La congestión y los desafíos operativos del sistema MIO en Cali
Entre demoras, bloqueos y denuncias de inseguridad, el MIO enfrenta un reto que va más allá de las cifras oficiales.
Por: Valeria Loaiza Sandoval y Laurie Dahian Waitoto Asprilla
Facultad de Humanidades y Artes
A mediodía, decenas de pasajeros esperan en las estaciones de Unidad Deportiva, Pampalinda y Universidades mientras los buses tardan en llegar. Retrasos, sobrecupo y largas filas se suman a la preocupación por la inseguridad dentro del MIO, aunque las autoridades reportan una reducción de hasta el 41% en hurtos, la percepción de riesgo persiste, manteniendo a los usuarios en tensión.
Además de las cifras oficiales que muestran una reducción de hurtos dentro del MIO, la experiencia diaria de quienes trabajan en las estaciones evidencia que la seguridad sigue siendo un desafío.
La descripción de situaciones de riesgo, como conflictos entre pasajeros o presuntos casos de escopolamina, aporta un componente de alerta importante
Claudia Robles, vendedora con puesto fijo de salchipapas ubicado antes de entrar a la estación Pampalinda, asegura que, aunque se siente protegida por las cámaras de vigilancia y la rápida reacción de la policía, la inseguridad sigue siendo un desafío diario. Relata que ha presenciado robos y accidentes dentro de la estación y que incluso un día un habitante de la calle la amenazó con agredirla cuando se negó a darle comida gratis: “Le dije que no, porque trabajo para ganarme la vida, y que, si le daba a él, seguirían viniendo otros esperando lo mismo. Me amenazó, diciendo que me iba a poner horrible, que la cara me la iba a poner horrible. Yo nunca he sufrido, no tengo miedo, y saqué mi cuchillo de picar salchichas para defenderme”.
Además, Claudia señala que los riesgos no solo provienen de los pasajeros: la imprudencia vial y accidentes en la estación también representan un peligro constante. Sin embargo, asegura que la vigilancia de la cámara 360 y la respuesta inmediata de la policía le han permitido sentirse relativamente segura trabajando, aunque reconoce que la inseguridad, la congestión y las situaciones de irrespeto son parte de su día a día.
Juan Camilo Herrera, estudiante universitario de 22 años que utiliza el MIO todos los días para desplazarse desde el sur hasta el centro de la ciudad, asegura que las demoras son frecuentes. “Hay días en los que uno espera 20 o 30 minutos. Y cuando por fin llega el bus, ya viene lleno. Me ha pasado incluso que he esperado hasta dos horas”, afirma. Para él, la incertidumbre es el mayor problema: nunca sabe con certeza cuánto tardará en llegar a su destino.
El MIO constituye el eje principal de movilidad urbana en Cali. Conecta zonas residenciales, comerciales, educativas e industriales y en 2025 movilizó 89,3 millones de pasajeros en el año, según cifras basadas en la Encuesta de Transporte Urbano de Pasajeros del DANE. Esto confirma que miles de ciudadanos dependen diariamente del sistema para estudiar, trabajar o realizar actividades cotidianas. Sin embargo, en diferentes estaciones de la ciudad se repite un mismo panorama: acumulación de pasajeros en plataformas que dificultan el abordaje y tiempos de espera prolongados.
Una observación realizada el 24 de febrero entre las 12:00 p.m. y la 1:00 p.m. en las estaciones Pampalinda, Universidades y Unidad Deportiva permitió constatar una afluencia constante de usuarios. En promedio, más de 40 personas esperaban en cada plataforma. Aunque el ambiente se mantenía relativamente organizado sin discusiones visibles ni alteraciones mayores el flujo continuo evidenciaba una presión operativa que tiende a intensificarse en las primeras horas de la mañana y al final de la jornada laboral.
Detrás de esa espera hay una dinámica operativa compleja. José Ever Arias, conductor con 14 años de experiencia en el sistema, explica que los retrasos no siempre dependen del conductor; “Trabajamos bajo tiempos establecidos. Si ocurre una falla mecánica, un accidente en vía o cualquier novedad, la frecuencia se altera. Y cuando un bus se retrasa, el siguiente también se ve afectado”, señala. Según él, el efecto es en cadena: un imprevisto puede impactar varias rutas en cuestión de minutos.
