Niños víctimas, leyes débiles: Colombia exige respuestas

Menores abusados: ¿falla la protección estatal?

Niños víctimas, leyes débiles: Colombia exige respuestas.

Por: Samuel Bolaños

Facultad de Humanidades y Artes

Casos como los de Brayan Ocampo acusados ​​por el caso de Candelaria y Freddy Castellano por el caso del jardín infantil en Bogotá, señalados como presuntos abusadores de menores, han encendido las alarmas en Colombia sobre la protección de niños, niñas y adolescentes frente al abuso sexual. Según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), entre enero y marzo de 2025 se reportaron 4.375 casos de abuso sexual contra menores en todo el país.

El impacto de estas cifras ha desatado un debate que trasciende las calles y llega al Congreso. Voces como la del senador Jota Pe Hernández, quien afirmó que “un abusador y asesino de niños, lo único que merece es estar 50 metros bajo tierra, la pena de muerte es lo que merecen, donde abusadores de niños no deben de ser premiados con una cárcel a comer y vivir gratis, inclusive con los impuestos que pueden estar pagando los padres de estos niños”, reflejando la indignación ciudadana.

Sus palabras hacen referencia al caso del Hogar Infantil Canadá, sede F, en Bogotá, donde varios menores de 2 a 3 años fueron abusados ​​por su supuesto cuidador, quien recibió una condena de 14 años de prisión.

Estos hechos, junto con los más de 4.000 casos registrados en 2025, han llevado a los ciudadanos a cuestionar si el Estado garantiza la protección de los menores y si las sanciones son lo suficientemente severas.  

En 2024, Colombia superó los 18.000 casos de abuso sexual contra menores, con Antioquia, Valle del Cauca y Cundinamarca como los departamentos más afectados

La Ley 1236 de 2008 establece penas estrictas para estos delitos: el artículo 208 indica que “quien acceda carnalmente a una persona menor de 14 años incurrirá en prisión de 12 a 20 años, al no tener los menores capacidad de consentimiento”, mientras que el artículo 209 señala que “quien realice actos sexuales (distintos al acceso carnal) con un menor de 14 años, en su presencia, o inducirlo a prácticas sexuales, conlleva una pena de 9 a 13 años de prisión, incluyendo actos como tocamientos, exhibicionismo o inducción a actividades sexuales”.

Sin embargo, para muchos padres, estas medidas no son suficientes.

Una exdirectora de jardines infantiles, con 18 años de experiencia, explicó los protocolos para prevenir estos casos: “Al hacer contratación de cualquier persona dentro de hogares infantiles, los mínimos requisitos que debe tener al talento humano es al menos un año de experiencia con atención directa con menores, se hacen consultas a través de Contraloría, Procuraduría además de la consulta de la página delitos sexuales contra menores de 18 años, donde los operadores deben indagar que el contratado posible no tenga algún registro allí, adjuntando así junto al NIT del contratador, que debe hacer la búsqueda y así el instituto aprobar las contrataciones”.

Añadió que los hogares infantiles no pueden realizar evaluaciones directas para detectar abuso, ya que “desde los jardines, hogares y centros de desarrollo infantil no se puede determinar si un niño fue abusado, porque hacer cualquier tipo de estudio psicológico o físico es revictimizar al menor, lo que se hace es trasladar hacia las EPS donde son estos los encargados de activar las rutas”. Las EPS, según la experta, confirman el abuso, denuncian a la Fiscalía y los hogares infantiles facilitan las investigaciones, suspendiendo al presunto responsable.

El panorama es alarmante. En 2024, Colombia superó los 18.000 casos de abuso sexual contra menores, con Antioquia, Valle del Cauca y Cundinamarca como los departamentos más afectados. A pesar de la existencia de múltiples entidades para denunciar estos delitos como la fiscalía general, los Centros de Atención Integral a Víctimas de Abuso Sexual (CAIVAS), las Unidades de Reacción Inmediata (URI), los Centros de Atención Penal Integral a Víctimas (CAPIV), la Policía Judicial, la Policía de Infancia y Adolescencia, y las comisarías de familia, la percepción ciudadana es que la justicia no siempre es efectiva.

