Venezuela: ¿Intervención extranjera como amenaza o como ‘salvación’?

Venezuela: ¿Intervención extranjera como amenaza o como ‘salvación’?

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

Venezuela llega a diciembre de 2025 inmersa en una profunda crisis de legitimidad y un escenario geopolítico de alta tensión. Tras una controvertida toma de posesión en enero, el país se encuentra en una situación de doble poder de facto, con el gobierno insistiendo en su continuidad y la oposición, liderada por Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, sosteniendo haber ganado en las urnas. Esta disputa interna se ha exacerbado por una escalada de confrontación con Estados Unidos que ha incluido el cierre del espacio aéreo venezolano y el despliegue de radares estadounidenses en la región, elevando el riesgo de una confrontación militar.

El actual debate sobre una potencial intervención extranjera no es nuevo en el contexto venezolano. La historia del país, rica en conflictos, ha visto la presencia foránea ser interpretada con una peligrosa dualidad: no siempre ha sido vista unívocamente como una “invasión” o una agresión a la soberanía, sino que, en momentos clave, ha sido considerada un factor catalizador o, incluso, una fuente de apoyo para facciones internas en pugna.

Desde las guerras de independencia, donde la figura de extranjeros como el general Rafael Urdaneta (nacido en lo que hoy es Colombia, pero que se unió a la causa venezolana) o las legiones británicas jugaron un papel crucial, hasta las injerencias económicas y políticas del siglo XX, la relación de Venezuela con el exterior ha sido compleja. En los albores de la república, la intervención de potencias europeas para cobrar deudas (como el bloqueo naval de 1902-1903) cimentó un profundo nacionalismo anti-intervencionista. No obstante, ese mismo nacionalismo a menudo ha sido cooptado por regímenes de turno para deslegitimar a sus opositores, tildándolos de “traidores” o “lacayos” del imperio.

En el contexto actual, donde el gobierno combina castigo y propaganda para tratar a la disidencia como una “amenaza estructural” , la oposición se ve obligada a ajustar su narrativa para evitar cualquier asociación con una posible intervención extranjera. Su estrategia ha evolucionado hacia la defensa de la soberanía popular como la respuesta legítima tanto a la pérdida de libertades internas como al deterioro de la estabilidad regional. La oposición, con figuras como González y Machado, insiste en que la crisis de legitimidad del gobierno es el verdadero origen de las tensiones internacionales, y que el cierre del espacio aéreo refleja la erosión de la soberanía popular, no su defensa.

El reto histórico que enfrenta la oposición en este diciembre de 2025 es inmenso: ¿Cómo actuará ante una intervención extranjera en un país profundamente nacionalista? ¿Justificará la oposición un acto que la historia podría condenar como traición, o se mantendrá distante de las tropas si llegaran a intervenir? La historia no ofrece una respuesta clara, sino una advertencia: la narrativa de la “salvación” extranjera tiene la capacidad de polarizar y, finalmente, deslegitimar a quienes la invocan.

El gobierno de Nicolás Maduro no solo enfrenta una crisis política y diplomática simultánea, sino que su círculo de seguridad más estrecho está supeditado a una influencia extranjera particular de la poco se habla: Cuba. Los asesores y tropas especiales cubanas, las llamadas “avispas negras” son el “cinturón de seguridad” más cercano al líder chavista son, paradójicamente, tanto su sostén como su potencial debilidad.

Esta presencia cubana, ha convertido a Maduro en una especie de “rehén” de la isla. Y es que las decisiones estratégicas, especialmente aquellas relacionadas con la confrontación con Estados Unidos, pasan por el prisma del análisis de La Habana pues su supervivencia le va en ello.