Diego García, orientador del sistema encargado de supervisar el flujo de pasajeros y el cumplimiento de frecuencias, coincide en esa explicación. Cada vehículo opera bajo un control de tiempos y reportes internos. Cuando se presenta una novedad técnica o un retraso, la programación se ajusta, pero esa reorganización no siempre evita la acumulación de usuarios en plataforma. “La gente ve que el bus no llega y piensa que es desorden, pero muchas veces es una situación que ya se está reportando desde la operación”, afirma.
Mientras los trabajadores explican la presión técnica, los usuarios experimentan la congestión de forma directa. El sobrecupo en horas pico dificulta el ingreso a los vehículos y genera incomodidad. En algunos casos, quienes no logran abordar deben esperar el siguiente bus, prolongando aún más su trayecto.
La congestión no solo impacta a pasajeros y conductores. También modifica las dinámicas de seguridad dentro del sistema. Lina Marcela, guarda en una de las estaciones del sur de la ciudad, explica que en horas de alta demanda especialmente al mediodía y en la tarde el volumen de pasajeros aumenta considerablemente. “Cuando hay mucha gente, es más difícil mantener el orden. A veces se presentan discusiones por el espacio o intentos de colarse”, comenta.
En términos operativos, el sistema contó con 853 vehículos afiliados, de los cuales 623 estuvieron en servicio, lo que evidencia que una parte importante de la flota no se encuentra en circulación activa. Esta situación impacta directamente la frecuencia de paso y la cobertura en distintas rutas, especialmente en servicios alimentadores.
Durante 2026, el sistema enfrenta nuevos desafíos y ajustes. Desde el 10 de enero de 2026, la tarifa del pasaje se fijó en $3.500 pesos, tras un incremento aprobado por la administración distrital. El ajuste busca contribuir a la sostenibilidad financiera del sistema, en un contexto de recuperación de pasajeros, pero con limitaciones operativas persistentes.
En paralelo, Metro Cali anunció la incorporación de 47 nuevos buses, entre ellos unidades eléctricas y vehículos con tecnología Euro VI, como parte de un proceso de renovación de flota. Estas unidades comenzarán a integrarse progresivamente durante el año, con el objetivo de reemplazar buses que ya cumplieron su vida útil, especialmente en el componente alimentador.
En materia de seguridad, durante los primeros meses de 2026 las autoridades reportaron operativos reforzados dentro del sistema, con capturas por delitos cometidos en estaciones y buses, decomiso de armas cortopunzantes y aumento de presencia policial en terminales estratégicas.
A pesar de estas medidas, la experiencia cotidiana recogida en estaciones como Universidades muestra que el aumento en la demanda, sumado a una flota parcialmente activa y a factores externos como bloqueos y congestión vial, continúa incidiendo en los tiempos de espera y en la percepción de eficiencia del sistema.
Impacto económico de la congestión
La congestión también tiene un impacto económico. Juan Carlos Arango, quien vende rosquillas caleñas de manera informal desde hace 11 años, asegura que en momentos de mayor saturación prefiere subirse a los buses menos transitados. “Cuando hay demasiada gente no se puede ni caminar. Se vuelve difícil trabajar”, explica, haciendo énfasis en cómo la acumulación de pasajeros limita tanto su movilidad como la capacidad de ofrecer sus productos de manera segura y eficiente.
María Suárez, otra vendedora informal, coincide en que el flujo excesivo de usuarios complica la circulación dentro de la estación, generando dificultades para moverse entre los puntos de venta y acceder a los buses. En situaciones de sobrecupo, los vendedores deben adaptarse rápidamente, atendiendo a los clientes que logran acercarse mientras intentan evitar accidentes o empujones.