Por su parte una exdocente de jardín infantil informa “que al momento de su contratación o en el transcurso del año lectivo no tuvo ningún tipo de charla o indicaciones para reconocer algún tipo de abuso en el aula u en los hogares”, igualmente destaca “los niños siempre se deben de ser observados, al punto que, como docente, yo misma identifico que niño confunde la M con la N, la P con la L. Y así como uno nota estas cosas nota su actitud, sus cambios y esto siempre puede ser un llamado de alerta”, para dejar en evidencia que los docentes no están siendo capacitados para identificar casos de abuso. 

De igual manera aclaró que “en lo personal para darme cuenta si un niño está siendo abusado me doy cuenta en su actitud, desde el cómo escribe, con mi actual curso de primaria ya sé son niños que tienen muy bonita letra, ya veces el niño que escribe bonito llega y escribe grandote, torcido, siendo esto para mí una indicación de que algo está pasando. Pues desde lo más mínimo como docentes nos damos cuenta, se trata de conocer al estudiante, saber cómo llegarle, dialogar para tomar una ruta de evacuación donde nos contactemos con la policía de infancia y adolescencia”, siendo al final todo dejando en manos del docente y su intuición junto a su vínculo y reconocimiento del niño o niña para identificar sus cambios en la personalidad para detallar si está siendo abusado.

Mientras para garantizar atención integral a las víctimas el ICBF exige a las entidades de salud públicas, privadas, la inmediata y gratuita atención médica, apoyo psicológico, medicamentos para prevenir infecciones de transmisión sexual y VIH, anticoncepción de emergencia, asesoría para la interrupción voluntaria del embarazo y recolección de evidencias. Sin embargo, la magnitud del problema persiste.

Andrés Bolaños, padre de un menor de 13 años, expresa su opinión “Créame cuando le digo que, si en Colombia empezáramos a implementar la pena de muerte para pedófilos y violadores, muy probablemente se redujese el número de casos de menores abusados, siendo lo más seguro es que se lo pensarían 10 veces antes de acceder carnalmente ante cualquier persona”. Su declaración refleja la frustración de una sociedad que exige medidas más drásticas para proteger a sus niños.

La crisis del abuso sexual contra menores en Colombia no solo pone en tela de juicio la efectividad de las leyes y los sistemas de protección, sino que también plantea un desafío urgente: garantizar un entorno seguro para los más vulnerables.

Al hacer contratación de cualquier persona dentro de hogares infantiles, los mínimos requisitos que debe tener al talento humano es al menos un año de experiencia con atención directa con menores.

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Conviviendo con mascotas

Conviviendo con mascotas

Impactos en la salud mental y la economía de víctimas de frecuentes robos violentos cerca de los campus de algunas universidades.

Por: Valentina Velásquez Lasso

Facultad de Humanidades y Artes

Las mascotas se han transformado en un componente indispensable de la vida diaria para numerosas personas, llegando a ser vistas como integrantes del núcleo familiar. Además de ser simples compañeros, los animales de compañía crean conexiones emocionales intensas, y su presencia en las viviendas potencia la sensación de pertenencia y confort.

Cuando se alquila una vivienda, se plantea una pregunta frecuente: ¿Es posible que los dueños limiten la posesión de animales de compañía?

Daniela Muñoz está en busca de una nueva residencia para alquilar, pero se ha encontrado con que no reciben animales en muchos de los domicilios donde se ha interesado “desde que hablo con los dueños, me dejan claro que se alquila sin animales” suceso que la deja sin poder alquilar, ya que vive en compañía de sus dos mascotas. 

Tener animales de compañía es un derecho fundamental ligado al libre desarrollo de la personalidad y la intimidad

Sin embargo, los dueños de inmuebles en Colombia no pueden prohibir de forma generalizada la tenencia de mascotas por parte de sus arrendatarios, según lo establece la Ley 675 de 2001.

En este escenario, un aumento en la cantidad de individuos en Colombia conviven con animales mientras habitan en propiedades arrendadas. Esta circunstancia cobra importancia si se considera que, de acuerdo con cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística DANE, mediante la Encuesta Nacional de Calidad de Vida, más de 7,3 millones de habitantes residen en situación de inquilinos.

