Bajo los escombros: ¿Falló la construcción en Cali? 

Bajo los escombros: ¿Falló la construcción en Cali? 

El terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto dejó en Cali graves afectaciones de infraestructura. Mientras avanzan las evaluaciones técnicas, trabajadores, arquitectos, residentes y un abogado cuestionan posibles fallas en el diseño, ejecución y supervisión de algunas obras, así como las acciones legales para los damnificados.

Por: Jhoselin Pupiales y Paola Gutiérrez

Facultad de Humanidades y Artes

Cuando la tierra comenzó a moverse, cientos de edificaciones de Cali quedaron expuestas a uno de los terremotos más fuertes registrados en Colombia durante las últimas décadas. Un mes después, entre los escombros y las estructuras afectadas permanece una pregunta… ¿por qué algunas edificaciones colapsaron mientras otras resistieron el mismo movimiento? 

El sismo ocurrió a las 7:34 de la mañana del 10 de agosto de 2026. Tuvo una magnitud de 7,4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, a 103 kilómetros de profundidad, según el Servicio Geológico Colombiano. (SGC)  

“Mire, uno en la obra ve de todo. A uno le entregan unos planos muy bonitos, pero cuando llega el ingeniero del proyecto a decir ‘échele más arena a esa mezcla’ o ‘espacie más las varillas para ahorrarnos un hierro’, uno qué hace si necesita el trabajo”

En Cali, la Alcaldía había realizado 1.849 visitas técnicas especializadas con corte al 10 de septiembre. De las estructuras evaluadas, 441 fueron clasificadas como habitables, 769 como no habitables y 475 como de uso restringido. Además, se verificaron 24 edificaciones con colapso total y 506 con colapso parcial. Detrás de esas cifras están las personas que vivían, trabajaban o conocían las condiciones de algunas de las edificaciones afectadas. 

Harold Wilson, maestro de obra, conoce desde adentro los procesos que pueden determinar el comportamiento de una construcción. Al recordar lo que puede ocurrir durante la ejecución de una obra, aseguró que existen decisiones que no siempre son visibles para quienes posteriormente ocuparán una edificación. 

“Mire, uno en la obra ve de todo. A uno le entregan unos planos muy bonitos, pero cuando llega el ingeniero del proyecto a decir ‘échele más arena a esa mezcla’ o ‘espacie más las varillas para ahorrarnos un hierro’, uno qué hace si necesita el trabajo”, relató Wilson. 

El maestro de obra también explicó que el comportamiento de una estructura no depende únicamente de que se utilice cemento y acero, sino de cómo se ejecuta cada procedimiento. 

“La gente cree que el concreto es cemento y ya, pero el secreto está en los tiempos de curado y la calidad del material. El hierro tiene que amarrar bien, si no, la estructura se abre como un hojaldre”, afirmó. 

Wilson señaló que después de conocer los efectos del terremoto, una de sus primeras preocupaciones estuvo relacionada con las estructuras relativamente nuevas.  

“Cuando pasó el temblor de 7,4 y vi las noticias, lo primero que pensé fue en las columnas de esos edificios nuevos. Un temblor así de fuerte no perdona las tacañerías en la cimentación”. 

La discusión también llega a la etapa de diseño. Para Carlos Rodríguez, arquitecto proyectista, “Sentir la tierra mover de esa forma fue devastador, pero ver edificios con menos de diez años colapsados da rabia e impotencia”, afirmó. 

Rodríguez recordó que Cali cuenta con una Microzonificación Sísmica que permite considerar las características del suelo de diferentes sectores de la ciudad. “En Cali conocemos de sobra la microzonificación sísmica; sabemos exactamente qué suelos son traicioneros, sobre todo hacia el oriente o cerca a los ríos”, sostuvo. 

Para Carlos, uno de los puntos que deberán revisarse son las modificaciones que pueden realizarse durante la construcción o posteriormente. “El problema es que a veces prima el rendimiento financiero sobre la lógica del diseño. Si tú sobrecargas una losa o corres un muro estructural para hacer un parqueadero más amplio porque así vendes más rápido, estás jugando con la vida de la gente”, señaló. 

Y agregó: “El diseño no es solo fachada bonita, es responderle al suelo donde te estás parando”. 

