Bajo los escombros: ¿Falló la construcción en Cali? 

Bajo los escombros: ¿Falló la construcción en Cali? 

El terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto dejó en Cali graves afectaciones de infraestructura. Mientras avanzan las evaluaciones técnicas, trabajadores, arquitectos, residentes y un abogado cuestionan posibles fallas en el diseño, ejecución y supervisión de algunas obras, así como las acciones legales para los damnificados.

Por: Jhoselin Pupiales y Paola Gutiérrez

Facultad de Humanidades y Artes

Cuando la tierra comenzó a moverse, cientos de edificaciones de Cali quedaron expuestas a uno de los terremotos más fuertes registrados en Colombia durante las últimas décadas. Un mes después, entre los escombros y las estructuras afectadas permanece una pregunta… ¿por qué algunas edificaciones colapsaron mientras otras resistieron el mismo movimiento? 

El sismo ocurrió a las 7:34 de la mañana del 10 de agosto de 2026. Tuvo una magnitud de 7,4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, a 103 kilómetros de profundidad, según el Servicio Geológico Colombiano. (SGC)  

“Mire, uno en la obra ve de todo. A uno le entregan unos planos muy bonitos, pero cuando llega el ingeniero del proyecto a decir ‘échele más arena a esa mezcla’ o ‘espacie más las varillas para ahorrarnos un hierro’, uno qué hace si necesita el trabajo”

En Cali, la Alcaldía había realizado 1.849 visitas técnicas especializadas con corte al 10 de septiembre. De las estructuras evaluadas, 441 fueron clasificadas como habitables, 769 como no habitables y 475 como de uso restringido. Además, se verificaron 24 edificaciones con colapso total y 506 con colapso parcial. Detrás de esas cifras están las personas que vivían, trabajaban o conocían las condiciones de algunas de las edificaciones afectadas. 

Harold Wilson, maestro de obra, conoce desde adentro los procesos que pueden determinar el comportamiento de una construcción. Al recordar lo que puede ocurrir durante la ejecución de una obra, aseguró que existen decisiones que no siempre son visibles para quienes posteriormente ocuparán una edificación. 

“Mire, uno en la obra ve de todo. A uno le entregan unos planos muy bonitos, pero cuando llega el ingeniero del proyecto a decir ‘échele más arena a esa mezcla’ o ‘espacie más las varillas para ahorrarnos un hierro’, uno qué hace si necesita el trabajo”, relató Wilson. 

El maestro de obra también explicó que el comportamiento de una estructura no depende únicamente de que se utilice cemento y acero, sino de cómo se ejecuta cada procedimiento. 

“La gente cree que el concreto es cemento y ya, pero el secreto está en los tiempos de curado y la calidad del material. El hierro tiene que amarrar bien, si no, la estructura se abre como un hojaldre”, afirmó. 

Wilson señaló que después de conocer los efectos del terremoto, una de sus primeras preocupaciones estuvo relacionada con las estructuras relativamente nuevas.  

“Cuando pasó el temblor de 7,4 y vi las noticias, lo primero que pensé fue en las columnas de esos edificios nuevos. Un temblor así de fuerte no perdona las tacañerías en la cimentación”. 

La discusión también llega a la etapa de diseño. Para Carlos Rodríguez, arquitecto proyectista, “Sentir la tierra mover de esa forma fue devastador, pero ver edificios con menos de diez años colapsados da rabia e impotencia”, afirmó. 

Rodríguez recordó que Cali cuenta con una Microzonificación Sísmica que permite considerar las características del suelo de diferentes sectores de la ciudad. “En Cali conocemos de sobra la microzonificación sísmica; sabemos exactamente qué suelos son traicioneros, sobre todo hacia el oriente o cerca a los ríos”, sostuvo. 

Para Carlos, uno de los puntos que deberán revisarse son las modificaciones que pueden realizarse durante la construcción o posteriormente. “El problema es que a veces prima el rendimiento financiero sobre la lógica del diseño. Si tú sobrecargas una losa o corres un muro estructural para hacer un parqueadero más amplio porque así vendes más rápido, estás jugando con la vida de la gente”, señaló. 

Y agregó: “El diseño no es solo fachada bonita, es responderle al suelo donde te estás parando”. 

Para establecer si situaciones como las descritas por Rodríguez ocurrieron en alguno de los edificios afectados será necesario revisar estudios de suelo, planos estructurales, licencias y modificaciones realizadas durante la construcción. 

