¿La pluralidad queda en el recuerdo?

¿La pluralidad queda en
el recuerdo?
 

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

El Washington Post, ícono del periodismo estadounidense, ha desatado una tormenta con su decisión de transformar radicalmente su sección de opinión. Anunciada el 26 de febrero de 2025 por Jeff Bezos, propietario del diario, la reforma establece que esta sección priorizará las libertades personales y los mercados libres, relegando otras posturas ideológicas a distintos medios. Este giro, que provocó la renuncia del editor David Shipley, rompe con una tradición de pluralismo y enciende un debate global sobre el rol de la prensa. ¿Cómo podría influir esta ruptura en el periodismo colombiano?

Un cambio que sacude un legado

Históricamente, el Washington Post ha sido sinónimo de diversidad de voces. Desde su cobertura del Watergate hasta su crítica equilibrada a gobiernos diversos, el diario se consolidó como un foro plural. Su sección de opinión albergaba desde conservadores hasta progresistas, reflejando el ideal de una prensa que fomenta el diálogo. Sin embargo, la decisión de Bezos convierte este espacio en una trinchera ideológica, alejándose del modelo de  debate abierto. Según el magnate, estos principios merecen defensa diaria en un panorama mediático que los subestima (The Guardian, 27-02-2025). Pero ¿es esto evolución o retroceso?

 Impacto para Colombia

En el periodismo colombiano, este cambio justificará  estrategias que ante los desafíos económicos y de credibilidad. Adoptar una postura definida, como la del Post, podría atraer a un público fiel dispuesto a apoyar medios alineados con sus valores. La objetividad queda en el recuerdo. En un país polarizado, donde lectores buscan eco a sus creencias, esta claridad ideológica podría ser un salvavidas financiero. Además, en un contexto de competencia digital, diferenciarse con una línea editorial fuerte podría fortalecer la lealtad de las audiencias, un aspecto crucial ante la fragmentación de los medios.

Riesgos para el debate público

Sin embargo, las desventajas son notables. Limitar el espectro ideológico podría reducir la capacidad de la prensa para ser un contrapeso al poder, un rol vital en Colombia, donde la polarización política agrava divisiones sociales. Si los medios locales imitaran al Post, podrían exacerbar estas tensiones al privilegiar narrativas únicas sobre el diálogo plural. La prensa colombiana, históricamente clave en la construcción de agendas públicas, arriesgaría su influencia al moldear percepciones bajo un lente estrecho, potencialmente sesgando el discurso político.

 Ética y confianza en juego

El cambio también plantea dilemas éticos. El periodismo debe informar con objetividad y ofrecer un espacio para el debate, principios que una línea doctrinaria podría socavar. En Colombia, donde la confianza en los medios ya es frágil, adoptar un enfoque restringido podría alienar a lectores que valoran la imparcialidad. La renuncia de Shipley y las críticas al Post (The Atlantic, 27-02-2025) reflejan el costo de sacrificar pluralismo por ideología, un precedente que los medios colombianos deben sopesar con cautela.

Lecciones de un referente

La transformación del Washington Post llega en un momento de crisis para la prensa tradicional, con pérdidas como los 77 millones de dólares reportados en 2023 (Financial Times, 28-02-2025). Su apuesta busca sostenibilidad, pero contrasta con su expansión pluralista de 2018. Frente a esto, medios como el New York Times mantienen diversidad ideológica, sugiriendo que el equilibrio sigue siendo viable. En Colombia, la lección es clara: adaptarse es urgente, pero no a costa de los fundamentos periodísticos.

Un equilibrio necesario

El giro del Washington Post es un desafío para el periodismo colombiano. Ofrece un modelo para captar audiencias en tiempos difíciles, pero amenaza el pluralismo esencial para la democracia. Los medios locales deben reflexionar: ¿cómo equilibrar rentabilidad e integridad? Como dijo Katharine Graham, la prensa debe iluminar, no oscurecer, la democracia. En Colombia, este balance será clave para un periodismo que resista y prospere.

Vamos a escribir todos los días en apoyo y defensa de dos pilares: las libertades personales y los mercados libres”, J. Bezos

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Narración etnográfica de la historia de vida de Hernando León Muñoz Ruiz

Narración etnográfica de la historia de vida de Hernando León Muñoz Ruiz

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

La obra “Narración etnográfica de la historia de vida de Hernando León Muñoz Ruiz”, publicada por la Editorial Universidad Santiago de Cali, es un libro que destaca por su singularidad y profundidad. Escrita por Luis Armando Muñoz Joven, esta obra trasciende las convenciones habituales de la narrativa histórica para convertirse en un ejercicio reflexivo y estético que entrelaza memoria, filosofía y etnografía. En sus 120 páginas, el autor nos invita a un recorrido que no solo relata los hechos de la vida de un líder campesino, sino que los transforma en un diálogo íntimo y universal sobre el ser, la comunidad y la trascendencia. 

