PARA RECORDAR HAY QUE IR RÍO ARRIBA

PARA RECORDAR HAY QUE IR RÍO ARRIBA

Autor: Luis Quiroga.

Facultad de Humanidades y Artes

“¿Cuándo fue la última vez que escucharon hablar a una víctima de la violencia en Colombia?, ¿Cuánto tiempo les estamos dando a las víctimas en los medios? El primer paso sería recordar”.

Con estas premisas se dio paso al Conversatorio siglo XXI, que en esta ocasión tenía como ponente al profesor de la Universidad Santiago de Cali, José Fernelly Domínguez Cancelado, y a la investigadora Lorena Calapsú, quienes junto a su grupo de investigación Gicovi y el apoyo de la docente Olga Behar, realizaron un documental como producto de su investigación, encargado de dar voz a las víctimas de la violencia en Colombia, específicamente del suroccidente del Valle del Cauca.

“El trabajo comienza con una pregunta: ¿Cuál es el sentido de las violencias ejercidas por los paramilitares en el Valle del Cauca?, específicamente es una región bastante grande para un proyecto de investigación, así sea de doctorado. Por eso escogimos el suroccidente, es decir, Jamundí, Florida y Norte del Cauca, con algunos municipios aledaños donde hubo hechos de violencia significativos”, explicó Domínguez.

Se plantearon en primera instancia dos factores importantes para entender la perspectiva:

Los dos elementos mediante los cuales estudiaron esa actuación de los paramilitares fueron masacres y muertes atroces sucedidas en los diversos sectores en los que hubo recolección de información. Así lo explicaron los ponentes:

Aclararon que la interpretación de los hechos se arrojó, en primer lugar, que el ataque al cuerpo de las víctimas en razón de que es la imagen de la relación social, es para que el dolor infringido tenga efectos en los que quedan vivos, por  un lado, pero por otro lado para desfigurar la relación social que ese cuerpo está representando. De igual forma se hace en el espacio público porque éste es un lugar de memoria.

En Colombia siempre ha existido esa constante de los actos violentos, desde la colonia, y con la lucha entre liberales y conservadores que fomentaron grupos como los pájaros y chulavitas para denigrar de su estatus y poder frente a las masas.

Teniendo en cuenta estos aspectos, ¿por qué se decide crear el proyecto documental de Río Arriba? Lorena responde que: “los ríos en Colombia tienen una gran significación, no sólo para los indígenas y los afro descendientes, que son los protagonistas de esta serie, sino para nuestros ancestros en general”.

“Los ríos en Colombia han sido fuente de alimentación, de transporte y han significado culturalmente muchísimo; sin embargo, con la llegada de los paramilitares y una cantidad de autores como los que ya mencionaba el profe muy bien, pues ese río se resignifica porque también son lugares antropológicos”, agrega Calapsú.

“…Ir río arriba es ir a encontrar esa verdad que se quiere mantener oculta, es hacer un ejercicio de memoria profundo, es hacer algo mucho más sensible, que es darle tres aspectos de sensibilidad, de respeto y de profundidad a las víctimas”.

El documental es una producción que busca ir más allá de la posición de los victimarios y permitir que las víctimas digan lo que tuvieron que pasar, que puedan brindar su punto de vista de los hechos y expresar lo que todos esos actos de violencia han significado.

“Los ríos en Colombia han sido fuente de alimentación, de transporte y han significado culturalmente muchísimo;

sin embargo, con la llegada de los paramilitares y una cantidad de autores como los que ya mencionaba el profe muy bien, pues ese río se resignifica porque también son lugares antropológicos”, agrega Calapsú.

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El cholado, patrimonio gastronómico de Jamundí

Un bloque de hielo que en cuestión de segundos se convierte en una taza de escarcha, un poco de zumo de limón y una pizca de miel dieron origen entre 1918 y 1920 al famosísimo cholado. Muchos aún discuten sobre la invención de este producto; para unos es netamente caleño, pero otros opinan que es la tradición gastronómica más fuerte de Jamundí.


 Por: Nathalia Larrahondo Ríos

@nathaliariosv

Héctor Samuel Bonilla, oriundo de este municipio, afirma haber sido el pionero y creador del típico ‘raspado’ o ‘copito de nieve’. Siendo tan solo un niño, junto con su madre raspaba hielo, le agregaba limón y miel, le ponía un palito de modo que quedara como helado y lo vendía en su humilde casa.

Con el paso del tiempo, Samuel se hizo cargo del negocio, empezó a hacerles trasformaciones a los helados de su madre y con la magia de sus manos creó el reconocido cholado. Iba por la galería o el campo deportivo del municipio con vasos de cristal haciéndolos sonar como tocando una canción y decía: Compre para quitar la sed y matar el ‘guayabo’, de ahí nació el popular mataguayabo, nombre con el que bautizó su primer carrito de cholado. Sus ingredientes básicos eran la piña, el lulo y el limón, relata su hija Ligia.

Las familias jamundeñas disfrutando de un rico cholado en la “plazoleta del cholado.

Luego innovó, bañando el hielo en jarabe rojo, agregándole banano picado con lechera, poco después vinieron otros sabores como papaya, mango, maracuyá, fresa, uva, guanábana, melón, pera y manzana, dejando de ser un vendedor ambulante al establecerse en el parque principal.

Al ver cómo este producto generaba rentabilidad, la competencia empezó a surgir y el lugar se pobló de choladeros, creándose la necesidad de reubicarlos en un nuevo parque con nombre propio.

Fue así como en 2001 se creó el Parque Turístico del Cholado. El lugar alberga a alrededor de 40 vendedores entre los que se destaca don Arsenio, uno de los cuatro comerciantes más antiguos de este autóctono producto jamundeño; también podemos encontrar los descendientes del señor Bonilla, familia que se unió y ha trabajado durante años por resaltar y marcar la tradición del cholado, dejando claro día a día que es un producto 100% nativo del municipio de Jamundí.

El melado, la frutica, su poquito de mermelada, lechera, fresa y la puntica de piña es lo que compone el cholado, cada vendedor que tiene su puestico aquí lo elabora de una forma diferente. Aquí manejamos precios entre 5.000, 6.000 y 7.000. El grande, mediano y pequeño como lo quiera el cliente, expresa Don Octavio Quintero, un choladero orgulloso de representar a Jamundí con este exquisito producto gastronómico.

“Rolando Sánchez, más conocido como El Rolo, también beneficiario con la nueva plazoleta del cholado”

Debido a la gran importancia que tiene el cholado y que es considerado como plato típico, el alcalde Jhon Fredy Pimentel, con una inversión que supera los mil millones de pesos, remodeló el antiguo parque, convirtiéndolo en una plazoleta dotada y consolidada como punto de encuentro para los jamundeños y turistas.