Fanny Sousa, arquitecta e interventora de obras, cuestionó precisamente esa etapa de control. “Ese 10 de agosto me confirmó el mayor temor que varios colegas llevábamos años hablando y era que la supervisión en esta ciudad se volvió un trámite de escritorio”, afirmó. 

Fanny cuestionó que una obra pueda cumplir documentalmente con determinados requisitos mientras la ejecución en campo puede presentar diferencias. “Hay curadurías que aprueban planos impecables, pero nadie va a la obra a verificar si el concreto vaciado tenía la resistencia que decía el papel”, sostuvo. 

La arquitecta también señaló que existen vacíos en los mecanismos de supervisión que deberán ser revisados a partir de los casos concretos. “La ley exige controles rigurosos, pero la privatización de la supervisión creó vacíos donde la constructora a veces es juez y parte”, afirmó. Para ella, los documentos también pueden revelar qué ocurrió antes del terremoto. “Hoy paso por esos escombros y no veo solo escombros, veo firmas estampadas en documentos que nunca debieron aprobarse”. 

Mientras los expertos hablan de materiales, diseño y supervisión, algunos residentes aseguran que las señales de deterioro aparecieron mucho antes del terremoto. 

Isabella Florián, residente afectada, nos contó que durante meses los habitantes del conjunto residencial Gracias a Dios, ubicado en el barrio El refugio, al sur de Cali habían expresado preocupación por las condiciones del inmueble. 

“Nosotros llevábamos meses peleando en las reuniones de copropietarios. Cada que pasaba un camión pesado, el piso retumbaba y en el parqueadero subterráneo se hacían unas grietas larguísimas que tapaban con simple pintura y yeso”, relató. 

Según Isabella, la explicación que recibieron no apuntaba inicialmente a un riesgo estructural. “Decían que era ‘asentamiento del terreno’, que no nos preocupáramos”. Pero el 10 de agosto, la situación cambió. 

“El ruido fue ensordecedor, como si se desgajara la tierra. Salimos con lo que teníamos puesto mientras veíamos cómo se desmoronaba la entrada”, recordó. 

La residente cuestiona que las advertencias realizadas antes del terremoto no hubieran derivado, según su relato, en una solución definitiva. “Hoy perdimos todo el esfuerzo de nuestra vida por culpa de gente que ignoró nuestras advertencias”. 

Su testimonio plantea una pregunta que deberá responderse con documentos: si existieron reportes previos sobre grietas u otros daños, qué respuesta recibieron y qué actuaciones realizaron la administración, la constructora o los responsables de la supervisión. 

Entre los afectados está Natalia Otero, sobreviviente del colapso de una unidad residencial en el barrio La Flora al norte de la ciudad. Su relato muestra las consecuencias humanas detrás de las cifras. 

“Fueron los 40 minutos más largos de mi vida. Cuando empezó a sacudirse todo de esa manera tan violenta, intenté correr hacia la puerta, pero el techo del pasillo se vino abajo instantáneamente”, relató. “Quedé atrapada debajo de un bloque de mampostería, respirando un polvo que me ahogaba y escuchando los gritos de mis vecinos en la oscuridad”. 

“Yo compré ese apartamento hace cuatro años pensando que era un lugar seguro para mi familia, un edificio moderno… Jamás me imaginé tener que gatear entre los escombros de mi propia casa para salir viva”. 

Después del rescate, la pregunta dejó de ser únicamente qué había sucedido durante el terremoto. “Exijo saber quién firmó la entrega de ese edificio”, afirmó Natalia. 

Su pregunta apunta a la cadena de personas y entidades que participaron en el proceso: quienes diseñaron, construyeron, supervisaron, aprobaron y recibieron las obras. 

Para las familias que perdieron sus viviendas, la discusión también tiene una dimensión jurídica. Kevin Castaño, abogado consultado para este informe, explicó que el primer paso consiste en conservar las pruebas y dejar constancia formal de la afectación. 

Entre los documentos que deberían conservarse están las escrituras o documentos de propiedad, contratos de compraventa, fotografías y videos de la vivienda, informes técnicos, comunicaciones con la administración o la constructora y cualquier reporte que demuestre que existían daños antes del terremoto. 

