Chambo: Del periodismo a un recreo que no se acaba.

Chambo: Del periodismo a un recreo que no se acaba

Juan Carlos Chambo, comunicador social y exdirector y presentador de Cuentos Verdes, volvió a la loma donde nació para permanecer con los niños

Autora:Ana Isabel García Zúñiga

Facultad de Humanidades y Artes

 

El juego aparece como un elemento clave, no solo como entretenimiento, sino como una herramienta pedagógica poderosa que permite enseñar, prevenir violencia y fortalecer vínculos entre los niños…

Subió a la loma un 1 de enero, madrugado y como coloquialmente se dice “a regañadientes” solo para revisar una fuga de agua. Una vecina le había dicho a su madre que la casa de arriba se estaba filtrando agua y que podía tumbar la vivienda de al lado. Juan Carlos, llevaba años sin subir a esa parte alta de Siloé donde nació, una casa de bareque que sus padres compraron por el valor de 1.000 pesos cuando llegaron desplazados del Tolima. Ese día en el año 2009 volvió como quien cumple el mandado, pero bajó con otra perspectiva: “Entendí que había que hacer algo con los niños -recuerda-. Ese 1 de enero nació lo que hoy llamamos proyecto Tierra Blanca”. 

En lo más alto de las cuadras lo estaban esperando sin darse cuenta, los vecinos ese día salieron a saludar al “Chambo de la televisión”, al presentador de Cuentos verdes que hace muchos años se había ido a estudiar, a ser periodista, a cubrir noticias en plena época donde el cartel de Cali estaba en furor. Los niños de su época ya eran adultos. Y los “nuevos niños”, le contaron que pasaban en la calle hasta las diez, once o doce de la noche y absolutamente nadie hacía nada por ellos. 

Juan Carlos bajó a su actual barrio, Belisario Caicedo, se sentó a orar y a escribir. El 4 de enero ya tenía su proyecto redactado, el 11 lo socializó con los habitantes de Siloé y el 25 de enero del 2009 hizo la primera actividad inaugural: Un concurso de dibujo y pintura para que los niños retrataran el barrio e imaginaran un río en medio de él. El premio fue navegar en la lancha escuela de la CVC por el Cauca, dicho premio fue entregado un año después. Desde ahí, todos los domingos a partir de las 2 de la tarde, en la parte más alta de Siloé hay “Chambo”: Lazo, pelota, jugo, pero sobre todo hay reflexiones y diversión. 

“Un proceso como Proyecto Tierra Blanca requiere una muy buena investigación”, menciona, “Sin embargo, yo no necesitaba hacerla, la había vivido”. Creció viendo a flor de piel el conflicto que afrontaba su barrio, entre esos, el conflicto armado se había apoderado de la zona y conoció de cerca la violencia del narcotráfico y las fronteras invisibles. “Yo nací en esas condiciones y no quería que los niños vivieran eso”, resume. 

Los padres de Chambo también llegaron huyendo. Su padre, campesino originario de Purificación, Tolima, expulsado por la violencia política. Su madre, tolimense criada en Cunday, huida de la violencia intrafamiliar con dos hermanas pequeñas. Se encontraron los jóvenes en Cali: “Mi madre trabajaba en una casa de familia y hacía mercado en la galería Alameda, donde mi papá atendía un puesto de verduras, se conocieron y se enamoraron” afirma, “Años después con mil pesos ahorrados decidieron comprar no un lote, sino una casita de invasión en la ladera, de cartón y guadua, con un techo donde meter a los hijos que vendrían. Allí nacimos ocho, yo fui el último el bebé dinosaurio”, afirma, entre risas. 

De la casa de invasión a la sede nacida de un sueño 

La casa que con el esfuerzo de sus padres levantaron, es hoy por hoy la sede del proceso con los niños. Cuando su madre murió, la familia consideró en venderla. Chambo no tenía como comprarla, así que hizo un trato divino con la fe: “Le pedí a Dios: regálamela para los niños. Y Dios me la regaló”. Encima de la plancha de la terraza, sin transformar la vivienda de abajo, empezó a levantar el espacio donde hoy es el espacio del “Recreo de Chambo”. 

Antes de ser el “Profe Chambo” de Tierra Blanca, fue un niño de 10 años al que, sin pensar, pusieron a ayudar a los más pequeños. Jóvenes universitarios llegaban a Siloé a dar talleres y ayudas escolares, cuando no daban abasto, lo llamaban a él. “Desde ahí empecé a trabajar con niños”, cuenta. “He sido profe de niños desde que tenía diez años… del siglo pasado”, bromea. 

