Autor: Santiago Motato – Sol Ortega – Esteban Lozano.

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Hace mucho tiempo, en existió una chica llamada Elizabeth, quien se caracterizaba por ser muy empática con las personas de su alrededor y por buscar el bien colectivo, además de ayudar a su madre María, que había sufrido una fractura en el pie izquierdo, mientras lavaba las prendas de las mujeres de la nobleza. Debido a esto, Elizabeth empezó a trabajar en jornadas dobles para poder sostener a su madre y a ella misma.

Un día, Rodny, un vasallo del pueblo se desplazaba en caballo hacia su casa que estaba ubicada a las afueras del pueblo cercana donde vivían Elizabeth y su madre. En su camino vio a cinco miembros de la Guardia Real entrando inescrupulosamente a la casa de María, quien se encontraba sola. Al percatarse de esto, Rodny se dirigió hacia el río, donde se hallaba Elizabeth cumpliendo su labor de lavandera, a avisarle lo que estaba sucediendo en su casa.

  • ¡Elizabeth, Elizabeth! – le dijo Rodny, agitado.
  • ¿Qué pasa, Rodny? –Responde Elizabeth.
  • Vi cómo cinco guardias estaban entrando a tu casa, apresúrate para que llegues a tiempo a ver qué está sucediendo –le informó.

Elizabeth salió corriendo hacia su casa, preguntándose qué estaba ocurriendo.

Mientras se acercaba, notó cómo dos de los guardias cargaban a su madre de una forma brusca y sin consideración por su estado de salud. Al llegar Elizabeth, de forma agresiva le preguntó a uno de los guardias:

  • ¿Por qué se están llevando a mi madre?, ¿qué ha hecho para que la traten de esa manera?
  • ¡Cállese! –le gritó el general que estaba a cargo de la escuadra- Su madre es una vil ladrona y deberá pagar por sus crímenes.
  • Mi madre no es ninguna ladrona, qué tienen para comprobar dicha acusación- respondió Elizabeth.
  • Su madre es culpable de robarse las prendas de la nobleza que tenía que lavar –le aseguró el guardia, con un tono desafiante- Es por eso que la vamos a llevar al calabozo.

Impotente ante lo que estaba ocurriendo, Elizabeth se lanzó e intentó atacar al general, pero él ordenó que la capturaran por intento de agresión a un rango alto de la Guardia Real. Ella se rehusó y forcejeó con el guardia que la quería subir al carruaje para llevarla al calabozo junto con su madre. Elizabeth sintió cómo se le rasgaba la manga derecha de su vestido, dejando a la vista una mancha café de forma circular muy peculiar, semejante a la que caracterizaba a la realeza.

El general, que por su rango tenía conocimiento de los rasgos genéticos de la realeza, quedó atónito y se generó un momento de silencio, con mucha tensión. Un guardia le hizo recobrar la conciencia, diciéndole:

  • ¿Qué ocurre, mi general?, ¿se siente bien?
  • Sí, estoy bien –respondió el general- Súbanla al carruaje y vámonos rápido al castillo, necesito hablar con el rey.
  • Como ordene, mi general –acató el guardia.

Al llegar al castillo, encerraron a Elizabeth y a María en el calabozo, donde se encontraban los ladrones capturados, mientras el general se dirigió a hablar con el rey Alberto.

Una vez juntas y sin guardias alrededor, Elizabeth le preguntó su madre:

  • ¿Por qué te están haciendo tan grave acusación, madre?
  • Hija, soy inocente, no me he robado ninguna prenda, el día que tuve el accidente, el río se llevó las prendas y al ser ropa fina que solo usa la nobleza, no tengo cómo pagarlas – respondió María.
  • ¿Por qué no me dijiste antes para buscar una solución? – preguntó Elizabeth.
  • Perdóname por no avisarte, pero no quería meterte en más apuros – contestó María.

Minutos después, el general llegó con dos guardias, interrumpió la conversación y ordenó que llevaran a María y a Elizabeth al cuarto de interrogación, donde las esperaba el rey Alberto.

Cuando se encontraron con el rey, María se indispuso completamente. Se sentía una tensión en el ambiente. Alberto la miró fijamente, notando las facciones de alguien que recordaba desde hacía mucho tiempo.

De inmediato, María quiso explicar lo sucedido con las prendas de la nobleza para que tuvieran piedad de ellas y las liberaran, para que pudiera trabajar y pagar la deuda, pero el rey la interrumpió y le preguntó a María acerca de la mancha que tenía su hija en su brazo derecho.

En ese momento, y en medio del pánico, María supo que tendría que revelarle a Elizabeth un gran secreto.