Kevin explicó que el colapso de una vivienda durante un terremoto no permite atribuir automáticamente responsabilidad a un constructor. 

La responsabilidad dependerá de lo que determinen los estudios técnicos y de la posibilidad de establecer una relación entre una eventual falla y el daño producido. 

En ese análisis deberán revisarse aspectos como el diseño, los materiales, la ejecución de la obra, las condiciones del suelo y la supervisión. También será necesario establecer quiénes participaron en cada etapa de la construcción. 

En caso de que los peritajes encuentren fallas atribuibles al proceso constructivo, los damnificados podrían analizar las acciones legales correspondientes para reclamar por los daños sufridos. 

El abogado también explicó que la situación adquiere una dimensión diferente cuando existen personas fallecidas como consecuencia del colapso. En esos casos, los familiares deberán conservar documentos que acrediten el parentesco, el registro civil de defunción y toda la información relacionada con la vivienda y con las circunstancias del colapso. 

La existencia de un fallecimiento tampoco permite establecer por sí sola quién es responsable. Será necesario determinar técnicamente qué provocó el colapso y jurídicamente si existe una relación entre una eventual falla y la muerte. 

Para Kevin, el hecho de que el daño haya ocurrido durante un terremoto tampoco elimina automáticamente la posibilidad de analizar responsabilidades. La clave está en establecer si la estructura presentó el comportamiento esperado frente al evento sísmico o si existieron condiciones anteriores que pudieron aumentar su vulnerabilidad. 

La discusión ocurre mientras la Alcaldía adelanta las evaluaciones anunciadas después de la emergencia. El alcalde Alejandro Eder señaló que estos estudios permitirán establecer las causas de los colapsos y determinar si las construcciones cumplían con las normas de sismo resistencia y también planteó revisar posibles irregularidades durante los procesos de construcción y vigilancia. 

Por eso, la revisión no se limita a mirar las estructuras después del terremoto. También debe reconstruir lo que ocurrió antes: cómo fueron diseñadas, qué materiales se utilizaron, qué se modificó durante la obra y qué controles se realizaron. 

Los peritajes deberán contrastar las licencias de construcción, los planos estructurales, los estudios geotécnicos, los certificados de cumplimiento de la norma sismo resistente, las actas de interventoría, las bitácoras de obra y los certificados y ensayos de los materiales utilizados. 

También serán importantes las muestras recuperadas de las estructuras afectadas y las evaluaciones realizadas después del terremoto. 

Al 10 de septiembre, 52.809 familias habían sido evaluadas y 45.139 estaban registradas como damnificadas. Cerca de 500 personas permanecían en alojamientos temporales administrados por el Distrito. 

La magnitud de los daños hace que la discusión vaya más allá de determinar cuáles edificaciones deberán ser demolidas o reparadas. También plantea interrogantes sobre la manera en que fueron diseñadas, aprobadas, construidas y supervisadas. 

Un mes después del sismo, las respuestas todavía están en manos de los estudios técnicos. Para las familias que perdieron sus viviendas, esas respuestas significan mucho más que determinar qué edificio debe repararse o demolerse. Significan saber qué ocurrió antes de que la tierra comenzara a moverse y, si los peritajes encuentran responsabilidades, conocer quién deberá responder por las consecuencias. Entre los escombros de Cali queda una pregunta que todavía no tiene una respuesta definitiva y estos y muchos otros casos más, siguen siendo materia de investigación.

“

Exijo saber quién firmó la entrega de ese edificio”, afirmó Natalia. 

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Señales del fin de los tiempos: entre la tierra que tiembla, la fe y la mente humana

Señales del fin de los tiempos: entre la tierra que tiembla, la fe y la mente humana

Por: Luisa María Flor Mestizo, Nicolás Arturo López Pérez y Santiago Murillo Achipis

Facultad de Humanidades y Artes

Por unos segundos, el mundo puede parecer acabado. Un terremoto puede dejar edificios en ruinas, pero también despertar una pregunta que atraviesa el miedo, la fe y la razón ¿es solo un fenómeno natural o puede ser interpretado como una señal del fin de los tiempos? 

¿Por qué ocurrió? ¿Qué significa? ¿Podría ser una señal de algo que está por venir? 

Un terremoto no solo mueve edificios. También puede cambiar la forma en que las personas entienden lo que está pasando. Cuando el suelo deja de ser estable, aparecen preguntas que van más allá de la emergencia. ¿Por qué ocurrió? ¿Qué significa? ¿Podría ser una señal de algo que está por venir? 