Por su parte, Claudia Robles, la vendedora de salchipapas, señala que además de la congestión se han presentado cortes de energía y situaciones operativas que afectan tanto el tránsito de pasajeros como la actividad comercial. “Si el sistema se detiene o hay fallas, todo se siente. No solo para los que viajan, también para los que trabajamos aquí en la estación”, comenta.
Desde la institucionalidad, el énfasis ha estado en reforzar la seguridad y mostrar avances en reducción de delitos. No obstante, el desafío operativo relacionado con frecuencias, fallas técnicas y sobrecupo sigue siendo un tema sensible para los usuarios. Las autoridades destacan los planes implementados y las cifras positivas en seguridad, pero la experiencia diaria de quienes utilizan el sistema revela que la congestión y los retrasos continúan siendo una preocupación constante.
Tensión en el abordaje: cuando la congestión escala a situaciones de riesgo
En la estación Universidades, la congestión no solo genera incomodidad: en ocasiones ha derivado en episodios de violencia entre pasajeros. María Elena, vendedora informal de la estación, describe un ambiente donde el desorden al abordar los buses puede convertirse en detonante de conflictos.
En horas de alta demanda, explica, las personas “entran como muy en montones” y el afán por subir provoca empujones y discusiones. Hace aproximadamente tres meses, presenció un altercado que escaló peligrosamente cuando, en medio de una disputa por un asiento, uno de los involucrados sacó un arma. “Uno se sentó encima al otro y ahí sacó uno el arma para dispararle”, relata.
La comerciante asegura que intervino para evitar que la situación pasara a mayores: “yo me metí en el medio, tratando de calmar para que no hubiera sangre”. El testimonio evidencia cómo la presión por abordar vehículos con alta ocupación puede transformarse en un escenario de riesgo para los usuarios.
Hurtos y presunto uso de escopolamina: la inseguridad que preocupa a los usuarios
Además de los enfrentamientos, la vendedora María Elena señala que los robos son frecuentes, especialmente contra jóvenes universitarios que transitan por la estación. La modalidad más común sería el hurto de celulares en medio de la aglomeración: “A veces acá roban mucho también los teléfonos, a los muchachos, a los universitarios”, afirma. Según su percepción, en algunos casos se habría utilizado una sustancia en polvo para desorientar a las víctimas: “Han echado esos polvos, ese polvo blanco”, menciona al describir episodios en los que jóvenes comienzan a sentirse mal en o después del abordaje.
María Elena recuerda particularmente el caso de un muchacho que fue retirado del lugar con síntomas evidentes: “lo sacaron de aquí vomitando y todo, lo llevaron para el hospital”, aunque no asegura haber presenciado directamente el momento del hurto, sí afirma haber visto las consecuencias y la posterior intervención de policías y ambulancias.
La preocupación por posibles nuevas modalidades de hurto dentro del sistema tomó fuerza tras la viralización de un video en TikTok de la cuenta @elegantperfum.oficial que superó las 430 mil visualizaciones y 25 mil “me gusta”. En él, una joven la cual no menciona su nombre relató un presunto intento de escopolaminización ocurrido el viernes 6 de febrero en el norte de Cali, cuando se movilizaba en la ruta P27D.
Según su testimonio, el recorrido transcurría con normalidad hasta que notó a una mujer observándola de manera insistente desde los asientos cercanos al conductor. Aunque en un primer momento no le dio importancia, la situación cambió cuando esa misma persona decidió sentarse a su lado, pese a que había otros puestos disponibles. “Se me hace un poco raro porque hay varios puestos disponibles y justo se va a sentar al lado mío”, relata en el video.
Minutos después comenzó a experimentar síntomas físicos inesperados: mareo repentino, pesadez en los ojos y sensación de somnolencia, ella misma describe que empezó a sentirse “muy mareada” y con la mente “nublada”. Ante esa reacción, decidió enviar su ubicación en tiempo real a su esposo y mantenerse en llamada mientras descendía en la terminal Menga.
La mujer que había despertado sus sospechas también se bajó del bus y, según el relato, continuó siguiéndola dentro de la estación. Fue entonces cuando acudió a una guarda de seguridad y pidió ayuda: “No dejes que nadie se me acerque… ayúdame, porfa”, según cuenta.