  • Madre, veo que no me has dicho toda la verdad sobre mi nacimiento y sobre quién es mi padre – le reclamó la joven.
  • Solo trataba de hacer lo correcto y manejar la situación yo sola, por miedo a sufrir humillaciones de parte de la realeza – le respondió María con un tono triste.
  • Siempre has podido contar conmigo para cualquier problema, hemos superado obstáculos todo este tiempo. ¿Necesito la verdad! – le exigió Elizabeth, expresando su desilusión.
  • La verdad es que hace mucho tiempo, en secreto de todos, cuando Alberto era aún príncipe, tuvimos un romance, pero debido a que yo no era de sangre real, su padre, el rey, decidió cortar el lazo emocional que tenía entre los dos y me quitó el trabajo que tenía en el castillo, sin saber que yo estaba embarazada de ti – le confesó María.

Perpleja ante gran descubrimiento, Elizabeth decide confrontar al rey cuestionando sus acciones, y pidiendo razones para entender por qué hizo lo que hizo.

El rey, atónito con la confesión de María, ordenó que los guardias se salieran del salón. Al quedar a solas con Elizabeth y María, el rey Alberto le confesó a María que después de no conocer el paradero de ella, muchas princesas llegaban de otros reinos buscando ganarse el favor de su padre, para convertirse en su esposa. Debido a que el reino estaba pasando por una crisis económica en su pueblo, Jericó, por el surgimiento de la plaga del gusano rosado que afectaba la producción de algodón, se necesitaba la unión con otro reino para poder sostenerse de otra producción, mientras se exterminaba dicha plaga. Pero Alberto, no encontraba en ninguna de las princesas la personalidad que lo volvía loco, y eso generaba un conflicto con su padre, quien en ese momento ya tenía claro que su muerte se aproximaba.

Una noche de intenso frio, El rey Emmanuel empezó a tener dificultad para respirar y pidió a los guardias que llamaran a su hijo Alberto, para expresar su última petición:

  • Hijo mío, mi momento ha llegado, y quiero pedirte como último deseo que desistas de la búsqueda de María y priorices el bienestar del reino y del pueblo – le expresó Emmanuel, con jadeos.
  • No digas eso, padre, hoy solo es un mal día, ya mañana estarás mejor y podrás recuperarte, solo dame tiempo de buscar una solución – le respondió Alberto, con lágrimas en los ojos.
  • No extendamos más este sufrimiento, hijo, solo quiero que antes de partir, pueda estar seguro de que vas a hacer lo correcto – le contestó el rey.
  • Te prometo que lo voy a hacer, padre, pero resiste, te necesito al lado mío – le garantizó Alberto.

En la madrugada del día siguiente, el rey Emmanuel sufrió un paro respiratorio y falleció. Esa misma mañana convocaron al pueblo para poder coronar al nuevo Rey de Jericó.

A partir de ese momento Alberto le cumplió la promesa a su padre, de tener como prioridad al pueblo, buscando soluciones para poder acabar con los problemas que enfrentaba. Es por eso que dejaron de cultivar algodón y optaron por sembrar maíz e incrementar la tala de árboles para producir madera.  De esta manera, pospuso la búsqueda y se centró en salvar el reino. Como sus sentimientos hacia María se mantenían intactos, fue pasando el tiempo sin que conseguir esposa fuera para él una necesidad.

Después de explicar sus razones, Alberto le pidió disculpas por no hacer nada ante la drástica decisión de su padre. A Elizabeth le pidió perdón por no estar presente en su niñez y no brindarle un apoyo, como un verdadero padre lo debería hacer. Después, le propuso a María ser parte de la realeza, casándose con él, y a Elizabeth que le permitiera recuperar el tiempo perdido, integrándose al reino y permitiéndole iniciar la relación padre-hija.

Al escuchar la verdad, María decide contarle todo lo que ha sucedido desde que ella se quedó fuera del cargo en la realiza. Empieza contando que cuando la echaron, ella decidió que iba a luchar para tener a su hija sana y salva así no tenga apoyo del padre, al primer mes empezó a construir su propia casa hecha de palos y madera, ya que necesitaba cuanto antes un techo para poder brindarle a su hija una casa y un sustento medianamente aceptable. Al terminar la creación de su hogar, empieza a buscar trabajo en los establecimientos de comida y granjas de cultivo para poder obtener dinero para comer, pero no le brindaban el apoyo y siempre querían aprovecharse de ella para que trabaje gratis. Al encontrarse muy deprimida por la situación en que se encontraba, decide sentarse en la puerta de su hogar para desahogarse y llorar. En ese momento se acerca una persona con una carretilla, al verla así decide acercarse para ver que era lo que ocurría:

  • Pasaba por aquí y te vi deprimida, ¿me quieres contar que ocurre? – Le pregunta el desconocido.
  • Me encuentro sin trabajo, sin dinero, no puedo sostenerme a mi misma, y poco a poco va creciendo una personita dentro de mí y estoy viendo que no podré cumplir todo lo que me propuse hacer por ella – Le explica María entre lágrimas y jadeos.
  • No te preocupes madame, al saber que tienes un bebé en camino, no puedo dejarte aquí tirada, así que te ayudare con comida y a conseguirte un trabajo en el que puedas mantener a ti y a tu futuro hijo – Le promete el desconocido.
  • No puedo confiar en alguien que no conozco, hasta la familia de mi hijo nos abandonó, ¿qué puedo esperar de alguien que acabo de encontrarme? – Le cuestiona María.
  • Se me olvidaba, ¿Dónde están mis modales?, mi nombre es Rodny, y tranquila que no me voy a aprovechar de ti, es solo que al tener hijos uno sabe lo importante que es para uno, así que, de padre a madre, te aseguro que te ayudaré – Le responde Rodny.

Al terminar la conversación, Rodny decide llevar a Elizabeth a su hogar donde se encuentra su esposa e hijos, y deciden ayudarle brindándole almuerzo todos los días y apoyo emocional. Al cabo de unos días, su querido amigo le consigue un trabajo en el que no tendría que salir de su casa, simplemente Rodny le llevaba ropa sucia que le pertenecía a la realeza y Maria se encargaba de lavarla.

Al terminar de contarse sus historias cruzadas, Elizabeth se da cuenta que ni su padre ni su madre han tenido una vida muy fácil, y decide expresarle sus sentimientos encontrados al escuchar las travesías de cada uno.

Terminando su momento sentimental, Elizabeth y María entendiendo dicha situación, de que en la realeza no se pueden tener relaciones amorosas con personas que no sean líderes de un reino, deciden perdonarle sus acciones, pero les pide respeto ante la decisión de esperar un tiempo a que ellas piensen el futuro que les depara de ahora en adelante.

Pasado un tiempo, ellas deciden irse a vivir al castillo junto al rey Alberto sin pensar en todos los cambios y responsabilidades que iban a adquirir en esta nueva etapa como reina y princesa, el cargo las obligaba a actuar y a comportarse de una forma diferente a lo que ellas estaban acostumbradas porque tenían que adoptar el rol de integrantes de la realeza. Además, de mantener constantes conflictos con las damas de compañía y el personal que las educaban ya que las hacían sentir inferiores a ellas al momento de ayudarlas a vestir y al brindarle conocimiento sobre las normas que se rigen en el reino. Al cabo de unos meses, de sufrir cierta clase de tratos desagradables, ellas deciden comentarle al Rey Alberto sobre su inconformidad acerca de la discriminación que están sucediendo y que poco a poco se están cansando y si esto seguirá así, desistirán de su cargo y se irían lejos del reino y del pueblo e iniciar una nueva vida en un pueblo diferente. El rey al escuchar eso les pide que no tomen decisiones a la ligera ya que él podía resolverlo.

La tarde del día siguiente, llamaron a Elizabeth y María para dirigirse hacia el salón a comer la merienda. Cuando estaban por terminar la comida, las cocineras se despistaron por un momento ya que se cayeron unas ollas, al ver este hecho, una de las damas de compañía se acerca al plato de la futura reina y le echa 5 gotas de veneno para rata. Al momento de brindarle a cada persona su comida, todos observan que uno de los platos presenta un color café turbio, pero no le prestan importancia, lo cual Elizabeth al percatarse de que dicho plato se dirige a su madre, decide obstaculizar a la cocinera Martina que se lo lleva, y le pregunta:

  • Señorita, ¿me puede explicar porque el plato de mi madre presenta este color tan raro? Le cuestiona con voz amenazante Elizabeth a Martina.
  • También me preguntaba lo mismo princesa, pero creo que es por algún condimento extra que le echaron al plato de su madre – le responde Martina
  • Me puede hacer un favor, ¿puede tomar un sorbo para poder asegurarme que es un condimento más? Le exige Elizabeth a la cocinera.

Al escuchar esta petición, Martina inocente de lo que le esperaba decide tomar un sorbo de dicho plato. Al tomar una cucharada, de repente se cae al suelo y empieza a salirle espuma de la boca.

Elizabeth y María, al presenciar esta escena, dieron por aceptado que su presencia no estaba siendo aceptada por el resto de la realeza y es ahí cuando deciden dimitir como reina y princesa, abandonar el reino y viajar hacia un pueblo desconocido para volver a su antigua vida.

Fin.