Para el psicólogo social Juan Valencia, buscar una explicación en medio de una catástrofe puede ser una manera de afrontar mentalmente lo ocurrido. “Esto es como una explicación, pues como un efecto placebo de decirse a sí mismo y encontrarles una explicación a las catástrofes o al por qué de lo que sucedió o de lo que puede suceder” explica. Para algunas personas, encontrar una respuesta, incluso desde lo místico o lo fatalista, puede ayudarles a darle sentido a una situación que resulta difícil de comprender. 

La relación entre los desastres naturales y las creencias religiosas tampoco tiene una sola interpretación. Para algunas personas, un terremoto puede despertar preguntas sobre las profecías bíblicas y el llamado fin de los tiempos. Sin embargo, dentro de las mismas comunidades religiosas existen diferentes maneras de entender estos acontecimientos. 

Alejandro Díaz, integrante de los Testigos de Jehová, sostiene que los terremotos aparecen mencionados en la Biblia, pero considera que no es correcto convertir cada movimiento sísmico en una señal específica de que el fin está próximo. Desde su perspectiva, utilizar un acontecimiento particular para intentar determinar cuándo llegará el fin puede llevar a especulaciones. “El fin del mundo no es la destrucción de la Tierra, sino el comienzo de un paraíso terrenal” afirma Díaz. 

Su recomendación ante el temor es evitar conclusiones apresuradas y acudir a la Biblia como fuente de orientación, en lugar de dejarse llevar por rumores. Esta postura permite entender que, incluso cuando un desastre despierta interpretaciones sobre el fin de los tiempos, la respuesta de una persona creyente no necesariamente está relacionada con el miedo, sino también con la búsqueda de orientación frente a aquello que no puede controlar. 

La pastora cristiana Ángela María Ovalle, de la Iglesia Cristiana Casa de Dios, Altar de Oración, también reconoce que la Biblia habla de terremotos y otros acontecimientos relacionados con los últimos tiempos. Sin embargo, considera que estos temas deben abordarse con responsabilidad y sin convertirlos en motivos de temor. “Nos llevan a la reflexión, pero no a vivir atemorizados” afirma. 

La diferencia también aparece cuando se habla de un posible castigo divino. Ovalle rechaza la idea de señalar automáticamente a quienes sufren una tragedia como personas castigadas por Dios. Prefiere hablar de una advertencia que invite a la reflexión espiritual y no de una condena. 

“No comparto la idea de señalar automáticamente a las personas que sufren un desastre, ni decir que están siendo castigados por Dios” sostiene la pastora. Para ella, esa interpretación no corresponde con la idea de un Dios basado en el amor, la misericordia y la gracia. 

Las palabras de los líderes religiosos coinciden en un punto: el terremoto puede despertar preguntas espirituales, pero no necesariamente ofrece una respuesta sobre el futuro. Esa incertidumbre, precisamente, es una de las razones por las que las personas buscan explicaciones después de vivir una experiencia extrema. 

La explicación religiosa tampoco significa necesariamente que todas las personas experimenten ansiedad frente a la idea del fin del mundo. El psicólogo Valencia señala que, en algunos casos, la interpretación espiritual puede incluso producir tranquilidad. Para ciertas personas, pensar que un acontecimiento tiene un significado divino puede convertirse en una manera de encontrar sentido y esperanza en medio de una tragedia. 

En el caso de Natalia Otero, licenciada en Lenguas Extranjeras de la Universidad Santiago de Cali, la experiencia tuvo precisamente ese efecto. Su fe no desapareció después del terremoto. Por el contrario, asegura que se fortaleció. “Nunca pensé en echarle la culpa a Dios” cuenta. 

Su reacción fue agradecer por haber sobrevivido y por tener una nueva oportunidad. El respaldo de familiares, amigos y personas cercanas también se convirtió en una parte importante de su recuperación. 

“De amor sí se vive”, afirma Natalia al recordar el acompañamiento que recibió después de la emergencia. 

Pero antes de poder hablar de recuperación, Natalia tuvo que enfrentarse al momento en que todo ocurrió. La experiencia de Natalia Otero muestra cómo esa sensación puede aparecer en cuestión de segundos. El día del terremoto se encontraba en su apartamento junto a su esposo, Daniel. El primer impulso fue salir. Mientras descendían por las escaleras, escuchó cómo el ascensor caía y sintió que la estructura del edificio comenzaba a ceder. Entonces, un ladrillo la golpeó. 

