Desafíos del Trabajo Social: hacia un campo de investigación con identidad propia

Desafíos del Trabajo Social: hacia un campo de investigación con identidad propia

Autor:  Angie Tatiana Montealegre Pinto

Estudiante de 5º semestre de Trabajo Social
Facultad de Humanidades y Artes
Universidad Santiago de Cali (USC)
[email protected]

RESUMEN: El presente ensayo tiene como propósito impulsar un análisis epistemológico y deontológico sobre el Trabajo Social como disciplina que históricamente se ha construido a partir de los aportes de las Ciencias Sociales, olvidándose de sí misma como un campo de investigación que debe ir ganando autonomía propia. En el primer apartado se enuncian las causas de esa identidad difusa; posteriormente, se hace alusión a la escasa producción académica propia de los Trabajadores Sociales; y se concluye con los desafíos que tiene nuestra profesión, especialmente al vincular a individuos, grupos y comunidades como sujetos activos de procesos de investigación-acción participativa.

ABSTRACT: The aim of this essay is to promote an epistemological and deontological analysis of Social Work as a discipline that has historically been built from the contributions of the Social Sciences, forgetting itself as a field of research that must gain its own autonomy. In the first section, the causes of this diffuse identity are stated; subsequently, reference is made to the scarce academic production of Social Workers; and it concludes with the challenges that our profession has, especially when linking individuals, groups and communities as active subjects of participatory action research processes.

1. Introducción
La trabajadora social Rosa María Cifuentes (2018) afirma que “es importante escribir y que nos leamos, pues con ello contribuimos a visibilizar conocimientos y saberes construidos, a potenciar nuestra mirada femenina, profesional, académica, política, ética; también aportamos a consolidar nuestra autonomía profesional” (p. 13). Esto lo dice porque reconoce que la escritura es una herramienta que potencia la reflexión y la crítica sobre problemáticas, pensamientos, métodos y desafíos que enfrenta nuestra disciplina.

Y ese es justamente el foco del presente ensayo: disertar sobre la insuficiente construcción y visibilización del conocimiento que se produce en el campo del Trabajo Social, cuya producción se encuentra limitada por la influencia de otras disciplinas, y por lo que yo defino como “fanatismo” en relación con algunos enfoques y autores, lo que nos conduce a perder la oportunidad de expresarnos y compartir experiencias asociadas a saberes que quizás no se han aprovechado lo suficiente.
La escritura académica aporta no solo al aprendizaje, sino también a nuestro desarrollo profesional y personal. El campo del Trabajo Social lo necesita de forma especial, pues tiene el desafío de integrar lo teórico con lo práctico, y el compromiso de estar actualizado en relación con los fenómenos contemporáneos y los continuos cambios de la realidad social.

Por consiguiente, el reto que tiene el Trabajador Social en ejercicio es reflexionar y ser proactivo, partiendo de los conocimientos descubiertos en las comunidades y asumiendo a los sujetos que las integran como coequiperos en esa construcción de conocimiento. Me interesa hacer hincapié en ese tema y, como verán a continuación, me debo apoyar en autores que no hacen parte del Trabajo Social como disciplina, sino que le aportan desde sus respectivos campos, como la sociología, la ciencia política o la planeación social, lo cual me cuestiona como Trabajadora Social en formación y me anima a romper ese ciclo de repetición y ausencia de creación científica.

2. El Trabajo Social frente a las ciencias sociales

En primer lugar, se debe tener en cuenta que el Trabajo Social como disciplina ha crecido y se ha ido renovando a lo largo del tiempo (Bertollo, 2016); no obstante, presenta la falencia de utilizar mayoritariamente los enfoques, técnicas y métodos de investigación de otras áreas, con el propósito de comprender a mayor profundidad al individuo, el grupo y la comunidad, con sus respectivos fenómenos sociales, culturales, económicos y políticos. Es de manera especial una de las pocas profesiones que da primacía al punto de vista, la opinión y el sentir de los actores con quienes interviene.

Como lo explicaba Fals-Borda (2009) cuando comenzaba a promover el enfoque de la investigación-participativa a finales de los años setenta, considerado “revolucionario” o poco convencional en aquella época, “nuestras herramientas especiales de trabajo han sido y son mayormente los marcos de referencia y las técnicas con las que sucesivas generaciones de científicos han intentado interpretar la realidad” (p. 253). Visto en perspectiva, pareciera el mismo caso del Trabajador Social hoy, no porque sea incapaz de construir conocimiento propio, sino porque se le ha limitado o circunscrito a la idea de someterse a las formas de pensamiento y visión del mundo de autores que pertenecen a otros campos de las Ciencias Sociales.