Desde el inicio, el libro se percibe como una creación artesanal, donde cada palabra está cuidadosamente seleccionada para tejer un relato que respira autenticidad y sensibilidad. Muñoz Joven no solo escribe, sino que construye un puente entre disciplinas como la historia, la sociología, la filosofía y la literatura, logrando una obra que conmueve tanto por su rigor académico como por su belleza narrativa. 

La narrativa se organiza en dos partes claramente diferenciadas pero complementarias. En el primer movimiento, el autor propone una reflexión teórica y metodológica que sienta las bases conceptuales del relato. Aquí, Muñoz Joven nos introduce en el mundo de la etnografía narrativa y la hermenéutica, apoyándose en pensadores como Heidegger, Ricoeur, Bajtín y Benjamin. Esta sección no es un simple preámbulo académico; es una invitación a comprender cómo la memoria y el relato se convierten en herramientas para resignificar el pasado y proyectarlo hacia el presente. 

El autor logra articular conceptos complejos con una claridad admirable, ofreciendo al lector una guía para adentrarse en el relato desde una perspectiva crítica y reflexiva. La memoria, en este contexto, no es solo un registro del pasado, sino un eco vivo que dialoga con el presente y abre posibilidades para el futuro. Las páginas de esta primera parte son un ejemplo de cómo la teoría puede integrarse de manera orgánica en una narrativa sin perder su profundidad ni su accesibilidad. 

En el segundo movimiento, el lector se encuentra con la historia misma de Hernando León Muñoz Ruiz, un líder campesino cuya vida se erige como símbolo de resistencia y transformación social en Belén, Huila. A través de testimonios, recuerdos y fragmentos de un pasado palpable, el autor reconstruye no solo los hechos, sino también las emociones, las luchas y los silencios que definieron a este hombre. 

Hernando León emerge como una figura bajtiniana: que pone de relieve la naturaleza dialógica y polifónica de la narración. No se trata de un héroe en el sentido tradicional, sino de un personaje cuya identidad y acción emergen a partir de la interacción de múltiples voces y discursos. El protagonista es un mediador en la comunicación social y cultural, cuya presencia se define tanto por sus propias vivencias como por la influencia de los diversos interlocutores y contextos que lo rodean. En el ámbito de la etnografía narrativa, describir a un personaje como “bajtiniano” implica reconocer su papel en la construcción de un relato colectivo, en el que se entrelazan las experiencias individuales y la memoria comunitaria, permitiendo una comprensión más rica y matizada de la realidad.

 Uno de los mayores logros de esta obra es su capacidad para convertir la información en una experiencia estética. Cada palabra está cargada de significado, cada pausa resuena como un espacio para la contemplación. La prosa de Muñoz Joven combina erudición y sensibilidad literaria, logrando una narrativa que es tan rigurosa como emotiva respondiendo al músico que es este  versátil profesor e investigador.

El libro no solo documenta la vida de Hernando León; también celebra la riqueza cultural y humana del campesinado colombiano. En este sentido, se convierte en un homenaje no solo a un hombre, sino a toda una tradición de lucha y resistencia que ha moldeado la historia del país. 

Es especialmente conmovedor cómo el autor logra conectar esta historia con su propia experiencia personal. Las huellas del abuelo campesino, con sus silencios llenos de sabiduría, se reflejan en cada página, dotando al relato de una autenticidad que trasciende lo meramente académico. Esta conexión personal añade una capa de profundidad emocional que hace que el libro sea aún más impactante. 

“Narración etnográfica de la historia de vida de Hernando León Muñoz Ruiz” no es solo un libro; es un modelo metodológico para futuros estudios en etnografía narrativa. Su capacidad para integrar disciplinas como la historia, la comunicación, la política y la psicología social lo convierte en un ejemplo destacado de cómo abordar temas complejos desde una perspectiva interdisciplinaria. 

Además, la obra nos recuerda la importancia de los abuelos y las generaciones pasadas en la construcción del tejido social. En un mundo cada vez más acelerado y desconectado de sus raíces, este libro nos invita a detenernos y reflexionar sobre las historias que nos han precedido y que siguen dando forma a nuestra identidad colectiva. 

Con “Narración etnográfica de la historia de vida de Hernando León Muñoz Ruiz”, el autor nos ofrece mucho más que un relato histórico: nos invita a un viaje introspectivo donde cada página es una oportunidad para repensar nuestra propia relación con la memoria, el tiempo y la identidad. Es una obra profundamente humana que rinde homenaje al campesino, al líder social y al abuelo, mientras nos recuerda que las historias individuales son también las historias del país. 

En definitiva, Luis Armando Muñoz Joven ha logrado con esta obra lo que podría considerarse su mejor texto hasta la fecha. Es un libro que debe ser leído no solo por quienes se interesan en la etnografía o la historia, sino por todos aquellos que buscan comprender mejor las complejidades del ser humano y su relación con el entorno social y cultural. 

Un libro imprescindible para quienes valoran el arte de narrar como una herramienta para comprender el mundo y transformarlo”.