Por unos instantes, Natalia pensó que iba a morir. Su esposo logró sostenerla y ambos continuaron buscando una salida. Al día siguiente, el lugar que habían construido con esfuerzo ya no podía ser habitado. La pérdida de la vivienda significó mucho más que dejar un espacio físico, también era abandonar una parte de la vida que habían construido allí. “En cuestión de minutos uno puede pasar a ser una simple ceniza más” recuerda Natalia. 

Después del terremoto, también cambió su manera de mirar las cosas cotidianas. Las discusiones y los asuntos pendientes adquirieron otra dimensión. Para ella, la emergencia dejó una idea clara, la vida puede cambiar de un momento a otro y aquello que se deja de decir puede terminar pesando más que cualquier objeto perdido. 

La experiencia de Natalia ayuda a entender por qué, después de una tragedia, las preguntas sobre la vida, la muerte y el sentido de lo ocurrido pueden aparecer con tanta fuerza. Sin embargo, el miedo no termina cuando deja de moverse la tierra. También puede continuar a través de aquello que las personas escuchan, leen y comparten después de la emergencia. 

Pero el miedo no aparece únicamente cuando la tierra comienza a moverse. También puede crecer a través de los mensajes que circulan después de una tragedia. Valencia advierte que las cadenas falsas, los comunicados que aparentan ser oficiales y las interpretaciones alarmistas pueden aumentar la angustia de quienes ya se encuentran afectados. 

“Lo que tenemos que hacer es preservar la calma para así poder encontrar soluciones y pues no generar más caos” señala el psicólogo. En una situación de emergencia, la información puede ayudar a orientar a las personas, pero también puede aumentar el miedo cuando no tiene sustento. 

La necesidad de mantener la calma no significa ignorar lo ocurrido. Significa diferenciar entre una reacción provocada por el miedo y una respuesta que permita actuar. Mientras algunas personas buscaban respuestas desde la religión y otras intentaban comprender la situación desde la psicología, en las calles aparecía otra forma de enfrentar la emergencia: ayudarse entre desconocidos. 

Juan Velázquez, quien estuvo cerca de la zona afectada y participó de manera voluntaria en labores de ayuda, pese a no ser bombero ni contar con formación formal como rescatista, recuerda especialmente el caso de una mujer que quedó atrapada bajo una pared. Sin las herramientas necesarias para liberarla, tuvo que esperar junto a ella hasta que llegara el equipo especializado: “A pesar de que fue la primera vez que estuve en una situación así, no sabía qué hacer y me dejé llevar por mis instintos” 

Durante aproximadamente 40 minutos, Velázquez intentó mantenerla tranquila y hablarle mientras llegaba la ayuda. La situación, dice, permaneció en su memoria mucho después de que terminó la emergencia. 

Ese momento también muestra otra dimensión del miedo. Mientras una persona esperaba ser rescatada, otra intentaba acompañarla para evitar que enfrentara sola la incertidumbre. En medio de una situación en la que nadie tenía control sobre lo que estaba ocurriendo, la compañía se convirtió en una forma de resistencia frente al temor. 

Velázquez también recuerda cómo cambiaron las relaciones entre los vecinos. Personas que antes apenas se hablaban o incluso tenían conflictos terminaron ayudándose como si fueran una familia. 

La solidaridad aparece, así como otra respuesta frente a una situación que puede hacer sentir que todo está perdido. No responde a la pregunta sobre el fin del mundo, pero sí muestra qué ocurre cuando una comunidad enfrenta un momento límite. En ese contexto, las explicaciones sobre lo ocurrido pueden ser diferentes, pero la necesidad de actuar y proteger al otro termina siendo común. 

Para Ovalle, creer y buscar explicaciones espirituales no significa abandonar el conocimiento científico. La pastora reconoce el trabajo de quienes estudian las placas tectónicas, los fenómenos climáticos y las causas naturales de estos acontecimientos. También considera necesario atender las recomendaciones de las autoridades. 

La ciencia y la fe, desde su perspectiva, no tienen que convertirse necesariamente en caminos enfrentados. 