En su adolescencia, bachillerato, organizó cursos de verano y los brindó hasta que se fue a prestar servicio militar en Santander. El viaje y la preocupación le pasaron factura a la familia, su padre sufrió varios derrames cerebrales que lo dejaron con la movilidad reducida. Cuando Juan Carlos regresó, entró a estudiar Comunicación Social en la Universidad del Valle, en ese momento, la economía familiar era tan escasa que en muchas ocasiones solo tenía para el bus. “Había días que no almorzaba: tenía que elegir entre comer o ir a la clase” comenta. 

Su paso por la Universidad lo llevó a meterse de lleno a los medios. Pasó por Telepacífico y luego ganó un concurso para ser corresponsal en Cali de un noticiero nacional del mediodía. Tenía que cubrir la ciudad, el Valle y el Norte del Cauca en los años más difíciles del narcotráfico, mientras en la loma las pandillas empezaban a señalarlo como “el periodista sapo”. “No podía subir ni bajar tranquilo, tenía amenazas y además el transporte del noticiero me recogía abajo, en lo plano, nunca arriba”. En el año 1994, se graduó de la Universidad y se hizo corresponsal, tomo la decisión de bajar a sus padres para regalarles una mejor calidad de vida, una más segura tanto para ellos como para él. 

De las noticias a Cuentos Verdes 

El vínculo con la ecología llegó después. En 1997, Telepacífico junto con la CVC se unieron para la creación de una serie ambiental. Un antiguo colega, Kike Pombo, lo llamó: “Chambito, vamos a hacer un programa ecológico” Él acepto de manera intuitiva, lo que pensó que sería un problema, lo volvió una fortaleza. “Tenía un poco de dudas debido a que yo particularmente no tenía conocimientos ambientales, lo que sabía del campo era lo que me contaban mis papás: las lunas, las temporadas de pesca, el romanticismo de la vida rural que tuvieron que abandonar “afirma, lo demás, lo aprendió preguntando a los técnicos de la corporación y sin pensarlo, se volvió un icono de la televisión regional. 

De esa forma nació Cuentos Verdes. El programa salió a emisión en 1997 con un presentador de sombrero que nadie había libreteado como personaje, pero que se quedó en la memoria de la región. “La gente me reconocía, me veía a toda hora, pero era chistoso porque yo no veía a nadie. Salía a diario en televisión y luego en la calle me saludaban colegas que yo no identificaba”. 

En el año 2003, ganó el concurso para ser el director y presentador de planta, estuvo allí hasta enero de 2009. Salió del programa, se cansó de la televisión que, dice, se volvió “demasiado comercial y tendenciosa”, de esa forma decidió abandonar Cuentos Verdes para no hacerse daño si la propuesta original cambiaba de camino. Desde entonces prefiere informarse por otros medios y contar lo suyo a través de Facebook y de un blog donde guarda la memoria completa del proceso: proyectotierrablanca.blogspot.com. 

Un recreo contra el conflicto 

Hoy en día, casi 17 años después de aquel primero de enero, el proyecto Tierra Blanca tiene un listado de unos 45 niños, aunque gracias a la migración el relevo es constante. Ya van nietos del proceso: “Daniel, que entró con siete años en el 2009, ahora lleva a Emily, su hija de 8 años” comenta. Los espacios de encuentro dominicales ocurren en una cuadra cualquiera de la ladera o en la terraza de la vieja casa cuando la lluvia se intenta interponer, “A simple vista parece un juego: saltan lazo, juegan fútbol, corren detrás de un balón. Pero cada situación es una excusa para aprender”. 

Hace unos años, se incendió el Cerro de la Bandera, una niña de cinco años le preguntó que si había visto el fuego. Sus compañeros de juego se rieron. Chambo, convirtió una “pregunta boba” en una conversación sobre incendios forestales, animales que no sobreviven, agua contaminada y ecosistemas que tardan años en regenerarse.   

Para los niños, el proyecto no se llama Tierra Blanca. Se llama “Chambo”, ellos preguntan “hay chambo o no hay chambo”, porque en su mente el recreo es él y lo que representa. Su sueño ahora es construir “El recreo de chambo”: Un espacio amplio, bajo techo, con baños, cocina, computadores e internet, donde pueda jugar, estudiar, recibir un complemento nutricional y, sobre todo, encontrarse. “Allá arriba no hay bachillerato” explica, “los colegios quedan abajo. Los pelados crecen sin encontrarse en su propio territorio. Si empiezan a conocerse jugando desde niños, es menos probable que después se hagan daño a causa de las fronteras invisibles”. 