El personal de la terminal la asistió de inmediato y dio aviso a la Policía. En el video, la joven asegura que los uniformados le indicaron que se trataría de un “modus operandi” que se ha venido incrementando en los últimos meses. Aunque el hecho no terminó en hurto, la experiencia dejó en evidencia la vulnerabilidad que pueden sentir los usuarios ante este tipo de situaciones.
La joven concluye su mensaje con un llamado a la alerta, insistiendo en la importancia de estar atentos al entorno y escuchar las señales del propio cuerpo cuando algo “se siente raro”. Su testimonio se suma a otras denuncias ciudadanas sobre robos y presunto uso de sustancias dentro del sistema, reforzando una percepción de inseguridad que persiste entre estudiantes y usuarios frecuentes del transporte masivo.
Hasta ahora no hay una fuente oficial que dé cifras comparativas año contra año de casos de hurto con escopolamina, ni que demuestre que estos hechos hayan aumentado de forma cuantificable en 2025 /2026 en Cali.
Una hora de espera: cuando caminar parece más eficiente que el bus
Las demoras en el servicio se han convertido en uno de los principales factores que influyen en las decisiones de movilidad de los estudiantes. Melanie Betancourt, usuaria frecuente del alimentador en la estación Universidades, asegura que ha llegado a esperar hasta una hora por una ruta: “Creo que sí, una hora ha sido lo máximo que he esperado”, afirma.
Según explica, estos tiempos prolongados han llevado a muchos estudiantes a optar por alternativas como caminar, incluso en trayectos largos. Al referirse a la ruta A19A hacia el sector de La Babilla, señala que “se demora demasiado”, por lo que, en su experiencia, “uno prefiere caminar que esperar el MÍO porque al final es lo mismo”.
Melanie también menciona que conoce casos de estudiantes que recorren distancias extensas a pie, como desde Cachipay hasta San Martín, un trayecto que puede tomar cerca de una hora caminando. Esta decisión no responde únicamente a una preferencia personal, sino a una percepción compartida de que el tiempo de espera no compensa el uso del sistema.
A esta realidad se suma el testimonio de Gabriela Tovar, estudiante universitaria que ha reorganizado completamente su rutina de desplazamiento. “Normalmente me dirijo a la universidad caminando, y el trayecto me toma aproximadamente 26 minutos”, explica. Aunque podría utilizar el transporte público, considera que el proceso es más largo y poco práctico.
“Si tomara el transporte público, primero tendría que caminar hasta la parada, luego esperar el bus, dirigirme a la estación y después trasladarme hasta la estación cercana a la universidad”, detalla. Para ella, ese encadenamiento de tiempos convierte el recorrido en una opción menos eficiente. “Todo ese proceso implica varios minutos adicionales que me ahorro caminando”.
Gabriela concluye que, en términos prácticos, el sistema no representa una ventaja en su caso: “Para cuando llegara desde la estación hasta la entrada de la universidad y luego hasta el salón, probablemente ya habría llegado mucho antes si hubiera ido caminando”.
En situaciones excepcionales, cuando se le hace tarde o surge algún imprevisto, opta por una alternativa distinta: “en algunas ocasiones excepcionales me dirijo en didi moto”, un trayecto que le toma “alrededor de 17 minutos en total”.
Los testimonios evidencian una tendencia clara: cuando el transporte público no garantiza tiempos predecibles, caminar deja de ser una alternativa secundaria y se convierte, para muchos estudiantes, en la opción más eficiente y confiable.
Bloqueos estudiantiles y desvíos: el efecto dominó en la operación
Desde la mirada institucional en estación, Clarenas Sepúlveda, orientadora del sistema, reconoce que uno de los factores que más impacta la operación de los buses son los bloqueos, particularmente en el entorno de la Universidad del Valle.
Cuando se presentan estas situaciones, las rutas deben modificar su recorrido o suspender temporalmente el servicio en ciertas estaciones, lo que genera represamientos y retrasos acumulados. “Se presenta la congestión y de ahí viene la molestia del usuario”, explica, al describir cómo la alteración en un punto específico termina afectando tiempos de llegada en distintos sectores de la ciudad.
