San Andresito del Sur después del sismo: vender en la calle se volvió su única opción
Por: Aider Molano, Laura Sofia Casas e Isabella Echavarría
Facultad de Humanidades y Artes
A raíz del terremoto del pasado 10 de agosto de 2026 en la ciudad de Cali, los comerciantes del centro comercial San Andresito del Sur se han visto obligados a realizar sus ventas en los alrededores del establecimiento por las afectaciones que sufrieron al interior del lugar.
“Gracias al voz a voz y a los influencers, San Andresito tuvo un boom. Yo sí veo lo mismo aquí que adentro”.
Ante lo sucedido por el terremoto todos los comerciantes de San Andresito del Sur comparten el mismo escenario: vender desde carpas sobre la vía pública, mientras esperan regresar a sus locales, el impacto económico ha sido diferente para cada negocio. Los testimonios muestran cómo algunos han logrado mantener sus ventas gracias a una clientela consolidada, mientras otros venden apenas una parte de lo que llegaban a facturar antes del terremoto.
Diego Castaño, propietario de Telcell Cali, asegura que el traslado a la calle no afectó significativamente su negocio; después de diez años en el centro comercial, afirma que el reconocimiento de su marca y la difusión que recibió San Andresito permitieron conservar el flujo de compradores. “Gracias al voz a voz y a los influencers, San Andresito tuvo un boom. Yo sí veo lo mismo aquí que adentro”.
Según explica, aunque algunos productos reciben pequeños descuentos, decidieron mantener casi los mismos precios, porque hasta ahora se desconoce en qué momento deben asumir nuevamente los gastos como por ejemplo, el arriendo del local.
Pero la situación es distinta para quienes comercializan productos de alto valor. Víctor, propietario de XL, dedicado a la compra y venta de dispositivos Apple, afirma que su preocupación no han sido los precios, sino la inseguridad que existe al vender afuera del centro comercial. “Las ventas han bajado un poco porque a la gente le da miedo comprar un celular de cinco millones en la calle”.
Durante los primeros días también enfrentaron conflictos entre comerciantes, mientras se realizaba la organización de las carpas para cada tienda, y definían la distribución de los espacios, con el pasar de los días, la convivencia logró mejorar gracias a la organización interna entre los comerciantes y el apoyo que obtuvieron por parte de la alcaldía al permitirles usar los espacios viales para comercializar sus productos.
“Estando acá afuera, las ventas bajaron a un 40 %”. Así describe el propietario de Kyrios Joyería el impacto que ha tenido para su negocio trabajar desde una carpa ubicada en los alrededores del centro comercial. Lleva cinco años en el establecimiento y asegura que este cambio modificó considerablemente el comportamiento de sus clientes, pues, según explica, muchas personas prefieren no comprar joyería en la calle por temor a la inseguridad. Esta situación ha representado una reducción de más de la mitad de sus ventas habituales. A pesar de las dificultades económicas que enfrenta, el comerciante considera que las ayudas oficiales deberían priorizar a quienes perdieron por completo sus viviendas y pertenencias durante la emergencia.
Pero la incertidumbre de la situación también golpeó a otros negocios. Las pérdidas no se limitaron solo a la joyería; Licorera Chela y su dueño, Danilo Sánchez, que llevan aproximadamente un mes atendiendo afuera de las instalaciones del centro comercial, perdieron varias botellas y parte de la mercancía exhibida al momento de suceder el terremoto, el cual hizo caer sus estanterías. “Estamos aproximadamente con un 20 % de ventas, cuando antes llegábamos al 70 %”.
Danilo denuncia que la falta de claridad sobre cuánto tiempo permanecerá fuera del centro comercial dificulta pensar en temporadas comerciales como Amor y Amistad e incluso diciembre.
En GAO Uniformes, el reto ha sido diferente. Su propietario explica que el muro principal del local quedó comprometido y deberá ser demolido y reconstruido antes de poder regresar. Mientras tanto, continúa trabajando gracias a clientes antiguos y a contratos con empresas y universidades. “En este momento sigo vendiendo gracias a clientes pasados”. Las redes sociales y la cartera de clientes construida antes del terremoto se convirtieron en la principal herramienta para sostener el negocio mientras esperan la reapertura.
Adaptarse también significa cambiar la forma de vender. La situación de Diana Mosquera, dueña de Géminis Cali, refleja cómo incluso los negocios que siguen abiertos tuvieron que modificar su manera de atender. Después de nueve años vendiendo ropa y cosméticos en San Andresito del Sur, el terremoto dañó estanterías, vidrios y algunas de las prendas que comercializa, por lo que decidió ofrecer descuentos para incentivar las compras. “Acá buscamos manejar un descuento o una rebaja frente a lo que vendíamos adentro”, explica Diana.