Entendiendo que el Trabajo Social no es una ciencia, sino una disciplina que se apoya en la sociología, la ciencia política, la educación, la psicología social, la antropología social, la geografía social, la economía, la historia y el derecho para desarrollarse como campo de conocimiento (1996), no pretendo con mi ensayo cuestionar epistemológicamente los conceptos, autores y métodos de otras Ciencias Sociales, sino evaluar la posibilidad de construir conocimientos propios, que nos sirvan para desbloquear la capacidad de escribir, imaginar, estimular la exploración y la investigación y, no menos importante, fomentar la lectura entre colegas.

3. Los desafíos de un Trabajador Social que produce conocimiento

Los Trabajadores Sociales enfrentan el desafío y compromiso de mantenerse actualizados con respecto a los cambios de la realidad social, ya que esta se encuentra en constante evolución. La misma sociedad se entiende como procesos dinámicos de formación y transformación; de ahí que “nuestra responsabilidad, como pertenecientes a una comunidad de científicos, es saber interpretar esta transformación y derivar datos adecuados para entenderla con el objeto de ayudar a construir el futuro” (Fals-Borda, 2009, p. 253). Es por esta razón que no podemos quedarnos estancados en la misma línea de pensamiento, porque eso limitaría o condicionaría, tanto a estudiantes como profesionales, a generar su propio conocimiento, haciendo difícil la construcción de bases académicas sólidas que inspiren a los demás.

El Trabajo Social como disciplina enfrenta un reto singular en comparación con otras áreas de las Ciencias Sociales: tiene la obligación de integrar la teoría y la práctica; sin embargo, “tratar de vincular el conocimiento y la acción —la teoría y la práctica—, como en el castigo de Sísifo, es un esfuerzo permanente e inacabado de comprensión, revisión y superación sobre una cuesta sin fin, difícil y llena de tropiezos” (Fals-Borda, 2009, p. 56).

Realizar un ejercicio de acompañamiento o intervención profesional nos exige, por una parte, estar pendientes y actualizados en relación con cualquier hallazgo o aporte desde la teoría; pero también demanda involucrarnos en la cotidianidad de las personas, con el propósito de comprender el impacto social, político y económico que genera nuestra actuación in situ. En ese orden de ideas, como lo plantea Fals Borda (2009), toda decisión se toma con base en una visión de responsabilidad social.

Sumado a lo anterior, también nos surge cierta desconfianza en relación con el tipo de conocimiento que producimos, lo cual viene siendo objeto de análisis por parte de la epistemología de las Ciencias Sociales (Briones, 1996): la dificultad para separar la subjetividad de la objetividad, la definición de enfoques a la hora de investigar, los niveles de análisis que planteamos y las teorías en las que nos apoyamos para explicar o interpretar un fenómeno. En otras palabras, y usando el término acuñado por Thomas Kuhn, el “paradigma” en el que nos situamos para avalar y que nos legitimen académicamente el conocimiento que generamos desde nuestra disciplina (Kuhn, 1962).

En cuanto a la construcción del conocimiento, el Trabajador Social también se enfrenta a un ciclo vicioso a la hora de investigar, buscar y verificar la literatura de apoyo. Por un lado, se tiene un tiempo de obsolescencia como criterio de exclusión (si no es actual “no sirve”), lo que se puede considerar un menoscabo del pensamiento construido; y por el otro, la evaluación por pares, que hace que, buscando cierta “rigurosidad”, se termine aprobando solo lo que esos pares consideran adecuado, desde “su punto de vista”. Por eso, creo que producir desde la práctica es clave, como lo plantea Whittingham (2010), al referirse a temas como el ejercicio de la gobernanza en el mundo contemporáneo: “al revisar la literatura existente es posible concluir que, este es un espacio del conocimiento en construcción y que se requiere mucho más trabajo de investigación e incorporación de los aprendizajes derivados de la praxis” (p. 222).

Otro punto que también nos debemos cuestionar es la elección de los mismos autores de siempre, lo que nos puede llevar a un fanatismo (a veces lo definiría como autismo), dando como resultado una restricción “impuesta” desde la academia, lo que impide la reflexión desde enfoques, métodos o posturas alternativas. La acción de criticar no debe entenderse a partir de una connotación negativa, pues no estar de acuerdo con algo es totalmente válido y se convierte en una puerta que se abre para desarrollar el pensamiento crítico. En esa perspectiva, ningún escrito es perfecto ni posee la verdad absoluta; ni siquiera el mismo ensayo que estás leyendo en este momento.

