Las elecciones en primera vuelta de Francia muestran una constante en el plano internacional: al votante ya no importa el viejo dilema izquierda – derecha.


Francia rechazó a los partidos tradicionales, el Socialista y el Republicano. Pasaron a la segunda vuelta el centrista Emmanuel Macron y la nacionalista Marine Le Pen, políticos que se niegan a ser encasillados en las clásicas denominaciones de ser de derecha  o izquierda, con un  llamado voto oculto a opciones contra las estructuras partidistas.

Los candidatos a las elecciones francesas Fillon, Hamon, Le Pen, Macron y Mélenchon. Foto CHARLES LATIAU REUTERS) / QUALITY-REUTERS

Ha sido inédita esta primera vuelta con 4 candidatos muy cercanos y Macron (centrista) 22%, Le Pen (nacional-populista) 21% de votos, Mélenchon (populista de izquierda) y Fillon (derecha) en un empate de 20%, y Hamon relegado al 5to lugar, con un 6%, luego de más de 60 años de protagonismo en primera fila de su partido, el socialista en el poder.

En Francia hemos visto aparecer el populismo nacionalista de doble direccionalidad ideológica (izquierda y de derecha), como sucediera con PODEMOS y CIUDADANOS en España 2016, los anti europeístas populistas ingleses del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) promotores del Brexit, y los trumpistas de Donald Trump en EEUU, de franco corte populista de derecha. Francia nos enseña a Le Pen heredera del tradicional derechista FRENTE NACIONAL fundado por su padre en 1972 y  Mélenchon líder de un movimiento FRANCIA INSUMISA, un claro populista de izquierda apoyado por el líder de PODEMOS, Pablo Iglesias y que coincide totalmente con Le Pen en que se ha les ha dado la espalda a los débiles y los desamparados; ambos se oponen además a la Unión Europea (o un Frexit francés).

Frente a estas posturas nada sanas y que cambiarían definitivamente a la Unión Europea, hasta ahora herida por Brexit pero imposible de resistir un Frexit o un Gerxit (salida de Alemania de la UE) a futuro está el ganador, por estrecho margen, de esta primera ronda de las elecciones francesas. Emmanuel Macron, ex ministro de economía del saliente gobierno socialista francés dijo durante toda la campaña que aunque él tiene un sesgo socialista, es principalmente un progresista y un pragmático, a favor de la globalización y las finanzas, con una postura fuerte compromiso comunitarista.

Emmanuel Macron se considera un liberal filosófico que nada tiene que ver con la izquierda, la derecha o siquiera el centro. (Foto Reuters)

El reto estará en que ahora y hasta el día 7 de mayo próximo, Macron sume ese electorado de las otras fuerzas políticas  perdedoras como el Partido Socialista y  el Movimiento Francia Insumisa, más los votos ocultos que sin ser de izquierda son comunitaristas, todos frente a Marine Le Pen, que sostiene su clara voluntad de sacar a Francia de la Unión Europea, como hiciera Theresa May en Gran Bretaña.

En su contra está que Le Pen ha capitalizado para sí los últimos atentados islamistas muy dudosos pero que tocan las emociones de una sociedad incrédula a la política, temerosa de la presión de los emigrantes y el radicalismo islámico en un proyecto social en crisis. 

Y es que el populismo de Podemos, el Brexit, del trumpismo y ahora en Francia con Le Pen, maneja un discurso transclasista común, que es vendido, leído y asimilado en amplios sectores de clase media baja y media,  como son  “los desempleados”, “los oprimidos”, “pobreza”, “los desposeídos”.

Macron debe ganar, pues representa un centro-centro muy pragmático sin cambios inciertos, radicales, porque es la garantía de la continuidad de la Unión Europea al menos por ahora y Le Pen sería el fin de la V República con un gobierno profundamente anti europeísta.

El dilema de identidad versus globalización está en el centro de las calles y los cafés de cada pueblo o ciudad, en un momento en que la islamofobia es efervescente y que en el discurso de Macron busca sumar y no dividir al decir: “una oportunidad para todos“. Pese a todo, mucho tendrá que hacer Macron para convencer, aunque sea lo más cercano al espíritu de la Revolución Francesa: libertad, igualdad, fraternidad.

Por: Pedro Pablo Aguilera