Ocho días como asistente de periodista

Ocho días como asistente de periodista

Autor: Stiven Saldarriaga.

Facultad de Humanidades y Artes

Mi paso hacia el mundo real nació por la desesperación de un colega, a quien el trabajo se lo estaba comiendo vivo. Él es  de la Universidad de Antioquia y tiene un proyecto en la Alcaldía de Medellín que consiste en recolectar historias de vida de un grupo de adultos mayores que asisten a los programas de salud que ofrece ese gobierno local. 

Después de todas esas recomendaciones me dio un listado con números telefónicos, nombres y horarios en los cuales me tenía que presentar a las casas. Para mi fortuna, unas quedaban cerca de otras, porque ya habían sido sectorizadas, sino me hubiera perdido en Medellín.

Un día me contactó y me ofreció trabajar como su asistente. Me pareció genial, ya me imaginaba como el súper periodista. Me explicó que sería fácil, solo realizaría entrevistas y las pasaría de audio a texto, cosa que me pareció sencilla.

El man me pidió certificado de aportes a la EPS y fotocopias del carnet de la U y de la cédula, porque la contratación por prestación de servicios tenía que reunir todos los requisitos legales. Después de todo el papeleo, armé mis maletas y me fui a Medellín.

Al principio me pareció un paseo, pues pensaba que sería fácil entrevistar a los viejitos, me imaginaba calle arriba y calle abajo en Medellín, pero no fue así. Apenas llegué, me contacté con mi futuro jefe para que me explicara el proceder. Nos vimos a las 9 de la mañana en sus oficinas.

Me entregó carnet, chaleco, formularios y grabadora periodística, y me dijo: Vas a ayudarme con las entrevistas, ahora haces parte del proyecto como practicante y se te pagará por entrevista y texto realizados. Básicamente necesito que les preguntes a los adultos mayores sobre sus historias de vida, desde que nacieron hasta la actualidad. Hay que hacer énfasis en los momentos más difíciles y los más felices que han vivido, pregúntales por cada uno de los integrantes de sus familias y presta atención a detalles que consideres interesantes; por ejemplo, accidentes o muertes que los hayan marcado, cosas así. Por favor no opines de nada, no les des consejos, trata de no hacer vínculos. Habrá algunos que te contarán cosas raras, tristes o increíbles, solo cumple con grabar todo, pero sin dar una opinión. Respeta cuando ellos te dicen que no quieren que salga cierta parte en el texto.

Después de todas esas recomendaciones me dio un listado con números telefónicos, nombres y horarios en los cuales me tenía que presentar a las casas. Para mi fortuna, unas quedaban cerca de otras, porque ya habían sido sectorizadas, sino me hubiera perdido en Medellín.

Trabajé cuatro días como entrevistador y me encontré con anécdotas impresionantes. Recuerdo con cariño a una señora de buena familia que por un tiempo estuvo interna en una clínica psiquiátrica; su hijo de ocho años se había tirado desde el piso 18 de un edificio, la señora estaba literalmente ‘rayada’ pero era muy amable.

Con esas entrevistas me di cuenta de la realidad colombiana en la que vivieron nuestros abuelos; para las mujeres fue duro, encontré casos en donde los papás no las dejaban estudiar sino que hacían unos cuantos grados de primaria y después se quedaban en las labores del hogar. Eran tiempos machistas en los que el alcohol dominaba a los hombres y las mujeres eran golpeadas por que sí. Pese a eso también encontré historias de superación de mujeres berracas que habían vencido obstáculos, habían podido pasar por la universidad y ahora eran viejitas pensionadas que viven bien, viajando.
A veces no les entendida ciertas palabras o dichos, porque los paisas tienen otra forma de expresarse, y por pena no preguntaba sino que después pasaba trabajo adivinando al pasar las grabaciones a textos. En cambio ellos, de una reconocían mi acento caleño y me entendían cuando les preguntaba algo.

Después llegó lo más pesado, transcribir mis entrevistas y las de mi jefe. Fue duro, porque las mías, al fin y al cabo, yo las había hecho y conocía a las personas, pero las de mi jefe eran largas. Trabajando las de él me picó el bicho del estudiante crítico y para nada constructivo, juzgaba duramente la forma en la que él entrevistaba; pensaba que lo hacía mal, que no debería ser de esa forma.

Analizando la situación, llegué a la conclusión de que mi actitud odiosa se debía a que aún tengo muy fresco lo que nos han enseñado y aprendí que cada quién, con el pasar del tiempo, adquiere una forma única de trabajar, la de él es así y, por lo que veo, le funciona.

En los últimos días me tocó trabajar en la biblioteca de la Universidad de Antioquia transcribiendo las entrevistas y fue tenaz porque unos encapuchados se tomaron la U, tirando papas bomba y manifestándose, entonces me retrasé con la entrega.

Fue una experiencia enriquecedora, me acercó a la labor del entrevistador y a la escritura, pude entender cómo era la dinámica social en tiempos pasados. Y aprendí mucho trabajando en una ciudad que no es la mía, porque me dio una mirada más amplia de lo que sucede a mi alrededor.

 …llegué a la conclusión de que mi actitud odiosa se debía a que aún tengo muy fresco lo que nos han enseñado y aprendí que cada quién, con el pasar del tiempo, adquiere una forma única de trabajar.

 

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