En el contexto de la escalada con la administración de Donald Trump —cuyo impulso de una “política de línea dura” desencadenó el incidente del espacio aéreo —, se cree que los asesores cubanos están aconsejando a Miraflores que la movilización militar de Washington es un “gigantesco bluf” y no un preludio a una intervención real. Esta evaluación se basa en:

  1. La Habana depende de Venezuela y sabe que un cambio de sistema en Caracas es la caída suya. Su análisis tiende a minimizar la voluntad de Washington de comprometer tropas en una guerra terrestre en un país con una geografía compleja y una población supuestamente preparada para la resistencia, incluso si es solo propaganda.
  2. La Interpretación de la Política de Trump: La línea dura de Trump es vista por los cubanos como una táctica de presión máxima, diseñada para forzar una implosión interna o una negociación de última hora, no una invasión.
  3. El Costo Político y Militar: Los asesores cubanos son conscientes del enorme costo político y humano que implicaría una intervención militar en Venezuela para EE. UU., un factor que, según su lectura, disuade incluso a los elementos más belicistas de Washington.

Este consejo, sin embargo, es un arma de doble filo. Al alentar a Maduro a tratar las amenazas como un “bluf”, Cuba podría estar llevando al gobierno a un error de cálculo fatal. Si la escalada militar no es una simulación, la ceguera inducida por el asesoramiento cubano podría dejar a Venezuela expuesta a consecuencias devastadoras. El incidente aéreo ya es visto por algunos analistas como algo más que un “simple choque diplomático”, y el equilibrio de la balanza sigue siendo incierto.

Mientras la tensión internacional aumenta y la represión interna se intensifica con órdenes de captura y detenciones masivas de activistas, la oposición ha configurado un frente dual que busca la máxima efectividad.

  1. Liderazgo Interno: María Corina Machado mantiene el liderazgo interno, a pesar de su cambiante situación legal. Su figura está fortalecida por el Premio Nobel de la Paz que recibió en 2025, un capital simbólico que utiliza para presionar por una salida institucional.
  • Su plan para las “primeras 100 horas” de una transición hipotética sirve como un punto de referencia y esperanza para sus seguidores.
  • Sobre la crisis aérea, Machado ha sido clara: la postura confrontativa del gobierno lo debilita internacionalmente, e insiste en que la única solución viable pasa por un retorno al orden democrático. Su enfoque en la crisis doméstica y la presión institucional es clave para evitar la trampa de la asociación con la intervención extranjera.
  1. Ofensiva Exterior: González, López y Guaidó

Desde el exterior, figuras clave han consolidado una estrategia coordinada:

  • Edmundo González Urrutia: Desde España, mantiene una ofensiva diplomática respaldada por el reconocimiento de un grupo de países como “presidente electo”. Su rol es mantener la presión externa, subrayando que la crisis de legitimidad interna es el origen de las tensiones internacionales y que el cierre del espacio aéreo es prueba de la erosión de la soberanía popular.
  • Leopoldo López: También en España, opera como un articulador político internacional. La amenaza gubernamental de retirarle la nacionalidad venezolana le sirve para denunciar prácticas que califica como totalitarias. López enfoca su discurso en la represión doméstica y evita que la confrontación con Estados Unidos eclipse las denuncias sobre derechos humanos, manteniendo el foco en la ruptura del pacto democrático interno.
  • Juan Guaidó: Desde el exilio, su rol es de continuidad histórica, manteniendo viva la narrativa de resistencia democrática surgida en 2019. Respalda la estrategia de Machado y González, buscando mostrar que la oposición opera como una estructura estable y coherente, incluso desde la diáspora.

Este esquema dual configura un frente opositor más ordenado que en ciclos anteriores, aunque sujeto a presiones internas y externas, y con el imperativo de desvincular su agenda democrática de cualquier lectura intervencionista.

Diciembre de 2025 halla a Venezuela atrapada entre dos legitimidades en disputa y un gobierno que enfrenta una crisis multifacética: política, diplomática y de autoridad. El enfrentamiento con EE. UU. y el cierre del espacio aéreo representan un posible punto de inflexión, cuyo desenlace —negociación, escalada o estancamiento prolongado— aún pende de un hilo.

La presencia de asesores cubanos, la polarización histórica sobre la intervención extranjera, y la necesidad de la oposición de afirmar su soberanía popular, configuran un panorama volátil. El tiempo dirá si la apuesta del régimen por ver la amenaza norteamericana como un “bluf” es acertada, o si la historia de Venezuela se escribirá una vez más bajo la sombra de la injerencia foránea, con la interrogante de si el extranjero será percibido como invasor o, trágicamente, como un improbable “salvador”. Pero no cierto es que Maduro es un dictador y eso esta fuera de toda argumentación.