4. Lo comunitario como fuente de conocimiento

Mi propuesta es construir conocimiento basado en lo social–popular, yendo directamente a las comunidades, descubriendo sus redes de relaciones, sus formas de vida, sus costumbres y su pensamiento social, no solo con el propósito de conocer, sino también de reconocer —sin excluir ni minimizar— esta fuente inagotable de saberes, necesarios tanto para la formación académico-literaria como profesional de un Trabajador Social.
Es importante resaltar que una comunidad organizada tiene más poder de lo que supone, aunque muchas veces no sea consciente de ese potencial ni de cómo utilizarlo. Siguiendo la línea de pensamiento planteada por Carlos Matus (2021), promotor del modelo de planeación estratégica situacional (PES), esto suele ocurrir porque la comunidad cree que los gobiernos, al contar con los recursos económicos y jurídicos, más los instrumentos políticos y técnicos, son los únicos encargados de resolver los problemas de la sociedad. Aún muchas personas están acostumbradas a ser catalogadas como “objetos de estudio”, obedientes para escuchar y realizar los pasos que el funcionario o investigador propone: al final, todo termina con un refrigerio, la firma del formato de asistencia y la “participación” resulta convirtiéndose en “ciudadanía de solo presencia”.
En este punto, y apelando nuevamente a Fals Borda (2009), se hace necesario cuestionar y eliminar ese pensamiento dicotómico que se ha creado entre observador y observado, asumiendo que están divididos por un muro, que les impide interactuar o comunicarse, a menos que sea necesario. De hecho, y ese es el foco de la Investigación-Acción Participativa (IAP), se busca disminuir el papel del intelectual, que monopoliza o controla la información científica, para que se convierta en un sujeto capaz de retroceder, abrirse mental y físicamente y permitirle al observado —las masas populares— tener el papel principal (Fals-Borda, 2009). Puesto que ambos se influyen de manera natural y recíproca, romper tal paradigma positivista de las ciencias naturales es vital, considerando que el observador no solo hace parte, sino también su sola presencia cambia aquel mundo donde se encuentra lo observado.
Y si de contribuir a transformar realidades se trata, el concepto de gobernanza juega un papel central. Pero, ¿qué tiene que ver el concepto de gobernanza (en ocasiones mal entendido como gobernabilidad) con el ejercicio de transformación de la investigación en las comunidades, al que se viene haciendo alusión en el presente ensayo? Es sencillo de decir, pero difícil de lograr: la gobernanza hace referencia a las relaciones de poder que involucran diferentes actores en el proceso de toma, ejecución y evaluación de las decisiones; un juego de poder que crea escenarios en los que coexisten la competencia y la cooperación (Whittingham, 2010). Es en esos escenarios donde las comunidades pueden comenzar a transformar su mentalidad de sumisión por otra de empoderamiento, a partir de la construcción colectiva de la realidad que les rodea y les afecta.
Y ahí el Trabajador Social desempeña un papel crucial, especialmente desde la planeación y la planificación social (Poggiese, 2011; Umbarila-Laiton, 2015; Bertollo, 2016), permitiendo que las comunidades sean realmente escuchadas y partícipes en la toma y ejecución de las decisiones. Por poner solo como referencia el Método Altadir de Planificación Popular, se logra “respetar la visión que la población tiene sobre los problemas locales que la afectan (…) favoreciendo un compromiso sólido” (Matus, 2021, p. 9); en otras palabras, la comunidad reconoce sus propios problemas, así como sus saberes, recursos y formas de adaptarse o afrontarlos.
El mismo Carlos Matus explica que el método no tiene aplicabilidad en el espacio macro, sino que se concentra en la base popular, lo cual debe ser motivo de reflexión para el Trabajador Social, porque eso indica que, al tener un acercamiento directo y profundo con los problemas locales o comunitarios, se puede leer y transformar la realidad desde los conocimientos o herramientas del Lebenswelt o mundo de la vida cotidiana.
Como se puede evidenciar, el Trabajador Social tiene ante sus ojos no solo retos, sino también grandes posibilidades de construcción de conocimiento, partiendo de las comunidades como sujetos, no como objetos acríticos de investigación; las comunidades como coequiperas de construcción colaborativa; las comunidades como fuentes de saberes válidos y valiosos en constante metamorfosis.

5. Conclusión
En este ensayo se han planteado los retos epistemológicos y deontológicos que tiene el Trabajo Social como disciplina que se enmarca en las Ciencias Sociales y la necesidad de contribuir al empoderamiento de las comunidades como sujetos de su propia historia. En la medida en que tomemos conciencia, podremos potenciar nuestra profesión o seremos responsables, inexorablemente, del declive de su calidad. Está en juego no solo el reconocimiento del Trabajador Social, sino también su compromiso ético con el desarrollo humano integral de los sujetos, grupos, organizaciones y comunidades en las que realiza diferentes tipos de intervención e investigación.
Si bien no se niega el valor de las Ciencias Sociales en la historia del Trabajo Social como disciplina (Guevara y Beltrán, 2018), es importante continuar avanzando en la definición propia del Trabajo Social como campo de investigación, enfocado en pensar la transformación de las realidades sociales a partir de enfoques, métodos, técnicas e instrumentos propios, que nos permitan construir marcos de referencia a partir de los cuales más investigadores puedan aportar a su crecimiento, fortalecimiento y expansión.
La construcción de ese campo deberá partir, como lo ilustra la Investigación-Acción Participativa (IAP), de la comprensión de los fenómenos contemporáneos, tal y como los piensan, sienten y comunican los individuos, los grupos y las comunidades, que se autorreconocen como sujetos de transformación de sus propias realidades. Esto nos estimulará a continuar investigando y escribiendo desde nuestro propio campo, inspirando a más investigadores a vincularse a él para enriquecerlo.
Actualmente, muchos estudiantes de Trabajo Social se adhieren a escuelas de pensamiento que provienen de la sociología, la antropología y la psicología social, por moda o por influencia de los docentes a los que escuchan, lo que hace que los discursos (las narrativas) comiencen a repetirse, muchas veces como cajas de resonancia. Y es aquí donde cobra sentido el adagio popular: ¿Para dónde va Vicente? Para donde va la gente…¿Cuál es mi propuesta? Invertir el refrán: ¿Para dónde van los Trabajadores Sociales? A construir un campo de investigación-acción con una identidad propia, abierto pero autónomo, que se convierta en referencia para los profesionales que le apuntan a la transformación social.

