El arquitecto de sueños en guayos de Guachené 

Mientras muchos duermen, Seifar Peña ya está en la cancha. Desde hace más de dos décadas llega antes que nadie para entrenar a los jóvenes de Guachené

Autoras: Juliana Vásquez Aponzá y Valeria Taticuán Tapias

Facultad de Humanidades y Artes

En un municipio de 21.000 habitantes, un hombre ha construido un proyecto deportivo sin contratos, sin apoyo institucional y en medio de un contexto marcado por la violencia, que hoy es símbolo de esperanza y transformación social.

Sin contratos, sin apoyo institucional y con la convicción como único salario, Seifar Peña ha dedicado su vida a formar generaciones de jóvenes en Guachené.

Fue el primero de mayo de 2001. El día del trabajo, curiosamente. Seifar Peña recibió una oferta que cambiaría su vida y la de cientos de jóvenes en Guachené: trabajar con muchachos, formarlos, acompañarlos. Aceptó sin dudar. “Me apasioné por instruir a esos muchachos, por formarlos como seres humanos antes que deportistas”, recuerda hoy, con la misma convicción de aquel primer día. Más de dos décadas después, sigue llegando antes que nadie al campo. 

Para una población de apenas 21.000 habitantes, esa cifra no es estadística, es un fenómeno. El propio Seifar lo dimensiona con precisión, expresa “Si hacemos un cuadro comparativo, de cada 10.000 chicos que practican fútbol solamente uno llega al fútbol profesional. Nosotros, con 21.000 habitantes, tenemos más de 35 jugadores a nivel profesional”. Y en el centro de ese fenómeno está el Club Diamante, el cual realiza sus entrenamientos y actividades frecuentemente en el Polideportivo Municipal de Guachené. 

Guachené es un municipio del norte del Cauca que no aparece en los primeros resultados de Google, pero sí en las alineaciones de grandes equipos. De sus calles han salido más de 35 futbolistas profesionales. Entre ellos, Yerry Mina, quien creció en el Club Diamante, bajo la mirada de Seifar y Arley, vistió la camiseta del Barcelona de España, fue goleador con la Selección Colombia en el Mundial del 2018, al igual que Davinson Sánchez, pilar defensivo de la selección mayor. En las categorías juveniles, nombres como Juan David Aponzá, Duvan Mina y Gerónimo Mancilla llegaron al fútbol profesional y hoy hacen parte de la Selección Colombia Sub-19 y continúan el camino. 

Para el concejal Juan Camilo Mina, la historia de Yerry es “el ejemplo más representativo del municipio”, un joven que salió de estas canchas y llegó a los escenarios más grandes del mundo. Cuando Seifar habla de Yerry, no habla de mérito propio, habla de gratitud. “Primero tengo que agradecerle a Dios por haberme elegido a mí para cumplir con esa función. Llegar a formar un jugador que llegó al Barcelona, el mejor equipo del mundo… uno debe sentirse muy bendecido”. 

 

El inicio de todo 

Seifar creció en Guachené en una época en la que el pueblo, según sus propias palabras, “era un lugar donde vivíamos libres”. Pero no fue la libertad lo que lo formó, sino todo lo contrario. “Lo que más me ha marcado son las dificultades, porque en medio de ellas aprendes a tener carácter y eso es lo que me ha llevado a ser lo que soy hoy”, dice. Ese carácter lo puso a prueba cuando el club donde trabajaba, llamado “Raíces”, empezó a fracturarse por conflictos internos. Los directivos, recuerda, “se creyeron dueños del club cuando nosotros éramos quienes hacíamos el trabajo”. 

La respuesta de Seifar no fue rendirse, fue crear algo propio. Así nació el Club Diamante, registrando directamente a los jugadores, poniéndolo como él dice “en manos del Señor”. Resume “En medio de las dificultades hemos obtenido muy grandes respuestas”, no lo dice con nostalgia, lo dice con la calma del que ya no le teme a iniciar de cero. 