Para establecer si situaciones como las descritas por Rodríguez ocurrieron en alguno de los edificios afectados será necesario revisar estudios de suelo, planos estructurales, licencias y modificaciones realizadas durante la construcción. 

Fanny Sousa, arquitecta e interventora de obras, cuestionó precisamente esa etapa de control. “Ese 10 de agosto me confirmó el mayor temor que varios colegas llevábamos años hablando y era que la supervisión en esta ciudad se volvió un trámite de escritorio”, afirmó. 

Fanny cuestionó que una obra pueda cumplir documentalmente con determinados requisitos mientras la ejecución en campo puede presentar diferencias. “Hay curadurías que aprueban planos impecables, pero nadie va a la obra a verificar si el concreto vaciado tenía la resistencia que decía el papel”, sostuvo. 

La arquitecta también señaló que existen vacíos en los mecanismos de supervisión que deberán ser revisados a partir de los casos concretos. “La ley exige controles rigurosos, pero la privatización de la supervisión creó vacíos donde la constructora a veces es juez y parte”, afirmó. Para ella, los documentos también pueden revelar qué ocurrió antes del terremoto. “Hoy paso por esos escombros y no veo solo escombros, veo firmas estampadas en documentos que nunca debieron aprobarse”. 

Mientras los expertos hablan de materiales, diseño y supervisión, algunos residentes aseguran que las señales de deterioro aparecieron mucho antes del terremoto. 

Isabella Florián, residente afectada, nos contó que durante meses los habitantes del conjunto residencial Gracias a Dios, ubicado en el barrio El refugio, al sur de Cali habían expresado preocupación por las condiciones del inmueble. 

“Nosotros llevábamos meses peleando en las reuniones de copropietarios. Cada que pasaba un camión pesado, el piso retumbaba y en el parqueadero subterráneo se hacían unas grietas larguísimas que tapaban con simple pintura y yeso”, relató. 

Según Isabella, la explicación que recibieron no apuntaba inicialmente a un riesgo estructural. “Decían que era ‘asentamiento del terreno’, que no nos preocupáramos”. Pero el 10 de agosto, la situación cambió. 

“El ruido fue ensordecedor, como si se desgajara la tierra. Salimos con lo que teníamos puesto mientras veíamos cómo se desmoronaba la entrada”, recordó. 

La residente cuestiona que las advertencias realizadas antes del terremoto no hubieran derivado, según su relato, en una solución definitiva. “Hoy perdimos todo el esfuerzo de nuestra vida por culpa de gente que ignoró nuestras advertencias”. 

Su testimonio plantea una pregunta que deberá responderse con documentos: si existieron reportes previos sobre grietas u otros daños, qué respuesta recibieron y qué actuaciones realizaron la administración, la constructora o los responsables de la supervisión. 

Entre los afectados está Natalia Otero, sobreviviente del colapso de una unidad residencial en el barrio La Flora al norte de la ciudad. Su relato muestra las consecuencias humanas detrás de las cifras. 

“Fueron los 40 minutos más largos de mi vida. Cuando empezó a sacudirse todo de esa manera tan violenta, intenté correr hacia la puerta, pero el techo del pasillo se vino abajo instantáneamente”, relató. “Quedé atrapada debajo de un bloque de mampostería, respirando un polvo que me ahogaba y escuchando los gritos de mis vecinos en la oscuridad”. 

“Yo compré ese apartamento hace cuatro años pensando que era un lugar seguro para mi familia, un edificio moderno… Jamás me imaginé tener que gatear entre los escombros de mi propia casa para salir viva”. 

Después del rescate, la pregunta dejó de ser únicamente qué había sucedido durante el terremoto. “Exijo saber quién firmó la entrega de ese edificio”, afirmó Natalia. 

Su pregunta apunta a la cadena de personas y entidades que participaron en el proceso: quienes diseñaron, construyeron, supervisaron, aprobaron y recibieron las obras. 

Para las familias que perdieron sus viviendas, la discusión también tiene una dimensión jurídica. Kevin Castaño, abogado consultado para este informe, explicó que el primer paso consiste en conservar las pruebas y dejar constancia formal de la afectación. 