Trabajar en la calle también cambió la experiencia del cliente. Cuando alguien necesita probarse una prenda, el proceso ocurre de manera improvisada. “Es muy descomplicado. Se quitan la camiseta y tenemos una toalla”, afirma Diana.
Más allá de las diferencias entre los propietarios, los testimonios y los casos de las personas afectadas coinciden en que el trabajo diario dejó de parecerse al que tenían dentro del centro comercial. Cada mañana instalan sus puestos, organizan la mercancía y, al finalizar la jornada, guardan todo para protegerlo durante la noche.
Además del calor y el polvo, la seguridad aparece como una preocupación constante. Diego Castaño, quien también cumple funciones como vocero de las carpas, explica que los mismos comerciantes organizan los espacios y coordinan la vigilancia nocturna mientras esperan soluciones más definitivas.
“Es un cambio brusco. No es lo mismo estar adentro que estar acá, en el sol, recibiendo polvo y con otra seguridad”. Con esta frase, Diana resume el cambio que ha significado para ella trabajar fuera del centro comercial, una situación que también refleja el sentimiento compartido por varios locatarios. Mientras esperan la reapertura del centro comercial, la calle continúa siendo el lugar donde estos comerciantes trabajan, se adaptan y buscan mantener vivos negocios construidos durante años.
Más allá de las pérdidas inmediatas, la incertidumbre también alcanza una de las fechas más importantes para el comercio: Amor y Amistad. Mientras algunos comerciantes intentan mantener sus negocios funcionando desde las carpas, otros reconocen que todavía no saben cuánto tiempo permanecerán fuera del centro comercial ni si alcanzarán a recuperar el flujo de clientes para esa temporada.
Danilo, propietario de Licores Chela, expresa su preocupación ante la incertidumbre sobre los tiempos de recuperación del centro comercial. Explica que los plazos anunciados han cambiado constantemente y que esta situación empieza a generar dudas sobre las ventas de los próximos meses. “Hablan de meses, tres meses; diciembre puede que pase más tiempo. Ahorita estamos tratando de conformarnos afuera, pero no se sabe bien”.
Para negocios como GAO Uniformes, la continuidad ha dependido de clientes que ya conocían la marca antes del terremoto y de pedidos realizados por empresas y universidades. Sin esa base de compradores, varios comerciantes consideran que habría sido mucho más difícil sostenerse durante la espera.
No todos los negocios lograron instalarse en la parte delantera del centro comercial, junto con la mayoría. Durante un recorrido realizado se evidenció que una de las ópticas que funcionaba dentro del centro comercial no se encontraba en las carpas instaladas en los alrededores de las instalaciones. Según comerciantes del sector, el negocio tuvo que retirarse y buscar de manera inmediata otro local para continuar operando, por lo que no fue posible establecer contacto con sus propietarios.
La ausencia de algunos comerciantes refleja otra consecuencia del terremoto: mientras unos resisten desde la calle, otros se vieron obligados a empezar de nuevo en otro lugar para no detener completamente su actividad.
Cada mañana la rutina vuelve a repetirse, los comerciantes instalan mesas, vitrinas y mercancía sobre los andenes; al terminar la jornada, guardan nuevamente todo para protegerlo durante la noche. Entre el calor, el polvo y la incertidumbre continúan atendiendo a la espera de regresar a los locales donde construyeron sus negocios durante años.
Para ellos, la reapertura del centro comercial no representa únicamente volver a un edificio, sino recuperar la confianza de los clientes antes de que una temporada como Amor y Amistad termine convirtiéndose en otra oportunidad perdida.
Afortunadamente para los negocios afectados, y gracias a la gestión de la Alcaldía de Santiago de Cali y el Centro Comercial La Montaña-Pasoancho, se adecuarán espacios dentro de las antiguas instalaciones de La 14 de Pasoancho para que los 110 negocios afectados por el terremoto puedan continuar con sus actividades comerciales.
Esta iniciativa se pondrá en marcha desde hoy, viernes 18 de septiembre, con una gran jornada de reactivación comercial, artística y cultural, que busca convertirse en un nuevo punto de encuentro para comerciantes y familias caleñas. De esta manera, se brindará a los comerciantes y clientes un espacio techado, seguro y en mejores condiciones para continuar impulsando el comercio local.
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Hablan de meses, tres meses; diciembre puede que pase más tiempo. Ahorita estamos tratando de conformarnos afuera, pero no se sabe bien”.

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