Arley Mancilla lleva más de 40 años conociendo a Seifar. Lo vio crecer, lo vio entrenar, lo vio convertirse en lo que es. Por eso, cuando busca las palabras para describirlo, no se queda con el título de entrenador, “En el Club Diamante desempeña un papel muy importante. Podríamos decir que es el alma, es el corazón de nuestro club”. 

Lo que hace a Seifar diferente, según Mancilla, va más allá de los conocimientos técnicos —aunque también los tiene, tras formarse en la Escuela Nacional del Deporte—. “Le gusta investigar, prepararse y, aparte de eso, le da mucha confianza al deportista. No abusa de su figura como profesor, es un amigo para los muchachos”. 

El propio Seifar lo confirma con una lista que suena casi imposible para una sola persona “En el club me ha tocado ser de todo. Soy entrenador, preparador físico, utilero, psicólogo, kinesiólogo y hago el papeleo cuando hay que hablar con algún directivo”. No lo dice con queja, lo dice con orgullo. 

Además, Mancilla también lleva a su hijo Daniel, quien asiste al club y observa desde afuera con claridad que Seifar “Aparte de ser un profesor y un amigo, también es un padre para todos ellos”. 

 

Formar personas, no jugadores 

Juan David Peña creció viendo a su padre desde los dos lugares más cercanos posibles: como hijo y como jugador. La experiencia, admite, no siempre fue fácil. “Siempre ha sido muy estricto conmigo porque quiere lo mejor. Al tiempo entendí que todo lo hacía porque quería prepararme para la vida y para el fútbol”. 

Pero más allá de la exigencia, lo que Juan David destaca de su padre es algo que pocos entrenadores de base priorizan: “Realmente se preocupa por la integridad de los jóvenes. No solo piensa en ganar partidos, sino en cómo están ellos como personas”. 

Esa filosofía tiene raíces profundas en Seifar. “Más que formar un futbolista profesional, lo que se necesita es formar una gran persona, un gran ser humano. Eso es lo que me ha caracterizado a mí”, dice. El fútbol, le enseñó a su hijo, “puede abrir muchas puertas, pero son los valores los que realmente lo mantienen a uno en lo alto”. 

Norda, madre de uno de los jugadores del equipo, sabe exactamente como era su hijo antes de entrar al Club, expresa que “ese pequeño era muy rebelde”. Sin embargo, ese mismo muchacho viajó a Brasil a sus 16 años a jugar con un equipo extranjero, y desde allá le mandaba reportes que ninguna madre olvida, le hablaban muy bien de cómo se portaba. 

Aunque el miedo de que tomara un mal camino lo sintió, como la gran mayoría de los padres en Guachené. Pero también logró ver la otra cara de la historia, señala “Mi hijo hoy es una gran persona, donde quiera que llegue es realmente valorado”. Por otra parte, lo que la entristece es que el conflicto armado que se vive en el municipio le cierra un poco las puertas a jóvenes que quieren llegar y no pueden. Le gustaría que muchas personas se sumen al proyecto ya que considera que “Guachené es una tierra que tiene mucho talento”. 

 

Le hemos arrebatado muchachos a la calle 

En Guachené, como en muchos municipios del norte del Cauca, la cancha compite todos los días con la calle. La violencia intrafamiliar, el consumo de drogas, el pandillismo y el conflicto social son adversarios que no aparecen en la planificación de un partido, pero Seifar los enfrenta cada vez que un muchacho falta al entrenamiento sin avisar. 

“El temor se siente todos los días”, admite. Seifar, agrega “La descomposición del tejido social es muy inminente y lo que tratamos es de que el muchacho siempre esté firme, mirando un norte”. 

Su estrategia no es solo deportiva. Es humana. “Primero es decirle la verdad en cuanto a los riesgos que pueden correr en la calle. Y segundo, brindarle estímulos por medio del deporte, mostrándole que el deporte no es una pérdida”. 

Arley Mancilla lo resume con una frase que lleva años construyendo: “Nosotros acá, a través del tiempo en el Club Diamante, sinceramente le hemos arrebatado a muchos muchachos a la calle”. 

El concejal Juan Camilo Mina, quien ha observado el trabajo del club desde la institucionalidad, lo confirma y expresa que “El Club Diamante ha sido ese espacio que permite combatir los temas de violencia intrafamiliar, la descomposición social de las familias y el rescate de la juventud”. 