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Medir impactos en los medios:

Medir impactos en los medios

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

En un mundo llena de información, los medios buscan seguir aquilatando narrativas, requisito de control del poder y generar cambios sociales. Pero ¿Qué nos dice si el periodismo está cumpliendo su función? La medición del impacto se ha perfilado como un elemento esencial para tener una idea concreta de la capacidad de los medios para influir en la sociedad y cumplir su viabilidad. Por eso hemos repetido desde el Observatorio de Medios que este sea así en medios tradicionales como digitales:

 La importancia de medir el impacto

Los medidos como validación han sido comúnmente utilizados para definir el éxito de los medios: las visitas registradas, compartidos o tiempo de permanencia en una plataforma. No obstante, estas cifras no reflejan necesariamente el impacto verdadero que un contenido ha tenido en la sociedad. Medir el impacto implica salir de los datos superficiales y preguntarse ¿Se dio cambio por este contenido? ¿ha impactado en políticas públicas? ¿ha afirmado a comunidades o ha abierto el debate público?

Los impactos pueden expresarse de maneras muy diversas, desde la apertura de una investigación oficial ante denuncias periodísticas hasta cambios en el comportamiento de una comunidad. Así pues, pueda que para los medios “medir” su impacto, les permite a los medios no solo medir la eficacia de su labor, sino también fortalecer su misión y proyección económica  sostenible .

Cómo medir los impactos de los medios de comunicación 

El avance del impacto en los medios independientes no son solo dependiendo de las herramientas tecnológicas o grandes inversiones sino que es un cambio cultural en las organizaciones. Para comenzar, se sugiere seguir los siguientes pasos:

  • Definir el impacto esperado: ¿Para qué medio se quiere ser y qué cambios se espera lograr en su audiencia y en la sociedad? ¿Quiere incidir en política, educación, comunidad local “? ¿Se espera poner en alerta a la ciudadanía por una causa?
  • Crear un plan de medición que encaje con el contexto, ya que no todos los medios están equipados con lo mismo: se debe construir una estrategia de acuerdo con la posibilidad del medio. Puede utilizarse con facilidad: encuestas, análisis de redes sociales, entrevistas con la audiencia, mis testimonios de impacto, etc.
  • Registrar la información y sistematizar: documentar la evidencia de impacto en la base de datos organizada facilitará su seguimiento y la toma decisiones basadas en estos. Algunos de los formularios utilizados incluyen Google Forms o sistemas de gestión de información como Notion y Airtable.
  • Elaborar con los datos para fortalecer el medio propio: Datos concretos, con qué argumentos se le puede justificar al financiador, la audiencia y los colaboradores que se presten, etc. Además, pudiese elaborar reportes del valor que este tipo de periodismo aporta a la sociedad.

Efecto, estrategia de sostenibilidad

El impacto no es solo para conocer el alcance de lo que hacemos en esta industria, sino también para la sostenibilidad del medio. Si bien los modelos de negocio clásico, como la publicidad, ya no garantizan la viabilidad del medio independencia, en la actualidad los datos del efecto son esenciales ya que puede acceder a diversas nuevas maneras de financiamiento  de origen, donaciones y membresías.

Una audiencia que percibe el valor y la demostración del periodismo está preparada por la ayuda necesaria. Cuando un medio puede demostrar cómo su trabajo lleva a la existencia de cambios reales con hechos, se fortalece la confianza y el apoyo de su comunidad.

En un mundo que cambia rápidamente, los periodistas futuros deben saber la importancia de evaluar el efecto de la labor realizada y utilizar esta información como una herramienta para obtener un periodismo más de ayuda, lo que es relevante con la sociedad.

Esperamos que te sea de interés conocer un poco más acerca del tema, sin duda, es el que más trabajos de grados ha dado en muchos casos anticipando los deseos de la grada.

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Desafíos del Trabajo Social: hacia un campo de investigación con identidad propia

Desafíos del Trabajo Social: hacia un campo de investigación con identidad propia

Autor:  Angie Tatiana Montealegre Pinto

Estudiante de 5º semestre de Trabajo Social
Facultad de Humanidades y Artes
Universidad Santiago de Cali (USC)
[email protected]

RESUMEN: El presente ensayo tiene como propósito impulsar un análisis epistemológico y deontológico sobre el Trabajo Social como disciplina que históricamente se ha construido a partir de los aportes de las Ciencias Sociales, olvidándose de sí misma como un campo de investigación que debe ir ganando autonomía propia. En el primer apartado se enuncian las causas de esa identidad difusa; posteriormente, se hace alusión a la escasa producción académica propia de los Trabajadores Sociales; y se concluye con los desafíos que tiene nuestra profesión, especialmente al vincular a individuos, grupos y comunidades como sujetos activos de procesos de investigación-acción participativa.

ABSTRACT: The aim of this essay is to promote an epistemological and deontological analysis of Social Work as a discipline that has historically been built from the contributions of the Social Sciences, forgetting itself as a field of research that must gain its own autonomy. In the first section, the causes of this diffuse identity are stated; subsequently, reference is made to the scarce academic production of Social Workers; and it concludes with the challenges that our profession has, especially when linking individuals, groups and communities as active subjects of participatory action research processes.

