Venezuela: ¿Intervención extranjera como amenaza o como ‘salvación’?

Venezuela: ¿Intervención extranjera como amenaza o como ‘salvación’?

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

Venezuela llega a diciembre de 2025 inmersa en una profunda crisis de legitimidad y un escenario geopolítico de alta tensión. Tras una controvertida toma de posesión en enero, el país se encuentra en una situación de doble poder de facto, con el gobierno insistiendo en su continuidad y la oposición, liderada por Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, sosteniendo haber ganado en las urnas. Esta disputa interna se ha exacerbado por una escalada de confrontación con Estados Unidos que ha incluido el cierre del espacio aéreo venezolano y el despliegue de radares estadounidenses en la región, elevando el riesgo de una confrontación militar.

El actual debate sobre una potencial intervención extranjera no es nuevo en el contexto venezolano. La historia del país, rica en conflictos, ha visto la presencia foránea ser interpretada con una peligrosa dualidad: no siempre ha sido vista unívocamente como una “invasión” o una agresión a la soberanía, sino que, en momentos clave, ha sido considerada un factor catalizador o, incluso, una fuente de apoyo para facciones internas en pugna.

Desde las guerras de independencia, donde la figura de extranjeros como el general Rafael Urdaneta (nacido en lo que hoy es Colombia, pero que se unió a la causa venezolana) o las legiones británicas jugaron un papel crucial, hasta las injerencias económicas y políticas del siglo XX, la relación de Venezuela con el exterior ha sido compleja. En los albores de la república, la intervención de potencias europeas para cobrar deudas (como el bloqueo naval de 1902-1903) cimentó un profundo nacionalismo anti-intervencionista. No obstante, ese mismo nacionalismo a menudo ha sido cooptado por regímenes de turno para deslegitimar a sus opositores, tildándolos de “traidores” o “lacayos” del imperio.

En el contexto actual, donde el gobierno combina castigo y propaganda para tratar a la disidencia como una “amenaza estructural” , la oposición se ve obligada a ajustar su narrativa para evitar cualquier asociación con una posible intervención extranjera. Su estrategia ha evolucionado hacia la defensa de la soberanía popular como la respuesta legítima tanto a la pérdida de libertades internas como al deterioro de la estabilidad regional. La oposición, con figuras como González y Machado, insiste en que la crisis de legitimidad del gobierno es el verdadero origen de las tensiones internacionales, y que el cierre del espacio aéreo refleja la erosión de la soberanía popular, no su defensa.

El reto histórico que enfrenta la oposición en este diciembre de 2025 es inmenso: ¿Cómo actuará ante una intervención extranjera en un país profundamente nacionalista? ¿Justificará la oposición un acto que la historia podría condenar como traición, o se mantendrá distante de las tropas si llegaran a intervenir? La historia no ofrece una respuesta clara, sino una advertencia: la narrativa de la “salvación” extranjera tiene la capacidad de polarizar y, finalmente, deslegitimar a quienes la invocan.

El gobierno de Nicolás Maduro no solo enfrenta una crisis política y diplomática simultánea, sino que su círculo de seguridad más estrecho está supeditado a una influencia extranjera particular de la poco se habla: Cuba. Los asesores y tropas especiales cubanas, las llamadas “avispas negras” son el “cinturón de seguridad” más cercano al líder chavista son, paradójicamente, tanto su sostén como su potencial debilidad.

Esta presencia cubana, ha convertido a Maduro en una especie de “rehén” de la isla. Y es que las decisiones estratégicas, especialmente aquellas relacionadas con la confrontación con Estados Unidos, pasan por el prisma del análisis de La Habana pues su supervivencia le va en ello.