Entre los documentos que deberían conservarse están las escrituras o documentos de propiedad, contratos de compraventa, fotografías y videos de la vivienda, informes técnicos, comunicaciones con la administración o la constructora y cualquier reporte que demuestre que existían daños antes del terremoto. 

Kevin explicó que el colapso de una vivienda durante un terremoto no permite atribuir automáticamente responsabilidad a un constructor. 

La responsabilidad dependerá de lo que determinen los estudios técnicos y de la posibilidad de establecer una relación entre una eventual falla y el daño producido. 

En ese análisis deberán revisarse aspectos como el diseño, los materiales, la ejecución de la obra, las condiciones del suelo y la supervisión. También será necesario establecer quiénes participaron en cada etapa de la construcción. 

En caso de que los peritajes encuentren fallas atribuibles al proceso constructivo, los damnificados podrían analizar las acciones legales correspondientes para reclamar por los daños sufridos. 

El abogado también explicó que la situación adquiere una dimensión diferente cuando existen personas fallecidas como consecuencia del colapso. En esos casos, los familiares deberán conservar documentos que acrediten el parentesco, el registro civil de defunción y toda la información relacionada con la vivienda y con las circunstancias del colapso. 

La existencia de un fallecimiento tampoco permite establecer por sí sola quién es responsable. Será necesario determinar técnicamente qué provocó el colapso y jurídicamente si existe una relación entre una eventual falla y la muerte. 

Para Kevin, el hecho de que el daño haya ocurrido durante un terremoto tampoco elimina automáticamente la posibilidad de analizar responsabilidades. La clave está en establecer si la estructura presentó el comportamiento esperado frente al evento sísmico o si existieron condiciones anteriores que pudieron aumentar su vulnerabilidad. 

La discusión ocurre mientras la Alcaldía adelanta las evaluaciones anunciadas después de la emergencia. El alcalde Alejandro Eder señaló que estos estudios permitirán establecer las causas de los colapsos y determinar si las construcciones cumplían con las normas de sismo resistencia y también planteó revisar posibles irregularidades durante los procesos de construcción y vigilancia. 

Por eso, la revisión no se limita a mirar las estructuras después del terremoto. También debe reconstruir lo que ocurrió antes: cómo fueron diseñadas, qué materiales se utilizaron, qué se modificó durante la obra y qué controles se realizaron. 

Los peritajes deberán contrastar las licencias de construcción, los planos estructurales, los estudios geotécnicos, los certificados de cumplimiento de la norma sismo resistente, las actas de interventoría, las bitácoras de obra y los certificados y ensayos de los materiales utilizados. 

También serán importantes las muestras recuperadas de las estructuras afectadas y las evaluaciones realizadas después del terremoto. 

Al 10 de septiembre, 52.809 familias habían sido evaluadas y 45.139 estaban registradas como damnificadas. Cerca de 500 personas permanecían en alojamientos temporales administrados por el Distrito. 

La magnitud de los daños hace que la discusión vaya más allá de determinar cuáles edificaciones deberán ser demolidas o reparadas. También plantea interrogantes sobre la manera en que fueron diseñadas, aprobadas, construidas y supervisadas. 

Un mes después del sismo, las respuestas todavía están en manos de los estudios técnicos. Para las familias que perdieron sus viviendas, esas respuestas significan mucho más que determinar qué edificio debe repararse o demolerse. Significan saber qué ocurrió antes de que la tierra comenzara a moverse y, si los peritajes encuentran responsabilidades, conocer quién deberá responder por las consecuencias. Entre los escombros de Cali queda una pregunta que todavía no tiene una respuesta definitiva y estos y muchos otros casos más, siguen siendo materia de investigación.

“

Exijo saber quién firmó la entrega de ese edificio”, afirmó Natalia. 

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La ampliación de la carretera Santander de Quilichao – Popayán: un equilibrio entre desarrollo, conservación y trabajadores.

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Por: Lizeth Dayana Rojas Valencia

Facultad de Humanidades y Artes

Infraestructura y cuidado el reto de los biólogos e ingenieros de ajustar la vía sin afectar la biodiversidad.

“Este marco legal establece programas y obligaciones específicas para que las actividades constructivas no se realicen a costa del medio ambiente, sino que incorporen medidas de mitigación desde el diseño inicial”.