Esa mirada permite volver a la pregunta inicial. Si un terremoto puede explicarse desde las causas naturales, ¿por qué para algunas personas también despierta preguntas relacionadas con el fin de los tiempos? La respuesta parece estar menos en el fenómeno físico que en la manera en que cada persona intenta comprender aquello que amenaza sus certezas. 

En esa misma línea, Velázquez pone el énfasis en la preparación. El miedo, explica, es una reacción normal ante una emergencia, pero quedarse paralizado puede dificultar la respuesta. Tener un plan familiar, identificar puntos de encuentro y contar con una mochila de emergencia son medidas que pueden marcar una diferencia cuando ocurre un desastre. 

Así, la experiencia de quienes estuvieron allí también plantea una respuesta práctica frente a la incertidumbre. Más allá de interpretar el terremoto desde la fe, la ciencia o la psicología, existe una responsabilidad concreta: estar preparados para cuando vuelva a ocurrir una emergencia. 

Al final, el terremoto no responde por sí solo si el mundo está llegando a su fin. Lo que sí deja al descubierto es otra realidad, cuando las certezas se quiebran, las personas buscan explicaciones en distintos lugares. Algunas recurren a la ciencia, otras a la fe y otras necesitan comprender lo ocurrido desde la psicología. Muchas también encuentran una respuesta inmediata en las personas que tienen a su lado. 

La tierra puede dejar edificios destruidos, familias desplazadas y preguntas sin respuesta. Pero también puede mostrar la manera en que una comunidad enfrenta el miedo, buscando sentido, compartiendo información, ayudando al otro y tratando de reconstruir aquello que parecía perdido. 

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La ciencia y la fe, desde su perspectiva, no tienen que convertirse necesariamente en caminos enfrentados”.

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San Andresito del Sur después del sismo: vender en la calle se volvió su única opción

San Andresito del Sur después del sismo: vender en la calle se volvió su única opción

Por: Jaider Molano, Laura Sofia Casas e Isabella Echavarría

Facultad de Humanidades y Artes

A raíz del terremoto del pasado 10 de agosto de 2026 en la ciudad de Cali, los comerciantes del centro comercial San Andresito del Sur se han visto obligados a realizar sus ventas en los alrededores del establecimiento por las afectaciones que sufrieron al interior del lugar. 

“Gracias al voz a voz y a los influencers, San Andresito tuvo un boom. Yo sí veo lo mismo aquí que adentro”.  

Ante lo sucedido por el terremoto todos los comerciantes de San Andresito del Sur comparten el mismo escenario: vender desde carpas sobre la vía pública, mientras esperan regresar a sus locales, el impacto económico ha sido diferente para cada negocio. Los testimonios muestran cómo algunos han logrado mantener sus ventas gracias a una clientela consolidada, mientras otros venden apenas una parte de lo que llegaban a facturar antes del terremoto. 

Diego Castaño, propietario de Telcell Cali, asegura que el traslado a la calle no afectó significativamente su negocio; después de diez años en el centro comercial, afirma que el reconocimiento de su marca y la difusión que recibió San Andresito permitieron conservar el flujo de compradores. “Gracias al voz a voz y a los influencers, San Andresito tuvo un boom. Yo sí veo lo mismo aquí que adentro”.  

Según explica, aunque algunos productos reciben pequeños descuentos, decidieron mantener casi los mismos precios, porque hasta ahora se desconoce en qué momento deben asumir nuevamente los gastos como por ejemplo, el arriendo del local.  

Pero la situación es distinta para quienes comercializan productos de alto valor. Víctor, propietario de XL, dedicado a la compra y venta de dispositivos Apple, afirma que su preocupación no han sido los precios, sino la inseguridad que existe al vender afuera del centro comercial. “Las ventas han bajado un poco porque a la gente le da miedo comprar un celular de cinco millones en la calle”.   

Durante los primeros días también enfrentaron conflictos entre comerciantes, mientras se realizaba la organización de las carpas para cada tienda, y definían la distribución de los espacios, con el pasar de los días, la convivencia logró mejorar gracias a la organización interna entre los comerciantes y el apoyo que obtuvieron por parte de la alcaldía al permitirles usar los espacios viales para comercializar sus productos.  

