“Nunca pedí que me alisaran”

“Nunca pedí que me alisaran”

Autor: Yessica Diuza.

Facultad de Humanidades y Artes

Cabello afro, un mundo por descubrir.
Javier Camilo Suárez Paz (23 años) es oriundo de Buenaventura. Es estudiante del programa de Comunicación social de la USC y vive hace más
de 13 años en Cali. Recientemente, participó en el XX encuentro de investigación formativa Soy Semilla 2023, en donde presento, con un póster,
su propuesta, enfocada en los estudiantes afro.

Para el cabello alisado se recomienda aceite de coco porque ayuda a recuperar la grasa natural y evita que salgan costras o caspa. También, usar crema de chontaduro para fortalecerlo.

Era la canción que le cantaban a Mariela en el colegio. Cuando cumplió 15 años se alisó y prometió que lo mismo haría con sus hijas. Las  mujeres cimarronas esclavizadas trenzaban con astucia en su cabello las rutas de escape, que memorizaban, para escabullirse de sus captores. En turbantes escondían semillas y frutas para sobrevivir en la selva.

Entonces, el cabello afro era símbolo de libertad; ahora es motivo de vergüenza, por lo que muchas mujeres negras deciden alisarse. A Samira Garcés la alisaron desde pequeña con una crema americana para niñas. “Venía con un CD,  mi mamá decía que tenía el cabello muy duro y que no se podía manejar. Ponía la canción en inglés, yo la cantaba mientras me la aplicaba. Para nosotras, el cuento del alisado es tradición de familia, para evitar burlas”, afirma. Pero ella decidió dejar de alisarse y hace cinco años lleva su cabello al natural.

A Ketty Perea la alisaron cuando tenía 11 años.

Ella se alisaba cada mes hasta que se cayó totalmente. “En ese momento decidí dejar de usar químicos, me hice trenzas corridas para que creciera y empecé a llevar mi cabello afro. Han pasado seis años, me siento libre y fue un cambio positivo”, comenta.

En regiones como Chocó, Buenaventura y Cali, existe la tradición de alisar a las niñas al cumplir 15 años, porque el cabello liso pasa a ser un símbolo de belleza y madurez.  

La historia del alisado data del siglo pasado. En 1913, un sastre afroamericano, arreglando una de sus máquinas de coser dejó caer un producto que contenía lejía y vio cómo una prenda se estiraba; lo probó en su cabello y luego lo comercializó.

Para el cabello alisado se recomienda aceite de coco porque ayuda a recuperar la grasa natural y evita que salgan costras o caspa. También, usar crema de chontaduro para fortalecerlo.

El negocio de productos capilares mueve grandes sumas de dinero a nivel mundial. En Colombia se venden libremente, hay muy poca regulación y no se prevén los daños que pueden causar a la salud.

Diego Valencia Lucumí, cirujano plástico, realizó una investigación en la que descubrió los efectos que causan los químicos al ser aplicados directamente en el cuero cabelludo.

“Los que sirven para alisar tienen un PH alcalino y contienen soda caústica, formol y ácido sulfúrico. A algunas marcas les agregan otras sustancias como fórmula secreta para marcar la diferencia; lo que muy poca gente sabe es que esos productos se pueden absorber, llegan a la sangre y dañan las hormonas femeninas que son las más sensibles. Aparte, causan irritación, quemaduras, pérdida de sensibilidad y alopecia en el cuero cabelludo”, afirma Diego.

Jessica Bravo creó la línea de productos naturales Afronía: “La idea nació de una experiencia personal. Yo antes tenía el cabello alisado y una vez me quemaron el cuero cabelludo, en ese momento me  surgieron tantas preguntas, como cuál era la razón que me llevaba a hacerlo, si nunca me había gustado. Así empecé a buscar información”.

“A medida que el pelo iba creciendo me di cuenta que aquí en Colombia no había productos naturales para nuestro tipo de cabello, afro, fue entonces que empecé a vender la mascarilla capilar de manteca y el aceite de coco. A medida que iba teniendo más experiencia con las clientas desarrollé toda la línea completa”, explica.

Por su parte, para Samira, “el problema es que se crece creyendo que el cabello de uno es feo, malo y que es lo peor que se puede tener en el cuerpo. La alisadora es como la solución para mejorar. Eso tiene que ver mucho con lo que viene de atrás y no es culpa de mi mamá, porque a ella su mamá se lo enseño así y son tradiciones con las cuales hay que romper”.

Llevar el cabello alisado, afro, o con trenzas debe ser una decisión propia y no algo impuesto. Lo importante es aceptarse y no sentir vergüenza por lo que se es. El reto es concientizar a las comunidades negras para que se acepten tal cual  son y a las madres para que no pongan en riesgo la salud de sus hijas a temprana edad.

Llevar el cabello alisado, afro, o con trenzas debe ser una decisión propia y no algo impuesto. Lo importante es aceptarse y no sentir vergüenza por lo que se es. El reto es concientizar a las comunidades negras para que se acepten tal cual  son y a las madres para que no pongan en riesgo la salud de sus hijas a temprana edad.