 

La historia que lo marcó 

Entre tantos años y tantos jugadores, hay una historia que Seifar no puede contar sin que la voz cambie de peso. Un muchacho que había perdido a su abuela —quien lo sostenía— seguía entrenando, pero algo no cuadraba. La exigencia no encontraba respuesta en la cancha. 

Un día el muchacho le dijo: “Profe, usted me exige, pero yo no he desayunado”. 

Seifar no tenía salario en ese momento. Pero su esposa, Beatriz Lorena, sí. Le pidió el favor y ella aceptó. El muchacho empezó a almorzar en casa de Seifar y a cenar donde Arley Mancilla. Así, entre los dos, garantizaron que pudiera competir. 

“Ese muchacho pudo lograr un cambio en su vida, llegó a jugar como un profesional y le hizo la casa a su mamá”, cuenta Seifar. “Eso es muy satisfactorio para mí como profesor. Esa historia me marcó”. 

Beatriz Lorena recuerda ese momento con la misma nitidez. Para ella, define quién es su esposo mejor que cualquier título o trofeo, lo describe como un hombre íntegro, con un don de servir que, dice, “lleva en las venas”. También añade “Lo que más le preocupa al profe Seifar es que en nuestro municipio hay jóvenes con mucho talento y su gran preocupación es que se vean permeados por la situación que nos acoge en el municipio”. 

 

Sin contrato, sin rendirse 

El Club Diamante ha operado durante años sin respaldo económico institucional. No hay entidad que firme cheques, ni federación que garantice uniformes. Beatriz Lorena lo pone en perspectiva con una honestidad que duele: “Cuando uno hace un trabajo, espera que sea remunerado. En ese sentido no lo ha sido así. Es una persona que, a pesar de no haber tenido un contrato laboral ni remuneración, ha seguido siempre allí, todo el tiempo”. 

El concejal Mina conoce de cerca esa realidad. “Él, sin tener contrato —porque desde allí parte, ellos no están contratados en ninguna entidad— ha venido haciendo ese trabajo desinteresadamente”. Y advierte sobre lo que significaría perderlo: “Si hoy decayera o desapareciera el Club Diamante, sería un golpe muy duro para las familias que hoy tienen sus esperanzas puestas en estos chicos”. 

Seifar Peña, tiene 52 años y es la cabeza del club Diamante junto a sus colegas Jairo y Arley. Él no habla de sacrificio, habla de convicción, pues su único trabajo ha sido entrenar a estos jóvenes y la recompensa de ello es el resultado económico de cada contrato que cierra con otros equipos profesionales por jugador, agrega “Siempre tuve claro que con trabajo y lucha se logran cosas muy grandes. Hemos colocado todo en manos del Señor y, vuelvo y repito, no hemos tenido el apoyo directo de alguna entidad de la alcaldía o del Estado, pero ahí vamos, dando buenos resultados y frutos para nuestra región”. 

 

Un legado que se construye 

Juan David entendió el verdadero tamaño de su padre el día que dejó de ser solo su hijo para convertirse en testigo. “Lo entendí cuando empecé a ver muchachos que llegaban con problemas personales y poco a poco cambiaban gracias al proceso. Ver jóvenes soñando con un futuro diferente y agradeciéndole a mi papá por ayudarlos”. 

Y sobre el sueño que mueve a Seifar, Juan David no tiene dudas: “Quiere que el club siga creciendo y que Guachené sea reconocido por el talento y las oportunidades, no por la violencia o los problemas sociales”. 

Arley Mancilla, su colega de décadas, lo cierra con una frase que no necesita adornos: “No alcanzan los adjetivos calificativos para exaltar toda esa labor que él viene haciendo a través de largos 25 o casi 30 años. Guachené está en deuda con el profesor Seifar”. 

Más de dos décadas después de aquel primero de mayo, Seifar Peña sigue llegando antes que nadie al campo. Y los jóvenes de Guachené siguen llegando detrás de él. 

De un municipio de apenas 21.000 habitantes han surgido más de 35 futbolistas profesionales.

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