En el contexto de la escalada con la administración de Donald Trump —cuyo impulso de una “política de línea dura” desencadenó el incidente del espacio aéreo —, se cree que los asesores cubanos están aconsejando a Miraflores que la movilización militar de Washington es un “gigantesco bluf” y no un preludio a una intervención real. Esta evaluación se basa en:

  1. La Habana depende de Venezuela y sabe que un cambio de sistema en Caracas es la caída suya. Su análisis tiende a minimizar la voluntad de Washington de comprometer tropas en una guerra terrestre en un país con una geografía compleja y una población supuestamente preparada para la resistencia, incluso si es solo propaganda.
  2. La Interpretación de la Política de Trump: La línea dura de Trump es vista por los cubanos como una táctica de presión máxima, diseñada para forzar una implosión interna o una negociación de última hora, no una invasión.
  3. El Costo Político y Militar: Los asesores cubanos son conscientes del enorme costo político y humano que implicaría una intervención militar en Venezuela para EE. UU., un factor que, según su lectura, disuade incluso a los elementos más belicistas de Washington.

Este consejo, sin embargo, es un arma de doble filo. Al alentar a Maduro a tratar las amenazas como un “bluf”, Cuba podría estar llevando al gobierno a un error de cálculo fatal. Si la escalada militar no es una simulación, la ceguera inducida por el asesoramiento cubano podría dejar a Venezuela expuesta a consecuencias devastadoras. El incidente aéreo ya es visto por algunos analistas como algo más que un “simple choque diplomático”, y el equilibrio de la balanza sigue siendo incierto.

Mientras la tensión internacional aumenta y la represión interna se intensifica con órdenes de captura y detenciones masivas de activistas, la oposición ha configurado un frente dual que busca la máxima efectividad.

  1. Liderazgo Interno: María Corina Machado mantiene el liderazgo interno, a pesar de su cambiante situación legal. Su figura está fortalecida por el Premio Nobel de la Paz que recibió en 2025, un capital simbólico que utiliza para presionar por una salida institucional.
  • Su plan para las “primeras 100 horas” de una transición hipotética sirve como un punto de referencia y esperanza para sus seguidores.
  • Sobre la crisis aérea, Machado ha sido clara: la postura confrontativa del gobierno lo debilita internacionalmente, e insiste en que la única solución viable pasa por un retorno al orden democrático. Su enfoque en la crisis doméstica y la presión institucional es clave para evitar la trampa de la asociación con la intervención extranjera.
  1. Ofensiva Exterior: González, López y Guaidó

Desde el exterior, figuras clave han consolidado una estrategia coordinada:

  • Edmundo González Urrutia: Desde España, mantiene una ofensiva diplomática respaldada por el reconocimiento de un grupo de países como “presidente electo”. Su rol es mantener la presión externa, subrayando que la crisis de legitimidad interna es el origen de las tensiones internacionales y que el cierre del espacio aéreo es prueba de la erosión de la soberanía popular.
  • Leopoldo López: También en España, opera como un articulador político internacional. La amenaza gubernamental de retirarle la nacionalidad venezolana le sirve para denunciar prácticas que califica como totalitarias. López enfoca su discurso en la represión doméstica y evita que la confrontación con Estados Unidos eclipse las denuncias sobre derechos humanos, manteniendo el foco en la ruptura del pacto democrático interno.
  • Juan Guaidó: Desde el exilio, su rol es de continuidad histórica, manteniendo viva la narrativa de resistencia democrática surgida en 2019. Respalda la estrategia de Machado y González, buscando mostrar que la oposición opera como una estructura estable y coherente, incluso desde la diáspora.

Este esquema dual configura un frente opositor más ordenado que en ciclos anteriores, aunque sujeto a presiones internas y externas, y con el imperativo de desvincular su agenda democrática de cualquier lectura intervencionista.

Diciembre de 2025 halla a Venezuela atrapada entre dos legitimidades en disputa y un gobierno que enfrenta una crisis multifacética: política, diplomática y de autoridad. El enfrentamiento con EE. UU. y el cierre del espacio aéreo representan un posible punto de inflexión, cuyo desenlace —negociación, escalada o estancamiento prolongado— aún pende de un hilo.

La presencia de asesores cubanos, la polarización histórica sobre la intervención extranjera, y la necesidad de la oposición de afirmar su soberanía popular, configuran un panorama volátil. El tiempo dirá si la apuesta del régimen por ver la amenaza norteamericana como un “bluf” es acertada, o si la historia de Venezuela se escribirá una vez más bajo la sombra de la injerencia foránea, con la interrogante de si el extranjero será percibido como invasor o, trágicamente, como un improbable “salvador”. Pero no cierto es que Maduro es un dictador y eso esta fuera de toda argumentación.