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Autor:  Pedro Pablo Aguilera

Hace minutos que colapsó la dictadura de Bashar al-Assad en Siria —la izquierda más antigua en el poder en el mundo árabe— no solo redefiniría la política interna del país, sino que transformaría el complejo ajedrez geopolítico de Oriente Medio. El régimen de Assad, sostenido por el partido Baaz durante más de medio siglo, ha representado un símbolo de estabilidad autoritaria y represión, pero también una pieza clave en el equilibrio regional. Desde el inicio de la guerra civil en 2011, este equilibrio se ha fracturado progresivamente, abriendo espacio a nuevos actores e intereses.

 

 Foto AP  Una imagen repetida, el dictador derribado. Ahora en Siria.

La caída de Assad, lejos de significar un final definitivo, marcará el inicio de una nueva etapa caracterizada por la fragmentación, los intereses de potencias extranjeras y el riesgo de una mayor inestabilidad por divisiones étnicas, religiosas y políticas, exacerbadas por más de una década de conflicto. Sin un liderazgo claro, las facciones locales —desde las milicias kurdas hasta grupos armados árabes suníes— podrían disputar el poder en un contexto de intervención extranjera. Esto afectará a toda la región, que ya carga con las consecuencias del conflicto sirio, incluidos los flujos masivos de refugiados y la expansión de redes extremistas.

Para Israel, la caída de Assad presenta tanto riesgos como oportunidades. Su principal preocupación radica en prevenir el fortalecimiento de actores hostiles como Hezbolá y el eje Teherán-Damasco. El vacío de poder podría ser ocupado por grupos más radicales e impredecibles, como una nueva versión del Estado Islámico. Israel deberá equilibrar su estrategia entre contener nuevas amenazas y aprovechar la disminución de la influencia iraní en Siria. Por último, con relación a Israel ¿se recuperarán ahora, los restos de  Elí Cohen, el famoso espía del Mossad que penetrara hasta el nivel más alto en Damasco que luego de ejecutado en 1967 se han negado a entregar a la familia? Este tema ha sido de prioridad para Tel Aviv siempre.

Turquía, bajo el liderazgo de Erdogan, ha consolidado su posición en el conflicto sirio. Ankara, miembro de la OTAN, tiene ahora la oportunidad de ampliar su control sobre territorios estratégicos y fortalecer su posición como potencia regional, mientras contribuye al debilitamiento de Rusia e Irán.

Rusia, principal sostén del régimen dictatorial y heredera de las relaciones de la Guerra Fría, se enfrenta a una posible exclusión de la región. Moscú deberá replegarse hacia Ucrania, donde busca establecer una división territorial reminiscente de la Alemania de los años 30.

Irán, otro aliado clave de Assad, verá comprometida su capacidad para transportar armas y apoyar a Hezbolá en Líbano. Aunque el colapso del régimen sirio dificultará el apoyo a grupos extremistas palestinos, Teherán podría intentar llenar el vacío de poder respaldando a milicias leales, replicando su estrategia en Irak y Yemen.

Estados Unidos, cuya presencia ha sido limitada y su política inconsistente, enfrenta el desafío de redefinir su papel en la región. Occidente mantiene su atención centrada en Ucrania, mientras se anticipa un posible cambio en la política exterior estadounidense ante un eventual retorno de Trump a la Casa Blanca.

 ¿Quién gana realmente?

El colapso del régimen de Assad planteará enormes desafíos para el pueblo sirio si la transición no conduce a una solución estable. Más que presenciar el fin definitivo de la familia Assad, nos encontramos ante un nuevo capítulo de incertidumbre en el mundo árabe, similar a lo ocurrido durante la “Primavera Árabe”. La lucha por el poder entre actores internos y externos continuará moldeando el destino de Siria y de Oriente Medio.

Este escenario representa un nuevo tablero profundamente fragmentado, donde cada movimiento genera más preguntas que respuestas. La estabilidad regional pende de un hilo, y el verdadero ganador de esta partida geopolítica aún está por determinarse.