La posesión de mascotas está resguardada por la Resolución T-035 de 1997 emitida por la Corte Constitucional, la cual dicta que “Tener animales de compañía es un derecho fundamental ligado al libre desarrollo de la personalidad y la intimidad, siempre que no afecta los derechos de los demás”

No obstante, el asunto de la posesión de animales de compañía en la actualidad no se rige por la ley de propiedad horizontal, sino por el Código de Policía o el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, teniendo en cuenta que no hay una ley específica sobre mascotas.

Para numerosos propietarios, esta normativa no los favorece, tal como lo señala Jhon Jairo, propietario de una vivienda que se alquila y sostiene que tener inquilinos con animales de compañía no los beneficiarios “a veces han causado daños en la propiedad debido a las mascotas y al final no pagan nada” expresó el individuo.

Además, es crucial destacar que los dueños no están autorizados para imponer tarifas extra por el simple hecho de que un inquilino posea una mascota.

No pueden establecer precios adicionales en los costos de alquiler o en los gastos de gestión. Todo cobro de esta naturaleza no tiene base legal y puede ser objeto de reclamo.

“Me di cuenta de esta ley cuando el dueño de mi casa anterior quiso que le pagara más por tener a mi gato en la casa” explico Juan Pablo, un joven que decidió mudarse de casa al ver como su arrendatario aumentó el costo del arriendo debido a la adopción de su nueva mascota.

Por otro lado, hay ciudadanos que aún no conocían esta normativa, pues no se han encontrado con este tipo de situaciones, done vivir al lado de sus mascotas representara un problema.

Camila Sánchez vive hace tres años en una unidad, ubicada en el sur de la ciudad de Cali y comenta que hasta el momento no ha tenido inconveniente por su mascota “jamás me han puesto problema por algo sobre mi mascota, al contrario, los guardas de seguridad son muy amables”. Pues vemos el caso de unidades residenciales que toman en cuenta a las mascotas como un arrendatario, incluyéndolos en la lista de integrantes del hogar, junto a sus dueños.

Aunque la legislación protege la posesión de animales de compañía en viviendas arrendadas, aún existen limitaciones establecidas por ciertos dueños, creando problemas para arrendatarios como Daniela Muñoz.  A pesar de que la normativa es clara en la prohibición de cobros adicionales, no impide la búsqueda desafortunada de viviendas que admitan animales, lo que muestra una brecha entre la ley y la rutina diaria para muchos colombianos.

Además de ser simples compañeros, los animales de compañía crean conexiones emocionales intensas, y su presencia en las viviendas potencia la sensación de pertenencia y confort .

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El otro Bulevar: entre la salsa y los libros olvidados

El otro Bulevar: entre la salsa y los libros olvidados

Es uno de los sitios más visitados de Cali : el Bulevar del Río famoso por su música, comida y vida nocturna. Pero al otro lado, donde el ruido baja y el ritmo cambia, hay una pequeña librería con libros desde mil pesos que muy pocos conocen.

Por: Sebastián Lucumí

Facultad de Humanidades y Artes

El Bulevar del Río es reconocido por su ambiente vibrante, su oferta gastronómica y, sobre todo, por ser uno de los principales puntos de encuentro para los amantes de la salsa en Cali. Pero detrás de la conocida “calle del sabor”, donde la música nunca para y los visitantes bailan al aire libre, se esconde un rincón silencioso, lleno de letras y conocimiento:  librerías al aire libre, con libros desde mil pesos.

A diferencia, hay quienes llegan al Bulevar solo por su ambiente salsero. Mariana Rojas, una joven de 23 años, nos cuenta que nunca había escuchado de esa parte del lugar. “Yo siempre vengo por la música y el ambiente. Me encanta bailar aquí, me parece un plan perfecto, pero no tenía ni idea de que había libros tan baratos en la parte de atrás” expresó Mariana.

Es importante que estos espacios no solo sean vistos como sitios de fiesta. Hay que visibilizar lo otro, lo educativo

Muchos pasan por allí sin darse cuenta. Es fácil dejarse llevar por el sonido de los tambores, los colores de las luces y el bullicio de los bares. Sin embargo, esa parte de atrás del Bulevar también forma parte de la vida urbana. Allí, entre bancos de cemento y sombra de árboles, están las mesas de una librería popular que ofrece libros de literatura, historia, arte, poesía, novelas gráficas y hasta cuentos infantiles.