1. Introducción
La trabajadora social Rosa María Cifuentes (2018) afirma que “es importante escribir y que nos leamos, pues con ello contribuimos a visibilizar conocimientos y saberes construidos, a potenciar nuestra mirada femenina, profesional, académica, política, ética; también aportamos a consolidar nuestra autonomía profesional” (p. 13). Esto lo dice porque reconoce que la escritura es una herramienta que potencia la reflexión y la crítica sobre problemáticas, pensamientos, métodos y desafíos que enfrenta nuestra disciplina.

Y ese es justamente el foco del presente ensayo: disertar sobre la insuficiente construcción y visibilización del conocimiento que se produce en el campo del Trabajo Social, cuya producción se encuentra limitada por la influencia de otras disciplinas, y por lo que yo defino como “fanatismo” en relación con algunos enfoques y autores, lo que nos conduce a perder la oportunidad de expresarnos y compartir experiencias asociadas a saberes que quizás no se han aprovechado lo suficiente.
La escritura académica aporta no solo al aprendizaje, sino también a nuestro desarrollo profesional y personal. El campo del Trabajo Social lo necesita de forma especial, pues tiene el desafío de integrar lo teórico con lo práctico, y el compromiso de estar actualizado en relación con los fenómenos contemporáneos y los continuos cambios de la realidad social.

Por consiguiente, el reto que tiene el Trabajador Social en ejercicio es reflexionar y ser proactivo, partiendo de los conocimientos descubiertos en las comunidades y asumiendo a los sujetos que las integran como coequiperos en esa construcción de conocimiento. Me interesa hacer hincapié en ese tema y, como verán a continuación, me debo apoyar en autores que no hacen parte del Trabajo Social como disciplina, sino que le aportan desde sus respectivos campos, como la sociología, la ciencia política o la planeación social, lo cual me cuestiona como Trabajadora Social en formación y me anima a romper ese ciclo de repetición y ausencia de creación científica.

2. El Trabajo Social frente a las ciencias sociales

En primer lugar, se debe tener en cuenta que el Trabajo Social como disciplina ha crecido y se ha ido renovando a lo largo del tiempo (Bertollo, 2016); no obstante, presenta la falencia de utilizar mayoritariamente los enfoques, técnicas y métodos de investigación de otras áreas, con el propósito de comprender a mayor profundidad al individuo, el grupo y la comunidad, con sus respectivos fenómenos sociales, culturales, económicos y políticos. Es de manera especial una de las pocas profesiones que da primacía al punto de vista, la opinión y el sentir de los actores con quienes interviene.

Como lo explicaba Fals-Borda (2009) cuando comenzaba a promover el enfoque de la investigación-participativa a finales de los años setenta, considerado “revolucionario” o poco convencional en aquella época, “nuestras herramientas especiales de trabajo han sido y son mayormente los marcos de referencia y las técnicas con las que sucesivas generaciones de científicos han intentado interpretar la realidad” (p. 253). Visto en perspectiva, pareciera el mismo caso del Trabajador Social hoy, no porque sea incapaz de construir conocimiento propio, sino porque se le ha limitado o circunscrito a la idea de someterse a las formas de pensamiento y visión del mundo de autores que pertenecen a otros campos de las Ciencias Sociales.

Entendiendo que el Trabajo Social no es una ciencia, sino una disciplina que se apoya en la sociología, la ciencia política, la educación, la psicología social, la antropología social, la geografía social, la economía, la historia y el derecho para desarrollarse como campo de conocimiento (1996), no pretendo con mi ensayo cuestionar epistemológicamente los conceptos, autores y métodos de otras Ciencias Sociales, sino evaluar la posibilidad de construir conocimientos propios, que nos sirvan para desbloquear la capacidad de escribir, imaginar, estimular la exploración y la investigación y, no menos importante, fomentar la lectura entre colegas.

3. Los desafíos de un Trabajador Social que produce conocimiento

Los Trabajadores Sociales enfrentan el desafío y compromiso de mantenerse actualizados con respecto a los cambios de la realidad social, ya que esta se encuentra en constante evolución. La misma sociedad se entiende como procesos dinámicos de formación y transformación; de ahí que “nuestra responsabilidad, como pertenecientes a una comunidad de científicos, es saber interpretar esta transformación y derivar datos adecuados para entenderla con el objeto de ayudar a construir el futuro” (Fals-Borda, 2009, p. 253). Es por esta razón que no podemos quedarnos estancados en la misma línea de pensamiento, porque eso limitaría o condicionaría, tanto a estudiantes como profesionales, a generar su propio conocimiento, haciendo difícil la construcción de bases académicas sólidas que inspiren a los demás.

El Trabajo Social como disciplina enfrenta un reto singular en comparación con otras áreas de las Ciencias Sociales: tiene la obligación de integrar la teoría y la práctica; sin embargo, “tratar de vincular el conocimiento y la acción —la teoría y la práctica—, como en el castigo de Sísifo, es un esfuerzo permanente e inacabado de comprensión, revisión y superación sobre una cuesta sin fin, difícil y llena de tropiezos” (Fals-Borda, 2009, p. 56).