 Lo que sí es importante, es entender que cualquier dictadura, caerá en cualquier parte. Yo tengo esperanzas que en una isla ocurra, y yo celebraré mientras otros vergonzosamente la han justificado.

La lucha por el poder entre actores internos y externos continuará moldeando el destino de Siria y de Oriente Medio”

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Las armas de polarización

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Autor:  Pedro Pablo Aguilera

La elección presidencial de 2024 en Estados Unidos fue una guerra mediática sin precedentes, marcada por la desinformación, el partidismo y el sesgo abierto. Los medios de comunicación, tanto tradicionales como emergentes, en vez de ser observadores imparciales, se convirtieron en protagonistas activos, influyendo en las decisiones de un electorado polarizado y con poca confianza en sus instituciones. Lo que muchos creían imposible, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, se hizo realidad, y fue en gran parte producto de cómo los medios moldearon, sesgaron y manipularon las percepciones de los votantes. ¿Qué papel jugaron estos medios y cómo su falta de objetividad contribuyó al regreso de uno de los presidentes más divisivos de la historia?

Los Medios Tradicionales:

En 2024, la imparcialidad era prácticamente inexistente en los medios de comunicación. Los grandes nombres de siempre, como CNN y The New York Times, no ocultaron su desaprobación hacia Trump. Se dedicaron a enfatizar sus errores: el manejo de la pandemia, su retórica divisiva y los escándalos de su primer mandato. Sus reportajes, editoriales y coberturas no solo criticaron sus políticas, sino que intentaron posicionarlo como una amenaza para el país. En vez de cuestionar sus propuestas desde una perspectiva analítica, estos medios cayeron en una narrativa condenatoria que dejaba poco espacio para la objetividad.

En el otro extremo, Fox News y otros medios conservadores presentaron una imagen completamente opuesta de Trump. Este fue exaltado como un defensor de la economía y la seguridad nacional, alguien dispuesto a restaurar los valores tradicionales del país. Fox y otros medios conservadores mostraron a un Trump fuerte, eficaz y necesario, consolidando su base de apoyo y alienando a quienes querían una cobertura equilibrada. Así, estos medios tradicionales se convirtieron en vehículos de polarización, donde cada segmento de la audiencia encontraba solo las verdades que confirmaban sus propias creencias.

Los medios emergentes como Axios, Político y el papel del entorno digital

Pero la influencia en 2024 no fue exclusiva de los medios tradicionales. Nuevos actores como Axios y Político surgieron como fuentes de información rápida y análisis profundo, con formatos diseñados para captar la atención de una generación que ya no confía en los canales convencionales. Axios, con su estilo directo y su enfoque en la inmediatez, aportó una cobertura ágil de los eventos más relevantes. Su influencia en plataformas digitales fue evidente, especialmente entre un público joven que busca noticias condensadas y análisis breves. Sin embargo, la aparente neutralidad de estos medios emergentes también se vio afectada por la presión del entorno polarizado, y en ocasiones cedieron a la narrativa de lo “políticamente correcto”.

En paralelo, el ámbito digital fue decisivo en la amplificación de los mensajes de cada candidato. Plataformas como Twitter, Facebook y YouTube fueron utilizadas tanto para informar como para desinformar. Mientras que los grandes medios impulsaban su narrativa en sus canales, los candidatos y sus seguidores usaban las redes para transmitir mensajes de manera directa y sin filtro, lo cual ayudó a que teorías conspirativas y desinformación se propagaran sin control. La influencia de las redes sociales fue tal, que figuras y cuentas influyentes crearon espacios paralelos de discusión que, en muchos casos, terminaron siendo burbujas ideológicas donde los votantes se refugiaron de la información contradictoria.

¿Cómo la falta de objetividad catapultó a Trump?

La polarización mediática y la cobertura sesgada no solo reflejaron las divisiones políticas en Estados Unidos; jugaron un papel crucial en el retorno de Trump a la Casa Blanca. Los intentos de CNN y The New York Times de desacreditarlo fueron percibidos por su base como un ataque del “sistema” contra su candidato. Fox News y otros medios conservadores, al construir una narrativa que resaltaba a Trump como el defensor del “americano común” contra la élite liberal, ayudaron a consolidar su figura como el líder que “desafiaría al establishment”. En un país cada vez más fragmentado, la cobertura partidista generó un efecto de reacción en cadena, donde los votantes no buscaban informarse, sino confirmar sus propias ideas.

La postura polarizada de los medios emergentes, como Axios y Político, también contribuyó a esta situación, aunque desde una perspectiva distinta. Al ofrecer análisis rápidos y en algunos casos alinearse con ciertas tendencias progresistas, estos medios dejaron de ser espacios neutrales para convertirse en vehículos de la narrativa predominante en las redes. Para muchos votantes, la percepción de una prensa liberal e ideológicamente alineada fue una razón más para abrazar la promesa de “anti-establishment” que representaba Trump.