Yo doy por descontado que habrá acciones militares norteamericanas, pero no necesariamente una invasión. Ataques aéreos puntuales y golpes de mano de equipos de Seals para acciones de sabotaje y capturas puntuales. ¿Habrá resistencia cubano-maduristas o será como en Granada 1993 cuando la 82 división en 72 horas controló el país con rendición incondicional del contingente militar cubano, y se marchó dejando un gobierno de transición? Pienso que será así, al estilo Panamá 1989, quirúrgico y sin mayor costo de vidas.

El desenlace de esta encrucijada determinará no solo el futuro político de Venezuela, sino también su mapa regional e internacional, especialmente en zonas sensibles como la frontera con Colombia.

Este esquema dual configura un frente opositor más ordenado que en ciclos anteriores, aunque sujeto a presiones internas y externas, y con el imperativo de desvincular su agenda democrática de cualquier lectura intervencionista”.

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Consumo mundial de medios en 2025: la información en tiempos de pantalla y sospecha

Consumo mundial de medios en 2025: la información en tiempos
de pantalla y sospecha

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

En algún lugar del siglo XX, la gente encendía la televisión para “enterarse de lo que pasaba en el mundo”. Hoy, en 2025, es más probable que un adolescente tailandés reciba las noticias mundiales desde un clip coreografiado de 15 segundos que desde un noticiero. Y no, no es un chiste. Es el nuevo orden mediático: fragmentado, veloz y peligrosamente maleable.

Según el último informe del Instituto Reuters, (17 de junio 2025) el consumo global de medios no está cambiando: está mutando, como una criatura anfibia que ya no se arrastra por la prensa escrita ni nada en la televisión, sino que salta entre pantallas móviles y algoritmos caprichosos. Las cifras son elocuentes, pero lo que sugieren es todavía más inquietante.


La muerte lenta del medio tradicional
Mientras los periódicos imprimen sus últimas ediciones con más nostalgia que esperanza, las redes sociales se consolidan como plazas públicas, mercados persas y, en ocasiones, tribunales de la inquisición digital. Facebook sigue liderando como fuente semanal de noticias con un 36%, seguido por YouTube (30%), Instagram y WhatsApp (19% cada una), y TikTok (16%), que —oh, paradoja— ya supera a X, el artista anteriormente conocido como Twitter.

Este ascenso de lo audiovisual parece responder a una lógica emocional más que racional. Los usuarios, como abejas enloquecidas por la miel del estímulo visual, abandonan los textos largos en favor de clips cortos, virales, irresistiblemente editados. No es que la lectura haya muerto, pero sí parece haber sido relegada al rincón del esfuerzo inútil.

Influencers: nuevos oráculos del caos
En el siglo XXI, los profetas no llevan túnicas, sino filtros de Instagram. El informe señala que los influencers —esa nebulosa mezcla de celebridad, producto y panfleto humano— tienen hoy una influencia decisiva en la forma en que millones interpretan la realidad. En lugares como Tailandia, son referencia política y fuente primaria de noticias.
El problema, claro, es que estos nuevos emisores no pasaron por redacciones ni códigos de ética periodística. No verifican, no contrastan, no editan. Publican. Y punto. Lo hacen con gracia, a veces con ingenio, pero también con una alarmante indiferencia por la verdad. No es de extrañar que los encuestados los identifiquen, junto con los políticos, como principales vectores de desinformación. Irónico, ¿no? La opinión pública moldeada por quienes menos responsabilidad asumen sobre lo que dicen.

La IA informa, pero ¿quién la informa a ella?
En esta ópera digital, la inteligencia artificial entra en escena como el nuevo actor brillante y polémico. Chatbots, asistentes virtuales y buscadores potenciados por IA están empezando a reemplazar a los humanos en la tarea de filtrar y entregar noticias. Una maravilla de eficiencia… hasta que nos damos cuenta de que no siempre distingue ironía de literalidad, hechos de rumores, sátira de noticia.
La promesa es una información más personalizada y accesible. El riesgo: una cámara de eco hecha a medida, con verdades moldeadas al gusto del consumidor. Como si la realidad fuese un menú desplegable.

