Amor a ciegas

Autor: Andrea Mendoza Serna.

Facultad de Humanidades y Artes

“Mi vida era la de una mujer normal, hasta que diagnostican a mi hija con Retinoblastoma bilateral, después de eso aprendí a hacer muchas cosas; pero primero fue ser la mamá de Lina María”, Carolina Ochoa cuenta cómo ha sido su existencia al lado de dos seres especiales que cambiaron su manera de ver el mundo.

En la calle la gente me mira con pesar o creen que yo soy la mejor persona del planeta por tener marido e hija invidentes, cuando estamos juntos todos nos miran. 

A los cinco meses de nacida, Lina María fue diagnosticada con un extraño cáncer de retina; todo empezó cuando sus padres vieron en las fotos que le tomaban un reflejo rojo en sus ojos verdes, situación que no les pareció normal. Acudieron donde el especialista, quien les confirmó que la niña estaba grave, la meta ya no era luchar por la visión sino por la vida de la bebé. 
Situación que sería más difícil de lo que un día pensó Carolina. A sus 22 años, empezó a sufrir sola las etapas de la nueva vida con su hija, pues el padre las abandonó cuando ella decidió seguir los tratamientos, puesto que la religión de él prohibía las intervenciones médicas. 

“El Retinoblastoma bilateral es un tumor que se da en uno de cada millón de nacimientos, de cada cinco se salva uno y si sobrevive será ciego” 

“Lo que más me impactó fue recibirla después de la última cirugía, tenía una venda inmensa que le tapaba los ojos y parte de la cabeza. Yo tenía que hacerle las curaciones en la casa; pero lo que más temía era que ella tuviera miedo y preguntara por qué estaba oscuro; gracias a Dios nunca lo dijo”, comento Carolina mientras acariciaba la cabeza de Lina, quien se sentó a oír la conversación.  

Fue criada como una niña normal, con ciertas adaptaciones para realizar las tareas de la vida diaria; pero llegó más allá de lo que se creería, con actividades como patinar, pintar y nadar. El apoyo incondicional de su mamá fue primordial, nunca la subestimó y gracias a su dedicación y empeño la sacó adelante. “Es duro al principio, pero al pasar del tiempo se ven los resultados”, dijo Carolina. 

¿Amor a Ciegas? 

La historia de Carolina Ochoa no acabó con su hija, inesperadamente ella volvió a enamorarse; pero ahora de un hombre invidente. Así contó su historia de amor: 

A Julio lo conocí en la Biblioteca Departamental, en la Sala Hellen Keller, a donde iba cada sábado con Lina; primero fuimos buenos amigos, nunca se me pasó por la cabeza ser novia de él ni tener novio, porque mi tiempo siempre ha sido limitado por el trabajo y por la niña. 

Tiempo después empezamos a chatear y se fueron dando las cosas poco a poco, un día me lo encontré en la biblioteca y había mucha gente; pero él me empezó a hablar y logró transportarme a un lugar donde solo escuchaba su voz, hablamos mucho. Días después volví y para mi sorpresa iba a salir con otra mujer, me sentí tan mal que fui a llorar de la rabia al baño de la biblioteca por ahí 10 minutos, ahí me di cuenta de que Julio no era un amigo. 

A la semana siguiente me dijo que si podíamos vernos, sin Lina, para poder hablar; nunca la había dejado con nadie, pero busqué una niñera. Esa misma tarde salimos y nos dimos el primer beso, lo que me gustó de él es que siempre está alegre y me devolvió la ilusión de poder hacer una familia, desde eso llevamos cinco años juntos. 

Lina María es una típica niña de 9 años, es coqueta, mueve el pelo, se lo toca y se ríe cuando le gusta un niño, cada día me sorprenden más sus actitudes. 

Después de 3 años de novios decidimos irnos a vivir juntos, pero nuestros amigos, familiares y hasta el papá de Lina no estuvieron de acuerdo con la decisión; porque desgraciadamente las personas piensan que cuando alguien tiene una discapacidad es una carga. Nunca he pensado que la invidencia de él sea un impedimento para que estemos juntos, también pensé en las cosas que Julio le podía aportar a Lina que nadie más podría hacer. 

No ha sido fácil vivir juntos, pero ha sido beneficioso para Lina, porque Julio es administrador de empresas, lucha por la discapacidad y actualmente es el presidente del Comité Paralímpico Colombiano, entonces ella quiere ser como él; eso me agrada porque de una u otra manera la empuja para que salga adelante. 

Salir con ambos es un reto, en la calle la gente me mira con pesar o creen que yo soy la mejor persona del planeta por tener marido e hija invidentes, cuando estamos juntos todos nos miran. Aunque ya lo aprendí a manejar, al principio me sentía hostigada. 

Lina es una de las mejores estudiantes de su clase, es muy juiciosa y en sus trabajos casi siempre saca cinco  

Así termina su relato, entre risas, orgullo y rabia, característicos de una mujer guerrera que busca alcanzar y hacer respetar sus sueños y los de su familia. 

 

A los cinco meses de nacida, Lina María fue diagnosticada con un extraño cáncer de retina.

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