En esos momentos, su labor consiste en informar sobre los cambios operativos: “orientamos al usuario qué desvío va a haber, qué rutas van a seguir operando, cuáles se van a cancelar”. Los bloqueos no solo interrumpen el tránsito de los buses, sino que obligan a extender recorridos y alterar frecuencias, lo que incrementa los tiempos de espera en estaciones como Universidades generando acumulación de pasajeros en las estaciones.
Clarenas subraya el límite de su función dentro del sistema: “nuestra función solo es informar”, ante emergencias médicas o situaciones críticas, el procedimiento es reportar y dar aviso a las autoridades correspondientes, mientras mantienen a los usuarios actualizados.
Los testimonios recogidos en las estaciones del transporte público MIO permiten identificar un fenómeno estructural más amplio: los bloqueos en el entorno universitario alteran la operación regular del sistema, generan desvíos y retrasos acumulados, y estos a su vez, incrementan la congestión en plataformas y vehículos. La congestión prolongada no solo impacta los tiempos de llegada, sino que eleva los niveles de tensión entre usuarios, creando un ambiente propicio para conflictos, empujones y situaciones de riesgo.
Paralelamente, la percepción de inseguridad alimentada por denuncias de hurtos y episodios violentos y la sensación de ineficiencia, reflejada en esperas de hasta una hora, terminan afectando la confianza en el servicio. Así, bloqueos, demoras, aglomeración y problemas de seguridad no aparecen como hechos aislados, sino como manifestaciones interconectadas de un sistema que enfrenta presiones operativas y sociales que trascienden la experiencia individual de cada usuario.
“
El enfoque en la percepción de inseguridad es clave, ya que demuestra que no basta con reducir cifras delictivas; la confianza del usuario es igual de importante para evaluar el funcionamiento del sistema.

Escucha La Radio USC
Otros recomendados…
Día del Trabajador Social.
El Trabajo Social, una vocación en todo sentidoUna profesión busca impactar a las familias, reconociendo que es en ellas donde se forman los ciudadanos que harán parte de la sociedadEl 17 de marzo se conmemora en muchos países el Día del Trabajador Social, en...
Cuando el turismo crece, la ciudad cambia: Los efectos del auge turístico en Cali.
Cuando el turismo crece,la ciudad cambia: Los efectos del auge turístico en CaliEl crecimiento del turismo y la alta demanda de hospedaje en la ciudad de Cali generan un nuevo debate: ¿está la ciudad preparada para proteger al consumidor de los efectos de la alta...
El río Aguacatal agoniza esperando el plan de choque.
El río Aguacatal agoniza esperando el plan de choque. Después de que el Dagma anunciara el 17 de julio de 2025 un plan de choque, no hay avances visibles.El río Aguacatal sigue en alerta por vertimientos de aguas residuales, falta de alcantarillado, sedimentos...
Cuando la política se vuelve un termómetro emocional
Cuando la política se vuelve un termómetro emocional Autor: Pedro Pablo AguileraLa política colombiana tiene algo de clima tropical: cambia con rapidez, a veces sin aviso, y deja a todos mirando al cielo para adivinar si viene tormenta o un raro día despejado. Así...
Cuotas de administración residencial en el 2026: ¿IPC o salario mínimo?
Cuotas de administración residencial en el 2026: ¿IPC o salario mínimo?en un contexto marcado por decisiones presupuestales y tensiones entre sostenibilidad y capacidad de pago. El alza en las cuotas de administración residencial en Colombia para 2026 presenta...
Orlando Sánchez: el hombre que instauró el orgullo afro en Yumbo
Orlando Sánchez: el hombre que instauró el orgullo afro en YumboObrero, soñador, organizador y maestro comunitario. Durante dos décadas, Orlando Sánchez Lasso ha tejido un liderazgo construido desde la berraquera y la constancia: logró unir a una comunidad dispersa,...