Realizar un ejercicio de acompañamiento o intervención profesional nos exige, por una parte, estar pendientes y actualizados en relación con cualquier hallazgo o aporte desde la teoría; pero también demanda involucrarnos en la cotidianidad de las personas, con el propósito de comprender el impacto social, político y económico que genera nuestra actuación in situ. En ese orden de ideas, como lo plantea Fals Borda (2009), toda decisión se toma con base en una visión de responsabilidad social.

Sumado a lo anterior, también nos surge cierta desconfianza en relación con el tipo de conocimiento que producimos, lo cual viene siendo objeto de análisis por parte de la epistemología de las Ciencias Sociales (Briones, 1996): la dificultad para separar la subjetividad de la objetividad, la definición de enfoques a la hora de investigar, los niveles de análisis que planteamos y las teorías en las que nos apoyamos para explicar o interpretar un fenómeno. En otras palabras, y usando el término acuñado por Thomas Kuhn, el “paradigma” en el que nos situamos para avalar y que nos legitimen académicamente el conocimiento que generamos desde nuestra disciplina (Kuhn, 1962).

En cuanto a la construcción del conocimiento, el Trabajador Social también se enfrenta a un ciclo vicioso a la hora de investigar, buscar y verificar la literatura de apoyo. Por un lado, se tiene un tiempo de obsolescencia como criterio de exclusión (si no es actual “no sirve”), lo que se puede considerar un menoscabo del pensamiento construido; y por el otro, la evaluación por pares, que hace que, buscando cierta “rigurosidad”, se termine aprobando solo lo que esos pares consideran adecuado, desde “su punto de vista”. Por eso, creo que producir desde la práctica es clave, como lo plantea Whittingham (2010), al referirse a temas como el ejercicio de la gobernanza en el mundo contemporáneo: “al revisar la literatura existente es posible concluir que, este es un espacio del conocimiento en construcción y que se requiere mucho más trabajo de investigación e incorporación de los aprendizajes derivados de la praxis” (p. 222).

Otro punto que también nos debemos cuestionar es la elección de los mismos autores de siempre, lo que nos puede llevar a un fanatismo (a veces lo definiría como autismo), dando como resultado una restricción “impuesta” desde la academia, lo que impide la reflexión desde enfoques, métodos o posturas alternativas. La acción de criticar no debe entenderse a partir de una connotación negativa, pues no estar de acuerdo con algo es totalmente válido y se convierte en una puerta que se abre para desarrollar el pensamiento crítico. En esa perspectiva, ningún escrito es perfecto ni posee la verdad absoluta; ni siquiera el mismo ensayo que estás leyendo en este momento.

4. Lo comunitario como fuente de conocimiento

Mi propuesta es construir conocimiento basado en lo social–popular, yendo directamente a las comunidades, descubriendo sus redes de relaciones, sus formas de vida, sus costumbres y su pensamiento social, no solo con el propósito de conocer, sino también de reconocer —sin excluir ni minimizar— esta fuente inagotable de saberes, necesarios tanto para la formación académico-literaria como profesional de un Trabajador Social.
Es importante resaltar que una comunidad organizada tiene más poder de lo que supone, aunque muchas veces no sea consciente de ese potencial ni de cómo utilizarlo. Siguiendo la línea de pensamiento planteada por Carlos Matus (2021), promotor del modelo de planeación estratégica situacional (PES), esto suele ocurrir porque la comunidad cree que los gobiernos, al contar con los recursos económicos y jurídicos, más los instrumentos políticos y técnicos, son los únicos encargados de resolver los problemas de la sociedad. Aún muchas personas están acostumbradas a ser catalogadas como “objetos de estudio”, obedientes para escuchar y realizar los pasos que el funcionario o investigador propone: al final, todo termina con un refrigerio, la firma del formato de asistencia y la “participación” resulta convirtiéndose en “ciudadanía de solo presencia”.
En este punto, y apelando nuevamente a Fals Borda (2009), se hace necesario cuestionar y eliminar ese pensamiento dicotómico que se ha creado entre observador y observado, asumiendo que están divididos por un muro, que les impide interactuar o comunicarse, a menos que sea necesario. De hecho, y ese es el foco de la Investigación-Acción Participativa (IAP), se busca disminuir el papel del intelectual, que monopoliza o controla la información científica, para que se convierta en un sujeto capaz de retroceder, abrirse mental y físicamente y permitirle al observado —las masas populares— tener el papel principal (Fals-Borda, 2009). Puesto que ambos se influyen de manera natural y recíproca, romper tal paradigma positivista de las ciencias naturales es vital, considerando que el observador no solo hace parte, sino también su sola presencia cambia aquel mundo donde se encuentra lo observado.
Y si de contribuir a transformar realidades se trata, el concepto de gobernanza juega un papel central. Pero, ¿qué tiene que ver el concepto de gobernanza (en ocasiones mal entendido como gobernabilidad) con el ejercicio de transformación de la investigación en las comunidades, al que se viene haciendo alusión en el presente ensayo? Es sencillo de decir, pero difícil de lograr: la gobernanza hace referencia a las relaciones de poder que involucran diferentes actores en el proceso de toma, ejecución y evaluación de las decisiones; un juego de poder que crea escenarios en los que coexisten la competencia y la cooperación (Whittingham, 2010). Es en esos escenarios donde las comunidades pueden comenzar a transformar su mentalidad de sumisión por otra de empoderamiento, a partir de la construcción colectiva de la realidad que les rodea y les afecta.
Y ahí el Trabajador Social desempeña un papel crucial, especialmente desde la planeación y la planificación social (Poggiese, 2011; Umbarila-Laiton, 2015; Bertollo, 2016), permitiendo que las comunidades sean realmente escuchadas y partícipes en la toma y ejecución de las decisiones. Por poner solo como referencia el Método Altadir de Planificación Popular, se logra “respetar la visión que la población tiene sobre los problemas locales que la afectan (…) favoreciendo un compromiso sólido” (Matus, 2021, p. 9); en otras palabras, la comunidad reconoce sus propios problemas, así como sus saberes, recursos y formas de adaptarse o afrontarlos.
El mismo Carlos Matus explica que el método no tiene aplicabilidad en el espacio macro, sino que se concentra en la base popular, lo cual debe ser motivo de reflexión para el Trabajador Social, porque eso indica que, al tener un acercamiento directo y profundo con los problemas locales o comunitarios, se puede leer y transformar la realidad desde los conocimientos o herramientas del Lebenswelt o mundo de la vida cotidiana.
Como se puede evidenciar, el Trabajador Social tiene ante sus ojos no solo retos, sino también grandes posibilidades de construcción de conocimiento, partiendo de las comunidades como sujetos, no como objetos acríticos de investigación; las comunidades como coequiperas de construcción colaborativa; las comunidades como fuentes de saberes válidos y valiosos en constante metamorfosis.