Las Redes Sociales y el auge de la desinformación

Las redes sociales jugaron el papel de “campo de batalla” para ambos bandos, permitiendo que cada grupo amplificara sus mensajes de manera inmediata y directa. Los partidarios de Trump encontraron en Twitter y Facebook espacios seguros para expresar sus ideas y difundir contenido que, en muchos casos, caía en la desinformación. Teorías conspirativas y narrativas falsas sobre el oponente demócrata circularon sin control, ayudando a cimentar una imagen de Trump como el único candidato dispuesto a desafiar “la verdad oficial” impuesta por los medios tradicionales.

Este flujo de información descontrolado tuvo consecuencias graves: se distorsionó el sentido crítico de los votantes y se fragmentó el acceso a la realidad. La exposición constante a desinformación y noticias selectivas generó un clima de sospecha hacia cualquier fuente de información que no apoyara la visión de cada grupo. La falta de intervención de las plataformas sociales en la regulación del contenido político permitió que la polarización alcanzara niveles peligrosos, donde el diálogo racional se volvió prácticamente imposible.

Un futuro de desconfianza y fragmentación

El regreso de Trump a la Casa Blanca es un reflejo de cómo los medios, en su falta de objetividad, han contribuido a un entorno político y social profundamente fragmentado. Los medios tradicionales, los emergentes y las redes sociales, al alinearse con narrativas específicas, fallaron en su papel de informar de manera imparcial, y se convirtieron en actores políticos que influenciaron directamente el comportamiento del electorado. La confianza en el periodismo, como institución de veracidad y análisis crítico, quedó debilitada, y el público se refugió en sus propias burbujas informativas.

El impacto de esta elección va más allá del resultado electoral. Los medios no solo han perdido su rol de observadores imparciales, sino que también han alimentado una crisis de confianza que podría tener consecuencias a largo plazo en la democracia estadounidense. La era de la polarización y la desinformación ha puesto en evidencia la necesidad urgente de un cambio en la manera en que se informa al público. La prensa, en todas sus formas, debe retomar su compromiso con la imparcialidad y la veracidad, reconstruyendo el vínculo de confianza que alguna vez tuvo con sus audiencias.

Fox News y otros medios conservadores presentaron una imagen completamente opuesta de Trump. Este fue exaltado como un defensor de la economía y la seguridad nacional, alguien dispuesto a restaurar los valores tradicionales del país“.

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The Guardian se va, pero se queda de X

The Guardian se va, pero
se queda X

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

El medio de comunicaciones  ingles “The Guardian”, informó a sus lectores que dejan de utilizar la red social señalando que se ha convertido en una plataforma tóxica. Dejará de publicar en X sus cuentas oficiales en la plataforma, pero, los usuarios de X aún podrán compartir nuestros artículos.

El diario inglés, uno de los 5  periódicos más influyentes del mundo afirmó  el 13 de noviembre de 2024,  publicó: “Creemos que los beneficios de estar en X ahora son superados por los aspectos negativos” y promoverá  su periodismo en otros lugares. 

El cambio de la antigua  red social Twitter hoy X  ha estado marcada por las nuevas políticas  de su actual propietario Elon Musk  que hacen que hoy por hoy su contenido a menudo es “perturbador”  y promueve teorías conspirativas y racistas. Todo esto,  los lleva a ver  que “X es una plataforma de medios tóxica y que su propietario, Elon Musk, ha podido usar su influencia para dar forma al discurso político” .

 Pero a la vez, deja a sus periodistas en libertad de  seguir utilizando el sitio – la red X-, para fines de recopilación de noticias, tal como utilizan otras redes sociales en las que no participamos oficialmente. A la vez autoriza que cualquier usuario publique información The Guardian en X. Es decir editorialmente se va pero aparecerá por “cuerpo ajeno” (de quién quiera hacerlo) lo que mantendrá al medio en la plataforma; por otra parte reconoce mantendrá la cuestionada X como fuente de información para sí. ¿raro no?

Este enfoque podría parecer contradictorio, pero se puede explicar por la complejidad y la posición estratégica de las redes sociales en el flujo informativo actual. En lugar de un “doble rasero”, es más útil entender esta estrategia como una diferenciación entre el papel de la plataforma como espacio de difusión y como fuente de insumos informativos. Al retirarse editorialmente, The Guardian podría estar buscando evitar validar el contenido de X o contribuir a su modelo de negocio, a la vez que evita ser blanco de campañas de desinformación y reduce su exposición a interacciones negativas. Al mismo tiempo, no puede ignorar su relevancia como fuente: X sigue siendo un lugar donde ocurren noticias en tiempo real y que muchos usuarios y periodistas consultan para actualizaciones inmediatas.

Por lo tanto, en lugar de un acto de censura o rechazo absoluto, esta estrategia parece orientarse hacia una posición más selectiva y crítica, manteniendo la autonomía editorial fuera de X pero aprovechando su potencial como fuente. Esto también sugiere que The Guardian podría estar buscando alternativas para nutrir sus coberturas en redes sociales, minimizando su dependencia de una plataforma que ya no considera confiable en ciertos aspectos. Queda entonces preguntarse ¿para dónde que red social migrará, caso de hacerlo? ¿A Threads o a Bluesky?