“La gente viene aquí buscando salsa, pero no se imagina que hay libros desde mil pesos, otros desde cinco mil pesos”, cuenta Pedro Salazar, librero y gestor cultural que trabaja en el lugar desde hace cuatro años. “Nosotros estamos aquí de jueves a domingo. Vendemos libros usados ​​​​y nuevos. Hay gente que se sorprende mucho cuando los ve, porque no tenían idea de que esto existía en el Bulevar”, comenta.

Esa desconexión entre lo cultural y lo recreativo preocupa a quienes buscan promover la lectura en la ciudad. “Es importante que estos espacios no solo sean vistos como sitios de fiesta. Hay que visibilizar lo otro, lo educativo, lo reflexivo”, anota.

La última edición de la Feria Internacional del Libro de Cali atrajo a más de 450.000 personas, muchas de ellas al mismo Bulevar. Sin embargo, fuera de esos días, el interés bajo y los libros vuelven a quedar en segundo plano. Los libreros piden que se hagan campañas para que los caleños conozcan esa otra cara del lugar, y para que la cultura no quede siempre a la sombra de la rumba. (FILCali) 

¿Por qué tanta gente ignora este rincón cultural? Para muchos, el Bulevar es rumba, y punto. Pero hay excepciones. Marta Lucía Vargas, docente jubilada, cuenta que va cada sábado a buscar libros para ella y sus nietos. “Esto es un secreto muy bien guardado. Compro libros buenos, baratos, y a veces me pongo a leer ahí mismo. Me parece hermoso que exista, pero triste que esté tan vacío”.

Las luces siguen, la música también, y el Bulevar está cada vez más lleno… pero de lo mismo. Lo que debería ser un espacio con múltiples formas de disfrute, se ha reducido para muchos a un solo plan: bailar. Mientras tanto, los libros esperan, con la esperanza de que algún lector se atreva a cruzar la calle, pasar la tarima, y descubrir que también se puede salir del Bulevar con una historia bajo el brazo.

Los libreros piden que se hagan campañas para que los caleños conozcan esa otra cara del lugar, y para que la cultura no quede siempre a la sombra de la rumba .

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Transporte universitario – Cupos

Cupos universitarios: la alternativa de transporte más popular entre los estudiantes en Cali

Desplazamientos compartidos entre estudiantes en Cali se consolidan como una alternativa de transporte que combina el ahorro y la confianza, pero sin garantías formales.

Por: Ana Isabel García Zúñiga

Facultad de Humanidades y Artes

En Cali en los últimos años, los estudiantes universitarios han optado por una alternativa de transporte frente a la crisis del MIO: “Los cupos”, un sistema de desplazamiento compartido entre compañeros que se populariza por ser una solución práctica, económica y cercana, aunque también genera dudas debido a su informalidad y su falta de regulación en seguridad. 

Los cupos funcionan de una manera simple: Un estudiante con carro ofrece espacios en su vehículo para desplazarse desde un lugar cercano hasta la universidad o viceversa a cambio de una tarifa accesible, todo esto se coordina a través de grupos de Whatsapp disponibles dependiendo de la universidad en la que estudien donde se ajustan horarios, puntos de encuentro y por supuesto, precios. 

La fama de esta alternativa responde a los problemas del transporte masivo. El MIO, juzgado por sus demoras y congestiones, junto con los elevados costos de los taxis y aplicaciones de movilidad tales como Uber, Didi, etc., hace que sea imposible de costear a diario para un universitario; esto ha hecho que se impulse una solución propia. Con relación a esto, los cupos se consolidan como una red de apoyo estudiantil que relaja el bolsillo de los jóvenes caleños y facilita su ida a clases y su regreso a casa.

Para algunos estudiantes, la agilidad y el ahorro de este mecanismo ha representado un cambio significativo en su rutina diaria: “El MIO se demora demasiado. En cupo llego más rápido y solo pago $5.000, mucho menos que en moto”, menciona Paula Andrea, estudiante de la Universidad Icesi. De la misma forma, en Univalle, Sebastián Salazar coincide en los beneficios: “Me resulta más económico que un taxi y más rápido que el MIO. Además, viajo sentado, sin tanta congestión y con estudiantes conocidos, lo que me genera mayor confianza”. 