La gran crisis: ¿quién nos dice la verdad?
El 58% de las personas no están seguras de poder distinguir lo verdadero de lo falso en internet. El dato es inquietante, pero aún más lo es su normalización. Se ha vuelto cotidiano dudar de todo: del video que se viraliza, de la cifra que se cita, de la fuente que se comparte.
Vivimos en una era donde la sospecha es el nuevo sentido común. Y donde los culpables —influencers y políticos, ambos con un 47% de desconfianza— son a la vez las voces más escuchadas. La antítesis es brutal: cuanto más se duda de ellos, más viral se vuelven sus palabras.

Entre la nostalgia del papel y la dictadura del like
¿Qué queda entonces? Un ecosistema mediático acelerado, emocional, estéticamente impecable y cognitivamente caótico. Los medios tradicionales luchan por no volverse reliquias, mientras los nuevos medios se expanden como incendios que no siempre iluminan: a veces solo queman.
La pregunta no es si sobrevivirá el periodismo, sino en qué forma. ¿Será una mezcla de IA, presentadores virtuales y youtubers expertos en edición? ¿O lograremos rescatar la esencia crítica, humana y ética del oficio, aunque venga disfrazada de reel?
Tal vez el futuro de la información no dependa de la tecnología, sino de algo más antiguo: nuestra capacidad de discernir, de dudar con inteligencia, de preguntar antes de compartir. La verdad, como siempre, será una conquista, no un algoritmo.

¿Será una mezcla de IA, presentadores virtuales y youtubers expertos en edición?“.

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Un libro que marca direcciones necesarias

Un libro que marca direcciones necesarias

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

En un mundo donde la información circula a velocidades sin precedentes y la desinformación se ha convertido en un fenómeno global, el libro Ética y Moralidad en los Medios de Comunicación: Investigaciones y Propuestas, publicado por la Editorial Universidad Santiago de Cali bajo la coordinación de los editores científicos Luis Armando Muñoz Joven y Fernando Gutiérrez Atala,  y la colaboración de investigadores de Chile, Argentina, España y Colombia, emerge como una obra fundamental para comprender los dilemas éticos que enfrenta la comunicación, la publicidad y la transmedia junto al análisis de medios es y debe ser un eje en la formación curricular de todas las universidades.

Este volumen, estructurado en cuatro partes, reúne diversas investigaciones que analizan los retos y responsabilidades de los medios de comunicación en la era digital. Con un enfoque multidisciplinario, el libro no solo señala las fallas del periodismo actual, sino que también ofrece propuestas para fortalecer la ética en la profesión, la autorregulación de los medios y la alfabetización mediática de las audiencias. Es decir, la reflexión ética

El desafío de la desinformación

Uno de los ejes centrales del libro es el combate a la desinformación, una problemática que se ha exacerbado con la proliferación de plataformas digitales. En este sentido, se aborda el concepto de “comunicación sistemáticamente distorsionada”, un modelo que describe cómo la manipulación informativa afecta la construcción de la opinión pública. El capítulo titulado El modelo de comunicación sistemáticamente distorsionada de Luis Armando Muñoz Joven expone cómo los medios y las redes sociales pueden influir en la percepción ciudadana, erosionando el pensamiento crítico y favoreciendo narrativas sesgadas.

Asimismo, se examina el “ciclo vital” de los casos de desinformación, una propuesta analítica basada en la Ecología del Desarrollo Humano. Este enfoque permite entender cómo las noticias falsas se originan, se propagan y, en muchos casos, se consolidan como verdades dentro del ecosistema mediático.

Tecnología, IA y la ética en el periodismo

Otro de los grandes debates que plantea el libro es el impacto de la inteligencia artificial en el periodismo. Con la creciente automatización de la producción de noticias y el uso de algoritmos para la personalización de contenidos, surge la pregunta: ¿puede la objetividad periodística ser matemáticamente programada?