 Esto es un paso significativo que más allá de que un grupo de ciudadanos deciden irse de X por diferencias ideológicas con Elon Musk. Sin duda, The Guardian tiene 10 millones de usuarios, pero  suponiendo que todos sus lectores del diario ingles cancelaran por solidaridad sus cuentas en X no significará nada para esta red social. Y me hago una pregunta ¿llegaremos a juzgar a un usuario por estar en X? ¿Usted se queda o se va?

The Guardian podría estar buscando alternativas para nutrir sus coberturas en redes sociales, minimizando su dependencia de una plataforma que ya no considera confiable en ciertos aspectos.“.

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Una derrota que no puede sorprender… Ahora

Derecho a la pereza

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

Donald Trump ganó de muchas formas pero la más relevante fue la ventaja de 4.8 millones de votantes que le dieron el voto popular con 71.59 millones de votos. Otra, fue la de haber ganado el sistema de votos indirectos o por delegados en los Colegios electorales con 292 frente a 224 votos, donde 270 era el punto de la victoria para ser presidente otra vez. Pero también, ganó las mayorías del Senado y de la Cámara de Representantes. Es decir tiene un control total en el ejecutivo, y el legislativo y como ya tenía la mayoría en la Corte Suprema tiene un poder completo en la democracia norteamericana.

¿Qué sucedió? ¿Porque perdió Kamala Harris?¿Cómo es posible que un convicto, un personaje tan escandalosamente controvertido como Trump regrese al poder tras 4 años?

Más que razones son emociones las que dominan la política y los dos atentados que sufrió aun siendo todavía muy discutidos le dieron simpatías, las víctimas, los “héroes” son atractivos en las novelas, el cine y en la vida real. Al parecer es más creíble un “villano” populista agredido que una mujer que arrastra la corresponsabilidad del liderazgo del peor gobierno demócrata de la historia republicana.

El pueblo norteamericano voto de hecho por un no culpable de Trump ante el golpe blando en el Capitolio en las pasadas elecciones. Esto en manos de los votos de centro-oeste agrario de EEUU profundamente conservador y el centralismo de Washington.

Las personas necesitan realidades y no promesas. La sociedad norteamericana con toda su complejidad castigó la crisis económica, la inflación el costo de vida y el deterioro de la clase obrera en particular en el llamado muro azul de los estados del norte o cinturón de acero de Pensilvania, Ohio, Indiana Wisconsin que donde la clase media trabajadora se ha sumido en una crisis económica.

Así mismo la sobre exposición de la ideología woke o progresista asociada al aborto, el feminismo duro, las minorías y la perspectiva de género manejada por medios ha tenido una respuesta radical de los conservadores, grupos religiosos. Jóvenes, mujeres, latinos no le dieron el voto en la cantidad esperada. La marea femenina nunca llego.

Y por otra parte, hay razones sociológicas que refuerzan esto. Ya que los afroamericanos hombres no están listos para un liderazgo femenino. Los Jóvenes están más interesados en sus realidades económicas que la agenda progre. Las mujeres están más interesadas en la economía que en un debate sobre el aborto sobredimensionada por una agenda de medios abiertamente woke. Y los latinos ya residentes están preocupados por la avalancha de sus compatriotas del sur que le deprecian su trabajo y los ponen en riesgo ante un mercado laboral en contracción.

La resultante es nos viene un populismo versión 2024 donde Trump consolidara el ataque al “estado profundo” una de las tesis centrales de los radicales anti federalistas. El “estado profundo” (deep state en inglés) es parte central de la retórica política de Donald Trump y algunos sectores del Partido Republicano en los últimos años que se refiere a la creencia de que existe una red de funcionarios gubernamentales no electos que operan en la sombra para influir o socavar al gobierno legítimo. Esta tesis conspiranoica sitúa a a Trump como un outsider que lucha contra un sistema corrupto y arraigado. Un super héroe.

Al fomentar la desconfianza hacia las instituciones y alimentar la polarización, esta retórica plantea desafíos para la cohesión social y la gobernabilidad. A medida que el país se enfrenta a futuros ciclos electorales, el legado de esta narrativa continuará influyendo en el debate político y en la percepción pública del gobierno.

La victoria de Trump es la victoria de la democracia iliberal sobre el liberalismo. Esto representa un cambio significativo en el panorama político global, con implicaciones profundas para las libertades individuales y las relaciones internacionales. Este fenómeno se caracteriza por la expansión de regímenes populistas de corte autoritario que aunque mantienen estructuras democráticas como elecciones y parlamentos, rompen con los principios fundamentales del liberalismo, como la separación de poderes, el respeto a los derechos humanos y la libertad de prensa. Eso es Trump, es Bukele y Milei.