“Estando acá afuera, las ventas bajaron a un 40 %”. Así describe el propietario de Kyrios Joyería el impacto que ha tenido para su negocio trabajar desde una carpa ubicada en los alrededores del centro comercial. Lleva cinco años en el establecimiento y asegura que este cambio modificó considerablemente el comportamiento de sus clientes, pues, según explica, muchas personas prefieren no comprar joyería en la calle por temor a la inseguridad. Esta situación ha representado una reducción de más de la mitad de sus ventas habituales. A pesar de las dificultades económicas que enfrenta, el comerciante considera que las ayudas oficiales deberían priorizar a quienes perdieron por completo sus viviendas y pertenencias durante la emergencia. 

Pero la incertidumbre de la situación también golpeó a otros negocios. Las pérdidas no se limitaron solo a la joyería; Licorera Chela y su dueño, Danilo Sánchez, que llevan aproximadamente un mes atendiendo afuera de las instalaciones del centro comercial, perdieron varias botellas y parte de la mercancía exhibida al momento de suceder el terremoto, el cual hizo caer sus estanterías. “Estamos aproximadamente con un 20 % de ventas, cuando antes llegábamos al 70 %”. 

Danilo denuncia que la falta de claridad sobre cuánto tiempo permanecerá fuera del centro comercial dificulta pensar en temporadas comerciales como Amor y Amistad e incluso diciembre. 

En GAO Uniformes, el reto ha sido diferente. Su propietario explica que el muro principal del local quedó comprometido y deberá ser demolido y reconstruido antes de poder regresar. Mientras tanto, continúa trabajando gracias a clientes antiguos y a contratos con empresas y universidades. “En este momento sigo vendiendo gracias a clientes pasados”. Las redes sociales y la cartera de clientes construida antes del terremoto se convirtieron en la principal herramienta para sostener el negocio mientras esperan la reapertura. 

Adaptarse también significa cambiar la forma de vender. La situación de Diana Mosquera, dueña de Géminis Cali, refleja cómo incluso los negocios que siguen abiertos tuvieron que modificar su manera de atender. Después de nueve años vendiendo ropa y cosméticos en San Andresito del Sur, el terremoto dañó estanterías, vidrios y algunas de las prendas que comercializa, por lo que decidió ofrecer descuentos para incentivar las compras. “Acá buscamos manejar un descuento o una rebaja frente a lo que vendíamos adentro”, explica Diana. 

Trabajar en la calle también cambió la experiencia del cliente. Cuando alguien necesita probarse una prenda, el proceso ocurre de manera improvisada. “Es muy descomplicado. Se quitan la camiseta y tenemos una toalla”, afirma Diana. 

Más allá de las diferencias entre los propietarios, los testimonios y los casos de las personas afectadas coinciden en que el trabajo diario dejó de parecerse al que tenían dentro del centro comercial. Cada mañana instalan sus puestos, organizan la mercancía y, al finalizar la jornada, guardan todo para protegerlo durante la noche. 

Además del calor y el polvo, la seguridad aparece como una preocupación constante. Diego Castaño, quien también cumple funciones como vocero de las carpas, explica que los mismos comerciantes organizan los espacios y coordinan la vigilancia nocturna mientras esperan soluciones más definitivas. 

“Es un cambio brusco. No es lo mismo estar adentro que estar acá, en el sol, recibiendo polvo y con otra seguridad”. Con esta frase, Diana resume el cambio que ha significado para ella trabajar fuera del centro comercial, una situación que también refleja el sentimiento compartido por varios locatarios. Mientras esperan la reapertura del centro comercial, la calle continúa siendo el lugar donde estos comerciantes trabajan, se adaptan y buscan mantener vivos negocios construidos durante años. 

Más allá de las pérdidas inmediatas, la incertidumbre también alcanza una de las fechas más importantes para el comercio: Amor y Amistad. Mientras algunos comerciantes intentan mantener sus negocios funcionando desde las carpas, otros reconocen que todavía no saben cuánto tiempo permanecerán fuera del centro comercial ni si alcanzarán a recuperar el flujo de clientes para esa temporada. 

Danilo, propietario de Licores Chela, expresa su preocupación ante la incertidumbre sobre los tiempos de recuperación del centro comercial. Explica que los plazos anunciados han cambiado constantemente y que esta situación empieza a generar dudas sobre las ventas de los próximos meses. “Hablan de meses, tres meses; diciembre puede que pase más tiempo. Ahorita estamos tratando de conformarnos afuera, pero no se sabe bien”. 