5. Conclusión
En este ensayo se han planteado los retos epistemológicos y deontológicos que tiene el Trabajo Social como disciplina que se enmarca en las Ciencias Sociales y la necesidad de contribuir al empoderamiento de las comunidades como sujetos de su propia historia. En la medida en que tomemos conciencia, podremos potenciar nuestra profesión o seremos responsables, inexorablemente, del declive de su calidad. Está en juego no solo el reconocimiento del Trabajador Social, sino también su compromiso ético con el desarrollo humano integral de los sujetos, grupos, organizaciones y comunidades en las que realiza diferentes tipos de intervención e investigación.
Si bien no se niega el valor de las Ciencias Sociales en la historia del Trabajo Social como disciplina (Guevara y Beltrán, 2018), es importante continuar avanzando en la definición propia del Trabajo Social como campo de investigación, enfocado en pensar la transformación de las realidades sociales a partir de enfoques, métodos, técnicas e instrumentos propios, que nos permitan construir marcos de referencia a partir de los cuales más investigadores puedan aportar a su crecimiento, fortalecimiento y expansión.
La construcción de ese campo deberá partir, como lo ilustra la Investigación-Acción Participativa (IAP), de la comprensión de los fenómenos contemporáneos, tal y como los piensan, sienten y comunican los individuos, los grupos y las comunidades, que se autorreconocen como sujetos de transformación de sus propias realidades. Esto nos estimulará a continuar investigando y escribiendo desde nuestro propio campo, inspirando a más investigadores a vincularse a él para enriquecerlo.
Actualmente, muchos estudiantes de Trabajo Social se adhieren a escuelas de pensamiento que provienen de la sociología, la antropología y la psicología social, por moda o por influencia de los docentes a los que escuchan, lo que hace que los discursos (las narrativas) comiencen a repetirse, muchas veces como cajas de resonancia. Y es aquí donde cobra sentido el adagio popular: ¿Para dónde va Vicente? Para donde va la gente…¿Cuál es mi propuesta? Invertir el refrán: ¿Para dónde van los Trabajadores Sociales? A construir un campo de investigación-acción con una identidad propia, abierto pero autónomo, que se convierta en referencia para los profesionales que le apuntan a la transformación social.

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La caída del alfil sirio

La caída del alfil sirio

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

Hace minutos que colapsó la dictadura de Bashar al-Assad en Siria —la izquierda más antigua en el poder en el mundo árabe— no solo redefiniría la política interna del país, sino que transformaría el complejo ajedrez geopolítico de Oriente Medio. El régimen de Assad, sostenido por el partido Baaz durante más de medio siglo, ha representado un símbolo de estabilidad autoritaria y represión, pero también una pieza clave en el equilibrio regional. Desde el inicio de la guerra civil en 2011, este equilibrio se ha fracturado progresivamente, abriendo espacio a nuevos actores e intereses.

 

 Foto AP  Una imagen repetida, el dictador derribado. Ahora en Siria.

La caída de Assad, lejos de significar un final definitivo, marcará el inicio de una nueva etapa caracterizada por la fragmentación, los intereses de potencias extranjeras y el riesgo de una mayor inestabilidad por divisiones étnicas, religiosas y políticas, exacerbadas por más de una década de conflicto. Sin un liderazgo claro, las facciones locales —desde las milicias kurdas hasta grupos armados árabes suníes— podrían disputar el poder en un contexto de intervención extranjera. Esto afectará a toda la región, que ya carga con las consecuencias del conflicto sirio, incluidos los flujos masivos de refugiados y la expansión de redes extremistas.