Hoy los EEUU muestran una concentración de poder debilitándose las instituciones que actúan como contrapeso, como el poder judicial y los medios de comunicación. Con unas redes sociales y la utilización de medios – entiéndase X y Washington Post – para para difundir propaganda. Al mismo tiempo, se afianzará el nacionalismo con las políticas antinmigración y la defensa de valores tradicionales.

Los medios internacionales no estaban listos para aceptar un nuevo Trump y no vieron las venas abiertas de los EEUU. Y por ello ante una ola de violencia hubo una ola de silencio en los demócratas que se vieron superados por un actor que no es reconocido por los encuestadores; me refiero al “votante vergonzante” que oculta y miente su intención de voto real pero que en el instante de ejercerlo dirige su decisión contra las frustraciones del establecimiento. Esos fueron millones. Ellos hicieron que los llamados estados bisagras, indecisos se inclinaran mayoritariamente a los republicanos llevando nuevamente el poder a un movimiento pendular o de alternancia.

En verdad Kamala no podía ganar por honesta, preparada que estuviera. Un país se mueve al ritmo del más lento y no a otra velocidad.

La victoria de Trump es la victoria de la democracia liberal sobre el liberalismo. Esto representa un cambio significativo en el panorama político global, con implicaciones profundas para las libertades individuales y las relaciones internacionales”.

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 El Washington Post toma partido… por nadie

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Autor:  Pedro Pablo Aguilera

Jeff Bezos, dueño del Washington Post, ha roto lo que para muchos es un pecado mortal siendo este diario de fuerte tradición liberal al vetar un editorial que apoyaba a Kamala Harris. La consecuencia: una crisis sin precedentes en uno de los buques insignia del periodismo estadounidense.

¿Cobardía, censura o simple capricho? Las redes sociales echan humo 🔥  y el mundo observa con lupa  🔍  cada movimiento en esta trama digna de “House of Cards”.

 Lo cierto que hace unas horas un artículo a punto de ser publicado en la sección de opinión del Post se preparaba para dar su bendición a Kamala Harris frente a Donald Trump. Todo listo, hasta que Bezos, cual emperador romano, bajó el pulgar 👎.

“Reconocemos que esto se interpretará de diversas maneras, como un apoyo tácito a un candidato, o como una condena de otro, o como una abdicación de la responsabilidad. Eso es inevitable. Nosotros no lo vemos así. Lo vemos como coherente con los valores que el Post siempre ha defendido y lo que esperamos de un líder: carácter y valor al servicio de la ética americana, veneración por el Estado de derecho y respeto por la libertad humana en todos sus aspectos. También lo vemos como una declaración de apoyo a la capacidad de nuestros lectores para decidir por sí mismos sobre esta, la más importante de las decisiones estadounidenses: a quién votar como próximo presidente”, argumenta Lewis consejero editorial del diario.

¿Su argumento? Que el periódico vuelve a sus orígenes de neutralidad.  Es decir a la objetividad, al equilibrio. Bueno ustedes han escuchado de eso. Una excusa que suena a  “a otro perro con ese hueso” 🦴, según las voces más críticas.

 La resultante ha sido y seguirá siendo  fuerte:

  • Stephen King, maestro del terror, canceló su suscripción con un portazo digital.
  • Bob Woodward y Carl Bernstein, los héroes del Watergate, acusan al Post de “espantosa cobardía” y “abandono de su deber público”. Ahí es nada.
  • El sindicato del periódico, con la indignación por las nubes, denuncia “interferencia” en el trabajo de sus miembros.

Mientras tanto, en la redacción del Post,  periodistas con cara de incredulidad, teléfonos echando humo y un ambiente más tenso que en un western de Sergio Leone.  (¿Los han visto?)

William Lewis, CEO del periódico, intenta poner paños fríos  💦  hablando de “independencia” y “compromiso con la información”. Pero la cosa  promete llegar a una crisis interna verdaderamente grande.

¿Y qué dice la gente?

Pues que huele algo raro en el ambiente y es que no solo ha sido el Washington Post, también  “LA Times”, un diario en el centro de los liberales del estado de California  acaba de hacer lo mismo. ¿Casualidad? 🤔

El poder económico de los propietarios  como Bezos influye en el panorama mediático algo que ya vimos cuando en junio colocó a un polémico ingles  asociado al periodismo sensacionalista  Will Lewis como consejero asociado, en este diario.  El futuro del periodismo independiente (yo siempre he dicho que nadie es independiente), vuelve a cuestionarse y aparece esta pregunta. ¿Hay espacio para la crítica cuando los dueños tienen otros intereses?

Esto casi será más debatido que quien gane las elecciones el próximo 4 de noviembre en los EEUU, esto no ha hecho más que empezar.  La batalla por la información está servida, y el Washington Post está en el ojo del huracán.

¿Tú qué opinas? ¿Es Bezos un censor o un defensor de la neutralidad?  Comparte, ¡es bueno saber tu punto de vista! 👇

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