La mayor complicación es coordinar horarios, porque cada estudiante tiene clases en diferentes momentos…

La sensación de seguridad también cumple un rol importante entre los usuarios, al ser estudiantes prestando un servicio a otros estudiantes, esto brinda una estabilidad y confianza al momento de separar cupo en algún vehículo. Valeria, estudiante de la Universidad Santiago de Cali, manifiesta: “Prefiero el cupo porque me siento más segura viajando con personas que también estudian. Es como un “yo te ayudo y tú me ayudas’”. A pesar de ello, reconoce algunas limitaciones que puede tener el servicio: “Me han cancelado a último momento y terminé perdiendo clases porque no me avisaron”.

El beneficio no solo resulta factible para los pasajeros, sino también para algunos estudiantes que conducen y prestan este servicio, les parece una alternativa aceptable.

Diana Giraldo, estudiante de Arquitectura de la Universidad Autónoma, explica que empezó por necesidad: “Debía transportar materiales y maquetas, y en transporte público era muy complicado”. “Mi papá me dio un carro y, con el tiempo, empecé a ofrecer cupos. Al inicio fue por comodidad y después también como una ayuda económica”.

Los beneficios del servicio para Diana son evidentes: “Los cupos me ayudan a cubrir gastos de gasolina y mantenimiento del carro. En lo personal también me da tranquilidad porque no viajo sola e igual siento que les da tranquilidad a los jóvenes”. Sin embargo, resalta que pueden tener algunas dificultades: “La mayor complicación es coordinar horarios, porque cada estudiante tiene clases en diferentes momentos y no siempre coinciden”.

El punto es claro, el servicio funciona como un apoyo entre sí. Santiago Erazo, estudiante de la Universidad San Buenaventura, concuerda: “Es un auxilio económico para el combustible y una forma de ayudar a otros”. Por otro lado, advierte sobre la logística del servicio y la falta de organización que puede ser un obstáculo como conductor: “Se complica recoger a todos porque no siempre viven en la misma ruta y a veces no llegan a tiempo”.

Ambos conductores reconocen que los cupos otorgan beneficios muy atractivos para el ojo humano, pero aún así pueden carecer de garantías. “Es una herramienta que nos proporciona facilidad, pero no existen garantías en caso de algún conflicto o accidente”, puntualiza Diana. 

A pesar de que los estudiantes recalcan que es una opción económica y rápida, también constituye unos riesgos como lo son: conductores impuntuales, falta de regulación y ausencia de seguros. Para algunos podría ser un alivio, pero para otros puede convertirse en un dolor de cabeza. 

Sobre la perspectiva que tienen las autoridades, se intentó contactar con la Secretaría de Movilidad de Cali para conocer su perspectiva frente al tema; sin embargo, al cierre de esta edición no se obtuvo una respuesta. 

El auge de los cupos nos demuestra la creatividad de los estudiantes para poder encontrar una solución a un problema que se volvió rutina en la vida de muchos de ellos; aún así, refleja las limitaciones que puede tener este sistema de transporte informal en Cali. Hoy por hoy, los cupos se han convertido en una alternativa práctica y solidaria para miles de estudiantes. Sin embargo, la falta de reglas claras deja en el aire dudas sobre su seguridad. Lo que nació como una solución entre compañeros ya es un reto para la movilidad universitaria que sigue esperando una respuesta institucional. 

El beneficio no solo resulta factible para los pasajeros, sino también para algunos estudiantes que conducen y prestan este servicio, les parece una alternativa aceptable.

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Después de Petronio

¿Qué pasa con los grupos musicales después del Festival Petronio Álvarez?

Cada agosto, el Festival Petronio Álvarez convierte a Cali en el epicentro de las músicas del Pacífico. Tras los aplausos y la algarabía, los grupos que suben al escenario enfrentan un nuevo desafío: transformar la visibilidad en oportunidades reales para seguir creciendo y mantener vivas sus tradiciones.  

