¿El que baila gana?

Autora: Annie Rodríguez

Facultad de Humanidades y Artes.

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‘¡A LA LA EEEEEEE (LA LA)!’ Al escuchar esto, acompañado de una campana, haciendo el rítmico sonido de ´la clave’, hace que alguna parte del cuerpo de un amante de la salsa caleña comience a moverse por inercia, sin poder resistirse a una buena salsa. ¿Y cómo no dejarse llevar por ese coro?

El ritmo que está en la sangre de los caleños desde los años 1950 y 1960, comenzando como una Pachanga y un Boogaloo, y evolucionando hacia la salsa, sigue despertando emociones, del puente para allá y para acá en todas las generaciones, llevándolo consigo a todos los rincones del mundo. “Como profesora de salsa caleña y otros ritmos latinos, he tenido la oportunidad de enseñar gracias a mi disciplina y talento en diferentes ciudades y países, como Europa, Estados Unidos y Las Vegas, donde he representado a Colombia en los Grammy Latinos”, afirmó Angélica Sandoval, profesora y bailarina profesional con más de 13 años de experiencia.

La salsa caleña sigue contando la historia de una ciudad, es la identidad del caleño alegre que baila para curar. “Y sigo mi vida con risas y penas, con ratos amargos y con cosas buenas”, expresa entusiasmado Jeison, que así vive la salsa en su barrio Villa Colombia.

Este estilo único inspirado en los ritmos afrocaribeños, como el son cubano y la guaracha, ha dado lugar a la salsa caleña y su propio sonido distintivo. Es mucho más que música; el baile lo complementa. Los llamados hoy ‘vieja guardia’, con su zapateo y contoneo y el ´tumbao´ que tienen los guapos al caminar, con zapatos de charol, camisas de colores, sombreros y mujeres con vestidos muy llamativos. Esta generación deja un legado con pasos únicos como el ‘punta de garza’, ‘patacón pisao’, ‘dinos’ y muchos más que hacen de este estilo uno muy particular. Edgar Monzón, de 62 años y con 48 de ellos bailando, asegura que “hoy en día se baila mucho más rápido y con demasiadas figuras y visajes; en la época de nosotros, era más marcado el paso y cadencioso”.

Seguirles el paso en la salsa es cuestión de pandebono. Hoy en día, Cali cuenta con diferentes academias de baile, desde el nivel más básico hasta el más experto en baile social, con los mejores profesores.

En 2014, nace Joydance, fundada por Andrés Rivas, ingeniero químico de profesión y ahora gestor de cultura, quien es dueño de la escuela de baile. Por hobby, comenzó en San Antonio con un grupo que fue creciendo, y en la actualidad cuenta con dos sedes que han permitido enseñar a todos, incluyendo extranjeros, un poco más de la cultura y el sabor caleño. Y lo más importante, la salsa caleña es para disfrutarla y sentirla, asegura Segi Ruiz, bailador de Joydance.

Con el tiempo, algunas discotecas han ido desapareciendo, pero siguen surgiendo nuevas con planes de lunes a lunes, de acuerdo a la experiencia que quieras vivir. Lugares como Mulato Cabaret, discoteca y academia de baile ubicada en el barrio El Cedro, ofrecen un show de salsa por las noches, donde puedes comer y aprender a bailar con bailarines profesionales, y disfrutar de la salsa caleña. Cuentan con eventos como el Aguae’lulo, domingo social, jueves de salsa romántica vs. Golpe, salsa fest, noches de mucho swing que podrás disfrutar aquí. La Topa Tolondra es otro lugar muy recomendado para aprender salsa en línea, salsa caleña, boogaloo, los días lunes y miércoles a partir de las 7:00 p.m. hasta las 9:00 p.m. Por tan solo 10.000 pesos, puedes unirte a una clase en este lugar y, al terminar, quedarte disfrutando de este espacio y practicando tus nuevos pasos. Los lunes de brisas en Jamundí nunca pasan de moda en la cultura caleña, y si tienes tu campana o güiro, no olvides llevarla.

La salsa caleña sigue contando la historia de una ciudad, es la identidad del caleño alegre que baila para curar. “Y sigo mi vida con risas y penas, con ratos amargos y con cosas buenas”, expresa entusiasmado Jeison, que así vive la salsa en su barrio Villa Colombia.

“La salsa me dio la oportunidad de mejorar mi mundo y no caer en los vicios de mi barrio”, afirmó Sandoval.

“La salsa dice lo que muchas veces uno no puede describir”, Segi Ruiz, bailador.

¡La salsa nos pone a vivir!

“Como profesora de salsa caleña y otros ritmos latinos, he tenido la oportunidad de enseñar gracias a mi disciplina y talento en diferentes ciudades y países, como Europa, Estados Unidos y Las Vegas, donde he representado a Colombia en los Grammy Latinos”.

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