunicación en la Universidad Javeriana (sede Cali).

Recientemente, lanzó en la Universidad Santiago de Cali su libro ‘Oficio de Reportero’ (Sello Editorial Javeriano Cali, 2015). Utópicos conversón con él.

U. ¿De dónde surge su idea de ser profesor universitario?

JM: Inicialmente, el tema de ser profesor no me llamaba mucho la atención, porque ya había estado en los medios, me había tocado recibir los estudiantes de periodismo y no les tenía mucha paciencia. Entonces, imaginarme yo, del otro lado, en la universidad, no me identificaba mucho. Sin embargo, también fue algo muy casual, me fui dando cuenta de que con los jóvenes, si usted sabe sembrar una buena semilla, puede construir potencialmente buenos reporteros. Y yo me precio, de verdad, de haber sido profesor de gente muy valiosa que hoy se encuentra en los medios.

U. Háblenos de su nuevo libro.

JM: Es una recopilación de 12 crónicas de mi autoría, en él se conjuga el oficio de reportero con el oficio del profesor, ya que el profesor de hoy interroga al reportero de hace 30 años y le pregunta por lo que salió bien, lo que no salió tan bien, por aquellas cosas que resolvió sobre la marcha.

U. ¿Cuál es el trabajo periodístico que más lo enorgullece?

JM: El cubrimiento que marcó mi vida como reportero, sin duda alguna, fue el de la tragedia de Armero, la erupción del cráter Arenas del Volcán Nevado del Ruiz, el 13 de Noviembre de 1985. Fueron los días más intensos de toda mi existencia. Todavía ese acontecimiento me mueve bastante por la magnitud y, sobre todo, porque me mostró la dimensión humana que puede tener el periodismo. Se van a cumplir 30 años y estoy preparando un especial con mis estudiantes de la Universidad Javeriana de Bogotá para los medios de la universidad y también para el diario El Espectador de Bogotá.