Yo doy por descontado que habrá acciones militares norteamericanas, pero no necesariamente una invasión. Ataques aéreos puntuales y golpes de mano de equipos de Seals para acciones de sabotaje y capturas puntuales. ¿Habrá resistencia cubano-maduristas o será como en Granada 1993 cuando la 82 división en 72 horas controló el país con rendición incondicional del contingente militar cubano, y se marchó dejando un gobierno de transición? Pienso que será así, al estilo Panamá 1989, quirúrgico y sin mayor costo de vidas.

El desenlace de esta encrucijada determinará no solo el futuro político de Venezuela, sino también su mapa regional e internacional, especialmente en zonas sensibles como la frontera con Colombia.

Este esquema dual configura un frente opositor más ordenado que en ciclos anteriores, aunque sujeto a presiones internas y externas, y con el imperativo de desvincular su agenda democrática de cualquier lectura intervencionista”.

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El presidente es Trump y ¿A mí qué?

Ese era mi pensamiento antes de escuchar otros puntos de vista. A nosotros qué carajo nos importa el presidente de gringolandia.Pues mi querido amigo, sí nos debe importar, y mucho, pues aparte de que son una potencia a nivel mundial, Colombia tiene bastante que ver con Estados Unidos.


En el año 2012, Colombia firmó un Tratado de Libre comercio con EE.UU, lo que significó una especie de apertura económica, basada en el propósito de ayudar a los empresarios de ambas naciones. Envíos e importaciones a bajo precio. Ahora es casi seguro que van a subir los aranceles para los exportadores.

El magnate maneja un discurso de guerra y poco menciona la palabra “paz”. Esto puede significar que poco o nada le importa nuestro proceso con la guerrilla de las Farc, perderíamos un apoyo grande.

Además, el odio por los latinos es un ítem importante. La construcción de su famoso muro nos pone en la atmósfera de Berlín, la que divide a las naciones como si se tratara del racismo del Siglo XXI, el que aparentemente es normal y sobre el que se puede hablar en cualquier lado sin ningún pudor.

Antes de dejar su puesto en la Casa Blanca, Barack Obama se refirió al multimillonario como un hombre de negocios y aseguró que no se interesaba por sus trabajadores, solo por sus multimillonarias ganancias. También dijo textualmente: “Un hombre que ha pasado setenta años en la tierra sin interesarse por las personas no puede ser tu voz, no es tu campeón”.

Con Trump en el poder, ahora sí que Dios bendiga a América. 

 Francesco Zucconi 

  @ChescoZucco

EL TRUMPAZO

Lo que sucedió en los EEUU es un trumpazo, es decir, un golpe políticamente incorrecto. Un golpe fuerte y definitivo. Una victoria inesperada de un actor político no reconocido hasta ahora, pero que viene expresándose en diversos lugares contra la real politik de la post guerra fría.


El trumpazo tuvo su primer golpe en el jab del Brexitde Gran Bretaña, cuando congeló a la Unión Europea y al modelo integracionista supranacional, para regresar al esquema aislacionista.

El trumpazo tuvo su segundo golpe cuando con un Uppercut Colombia decidió para asombro del mundo decir NO al plebiscito de los acuerdos de paz. Fue un NO marcado por el escepticismo, la duda y reclamar una forma más incluyente de hacer política.

El trumpazo, finalmente, tuvo un tercer asalto con tres golpes seguidos de Donald Trump; un crochet al establecimiento político norteamericano cuando se impuso como candidato en las primarias del Partido Republicano, un hook al Partido Demócrata quitándole las bases sociales de trabajadores urbanos, trabajadores del campo, y un poderososwing, que humilló a los medios de comunicación y analistas políticos con su victoria dada por imposible.

El trumpazo viene develando la importancia de hacer nuevas y más profundas lecturas de la sociedad actual. La globalización no puede significar desconocer como ha sucedido en los tres casos mencionados Gran Bretaña, Colombia y EEUU. Sin duda la falsa homogenización que llevará al socialismo llamado real al fracaso vuelve a manifestarse irónicamente en este mundo globalizante y globalizado.