Todo este proyecto, se sostiene gracias a los voluntarios: “Vecinas como Yeline, hace parte de las actividades junto con sus hijos con discapacidad, amigos de la iglesia, Juan Felipe, politólogo de Univalle que llegó con una investigación y se quedó, y por supuesto yo” afirma. Chambo adicional combina este trabajo con sus clases en INSTEL (Instituto Nacional de Telecomunicaciones) donde enseña taller de televisión, realización y lenguaje audiovisual. “No hay sueldos ni grandes patrocinadores: Dios ha puesto muchos corazones para que apoyen de a poquitos” dice. 

Finalmente, la conversación vuelve al mismo punto: Los niños. “Los niños son el público más agradecido, el más sincero. Si tú les dices que hoy solo hay agua de la llave, toman agua de la llave. No te hacen paro. Absorben todo lo que uno les enseña. Por eso el juego no es una bobada: es mucho más importante de lo que la gente dimensiona”. 

“Los niños son el público más agradecido, el más sincero. Si tú les dices que hoy solo hay agua de la llave, toman agua de la llave. No te hacen paro. Absorben todo lo que uno les enseña. Por eso el juego no es una bobada: es mucho más importante de lo que la gente dimensiona”

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PLAZA DE MERCADO DE SILOÉ: PÉRDIDA PATRIMONIAL

PLAZA DE MERCADO DE SILOÉ: PÉRDIDA PATRIMONIAL

Autor: Héctor Fabio Grueso.

Facultad de Humanidades y Artes

Es un ambiente caluroso se comercializa todo tipo de cachivaches como licuadoras, teléfonos, libros, y hasta ropa usada. Dejó de ser una plaza donde se vendían sólo frutas y verduras, debido a que para el mercado campesino ya no era negocio estar todos los días dentro de la plaza.

La Directora de Planeación Municipal, María Grace Figueroa, indicó que en el Plan de Desarrollo vigente para Cali sí se piensa mejorar las galerías, pero que hoy es un tema delicado porque no hay fallo sobre si son bienes de uso público, de Emsirva o bienes fiscales.

Los comerciantes argumentan que se encontraban aislados de las áreas donde hay más circulación de clientela que ahora acude a las grandes superficies que se han ido instalado alrededor de la plaza como Súper Inter, Olímpica y graneros de la comuna 20.

Honorio Palacios (50 años) es vendedor ambulante del sector de Siloé. Todos los días, se levanta a las cinco de la mañana con un propósito en su mente: poder seguir adelante con sus dos hijos de 6 y 8 años, que tienen que subsistir con la ayuda de su negocio de frutas y jugos naturales ubicado en la calle, diagonal al Súper Inter.

Hasta hace dos años, este vendedor ambulante hacía parte de la plaza de Siloé, pero ahora le va mucho mejor en la calle, donde los compradores están en constante movimiento.
“La cultura de la plaza de Siloé ha llegado al olvido debido a que la clientela no se ha ido renovando. Los hijos de nuestros clientes van a las grandes áreas como Cosmocentro y Súper Inter, porque para muchos de ellos, llegar a una plaza de mercado es un oso”, asegura Honorio.

Debido a esto, muchos de los vendedores que hicieron parte de la plaza se han apropiado del espacio público, donde nadie los molesta ni los desalojan.

A pesar de que se han hecho campañas para que los vendedores que ocupan el espacio público regresen a la plaza, todas ellas han fracasado. Incluso, en 2012, los directivos de la plaza negociaron con todos los comerciantes de alrededor de ese espacio patrimonial, para que volvieran y hicieran parte de él, dándoles a cambio dos meses sin cobrarles. Tan solo duraron dos días, debido a que la gente no se desplaza hasta la plaza para comprar, y estaban perdiendo su clientela y el espacio público que habían dejado abandonado.

“Una de las alternativas es que el municipio construya una plaza de mercado que esté bien ubicada y que todos los vendedores informales que están en la calle -que por lo general han sido de aquí de la plaza- reingresen a ella. Se matarían dos pájaros de un solo tiro, debido a que nos reubican en una parte competitiva y se limpia el espacio público”, propone Eliud Guarnizo, administrador de la plaza.

Por su parte, la Directora de Planeación Municipal, María Grace Figueroa, indicó que en el Plan de Desarrollo vigente para Cali sí se piensa mejorar las galerías, pero que hoy es un tema delicado porque no hay fallo sobre si son bienes de uso público, de Emsirva o bienes fiscales.

Mientras tanto, a Honorio Palacios el sol de las calles lo hace más fuerte. Él sigue a la espera de una solución, en pie de lucha con su venta de frutas, una rutina del día a día de muchos de los vendedores ambulantes de las calles de Siloé, para poder pagar el arriendo de la pieza y conseguir para la papita.

 …muchos de los vendedores que hicieron parte de la plaza se han apropiado del espacio público, donde nadie los molesta ni los desalojan.

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