Para Israel, la caída de Assad presenta tanto riesgos como oportunidades. Su principal preocupación radica en prevenir el fortalecimiento de actores hostiles como Hezbolá y el eje Teherán-Damasco. El vacío de poder podría ser ocupado por grupos más radicales e impredecibles, como una nueva versión del Estado Islámico. Israel deberá equilibrar su estrategia entre contener nuevas amenazas y aprovechar la disminución de la influencia iraní en Siria. Por último, con relación a Israel ¿se recuperarán ahora, los restos de  Elí Cohen, el famoso espía del Mossad que penetrara hasta el nivel más alto en Damasco que luego de ejecutado en 1967 se han negado a entregar a la familia? Este tema ha sido de prioridad para Tel Aviv siempre.

Turquía, bajo el liderazgo de Erdogan, ha consolidado su posición en el conflicto sirio. Ankara, miembro de la OTAN, tiene ahora la oportunidad de ampliar su control sobre territorios estratégicos y fortalecer su posición como potencia regional, mientras contribuye al debilitamiento de Rusia e Irán.

Rusia, principal sostén del régimen dictatorial y heredera de las relaciones de la Guerra Fría, se enfrenta a una posible exclusión de la región. Moscú deberá replegarse hacia Ucrania, donde busca establecer una división territorial reminiscente de la Alemania de los años 30.

Irán, otro aliado clave de Assad, verá comprometida su capacidad para transportar armas y apoyar a Hezbolá en Líbano. Aunque el colapso del régimen sirio dificultará el apoyo a grupos extremistas palestinos, Teherán podría intentar llenar el vacío de poder respaldando a milicias leales, replicando su estrategia en Irak y Yemen.

Estados Unidos, cuya presencia ha sido limitada y su política inconsistente, enfrenta el desafío de redefinir su papel en la región. Occidente mantiene su atención centrada en Ucrania, mientras se anticipa un posible cambio en la política exterior estadounidense ante un eventual retorno de Trump a la Casa Blanca.

 ¿Quién gana realmente?

El colapso del régimen de Assad planteará enormes desafíos para el pueblo sirio si la transición no conduce a una solución estable. Más que presenciar el fin definitivo de la familia Assad, nos encontramos ante un nuevo capítulo de incertidumbre en el mundo árabe, similar a lo ocurrido durante la “Primavera Árabe”. La lucha por el poder entre actores internos y externos continuará moldeando el destino de Siria y de Oriente Medio.

Este escenario representa un nuevo tablero profundamente fragmentado, donde cada movimiento genera más preguntas que respuestas. La estabilidad regional pende de un hilo, y el verdadero ganador de esta partida geopolítica aún está por determinarse.

 Lo que sí es importante, es entender que cualquier dictadura, caerá en cualquier parte. Yo tengo esperanzas que en una isla ocurra, y yo celebraré mientras otros vergonzosamente la han justificado.

La lucha por el poder entre actores internos y externos continuará moldeando el destino de Siria y de Oriente Medio”

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Las armas de polarización

Las armas de la polarización

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

La elección presidencial de 2024 en Estados Unidos fue una guerra mediática sin precedentes, marcada por la desinformación, el partidismo y el sesgo abierto. Los medios de comunicación, tanto tradicionales como emergentes, en vez de ser observadores imparciales, se convirtieron en protagonistas activos, influyendo en las decisiones de un electorado polarizado y con poca confianza en sus instituciones. Lo que muchos creían imposible, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, se hizo realidad, y fue en gran parte producto de cómo los medios moldearon, sesgaron y manipularon las percepciones de los votantes. ¿Qué papel jugaron estos medios y cómo su falta de objetividad contribuyó al regreso de uno de los presidentes más divisivos de la historia?

Los Medios Tradicionales:

En 2024, la imparcialidad era prácticamente inexistente en los medios de comunicación. Los grandes nombres de siempre, como CNN y The New York Times, no ocultaron su desaprobación hacia Trump. Se dedicaron a enfatizar sus errores: el manejo de la pandemia, su retórica divisiva y los escándalos de su primer mandato. Sus reportajes, editoriales y coberturas no solo criticaron sus políticas, sino que intentaron posicionarlo como una amenaza para el país. En vez de cuestionar sus propuestas desde una perspectiva analítica, estos medios cayeron en una narrativa condenatoria que dejaba poco espacio para la objetividad.

En el otro extremo, Fox News y otros medios conservadores presentaron una imagen completamente opuesta de Trump. Este fue exaltado como un defensor de la economía y la seguridad nacional, alguien dispuesto a restaurar los valores tradicionales del país. Fox y otros medios conservadores mostraron a un Trump fuerte, eficaz y necesario, consolidando su base de apoyo y alienando a quienes querían una cobertura equilibrada. Así, estos medios tradicionales se convirtieron en vehículos de polarización, donde cada segmento de la audiencia encontraba solo las verdades que confirmaban sus propias creencias.

