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Ritual secreto de la salsa: lo que viven los bailarines antes de salir al escenario
Ritual secreto de la salsa: lo que viven los bailarines antes de salir al escenario
Horas previas al Mundial de Salsa en Cali, los bailarines enfrentan un torbellino de emociones en el camerino: nervios, adrenalina y alegría.
Por: Stephany Chavarro
Facultad de Humanidades y Artes
En la penumbra del camerino, el aire vibra con una mezcla de nervios y adrenalina, como si el ritmo de la salsa se hubiera apoderado del ambiente. Los bailarines ajustan sus trajes relucientes, el brillo del sudor se mezcla con el maquillaje y el eco de los tambores resuena en sus corazones.
Es el momento previo al gran show del Mundial de Salsa, en donde cada paso ensayado durante meses está a punto de enfrentarse al juicio del público caleño, conocido por su exigencia y pasión por el baile. En ese instante , entre respiraciones profundas y miradas de complicidad, nace la magia que transformará el escenario en un huracán de movimiento y emoción.
Dos horas antes de salir al escenario llegan los bailarines para hacer el último ensayo donde deben cambiar pasos de la coreografía ya que no son permitidas algunas acrobacias y giros en la modalidad de Ensambles, se notan los cuerpos tensos y caras de frustración por los cambios repentinos en su rutina.
Bailarines, profesores y acompañantes de los artistas, oran mientras buscan la perfección en su coreografía para luchar por el triunfo que podría estar a unas cuantas horas. Siendo para muchos, como Laura Moreno, el ritual grupal de oración esencial “Junto con el grupo, siempre rezamos y nos da muy buenas energías. Y yo misma también le rezo mucho a Dios para obtener buenas energías”.
Los gritos les regalan esa resistencia y sustento para ignorar el agotamiento físico por los ensayos en horas pasadas, dando paso al ritmo que corre por su cuerpo en ese instante…
La academia Fundación Movimiento Rumbero Swing Chiminangos es llamada para hacer el ingreso mientras los chicos aún no están listos, corren a terminar los ajustes de sus trajes para que en pocos minutos salgan a mostrar el resultado de tanto esfuerzo frente a millas de personas. Minutos antes de salir al escenario, Steven Rubio, el bailarín, confiesa una mezcla de nervios y emoción ante la oportunidad de “experimentar algo nuevo”. Aunque los nervios siempre están presentes, para controlar estas emociones se echa la bendición y le pide a Diosito que lo ayude, porque está bailando con Él y para Él. Finalmente, se repite a sí mismo: “Yo puedo, mi grupo puede”, alimentando así su confianza.
Dayana Gonzales opta por otro ritual “Siempre pensar en mí misma y siempre confiar en mí, y siempre tener la mente despejada porque así me ayuda a tener menos nervios”, por último, respira profundo para calmarse.
Todos coinciden en que la preparación se intensifica antes del espectáculo comenta Diego Vargas, “físicamente mi rendimiento tiene que durar el triple a los ensayos y mental es que ya no estamos frente a los padres sino muchas personas de la ciudad de Cali y nos están viendo jurados que son profesionales”.
Laura con un pensamiento similar explica: “En los ensayos uno sabe que lo puede volver a hacer, pero en el escenario tiene que hacerlo una sola vez y bien”.
Al poner pie en el escenario el corazón tarde más rápido, se marcan sonrisas en el rostro de cada uno al saber que por fin llega el momento por el que tanto soñaron, donde para Diego el estar ahí significa “valentía, porque cualquier persona no es capaz de estar acá, les da miedo y se equivocan”.
Buscando dar el cien por cien en los tres minutos de duración que tiene la coreografía, generando euforia en los espectadores del lugar, cumpliendo un sueño para ellos donde refleja esa pasión por el baile y su ciudad. Los gritos les regalan esa resistencia y sustento para ignorar el agotamiento físico por los ensayos en horas pasadas, dando paso al ritmo que corre por su cuerpo en ese instante.
Gotas de sudor caen por sus mejillas, pero con la satisfacción de haber dejado todo en el escenario al bajar de él, abrazos grupales y algunos con lágrimas en sus ojos por lograr vivir ese momento tan gratificante para todos. Corren a la tribuna abrazar a sus familiares quienes los han apoyado en el largo camino que recorrieron anteriormente, la felicidad y el orgullo en sus madres no cabe en el pecho por ver a sus hijos en tan semejante espectáculo.
Los grupos, llenos de expectativas, se reúnen al pie del escenario, inquietos por escuchar los resultados de los ganadores, rezando por alzar ese premio por el cual han trabajado durante meses. Cuando los presentadores anuncian los ganadores de la modalidad Ensamble estilo Caleño —tercer lugar para SALCA, segundo lugar para Fundación artística y deportiva Imperio Juvenil, y primer lugar para Fundación Sondeluz—, un silencio pesado cae sobre aquellos que no escuchan su nombre.
Los rostros de los bailarines de las academias no premiadas se nublan; las sonrisas se desvanecen, reemplazadas por miradas de decepción y lágrimas contenidas. El esfuerzo de meses, ensayos interminables y sacrificios parecen desvanecerse en un instante, dejando un vacío que contrasta con la euforia previa. Algunos se abrazan en silencio, buscando consuelo, mientras otros miran al suelo, procesando la derrota con el corazón aun latiendo al ritmo de la salsa.
A pesar del golpe, la magia del baile permanece intacta. Los bailarines, con el alma aun vibrando por el escenario, saben que la salsa es más que un trofeo: es una forma de vida, un lenguaje que trasciende victorias y derrotas. En sus corazones, el ritmo sigue vivo, y mientras se alejan del escenario, ya sueñan con la próxima oportunidad para brillar bajo las luces de Cali, la capital mundial de la salsa. Cada paso, cada giro, cada lágrima y cada sonrisa los ha transformado, y ese ritual secreto, tejido en sudor y pasión, los seguirá acompañando en su camino.
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Aunque los nervios siempre están presentes, para controlar estas emociones se echa la bendición y le pide a Diosito que lo ayude, porque está bailando con Él y para Él”.

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