Es un proyecto clave para mejorar la conectividad y el desarrollo económico del suroccidente colombiano, enfrenta un reto crucial: minimizar su impacto en una zona de alta biodiversidad. A pesar de la necesidad de infraestructura en una región históricamente afectada por problemas de acceso, los esfuerzos para proteger los ecosistemas y las especies endémicas son una prioridad.

En este contexto, los biólogos cumplen una función esencial. Ellos lideran el monitoreo ambiental, diseñan estrategias preventivas y ejecutan acciones concretas para proteger la fauna y flora local durante todas las fases de la construcción. El biólogo Carlos Mario Maestra Garay expresa que su rol en este tipo de construcciones, “es imprescindible para la sostenibilidad del medio ambiente y por tanto para la ejecución del proyecto. La labor que han llevado a cabo los biólogos en dicho proyecto es altamente relevante, resguardan la biodiversidad de la región y ayudan a la protección de los ecosistemas allí́ presentes, tienen en cuenta los aspectos necesarios para cumplir con las obligaciones legales y ambientales pertinentes del proyecto.

La obra opera bajo una licencia ambiental que regula tanto los aspectos abióticos como el agua, el aire, el suelo y los bióticos, relacionados con la fauna y la flora. Claudia Ximena Lemos Carvajal, bióloga involucrada directamente, explica “Este marco legal establece programas y obligaciones específicas para que las actividades constructivas no se realicen a costa del medio ambiente, sino que incorporen medidas de mitigación desde el diseño inicial”.

Una de las primeras acciones es el ahuyentamiento de fauna silvestre, un proceso que identifica las especies presentes y las traslada a hábitats seguros antes de que comience cualquier movimiento de tierra. Durante la construcción, si un trabajador encuentra un animal herido, un nido o cualquier indicio de vida silvestre, debe notificarlo de inmediato al equipo ambiental, que actúa rápidamente para rescatar y reubicar a los ejemplares en áreas alejadas de la maquinaria.

Los biólogos realizan inspecciones detalladas, identificando  especies de vida silvestre, trasladándolos cuidadosamente a zonas adecuadas para no interrumpir sus ciclos reproductivos. El proyecto implementa pasos de fauna, como puentes verdes y túneles, para facilitar el cruce seguro de animales y reducir accidentes. Los puentes son utilizados en áreas de denso dosel arbóreo para especies como monos y ardillas, mientras que los túneles son más apropiados en zonas con poca vegetación para animales terrestres como osos hormigueros y zorros.

El biólogo Maestra señala que “Las obras fragmentan hábitats, especialmente para anfibios y reptiles de baja movilidad” y sugiere alternativas como construir en pastizales o usar autopistas elevadas, aunque estas opciones son más costosas.

Antes de cada proyecto, un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) identifica la fauna local y la mejor ubicación para los pasos de fauna. Se implementan planes de compensación ambiental para restaurar áreas degradadas, prevenir la erosión y fomentar la regeneración de ecosistemas.

La bióloga Lemos destaca que “los mayores retos son evitar la fragmentación de hábitats, la contaminación de recursos naturales y los problemas sociales como la inseguridad y los bloqueos en la vía Panamericana”.

El impacto de la obra trasciende lo ambiental y afecta a las comunidades locales. Valentina Ordóñez, residente de la zona, comenta: “La construcción nos ha complicado el transporte y la economía. Los ‘pare y siga’ reducen los ingresos de quienes dependen de la vía y aumentan la contaminación por el tiempo que pasamos esperando”. A pesar de estas dificultades, muchos reconocen el valor de la inversión y los beneficios que traerá a largo plazo.

La iniciativa se destaca por su enfoque interdisciplinario, que reúne a biólogos, ingenieros, arquitectos y otros expertos para minimizar el impacto ambiental en todas sus etapas, desde la reubicación de especies hasta la pavimentación final.

Esta colaboración asegura que las decisiones técnicas prioricen la conservación de la biodiversidad local, promoviendo un desarrollo responsable. Un componente clave es la formación continua que los biólogos brindan a los trabajadores mediante inducciones y cursos mensuales.