La nueva época refleja un claro choque de dos generaciones: la millenium, en la que las tecnologías,  el individualismo, los microcosmos culturales hacen movernos en sendas inéditas frente a una generación  de cierre de los 50, que ahora decide resistirse a los cambios de época con un profundo conservadurismo.

El trumpazo llama a saber reinterpretar la realidad en forma compleja. A entender la sociedad como una multitud de universos desde diversas miradas demográficas, socioculturales, religiosas y étnicas en donde las tesis interculturales de la globalización ocultaron falsamente esa diversidad.

Las emociones, los sentimientos, los valores, los miedos no son matemáticamente exactos o medibles y justamente esos fueron los que invirtieron las encuestas en los grupos de personas desechadas por determinada razón. Los humanistas tienen un enorme reto; la sociología, la antropología cultural, la filosofía y la psicología social, la comunicación y la publicidad deben cuestionarse sus paradigmas, su modo de interpretar al mundo.

El trumpazo es verdad, la sociedad está actuando, moviéndose de forma muy diferente y puede ser que estemos equivocados los que hemos perdido.

Pedro Pablo Aguilera

@841790

GOLIAT VISITA A DAVID: ENTRE EL REALISMO POLÍTICO Y EL FIN DE LAS ORTODOXIAS. Parte 3 #OBAMAENCUBA

Gracias a la nueva política norteamericana de Barak Obama con Cuba, la estrategia exterior norteamericana de Goliat, el imperialismo yanqui no podrá ser el pretexto para David, el gobierno cubano. Hay muchas brechas posibles para que el embargo siga siendo la justificación de todo lo que pasa y no pasa en la isla.


Hoy viajes, turismo, intercambios científicos, circulación del dólar, proyectos empresariales, están ahí. Y ha sido la tremenda voluntad de ese Goliat superando las resistencias poderosas de dentro, lo que lo hace el nuevo amigo, el vecino del norte. Es más, todo esto podría, tal vez, hacer desmentir las palabras de Fidel Castro cuando dijo en una entrevista al periodista Jeffrey Goldberg de The Atlantic que “el modelo cubano ni siquiera funciona para nosotros” (http://www.theatlantic.com).
Lo verdaderamente cierto es que los cubanos estamos algo desconcertados por lo incierto de esta historia, pero sería simplista decir que todo se reduce a dos presidentes o una serie de presidentes norteamericanos y dos hermanos cubanos. Eso es un mal chiste.

El drama de los cubanos hoy es no saber hoy día, quién fue su enemigo tras 50 años. Si el discurso de extrema derecha situado en una orilla o el discurso de extrema de izquierda de la otra orilla con un mar cruel de 90 millas como muro sin electricidad, pero con tiburones con más muertes que los francotiradores del muro de Berlín (¿sabe usted que las cifras más conservadoras afirman que de 10 balsas con promedio de 8 personas, solo llegan tres? ¿Sabe usted cuantas balsas han llegado entre 1960 y hoy?).

Cuba vive hoy la esperanza de niveles más dignos de calidad de vida, de posibilidades de alternativas económicas personales o de otro tipo, de que cada mujer, cada hombre, pueda ofrecer su saber y experticia a un mercado laboral que ofrezca salarios dignos sin gravámenes de un intermediario como ha actuado el Estado cubano con los ¨internacionalistas¨. Cuba vive con la ilusión de que se respete la libertad de expresión, de asociación y de opinión rompiendo el totalitarismo, y entre en el juego de una libre concurrencia de la pluralidad política.

Pero lo más dramático de la realidad cubana es el enfrentamiento generacional, el choque de ellas internamente o entre ellas en el campo de los valores, de lo moral que va más allá de un Miami vs La Habana. El drama mencionado se ha dado a nivel de familia, que es lo más amado por todos. Esa lucha ha dividido familias con silencios, odios y amores ocultos, engaños, traiciones. Eso es terrible –y yo lo conozco en tres generaciones de mi familia-, porque todo se subordinó a la política. Vivimos una Guerra Civil, para algunos silenciosa, para otros no tanto.