El libro destaca cómo la IA puede ser tanto una herramienta para mejorar el periodismo como un riesgo si no se gestiona de manera ética y responsable. Se advierte sobre el peligro de la “datocracia”, un sistema donde el Big Data y la minería de datos pueden ser utilizados para manipular la opinión pública. Como bien señala uno de los capítulos: “La IA no es el enemigo, es la falta de dominio y uso responsable de ella”.

Además, se profundiza en el concepto del “filtro burbuja”, que explica cómo los algoritmos limitan la diversidad informativa a la que están expuestos los usuarios, reforzando sus creencias y reduciendo la posibilidad de un debate plural y fundamentado.

Libertad de expresión vs. desinformación

Uno de los aspectos más polémicos abordados en el libro es la delgada línea entre la libertad de expresión y la regulación de los contenidos para evitar la desinformación. ¿Hasta qué punto la moderación de contenidos es una forma de censura? ¿Existe un “terrorismo de palabra” que justifique restricciones en el discurso?

El capítulo Terrorismo de palabra, discurso del odio y desinformación analiza cómo ciertos discursos, aunque incómodos o controvertidos, deben ser protegidos dentro del marco de la libertad de expresión, siempre que no inciten a la violencia o vulneren derechos fundamentales.

El papel del periodismo en la sociedad digital

El libro también reflexiona sobre el rol cambiante del periodismo y cómo la lógica del mercado ha desplazado la función social de los medios. Como señala Robert Picard en una de las citas incluidas: “El periodismo ha de innovar y crear nuevos medios de recabar, procesar y distribuir la información de manera que los contenidos sean valiosos y no replicables en otras plataformas“.

Sin embargo, la presión por la rentabilidad y la inmediatez ha llevado a los medios a priorizar el impacto sobre la calidad, generando una crisis de credibilidad y un debilitamiento de los valores éticos que deberían regir la profesión.

Defensorías de las audiencias y alfabetización mediática

El libro cierra con una mirada a la necesidad de fortalecer las defensorías de las audiencias y la alfabetización científica e informacional, es decir el análisis de medios en una de las áreas más novedosas. Se propone un modelo de “ciudadanía comunicacional”, en el que las audiencias no solo sean consumidoras pasivas de contenidos, sino agentes críticos y participativos en la construcción del discurso público.

Ética y Moralidad en los Medios de Comunicación es una obra imprescindible para periodistas, académicos y cualquier persona interesada en el futuro de la comunicación. Con un enfoque riguroso y reflexivo, el libro no solo diagnostica los problemas actuales, sino que también ofrece soluciones viables para fortalecer la ética en los medios y garantizar que la información siga siendo un pilar de la democracia.

El periodismo ha de innovar y crear nuevos medios de recabar, procesar y distribuir la información de manera que los contenidos sean valiosos y no replicables en otras plataformas“.

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Ecos y sombras del Palacio de Justicia

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¿La pluralidad queda en el recuerdo?

¿La pluralidad queda en
el recuerdo?
 

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

El Washington Post, ícono del periodismo estadounidense, ha desatado una tormenta con su decisión de transformar radicalmente su sección de opinión. Anunciada el 26 de febrero de 2025 por Jeff Bezos, propietario del diario, la reforma establece que esta sección priorizará las libertades personales y los mercados libres, relegando otras posturas ideológicas a distintos medios. Este giro, que provocó la renuncia del editor David Shipley, rompe con una tradición de pluralismo y enciende un debate global sobre el rol de la prensa. ¿Cómo podría influir esta ruptura en el periodismo colombiano?

Un cambio que sacude un legado

Históricamente, el Washington Post ha sido sinónimo de diversidad de voces. Desde su cobertura del Watergate hasta su crítica equilibrada a gobiernos diversos, el diario se consolidó como un foro plural. Su sección de opinión albergaba desde conservadores hasta progresistas, reflejando el ideal de una prensa que fomenta el diálogo. Sin embargo, la decisión de Bezos convierte este espacio en una trinchera ideológica, alejándose del modelo de  debate abierto. Según el magnate, estos principios merecen defensa diaria en un panorama mediático que los subestima (The Guardian, 27-02-2025). Pero ¿es esto evolución o retroceso?

