Cali: de la prehistoria natural a la extinción social

Autor: Jhonny Sarria.

Facultad de Humanidades y Artes.

Fotomontaje Cali prehistórica. Autor: Jhonny Sarria.
Imagínese usted una Cali sin nada, sin cerros, sin cemento, sin humanos, sin pandebono y mucho menos sin chontaduro. Este fue el principio del todo. Este fue el principio de Cali, un principio desde la nada.
Hace aproximadamente un millón de años en Cali no hacía calor. Por el contrario, esta zona del suroccidente colombiano pasaba por un periodo de glaciación debido a fuertes cambios astronómicos de La Tierra.
El Valle del Cauca, en general, sufrió diferentes cambios de temperatura pasando por periodos de extremo frío donde el cauce de las aguas disminuía y periodos cálidos o de aridez, donde el deshielo generaba crecientes de agua al estilo de Pance en sus mejores tiempos.
Jonathan Pelegrín, Biólogo docente de la Universidad Santiago de Cali y doctor en Paleontología y Biología Evolutiva, cuenta cómo era la ciudad.

“En ese tiempo se empezó a generar un ecosistema mixto de un bosque seco tropical por el que transitó la mega fauna de América Latina, es decir, grandes mamíferos, con un peso superior a una tonelada, como el oso de anteojos, diversas especies de caballos, osos perezosos gigantes y el Notiomastodon platensis o mastodonte, del cual se encontraron recientemente restos en las orillas del río Cauca”, afirma Pelegrín.

Pero como dice el himno salsero: “todo tiene su final”, y tras la última glaciación hace unos 11.000 años, como muchos podrán recordar en los eventos narrados en la película de ‘La Era del Hielo’, se dio fin al Pleistoceno y entramos en una escala temporal (en la que seguimos actualmente) llamada Holoceno.
Ahora imaginémonos una Cali sin Calle Quinta, sin buses, sin edificios, sin cultivos extensos de caña. Cali, en este periodo temporal, regularizó su clima, y su suelo dio vida a exuberantes bosques secos tropicales, y así se fue dando forma a un valle rodeado de montañas.
Los grandes deshielos de la Cordillera Occidental dieron paso entonces a la creación de los ríos que hoy atraviesan la sucursal del cielo, pero también se provocó una disminución del tamaño en la diversidad de fauna, incluso, llevó a la extinción de muchas especies.
Pero este no fue el caso de las zarigüeyas, felinos como el jaguar, dantas y otros mamíferos que coexistieron con la mega fauna, pero que se adaptaron mejor al cambio de ecosistema y a las dinámicas propias de caza del homo sapiens, quien también se haría presente en el continente hace más de 10.000 años.
Para Pelegrin “Posiblemente nuestros antepasados, caracterizados por la caza y la recolecta de alimentos, dieron la estocada final a aquellas bestias gigantes, propiciando su extinción”, como lo indican los restos de mastodontes hallados con puntas de lanzas incrustadas en sus huesos, en el municipio de Toro, Valle del Cauca.
Entonces, aparecen en el mapa de nuestra historia la raza humana. Los primeros hombres. Los antepasados de la cultura precolombina, quienes, debido a los cambios climáticos, empezaron sus procesos de sedentarización, descubriendo así la agricultura.
El ser humano decide romper las leyes de la biología como especie, pues no solo se adapta, sino que adapta el medio a sus necesidades e inicia una rápida expansión por diversos territorios.
Lo que vendría después es historia conocida. Asentamientos indígenas, creación de grandes ciudades, mejoramiento de habilidades de agricultura y construcción. Consolidación de culturas propias de américa latina. Colonización, horror.
Actualmente, La Tierra ha superado por lo menos seis de los nueve limites planetarios, concepto desarrollado por un grupo de científicos que conforman el Centro de Resiliencia de Estocolmo, quienes establecen nueve procesos claves para la estabilidad de la tierra, como el máximo de capacidad de nuestro planeta, es decir, la humanidad está alcanzando los límites para ocasionar una nueva extensión.
Y aunque Cali se la catalogue como la capital Vallecaucana de la biodiversidad biológica por ser el hogar de 600 especies de aves, por sus siete ríos y 61 humedales, y sus 196.429 hectáreas que conforman el Parque Nacional Natural Farallones de Cali; el riesgo de perderlo todo es inminente.
En ese sentido Ángela Posada Swafford, periodista científica y columnista de la National Geographic señala que “Si no cuidamos a Cali, y el Valle, a futuro vamos a perder riqueza que no conocemos, e igual de horrible perder la que conocemos”.
“Nos dicen que todo tiempo pasado fue mejor, pero el presente debe salvaguardarse para el futuro. Si no se usa el conocimiento para proteger lo que ya se tiene, se pierde y la extinción es para siempre como dicen los expertos”, insiste Posada Swafford.
Ahora, imagínese usted una Cali sin árboles, sin ríos, sin mariposas. Una Cali donde las zarigüeyas se llaman chuchas, y su destino es morir apedreadas a orilla de un ‘caño’.
Para Marco Antonio Suárez, Director General de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, CVC, también el panorama puede ser preocupante.
“Cuando empezaron a desaparecer los dinosaurios, se extinguieron especies y la próxima puede ser la nuestra. Y no se trata de ser apocalípticos porque ya se está viendo con el Fenómeno de El Niño que vivimos ahora. Y esto se da porque cada vez afectamos más nuestra tierra. Hay que pensar en nuestro río porque no solo se trata de logar la descontaminación del río Cauca, sino también pensar en las familias que viven de él, por eso es tan importante unir lo ambiental con lo social”, puntualiza Suárez.
Situémonos entonces en una Cali con barrios sin acceso a agua potable en donde los desechos van al río. En una Cali de ríos contaminados, con mucho cemento y pocos árboles, en una Cali donde barrios del Distrito de Agua Blanca y del sur de la ciudad sufren aumentos de temperaturas mayores por la ausencia de vegetación.
“Bajo un modelo de desarrollo capitalista, el ideal de calidad de vida de los seres humanos se vuelve incompatible con los recursos que la tierra nos ofrece”, insiste Pelegrín.
“En Cali tenemos brechas de desigualdad y segregación social, y eso ambientalmente genera problemas porque afecta la calidad de vida de las personas por la falta de planificación. Entonces lo ambiental no solo es biológico sino social porque debe ir de la mano del desarrollo humano de la gente”, señala el paleontólogo e investigador.
Finalmente, Santiago de Cali, una ciudad señalada por Sebastián de Belalcázar, abrazada por un cristo y protegida por tres cruces, continúa ampliando sus dominios a pasos de gigante, con una misión que arrastra desde su prehistoria y que amenaza su futuro: crecer bajo una planificación urbanística con perspectiva social y ecológica. Mientras tanto, la sultana del valle seguirá durmiendo recostada sobre el Jarillón del Cauca, a la espera de un nuevo mañana.

Ahora imagínese usted una Cali sin árboles, sin ríos, sin mariposas. Una Cali donde las zarigüeyas se llaman chuchas, y su destino es morir apedreadas a orilla de un ‘caño’.

“Nos dicen que todo tiempo pasado fue mejor, pero el presente debe salvaguardarse para el futuro. Si no se usa el conocimiento para proteger lo que ya se tiene, se pierde y la extinción es para siempre como dicen los expertos”, insiste Posada Swafford.

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