Según la bióloga Lemos Carvajal, “Se les enseña a identificar fauna y flora, manejar encuentros con animales silvestres y adoptar prácticas que reduzcan el daño ambiental, como evitar las quemas, no arrojar basura o lavar motocicletas en fuentes de agua”. De esta manera, se fomenta la conciencia ambiental y se capacita al personal para manejar adecuadamente situaciones como el hallazgo de nidos o animales en peligro, garantizando la protección del entorno.

Este proyecto se consolida como un modelo de desarrollo sostenible, donde la necesidad de progreso económico y conectividad se entrelaza con la urgencia de proteger una biodiversidad única.

Gracias al esfuerzo conjunto, demuestra que es posible construir sin devastar, implementando medidas como pasos de fauna, reforestación y programas de capacitación ambiental que salvaguardan ecosistemas frágiles y especies vulnerables.

A pesar de los desafíos, como la fragmentación de hábitats, la contaminación, la inseguridad, los bloqueos en la vía Panamericana y las molestias temporales para las comunidades, el proyecto busca equilibrar las demandas humanas con la preservación de la naturaleza.

Tal como lo expresa Inés Ruiz, residente de la comunidad de Santander de Quilichao, “todo debe hacerse de manera segura, sin dañar los ecosistemas solo por el beneficio humano”. Así, este esfuerzo colectivo no solo pavimenta una carretera, sino también un camino hacia un futuro en el que desarrollo y conservación avancen de la mano, dejando un legado de responsabilidad para las generaciones venideras.

La  bióloga  Claudia Lemos con sus protecciones requeridas realiza una búsqueda manual, en un 
entorno selvático de la vía Santander de quilichao - Popayán. La imagen captura el esfuerzo y
la conexión con la naturaleza en medio de un paisaje verde y frondoso. Foto: Oscar Ramírez.

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“Se les enseña a identificar fauna y flora, manejar encuentros con animales silvestres y adoptar prácticas que reduzcan el daño ambiental, como evitar las quemas, no arrojar basura o lavar motocicletas en fuentes de agua”.

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Tierra de creadores: un camino hacia la excelencia

El Seminario Pedagógico Permanente –SPP-, es un espacio formativo que brinda a los docentes de  la Facultad de Comunicación y Publicidad, posibilidades de generar discusiones para el mejoramiento de los cursos comunes que tienen los 3 programas.


En la última asamblea se buscaron formulas pedagógicas en aras de abrir nuevos programas para la diversificación de la oferta académica, y de  las maneras en cómo se está ejecutando el actual proceso de acreditación, con el objetivo de seguir apuntándole a la calidad, siendo esta la base de la nueva Facultad de Ciencias Sociales y Humanas

Dado que se va a abrir una nueva Facultad, la construcción de nuevas mallas curriculares de los programas en proceso de transformación, deben tener un enfoque de currículo general institucional y no solamente universitario, con el propósito de fortalecer las nuevas propuestas educativas que van naciendo.

Este mensaje de calidad y mejoramiento institucional es una responsabilidad que los docentes de la futura Facultad tienen con todo el territorio Vallecaucano, es un compromiso para caminar hacia la excelencia en la educación superior con bases sólidas para los futuros profesionales de la región. “Yo creo en los docentes de la Facultad, y en cada una de las personas que conforman los equipos que están construyendo los nuevos proyectos académicos” Afirma Camilia Gómez, Decana de la Facultad de Comunicación y Publicidad.

En este camino hacia la excelencia y la calidad nació Adland Team, una apuesta para el fomento del trabajo en equipo que desde el programa de Publicidad, busca marcar la pauta, en el panorama  nacional con la creación de nuevas metas, siendo hilo conductor del proceso de acreditación. Adland es la tierra de los publicistas, y ha tomado su concepto exitoso de constante creación y de altos índices de calidad como una muestra en el avance de la producción publicitaria ante las entidades que regulan el proceso de acreditación del Programa.

Tanto Adland Team, como las nuevas propuestas de empeño colectivo para ampliar y fortalecer el naciente panorama académico de la Facultad de Comunicación y Publicidad, son planteamientos que generan impacto en los modelos pedagógicos, que en un horizonte cercano, beneficiarán a toda la comunidad de Ciencias Sociales y Humanas de la USC. 

 Pabo Navarrete 

  @ElPaticorti