 Impacto para Colombia

En el periodismo colombiano, este cambio justificará  estrategias que ante los desafíos económicos y de credibilidad. Adoptar una postura definida, como la del Post, podría atraer a un público fiel dispuesto a apoyar medios alineados con sus valores. La objetividad queda en el recuerdo. En un país polarizado, donde lectores buscan eco a sus creencias, esta claridad ideológica podría ser un salvavidas financiero. Además, en un contexto de competencia digital, diferenciarse con una línea editorial fuerte podría fortalecer la lealtad de las audiencias, un aspecto crucial ante la fragmentación de los medios.

Riesgos para el debate público

Sin embargo, las desventajas son notables. Limitar el espectro ideológico podría reducir la capacidad de la prensa para ser un contrapeso al poder, un rol vital en Colombia, donde la polarización política agrava divisiones sociales. Si los medios locales imitaran al Post, podrían exacerbar estas tensiones al privilegiar narrativas únicas sobre el diálogo plural. La prensa colombiana, históricamente clave en la construcción de agendas públicas, arriesgaría su influencia al moldear percepciones bajo un lente estrecho, potencialmente sesgando el discurso político.

 Ética y confianza en juego

El cambio también plantea dilemas éticos. El periodismo debe informar con objetividad y ofrecer un espacio para el debate, principios que una línea doctrinaria podría socavar. En Colombia, donde la confianza en los medios ya es frágil, adoptar un enfoque restringido podría alienar a lectores que valoran la imparcialidad. La renuncia de Shipley y las críticas al Post (The Atlantic, 27-02-2025) reflejan el costo de sacrificar pluralismo por ideología, un precedente que los medios colombianos deben sopesar con cautela.

Lecciones de un referente

La transformación del Washington Post llega en un momento de crisis para la prensa tradicional, con pérdidas como los 77 millones de dólares reportados en 2023 (Financial Times, 28-02-2025). Su apuesta busca sostenibilidad, pero contrasta con su expansión pluralista de 2018. Frente a esto, medios como el New York Times mantienen diversidad ideológica, sugiriendo que el equilibrio sigue siendo viable. En Colombia, la lección es clara: adaptarse es urgente, pero no a costa de los fundamentos periodísticos.

Un equilibrio necesario

El giro del Washington Post es un desafío para el periodismo colombiano. Ofrece un modelo para captar audiencias en tiempos difíciles, pero amenaza el pluralismo esencial para la democracia. Los medios locales deben reflexionar: ¿cómo equilibrar rentabilidad e integridad? Como dijo Katharine Graham, la prensa debe iluminar, no oscurecer, la democracia. En Colombia, este balance será clave para un periodismo que resista y prospere.

Vamos a escribir todos los días en apoyo y defensa de dos pilares: las libertades personales y los mercados libres”, J. Bezos

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¿De qué bloqueo hablan en Cuba?

¿DE QUÉ BLOQUEO HABLAN EN CUBA?

Autor:  Pedro Pablo Aguilera

na Cuando La Habana acusa a Washington de imponer una política de asfixia extrema, muchos se preguntan: ¿a qué se refiere realmente? La situación se vuelve aún más intrigante al considerar que Estados Unidos es uno de los socios comerciales más importantes de la isla. Según el Consejo Económico y Comercial EE.UU.-Cuba, entre enero y junio de 2024, las exportaciones exentas del embargo alcanzaron los 210.628.425 dólares, lo que representa un aumento en comparación con los 160.259.553 dólares del mismo período en 2023.

Recientemente, revisé la lista de compras de Cuba en Estados Unidos—datos que son públicos—y me sorprendió ver que, a pesar del llamado embargo, los Estados Unidos continúan vendiéndole a Cuba una variedad de productos. Un ejemplo notable es el incremento en las importaciones de pollo, con 127 toneladas adquiridas en lo que va del año, lo que representa un aumento del 15% en comparación con el año anterior. Para poner esto en perspectiva, estamos hablando de aproximadamente 5,000 contenedores de pollo.

Fuente: Periódico Cubano

¿Es real el embargo?