Por: Daniela Hurtado Montaño

Facultad de Humanidades y Artes

El Festival Petronio Álvarez, realizado cada agosto en la ciudad de Cali, reúne a decenas de grupos musicales del Pacífico colombiano que buscan visibilizar sus sonidos tradicionales frente a un público masivo. Sin embargo, una vez terminan las presentaciones y se apagan los reflectores, los artistas quedan con la pregunta de qué sucede después del concurso: si su participación se traduce en nuevas oportunidades o si todo se limita a los días de la celebración.

“El Petronio Álvarez ha sido una vitrina importante porque permitió a Remolinos de Ovejas ganar visibilidad en Cali, en Bogotá y en su propio municipio”, explica Johanny Mina, integrante de Remolinos de Ovejas. Esa visibilidad, cuenta, también motivó la creación de nuevas agrupaciones juveniles como Uramba y Juventud Ancestral. No obstante, advierte que el nivel actual del festival ha elevado las exigencias y que lo tradicional corre el riesgo de quedar rezagado frente a las escuelas de música.

El festival también es visto como un escenario de proyección internacional. En esa línea, Jhojan Andrés Olave, artista y director del Ensamble de Músicas del Norte del Cauca, sostiene que “detrás de cada agrupación que pisa una tarima del Pacífico queda la ilusión de que el Petronio Álvarez no sea solo un concurso, sino la puerta hacia nuevos horizontes. Las gestiones del festival han permitido que algunos viajen a escenarios internacionales en Brasil, Estados Unidos o África”.

Para algunos grupos, el paso por el Petronio Álvarez deja más dudas que certezas...

Para algunos grupos, el impacto del Petronio se traduce en oportunidades inmediatas. Faber Urrestre, director de la agrupación Arrullando, lo resume así: “Las llamadas empiezan a llegar, los integrantes son buscados por otras agrupaciones y las oportunidades se multiplican más allá de lo esperado”. Su visión coincide con quienes ven al festival como un trampolín que, más que un concurso, transforma la trayectoria de los artistas.

La otra cara de la moneda resulta menos alentadora. Para algunas agrupaciones, el proceso no tiene continuidad: tras el festival deben regresar a sus rutinas y buscar estrategias independientes para sostenerse hasta la siguiente edición. “En nuestro caso, son las ventas de tamales, las rifas y otras actividades comunitarias las que nos ayudan a respaldar los gastos y llegar a las zonales o al mismo festival”, explica Brenda Sevillano, artista del grupo Cantoras de Manato en Villarrica, Cauca.

A esto se suma que pocas veces se reconoce que son las mayoras quienes viajan desde lejos para visibilizar sus tradiciones, pero muchas veces el trato que reciben no corresponde al valor de lo que representan.

Testimonio de costos y valores, la gente que se queja que es caro

Para algunos grupos, el paso por el Petronio Álvarez deja más dudas que certezas. La visibilidad aumenta un poco, sobre todo en redes sociales y en la difusión del trabajo, pero el apoyo real sigue siendo limitado.

Desde otra perspectiva, Cristian Álvarez, integrante del grupo Dejando Huellas, señala que el festival les permitió obtener cierta visibilidad en medios y redes sociales, lo que facilitó un mayor reconocimiento del público. Sin embargo, como él mismo advierte, “ganamos presencia en algunos medios y el público nos ubicó más, pero proyectos como grabaciones aún no se han concretado y todo queda en veremos”.

Las experiencias de los músicos muestran que el Petronio Álvarez no significa lo mismo para todos. Mientras unos encuentran allí una vitrina que les abre puertas hacia otros escenarios, mayor difusión y nuevas oportunidades, otros sienten que todo termina con los aplausos y que después deben sostenerse por sus propios medios.  

En medio de esas visiones, también hay un esfuerzo institucional: la Secretaría de Cultura organiza videoconferencias con los directores de las agrupaciones antes y después de cada versión, para escuchar inquietudes y recoger propuestas. Aun así, persiste la percepción de que esas conversaciones no siempre se traducen en acciones concretas que fortalezcan el camino de los grupos.

El Festival Petronio Álvarez es hoy el escenario más importante para las músicas del Pacífico. Para algunos artistas se convierte en la posibilidad de abrir puertas y ganar proyección, mientras que para otros la experiencia se limita a los días del concurso. En cualquier caso, cada edición refleja el esfuerzo de quienes luchan por mantener vivas sus tradiciones y la necesidad de seguir construyendo apoyos que permitan que esa riqueza cultural perdure más allá de la tarima.