Para negocios como GAO Uniformes, la continuidad ha dependido de clientes que ya conocían la marca antes del terremoto y de pedidos realizados por empresas y universidades. Sin esa base de compradores, varios comerciantes consideran que habría sido mucho más difícil sostenerse durante la espera. 

No todos los negocios lograron instalarse en la parte delantera del centro comercial, junto con la mayoría. Durante un recorrido realizado se evidenció que una de las ópticas que funcionaba dentro del centro comercial no se encontraba en las carpas instaladas en los alrededores de las instalaciones. Según comerciantes del sector, el negocio tuvo que retirarse y buscar de manera inmediata otro local para continuar operando, por lo que no fue posible establecer contacto con sus propietarios. 

La ausencia de algunos comerciantes refleja otra consecuencia del terremoto: mientras unos resisten desde la calle, otros se vieron obligados a empezar de nuevo en otro lugar para no detener completamente su actividad. 

Cada mañana la rutina vuelve a repetirse, los comerciantes instalan mesas, vitrinas y mercancía sobre los andenes; al terminar la jornada, guardan nuevamente todo para protegerlo durante la noche. Entre el calor, el polvo y la incertidumbre continúan atendiendo a la espera de regresar a los locales donde construyeron sus negocios durante años. 

Para ellos, la reapertura del centro comercial no representa únicamente volver a un edificio, sino recuperar la confianza de los clientes antes de que una temporada como Amor y Amistad termine convirtiéndose en otra oportunidad perdida. 

Afortunadamente para los negocios afectados, y gracias a la gestión de la Alcaldía de Santiago de Cali y el Centro Comercial La Montaña-Pasoancho, se adecuarán espacios dentro de las antiguas instalaciones de La 14 de Pasoancho para que los 110 negocios afectados por el terremoto puedan continuar con sus actividades comerciales.  

Esta iniciativa se pondrá en marcha desde hoy, viernes 18 de septiembre, con una gran jornada de reactivación comercial, artística y cultural, que busca convertirse en un nuevo punto de encuentro para comerciantes y familias caleñas. De esta manera, se brindará a los comerciantes y clientes un espacio techado, seguro y en mejores condiciones para continuar impulsando el comercio local. 

“

Hablan de meses, tres meses; diciembre puede que pase más tiempo. Ahorita estamos tratando de conformarnos afuera, pero no se sabe bien”. 

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Paramos, aprendimos y seguimos

Paramos, aprendimos y seguimos

Por: Nathalia Aguilar

Facultad de Humanidades y Artes

Volver a clases no siempre significa solamente regresar a un salón, sacar los cuadernos y retomar las actividades. A veces también significa volver a esos espacios que hacen parte de nuestra vida, encontrarnos nuevamente con nuestros compañeros y recordar todo lo que construimos mientras estamos en la universidad.

Después de los días que vivimos, regresar a la Universidad Santiago de Cali también representa una oportunidad para retomar poco a poco nuestra cotidianidad. Los pasillos vuelven a llenarse de conversaciones, las aulas de preguntas y los espacios comunes de esos encuentros espontáneos que hacen que la experiencia universitaria sea mucho más que asistir a una clase.

Hay algo especial en volver a ver a los compañeros, ponerse al día con lo que pasó durante los días de pausa, compartir un café entre clases o simplemente ver el entorno que nos rodea. Son momentos sencillos, pero hacen parte de esos recuerdos que vamos construyendo durante nuestra vida universitaria.

También regresan los proyectos, las ideas y las ganas de hacer cosas nuevas. Retomar una producción audiovisual, preparar una exposición, trabajar en equipo o comenzar un proyecto que teníamos pendiente nos recuerda que la universidad es un lugar para aprender, pero también para crear, experimentar y descubrir nuevas posibilidades.

Este regreso puede ser una invitación a disfrutar nuevamente de esos pequeños momentos: caminar por la universidad, encontrarnos con nuestros amigos, conocer personas nuevas, aprovechar los espacios y continuar aprendiendo de cada experiencia.

Volver a clases es, en cierta forma, volver a encontrarnos. Con nuestros compañeros, con nuestros proyectos, con nuestros espacios y con todas esas experiencias que hacen parte de ser estudiantes.

Y así, paso a paso, la universidad vuelve a ser ese lugar donde no solo venimos a estudiar, sino también a compartir, crear, aprender y seguir construyendo historias.

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