Los medios emergentes como Axios, Político y el papel del entorno digital

Pero la influencia en 2024 no fue exclusiva de los medios tradicionales. Nuevos actores como Axios y Político surgieron como fuentes de información rápida y análisis profundo, con formatos diseñados para captar la atención de una generación que ya no confía en los canales convencionales. Axios, con su estilo directo y su enfoque en la inmediatez, aportó una cobertura ágil de los eventos más relevantes. Su influencia en plataformas digitales fue evidente, especialmente entre un público joven que busca noticias condensadas y análisis breves. Sin embargo, la aparente neutralidad de estos medios emergentes también se vio afectada por la presión del entorno polarizado, y en ocasiones cedieron a la narrativa de lo “políticamente correcto”.

En paralelo, el ámbito digital fue decisivo en la amplificación de los mensajes de cada candidato. Plataformas como Twitter, Facebook y YouTube fueron utilizadas tanto para informar como para desinformar. Mientras que los grandes medios impulsaban su narrativa en sus canales, los candidatos y sus seguidores usaban las redes para transmitir mensajes de manera directa y sin filtro, lo cual ayudó a que teorías conspirativas y desinformación se propagaran sin control. La influencia de las redes sociales fue tal, que figuras y cuentas influyentes crearon espacios paralelos de discusión que, en muchos casos, terminaron siendo burbujas ideológicas donde los votantes se refugiaron de la información contradictoria.

¿Cómo la falta de objetividad catapultó a Trump?

La polarización mediática y la cobertura sesgada no solo reflejaron las divisiones políticas en Estados Unidos; jugaron un papel crucial en el retorno de Trump a la Casa Blanca. Los intentos de CNN y The New York Times de desacreditarlo fueron percibidos por su base como un ataque del “sistema” contra su candidato. Fox News y otros medios conservadores, al construir una narrativa que resaltaba a Trump como el defensor del “americano común” contra la élite liberal, ayudaron a consolidar su figura como el líder que “desafiaría al establishment”. En un país cada vez más fragmentado, la cobertura partidista generó un efecto de reacción en cadena, donde los votantes no buscaban informarse, sino confirmar sus propias ideas.

La postura polarizada de los medios emergentes, como Axios y Político, también contribuyó a esta situación, aunque desde una perspectiva distinta. Al ofrecer análisis rápidos y en algunos casos alinearse con ciertas tendencias progresistas, estos medios dejaron de ser espacios neutrales para convertirse en vehículos de la narrativa predominante en las redes. Para muchos votantes, la percepción de una prensa liberal e ideológicamente alineada fue una razón más para abrazar la promesa de “anti-establishment” que representaba Trump.

Las Redes Sociales y el auge de la desinformación

Las redes sociales jugaron el papel de “campo de batalla” para ambos bandos, permitiendo que cada grupo amplificara sus mensajes de manera inmediata y directa. Los partidarios de Trump encontraron en Twitter y Facebook espacios seguros para expresar sus ideas y difundir contenido que, en muchos casos, caía en la desinformación. Teorías conspirativas y narrativas falsas sobre el oponente demócrata circularon sin control, ayudando a cimentar una imagen de Trump como el único candidato dispuesto a desafiar “la verdad oficial” impuesta por los medios tradicionales.

Este flujo de información descontrolado tuvo consecuencias graves: se distorsionó el sentido crítico de los votantes y se fragmentó el acceso a la realidad. La exposición constante a desinformación y noticias selectivas generó un clima de sospecha hacia cualquier fuente de información que no apoyara la visión de cada grupo. La falta de intervención de las plataformas sociales en la regulación del contenido político permitió que la polarización alcanzara niveles peligrosos, donde el diálogo racional se volvió prácticamente imposible.

Un futuro de desconfianza y fragmentación

El regreso de Trump a la Casa Blanca es un reflejo de cómo los medios, en su falta de objetividad, han contribuido a un entorno político y social profundamente fragmentado. Los medios tradicionales, los emergentes y las redes sociales, al alinearse con narrativas específicas, fallaron en su papel de informar de manera imparcial, y se convirtieron en actores políticos que influenciaron directamente el comportamiento del electorado. La confianza en el periodismo, como institución de veracidad y análisis crítico, quedó debilitada, y el público se refugió en sus propias burbujas informativas.

El impacto de esta elección va más allá del resultado electoral. Los medios no solo han perdido su rol de observadores imparciales, sino que también han alimentado una crisis de confianza que podría tener consecuencias a largo plazo en la democracia estadounidense. La era de la polarización y la desinformación ha puesto en evidencia la necesidad urgente de un cambio en la manera en que se informa al público. La prensa, en todas sus formas, debe retomar su compromiso con la imparcialidad y la veracidad, reconstruyendo el vínculo de confianza que alguna vez tuvo con sus audiencias.

Fox News y otros medios conservadores presentaron una imagen completamente opuesta de Trump. Este fue exaltado como un defensor de la economía y la seguridad nacional, alguien dispuesto a restaurar los valores tradicionales del país“.

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