Cuidados del cabello afro: Usar shampoo cada 15 días, desenredarlo en húmedo, trenzarlo, hacer los famosos bollitos (twist)

  • DATO
  • En regiones como el Chocó, Buenaventura y Cali, existe la tradición de alisar a las niñas al cumplir 15 años.

    En regiones como Chocó, Buenaventura y Cali, existe la tradición de alisar a las niñas al cumplir 15 años, porque el cabello liso pasa a ser un símbolo de belleza y madurez.

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    Un cuento para niños: María la curandera “hay veces yo misma me pregunto quién soy yo”

    Todos los días a las cinco de la mañana, María Córdoba, de 72 años, se levanta a orarle a José Gregorio Hernández. Es un ángel espiritual al que desde muy pequeña le ha tenido fe, debido a que –asegura- siempre la guía por buen camino, para que ese don que ella posee desde que nació sea utilizado en favor de todos los niños que tienen mal de ojo, ‘pujo’, o estén ‘empachados’ por las malas energías que transmiten algunas personas. 


    Por: Héctor Fabio Grueso.

    Su rutina de trabajo comienza a cuando termina de dar veinte vueltas al Parque Bolivariano, donde ella cura a los niños que desde muy tempranas horas comienzan a hacer fila junto a sus padres para ser atendidos por la curandera más reconocida del norte de Cali.

    Cuando tenía 16 años, María fue internada por sus familiares en un convento en el Chocó, para que más adelante fuera monja. Desde ese momento, ella descubrió que tenía un don que era inexplicable, debido a que inconscientemente se sulfuraba y tenía el desespero de romper las almohadas, sacándoles todo el algodón para curar las cortadas de las compañeras que se lastimaban tejiendo las batas que utilizaban en el convento.

    En ese entonces la gente la miraba raro, pensaban que estaba loca, pero lo que no sabían era que María Córdoba tenía un don que apenas estaba desarrollando, ese mismo don que ahora muchos le agradecen.  “Después de un tiempo me salí de ese convento porque me di cuenta que la religión nace, pero no se hace, eso no era para mí, no me nacía, a los tres meses de salir del internando me llegó el novio ideal y con el tiempo salí casada”, afirma.Desde que María se casó, comenzó a curar el mal de ojo de los niños (as) que le llevaban a la casa llorando y con una mirada aterrorizada mientras se retorcían de dolor sin explicación alguna.

    En 1970, María decidió irse con su familia a vivir Cali y comenzar una nueva vida como curandera, dejando en su mente los bellos recuerdos del pueblito  de Condoto, en el Chocó, donde aprendió muchas de las técnicas que ahora aplica  para el bien de los niños de la ciudad.

    Desde que llego al barrio Porvenir comenzó a destacarse como una de las curanderas más efectivas de niños afectados por el mal de ojo. 

    “Cuando me traen niños graves, casi que agonizando, siento una energía pesada, me da tembladera y un frío irresistible en el cuello que tengo que afrontar para poder combatir contra ese mal de ojo; después de que le ponga la mano en la barriga y haga mis oraciones, el niño queda curado y garantizado”, asegura María.

    Con más frecuencia, los clientes la visitan después de que les han hospitalizado al hijo y les han realizado varios de exámenes que arrojan  como resultado que no tienen ningún problema en el cuerpo, así sigan con síntomas inexplicables como vómito, mareo, diarrea y un llanto que no los deja dormir durante la noche.

    “Los médicos vienen a traerme los hijos para que les cure del mal ojo, y yo aprovecho y les pregunto, doctor ustedes por qué no creen en el mal de ojo,  y me responden: María, de creer uno puede creer, pero si nosotros nos ponemos a decirle a la gente que crean en esto, entonces ¿para qué estudiamos tantos años una carrera en una universidad?”, comenta.

    María no solicita pago por su labor, pero lo que sí pide después de curar a un niño es que los padres le prendan cinco velones al santo José Gregorio Hernández, que es el que le da las energías, después de Dios.

    Los males de ojos más reconocidos son; Ojo seco, el reventador, la espina de pescado y el ojo cariñoso; este último es el único que puede curar la misma familia, abrazando al niño.

    A su vez, el más peligroso es el que no tiene ningún síntoma, el niño se siente agotado, con el tiempo deja de comer y se adelgaza tanto que su cuerpo queda como un esqueleto.

    “Hay personas que tienen energías fuertes, téngale miedo al mal de ojo y el descuajo, es cuando se caen y  les entra un aire al estómago.

    “Estoy muy orgullosa de saber después de 23 años que la señora María me curo a mí cuando tenía tan solo seis meses de nacida. Y ahora curó del mal de ojo a mi hijo de dos años. Yo les recomiendo a todos, madres y padres, que le pongan una contra de color negro en el pie derecho para que no reciba ningún maleficio”, dice finalmente una de sus pacientes, Viviana Bustamante.