Antes de responder a esta pregunta, es importante considerar más detalles que revelan una situación compleja. Cuba ha aprovechado la flexibilización de las medidas comerciales por parte del gobierno de Biden, especialmente en lo que respecta a las MIPYMES. Un ejemplo intrigante es la compra de radares para barcos, con un valor de 99.262 dólares. Sin embargo, en Cuba, el control de cada embarcación sigue siendo un monopolio estatal, lo que pone en duda la narrativa de que estas compras beneficien a las MIPYMES. Es una empresa fantasma del gobierno.

Otro punto relevante es la compra de partes y equipamientos para motores de aeronaves civiles, con un valor de 17.942 dólares. Aunque oficialmente estas adquisiciones podrían estar destinadas a empresas privadas, en la práctica, la aviación civil en Cuba es de control estatal. Ya en 2023, se invirtieron 1.135.439 dólares en reflectores aéreos, presumiblemente para pistas y aeropuertos controlados por el Estado. Además, se adquirió una ambulancia especializada por 78.590 dólares, supuestamente para uso del sector no estatal, en un país donde la salud es administrada por el gobierno.

Desmontando el mito del bloqueo

Estos datos demuestran que el embargo, tal como lo presenta el gobierno cubano, es más una narrativa propagandística que una realidad absoluta. De hecho, las compras de Cuba a Estados Unidos incluyen una amplia variedad de productos, desde autos de alta gama hasta maquinaria para el procesamiento de alimentos, impresoras láser y equipos médicos. Un ejemplo que llama especialmente la atención es la compra de un automóvil Tesla, el primero en la isla, autorizado bajo una licencia aprobada por la administración Biden en 2022, y vigente hasta 2026.

En junio pasado, la isla adquirió reactivos de diagnóstico por un valor de 89.586 dólares, sumados a productos médicos y medicamentos donados desde Estados Unidos, por un total de 3.609.682 dólares entre enero y junio de 2024. Además, en mayo, tras seis meses sin compras, Cuba adquirió penicilina, insulina, dentífricos, equipos de escaneo ultrasónico, extremidades artificiales, y otros aparatos médicos.

Todas estas exportaciones están autorizadas bajo la Ley de Reforma de Sanciones Comerciales y Mejora de Exportaciones (TSREEA, por sus siglas en inglés) del año 2000. Desde diciembre de 2021, las compras acumuladas superan los 7.456.961.818 dólares.

 

El lucrativo negocio de la alimentación 

Lejos de resolver los problemas de alimentación nacional, el gobierno cubano parece priorizar lucrar con las necesidades de la población. En lugar de incrementar la producción local, el régimen importa productos alimenticios que luego vende en redes minoristas bajo su control, con márgenes de ganancia de más del 240% sobre el costo de adquisición. Por ejemplo, comprar pollo congelado a “el enemigo imperialista” y venderlo a precios exorbitantes es más sencillo y lucrativo que producirlo localmente.

 

Una economía de corte colonial

La estructura económica de Cuba se asemeja a una clásica economía mercantilista, donde la obtención de ganancias se convierte en un fin en sí mismo, al estilo de las antiguas colonias. Este modelo, dominado por una oligarquía improductiva y parasitaria, bloquea el desarrollo nacional y agrava las necesidades básicas de la población. La estatización de los medios de producción, la centralización de la economía, y la falta de libertad para que los campesinos exporten, importen y busquen inversionistas de manera directa son factores que impiden el crecimiento económico y agravan la crisis alimentaria.

 

La narrativa del bloqueo

 

Un Tesla a lado de un clásico Chevy Fleetline 1951 en La Habana

Vista así las cosas, la noción de un “férreo bloqueo” es desmentida por los mismos datos de importación y comercio. Aunque el gobierno de La Habana y sus aliados internacionales continúan propagando la idea de un embargo implacable, la realidad pinta un panorama diferente, en el que el comercio entre Cuba y Estados Unidos sigue siendo significativo. Esta narrativa del bloqueo es, en última instancia, una estrategia para mantener viva la ilusión de un proyecto de economía socialista que, en la práctica, está lejos de ser viable.

 

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