La visibilidad aumenta un poco, sobre todo en redes sociales y en la difusión del trabajo, pero el apoyo real sigue siendo limitado”.

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Crisis en el río Aguacatal

Crisis en el río Aguacatal: contaminación por minería y aguas residuales

El río Aguacatal, que alguna vez fue fuente de vida para Cali, hoy agoniza bajo una doble amenaza: la letal mezcla de químicos de la minería ilegal y el torrente de aguas residuales que lo contamina a diario.

Por: Jhonier Andrey Bravo Noguera

Facultad de Humanidades y Artes

La crisis ambiental del río Aguacatal se agrava cada vez más. Estudios realizados en julio de 2025 por la CVC confirman lo que está ocurriendo: la contaminación de las aguas es producto de la minería ilegal y de los vertimientos de aguas residuales.

“No hay permisos de explotación de carbón en el sector. La coloración es producida por drenajes ácidos de antiguas minas de carbón que existen desde hace 100 años y que se agravan con los vertimientos de aguas residuales de origen doméstico. La CVC está prestando colaboración en la construcción de una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales para Montebello”, explicó el director general de la CVC, Marco Antonio Suárez Gutiérrez, en un comunicado emitido el pasado 25 de julio de 2025.

El funcionario también detalló que “el drenaje de esos ácidos que caen a la quebrada desde el corregimiento de Golondrinas, pasa por Montebello y después se unen con el río Aguacatal y el río Cali y empiezan a generar esa coloración”.

La comunidad hoy atestigua un río que huele a alcantarilla y que exhibe una preocupante coloración

El río que fue fuente de vida y sustento para las comunidades de la zona, agoniza bajo una capa de agua turbia y un olor que sofoca. Para los habitantes, la crisis no es solo ambiental, es un doloroso cambio que ha transformado su hogar para siempre. 

Milena, una habitante de 69 años que nació y creció en el Bajo Aguacatal, recuerda un pasado natural y saludable. “El río Aguacatal era muy cristalino; era el agua que nosotros bebíamos, nos bañábamos y lavábamos la ropa. Los médicos lo recomendaban como medicinales y por eso llegaban personas en sillas de ruedas para bañarse porque decían que esa agua curaba a la gente”.

Pero hace 50 años, ese paraíso empezó a desaparecer. La comunidad hoy atestigua un río que huele a alcantarilla y que exhibe una preocupante coloración rojiza y amarillenta. “Hay muchos olores y poca fauna. Las minas de carbón y la quebrada El Chocho tienen el río destrozado”, afirma Guillermo, un residente de Montebello, quien añade que todas las aguas residuales del corregimiento caen directamente al río.

El impacto es tan fuerte que ha llegado a afectar la economía de la zona. Para Estela, propietaria de un restaurante al lado del río, el color y el mal olor espantan a los visitantes. “Esto afecta la parte económica de nuestra comunidad, porque este lugar debería ser turístico. El olor es a veces demasiado fuerte, especialmente cuando llueve, lo que dificulta mucho a los que trabajamos aquí”.

La comunidad es unánime en su diagnóstico: el problema viene de la mezcla de aguas residuales con los desechos de las minas. Como dice Milena, “Las minas de carbón y las trituradoras descargaban agua al río y el olor que saca ahora es tan fuerte que no se puede estar”. Los vecinos coinciden en que la única solución es que las aguas residuales se canalicen a través de tubos, para así devolverle la vida al río.

La crisis del río Aguacatal es un claro ejemplo de cómo una pasiva ambiental de hace más de un siglo se agrava por la falta de infraestructura para el tratamiento de aguas residuales. Mientras la comunidad, que una vez lo demostró una fuente de agua medicinal, clama por una solución, el futuro del río depende de que las autoridades y los ciudadanos trabajen juntos para sanar esta herida ambiental y devolverle la vida a un afluente que ha visto su gloria desvanecerse en el tiempo.

Esto afecta la parte económica de nuestra comunidad, porque este lugar debería ser turístico .

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