El diferendo histórico entre los países se trasladó desde el primer momento a cada familia provocando rupturas, entre amigos, matrimonios también. En los barrios se crearon los Comités o (CDR) que vigilaban en cada cuadra no solo lo delictivo, llegaban hasta averiguar por qué te vestías así, escuchabas esta u otra música o tal emisora en inglés como la WQAM, o recibías amistades del extranjero. En el trabajo eras confiable, elegible o no, por la lealtad política y no profesional; y solo puedes ser elegido en cargos políticos si eres políticamente confiable. La resultante: un país de hipocresías y doble moral, bipolar entre pensamientos y realidades.

Hoy, o mejor dicho desde el 17 de diciembre de 2015, se comenzó a desmontar el estado de guerra existente a todos los niveles pues ha prevalecido el realismo político de ambos gobiernos y las cosas han llegado a niveles impensados. No es la concordia, no. Falta mucho para que la sociedad cubana sienta que el peso de un gobierno que actúa como el Gran Hermano deje de hacerlo, pues su naturaleza es esa y son los cubanos los que tenemos que resolverlo, sobre todo por ahora los que están en Cuba. Los otros, los que estamos en la diáspora, debemos apoyar que se den pasos de democratización aunque digan que sea representativa o liberal, pero democracia y no un ejercicio del poder sin pluralidad de ideas y de debate.

La verdad es que la oposición cubana siempre ha sido débil por su fragmentación, por su incapacidad de unidad, por su celos y afanes de protagonismo aun cuando tuviera o tenga hoy, personas muy valiosas y verdaderamente valientes en lo físico y en su compromiso por una Cuba incluyente, plural, como dijera José Martí, ¨con todos y para el bien de todos¨.
Ellos significaron un momento, pero su momento terminó, han perdido capacidad de visionar y entender lo sucedido. No supieron y por ello la resistencia casi irracional a los pasos diplomáticos y mucho más a la visita de Obama. Siento pesar que sus argumentos sean tan ortodoxos y rígidos, como los manuales de Kontantinov o Nikitin, pero no hay que olvidar que son hijos de la generación de noticieros y periódicos unidireccionales. Eso pesa, y es una ley gravitacional que lleva a tierra cualquier idea o proyecto.

Canadá: Michael De Adder/Halifax Chronicle Heral

La oposición cubana, que tiene justificación de existir por el derecho universal de la libertad de expresión y pensamiento; debe comprender que será desde la economía a escala, desde donde se dará el debate. Que será la capacidad de ellos de generar alternativas locales de opinión y económicas frente a lo estatal para liberarse de la dependencia económica y comenzar a gestar un accionar social y político frente a un discurso corroído por planes y promesas incumplidas por una generación histórica cuasi senil, que pierde aceleradamente sus bases sociales al perder justamente el control económico. Van siendo una armadura con esqueleto.

No será, no puede y no debe ser que mendiguemos la solución de los problemas cubanos a otros, en este caso a Obama. Ya Goliat ¨derrotado¨ ya casi ha terminado su labor y errores. David él vencedor¨, debe orientar a reconocer su verdadero contendiente y en ello, debe ser capaz de comprender que habrá que negociarlo todo pues el odio, la venganza y más dolor, no tienen más espacio en nuestra historia.

Cuba, con el fin de la visita de Obama, comenzará en cuenta de día a día, hasta llegar a que transiten tres generaciones, no menos, para sanar las heridas de una guerra civil silenciosa llena resistencias internas que el peso de la Guerra Fría y las meta utopías fracasadas del siglo XX no permitieron ver. Somos un país lleno de Ana Frank, no se lo imaginan, lleno de exiliados nostálgicos y amantes de su patria. Cuba debe entender que inició su propio posconflicto.

Pedro Pablo Aguilera

@841790

SERIE #OBAMAENCUBA

PARTE 1:

OBAMA, RAÚL, MICHELLE, LA PLAYITA DE 16 Y EL VIAJE.

PARTE 2:

ENTRE LOS RECUERDOS DEL JUEGO DE PING-PONG Y EL JUEGO DE BEISBOL. 

PARTE 3:

GOLIAT VISITA A DAVID: ENTRE EL REALISMO POLÍTICO Y EL FIN DE LAS ORTODOXIAS. 

PARTE 4:

LA LECTURA DE CUBA DESDE SU ARTE.